Erase una vez, una jovencita llamada Romina, alegre y que le gustaba bailar ska, vestir de sandalias y jugar a ser la heroína de sus tías y su madre, soñaba con salvaras de los malvados verdugos de sus esposos e hijos machistas. Tenía muchos amigos, la mayoría la cuidaban ya que ella era menor y cuando salían a antros y fiestas todos la protegían, era bella, de esas extrañas bellezas que no suelen ser sensualmente despapanantes, ni necesitan de joyas excentricas para engalanar su hermosura, era simplemente una belleza ordinaria, que por lo mismo llamaba la atención, de hombres sencillos, hombres rebeldes y los temibles hombres lobos, a los que ella tanto quería derrotar.
Una noche, de luna llena, después de haber bailado y brincado al son del ska ensordecedor y rítmico, estaba sedienta y fue por primera vez sola a la barra del bar, sus amigos no se percataron de que aquella mujercita se había alejado, encontró ahí pues a un hombre realmente encantador, tenia ojos negros y grandes, le sonría de manera enigmatica, ella aunque trató de ignorarlo no lo logró, esos ojos eran hipnotizantes, así que le devolvió la sonrisa... Ya entrada la noche, el hombre aquel rondó a Romina, hasta encontrar el momento exacto y atacarla con un "hola, hasta cuando me dejarás preguntarte como te llamas?"
.- no lo estas haciendo ahora?
mmm si, pero siempre estas rodeada de gente, que es difícil acercarse a ti... pero vale la pena esperar, porque hasta hablas bonito
Romina se sonrojó, y asi, comenzaron una platica que fue interrumpida por una de sus amigas al recordarle que estaba por amancer.
Romina y aquel hermoso hombre de cabello y ojos tan negros como la noche sin luna se despidieron no si antes haber acordado volverse a ver.
Pasado algun tiempo se enamoraron, uno del otro, sinembargo ella lo encontraba realmente hermoso por fuera aunque habia un sentimiento siempre de temor de perderlo, no sabía que habia dentro de el, era como si siguiera siendo misterioso, cada vez sentía que aunque se esforzaba por conocerlo mas, agradarle mas, el guardaba un silencio intrigante y a la vez estímulante para ella...
El hombre, comenzó a tratarla como su futura esposa, hacia planes para ella, le daba regalos costosos, pero siempre de algún modo, la hacía sentir que no era ella su prioridad, siempre había trabajo, estudios, ocupaciones, juegos de fútbol, reuniones de hombres, fiestas a las que ella no podía ir porque solo iban hombres con mujeres que no le agradarían... cuando ella comenzaba hacer algún reclamo, el se burlaba de ella, le hacia creer que no era importante y que el la amaba, la amaba tanto que no le debería de dar importancia a esas cosas, si ella seguía discutiendo entonces el siempre tenia la misma reacción, la culpaba por hacer de todo un lío, le decía que estaba harto de discutir y que si ella seguía así debería buscarse otro "tipo" de hombre... entonces Romina lloraba, lloraba tanto, su corazón no resistiría perder a ese hombre tan hermoso, donde encontraría a alguien como el?... lo abrazaba y le pedía perdón...
Después de 2 largos años, de tantas lunas con llanto, de cien noches de soles entristecidos, Romina ya no bailaba ska, no veía a sus amigos porque su pareja pensaba que solo querian aprovecharse de su belleza, belleza que por cierto se había envejecido, sus ojos tenían arrugas, surcos de lágrimas saladas que habían hecho caminos de arrepentimiento por sus mejillas, sus labios vestían un color de papel, como solo eran un intento de dibujo de la boca rosada y siempre sonriente que su rostro tenía... estaba sola, con su hombre hermoso que cada vez la veía mas desarreglada, temerosa, nerviosa, echa un manojo de inseguridades que le daba pena... y al poco tiempo dejo de amarla. Ya no era esa jovencita alegre, tan independiente y tierna, no tenia en sus ojos esa chispa de inocencia, era mas bien un intento siempre forzado por se lo que antes era.
Vinieron entonces el desfile de mujeres, Romina sabía, lo sabía y hasta podía oler otros perfumes en la piel de su amor cada vez mas perdido, sus excusas tan obvias y la frivolidad con la que la dejaba plantada...
Entonces bajo un sueño profundo, se le presentó una leona, enorme, dorada como el sol de verano, sus ojos marrones imponentes la miraban fijamente y con calma meneaba la cola mientras comenzaba hablar; Hija mía, hija de las leonas del universo, tu eres una de las nuestras, de las mujeres en las que sembramos el espíritu guerrero y cazador de hombres lobo, fuiste presa del lobo mayor, te dejamos decidir sin haber intervenido, vimos que te resististe al principio pero hoy has perdido la batalla, tu alma esta cansada y cada vez mas envejecida, pero tu espíritu guerrero sigue ahí, adormecido por el encantamiento del lobo, asi que dejare en tu mesa de dormir la pócima para que despiertes tu espiritu de leona y puedas combatirlo, deberás tomarlo por 15 días seguidos sin excepción, la pócima contiene 15 gotitas de los cada uno de los siguientes ingredientes: Amor propio, Fé en el ser superior, Agradecimiento, Alegría, Fuerza.
Cada día Romina bebió sus gotitas, empezó de pronto a sentirse agradecida con Dios por estar viva, agradecida con la vida por tener la familia a su lado, comenzó a depositar sus penas y angustias por su amor a Dios, así ella ya no se sentía tan casada, puso en sus manos el destino de su relación, luego pasaron mas días y comenzó a sentirse muy bien con ella misma, volvía de pronto a reir, sobre todo a reirse de sí misma, entonces llegó el día en que se despertó fuerte, con ánimos de cambiar todo de tajo, tomó lo que había dejado en manos de su ser superior para tomarlo en las suyas, enfrentó aquel lobo malvado que vestía de hermosura, pero Romina ahora se sentía aun mas hermosa, le dijo, querido amigo lobo, yo te amé, te entregué mi corazón y te lo tragaste, magullaste cada parte de mi cuerpo con desprecios y humillaciones sutiles, tan sutiles como tus encantos que me hipnotizaron, pero hoy, desperté siendo la misma que conociste, mas fuerte mas inteligente y con ganas de alejarme de todo lo que me hace daño así desde hoy estas desterrado de mis tierras de mis soles y mi espacios, sobre todo de mis lunas.
El lobo entonces se mostró, sumiso, agacho su cabeza, sus ojos cerrados buscaban compasión, lloriqueaba y aunque fueron tentadores sus sollozos Romina le lanzo un hechizo: Lobo que come corazón y despedaza mujeres por su rondar, quedarás expuesto a la soledad de un alma fría, atormentada por conquistar a su presa, queriendo siempre embriagarse de poder, pero cuando lo consigas siempre querrás más tanto que nada será suficiente, quedarás solo, hasta tus iguales tendrán pena de ti, te condeno a ser un lobo sin manada... y sin tener nadie que te venere morirás, triste y solitariamente morirás.
