No vamos a descubrir ahora, que todo lo relacionado con el sexo despierta incluso la atención de un muerto.
Mires para donde mires, te encuentras de bruces con situaciones que son procesadas por tu mente con un marcado tinte sexual. Vamos, dicho de otra manera, que se nos va el santo al muslo con demasiada facilidad. Incluso hay quien piensa, que el sexo es lo más importante... Pues mire usted, no voy a ser yo quien le lleve la contraria, más que nada porque los hechos demuestran, no sólo que sea lo más importante, si no que además es lo único importante (al menos estarán de acuerdo conmigo en que es una de las pocas cosas, por no decir la única que, en mayor o menor medida, le gusta a todos los mortales..., sobre todo practicarlo, y quien diga lo contrario miente).
Podríamos pensar que somos unos cachondos mentales por tener tales pensamientos, pero nada más lejos de la realidad. El sexo está presente en nuestras mentes hasta el punto de que pensamos en ello unas doscientas veces al día de manera inconsciente (conscientemente creo que el doble), y por si eso fuera poco somos bombardeados a todas horas con mensajes subliminales relacionados con ello. Yo he llegado a la conclusión de la tremenda importancia del sexo en nuestras vidas (y sin necesidad de hacer ningún curso para ello...), guiado por la importancia que parece tener tal cuestión en los medios.
Y no nos engañemos, cuando los medios utilizan algo para captar la atención del espectador o consumidor, es porque es lo suficientemente importante como para estar seguros de que con ello van a conseguir su objetivo... A veces sólo son insinuaciones, pero la mayoría de las veces el contenido mostrado es tan explícito que ni siquiera hace falta utilizar la imaginación para trasladarse a un momento placentero en compañía de... llamémosle “X”, ... ó “Y” si lo prefieren, me es indiferente. Los publicistas saben perfectamente del poder sugestivo que produce en el consumidor un cachito de carne bien enseñado, sobre todo si ese cachito de carne es terso y firme sin arrugas. A veces ni siquiera es necesario que se muestre nada de carne y es suficiente con un simple gesto.
¿Cómo atraer la atención de un posible consumidor de cerveza? ¿Mostrando la imagen de una jarra llena del refrescante líquido? No, mostrando a una señorita espectacular, por supuesto con ropa que a todas luces le queda pequeña, acercando lentamente la jarra a su entreabierta boca para, después de beber un trago, quitarse la espuma que se le ha quedado pegada al labio superior, a base de pasar lentamente su lengua por todo el contorno, mientras su mirada parece indicar que ese acto de relamerse no tiene absolutamente nada que ver con la espuma de la cerveza... ¿Cómo inducir a una señora a que le compre a su marido una corbata? Pues muy sencillo, mostrando al George Clooney de turno vestido tan sólo con una corbata, tumbado en un sofá con cara de “mira lo que te estás perdiendo por no comprarle una corbata a tu marido...”. Eso sólo por poner dos ejemplos ilustrativos, vale... de acuerdo, bastante ilustrativos, pero no por ello irreales.
Por lo tanto, no tiene de qué preocuparse, si es que en algún momento le ha llegado a preocupar pensar demasiado en el sexo, porque la culpa no es suya, ni tampoco sufre ningún tipo de obsesión compulsiva... (bueno, es posible que esté obsesionado/a con su vecina/o, pero eso también es superable sin medicación), así que puede usted seguir pensando en el sexo todo lo que quiera... sin duda su pareja se lo agradecerá...
















