Voyager 1, desamparada en la Vía Láctea

Oscura era la noche, fría estaba la Tierra

El 12 de septiembre de 2013 la NASA confirmó que la sonda interplanetaria Voyager-1 había abandonado la región que demarca el fin del Sistema Solar, convirtiéndose en el primer objeto artificial en entrar el espacio interestelar. 48 años después de su lanzamiento, se encuentra unos 25.000 millones de kilómetros y la señal tarda casi un día en llegar a la Tierra, (23 horas). Según la NASA, dentro de unos 40.000 años ´se aproximará a AC+79 3888, una estrella en la constelación de Camelopardalis.
Acoplado a un costado de las nave, viaja el disco de oro de las Voyager “Sonidos de la Tierra”, un compendio de datos enviados al Cosmos que nos representara como humanidad. Entre ellos, como mensaje en una botella, la canción de gospel-blues Dark Was the Night, Cold Was the Ground‘, (Oscura era la noche, fría estaba la Tierra) de Blind Willie Johnson.
Si una imagen pudiera representar la soledad, esa sería una nave vagando en el espacio infinito al ritmo de un gemido y un rasgueo de guitarra lastimero.
Recupero el poema Oscura era la noche, fría estaba la Tierra para la entrada #PVsoledad de @hypatiacafe @hypatiacafe.bsky.social‬.

“Oscura era la noche, fría estaba la Tierra”,
el blues de ‘Blind’ Willie Johnson,
junto con el canto nocturno de los navajos
y los latidos del corazón de Ann Druyan
ya han cruzado el Cinturón de Kuiper.
—La NASA anunció que la Voyager 1
dejaba atrás la heliopausa, abandonando el Sistema Solar—.
Desamparados en la Vía Láctea,
arropados tan solo por gas ionizado,
los esquemas de ADN y las leyes de Newton
duermen su letargo cósmico
en los surcos del disco de oro de la Voyager
con otros ‘grandes éxitos’ del Planeta.
Escucho el gemido de la guitarra
mientras oscurece en esta parte de la Tierra,
y el verano se debilita, como la señal de la Voyager.
La luna mengua,
y el lamento de ‘Blind’ en las calles de Beaumont,
se desplaza hacia la nube de Oort,
—en unos 40.000 años se aproximará a la constelación de la Jirafa—.
Entre rasgueo y rasgueo,
repaso el inventario que vaga en el abismo
y que intenta explicar “a quién corresponda”
la deriva continental, la evolución de los vertebrados
o el endemoniado tráfico de una ciudad en hora punta.
En la carátula,
una descripción del lugar de nuestro planeta en la Galaxia,
un átomo de hidrógeno
y las instrucciones de uso y manejo del disco.
“Dark was the night, cold was the ground”
(Oscura era la noche, fría estaba la Tierra),
Un blues desvalido en la frontera.
Voz profunda adentrándose en el espacio profundo,
mensajera frágil “en el áspero camino hacia las estrellas”.

Líquenes, quimeras en el espinazo de las rocas

Están entre los organismos más resistentes del planeta, capaces de soportar temperaturas y condiciones extremas. Los líquenes son extraños seres vivos tremendamente resilientes, una maravilla de la evolución que ha ido adoptando estrategias de cooperación que les ha permitido sobrevivir. Formados por la simbiosis de un hongo y un alga, el hongo aporta al alga agua y sales minerales y el alga realiza la fotosíntesis, cediéndole materiales orgánicos. Su estrecha unión les permite sobrevivir en las condiciones ambientales más adversas.

Líquenes, quimeras en el espinazo de las rocas

Aferrados a la roca, los líquenes
recuerdan la mirada desvalida de los perros,
la caricia frágil de los vagabundos,
esbozando sobre el lomo con ternura
los contornos de lo inhóspito.
Con la pasión de los seres que se saben imperfectos,
hongos y algas se aman sin condiciones,
se estrechan,
comparten su mendrugo de rocío y luz
y van creciendo lentos.
Hay quien dice que se miran a los ojos,
absorben su agonía
y, boca a boca, dulcemente, la transforman
en latidos silenciosos
que penetran la piedra.
Bajo pieles minerales,
los líquenes disuelven la carne arenosa
en abstracción lírica,
como el jinete azul disuelve
la calma invariable del paisaje.
Hay quien dice que son una quimera
en el espinazo de las rocas,
colores cabalgando en un reino sin reino.

La unión íntima de un hongo (micobionte) y, al menos, un organismo fotosintético (alga verde o cianobacteria) crea el liquen, una estructura que funciona como un solo organismo. Esta relación tan exitosa ha permitido a organismos tan distintos vivir en prácticamente todos los ecosistemas terrestres, algo que les sería imposible conseguir por separado. Podemos encontrar líquenes desde el Ecuador a los Polos y desde nivel del mar hasta las cumbres de las montañas. En condiciones adversas (deshidratación, exceso de luz, temperaturas extremas) son capaces de reducir o incluso suspender su actividad metabólica, para recuperarla de nuevo cuando las circunstancias se tornan favorables.
En el año 2016, un estudio descubrió que puede existir un tercer miembro en esta simbiosis: una levadura, presente en muchas especies y que puede ser importante en su formación. Aunque todavía no se sabe muy bien cuál es la contribución, la hipótesis es que quizás sean las encargadas de segregar ciertas moléculas que sirven para generar su estructura y protección.

Investigaciones posteriores han encontrado diversas microalgas en los tallos de los líquenes, algunas son especies raras o aún desconocidas, lo que aporta a estos organismos mayor complejidad.
Estas relaciones acaban generando una gran diversidad de especies de apariencia muy variable. Uno de los grupos más numerosos son los crustáceos, que se adhieren fuertemente al substrato, en muchos casos penetrándolo, de forma que no se pueden separar de éste sin destruirlos. Si nos fijamos, podemos verlos sobre las rocas y muros de piedra como manchas de diferentes colores. Su crecimiento es muy lento —unos pocos milímetros por año—.

Considerados como verdaderos supervivientes de la paleohistoria de nuestro planeta, determinar cuando aparecieron los primeros ejemplares en tierra firme no es fácil. La hipótesis más aceptada es que la colonización comenzó hace más de 400 millones de años y que crearon un nuevo hábitat para la futura evolución, allanando el camino a las plantas vasculares que llegarían más tarde. Y es plausible, ya que son los primeros en conquistar las rocas peladas, disolverlas, liberar los nutrientes, generar suelo firme y sobrevivir en los entornos más hostiles, por lo que, quizás, en tiempos remotos, fueron los pioneros, la primera línea de ataque en la conquista del suelo.
Este post participa en la iniciativa Café Hypatia con el tema #PVresistir
Biología de los líquenes

Vicente Luis Mora, poemas

EL RELOJ CIEGO

Conforman mi cuerpo
37 billones
de células.

Cada una de ellas,
cada uno de los días,
hace lo que debe.
Ejecutan su programación
y cumplen sus funciones
sin dudar, como un reloj.

La suma de esas células,
es decir, yo,
no ha sabido qué hacer
ni qué pensar ni uno solo
de esos días.

Soy la incertidumbre
de mi propio sistema.

Del poemario Mecánica: Hiperión, 2021.

ÉPICA DE LOS GASES CONSTRUCTORES

Megaparsecs: unidad de medida estelar
equivalente a unos 3.26 millones de años luz.

¿Por qué hay algo y no, más bien, la nada?
G. W. Leibniz

El universo expande sus dominios.
Pensemos la galaxia más lejana,
la que habita en el borde más remoto
de la aceleración sin freno.

Concéntrate en la estrella más al límite
de esa galaxia,
la estrella más distante del lugar
en el que comenzó el Big Bang.

Imagínate el borde de esa estrella,
esa aleación de hidrógeno y de helio,
esos pioneros gases nucleares
lanzados contra el muro del vacío,
que forman lo primero
que podrías llamar la realidad.

Hacia delante, nada. Todo es negro.
Megaparsecs de hueco por cubrir.
El borde de esa estrella
llena de ser lo que antes era nada,
en donde, por no haber, ni había tiempo.
Interpela con síes
al negror que responde con sus noes.

Arrójate al vacío, crea mundos,
convierte en ser la nada que te aguarda.
Así debiera ser la poesía,
así debiera ser
el último poema:
hacia delante, nada: todo en blanco.

Del poemario Serie: Pre-Textos, 2015.

Miro la arena.
Pienso sus espacios
intermedios.
Sé que Heidegger
no pensaría en el ser
de cada grano
ni en la cosa en sí
del desierto,
sino en el entre
de su ser,
en lo que hay
en medio
de los granos
que los convierte
en granos.
Y pienso en la física,
que también estudia
los espacios
entre dos instantes
de tiempo
y vuelvo a mirar
la arena
y pienso
que quizá en un tiempo
primitivo, anterior
al tiempo,
este desierto
fue una única roca
blanca, de yeso
compacto,
a la que alguien
aplicó el cero absoluto,

para descohesionar
sus moléculas.
Y el resultado
es este cosmos
de intersticios
disgregados
y sé que me obsesiona
porque hay
en mí
la misma
desintegración.

Del poemario Tiempo: Pre-Textos, 2009.

Esta es la imagen:
un hombre tropezando como ebrio
mientras camina huyendo
de quien ama

un hombre como un agujero negro
solo en perenne autoaniquilación
un hombre como isótopo de cesio
un hombre que parece arder
como un cometa que surcara el cosmos
y que es –como el cometa– roca y hielo
un hombre como un pólipo maligno
un hombre en crisis como un antiquark
un mineral a cero grados kelvin

amor
que de la misma forma que el mercurio
se enfría pronto al cesar el fuego

dolor
que de la misma forma que el plutonio
requiere cuando llega al rojo vivo
más de mil años para contraerse.

Del poemario Construcción: Pre-Textos, 2005.

EL SONETO MATEMÁTICO

Todos sabían que la vida es irse
por qué no lo entendí no lo comprendo
pero conforme luego fui creciendo
supuse que vivir es dividirse
como el ocho en el cuatro ha de partirse
y como el cuatro en dos se va escindiendo
como la calavera que riendo
se ha ido despojando del reírse

la vida es dividirse y yo me siento
a cada día un poco menos vivo:
si me sustraen mitades las jornadas
multiplicando restas y los vientos

prosiguen sus labores de derribo
me iré partiendo hasta quedar en nada.

De Nova (2003)
Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) es escritor, investigador académico y crítico literario.
Su trabajo de crítica cultural puede leerse en el blog Diario de Lecturas.

Mary Oliver, búhos

El búho que viene

El búho que viene
a través de la oscuridad
para posarse
en las ramas oscuras del manzano
y mira fijamente
el gancho de su pico
en absoluto silencio,
y sus ojos,
como dos lunas
en la distancia,
suaves y brillantes
bajo sus tupidas pestañas
como la vida más bella-
está pensando
en nada
mientras mira
y espera a ver
lo que puede aparecer,
inesperadamente
de la nada,
profundo invierno…
del mundo
mundo de abajo.
Y si le deseo suerte al búho,
y lo hago,
¿qué le deseo a esa otra
vida suave,
ascendiendo por la nieve?
Lo que debemos hacer,
supongo
es esperar que el mundo
mantenga su equilibrio:
lo que debemos hacer, sin embargo,
con el corazón
esperando y observando
no lo sé.

The owl who comes (poema original en inglés)

Mary Oliver (Maple Heights, Ohio, 1953-Hobe Sounds, 2019)

El bosque

De noche
bajo los árboles
la serpiente negra
avanza sigilosa
frotando
bruscamente
los tallos de la sanguinaria,
las hojas amarillas,
pequeños trozos de corteza,
para desprenderse
de la vida vieja.

Yo no sé
si sabe
lo que pasa.
Yo no sé
si sabe
si funcionará.
A lo lejos
la luna y las estrellas
brillan débilmente.
A lo lejos
chilla el búho.

A lo lejos
chilla el búho.
La serpiente sabe
que éste es el bosque del búho,
que éste es el bosque de la muerte,
que éste es el bosque de la desgracia
donde te arrastras y te arrastras,
donde vives en la hojarasca de los árboles,
donde te tumbas sobre ramitas silvestres
que no soportan tu peso,
donde la vida no tiene un propósito
y no es civilizada ni inteligente.
Empieza a llover,
empieza
a oler como a cadáveres
de flores.
Detrás de la nuca
la piel vieja se resquebraja.
La serpiente se estremece
pero no vacila.
Avanza lentamente.
Debajo empieza a sangrar
como si fuera satén.

The forest (poema en versión original)

«Pero los propios búhos no son difíciles de encontrar, silenciosos y volando, con sus orejas aplastadas contra la cabeza mientras vuelan y sus enormes alas planeando y aleteando alternativamente mientras maniobran entre los árboles. El búho de la sabiduría de Atenea y el compañero de Merlín, Arquímedes, eran seguramente búhos chillones, no este pájaro de mirada vidriosa, inquieto sobre la rama, con nada más que sangre en su mente».

«Son los cazadores salvajes naturales de nuestro mundo. Son rápidos y despiadados sobre las espaldas de conejos, ratones, topillos, serpientes, incluso mofetas, incluso gatos sentados en patios oscuros, distraidos en sus pensamientos. He encontrado los cuerpos sin cabeza de conejos y arrendajos azules, y he sabido que fue el búho cornudo el que los mató, llevándose sólo la cabeza, pues el búho tiene un insaciable deseo de saborear los sesos. He caminado con prudente cautela por senderos en el crepúsculo, cuando los perros eran cachorros. Conozco a este ave. Si pudiera, se comería el mundo entero».

«En la noche, cuando el búho no es tan exquisito y perfecto, el grito del conejo es terrible. Pero el grito del búho, que no es de dolor, desesperanza ni miedo a ser arrancado del mundo, sino de la pura gloria desenfrenada del portador de la muerte, es aún más terrible.
Cuando escucho su grito resonar por el bosque y luego los cinco gránulos de su ulular cayendo como piedras en el aire, sé que estoy al borde del misterio, en el que el terror forma parte natural y significativa de la vida, incluso de la vida más tranquila, inteligente y radiante, como, por ejemplo, la mía. El mundo en el que el búho está siempre hambriento y siempre a la caza es el mundo en el que yo también vivo. Sólo hay un mundo»

Mary Oliver, Owls and Other Fantasies: Poems and Essays

El búho nival entra y sale del campo

Bajando
del cielo helado
con sus profundidades de luz,
como un ángel,
o un buda con alas,
era hermoso
y certero,
golpeando la nieve y lo que hubiera allí
con una fuerza que dejaba la huella
de las puntas de sus alas –
a cinco pies de distancia – y el empuje agarrador
de sus patas,
y la hendidura de lo que había estado corriendo
a través de los valles blancos
de la nieve –

y luego se elevó, grácilmente,
y voló de vuelta a los pantanos helados,
para acechar allí,
como un pequeño faro,
en las sombras azules –
así que pensé:
quizás la muerte
no es oscuridad, después de todo,
sino tanta luz
envolviéndonos –
tan suave como las plumas –
que nos cansamos al instante
de mirar, y mirar, y cerramos los ojos,

no sin asombro,
y nos dejamos llevar,
como a través de la translucidez de la mica,
hasta el río
que no tiene la menor mancha ni sombra –
que no es más que luz – luz hirviente, aortal –
en el que somos lavados y arrastrados
fuera de nuestros huesos.
White Owl Flies Into and Out of the Field (versión original)

Obra de Mary Oliver.

Traducciones de su obra:
En español, la editorial Caleta Olivia, de Buenos Aires, publicó los libros de poemas: El pájaro rojo, El trabajo del sueño y Americana Primitiva, traducidos por Patricio Foglia y Natalia Leiderman.
La editorial Errata naturae publicó La escritura indómita, con traducción de Regina López.

La editorial Mansalva, de Buenos Aires, publicó Americano Primitivo con traducción de Daniela Esposito.
Al catalán, Godall edicions publicó Ocell roig,  traducción  de Corina Oproae

Poemas y galaxias

Galaxia de Andrómeda de Ernesto Cardenal y Vía Láctea de Óscar Hahn

Ileana: la Galaxia de Andrómeda

Ileana: la Galaxia de Andrómeda,
a 700.000 años luz,
que se puede mirar a simple vista en una noche clara,
está más cerca que tú.
Otros ojos solitarios estarán mirándome desde Andrómeda
en la noche de ellos. Yo a ti no te veo.
Ileana: la distancia es tiempo, y el tiempo vuela.
A 200 millones de millas por hora el universo
se está expandiendo hacia la Nada.
Y tú estás lejos de mí como a millones de años.

Ernesto Cardenal (Nicaragua,1925-2020)​​ De Epigramas, 1961
Poeta, sacerdote y revolucionario. La obra de Cardenal incluye numerosos ensayos sobre teología, política, poesía y varios tomos de memorias. Cántico cósmico, un poema de más de 600 páginas, es una de las obras poéticas más relevantes de América Latina.

Vía Láctea

Le salía leche de los pechos

Le salía leche que bajaba por su cuerpo
en arroyos de indecible blancura,

Le salía leche que fluía por su vientre
le mojaba los pies
y se escurría por debajo de la puerta

Era un río de leche que corría por la calle
atravesaba el barrio de Santa Cruz
y llegaba a la plaza de doña Elvira

Era leche que subía por los árboles
ascendía a los cielos
y se desparramaba en la bóveda infinita

Eran grumos de leche que brillaban en el firmamento.

Óscar Hahn (Iquique, Chile, 1938).
Óscar Arturo Hahn Garcés es un poeta, ensayista, crítico literario y profesor chileno perteneciente a la generación literaria del 60, también conocida como generación dispersa.
«Si tuviera que elegir un solo poema para ser incluido en un antología, dijo Hahn en 1990: creo que seleccionaría ‘Fragmentos de Heráclito al estrellarse contra el cielo‘ porque creo que ese poema contiene todos los temas de mi poesía y porque, además, revela mejor que otros poemas míos la condición de exiliado permanente que tiene el ser humano, con todos los elementos de creación, de destrucción. Y todo eso en un lenguaje que recoge, creo, lo mejor de la tradición del pensamiento occidental que es la de Heráclito»

Nubes magallánicas

Las nubes magallánicas

cuando transitamos a velocidad cotidiana
la gran avenida vía Láctea paseo
cielo parque conocido desde niña y
antes aún de papá y mamá muy semejante
a 18 de julio cuando mirábamos pasar
desde el Chevrolet 36 detenido en la acera
las personas preparadas para una exposición
rodante con aire de retreta y repasaba
un examen de historia natural
y sus vidrieras falsas de vida nocturna amarillenta
en bajo voltaje sobrecargado a punto de estallar
y se enciende el motor y se cruzan las calles
de la Aguada la estación de tranvías del Reducto
con reloj en hora hasta el Brazo Oriental
de vuelta por San Martín entre plátanos jóvenes
hasta Huáscar corta y sin hormigonar y cuando

llegamos a casa ahora en otro lado
del mapa de la ciudad en la punta
más cerca de un labio del planeta
cuando volvemos a esta turbia clara
circunvalación suburbana
mezclados de yema central y del ruido
usurero de un río de plata baja
batiendo contra el murallón de la rambla
costanera o crecido sobre la orilla arenosa
apretando un huevo puesto en pleno vuelo

así con la cáscara partida Montevideo derramado
por un pájaro parecido al ave tiempo
del segundo viaje de Simbad
y cuando es hora de amor y de ladrones
en el monte de al lado
o cuando sobre la playa me tiro al agua
entre los crustáceos al fondo en su elemento
o a un pozo para desaparecer o morir
de otra envergadura en otro viaje
navegando surcando explorando el agua negra
a la pesca de presas de oro prometidas
abierto hasta los tuétanos el tesoro
de los antepasados latinos industriosos y avaros

quedan someras sobras sobre la mesa tendida
queso para trampas caseras y cebo rancio
y lentejas con tocino guisadas
para alimentar los diarios malos entendidos
viejos como el mundo
un plato por otro de carne viva fría
o trozos dando coletazos de eso que somos
por dentro y no se ve
y emerge a veces en rabiosa pesca mayor
difícil de descuartizar

aventamos las plumas indemnes sepultadas
de aves americanas o de indios charrúas
entusiastas asadores de Solís el descubridor
de este lecho correntoso donde aún desovan
las corvinas con cangrejilla y los delfines maman
sin línea directa a ningún trono de la tierra
y se enturbia una resaca misionera colonial
cuando ocurre un accidente
y muere un niño ciclista aplastado
contra el parabrisas asesino del automóvil
en Caramurú junto al arroyo
cuando suena el despertador y repica el pulso
en las coronarias
cuando me despierto y recuerdo

alguien está mirando directamente nuestra espalda
el codo pelado la nuca las vértebras lumbares
que sólo conocemos por dentro
en el interior del espejo en la penumbra
de una radiografía
o el repliegue astuto de la oreja palpable
o la cara oculta de la luna observando
con una lupa de tiempo
ampliando el espectro en sus fantasmas
verdaderos

las Nubes de Magallanes encienden en los alrededores
de nuestro polo celeste austral dos jirones arrancados a la
vía Láctea de forma vagamente circular
la Gran Nube se extiende en la constelación de la Dorada
la Pequeña Nube en la constelación del Tucán
la Gran Nube contiene estrellas supergigantes azules o
rojas nebulosas gaseosas de emisión por ejemplo una
de las más luminosas del firmamento la nebulosa de la
Tarántula y cefeidas típicas y polvos absorbentes que no
dejan ver las galaxias alejadas la Pequeña Nube
en cambio es transparente

se descubren puentes de materia retorcidos formando
bucles desplegados a semejanza de tenues ramajes o
estirados al máximo y casi quebrados existe un fondo
luminoso continuo en las regiones centrales de los
grandes cúmulos de galaxias la difusión es uniforme y
granada más o menos quinientos millones por ahora de
gérmenes de infinito ah! entrego parte de un botín de
guerra diaria en prenda por un largo corredor o paso de
materia recién descubierto

el mar es cada vez más liviano y hondo
la respiración suave acompasada
el pensamiento apenas esbozado
por palabras sencillas
el cielo abierto de pie sostiene a pulso
nuestras preguntas de rigor

el viejo por qué deforme
con sus débiles huesos contrahechos

el plano galáxico se halla cubierto por nubes de gas
polvoriento alineadas a lo largo de las espiras

la imagen más simple y correcta del universo es todavía
la de un espacio euclidiano regularmente poblado de
este animal enloquecido mordiéndose la cola y pariendo
estrellas que miramos cada noche sin ver en la oscuridad
más allá de nuestros ojos

el sur y el norte prevalecen luchando en un circo cerrado
se da vuelta el hemisferio austral donde nacimos
abrimos con el navegante Magallanes y los sesenta
bramadores

su estrecho pasaje y giramos al norte
de un solo espacio todopoderoso
estaba cercano entonces del otro lado infinito
la incorruptible mujer encadenada a poca distancia
del polo boreal
la gran espiral Messier 31 de Andrómeda
expuesta hasta los ovarios destellantes
entre los tejidos borbotando sombra
atada a una roca radioactiva radiofuente
radioeléctrica
a la orilla de un océano de frías olas de hidrógeno
cayendo sobre sus flancos de virgo devota Persea
nebulosa foca o vaca marina entre los árabes
también encadenada

zumba el ruido de fondo de la galaxia
una sierra sin fin preparando el árbol del silencio
en muestras micrométricas
canta la marea boscosa del tremendo mar
este mismo mar sucio de arrastre o río grande
como mar Paraná Guazú salado y dulce
en el entrevero y una mujer desnuda sobre las rocas
entre playa Verde y playa Honda con los pies
donde golpean las olas esperando al amante que traerá
de los correosos pelos la cabeza de Medusa junto
al juego de anillos como regalo de bodas
golpean rompen las olas de hidrógeno sobre los flancos
desnudos sobre la gran espiral
Messier 31 de Andrómeda sobre esa mujer
asoleándose
extendiéndose caliente y tersa
con los brazos firmes en la axila y el cuerpo de

pan bien amasado pronto para el homo de una
playa desierta
los redondos senos contra el sol mostrando
las palpitantes cefeidas y el sexo de humo espeso
respirando a empujones sobre esa mujer sola
asoleándose sobre Andrómeda en puro cuerpo
sobre la gran espiral Messier 31 encadenada a la espera
estaba una noche en las rocas de la plaza Virgilio
vigilando el Río de la Plata atenta
al contrabando de las aguas por el mismo cielo
a través de un ojo de bronce
abierto a los caídos en el mar
aguardaba el tránsito suntuoso de la nave Argos

a toda luz en la altura desplegada cerca del sur celeste
hundida la quilla en la negra onda hasta Canope
el piloto alfa de la Carena a la vista siempre
en su encrespada línea de flotación
no tenía apuro y no podía moverme
la espalda entumida al contacto de la dura oscuridad
apenas arribaba a la costa un ruido periódico
volcando una redada de segundos
recién pescados y todavía vivos

cuando se está solo se sienten más
fuertes las ligaduras y el peso real
del leve firmamento extendido
sobre el cuerpo afiebrado
el Navío se acercaba lentamente balanceando
su popa y volviendo al puerto de partida
no podía saber cuál era su destino
no creo que pasara por allí
por el sitio aquel donde esperaba
¿acaso el propio Argos podría
descubrir el escondrijo situado
en una punta montevideana
donde permanezco atada a esta escritura?

las estrellas se detienen posadas en el mástil
y aletean sacudiendo el profundo duermevela
la noche es larga y todo pasa cerca
y sigue trajinando
en la pulsación se mide la distancia
se sabe la temida trayectoria se numeran
los latidos que nos restan de la suma inicial
entregada a cuenta del propio corazón

¿Andrómeda eres tú aquella insomne nebulosa o esta que
soy ahora transitoria aquí en la tierra?
pasa el Navío enarbolado en toda su gloria
sobre el meridiano
recuerda: el viejo Ptolomeo catalogó en la constelación
cuarenta y cinco estrellas en orden similar al de un
tratado sobre la forma de construir barcos los astrónomos
modernos la dividen y le detallan quilla popa mástil vela
pero sólo la mitad trasera del buque asoma a la carta
de navegación de altura andando de tal suerte en su
carrera nocturna de este a oeste que la popa va delante
retrocediendo en dirección del muelle
Andrómeda ¿me oyes?
estoy en el polo opuesto de todas tus prerrogativas

hago apenas esfuerzos por soltarme quizá
me arrastrara la corriente que más temo
o un chorro enceguecedor de luminarias dementes
noctilucas militantes

se mueve el océano invertido combado
casco protector reticulado sobre la forma
de la inteligencia
se arquea el universo en grave mitovulsión
acá las olas caen en la mitad de la calle
sobre la gente que pasa despenada y sueño abajo
la marea cubre el jardín de las manzanas de oro
empuja la puerta principal la espuma se deshace
sobre la mesa de trabajo en vano estrellerío
nubes atormentadas descomponen las lejanas
Nubes de Magallanes sus tenues bancos luminosos
donde jamás encallará el Navío

acá llueve es noche cerrada
hay explosiones de miseria en cadena
minifundios de dolor y de torpeza hay barro
hay tierra hay animales hocicando
hay espesos desperdicios basurales hay
alcantarillas cloacas sumideros bocas
de tormenta tragándose el mundo de este lado
la tortura inclemente centrífuga de Andrómeda
la deriva el hundimiento del Navío aquí
en su plenitud austral y para los antiguos griegos
observadores desde el otro hemisferio levantando
sus restos en el horizonte acuoso
y el fin de Magallanes atravesado por una lanza
que lo clavó de bruces en una isla salvaje
antes de terminar la redondez del globo terráqueo
y llueve en oscuro de veras no se ven las palmas
de las manos no hay paseo de niña ni juego
de palabras cruzadas ni viaje a Europa
ni principio tienen las cosas
en la gran avenida se ahorra energía
y en la central hidroeléctrica hay fisuras
en los muros de cemento
no hay luz no se ve nada y llueve
pero me acuerdo de la luz
otros cantan conmigo de memoria la luz que vendrá
se enfutura se esperanza se constela adentro
lanzallamas un hogar vivo amotinando
estrellas sindicadas obreras de un cielofábrica de barrio
donde se elabora destellando la historia del comienzo

Amanda Berenguer (Montevideo, 1921-2010), poema incluido en su libro Materia prima (1966).
En “Las nubes magallánicas”, poema que abre Materia prima, Berenguer es capaz de manejar en paralelo a la relación entre esas galaxias “pequeñas” y nuestra Vía Láctea, en paralelo con un recorrido por la avenida 18 de Julio de Montevideo en un Chevrolet del 36, y el posterior regreso al barrio Brazo Oriental, en concreto a la calle Huascar que todavía existe, pero que entonces estaba sin pavimentar. Como el poema mira al cielo, debe nombrar constelaciones y aludir a la mitología griega, es decir, al pasado arquetípico.
Amanda Berenguer, experimentadora y visionaria de Luis Bravo

Aves en la poesía china

 

El azor pintado

Sobre la blanca seda
surgen viento y escarcha:
admirable pintura la de este azor.
Presto a cazar una astuta liebre, alza las alas,
y, de perfil, sus ojos parecen los de un mono afligido.
Si se soltara el cordelillo de seda
que lo ata al brillante palo
en lo alto del ventanal,
a la espera del silbido para emprender el vuelo;
si le dejaran ya
atacar a los pájaros comunes,
plumas y sangre se esparcirían por la vasta pradera.

Mirando el agua desde la barandilla dejo volar mi corazón

Lejos de las murallas, en una ancha barandilla,
sin aldea que la estorbe,
la mirada llega lejos, muy lejos.
Las claras aguas del río casi rebosan el cauce.
Concluye la primavera,
y los serenos árboles están llenos de flores.
Entre una fina lluvia,
los pececillos aparecen,
y el vuelo oblicuo de las golondrinas
al pairo de la suave brisa.
En la ciudad, cien mil hogares,
aquí dos o tres familias.
Du Fu (712-770), conocido también como Tu Fu, incluidos en el libro «El vuelo oblicuo de las golondrinas».

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La grulla que perdió su ruta

Fue hacia la montaña de los inmortales
con una fruta en el pico.
Pero perdió las plumas antes de llegar al destino.
Estaba triste, lejos de la bandada.
Entonces regresó al nido y encontró
que su pareja no la reconocía.


Han Shan (Montaña fría) habría sido un poeta legendario legendario de finales de la dinastía Tang (618-907), vinculado a una antología de poemas. De su existencia sólo se sabe lo que se cuenta en sus versos. Hay una colección de algo más de 300 de sus poemas que, según el prólogo, mandó recopilar un funcionario llamado Lü Qiuyin.

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Oda a los gansos

Ganso, ganso, ganso,
Curvas tu cuello hacia el cielo y cantas.
Tus plumas blancas flotan en el agua verde jade,
Tus patas rojas empujan las olas de cristal.

Luo Bin Wang (619–684)

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Visita al maestro Yong en su ermita

Rodeado de verdes picos que apuntalan el cielo,
vives despreocupado, olvidando los años.
Apartando las nubes busco el antiguo sendero.
Recostado en un árbol, escucho el susurro del arroyo,
Junto a flores primaverales se acuestan búfalos negros.
Bajo altos pinos reposan grullas blancas.
Con nuestras voces, el ocaso cae sobre el agua.
Solo, desciendo entre brumas heladas.

Li Po, también conocido como Li Bai (701-762)

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El torrente de los Luan

En la lluvia otoñal se oye el rugido del agua,
cascadas se precipitan sobre las rocas.
Saltan las olas y se salpican entre sí. Asustada,
una garza blanca se abate desde lo alto.
El estruendo de la corriente retumba en la orilla lejana;
Bordeó la ribera hacia el vado del sur.
Gaviotas y patos cruzan el agua balanceándose;
quieren estar en compañía humana.

Wang Wei (701- 761), conocido como el poeta Buda, fue también pintor, calígrafo y músico.

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El lorito

De día, ora canta, ora se calla.
De noche, ya despierta, ya reposa.
Está preso sólo por sus hermosas plumas,
Y triste, porque comprende la razón de las cosas.

La obscuridad le suscita
nostalgia por la familia.
La primavera le aviva
el recuerdo de sus compañeros.

¿Quién quebrantará la jaula
para que vuele cantando
en la inmensidad del cielo?

Bai Ju Yi (766-836), Traducción de Guojian Chen

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La oca solitaria

Tus compañeras han vuelto a sus nidos.
Sólo tú, oca desbandada,
me tienes preocupado.
La tormenta os separó,
y tú, presa de terror,
gritas tan desesperada.
Debajo se han quedado atrás
brumosos vapores del lago.
Encima la fría luna
te otea y te sigue.
¿Qué harás? ¿Adonde irás?
¿Y qué te esperará por delante?
A lo mejor no te alcancen
las flechas de los cazadores.
Pero sola, te acechan
incontables peligros.

Cui Tu (China, 854-?). Poema incluido en Poesía clásica china (Ediciones Cátedra), traducción de Guojian Chen

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En el horizonte

Días de primavera en el confín del mundo,
y en ese confín, donde el sol se pone,
el canto de una oropéndola. Sus lágrimas
humedecerán las flores más altas del árbol.

Li Shangyin (813-858) poeta del período Tang tardío, y su fama tiene que ver en gran parte con su serie de poemas «sin título».

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Torre de la Grulla Amarilla

Hace mucho tiempo, un hombre se fue montado en una grulla amarilla
Y sólo quedó la Torre de la Grulla Amarilla.
Una vez que parte, la grulla amarilla nunca regresará.
Las nubes blancas flotan lentamente durante mil años.
Entre los árboles, fluye cristalino el río Hanyang,
y las hierbas aromáticas crecen exuberantes en la Isla de los Loros.
En este atardecer, no sé dónde está mi ciudad.
Con las aguas del río envueltas en la bruma me embarga la melancolía.


Cui Hao (704?–754)

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Canto al cielo

El río del cielo gira en la noche, las estrellas vuelan en redondo
Orillas de plata, fluyen las nubes imitando el sonido del agua
Las flores de casia no han caído en el palacio de jade
Las inmortales recogen perfumes en su bolso del cinto
La princesa de Qin enrolla la cortina, amanece en la ventana del norte
Ante su ventana un fénix verde, pequeño
El príncipe toca la flauta de largas cañas de ánade
Invocando a dragones a roturar la bruma y plantar hierba de jade
Bruma rosa, cintas rojas, loto de falda de seda
Islotes esmeraldas caminan recogiendo primavera de brotes de orquídeas
Al este señala a Xihe galopando en su caballo
Mar y polvo renacen a los pies de la montaña de piedra.

Li He (790-817). Es caracterizado como un hombre de un “talento diabólico”o un “genio maldito” (guicai) por su brillante capacidad para componer poesía y el contenido de sus obras de carácter oscuro.

 

Si hay una época legendaria de esplendor poético en la historia de la humanidad, ésta fue la dinastía Tang (618-906 D.C.). La poesía china de este periodo captura el espíritu de la naturaleza en sus versos; uno de sus temas más frecuentes es el paisaje, sobre él se escribe dependiendo de los estados de ánimo del poeta. El taoísmo, el budismo y el confucianismo son claves para entender el espíritu de muchas de estas obras, ya que sus autores eran devotos religiosos.

Más información:
Las traducciones españolas de poesía de la dinastía Tang

Guojian Chen, hispanista y traductor, ha realizado numerosas publicaciones sobre autores -as chinos, especialmente poetas.

Big Bang de Severo Sarduy

Big Bang

Big Bang
Las galaxias parecen alejarse unas de otras a velocidades
considerables.
Las más lejanas huyen con la aceleración de doscientos
treinta mil kilómetros por segundo,
próxima a la de la luz.
el universo se hincha.
Asistimos al resultado de una gigantesca explosión.


Severo Sarduy, poemario Big Bang (1974).

IX
Vagabundas azules

La determinación del «turn off» que se obtiene con delicados métodos de observación,
queda siempre alterada por la presencia, en la secuencia principal, de estrellas situadas más
allá del turn off: son las «blue strangglers», las vagabundas azules cuya existencia la teoría
de la evolución estelar no logra explicar. ¿Se formarán a partir de la materia proyectada
hacia el exterior por las estrellas más evolucionadas del conglomerado, las gigantes rojas?

Todas galácticas, nubladas de pies y manos, dejando un remolino de estrellitas de strass,
las Cosméticas salieron de Toledo.
La Chelo (en 1054, citaba, apabullante, los Chinos observaron la nebulosa del Alacrán -y
en pleno delirio etnológico-: ¡de ahí la comparsa habanera del mismo nombre!) toda
estratificada: rayos (D) de sodio y bandas de óxido de titanio (TiO), características de las
galaxias elípticas y de ciertas galaxias espirales: un estudio fotométrico de su rostro ponía
en evidencia la caída rápida del brillo a partir del centro; la Tutsi, tan estrellada y doble y
cubierta de emulsiones sensibles al infrarrojo, que era un homenaje vivo al astrónomo
italiano Paolo Maffei.
Así microcósmicas -querían citar textualmente el universo-, partieron, digo, de Toledo.
Sin ton ni son deambularon hacia el sur: del Zohar al Corán, de la Ceca a La Meca, del
azafrán al lirio. Emitían irradiaciones pulsantes; las seguían, en secuencias ovaladas,
batallones de gigantes rojas -esas travestidas que abusaban del henné-, y hasta algunas
enanas blancas de importación americana, encadenadas a cacatúas y orquídeas.
Al llegar a Gibraltar -punto de «turn off», señaló La Chelo-, se reunieron, debatieron y
decidieron hundirse en las morismas.
Por la luz que emitían, lechosa, de tiza apasionada, las identificaron en el desierto.
Luego se alejaron con velocidad uniforme, infinitas.
Los muros de Meknès las tiñeron de azul.

Luz fósil

Así, los astrónomos tratan de explicar por qué el flujo de rayos X procedente del universo
parece entre diez y cien veces superior a la suma de los flujos de todas las galaxias
reunidas. ¿No habrán detectado aún todas las galaxias que emiten rayos X? ¿O se trata de
una irradiación difusa, testigo de la explosión que dio origen al universo?

Medir sus reflejos en la arista de un pez,
en el ojo del cocuyo,
en la sura de la sombra del dátil;
comparar la cal del marabuto
con el paño de un monje mercedario,
con la nieve bajo el antílope
la sal de la garza fósil,
con el semen
la Vía Láctea.

Enana blanca

Donde dice “el compañero de Sirius”, el doble miniaturizado de Cobra,
donde dice “Pub”, poner la menina Maribárbula, o a la María Sarmiento, o
la propia infanta doña Margarita girando helicoidal ante el espejo, y luego su
metáfora, la máquina prognática de Alejandro,
o la raquítica albina, con un pato amarrado a la cintura, que atraviesa la Ronda
de la Noche,
o la Monstrua Vestida de Carreño, con su “pendant”, la Desnuda –atributos
de sileno o de fauno,
o la Enana Musical, vestida de lamé y con un contrabajo a cuestas, que Arturo
Carrera señala en la calle Corrientes,
O el gato “Pub”, a su manera enana blanca, que resultó tan ingrata
o hasta la propia Shirley Temple.

Que se quede el infinito sin estrellas…

Que se quede el infinito sin estrellas,
que la curva del tiempo se enderece.
Y pierda su fulgor, cuando se mece
un planeta en su abismo y en las huellas

del estallido primordial. Aquellas
noticias recibidas del comienzo
de las galaxias, del vacío inmenso,
hoy son luz fósil. Paradojas bellas

que anuncian por venir lo transcurrido
y postulan pasado lo futuro.
Universo del pensamiento puro:
un espacio que fluye como un río
y un tiempo sin presente, opaco y frío.
El tiempo de la espera y del olvido.

Severo Sarduy (Camagüey, Cuba, 25 de febrero 1937 — París, 1993).
En el libro Big Bang, publicado por Tusquets en 1974, se incluyen tres poemarios – Flamenco, Mood Indigo y Big Bang -y algunos poemas sueltos, en los que Sarduy mezcla el verso libre, la prosa poética, los ideogramas…
Sarduy fue narrador, poeta, periodista, crítico de literatura y arte. Salió de Cuba a finales de 1959 con una beca para estudiar historia del arte en París durante un año y decidió no volver.
En 1961 comenzó a trabajar en Radio Francia Internacional, colaboración que mantuvo durante treinta años. Estuvo vinculado al círculo de pensadores y escritores que hicieron la revista Tel Quel y trabajó como lector en Editions du Seuil.
En 1963 se publicó su primera novela, Gestos y en 1967 su segunda novela De donde son los cantantes. Paralelamente publicó un libro de ensayo: Escrito sobre un cuerpo.
En 1971 viajó a la India, que dio lugar a su novela Cobra y ganó en 1972 el Premio Médicis. Su pasión por los viajes lo llevó a residir en múltiples lugares: Indonesia, Ceilán. Se dedicó también a la pintura y realizó diversas exposiciones.
En 1990 empezó a trabajar en Gallimard y fundó la colección La Nouvelle Croix du Sud.

Más información:
Forma y vacío en la poesía de Severo Sarduy de Sandra Lucía Díaz Gamboa.
La poética »cuántica» de Severo Sarduy; una lectura de Big Bang de Jacinto R. Fombona

Video de Severo Sarduy (TVE) – programa A fondo· El escritor cubano es entrevistado por Joaquin Soler Serrano.

Por culpa de los números

Por culpa de los números

Por culpa de los números
estuve siempre mal en todo cálculo.
Por no poder usar los logaritmos
la cuenta de mi vida se fue al suelo.
Jamás hallé mi siete
ni pude poner cifras a mis letras.
No supe el porcentaje de mis fraudes.
Tal vez por eso mismo
no tuve nada exacto.
Por no poder restar decimales
me fui llenando de humo,
de vientos y palomas
y nunca pude ser un tres resuelto.
Se me quedó en la nada
mi signo con tu máxima potencia.
Y siempre me rebotan
las gélidas fracciones del olvido.
Por culpa de los números
no me entendieron nunca.
Por culpa de esas plagas
jamás hallé la ruta de la lógica,
jamás un mar tranquilo,
jamás un tiempo eterno.
Por no poder hacer raíz cuadrada
no tuve un edificio de esmeraldas
ni alfombras voladoras.
Me fui quedando pobre,
sin amuletos propios
ni talismanes mágicos.
Por olvidar el álgebra
no pude ser brillante
y apenas me quedaron las gaviotas
y un cráneo lluvioso
en donde hace columpio el arcoíris.
Por culpa de los números
se me cayó la casa de la suerte
y hasta el amor más firme
se fue por la tangente.
Violeta Luna (Guayaquil, 1943) poeta, narradora, crítica literaria y activista por los derechos humanos.

Poema sobre la nada de Lorna Crozier

Poema sobre la nada

Cero es lo que no entendimos
en la escuela. Multiplicado por cualquier cosa
sigue siendo nada.

Cuando le pregunto a mi amigo
el retórico que estudia matemáticas,
si el cero es un número, me dice que sí
y siento un gran alivio.

Si fuera un paisaje,
sería un desierto.
Si tuviera algo que ver
con la anatomía, sería
una boca, el miembro fantasma,
un órgano perdido.

Ø

El cero se cuela
entre el uno y el uno
y lo cambia todo.
Se desliza en el alfabeto.
Es vocal en una lengua muda,
pupila en el ojo del ciego,
es la imagen del rostro
que sostienes en la punta de los dedos,

Ø

Cuando miras hacia arriba
desde el fondo de un pozo
lo que ves es cero,
su terrible azul.

Es la cuerda
que te anudas al cuello
cuando los talones ansían ser alas.

Ícaro comprendió el cero
cuando sintió el olor
de las plumas quemadas
y cayó al mar.

Ø

Si empujas al cero colina abajo
crecerá,
se tragará las ciudades, las granjas,
a la gente en las mesas
jugando a tres en raya.

Ø

Cuando los jefes Cree
firmaron los tratados en la llanura
escribieron X
junto a sus nombres.

En inglés, X equivale a cero.

Ø

Le pregunto a mi amigo,
el retórico que estudia matemáticas,
¿qué significa el cero en términos simples?

Él dijo nada.

Cero es el número del pornógrafo.
Lo pide por correo
con un nombre falso. Es el número
del último condenado a muerte,
el número de la chica que salta
tres pisos para abortar.

El cero empieza y termina
en el mismo punto. Hay quien lo compara
con conducir todo el día por las praderas
y sentir que no has ido a ninguna parte.

∅ ∅ ∅

En el principio Dios hizo el cero.

Lorna Crozier (Saskatchewan, Canadá, 1948) / The blue hour of the day. Selected poems.

Poem About Nothing

Zero is the one we didn’t understand
at school. Multiplied by anything
it remains nothing.

When I ask my friend
the mathematician who studies rhetoric
if zero is a number, he says yes
and I feel great relief.

If it were a landscape,
it would be a desert.
If it had anything to do
with anatomy, it would be
a mouth, an missing limb,
a lost organ.

Zero worms its way
between one and one
and changes everything.
It slips inside the alphabet.
It is the vowel on a mute tongue,
the pupil in a blind man’s eye,
the image
of the face
he holds on his fingertips.

When you look up
from the bottom of a well
zero is what you see,
the terrible blue of it.

It is the rope
you tie around your throat
when your heels itch for wings.

Icarus understood zero
as he caught the smell
of burning feathers
and fell into the sea.

If you roll zero down the hill
it will grow,
swallow the towns, the farms,
the people at their tables
playing tic-tac-toe.

When the Cree chiefs
signed the treaties on the plain
they wrote X
beside their names.

In English, X equals zero.

I ask my frend
the rhetorician who studies mathematics
What does zero mean and keep it simple.

He says Zip.

Zero is the pornographer’s number.
He orders it through the mail
under a false name. It is the number
of the last man on death row,
the number of the girl who jumps
three stories to abort.

Zero starts and ends
at the same place. Some compare it
to driving across the Prairies all day
and feeling you’ve gone nowhere.

∅ ∅ ∅

In the beginning God made zero.

Lorna Crozier nació en Canadá en 1948, en la provincia de Saskatchewan, región de amplísimas praderas, salpicadas de granjas, en una de las que creció. Es una de las más importantes poetas canadienses actuales.
Carmen Leñero en su ensayo «Voz y verso en la poesía de Lorna Crozier» ofrece una semblanza de la poeta canadiense y una descripción sus procedimientos poéticos más significativos.

Más poemas de Crozier


Mi miedo a las serpientes

La serpiente puede separarse
de su sombra, moverse sobre cintas de luz,
saborear el aire, la mañana y la tarde,
la oscuridad en el corazón de las cosas. Recuerdo
cuando mi miedo a las serpientes se fue para siempre,
cayó como una vieja piel. En Swift Current
los chicos encontraron una serpiente enorme y me persiguieron
por los callejones, Larry Moen llevándola como una antorcha verde,
los otros gritando, Suéltala en su espalda, mi terror
de que se deslizara por el surco de mi columna (Larry,
el que me tocaba el interior de las piernas en el columpio,
un chico mayor al que sabíamos que no debíamos acercarnos
con nuestros vestiditos, nuestra piel suave), mi hermano
diciendo Déjala, y yo acurrucada detrás de las acacias amarillas,
vi a Larry clavar la serpiente a un poste de teléfono.
Se retorcía sobre dos puntos de luz, incapaz de arrastrarse
Para dejar su dolor, abriendo la boca, la lengua roja
saboreando su propio terror entonces ame
a esa serpiente. Los chicos allí de pie con sus estúpidas manos
colgando de las muñecas, la hermosa boca verde
abriéndose, un terrible O oscuro
que nadie podía oír.


Fear of Snakes

The snake can separate itself
from its shadow, move on ribbons of light,
taste the air, the morning and the evening,
the darkness at the heart of things. I remember
when my fear of snakes left for good,
it fell behind me like an old skin. In Swift Current
the boys found a huge snake and chased me
down the alleys, Larry Moen carrying it like a green torch,
the others yelling, Drop it down her back, my terror
of it sliding in the runnell of my spine (Larry,
the one who touched the inside of my legs on the swing,
an older boy we knew we shouldn’t get close to
with our little dresses, our soft skin), my brother
saying Let her go, and I crouched behind the caraganas,
watched Larry nail the snake to a telephone pole.
It twisted on twin points of light, unable to crawl
out of its pain, its mouth opening, the red
tongue tasting its own terror, I loved it then,
that snake. The boys standing there with their stupid hands
dangling from their wrists, the beautiful green
mouth opening, a terrible dark O
no one could hear.
Poema de Everything Arrives at the Light