domingo, 19 de diciembre de 2021
domingo, 12 de diciembre de 2021
No hay amor sin admiración
Como una tiene la edad suficiente de mirar atrĆ”s y saber de esas cosas del querer, encuentro acertadĆsima la frase que se leĆa sobre una foto de Almudena Grandes. Ya hace tiempo que acuƱe para mĆ esa frase, pasan los encandilamientos, pasa un dĆa tras otro, vas a salto de mata hasta que caes en cuenta de que lo que realmente buscas es alguien a quien admirar dĆa a dĆa, que llene tus tiempos vacĆos, de vivencias de historias, de compromiso. Encontrar esa persona no es algo fĆ”cil, pero debe ser recĆproco ,tĆŗ tambiĆ©n debes sentirte admirada por ella, lo cual hace muchĆsimo mĆ”s complicado su hallazgo.
Por eso cuando lees historias como la de Almudena Grandes y su esposo y compaƱero de vida GarcĆa Montero, sientes admiración por ellos, que lograron encontrar y darse cuenta de que tenĆan frente a la persona que le acompaƱarĆa de tu a tĆŗ por el camino de la vida.
Se consumen rÔpido los amores donde falta admiración y estÔ bien que asà sea para devolvernos cuanto antes al carril y a la carrera correctos.
Algunas muertes dejan lecciones de vida. HabĆa muchas en la despedida de Almudena Grandes el pasado lunes en el cementerio civil de Madrid. Una de ellas —“No hay amor sin admiración”— estaba escrita sobre un bello retrato de la escritora, pero podĆa leerse tambiĆ©n en el gesto de su marido, Luis GarcĆa Montero, al besar y depositar sobre el fĆ©retro un libro de poemas de amor, Completamente viernes. Su forma de quererse, de admirarse, serĆ” para siempre un ejemplo de cómo manejar el asunto mĆ”s importante que tendremos entre manos, la elección mĆ”s trascendental de todas: sin conformarse, siendo muy, muy ambiciosos. Sabiendo que escoger a alguien mejor que nosotros nos harĆ” mejores.
Imaginen el estĆmulo constante y la tranquilidad de envenenarse sabiendo que, cada vez, al llegar a casa, acertarĆ”n en el antĆdoto. Piensen lo poco que deben importar la mediocridad, lo vulgar y lo sucio al llegar a un hogar con olor a refugio; lo bajito que deben oĆrse las tonterĆas o los insultos cuando esperan grandes conversaciones; lo cómodo que debe ser, tambiĆ©n, el silencio, la pausa y las caricias entre los que mejor se conocen. Supongan que estĆ”n en una cena con mucha gente y entre el parloteo y las convenciones es la persona con la que llegaron y con la que se irĆ”n la que provoca las mayores carcajadas o la que pronuncia la Ćŗnica frase que se recordarĆ” de esa noche. Conciban una discusión solo para reconciliarse, para cerciorarse, de vez en cuando, de con quiĆ©n quieren estar y a quiĆ©n quieren volver.
Para que el fin del mundo te pille bailando, para que no se ponga la luna de miel, hay que ser valiente, incluso algo temerario. Conviene estar muy atento si aparece algo, para dejarlo crecer; creer en los grandes gestos con la fe de los fanƔticos.
“Supongo que estar hundido es un modo de seguir enamorado y de empezar una nueva vida con el amor de siempre”, dijo Ć©l. La pĆ©rdida es muy reciente, pero GarcĆa Montero ya sabe que el tiempo que tuvieron importarĆ” siempre mucho mĆ”s que el que les quitaron. Que valdrĆ” mĆ”s el azar, la suerte de encontrarse y el coraje de atreverse que la desgracia de tener que despedirse demasiado pronto, y que dolerĆ” menos perderla que la idea de no haberla tenido.
Se consumen rÔpido los amores donde falta eso, admiración, y estÔ bien que asà sea para devolvernos cuanto antes al carril y a la carrera correctos. No es seguro que ocurra, nunca ha podido garantizarse lo extraordinario, pero existe. Almudena y Luis son la prueba, para rojos y azules, creyentes y ateos, de que ese tipo de amor, esa forma de vida, fue y es posible. Gracias por recordÔrnoslo.


