Hacía mas de un año que no me pasaba por aquí. Alguna visita temporal a algunos de los blogs en los que un tiempo atrás me robaban las horas es lo máximo que me he permitido. Reconozco que no soy una persona muy constante en mis aficiones y mucho menos en esto de escribir, lo siento, pero todo está relacionado con las necesidades personales y las mías han sufrido cambios importantes.
Sea como fuere, respondiendo a la petición de Rumbi vengo a contaros una historia, la mía, por raro que aún me parezca dado todo lo que me ha acontecido en los últimos dos años. Esta historia empieza hace dos años y pico atrás, un 10 de Febrero para ser exactos. En esa fecha, un joven y apuesto estudiante de arquitectura (Ehhh!!! ¿Que esperabais que dijera de mi mismo?) contactó de forma inesperada con una dulce, atenta, encantadora, inteligente y preciosa mujer. Él no lo sabía, en realidad ni se le pasaba por la cabeza, que esa persona acabaría siendo la culpable de grandes cambios en su vida. Pero no vayamos a adelantarnos, eso aun no toca explicarlo.
Ese joven y apuesto arquitecto estaba pasando por un momento complicado. Con sus padres recien divorciados, una deuda importante de la empresa de su padre, un piso que se iba a acabar quedando el banco, su madre ya entrada en la cincuentena, dos hermanos ocupados en superar la ruptura familiar y siendo el único que trabajaba de los cuatro tenía aún pendiente acabar su carrera en un país, españistan, donde la situación económica, social y laboral estaba empezando a desmoronarse. Sin poder rechazar el augmento de tiempo que le estaba reclamando su trabajo tuvo que posponer, otra vez, el acabar sus estudios y se dedicó a ingresar el máximo dinero posible, que tampoco era mucho. Mientras tanto, y sin darse cuenta, empezó a invertir mas tiempo al llegar a casa delante del ordenador, no para trabajar, sinó para compartir historias con esa mujer que le escribía, ya empezó a saber, desde el otro lado de ese insignificante charco que separa España de América. ¿Atlántico lo llaman?
Un año pasó, y en el algunos cambios ocurrieron. Su madre había encontrado pareja, una persona extraordinaria y además empezaba a trabajar puntualmente en una empresa como auxiliar de enfermería. El piso se había conseguido mal vender y las deudas familiares iban siendo pagadas al banco. Aún así no todo eran buenas noticias, ya que el país iba cada vez peor y las perspectivas laborales continuaban empeorando. Con esta situación en mente decidió acabar definitivamente la carrera y de esa forma empezó el nuevo año. En realidad la única cosa que parecía no haber variado en ese año eran las ganas de llegar a casa para sentarse a conocer un poco mas esa personita que invertía horas desde el otro lado de la computadora.
El año fue avanzando, y con él su situación laboral empeoró, aunque la de su madre mejoró permitiendole no tener que dar todos sus ingresos a la unidad familiar y permitiendole invertir mas tiempo a su Proyecto final de carrera. Así fue pasando el año y como quien no quiere la cosa, llegó Octubre y el día de entregar su proyecto. Día que afrontó lleno de nervios pero con convicción. El esfuerzo de mas de un año de trabajo se veía reflejado en sus láminas y tras una exposición de 20 minutos, donde enamoró al arquitecto invitado y encontró la aprobación de todos los miembros del tribunal, obtuvo su título. Ya era arquitecto. Por desgracia la arquitectura, y toda la construcción en general, era una de las ramas mas maltratadas por la crisi, y su título en españistan no servía mas que para autosatisfacción personal. A todo eso, seguía conectando cada tarde-noche al ordenador y se pasaba 3 y 4 horas hablando con esa mujer transoceánica, desde hacía tiempo ya mediante webcam y voz, sin aburrirse ni un sólo momento.
Con ese transfondo le tocaba decidir que hacía con su vida. ¿Dejaba su mal pagado trabajo y buscaba, sin muchas opciones, otro trabajo en Españistan o tomaba un camino mas arriesgado? La realidad es que la decisión ya la tenía tomada desde hacía meses. Así que vendió su coche, arregló sus papeles, empacó su ropa y pertenencias y con dos maletas como únicas posesiones se subío a un avión que le llevaría al otro lado del oceano atlántico y a conocer aquella personita que desde hacía dos años se moría por conocer.
De eso hace ya... casi 4 meses. 4 meses de ensueño, donde esa persona ha resultado ser mejor incluso de lo que se imaginaba. Donde lo han acogido en una casa desconocida mientras arregla su situación en el país y se han desvivido por él. Donde cada dia amanece con un beso de buenos dias y una petición de masaje, jajajja, y un país donde desde hace exactamente 4 días ya tiene visa de trabajo y permiso de estadía por un año. Con varios negocios por delante, y muy buenas espectativas personales nuestro ya no tan joven protagonista, los treinta pesan, empieza una nueva aventura laboral, personal y sentimental a mas de 8.000 km de su familia. El como irá esa aventura es una historia que aún no está escrita pero que prometo venir a escribir cuando vaya ocurriendo.
¡Desearme suerte!
Take
