martes, 28 de febrero de 2006

El "fenómeno cuencano" y el abuso de la prisión preventiva en Ecuador

A ver qué piensan de este dato: el 60% de los presos del penal García Moreno está en espera de juicio; otro tanto en la Penitenciaría del Litoral en Guayaquil. ¿Saben el porcentaje en Cuenca? El porcentaje en Cuenca es cero. En la cárcel de Cuenca, todos los presos están cumpliendo una sentencia.

Otro dato: los detenidos en el CDP de Quito están en su mayoría detenidos ilegalmente, es decir, más allá del límite de 24 horas que manda la Constitución como plazo perentorio para que se produzca la detención "en firme" ordenada por un juez. En Guayaquil, idem. ¿En Cuenca? Cero. Todos los detenidos del CDP de Cuenca lo están menos de 24 horas, lapso en el cual o son puestos en libertad o son encausados.

Estos son datos extraoficiales de una inspección que hicieron las Naciones Unidas a las cárceles ecuatorianas hace unas semanas.

Allí no termina la cosa. En la cárcel de mujeres de Cuenca no está detenida ninguna mujer embarazada, pues la ley manda que las mujeres embarazadas tengan derecho a la prisión domiciliaria. Tampoco vive allí ningún niño en edad escolar. Todos están asignados a un centro de cuidado infantil cuando no hay un pariente que se pueda ocupar de ellos, y todos están matriculados en la escuela. En la cárcel de mujeres de Quito, en cambio, viven más de cien niños en edad escolar y ningún juez concede el derecho a la prisión domiciliaria a las mujeres embarazadas.

¿Por qué Cuenca tiene este desempeño tan sorprendente para los estándares ecuatorianos?, ¿qué pasa en Cuenca? La respuesta no es muy compleja. La respuesta es que en Cuenca los fiscales, los jueces y la policía cumplen la ley.

Otro dato: el alcalde de Quito acoge menos del 2% de los recursos de habeas corpus que le solicitan. El recurso de habeas corpus es una institución reconocida por la Constitución que sirve para que las personas que creen estar ilegalmente arrestadas puedan recuperar la libertad. En Quito los recursos de habeas corpus se despachan solo los jueves, lo que viola abiertamente la Constitución que ordena al alcalde atender las solicitudes en el plazo máximo de 24 horas.

En Cuenca hay un sistema de atención permanente de los recursos de habeas corpus que opera hasta los fines de semana.

Una vez más, la explicación de mi fuente es que "en Cuenca el alcalde cumple la ley".

Esto es lo que yo llamo "el fenómeno cuencano". El gobierno debería crear una comisión de alto nivel encargada de estudiar el fenómeno cuencano en sus diferentes manifestaciones, que van más allá del aspecto penitenciario, como la celebrada eficacia de la empresa municipal de agua potable y teléfonos. El estudio del fenómeno cuencano puede dar luces interesantes. Licurgo se vería tentado a crear colonias cuencanas en todas las ciudades del país (y en algunas del extranjero), comenzando por las ciudades menos civilizadas en materia de libertad de la persona: Quito y Guayaquil. En base a incentivos tributarios y unas pocas prebendas se podría formar colonias suficientemente numerosas de cuencanos como para generar una dinámica transformadora. Una élite morlaca en Quito, una élite morlaca en Guayaquil. Y una en Chone, por supuesto. Una cuencanización del Partido Social Cristiano no estaría mal (no deja de ser curioso que no haya ninguna figura descollante del PSC en Cuenca).

* * *

Siempre me ha sorprendido enormemente la facilidad con que se viola el derecho a la libertad de las personas en Ecuador. En 1996 hice un reportaje sobre este tema y recuerdo que me llamó poderosamente la atención un pequeño detalle del juicio de uno de los personajes que entrevisté. Era un joven que llevaba detenido dos años por "posesión de un gramo de marihuana" y que todavía no recibía sentencia. Cuando tuve en mis manos una copia de su juicio encontré que en la portada del dossier, allí donde debía constar su domicilio, habían escrito simplemente la palabra "PRESO".

Me intrigó mucho ese detalle. No era solo un acto de condenable desprecio a la dignidad humana. A mi manera de ver se trataba de un comportamiento sintomático. Era obvio que el domicilio de la persona no era la cárcel. La cárcel era el lugar donde la persona se hallaba detenida por orden del juez. De modo que si el juez hacía constar a la cárcel como su domicilio, significaba que el juez había "impuesto" un domicilio al sindicado por la fuerza. Le había sustituido su verdadero domicilio - que no constaba en ninguna parte - por otro.

Dice el código civil: "El lugar donde un individuo está de asiento, o donde ejerce habitualmente su profesión, determina su domicilio civil. El domicilio civil no se muda por el hecho de residir el individuo largo tiempo en otra parte, voluntaria o forzadamente..." Voluntaria o forzadamente. Es curioso que el código civil considere la posibilidad de que alguien resida en otra parte "forzadamente", pero esa posibilidad se aplica perfectamente a la situación del sindicado y deja ver que poner "PRESO" en lugar del domicilio de la persona es un acto ilegal. Mientras no lo condenen, el domicilio del sindicado sigue siendo, como todos entendemos racionalmente, el lugar donde vive y trabaja.

¿Por qué el juez prefirió poner la palabra "PRESO" en lugar de consignar el nombre de la calle, el número de la manzana, del apartamento, de la finca donde residía el sindicado? ¿Por pereza?, ¿por ignorancia? ¿Qué consecuencias prácticas tiene ese hecho?

Yo creo que lo hizo porque consideraba al sindicado como una persona esencialmente fugitiva. El fugitivo es la persona que "anda huyendo o escondiéndose" y, dependiendo de quién lo juzgue, uno puede ser fugitivo o parecer fugitivo. Los forasteros, por ejemplo, siempre parecen fugitivos. ¿Quién los conoce? ¿Quién sabe qué hace tal o cual persona aquí? La condición de forastero, es decir, de alguien que "no es de aquí" o, más exactamente, de alguien "que no tiene un solar aquí", constituye en los pueblos pequeños un enorme riesgo. Es lo que pasa en los westerns: el forastero debe identificarse lo más pronto posible si no quiere ser blanco de todas las sospechas. Es lo que pasa también en los pueblos de frontera: los forasteros suelen ser el candidato favorito del linchamiento. En él se personifican todos los temores.

Al forastero, al presunto fugitivo, es normal que el juez le asigne un domicilio provisional. De ese modo simplifica los procedimientos pues, para decirlo en palabras sencillas, "lo tiene a la mano". Es como mandarlo a un hotel. Estamos, pues, de lleno dentro de la lógica del western.

Mi hipótesis es que el juez ecuatoriano considera por principio a los sindicados como forasteros, fugitivos en potencia, y no como vecinos domiciliados en una jurisdicción específica del país. A ojos del juez el territorio del país sigue siendo una foresta inexplorada, un horizonte de caminos de herradura habitado por una masa innumerada de colonos. En ese país de asentamientos provisionales y caseríos sin ley, todos - salvo el gran señor dueño de la hacienda, salvo el cura, salvo los vecinos propietarios de un solar - somos forasteros. Y la cárcel es el domicilio legal de los forasteros.

La prisión preventiva deja así de ser una medida cautelar extraordinaria que se dicta cuando el juez tiene "indicios claros y precisos de que el sindicado es el autor" del delito y pasa a ser una forma de asignar un domicilio a estos presuntos fugitivos para hacer posible el juicio. Esto hace que se trastoque, de paso, el principio de la presunción de inocencia, pues el miedo es parte de la definición de fugitivo, y por aquello de que "quien nada debe nada teme", la forzosa asignación de un domicilio le asigna también al fugitivo, simultáneamente, el miedo, de donde deriva, absurdamente, que muy probablemente sea culpable. Para que el círculo se cierre solo falta una proposición en este tramposo silogismo: si el sistema cree culpables a todos, todos tenemos sobrados motivos para fugar pues son muy altas las probabilidades de que el sistema falle contra nosotros.

Esta es mi explicación para el abuso de la prisión preventiva en Ecuador.

* * *

"Son conducidos a la prisión sin haber visto antes a sus jueces; se les encierra en aposentos oscuros y estrechos, y hasta la ejecución de la sentencia jamás están en comunicación; se les pide la declaración cuando y del modo que parece a los inquisidores; en ningún tiempo se les instruye ni del nombre del acusador, si lo hubiere, ni de los testigos que deponen contra ellos leyéndoles truncadas las declaraciones y poniéndose en tercera persona los dichos de aquellos mismos que lo han visto u oído; en el Tribunal de la Fe de un Dios que es la misma Verdad, se falta a la verdad a fin de que el reo no venga en conocimiento de quien pueda calumniarlo y perseguirlo como enemigo. El proceso nunca llega a ser público y permanece sellado en el secreto de la Inquisición..."

(Del libro de debates de las Cortes de Cadiz 1810-1813)

La constitución de Cádiz, que abolió el Santo Oficio, establecía también la igualdad entre los españoles de ultramar y los de la península. Pero esa constitución liberal no perduró, el absolutismo volvió con Fernando VII y el Santo Oficio tuvo todavía unos años de vida hasta que fue abolido definitivamente en 1826 en España. Parecería que en la colonia quiteña el Santo Oficio se dio modos para sobrevivir doscientos años más.

Ya se preparan los festejos de los 200 años del Primer Grito de la Independencia. El FONSAL, muy dado a poner por los cielos la quiteñidad, haría bien en reclamar como primer homenaje al espíritu liberal de esa gesta la abolición del Santo Oficio de la Prisión Preventiva, la liberación inmediata de todos los presos sin sentencia y el reconocimiento por parte del sistema judicial ecuatoriano del domicilio de todos.

Como ya ha hecho Cuenca, por lo demás. De otro modo me tendrán enteramente sin cuidado las celebraciones bicentenarias.


PD: A propósito de este tema valdrá la pena ver la película de Mateo Herrera EL COMITÉ, que estará presente en los EDOC el próximo mayo.

miércoles, 22 de febrero de 2006

El día de los enamorados

Me han pedido que publique una columna de televisión de 2000 caracteres tres veces a la semana en el diario HOY. Con el dinero que me gane con ese chaucha voy a comprar una suscripción a Direct TV. Este es mi primer artículo que no saldrá porque se hizo extemporáneo y no quería dejarlo pasar. Ustedes pensarán que me estoy cargando con Ortiz, pero no es así. Solo es una coincidencia. Ya nos vemos.

EL DIA DE LOS ENAMORADOS

El martes 14 nos enteramos por el segmento “Gente” de ECUAVISA que la plana mayor de la televisión nacional se había ido de vacaciones a la playa. No quedaba clara la ocasión que había hecho posible este merecido descanso de las estrellas de la pantalla chica, pero si quedó claro que en la fiesta no estuvo presente Jorge Ortiz. Vimos a Alfonso Espinosa, a Andrés Carrión, a Tania Tinoco, a Gonzalo Ruiz, entre otros protagonistas menos destacados, todos festejando en traje de baño y ofreciendo declaraciones amenas sobre sus amores conyugales, en un ambiente de envidiable confraternidad que volvía mucho más notorias las ausencias. Eran las 20h30 y el noticiero de ECUAVISA terminaba mientras, en el balcón de a lado, arrancaba el noticiero de Jorge Ortiz quien, quizás por efecto del contraste, me pareció particularmente circunspecto.

Una de dos, me dije, o no lo invitaron, o no quiso ir.

Me parecería muy raro que no lo hubiesen invitado. Ortiz compagina bien con la mayoría de los animadores de televisión congregados en Manta: son más o menos de la misma generación, son más o menos quiteños y, sobretodo, son más o menos conservadores. Las imágenes de “Gente” me hicieron recordar la entrevista que le hizo VANGUARDIA a Andrés Carrión hace varias semanas, donde el presentador de CANAL UNO confesó que sus amigos tenían la costumbre “de hablar bien de George W. Bush” en las reuniones sociales. Después de semejante línea, uno se pregunta con todo derecho ¿quiénes son los amigos de Carrión?, y ahora que lo vi rodeado de estas personas bebiendo margaritas en la playa, no pude evitar uno de esos malos pensamientos que provoca a veces la televisión. Lo único que no me cuadra en esta hipótesis es la ausencia de Ortiz.

De modo que lo más probable es que Ortiz no haya querido ir. El presentador de TELEAMAZONAS da la impresión de ser un tipo huraño, poco dado a contemporizar con veleidades como un reggaeton en la playa y menos aún a ofrecerse a las cámaras sin acicalamiento y en prendas de baño. Aunque, y esta es mi tercera y última hipótesis, si su carácter es igual de severo en la vida real que en la televisión, bien podría haber sucedido que a pesar de las identificaciones ideológicas, entre sus amigos hubiese primado el deseo de pasarla bien y, haciendo de tripas corazón, no lo hubiesen invitado. Quizás por eso cerró el noticiero de ese día diciendo que él y María Mercedes Cuesta eran “dos pobres almas solitarias”.

sábado, 11 de febrero de 2006

El espartano Licurgo y los quintiles

LicurgoLicurgo

Hablaba en La Luna anteayer un economista chileno que tenía la boca llena de quintiles. Decía que la Concertación Democrática ha triplicado en quince años el PIB de Chile y que, como consecuencia de esto, la pobreza ha bajado en ese país del 58 al 13%. A renglón seguido, el economista chileno reconocía que lamentablemente en materia de quintiles la desigualdad permanece intacta. Tendremos que esperar otros quince años, dijo, para comenzar a romper la desigualdad. Quince años más de disciplina fiscal, de estabilidad macroeconómica, de control del gasto, de crecimiento. En fin, todas esas cosas que ya sabemos. En otras palabras, el economista chileno quiso decir que los pobres de Chile ya no viven con 1 dólar diario sino con 3, y los ricos ya no viven con 50, sino con 150. O sea que los pobres han pasado de pobres a pseudo pobres.

Lo interesante fue que en determinado momento de la entrevista el economista chileno pronunció la palabra "generosidad". Dijo: "para eso deben intervenir otros factores como la generosidad". Mucho me sorprendió esta palabra en boca del economista chileno. Según el DRAE la generosidad es la "inclinación del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés" y también la "nobleza heredada de los mayores". ¿Qué tiene que ver la generosidad con los quintiles? Hemos avanzado un buen trecho, me dije, si los tecnócratas comienzan a valerse de esta nueva variable macroeconómica: la nobleza.

Cuenta Plutarco en sus Vidas paralelas que Licurgo consiguió hace tres mil años lo que la Concertación Democrática todavía no ha logrado hacer en Chile a pesar del crecimiento del PIB. Lo hizo dictando una constitución basada en el decoro, pues la ley, como el ánimo, puede también anteponer el decoro al interés. Es decir que la generosidad puede ser voluntaria u obligatoria.

La primera medida que tomó Licurgo es lo que hoy llamaríamos una reforma agraria radical: muy sencillamente, repartió de nuevo todo el territorio del país. Dividió el campo en parcelas iguales, de una extensión adecuada para producir suficiente sustento para una familia, y las asignó a cada ciudadano. Dice Plutarco que una vez, regresando de un viaje, Licurgo vio el campo uniforme de su país después de la cosecha y se dijo: "toda la Laconia parece que es de unos hermanos que acaban de hacer sus particiones".

Una ley equivalente a la reforma de Licurgo sería una que pusiese freno a la especulación inmobiliaria, por ejemplo. Una que diga: "Ningún propietario podrá lucrar de la plusvalía de su terreno más allá de una ganancia razonable". Es contrario a todo decoro que una persona que compró en 2000 dólares un solar en Cumbayá hace quince años ahora lo venda en 200 mil. El precio del terreno aumentó como resultado de la actividad económica de toda la ciudad, de manera que lo justo y decoroso sería que el plusvalor vaya directamente a la caja fiscal y se revierta en más obras para todos. El dueño del terreno tendría derecho a una renta razonable pero de ninguna manera a ese arbitrio de la especulación que segrega las ciudades, tortura a los desposeidos y vuelve a los hijos de las personas adineradas tan insoportablemente envanecidos. Eso haría Licurgo.

Yo iría más lejos y haría que la ley fuese retroactiva.

En segundo lugar, viendo Licurgo que la gente seguía presumiendo de sus riquezas y ostentando sus bienes, ordenó que el dinero se fabricara en abultadas monedas de hierro y ya no en metales preciosos. "De manera que para la suma de diez minas se necesitaba de un cofre grande en casa y de una yunta para transportarla, y con sola esta mudanza se liberó Lancedonia de muchas especies de crímenes, porque, ¿quién habría de hurtar o dar en soborno, o trampear o quitar de las manos una cosa que ni podía ocultarse ni exitaba la codicia?"

Este segundo principio de Licurgo se podría aplicar hoy de varias maneras. Una, bastante prosaica pero no del todo descabellada, sería generalizar el uso de las monedas de 1 centavo que, con su insignificante peso de 2,5 gramos, son poco tomadas en cuenta en las transacciones corrientes. Otra sería la historia, si, al final de cada mes, en lugar de llevar un cheque de cinco mil dólares, cada diputado de la república tuviera que salir de la tesorería del congreso con un fardo de 1.250 Kilos, es decir, unas siete veces su propio peso. Los obreros y las empleadas domésticas, con sus paquetes de 30 Kilos, al menos tendrían un buen motivo para reirse de los honorables al verlos arrastrar el bulto de su sueldo por la calle. La ley diría: "el salario o la renta no podrá ser superior al peso que el individuo sea capaz de cargar por sus propios medios". Los precios tenderían a bajar y con ellos los intereses de la deuda externa, pues con los estándares actuales los tenedores de bonos necesitarían de una caravana de trescientos cincuenta conteiners para cobrar lo que les paga el Estado ecuatoriano cada año.

En tercer lugar, "queriendo perseguir todavía más el lujo y extirpar el ansia por la riqueza", Licurgo obligó a toda la población a comer en comedores comunales. Esto fue a lo que más se opusieron los ricos. Ya se sabe que es la mesa el auténtico escenario de la ostentación. Es para la "mise en scène" de la comida para lo que está preparada siempre una casa de ricos. Pues bien, aunque los ricos apedrearon a Licurgo en la calle y, según la leyenda, le sacaron un ojo, no hubo forma de acabar con esta noble institución que con el tiempo terminó por poner de moda la moderación. Cada quien contribuía con una ración y una cuota, y esta convivialidad se convirtió en todo un estilo de vida, sobrio y recatado.

De las tres leyes, esta es la que me parece más difícil de emular. Una ley que termine por imponer un estilo de vida que dure, como Plutarco dice que duraron las leyes de Licurgo, quinientos años. Una ley, en definitiva, que devuelva a la pobreza algo del prestigio legendario que siempre tuvo. Esto es quizás lo que diría Licurgo al economista chileno: "mi buen amigo, el problema no es la pobreza, el problema es la riqueza". Si el PIB no crece con leyes más generosas no sirve de nada.