Los panes negros

Pan-negro

Los panes negros

xeeds2n aquel tiempo, Nicolás Nerli era banquero en la noble ciudad de Florencia. A la hora de tercia se encontraba ya sentado ante su pupitre, y a la hora de nona aún estaba allí sentado, haciendo cuentas todo el día en sus tablillas. Nicolás Nerli prestaba dinero al Emperador y al Papa. Y si no le prestaba dinero al diablo era porque temía hacer malos negocios con el que nombramos el Maligno y que no carece de artimañas.

Era audaz y desconfiado. Había adquirido grandes riquezas y despojado a mucha gente. Por ello era respetado en la ciudad de Florencia. Vivía en un palacio en el que la luz que Dios creó no entraba sino por estrechas ventanas; eso era por prudencia, pues la mansión de un rico debe ser como una ciudadela y los que poseen grandes bienes hacen bien en defender por la fuerza lo que han adquirido por la astucia.

El palacio de Nicolás Nerli se encontraba pues provisto de rejas y cadenas. En su interior, los muros estaban decorados con pinturas de expertos maestros que habían representado en ellas las Virtudes como mujeres, los patriarcas, los profetas y los reyes de Israel. Los tapices expuestos en las habitaciones ofrecían a la vista las historias de Alejandro y de Tristán tal como las cuentan en los libros. Nicolás Nerli hacía brillar su riqueza en toda la ciudad por medio de fundaciones piadosas.

Había mandado construir un hospital en la zona de extramuros cuyo friso, esculpido y pintado, representaba las acciones más honorables de su vida; en reconocimiento por las sumas de dinero que había donado para acabar Santa María la Nueva, su retrato se hallaba expuesto en el coro de esta iglesia. Se le veía en él arrodillado, con las manos juntas, a los pies de la Santísima Virgen. Se le reconocía por su gorro de lana roja, su abrigo forrado, su rostro rollizo y sus ojillos despiertos. Su buena esposa, Mona Bismantova, con expresión honesta y triste, que se podría pensar que jamás nadie hubiera obtenido de ella algún placer, se hallaba al otro lado de la Virgen, en humilde actitud orante. Aquel hombre era uno de los primeros ciudadanos de la República; como no había hablado jamás mal de las leyes y no se preocupaba en absoluto de los pobres ni de aquellos a los que los poderosos del momento condenan a pagar multas o al exilio, no había disminuido nada, en la opinión de los magistrados, la estima que había adquirido a sus ojos por su gran riqueza.

Una noche de invierno, al regresar a su palacio algo más tarde de lo habitual, fue rodeado ante el umbral de su puerta por un grupo de mendigos medio desnudos que le tendían la mano. Los apartó con duras palabras. Pero el hambre hace a los hombres ariscos y osados como los lobos: formaron un círculo a su alrededor y le pidieron pan con voz quejumbrosa y ronca. Estaba inclinándose ya para recoger piedras y lanzárselas, cuando vio llegar a uno de sus criados que llevaba sobre la cabeza una cesta de panes de centeno, destinados a los empleados de las cuadras, de la cocina y de los jardines.

Hizo una señal al de los panes para que se acercara, y, sacándolos de la cesta con ambas manos, les arrojó los panes a los menesterosos. Luego, entró en su casa, se acostó y se quedó dormido. Mientras dormía, sufrió un ataque de apoplejía y murió tan de repente que creía que se encontraba aún en su lecho cuando vio, en un rincón oscuro, a San Miguel iluminado por el resplandor que irradiaba de su propio cuerpo. El arcángel, con la balanza en la mano, estaba cargando los platillos. Al reconocer en el platillo que pesaban más las joyas de las viudas que guardaba como fianza, la multitud de recortes de escudos indebidamente retenidos y algunas piezas de oro muy bellas, que sólo él poseía y que había adquirido por usura o por fraude, Nicolás Nerli reconoció que era su vida, ya finalizada, lo que san Miguel estaba pesando en su presencia. Miró atento y preocupado.

-Señor San Miguel -le dijo-, si ponéis en un platillo todas las ganancias que he obtenido en mi vida, colocad en el otro, os lo ruego, las hermosas fundaciones con las que he puesto de manifiesto mi piedad. No olvidéis la cúpula de Santa María la Nueva a la que contribuí financiando la tercera parte, ni el hospital de extramuros, que he construido por completo con mi dinero.

-No temáis, Nicolás Nerli -respondió el arcángel-. No me olvidaré de nada.

Y con sus manos gloriosas colocó en el otro platillo la cúpula de Santa María la Nueva y el hospital con el friso esculpido y pintado. Pero el platillo no se movió. El banquero sintió gran inquietud.

-Señor san Miguel -dijo de nuevo-, buscad bien. No habéis colocado en ese platillo de la balanza ni mi hermosa pila del agua bendita de San Juan, ni el púlpito de San Andrés, en donde está representado el bautismo del Nuestro Señor a tamaño natural. Es una obra que me costó muy cara.

El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hospital en el platillo, que tampoco se movió. Nicolás Nerli empezó a notar que su frente se inundaba de un sudor frío.

-Señor arcángel -preguntó-, ¿estáis seguro de que vuestra balanza funciona correctamente?

San Miguel respondió sonriendo que, al no ser la balanza como las que usan los lombardos de París ni como las que usan los cambistas de Venecia, aquélla no carecía en absoluto de exactitud.

-¡Cómo! -suspiró Nicolás Nerli, completamente lívido-, ¿la cúpula, el púlpito, la pila, el hospital con todas sus camas, no pesan, pues, más que una brizna de paja o que el plumón de un pájaro?

-Ya lo estáis viendo, Nicolás -dijo el arcángel-, y, hasta el momento, el peso de vuestras iniquidades es muy superior al peso ligero de vuestras buenas acciones.

-Voy a ir al infierno, pues -dijo el florentino. Y sus dientes castañeteaban de espanto.

-¡Tened paciencia, Nicolás Nerli -prosiguió el pesador celeste-, paciencia! No hemos terminado aún. Nos queda esto.

Y el bienaventurado Miguel tomó los panes de centeno que el rico les había lanzado a los pobres la víspera. Los colocó en el platillo de las buenas obras, que descendió de repente, mientras que el otro subía, quedando ambos platillos al mismo nivel. El fiel de la balanza no se inclinaba ni a la derecha ni a la izquierda y la aguja indicaba la igualdad perfecta de los dos pesos. El banquero no podía creer lo que veían sus ojos. El glorioso arcángel le dijo:

-Como estás viendo, Nicolás Nerli, no eres apto ni para el cielo ni para el infierno. ¡Anda, regresa a Florencia! Multiplica en tu ciudad esos panes que diste con tus manos, de noche, sin que nadie te viera, y serás salvo. Pues no basta con que el cielo se abra para el ladrón que se arrepiente y para la prostituta que llora. La misericordia de Dios es infinita: es capaz de salvar incluso a un rico. Sé tú ese rico. Multiplica los panes cuyo peso puedes ver en mi balanza. ¡Anda!

Nicolás Nerli se despertó en su lecho. Decidió seguir el consejo del arcángel y multiplicar el pan de los pobres para lograr entrar en el reino de los cielos.

Durante los tres años que pasó sobre la tierra después de su primera muerte, fue caritativo con los menesterosos y muy generoso en limosnas.

 Anatole France  (1895)

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Amarme

¿Si yo no soy para mí, quién será para mí?

¿Si sólo soy para mí, quién soy yo?

¿Y si no ahora, cuándo?

Rabí Hillel

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Amarme

Independientemente de nuestro género sexual, todos poseemos un aspecto femenino y un aspecto masculino internos y la relación entre éstos – la pareja interior – tiende a reproducirse en nuestros vínculos.

Solemos relacionarnos con los aspectos exteriores de la vida a través de su correspondencia con nuestros patrones internos. Así, cuando nos atrae otra persona, la misma está espejando aspectos tanto conscientes como inconscientes de nuestro propio ser.

Habitualmente esperamos que el otro/a nos proporcione aquello de lo que carecemos, o creemos carecer. Muchos de los conflictos que atravesamos en la vida tienen una trastienda de baja autoestima. En las dificultades dentro del ámbito de la pareja, en el plano laboral, en las relaciones con familiares y amigos existen siempre zonas profundas en las que no confiamos. Algunas tienen que ver con creencias de base, que desmoronan la fe en nosotros mismos de manera visible y obvia; otras son creencias que subyacen bajo capas de un aparente “todo está bien”.

Construir la propia autoestima es plantar las semillas para amarse a sí mismo, la base para cualquier relación amorosa con otra persona.

Al mencionar la idea de amarse más y mejor a sí mismo podríamos temer caer en un amor narcisista que, más que acercarnos, nos aparte del resto de la humanidad. Esta propuesta no implica quedarnos, como Narciso, prendidos al propio reflejo en el estanque, embelesados con nuestra imagen. Se trata más bien de reconocer y revalorizar todo lo que tenemos de positivo. Cuando nos conectamos con nuestras partes más luminosas y amorosas absorberemos la energía necesaria para ingresar también en los rincones más oscuros, construyendo así una percepción más plena de quién somos verdaderamente.

La forma en que nos describimos colorea todas nuestras experiencias. ¿Quién sabe desde cuándo o desde quién comenzamos a definirnos de determinada manera? Lo cierto es que todas nuestras ideas y pensamientos producen resultados, y nuestros diálogos internos son la base sobre la cual construimos nuestra experiencia de la realidad. Todo cuanto consideremos real o verdadero se convierte, eventualmente, en una realidad para nosotros.

Es clásico el ejemplo de quien cree que es rechazado por otros. Sin proponérselo, su actitud y su expresión hacen que efectivamente lo rechacen. Si tengo la idea de que no soy lo suficientemente valiosa como mujer y que debido a ello mi pareja me abandonará, comenzaré a aferrarme, a exigir, a reprochar y controlar, y estas reacciones lo inducirán eventualmente a distanciarse y/o a abandonarme, confirmando así mi creencia.

Estas son las famosas profecías auto-cumplidas, en las que terminamos creando lo temido, atrayendo hacia nosotros precisamente aquello que tratábamos de evitar.

A todos nos hubiera gustado escuchar frases amorosas de nuestros padres, y nos gustaría que nuestra pareja y amigos nos dijesen cuánto valemos. Sin embargo, nos cuesta decírnoslo a nosotros mismos.

Tendemos a esperar que sean los demás quienes retruquen nuestra percepción negativa con halagos, felicitaciones y miradas de aprobación. Sin duda es agradable recibir alabanzas, pero esa dosis de autoestima foránea no es duradera ni suficiente.

Lamentablemente, vivimos con la sensación de que el amor está fuera de nosotros, que es algo que nos dan o nos quitan, un regalo, un premio, algo que merecemos o dejamos de merecer en función de que cumplamos con determinados requisitos (ser jóvenes, delgados, atractivos, inteligentes, exitosos, carismáticos, etc.)

Desde pequeños recibimos una serie de mensajes sobre el amor que nos condicionaron, haya sido esto debido a actos, frases escuchadas o sensaciones corporales basadas en acontecimientos vividos, y/o en la interpretación personal que realizamos en función de éstos.

Hoy, ya adultos, necesitamos redefinir nuestra noción del amor.

Para ello, puede ser útil formularnos y responder a las siguientes preguntas:

¿Cuánto soy capaz de amarme a mí mismo?

¿Cuánto me disgusto, critico, condeno, amonesto?

¿Cuánto soy capaz de cuidarme y darme lo que necesito?

¿Cuánto placer me permito tener en mi vida cotidiana?

¿De qué formas me descuido y me abandono?

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para dar y recibir? ¿Cuál me resulta más fácil, y por qué? (Frecuentemente preferimos dar a recibir ya que esto último implica mayor vulnerabilidad).

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para mostrarme auténticamente? ¿Cuándo me expreso como realmente soy y cuándo muestro una de mis máscaras?

¿Cuál es la creencia personal que más necesito modificar para poder aceptarme y amarme sin condiciones ni exigencias inalcanzables?

Cuando logro darme cuenta de que soy mi propia fuente de amor, todo cambia de dirección – yo soy responsable de transformarme y darme aquello que espero del afuera.

El amor no existe afuera de nosotros – debemos buscarlo en su morada íntima que es nuestro propio corazón.

¿Quién si no yo puede aceptarme y amarme con todas mis características? ¿Quién si no yo conoce la historia de mi niño interno, no para lamentarme sino para sanar mis propias heridas? ¿Quién si no yo tiene en su poder el pasaje de ida y vuelta hacia lo profundo de mi corazón?

Trabajar para construir la propia autoestima es un acto de amor – amor hacia uno mismo que se traduce luego en una mayor capacidad de amar realmente a los demás.

Alicia Schmoller

 

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Locos por el poder

«El gozo del Ser, que es la única felicidad auténtica, no puede llegarte por medio de ninguna forma, posesión, logró, persona o suceso. Por medio de nada de lo que ocurre. Ese gozo no puede llegar a ti, nunca. Emana de la dimensión sin forma que hay dentro de ti, de la conciencia misma y, por lo tanto, es aquello que tú eres». Echkart Tolle

Locos por el poder

Todos los seres humanos en todo el mundo, Oriente, Occidente o Oriente Medio, están pasando por muchas dificultades, muchos problemas: hambre, superpoblación, malos gobiernos, gobiernos comprometidos con sus propias ideologías particulares, gobiernos y las personas que nos gobiernan están locos por el poder, la posición, el prestigio, ayudando a los terroristas vendiendo armamentos.

El otro día se escuchó en la televisión que el 80% de los armamentos que produce este país se envían al extranjero y el 20% se guardan para su propia defensa. Esto está sucediendo en todo el mundo.

Los seres humanos han sufrido sin cesar durante milenios y milenios, y no han encontrado respuesta a todo esto.

Y cada vez más nos estamos volviendo dependientes del control ambiental externo, tratando de encontrar respuestas en la actividad externa, a través de los gobiernos, a través de leyes especiales, etc. Toda la actividad periférica externa.

Y aparentemente la respuesta no está ahí, ni en la política, ni en nacionalidades separadas, ni en las diversas organizaciones religiosas, el sectarismo. No hay ninguna respuesta allí.

Pero siempre estamos buscando respuestas para la perturbación humana fundamental en los síntomas externos tratando de lidiar con síntomas superficiales sin entrar muy, muy profundamente en por qué los seres humanos de todo el mundo se comportan como son, insensibles, indiferentes, totalmente preocupados por sí mismos.

Jiddu Krishnamurti, Primera charla pública, Brockwood Park, 28 de agosto de 1982     

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Los viernes chiste: El perro policía

El perro policía

Jonathan, un logroñés con gran afición a viajar, coge un avión en el aeropuerto riojano de Agoncillo, con destino a Berlín, para pasar unos días y conocer la capital alemana. Se coloca en su asiento junto a la ventana del avión cuando otro hombre se sentó en el asiento del pasillo y colocó su perro labrador Retriever negro en el asiento del medio, al lado del hombre.

Jonathan mira al perro con curiosidad y le pregunta al otro hombre por qué se le permite subir al avión.

El hombre explicó que es un agente del Grupo Antiterrorista y Antidroga con sede en Logroño, que va a asesorar a la policía alemana y que el perro es un “perro policía”, entrenado para solucionar cualquier situación que pueda alterar la seguridad ciudadana.

“Su nombre es Morapio y es el mejor perro de su categoría que existe. Te lo mostraré una vez que despeguemos y lo pondré a trabajar”.

El avión despega, y una vez nivelado, el agente le dice a Jonathan:

“Vas a ver, fíjate en su efectividad, y a continuación, le dice a Morapio que “busque”.

Morapio salta, camina por el pasillo y finalmente se sienta con determinación junto a una joven y hermosa mujer durante varios segundos.

Luego, Morapio regresa a su asiento y pone una pata en el brazo del agente, este saca una bota de vino y le da un trago.

El agente dice: “Buen chico”, y se vuelve hacia Jonathan  y le dice:

“Esa mujer está en posesión de marihuana, así que estoy tomando nota del número de su asiento y las autoridades alemanas, la detendrán cuando aterricemos”.

“Oye, pero eso es fantástico, este perro es muy  bueno”, responde Jonathan.

Una vez más, el agente envía a Morapio a buscar en los pasillos.

El perro husmea, se sienta junto a un hombre durante unos segundos, vuelve a su asiento y esta vez coloca dos patas en el brazo del agente, y este vuelve a sacar la bota de vino y le da otro trago.

El agente le dice a Jonathan: “Ese hombre lleva cocaína, así que nuevamente, estoy anotando el número de su asiento para la policía”.

“¡Me gusta!” dice Jonathan a su compañero de asiento.

Luego, el agente le dijo al perro que “buscara” nuevamente.

Morapio caminó por los pasillos por un rato, se sentó por un momento y luego regresó corriendo hacia el agente, saltó al asiento del medio y procedió a hacer caca por todo el asiento.

Jonathan está realmente asqueado por este comportamiento y no puede entender cómo o por qué un perro bien entrenado actuaría así, así que le pregunta al agente:

“¿Qué está sucediendo?”

El agente respondió nerviosamente:

“¡Acaba de encontrar una bomba!”

Ilustración de 1912 en la que Francisco conduce al lobo de Gubbio a la ciudad.

Oración a San Francisco de Asís para pedir por la salud y bienestar de mi perro

Oh, santo protector, glorioso San Francisco de Asís, santo de la sencillez,

del amor y de la alegría. Dirige hacia nosotros tu mirada llena de bondad.

Mi amado santo, pon tus manos sobre este ángel,

que te necesita, cumple mi petición.

Oh poderoso y apiadado santo, tú que fuiste una persona tan honrada,

San Francisco de Asís, atiende ante la inocencia de este animal,

y cuídalo de cualquier peligro que le aceche.

En honra a cada una de mis oraciones que dirijo a ti con mucha fe,

San Francisco de Asís, ruega por nosotros. Te pido por mi mascota,

y por todos los animales del mundo que necesitan de ti,

De tu protección, de tu bondad y misericordia. Enciende nuestros corazones,

con un amor cada vez mayor a Dios, y a nuestros hermanos y

hermanas, especialmente a los más necesitados.

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Monstruos

¡Qué horrible viaje, qué pesadilla sin retorno! A cada instante mi vida cruza un río, un nuevo, inmenso río que se vierte en la desnuda eternidad. Yo mismo de mí mismo soy barquero, y a cada instante mi barquero es otro. Dámaso Alonso  en «Hijos de la ira» 

Los desastres de la guerra, n.º 30 «Estragos de la guerra». (1810-1815)de Francisco de Goya, museo del Prado

Monstruos

Todos los días rezo esta oración
al levantarme:

Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual, que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas que me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!

No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.

No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente;
no, ninguno tan monstruoso
como esa alimaña que brama hacia ti,
como esa desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
«Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.»

Dámaso Alonso  en «Hijos de la ira» 

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Investigar la verdad

A veces nos esforzamos por encontrar la verdad
y no nos damos cuenta que ella se encuentra
justo en el centro de nuestro corazón.

La verdad esta detrás de nuestros prejuicios
Todo lo filtramos a través de nuestros prejuicios
religiosos o espirituales, psicológicos o científicos;
así como de nuestros cotidianos deseos,
preocupaciones y temores.
Todo lo escuchamos a través del filtro.
De ahí que en realidad sólo escuchemos
nuestro propio ruido, nuestro propio sonido,
no lo que se dice.

Jiddu Krishnamurti, La verdad

Alegoría de la Verdad y la Justicia. obra de Jacob de Backer

Investigar la verdad

¿Hay algo sagrado en la vida, algo no inventado por el pensamiento? El hombre se ha hecho esta pregunta desde la inmensidad de los tiempos. ¿Hay algo más allá de toda la confusión, aflicción, tinieblas e ilusiones, más allá de las instituciones y las reformas? ¿Hay algo realmente verdadero, algo más allá del tiempo, tan inmenso que el pensamiento no puede alcanzarlo? El hombre ha indagado en esto y, al parecer, sólo muy pocas personas han sido libres para penetrar en ese mundo. Desde los tiempos antiguos, los sacerdotes se han interpuesto entre el buscador y lo que éste espera encontrar. El sacerdote interpreta, se convierte en el hombre que sabe, o que cree saber, y el buscador acaba apartado, desviado de su camino, perdido.

Haga lo que haga, el pensamiento no es sagrado. Es un proceso material, como también nosotros somos materia. El pensamiento ha dividido a la gente en religiones y nacionalidades. El pensamiento nace del conocimiento, y el conocimiento nunca es total acerca de nada; por consiguiente, el pensamiento siempre es limitado y separativo. Donde haya acción separativa, debe haber conflicto: comunista y capitalista, árabe y judío, hindú y musulmán. Todas estas divisiones provienen de los procesos del pensamiento, y donde haya división debe haber conflicto. Ésa es una ley. Nada de lo que el pensamiento ha producido, ya sea en libros, iglesias, templos o mezquitas, es sagrado. Ningún símbolo es sagrado. Eso no es religión; es meramente una forma de pensamiento, una reacción superficial a lo que se le llama sagrado.

Para investigar la verdad uno debe reunir toda la energía. Uno debe tener la capacidad y ser diligente, no para actuar según una pauta, sino para observar los propios pensamientos, sentimientos, antagonismos y temores e ir más allá de ellos, de manera que la mente esté completamente libre. Para investigar lo que es más sagrado, anónimo, intemporal, obviamente uno no debe pertenecer a ningún grupo, a ninguna religión, ni tener ninguna creencia o fe, porque éstas aceptan como verdadero algo que puede no existir. La naturaleza de la creencia es aceptar algo como verdadero sin averiguar mediante la investigación, la vitalidad y la energía propias. Usted cree porque en la creencia hay cierta forma de seguridad, de comodidad, pero una persona que meramente esté buscando comodidad psicológica nunca dará con lo que está más allá del tiempo. De modo que debe haber libertad total. ¿Podemos liberarnos de todo nuestro condicionamiento psicológico? El condicionamiento biológico es natural, pero el psicológico, los odios, los antagonismos, el orgullo, todas las cosas que acarrean confusión, son la naturaleza misma del ego, que es pensamiento.

Para descubrir debe haber atención, no concentración. Meditar es realmente importante, porque una mente que es meramente mecánica, como lo es el pensamiento, nunca puede encontrar aquello que es orden supremo y total y, por consiguiente, completa libertad. El universo está totalmente en orden. La mente humana está en desorden, y uno tiene que poseer una mente extraordinariamente ordenada, una mente que haya comprendido el desorden y esté libre de contradicción, imitación y conformismo. Una mente así es una mente atenta. Está completamente atenta a todo lo que hace, a todas sus acciones en la relación. La atención no es concentración. La concentración es restringida, estrecha y limitada, mientras que la atención no tiene límite. En la atención existe la cualidad del silencio; no del silencio inventado por el pensamiento, del que surge después del ruido, o de un pensamiento que espera a otro pensamiento. Debe haber ese silencio que no es producido por el deseo, la voluntad o el pensamiento. Y en esa meditación no hay controlador alguno. En todos los sistemas inventados por grupos siempre hay esfuerzo, control y disciplina. Pero disciplina no significa conformarse sino aprender, de modo que su mente se vuelve cada vez más sutil. Aprender es un movimiento constante; no se basa en el conocimiento. La meditación es liberación de lo conocido, el cual es medida. Y en esa meditación hay absoluto silencio.

Entonces, sólo en ese silencio, lo que no tiene nombre es.

Jiddu Krishnamurti, de la plática en Ojai el 16 de mayo de 1982

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Rumpelstiltskin (El enano saltarín)

El libro de hadas azul de Andrew Lang (1889)

Rumpelstiltskin

(El enano saltarín)

Había una vez un molinero muy pobre que tenía una hija muy hermosa. Dio la casualidad de que un día el molinero acudió a una audiencia ante el rey y queriendo darse importancia le dijo que su hija era capaz de, con ayuda de una rueca, convertir la paja en oro.

-Esa sí es una valiosa habilidad- le dijo el rey. Si tu hija es tan lista como dices, tráela a palacio mañana mismo. Quiero comprobar si lo que dices es cierto.

La muchacha, en efecto, fue llevada ante el rey y éste la metió en una habitación llena de paja y con una rueca.

-Trabaja durante toda la noche. Si a primera hora de la mañana no has convertido en oro esa paja, morirás- dijo su majestad, encerrando a la muchacha.

La pobre hija del molinero se sentó sin saber qué hacer. No tenía la menor idea de cómo transformar en oro aquella paja y se sintió tan desgraciada que comenzó a llorar. De repente, se abrió la puerta y apareció por ella un hombrecillo.

-Buenas noches, molinera, ¿por qué lloras?

-¡Oh! exclamó la muchacha, sobresaltándose. Tengo que convertir en oro esta paja y no sé cómo hacerlo.

-Si yo lo hago por ti, ¿qué me darías?- preguntó el duende.

-Mi collar- replicó la chica.

El hombrecillo aceptó el collar y se sentó junto a la rueca. La hizo girar tres veces y a la tercera vuelta sacó un ovillo de oro. Repitió la misma operación una y otra vez hasta que, cerca ya del alba, no quedaba ni una sola brizna de paja y la habitación estaba llena de ovillos de oro. En cuanto salió el sol, el rey apareció por la puerta. Al ver tanto oro se quedó asombrado y muy complacido, aunque aquello sólo sirviera para que anhelase más que nunca aquel preciado metal.

Llevó a la hija del molinero a otra estancia llena de paja, a una sala mucho más grande que la primera y le dijo que, si en algo apreciaba su vida, estuviera tejiendo hasta la mañana siguiente para convertir en oro toda aquella paja. La muchacha desesperada, se echó a llorar. Pero volvió a abrirse la puerta, como el día anterior, y por ella apareció de nuevo el mismo hombrecillo.

-¿Qué me darás si convierto en oro esta paja?

-El anillo que llevo en el dedo- respondió la muchacha.

El duendecillo cogió el anillo y se puso a tejer. Al romper el día, había transformado en relumbrante oro toda aquella paja. Al verla, el rey sintió un regocijo más allá de toda mesura y contención, mas su avaricia seguía sin verse satisfecha, de modo que llevó a la hija del molinero a una habitación más grande aún que las dos anteriores y le dijo:

-Teje durante toda la noche y convierte esta paja en oro. Si en esta ocasión también lo logras, te convertiré en mi esposa.

“No es más que la hija de un molinero, es cierto”, se decía el rey, “pero no encontraría una esposa más rica aunque buscase por todo el mundo”.

Al quedarse a solas la muchacha, el hombrecillo apareció por tercera vez.

-¿Qué me darás si vuelvo a convertir esta paja en oro?

-No me queda nada que darte- respondió la muchacha.

-Entonces, prométeme que cuando seas reina me entregarás a tu primer hijo.

“Quién sabe lo que puede ocurrir antes de que eso suceda”, pensó la hija del molinero, que por otra parte no veía otra salida. Así pues, le prometió al duende darle lo que le pedía y éste se puso a hilar una vez más, convirtiendo en oro toda la paja de aquella habitación.

A la mañana siguiente, el rey, al encontrarlo todo tal como deseaba, se desposó con la hija del molinero. Al cabo de un año, la reina dio a luz un precioso hijo, sin acordarse siquiera del hombrecillo que había salvado su vida. Sin embargo, un día, el duende se presentó ante ella.

-Has de darme lo que me prometiste.

La reina ofreció, a cambio de la vida de su hijo, todas las riquezas de su reino, pero el duende no aceptaba el trato.

-No, cualquier ser vivo es para mí más valioso que todas las riquezas de este mundo- dijo.

La reina comenzó a llorar tan amargamente que el hombrecillo se apiadó de ella.

-De acuerdo -dijo-, te doy tres días para averiguar mi nombre. Si antes de cumplido el plazo, lo averiguas, puedes quedarte con tu hijo.

La reina recopiló cuantos nombres pudo recordar y envió mensajeros a todos los rincones en busca de cualquier nombre que pudieran oír. Cuando, al siguiente día, apareció el hombrecillo, le recitó toda una retahíla de nombres, comenzando por los de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero a cada nombre que pronunciaba, el hombrecillo replicaba:

-No, no es ése mi nombre.

Al día siguiente, la reina mandó preguntar por todos los nombres de la comarca y obtuvo una lista de los más extraordinarios y desconocidos, una lista que recitó al hombrecillo cuando éste apareció al día siguiente.

-¿Es quizás tu nombre Paticorto? ¿Y Paticojo? ¿No será Patizambo?

Pero el duende siempre replicaba lo mismo.

-No, no es ése mi nombre.

Al tercer día, un mensajero volvió anunciando:

-No he podido encontrar más nombres, pero al llegar a una colina que se encuentra a la entrada del bosque, allí donde los zorros y las liebres se dan las buenas noches, vi una casita muy pequeña. Enfrente de la casa ardía una hoguera y alrededor de ella se encontraba el más grotesco hombrecillo que jamás he visto. Saltaba sobre una pierna y cantaba lo siguiente:

Si hoy salto, mañana danzaré,
pues de palacio al niño me traeré.
Acudo ante la reina y lo reclamo,
ignora que Rumpelstiltskin me llamo.

Podéis imaginar la alegría de su majestad al oír el nombre del hombrecillo y cuando éste se presentó, cumplido ya el plazo, ante ella y le preguntó:

-Muy bien, majestad, ¿cómo me llamo?

-¿Os llamáis Conrado? -dijo la reina.

-No -respondió ufano el duende.

-¿Y Enrique? -le chanceó su majestad.

-No.

-¿No será vuestro nombre Rumpelstiltskin?

-El duende gritó de rabia.

-Algún demonio os lo ha dicho -exclamó, y en su furia dio una patada tan fuerte en el suelo que hundió la pierna derecha hasta la cintura. Trató de salir tirando de la pierna izquierda, pero lo hizo con tanta fuerza que se partió en dos.

*FIN*

Hermanos Grimm

Cuento escogido en “Ciudad Seva”, Casa digital del escritor Luis López Nieves

El Enano Saltarín (Rumpelstiltskin) – Hermanos Grimm

𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥𝐞𝐬, 𝐑𝐮𝐦𝐩𝐞𝐥𝐬𝐭𝐢𝐥𝐭𝐬𝐤𝐢𝐧

Ell cuento de Rumpelstiltskin (que en español se llama El enano saltarín) ha fascinado a generaciones con su trama oscura y misteriosa. Esta historia, recogida por los hermanos Grimm en el siglo XIX, explora temas como la avaricia, poder y la importancia de conocer el nombre de aquellos que nos rodean. Sin embargo, detrás de esta aparente fábula infantil se esconden profundas reflexiones, simbología oculta y elementos que invitan a preguntarse sobre su verdadero significado.

𝐄𝐥 𝐨𝐫𝐢𝐠𝐞𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨

El personaje de Rumpelstiltskin proviene de antiguas leyendas europeas, particularmente germánicas, donde seres misteriosos, enanos y duendes ofrecían favores mágicos a cambio de grandes sacrificios. Estos seres son arquetipos de las figuras engañosas que otorgan poderes, pero siempre exigen un alto precio por ellos. En este caso, el misterioso Rumpelstiltskin aparece como un salvador para la joven protagonista, pero sus intenciones son oscuras, ya que busca arrebatarle lo más preciado: su hijo.

𝐂𝐮𝐫𝐢𝐨𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐮 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es el poder del nombre. En muchas culturas antiguas, conocer el nombre verdadero de alguien te otorgaba poder sobre él. En este cuento, la reina solo puede liberar a su hijo del enano al descubrir su verdadero nombre. Curiosamente, el nombre Rumpelstiltskin se deriva del alemán «Rumpelstilz», que es una mezcla de palabras relacionadas con el ruido o el desorden, aludiendo al caos que causa en la vida de la joven. Su carácter caprichoso y traicionero puede estar vinculado a la idea de que las palabras y los nombres son la clave para desbloquear secretos ocultos.

𝐔𝐧 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫�� 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐲 𝐥𝐚 𝐚𝐯𝐚𝐫𝐢𝐜𝐢𝐚

Más allá de la magia y el misterio, Rumpelstiltskin es una advertencia sobre los peligros del poder y la avaricia. La historia comienza cuando un molinero miente al rey, afirmando que su hija puede convertir la paja en oro, algo claramente imposible. Este engaño inicial desencadena el conflicto, ya que la joven se ve obligada a aceptar la ayuda de Rumpelstiltskin para evitar ser castigada. Aquí vemos cómo el deseo de riqueza del padre y la codicia del rey colocan a la protagonista en una situación desesperada.

𝐄𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥

El final de Rumpelstiltskin también ha sido objeto de debate y análisis. Cuando la reina finalmente descubre su nombre, el enano pierde su poder y, en algunas versiones del cuento, se destruye a sí mismo en un arrebato de furia. Esto podría interpretarse como una representación de cómo la verdad y el conocimiento pueden desmantelar los peligrosos engaños y las manipulaciones. Sin embargo, el propio final del personaje ha sido visto como una alegoría del destino de aquellos que intentan controlar a los demás mediante artimañas.

𝐒𝐢𝐦𝐛𝐨𝐥𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐨𝐜𝐮𝐥𝐭𝐨

Algunos estudiosos han argumentado que el cuento tiene fuertes connotaciones sociales y psicológicas. La transformación de la paja en oro puede verse como una metáfora de la imposibilidad de hacer algo valioso de la nada, y la intervención de un ser mágico representa la tentación de tomar atajos en la vida. El intercambio de favores con Rumpelstiltskin también sugiere una crítica a los pactos que las personas hacen cuando están en posiciones de desesperación.

𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧

Rumpelstiltskin es mucho más que un cuento infantil sobre un ser pequeño y misterioso. Es una historia que nos habla de los peligros del poder, el valor del conocimiento y las repercusiones de nuestros actos. Detrás de la aparente simplicidad del relato, se esconden significados profundos que nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza humana y el precio de nuestras decisiones.

Miguel Alcaide Gonzalez, en en el blog Las historias de Alfonso Fernández-Pacheco

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Los viernes chiste: Mi primera guerra

Donald Trump y Benjamín Netanyahu, están en animada y privada charla, en una cena de gala en la Casa Blanca, donde se encuentran otros diplomáticos y dirigentes políticos de países aliados.
Friedrich Merz, el canciller alemán, se acerca y les pregunta:
– ¿De qué estáis hablando?
– Estamos haciendo planes para la 3ª Guerra Mundial, – dice Trump.
– ¿Y cuáles son esos planes?, – dice Merz.
– Vamos a matar 14 millones de árabes de mierda y 1 dentista danés, contesta Netanyahu.
Merz los mira confundido y pregunta:
– ¿Un dentista danés?…. ¿Por qué van a matar a un dentista danés?
– Netanyahu le da una palmada en la espalda a Trump y le dice:
– ¿Qué te dije? ¡Nadie va a preguntar por los árabes!.

Miguel Gila, con su humor siempre cargado de humanidad, manejó los temas dramáticos que le tocaron vivir, como el de la guerra civil de 1936, que vivió con 17 años, durante la cual, fue hecho prisionero, sobrevivió a un fusilamiento, fue de prisión en prisión, en una de las cuales conoció a Miguel Hernández y padeció los tristes tiempos que le tocó vivir. Estas experiencias traumáticas que marcaron su vida, él las transformó en sus famosos monólogos, con frases para la eternidad, como: «Oiga, ¿es la guerra?», «¿Está el enemigo? o «Mi primera guerra», que es el que hoy compartimos en el ambigú, en unos tiempos en los que coge mayor protagonismo la frase de Winston Churchill: «La principal diferencia entre los humanos y los animales es que los animales nunca permitirían que el más estúpido de la manada los lidere «, y es que a veces cuesta creer que lo que estamos viviendo, no sea un monólogo de humor, ya que la realidad supera con creces a la ficción. J.L.Soba

Caricatura de El Lápiz Loco

Mi primera guerra

Les voy a contar a ustedes por qué fui a la guerra. Yo trabajaba de ascensorista en unos almacenes, y un día, en lugar de apretar el botón del segundo piso, apreté el ombligo de una señora gorda, que era la mujer del gerente, y me despidieron.

Me fui a mi casa y me senté en una silla que teníamos para cuando nos despedían, y vino mi tío Cecilio con un periódico que traía un anuncio que decía: «Para una guerra importante, se necesita soldado que mate deprisa». Y dijo mí abuela: «Apúntate tú, que eres despabilado». Y dijo mi hermana: «Pero habrá que comprarle un caballo». Conque fuimos a comprar el caballo, pero no lo vendían suelto, tenía que ser con carro y basura, y dijo mi madre: «Vas a llenar la guerra de moscas, es mejor que la hagas a pie, pero limpio». Entonces mi madre me hizo una tortilla de escabeche y me preparó un termo con caldo y me fui a la guerra.

Cuando llegué estaba cerrada, pero había en la puerta una señora que vendía bollos y torrijas, y le pregunté: «Señora, es ésta la guerra del catorce?». Y me dijo: «No, ésta es la del veintiséis, la del catorce es más abajo». «Y sabe usted a qué hora abren?», pregunté otra vez. Y me dijo: «No creo que tarden mucho porque ya han tocado la trompeta».

Entonces me senté en un banco, con un soldado que no mataba porque estaba de luto, y cuando abrieron la guerra entré, pregunté por el comandante y me dijeron que no estaba porque había ido a comprar tanques y albóndigas para el ejército, así que me esperé, y cuando llegó el comandante le dije: «Que vengo por lo del anuncio del periódico, para matar y atacar a la bayoneta y lo que haga falta». Y me preguntó: «Tú qué tal matas?». Y dije: «Yo flojito, pero cuando me entrene voy a matar muy deprisa». Y me preguntó: «Traes cañón?». Dije: «Yo creía que la herramienta la ponían ustedes». Y me dijo: «Es mejor que traiga cada uno el suyo, así el que rompe paga». Dije: «Yo lo que traigo es una bala que le sobró a mi abuelo de la guerra de Filipinas. Está muy usada, pero lavándola un poco». Y dijo el capitán: «Y cuando se te acabe la bala, qué?». Dije: «La ato con un hilo, disparo, tiro del hilo y me la traigo otra vez». Y dijo el comandante: «Y si se te rompe el hilo, pierdes el hilo y la bala». Y dije: «Lo que puedo hacer es disparar, ir a buscar la bala y traerla otra vez». Y dijo el teniente: «Es que no vamos a estar pidiéndole una tregua al enemigo cada vez que tengas que ir a buscar la bala. Además, esta bala es muy gorda para los fusiles nuestros». Y dijo el sargento, que era bajito por parte de padre: «Pero limándola un poco».

Y el teniente le llamó imbécil y le arrestó a seis días de calabozo, por tonto.

Entonces me dieron un fusil y seis balas y me dijo el comandante: «Hale, ponte a matar! Aquí se mata de nueve a una y de cuatro a siete, y los sábados por la tarde hacemos semana inglesa». Y me fui a la trinchera, y estaba yo matando tan calentito, con mi tortilla de escabeche y mi fusil, y dijo el capitán: «Prepárate, que vas a ir de espía».

Me pusieron una peluca rubia con tirabuzones, un minifalda, una blusita de seda natural, unos zapatos de tacón alto y me fui hasta el enemigo y dije: «Hola!». Y dijo el centinela enemigo: «Qué quieres?». Dije: «Soy Mari Pili». Y dijo: «Tú hace poco que trabajas de espía, no?». Dije: «Desde hace dos horas». Y me dijo: «Te lo he notado en los pelos de las piernas. Y qué quieres?». Dije: «Que me ha dicho mi comandante que nos deis el avión». (Como nos llevábamos bien con el enemigo, con un avión nos arreglábamos todos: los martes, jueves y sábados lo usábamos nosotros y los lunes miércoles y viernes lo usaba el enemigo, y los domingos se lo alquilábamos a una agencia de viajes, para cubrir gastos). Y me dijo que no me podía dar el avión porque le estaban poniendo un grifo para que fuera de propulsión a chorro.

Volví a mi trinchera, le dije al comandante que n me habían querido dar el avión y dijo: «Déjalos, si arrieros somos, y en el camino nos encontraremos! Y ahora vas y les bombardeas a pie». Así que me pusieron una bomba debajo del brazo y llegué otra vez donde el enemigo, y me dijo el centinela: «Otra vez, Mari Pili? Y ahora qué quieres?». Dije: «Vengo a tirar la bomba». Y me dijo el comandante enemigo: «A ver si vas a dar a alguien, gracioso». Dije: «Yo soy un mandado, y obedezco órdenes». «Pues muy bien, si obedeces órdenes yo te ordeno que tires la bomba en un charco para que se moje y no explote». Y así lo hice. Tiré la bomba en un charco y no explotó y no maté a nadie. Y cuando volví a mis trincheras, dijo el coronel: «A buenas horas vienes!». Dije: «Qué ha pasado?». Y dijo: «Que se ha terminado la guerra, que ha venido la policía y como no teníamos al día la licencia de armas se nos han llevado los tanques, los cañones y las ametralladoras». Entonces nos repartimos las albóndigas y las patatas y el perejil de Intendencia y nos fuimos cada uno a su casa y ya no maté a nadie.

Miguel Gila

xPablo Picasso, Paloma de la paz (1962)

Oración por la Paz y el Fin de la Guerra

«Señor Dios, Padre nuestro, ante ti volcamos el dolor de nuestro corazón por tantas guerras y conflictos que azotan al mundo hoy. 

Te pedimos, Señor, que pongas fin a la violencia, a los enfrentamientos armados y al terrorismo que desgarra naciones enteras y hace sufrir a tantos seres humanos inocentes. 

Consuela a las familias que lloran la pérdida de sus seres queridos, protege a los niños, a los ancianos y a los vulnerables que se ven envueltos en conflictos que no crearon. 

Toca el corazón de los gobernantes y de quienes ostentan el poder; ilumínalos para que elijan la vía del diálogo, la diplomacia y el entendimiento en lugar de la destrucción y la muerte. 

Espíritu de Paz, infunde en el corazón de la humanidad una cultura de fraternidad, ternura y sana humildad, convirtiendo el odio en amor y la discordia en concordia. 

Que tu paz, que supera todo entendimiento, reine en el mundo y nos permita vivir en verdadera fraternidad, respetando la dignidad de cada ser humano. 

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén».

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¿Sería posible detener las guerras?

Cuando estalla una guerra la gente dice: «Esto no puede durar, es demasiado estúpido». Y sin duda una guerra es demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre».

Albert Camus, en «La peste».

Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: «Yo mato para robar». Siempre invocan nobles motivos: matan en nombre de la paz, matan en nombre de Dios, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia…Y, por si eso no bastara, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación, dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero.

Eduardo Galeano

¿Sería posible detener las guerras?

¿Cuántas veces me han preguntado ustedes si no sería posible detener las guerras? Por supuesto, sería posible. Bastaría que la gente se despertase. Parece una cosa pequeña. Sin embargo, es lo más difícil que puede haber porque este sueño es inducido y mantenido por la totalidad de la vida circundante, por todas las condiciones del ambiente. «¿Cómo despertar? ¿Cómo escapar de este sueño? Estas preguntas son las más importantes, las más vitales que un hombre tiene que hacerse. Pero antes de hacérselas deberá convencerse del hecho mismo de su sueño. Mas sólo es posible convencerse de esto tratando de despertar. Cuando un hombre haya comprendido que no se recuerda a si mismo y que el recuerdo de sí significa un despertar hasta cierto punto, y cuando haya visto por experiencia lo difícil que es recordarse a sí mismo, entonces comprenderá que para despertar no basta desearlo. Diremos, aún con más precisión, que un hombre no puede despertarse por si mismo. Pero si veinte hombres convienen en que el primero que se despierte despertará a los demás, ya tienen alguna posibilidad. Aun esto, sin embargo, es insuficiente, porque los veinte hombres pueden dormirse al mismo tiempo y soñar que se están despertando. Por consiguiente esto no basta; hace falta más. Estos veinte hombres deben ser vigilados por un hombre que no está dormido o que no se duerme tan fácilmente como ellos, o que se duerme conscientemente cuando es posible, cuando de ello no resulte daño alguno ni para él ni para los demás. Deben encontrar a un hombre de este género y contratarlo para que los despierte y no les permita volverse a dormir. Sin esto es imposible despertar. Esto es lo que hay que comprender.

George Gurdjieff

Oración por la paz en medio de la guerra en Irán y Oriente Medio

Dios de nuestros años cansados y de nuestras lágrimas silenciosas, mientras caen bombas sobre Irán y a lo largo del Medio Oriente, y las naciones continúan confiando en el uso de la fuerza y el abuso del poder, imponiendo visiones de orden mundial sobre otras tierras y pueblos, las nubes de guerra profundizan la oscuridad de estos días de Cuaresma, y nos avergüenza nuestra tolerancia e indiferencia ante las culturas de violencia que nos atan.

Estamos horrorizados, con enojo, con profunda tristeza. Luchamos con un anhelo de justicia y discernimiento, sabiendo que nuestras oraciones por sí solas no son suficientes; sintiendo la impotencia de no encontrar un camino que realmente ayude; experimentando el vacío de haber estado aquí antes, demasiadas veces, y sabiendo que volveremos a caminar por este sendero ensangrentado.

Nos estamos fallando mutuamente, y te estamos fallando a Ti: Nuestro Creador, nuestra Misericordia, nuestra Justicia, nuestra Paz.

Oramos por cada persona en las comunidades a lo largo del Medio Oriente y por toda nuestra nación quebrantada y con el corazón herido en esta dura temporada de violencia, muerte y desconfianza.

Cada vida perdida es una persona creada a Tu imagen. Cada sobreviviente es profundamente amado por Ti. Cada comunidad afligida es parte de tu reino de justicia y compasión.

Elevamos nuestras oraciones por cada vida perdida, cada familia en duelo, cada vecindario y cada nación cuyo tejido de vida ha sido desgarrado por actos de agresión y represalia, en este ciclo de violencia que parece estar fuera de control.

Oramos también por nuestra propia vida en común, para que encontremos: una voluntad de trabajar por la paz que supere nuestro sentido de impotencia; un compromiso compartido para abandonar la dependencia de intervenciones violentas; el valor de reconocer y enfrentar nuestra complicidad con poderes que privilegian la seguridad y la dominación de una nación sobre el bienestar del mundo y de sus diversos pueblos.

Restaura nuestra esperanza, nuestro corazón y nuestro valor, nuestro sentido de la posibilidad de santidad y plenitud en tu creación.

Haz que las aguas de nuestras lágrimas alimenten el río que fluye por la ciudad de Dios y el árbol de la vida que es para la sanación de las naciones.

En el nombre de Jesús, fuente de reconciliación y vida nueva, oramos.

Amén.

Paloma de la Paz, de Pablo Picasso

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Némesis “castigo merecido”

Entre los muchos mitos griegos, el de Némesis destaca por su complejidad y profundidad. Según la mitología, Némesis es la diosa de la venganza divina y la justicia equitativa. La figura mitológica de Némesis, proveniente de la antigua Grecia, es fascinante y cautivadora. Némesis es considerada la diosa de la venganza y la justicia equitativa, encargada de castigar la hybris, es decir, la arrogancia desmedida y el exceso de orgullo en los seres humanos. Su nombre deriva del término griego «némein», que significa «repartir» o «dar lo que es debido».

El mito de Némesis comienza con su origen. Según la leyenda, Némesis era la hija de la diosa de la noche, Nyx, y del dios del mar, Océano. Desde su nacimiento, Némesis fue destinada a ser una fuerza poderosa que garantizara el equilibrio, la justicia y restableciera la armonía en el mundo, actuando como una fuerza contrapuesta a la desmesura y el exceso de los mortales.

El aspecto interesante del mito de Némesis es su relación con la idea de la hybris, que se refiere a la desmesura del orgullo y la arrogancia. Según la mitología, aquellos que se atreven a desafiar a los dioses con su hybris eventualmente atraen la ira de Némesis. Esta idea destaca la importancia de la humildad y la moderación.

Además, el mito de Némesis también se relaciona con la idea de la justicia retributiva. En la mitología griega, la justicia no es solo una cuestión de castigo, sino también de restauración del equilibrio. Némesis es vista como una diosa que restablece el equilibrio y la justicia en el mundo, ya sea a través de la venganza divina o de la corrección de las injusticias.

El mito de Némesis nos invita a reflexionar sobre la importancia de la moderación del orgullo y la arrogancia. Nos insta a pensar en las consecuencias de nuestras acciones y en el valor de la moderación y la humildad en nuestras vidas. Nos recuerda que nuestras acciones tienen consecuencias y que debemos ser conscientes de nuestras acciones, decisiones y elecciones.

Mónica Negri

Alberto Durero, Némesis (La gran Fortuna), hacia 1502

Némesis “castigo merecido”

Antiguos relatos chipriotas cuentan que Némesis fue perseguida por Zeus. Para librarse de él se transformó en monstruos marinos y animales terrestres. Adopta la figura de pez, ganso, cisne, y finalmente la de una oca salvaje. Zeus, más inteligente que ella y sin retroceder en sus anhelos sexuales, se transmuta a su vez en cisne y logra poseerla. Siempre según la leyenda, de esta unión Némesis concibe un huevo que, por medio de unos pastores envía a Leda, reina de Esparta, para su crianza y cuidado. De este huevo nacieron los héroes griegos Cástor y Pólux. Del mismo huevo surgió Helena de Troya.

En la mitología griega Némesis está considerada como diosa de la venganza. Su nombre significa “castigo merecido”. Era la personificación de diosa castigadora y de la indignación justa. Hesíodo escribió de ella que castigaba a quienes no obedecían a sus superiores y a los hijos que desobedecían a sus padres. Otra de sus funciones era la de recibir los votos y juramentos secretos de amor y vengar las infidelidades sentimentales y el abandono de las mujeres. También castigaba a los ambiciosos y a quienes acumulaban riquezas que guardaban para sí. Una leyenda cuenta que Creo, rey de Lidia, seis siglos antes de Cristo, demasiado feliz por su riqueza y su poder, fue arrastrado por Némesis a una guerra contra Ciro, rey de Persia. El maleficio de Némesis hizo que Creso perdiera la guerra, el poder y las riquezas.

En algunas representaciones aparece con alas para expresar la celeridad con la que ejecuta sus acciones. En otras se la pinta armada con antorchas, espadas y serpientes, todos instrumentos de venganza. Robert Graves observa que “el látigo de Némesis fue inicialmente usado para la flagelación ritual, para hacer fructificar los árboles y las cosechas”. Este autor británico añade que fue Orfeo quien llevó el culto a Némesis a tierras de Grecia. Considerada por muchos como la fuerza o poder del sol, su culto se extendió rápidamente por toda la tierra. Fue venerada por los persas, los asirios, babilonios, egipcios y etíopes. Los romanos, en tiempos de Claudio y Adriano, acuñaron monedas imperiales con la imagen de Némesis. En Roma llegó a ser tan querida que tenía un altar en el mismo capitolio. Los guerreros ofrecían a la diosa machetes o cuchillos antes de partir para los combates.

Ian Dolphin

Genial composición del humorista e ilustrador español Asier Sanz

Himno a Némesis

Némesis, alado equilibrio de la vida,
diosa de oscuros ojos, hija de la Justicia,
tú que dominas la vana arrogancia de los mortales con inquebrantable brida
y condenando la dañina vanidad, la negra envidia eliminas.
Bajo tu sempiterna rueda intangible
vira la fortuna de los hombres.
Sigilosa acechas y la insolencia vences;
con tu vara siempre mides nuestras horas
y ceñuda vigilas nuestros pensamientos,
sosteniendo en tu mano la balanza.
¡Apiádate de nosotros, dichosa, alada Némesis,
justo equilibrio de la vida!
¡Alabada diosa Némesis inmortal,
vehemente victoria de alas extendidas, infalible,
tú que nos muestras el alto pedestal de la Justicia;
tú que quebrantas la soberbia humana
y a los hombres arrojas al Tártaro!

Mesomedes de Creta, poeta lírico griego (principios del siglo II)

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No a la guerra

Dulce hermano, en las horas que no duermo,
para tu tumba son mis ojos flores;
y si comer mi pan no puedo,
mis ayunos serán almohadas donde moriste.
Si en el calor no encuentro agua para mi sed,
manantiales mi sed te hará, pobre viajero.

¿Dónde, en qué tierra desolada y humeante
yace tu pobre cuerpo, perdido y exánime?
¿Y en qué paisaje de tragedia
tu espíritu infeliz ha perdido el camino?

Ven, halla en mi trabajo un lugar de descanso
y en mis pesares posa tu cabeza,
o, más bien, llévate mi vida y sangre
y cómprate un lecho mejor…
o llévate mi aliento y llévate mi muerte
y cómprate un mejor reposo.

Cuando los hombres de guerra estén caídos
y hundidas en el fango se hallen las banderas,
aún dirán a los hombres tu cruz y la mía
que murió Cristo en cada uno, por los dos.

Thomas Merton

Masacre en Corea, 1951, de Pablo Picasso. Museo Picasso de París.

No a la guerra

Es mi intención hacer de mi vida entera un rechazo y una protesta contra los crímenes y las injusticias de la guerra y de la tiranía política que amenazan con destruir a toda la raza humana y al mundo entero.

A través de mi vida monástica y de mis votos digo

NO

a todos los campos de concentración,
a los bombardeos aéreos,
a los juicios políticos que son una pantomima,
a los asesinatos judiciales,
a las injusticias raciales,
a las tiranías económicas,
y a todo el aparato socioeconómico que no parece encaminarse sino a la destrucción global a pesar de su hermosa palabrería en favor de la paz.

Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores,y cuando hablo es para negar que mi fe y mi iglesia puedan estar jamás seriamente alineadas junto a esas fuerzas de injusticia y destrucción.Pero es cierto, a pesar de ello, que la fe en la que creo también la invocan muchas personas que creen en la guerra, que creen en la injusticia racial, que justifican como legítimas muchas formas de tiranía.Mi vida debe, pues, ser una protesta, ante todo, contra ellas.

Si digo que NO a todas esas fuerzas seculares, también digo

a todo lo que es bueno en el mundo y en el hombre. Digo SÍ a todo lo que es hermoso en la naturaleza, y para que éste sea el sí de una libertad y no de sometimiento, debo negarme a poseer cosa alguna en el mundo puramente como mía propia.

Digo SÏ a todos los hombres y mujeres que son mis hermanos y hermanas en el mundo, pero para que este sí sea un asentimiento de liberación y no de subyugación, debo vivir de modo tal que ninguno de ellos me pertenezca ni yo pertenezca a alguno de ellos.

Porque quiero ser más que un mero amigo de todos ellos me convierto, para todos, en un extraño.

Thomas Merton, (1963) del prefacio a la edición japonesa de «La montaña de los siete círculos» 

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La leyenda del nacimiento del vino

«Mi vida está perdida, mi mundo está perdido; todo está perdido. Oh, luna, perdió la tierra, el cielo; todo está perdido. No me pases el vino, viértelo en mi boca. Él perdió el camino mismo hacia mi propia boca».

Rumi (poeta persa, 1207 – 1273)

Bacanal con un tino, c. Andrea Mantegna. 1470-1472. Museo Vivanco, Briones (La Rioja)

La leyenda del nacimiento del vino

Según cuenta una antigua leyenda persa, un día el rey y semidiós Djemchid miraba extasiado el cielo en un día de sol radiante. Asombrado, vio cómo un ave majestuosa se acercaba planeando hacia él. Cuando el ave estuvo cerca, dejó caer a los pies del rey, algo que a él le pareció un saquito de semillas.

Movido por la curiosidad, Djemchid las sembró y esperó, a ver si germinaban. Al cabo de un tiempo, en el sitio donde había sembrado las semillas se desarrollaron arbustos frondosos que dieron una pequeñas frutas dulces, hasta entonces desconocidas en esa tierra: las uvas. El rey ordenó a los criados del palacio que recogieran las uvas y las guardaran en tinajas especiales, con la intención de conservarlas y consumirlas poco a poco.

Djemchid gustaba muchísimo de las uvas, tanto que exigía tener siempre cerca una tinaja con racimos. Sus sirvientes se esforzaban por abastecer la cocina real con diferentes tipos de uvas, originados en diversos parajes del reino, a fin de que el soberano tuviera durante todo el año su fruta favorita.

Una vez sucedió que una de esas vasijas fue olvidada en un rincón, y pasadas unas semanas, un sirviente la halló. Al destaparla observó que la mayoría de los granos se habían roto liberando el mosto y en el fondo del recipiente se había acumulado un líquido turbio y burbujeante, de un olor extraño y picante desconocido y atrayente para sus sentidos.

Ignorando qué proceso había ocurrido y temiendo que fuera algo nocivo, apartó dicha tinaja, la precintó y le colocó un cartel con la palabra “veneno”.

El rey habitaba en su palacio con un harem de numerosas esposas. La leyenda que relatamos aquí tiene dos versiones.
Una de ellas cuenta que una de las esposas estaba muy deprimida, porque el rey evitaba su compañía debido a su carácter triste y melancólico. La otra versión relata que esa princesa vivía atormentada por frecuentes dolores de cabeza, para los que no encontraba cura.

Una cosa fue tomar la decisión: otra, encontrar cómo llevarlo a la práctica. Se dice que subió a la torre más alta, pero no pudo arrojarse al vacío por el oportuno conjuro del vértigo, tal vez por temor quedar
horriblemente desfigurada.”.

Cualquiera fuera la explicación correcta, la historia nos relata que esta princesa, cuyo nombre se perdió en los laberintos del tiempo, decidió terminar con sus penas, suicidándose.

Algo similar le ocurría con las dagas o las espadas, que le producían temor y rechazo. Pero un día, en que la depresión o la jaqueca se tornaron insoportables, corrió a la cocina del palacio para buscar un
cuchillo cómplice de su delirio auto destructivo.

Mientras escudriñaba en los escaparates, descubrió la tinaja que el encargado de cocina había apartado. Titubeó un poco, y bebió parte del “liquido-veneno. Lejos de sufrir los terribles dolores que imaginaba precedían a la muerte, la embriagó una sensación de bienestar que le hizo olvidar sus penas. La depresión o la jaqueca desaparecieron, y corrió entonces por el palacio, feliz, cantando y danzando.

Pronto llegó a oídos del rey la noticia de la prodigiosa cura.

Intrigado, el rey Djemchid ordenó que acudiera inmediatamente a su presencia. Le preguntó sobre los
hechos, y la princesa le contó de su padecer, de su decisión mortal, de la tinaja y del supuesto veneno.

El alboroto fue tal que el rey, alarmado ante tal estado de excitación de su joven esposa, se acercó hasta el lugar, comprobando que una de las tinajas había sido saqueada.

Extrañado, él también bebió de la mágica pócima y experimentó sus sorprendentes efectos.

Cuentan que entones el rey decretó que parte de las uvas cultivadas en Persépolis se emplearan en
la elaboración de vino, y decidió llamarlo “Darou é Sha”, que en antiguo persa significa “La Medicina
del Rey”.

De la deformación de esta palabra derivó el nombre de Syrah o Shiraz, que es como se conoce a una
variedad de uva empleada en la elaboración de vino.

Antigua Leyenda Persa

Loa al vino

¿Por qué vendes tu vino mercader?
¿Qué pueden darte a cambio de tu vino?
¿Dinero? ¿Poder? ¿Pues no eres el dueño del mundo
cuando tienes en tus manos una copa?
¿Riqueza? ¿Hay alguien más rico que tú,
que en tu copa tienes oro,
rubíes, perlas y sueños?
¿Amor? ¿No sientes arder la sangre 
en tus venas cuando la copa besa tus labios?
¿No son los besos del vino tan dulces como
los más ardorosos de la huri?
Pues si todo lo tienes en el vino, dime 
mercader, ¿por qué lo vendes?

Poeta, porque haciendo llegar a todos 
mi vino, doy poder, riquezas, sueños y amor;
porque cuando estrechas en tus brazos a la
amada me recuerdas; porque cuando quieres
desear felicidad al amigo, levantas tu copa;
porque Dios cuando bendijo el agua
la transformó en vino, y porque cuando bendijo
el vino se transformó en sangre…
Si te ofrezco mi vino…, poeta,
¡No me llames mercader!

Omar Khayyam (Poeta persa, 1048-1122)

En esta Loa al vino, Khayyam trata al vino como al más preciado de los bienes que puede tener un hombre. Aquél que posea una copa de vino será también poseedor de las mejores de las virtudes, y se situará por encima de los mismísimos reyes, puesto que el vino no sólo aporta riqueza y poder, sino que también es generador de sueños, de vida o incluso de unión con lo divino al compararlo con los besos de la huri (las vírgenes que esperan, según la religión islámica en el paraíso).

Por lo tanto en esta poesía se da a entender que el vino es algo que trasciende al hombre, y que el hombre que lo posea tendrá en sus manos el mayor de todos los bienes, puesto que el vino tiene el poder de hacer que un simple mercader sea capaz de regalar mucho más que cualquier otro hombre de la tierra. El vino es mucho más que una mercancía.








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