El Eternautaes una serie argentina de ciencia ficción basada en el célebre cómic del mismo nombre, creado por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López en 1957. La adaptación a la pantalla pequeña mantiene la esencia de la historia original, pero actualiza ciertos elementos para conectar con audiencias contemporáneas.
La trama gira en torno a un grupo de personas que se enfrentan a una invasión extraterrestre en Buenos Aires, desencadenando una lucha por la supervivencia. La atmósfera de la serie es sombría y apocalíptica, con un guion que combina acción, tensión y profundas reflexiones sobre la condición humana. El protagonista, Juan Salvo, un hombre común que se ve atrapado en este desastre, lidera la resistencia con coraje, mientras enfrenta dilemas éticos y emocionales en un contexto desesperante.
Uno de los aspectos más destacables de El Eternauta es su capacidad para explorar temas universales como la solidaridad, el sacrificio y la esperanza, todo en un escenario de caos. La serie es visualmente impactante, con una producción cuidada que logra transmitir la magnitud de la tragedia de manera efectiva. Los efectos especiales, aunque limitados en algunos momentos, cumplen su función al servir a la narrativa, no al revés.
Impresionante, como siempre, la actuación de Ricardo Darín y en este caso también del resto del elenco, creíble y con capacidad de trasmitir el alma de cada uno de los personajes.
La trama se mueve con ritmo, manteniendo al espectador intrigado sin caer en clichés ni giros predecibles. El elenco logra una buena química y sus interpretaciones aportan credibilidad a un guion que, aunque fantástico, nunca pierde de vista lo humano.
En resumen, El Eternauta es una adaptación sólida de una de las obras más importantes de la literatura gráfica argentina. La serie ofrece una reflexión sobre la resistencia frente a lo inevitable, con una propuesta que va más allá de la típica historia de supervivencia. Ideal para aquellos que buscan una historia profunda, con tintes filosóficos, pero también cargada de acción y emoción.
La Feria del Libro de Granada encara su último fin de semana con una programación que combina mañana sábado las voces de jóvenes poetas, la memoria literaria y la energía de la Noche en Blanco. Desde la poesía andalusí hasta los grandes nombres de la literatura contemporánea, la jornada promete un amplio abanico de actividades para todos los públicos.
Voces emergentes y homenaje a las pioneras
La mañana comienza con el Slam Poetry, una celebración de la poesía más joven promovida por Granada Ciudad de la Literatura UNESCO en el Pabellón Fundación Caja Rural Granada. También se llevará a cabo el taller “Construyendo el cómic” para jóvenes creadores y la presentación de Academia, obsequio de 1685 de la Academia de Buenas Letras de Granada.
Además, se celebrará una conversación sobre el libro Cierta Edad con Sara Toro y Laura Montes, y en el marco del ciclo de lecturas Violetas, Txell Feixas presentará su impactante libro Aliadas, una obra que recoge historias de resistencia en los campos de refugiados palestinos del Líbano. Feixas, reconocida periodista y corresponsal en Oriente Medio, ofrece una mirada íntima y conmovedora sobre cómo un equipo de baloncesto femenino desafió las expectativas en uno de los contextos más difíciles del mundo.
Talleres y ciencia para todos los públicos
La jornada también incluye los siempre atrayentes talleres de caligrafía árabe, promovidos por la Fundación Euroárabe, y actividades científicas que abarcan desde la presentación del libro ¡Qué emoción! de Aleida Huertas hasta una charla de Erika López sobre el mito de la inexistencia de los infartos en mujeres, que promete desafiar ideas preconcebidas sobre la salud femenina.
Noche en Blanco: poesía, música y memoria literaria
La programación se extenderá hasta bien entrada la noche, con motivo de la Noche en Blanco en Granada. Entre los eventos destacados se encuentra la mesa redonda 125 años de una pionera: María Moliner, que contará con la participación de Andrés Neuman, Alejandro Pedregosa y Cristina Pérez Valverde, quienes reflexionarán sobre el legado de la autora del diccionario más ambicioso del español moderno y que devolvió la palabra a todas y todos cuando la real Academia solo estaba compuesta por hombres.
El Pabellón Fundación Caja Rural Granada también acogerá la presentación de la colección Biblioteca Lorca, editada por Ya lo dijo Casimiro Parker, con la participación de Marcos Almendros y el especialista en la obra lorquiana Andrés Soria Olmedo.
En homenaje al poeta Antonio Jiménez Millán, recientemente fallecido, la revista Olvidos de Granada organizará una lectura con poetas cercanos al autor, que compartirán versos y recuerdos en su memoria. El día culminará en este espacio con un concierto poético a cargo de Carlos Andreoli, que interpretará canciones basadas en textos de poetas como Ángeles Mora, Javier Egea, Luis García Montero y Álvaro Salvador.
Poesía visual, performance y rutas literarias
El Pabellón Granada acogerá la presentación de Andando por las ramas del Ayes Tortosa y el taller La belleza de las matemáticas sobre mosaicos alhambreños. Además, el público podrá disfrutar del recital performático Se busca público para un recital de Ixa Blanco, que promete una experiencia única de poesía en vivo.
Por su parte, el Palacio de los Condes de Gabia proyectará a las 20:00 el documental Se dice poeta de Sofía Castañón, que recoge los testimonios de 21 poetas nacidas entre 1974 y 1990, quienes reflexionan sobre el lugar de las mujeres en la poesía contemporánea.
La Sala Zaida será escenario de un encuentro con la poeta chipriota Andry Christofidou Antoniadou, así como de la presentación del nuevo libro de aforismos Tercer milenio de Álvaro Salvador y una mesa redonda sobre mujeres protagonistas en la fantasía literaria, en la que también se presentará la revista Fuga de la Facultad de Letras de Granada.
En esta intensa jornada, la Asociación Cultural Secretos de Granada organizará la ruta Escritoras en Granada, que explorará los rincones de la ciudad marcados por las huellas de autoras locales.
Ciencia y naturaleza: conexiones invisibles
El Área de ciencias no se queda atrás, con la presentación de dos obras que exploran el mundo natural: Plantas que nos ayudan de Rosa Porcel y Ellas ilustran botánica de Toya Legido, que combinan divulgación científica y arte para revelar las sorprendentes conexiones entre la naturaleza y la creatividad humana. Más información: www.ferialbrogranada.es
El Jardín de Gomérez, un rincón cargado de historia en la ciudad de Granada, se convirtió ayer martes en un refugio sonoro para los amantes del flamenco, la buena cerveza y la tradición. El escenario estaba listo para recibir a uno de los herederos del flamenco contemporáneo: Kiki Morente. Este concierto marcaba la clausura de un ciclo musical muy especial organizado por Cervezas Alhambra, en conmemoración de su centenario. Una fecha redonda para una velada que fue todo un viaje emocional a través del cante, la guitarra y las palmas.
El ambiente en el Jardín de Gomérez fue, desde el primer momento, una delicia. A pesar de la leve amenaza de lluvia, el espacio se sentía fresco y acogedor. El público, compuesto por una mezcla de locales y visitantes, se mostró respetuoso y atento, una audiencia perfecta para un concierto de esta naturaleza. Cada acorde de la guitarra y cada golpe de las palmas parecían encontrar su eco en el aire, como si el espacio mismo se hubiera impregnado de las notas del flamenco.
Kiki Morente, junto con sus acompañantes en el escenario, comenzó a pie de escenario, con su porte tranquilo pero profundamente expresivo desgranando unos primeros temas a capella que hicieron las delicias de los asistentes. Subió al escenario rodeado de un equipo de músicos excepcionales. El cantaor, que ha sabido fusionar la tradición de su familia con el pulso innovador del flamenco contemporáneo, ofreció un repertorio variado y cautivador. Desde los cantes más clásicos, hasta los más modernos, todos fueron interpretados con una fuerza y sensibilidad que cautivaron al público y siempre llevándolos a su terreno.
La manera en que Morente sabe mezclar la rabia en la voz con la delicadeza melódica es un sello que lo distingue. Se nota que no solo canta, sino que siente cada nota como un latido más. Su conexión con el público fue palpable, creando una complicidad que se fue incrementando a medida que avanzaba la tarde. Los músicos que lo acompañaban se dejaron llevar por esa magia flamenca, improvisando y fluyendo con naturalidad, y en cada acorde de guitarra se sentía la complicidad entre los artistas. La percusión se hacía presente en el momento justo, acompañando y reforzando la tensión de cada compás.
Pero si algo definió esta noche fue la armonía entre el flamenco y la cerveza, una combinación que nunca deja de sorprender. Cervezas Alhambra, que siempre ha apostado por dar vida a la cultura a través de iniciativas como esta, supo crear un ambiente perfecto para disfrutar de la música con una copa de su emblemática cerveza en mano. La gente, entre sorbo y sorbo, no perdía detalle del espectáculo. El sonido de las guitarras se entrelazaba con las risas y conversaciones amables, pero siempre manteniendo un respeto total hacia la actuación.
El concierto cerró con una ovación que hizo vibrar todo el Jardín de Gomérez. Kiki Morente y su banda se despidieron entre aplausos dejándonos un último bis ya improvisado en la escalera, dejando una sensación de plenitud en el aire. Con el ciclo musical de Cervezas Alhambra cerrándose de esta manera tan íntima y especial, la noche de flamenco en el Jardín de Gomérez se convirtió en una experiencia completa, que sabe tanto a tradición como a modernidad, tanto a arte como a sabor.
La tarde de ayer domingo, el Palacio de Congresos abrió sus puertas para recibir a una de las artistas más destacadas de la escena musical española, Valeria Castro. El ambiente estaba impregnado de una expectación palpable, no solo por recibir a la cantante, sino por el singular despliegue de instrumentos que ya se podían ver sobre el escenario. Pandero cuadrado, timple canario, violín, oboe/saxo, percusiones y teclados; una amplia gama de sonidos que anticipaba una experiencia musical rica, diversa y, como fue el caso, absolutamente cautivadora.
El concierto comenzó con una atmósfera intimista y acogedora, donde Valeria, guitarra en mano, dio la bienvenida a su público con un set basado principalmente en su nuevo disco, “El cuerpo después de todo”, publicado apenas dos meses antes. Su presentación estuvo marcada por la calidez y la profundidad de las letras, que exploran temas universales, especialmente en lo que respecta a la historia de la mujer. No faltó, por supuesto, el tema homónimo, junto a los que dieron inicio a la velada, una canción que resonó en el Palacio como un delicado manifiesto sobre la lucha y la resistencia femenina, un pequeño pero significativo gesto que aportó frescura y simbolismo al concierto.
El nuevo disco, grabado entre México y Madrid, dejó ver una fusión perfecta entre dos mundos musicales. Las influencias mexicanas se dejaron sentir en varios de los temas, aportando un toque “mariachi” a ciertas piezas que se intercalaron con otras de un sonido más suave y melódico, muy en la línea del pop indie español. Las canciones “Debe ser”, “Poquito” y “Cuídate” fueron recibidas con una calidez vibrante por parte del público, quienes no dudaron en cantar junto a Valeria, dejando claro el cariño que esta artista ha cultivado a lo largo de su corta pero fructífera carrera.
Valeria no estaba sola sobre el escenario. A su lado, un grupo de músicos excepcionales completaba la propuesta sonora, todos ellos acompañando de manera precisa y armónica. Campi Campón, productor del disco, se encargaba del bajo, mientras Meritxell Neddermann (teclados y coros), María de la Flor (violín, charango, coros), Borja Barrueta (percusión) y Joaquín Sánchez (vientos) se convertían en una verdadera orquesta que brindaba soporte a la magia de la guitarra y voz de la cantante. Este despliegue de talento se tradujo en una armonía impecable que permitió a Valeria fluir con facilidad entre géneros y ritmos.
Ya en la segunda parte del concierto, Valeria cogió la guitarra y se adentró en un momento más introspectivo, donde la cercanía con el público se convirtió en lo más especial de la noche. Sentada, a solas con su voz, interpretó canciones como “Guerrera” y “El borde del mundo”, una pieza por la que estuvo nominada a los Goya en 2024 como mejor canción original (incluida en el film “El 47”). Esta última, cantada parcialmente en catalán, creó un ambiente de absoluta conexión entre Valeria y los asistentes, quienes disfrutaron de un silencio casi reverente, con cada acorde y palabra tocando una fibra sensible.
El repertorio continuó con una pieza que evocó la identidad gallega de Valeria: “Hoxe, mañá e sempre”, una canción en gallego que ofreció un respiro emocional, pero que también cerró la etapa más tranquila del concierto. La segunda mitad del show se encargó de devolver la energía a la sala con “Abril y mayo”, una canción que, con su ritmo más alegre y animado, despertó a los presentes, provocando el primer gran movimiento en las primeras filas.
Con el público completamente entregado, Valeria y su banda volvieron a darlo todo en los bises. “La raíz” fue la pieza encargada de hacer que el Palacio de Congresos vibrara al ritmo de la música. Los asistentes ya estaban de pie, y los pasillos del recinto se llenaron de personas que no podían contener su energía. Era un claro símbolo del poder de la música para crear una atmósfera colectiva de disfrute y libertad. La noche culminó con “Sobra decirte”, un cierre en el que Valeria se bajó entre el público, rodeada de una ola de aplausos y emoción. El recinto entero se convirtió en una marea de sentimientos, con el público invadiendo los pasillos, abrazando a la cantante con su entrega y dejándose llevar por la magia del momento.
Con su guitarra, su voz inconfundible y su conexión genuina con el público, Valeria Castro entregó un concierto que no solo destacó por su virtuosismo, sino por la autenticidad y el alma que imprimió en cada nota. En esta noche del 11 de mayo, el Palacio de Congresos vivió una verdadera fiesta de emociones, con Valeria como la gran narradora, transportándonos a través de sus canciones y dejándonos una huella que, sin duda, durará mucho después de que las luces se apagaran.
El telón se alzó en el Palacio de Deportes de Granada el 9 de mayo de 2025 para recibir a los esperados Pixies, en lo que fue su primer concierto en la ciudad y, además, su única actuación en España este año. Se agradece no tener que ir a Madrid o Barcelona a ver grandes conciertos viviendo en una ciudad tan musical y receptiva con la buena música. Con una organización de diez (gracias a Live Nation y Proexa) que se notó especialmente a la hora de colocar en el recinto a tan ingente cantidad de público sin incidencias.
La noche comenzó puntual, pero con una espera que parecía eterna para muchos, pues aún a las 20:30h, el recinto estaba lejos de estar lleno. La gente se amontonaba en los bares de la zona, una clara muestra de que la hostelería local supo aprovechar al máximo el ambiente previo al show.
El primer grupo en subir al escenario, The Pale White, no tardó en arrancar su set de 30 minutos exactos, pero su sonido tardó en encontrar su lugar. Aunque comenzaron con energía, el sonido no se consolidó hasta pasados unos temas, lo que dificultó un poco la conexión inicial con el público. A pesar de este tropiezo técnico, la banda británica logró generar un buen ambiente con su mezcla de indie rock y toques de garaje. Si bien su música no deslumbró, su actitud sobre el escenario y sus guitarras afiladas sí lograron mantener la atención, aunque el público seguía ansioso por lo que venía.
A las 21:10h, finalmente se apagaron las luces para dar paso a Pixies, sin grandes artificios, con un sencillo telón con una P. Apenas sin palabras, comenzaron el concierto con la fuerza de una apisonadora, haciendo honor a su legado. Con un setlist de algo más de hora y media, la banda mostró su sello indiscutible, interpretando treinta y un temas con una contundencia impresionante. En su mayoría, temas de Doolittle, Surfer Rosa, Come On Pilgrim y Bossanova, entre los que destacaron canciones como “Planet of Sound”, “Caribou” y “The Holiday Song”.
El momento más curioso del concierto ocurrió cuando, en medio de “Vamos”, el baterista detuvo la canción, sólo para retomarla varios temas más tarde, lo que generó una atmósfera de expectación, aunque el público no dejó de corear. Traían también dos versiones “Head on” de The Jesus and Mary Chain e “In Heaven” de Peter Ivers y David Lynch, conocida por el film “Eraserhead” del director estadounidense.
Pixies no necesitaban más que su inconfundible sonido para mantener cautivo a un público entregado desde el primer acorde. Con Charles Thompson (Black Francis) al mando, la banda se mostró en su mejor forma, incluso cuando una caída inesperada de Thompson durante el enérgico “Wave of Mutilation” no interrumpió la magia del momento. Sin inmutarse, siguió tocando sentado mientras la canción fluía sin parar, una imagen que rápidamente quedó grabada en la memoria de los asistentes.
El público, especialmente el de la pista, estaba completamente rendido, moviéndose al unísono, como si los 30 años de historia de la banda fueran una sola ola que todos querían montar. En Granada, su impronta se vio en las claras influencias que tuvieron en bandas como Cecilia Ann y otras menos evidentes aunque presentes, como Niños Mutantes o Mama’ Baker. Aunque la interacción entre la banda y la audiencia fue mínima (el cantante apenas habló), la conexión a través de la música fue total.
Su impactante sonido pop influyó en artistas como Nirvana, Radiohead, Modest Mouse, The Smashing Pumpkins y Weezer . Pixies alcanzaron una modesta popularidad en Estados Unidos, pero tuvieron mayor éxito en Europa.
El final llegó de forma apoteósica, con “Where Is My Mind?” y “Into the White”, canciones que cerraron la noche dejando una estela de melancolía y recuerdos de juventud para los miles de fans que esperaron con ansias este regreso de los Pixies a España. Un concierto que demostró por qué, aún después de tres décadas, siguen siendo una de las bandas más influyentes de la historia del rock alternativo.
Y la luz se hizo. A tiempo para recibir a los esperadísimos Swallow de Sun en una de sus dos únicas fechas en España, acompañados de los también fineses Stam1na y Before the Dawn, de manos de Route Resurrection, quienes se encargaron de poner en marcha toda la maquinaria para que las tres bandas pudieran ofrecer sendas noches del mejor metal. Los finlandeses ofrecieron una velada que fusionó el death-doom con la atmósfera gótica característica de la banda.
Tras la incertidumbre sobre si se celebraría el concierto, dadas las circunstancias del famoso apagón del día anterior, la tarde del 29 de abril, la Sala Copérnico de Madrid se sumió en la oscuridad y la melancolía al recibir a Swallow the Sun, quienes presentaron su último álbum, “Shining”, en el marco de su gira europea «Shining Over Europe«.
El concierto comenzó con una atmósfera sombría: luces tenues, humo envolvente y la banda encapuchada, creando una sensación de ritual oscuro. La iluminación, predominantemente en contraluz, acentuó la silueta de los músicos, especialmente la de Mikko Kotamäki, cuyo porte enigmático y mirada penetrante cautivaron al público.
Aunque el sonido en la sala fue algo mejorable, con momentos de mezcla imprecisa, permitió que las bandas se lucieran. Los riffs pesados y las melodías melancólicas se percibieron con claridad, y la intensidad emocional de la música se mantuvo intacta.
Juha Raivio, guitarrista principal de la banda, no solo destacó por su destreza técnica, sino también por su expresividad en el escenario. Su interacción con el público y su presencia magnética añadieron una capa de teatralidad al espectáculo.
Mikko Kotamäki, con su voz grave y profunda, transmitió las emociones de las composiciones con intensidad. Su presencia en el escenario, respaldada por la iluminación dramática, reforzó la atmósfera mística y solemne de la banda especialmente en temas como “Innocense was long forgotten”, con la que abrieron su actuación, “What I have become”, uno de los mejores temas del disco, “Cathedral Walls”, en la que escuchamos la voz de Anette Olzon a través de los sampler y “MelancHoly”, que tengo que reconocer me tocó la fibra sensible, al ser mi tema favorito de este último trabajo.
El concierto de Swallow the Sun en Madrid fue una experiencia inmersiva que combinó maestría musical con una puesta en escena cautivadora. A pesar de pequeños detalles técnicos, la banda logró transmitir la esencia de su música, dejando una huella imborrable en los asistentes.
Antes de que ellos remataran la velada, la banda finlandesa Stam1na abrió la noche con una descarga de energía desbordante que contrastó poderosamente con el tono introspectivo del cartel principal. Con su característico estilo que mezcla thrash metal técnico y groove con toques progresivos, los de Lemi demostraron que no sólo dominan sus instrumentos con precisión quirúrgica, sino que también saben cómo encender a un público. Desde el primer riff, el grupo se volcó en ofrecer un espectáculo físico y dinámico, con movimientos constantes por el escenario y una entrega que rápidamente ganó la simpatía de los presentes.
Uno de los elementos más celebrados de su actuación fue la cercanía que mostraron con los asistentes. No faltaron las sonrisas cómplices, los gestos de agradecimiento y, sobre todo, el esfuerzo del vocalista Antti Hyyrynen por hablar en español, arrancando carcajadas al gritar entre canciones “¡Queremos cerveza aquí ahora!” con entonación festiva y perfecta intención. Esta conexión espontánea, tan directa y desenfadada, convirtió su set en algo más que una mera actuación telonera: Stam1na supo ganarse su lugar con carisma, actitud y una buena dosis de complicidad con el público madrileño.
Tras ellos, Before the Dawn ofreció una actuación intensa y cuidadosamente medida, actuando como el puente perfecto entre la fiereza de Stam1na y la oscuridad melódica de Swallow the Sun. La banda, liderada por Tuomas Saukkonen, (vocalista de Wolfheart) que aquí se desempeña en la batería, demostró que su regreso tras años de inactividad no es mero revival, sino una reafirmación de su capacidad para conjugar melodía y contundencia en dosis precisas. Su death metal melódico, con tintes góticos y una producción pulida, se desplegó con solvencia, destacando especialmente en temas como “As Above, So Below” y “Downhearted”, que resonaron con fuerza entre los asistentes. Aprovecharon la ocasión para estrenar en directo uno de los temas del que será su próximo disco.
La conexión con el público fue más sobria que en el caso de sus compañeros de gira, pero no por ello menos efectiva. La presencia escénica de Saukkonen y del nuevo vocalista, Paavo Laapotti, fue firme y elegante, con un control absoluto del tempo emocional de su set. Si bien no recurrieron a discursos extensos ni a grandes despliegues teatrales, dejaron claro que su música habla por ellos. Before the Dawn no solo reafirmó su lugar como referencia del metal melódico nórdico, sino que aportó equilibrio y solidez a una noche de contrastes y altos vuelos musicales.
La noche del 25 de abril en el Jardín de Copera comenzó con un ambiente algo tímido. El público, disperso y todavía tanteando el terreno, parecía no haber decidido del todo si entregarse a la propuesta musical de Calequi y Las Panteras. Pero bastaron unos pocos temas para que la magia surtiera efecto. Como si de un conjuro se tratase, el recinto fue cobrando vida, y lo que al principio era un goteo de curiosos se convirtió en una auténtica pista de baile al aire libre.
Javier Calequi, reconocido por su trabajo como director musical de Jorge Drexler, lideró el escenario con la naturalidad del que sabe que lleva un tesoro entre manos. Acompañado por las brillantes Lauri Revuelta y Luisa Corral, tejió un espectáculo donde las armonías vocales fueron protagonistas absolutas.
Su complicidad se notaba en cada mirada, en cada acorde compartido, especialmente cuando bajaron a cantar entre el público. Juntos construyeron un universo musical que bebe del funk, el afropop y los ritmos latinos, pero que no se encierra en etiquetas. Más que géneros, lo que ofrecieron fue una experiencia sensorial donde el cuerpo y el alma no podían más que rendirse.
Temas de su reciente trabajo Mezcla Rica —el disco que ha terminado por consolidarles como una de las bandas revelación del panorama actual— sonaron con una potencia casi hipnótica. Las canciones, ya pegajosas en el álbum, en directo se transforman en una celebración colectiva, una comunión entre escenario y pista. El groove impecable, la elegancia de los arreglos, y ese punto justo de desenfado hicieron que nadie quedara indiferente.
Lo que comenzó como un concierto más dentro del ciclo GPS Girando por Salas, acabó siendo una fiesta inolvidable. Calequi y Las Panteras demostraron que no solo tienen un proyecto sólido y con identidad, sino que su propuesta es, sobre todo, contagiosa. Es imposible no bailar. Es imposible no sonreír.
Desde el pequeño local madrileño donde nacieron en 2020 hasta esta noche vibrante en Granada, la evolución de la banda es tan coherente como fulgurante. Su mezcla es rica, sí. Rica en matices, rica en emociones. Y sobre todo, rica en verdad.
Anoche, el Teatro CajaGranada se convirtió en el punto de encuentro de los amantes del dream pop, cuando el neozelandés Dean Wareham ofreció el único concierto de su gira europea en Andalucía. Bajo la cálida luz del teatro granadino, el cantante y compositor regresó a los escenarios para presentar su último trabajo, That’s the Price of Loving Me, y para rememorar los grandes éxitos de su trayectoria, que abarca desde los días con la banda seminal Galaxie 500, hasta su etapa en Luna y su proyecto personal, Dean & Britta.
Con una carrera que comenzó en 1987 con la creación de Galaxie 500, Wareham ha sido uno de los pioneros más influyentes de la música indie pop. Su particular estilo, marcado por melodías envolventes, guitarras que se deslizan suavemente y una voz única, ha dejado una huella profunda en el panorama musical. Por ello, no es sorpresa que la expectativa para este concierto fuera tan alta. Y el artista no decepcionó.
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El concierto comenzó puntualmente, y Wareham, acompañado por su banda, que le precedió en el escenario y flanqueado por la enorme Britta Phillips (bajo), presentó una mezcla cuidadosamente seleccionada de su más reciente material y los clásicos que han cimentado su estatus en el mundo de la música alternativa. El público no tardó en sumergirse en la atmósfera melancólica y evocadora de su música.
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A pesar de que la gira europea se centra en la promoción de su último EP That’s the Price of Loving Me, la elección del setlist fue una delicia para los fans más fieles. “Yesterday’s Hero”, “That’s the Price of Loving Me” y “You Were the Ones I Had to Betray”, tres piezas del nuevo EP, fueron presentadas con el sello característico de Wareham: un sonido suave y envolvente, donde la guitarra tomó el máximo protagonismo, y una voz que sigue siendo capaz de transmitir emociones crudas a pesar del paso del tiempo.
Sin embargo, lo más aplaudido de la noche fue la revisión de algunos de los grandes temas de Galaxie 500 y Luna, dos de las bandas más representativas de su carrera. El regreso a los temas de On Fire (1989), el segundo disco de Galaxie 500 y considerado por muchos como uno de sus mejores trabajos, generó una sensación de nostalgia colectiva entre los presentes. Canciones como “Snowstorm” y “Strange”, que cerró el turno de bises, fueron interpretadas con una energía renovada, con una actuación que capturó tanto la esencia original como una visión más madura y reflexiva de Wareham.
El concierto de esta gira es especial no solo por la calidad de la música, sino también por el formato innovador con el que Wareham ha decidido presentarse en los escenarios. La sencillez del montaje, con una iluminación cálida y colorista magnificamente manejada por Aitor Palomo, permitió que la atención del público se centrara en lo más importante: la música. Wareham, siempre fiel a su estilo relajado y algo reservado, interactuó con el público en varios momentos, intentando soltar alguna frase en español, siempre bien recibida.
Sin dudas, lo más destacado de la velada fue la capacidad de Wareham para fusionar el pasado y el presente de su carrera. Aunque el nuevo EP es una de las piezas más celebradas por la crítica, los momentos más emotivos llegaron cuando interpretó los éxitos de su etapa con Luna, especialmente en los cortes más conocidos de Penthouse (1995), un disco que marcó el sonido de los años 90.
Sobra decir que el sello de Wareham es inconfundible, las texturas delicadas de su guitarra son capaces de generar una atmósfera que no deja indiferente a nadie. A lo largo del concierto, se percibió esa capacidad única de crear canciones que invitan tanto a la introspección como al disfrute sensorial. Su estilo, en el que se destacan las melodías envolventes y las letras profundas, sigue siendo una de las fórmulas más poderosas dentro del dream pop.
Durante el bis, y como colofón a una noche que había sido un verdadero viaje emocional, Wareham sorprendió al público con una interpretación de “I’ll Keep It With Mine”, versionando al sempiterno Bob Dylan. La ovación final fue rotunda, y el público, entregado, despidió al artista con una de esas ovaciones que dejan huella.
«Cadáveres» es una miniserie de ciencia ficción y misterio disponible en Netflix, basada en la miniserie de cómic homónima publicada por Vertigo Comics entre 2014 y 2015. La trama se centra en un enigma temporal en el que cuatro detectives investigan el mismo cadáver en diferentes épocas: 1890, 1941, 2023 y 2053. Cada línea temporal presenta a un protagonista distinto, ofreciendo perspectivas únicas influenciadas por su contexto histórico y cultural.
La serie ha sido elogiada por su compleja estructura narrativa y su capacidad para mantener el suspense a lo largo de los ocho episodios que la componen. Cada detective representa luchas sociales específicas de su época, añadiendo profundidad al relato.
1890: Edmund Hillinghead, un inspector que lidia con su identidad en una sociedad restrictiva.
1941: Charles Whiteman, un detective judío durante la Segunda Guerra Mundial.
2023: Shahara Hasan, una subinspectora musulmana enfrentando prejuicios religiosos.
2053: Iris Maplewood, una joven amnésica en un Londres distópico.
La ambientación y la evolución de los cuerpos policiales a lo largo del tiempo son aspectos destacados, aunque algunos críticos señalan que la serie puede resultar menos compleja y más predecible en comparación con otras producciones del género.
En resumen, «Cadáveres» ofrece una propuesta intrigante que combina ciencia ficción con elementos de thriller y conspiración temporal. Aunque presenta similitudes con otras series populares, logra destacar por su narrativa única y su exploración de temas sociales a través de distintas épocas.
El pasado sábado 5 de abril, el Teatro Calderón de Motril vibró con la intensidad de un concierto que marcó la presentación de “Lo nuestro”, el primer LP de Siameses. La banda motrileña que, tras un largo período de espera en el que hemos podido disfrutar de algunos singles adelanto, presentó su esperado nuevo disco ante un público entregado y ansioso por escuchar los nuevos sonidos de la banda. El evento fue mucho más que una simple presentación de canciones; fue una verdadera celebración de la música y la tecnología, un espectáculo audiovisual que fusionó las melodías de Siameses con un despliegue impresionante de proyecciones, luces y vídeos.
Desde el momento en que las luces del teatro se apagaron y las primeras imágenes comenzaron a proyectarse en la pantalla/telón, el ambiente se cargó de una energía palpable. Iniciándose con la proyección de dos de los vídeos de la banda, tras ellos una intro combinada con vídeo y la batería de Luismi, con Javier Patón a contraluz, ya hicieron presagiar que íbamos a disfrutar de un buen espectáculo. Las imágenes y las proyecciones fueron más allá de ser simples acompañamientos; ofrecieron una extensión del sonido, un medio para sumergir al público en el universo sonoro del nuevo álbum. Las luces, oscuras pero bien sincronizadas con cada tema, creaban una atmósfera envolvente, jugando con sombras y colores para acentuar las emociones que las canciones evocaban. Las secuencias visuales, cargadas de simbolismo, ofrecieron una experiencia sensorial total que, sin duda, elevó cada uno de los temas a un nuevo nivel de profundidad.
En cuanto a la música, los miembros de Siameses supieron mantener su esencia, aquella que los caracteriza por una fusión entre lo indie, lo alternativo y lo experimental, pero esta vez con una mayor madurez sonora. Las nuevas composiciones, frescas y sofisticadas, mantuvieron al público completamente cautivado. La banda logró encontrar un equilibrio entre la exploración de nuevos sonidos y la conexión emocional con el público, quienes no dudaron en corear al unísono los versos de sus temas más emblemáticos.
Uno de los momentos más esperados de la noche fue la colaboración con Noelia Franco, una artista que muchos recuerdan por su paso por Operación Triunfo. Franco, con su potente voz, aportó una capa extra de emoción y profundidad a la velada. Su intervención fue impecable, aportando frescura y un toque de sensualidad a el tema en el que participó, «Gravedad», una de las canciones más aclamadas de la noche. La química entre ella y los miembros de Siameses fue palpable, creando un momento mágico que quedará grabado en la memoria de todos los asistentes.
El Teatro Calderón, lleno hasta el último asiento, fue el escenario perfecto para esta cita musical. La estética del lugar, sumada al nivel de la producción visual, brindó una experiencia única que mantuvo a la audiencia emocionada durante toda la velada. El público, compuesto en su mayoría por seguidores de la banda y nuevos fans que llegaron atraídos por la expectación que había creado el evento, estuvo completamente entregado, sin descanso, disfrutando de cada nota y cada acorde.
Momento de especial mención, la versión que se marcó la banda de “Hallelullah” de Jeff Buckley, con la proyección y sonido del mismo Buckley mezclándose a la perfección con la guitarra de Antonio Castellón y la voz de Javier Patón.
El cierre del concierto fue un momento de pura emoción, una batería de temas entre los que escuchamos, con el público ya en pie, “¿Qué quieres de mí”, “Veinte20”, un nuevo tema estrenado en directo para la ocasión y el punto final con “Lo nuestro” y “De ti y de mí”, tema con el que ya habían abierto el concierto y que sirvió para presentar conveniente a la banda, formada por Javier Patón (voz), Antonio Castellón (guitarra), Antúnez (guitarra y teclados), Garnica (bajo) y Luismi Jiménez (batería).
Las últimas notas resonaron en el teatro mientras las luces se apagaban lentamente, dejando al público en un estado de gratitud y éxtasis. Siameses no solo entregaron una gran noche de música; entregaron una experiencia sensorial que definió un nuevo estándar para sus futuras presentaciones.
Sin duda, este concierto será recordado como un hito en la carrera de la banda. Siameses han logrado consolidarse como una propuesta muy personal dentro del panorama musical, demostrando que no solo se trata de componer buenas canciones, sino de crear un espectáculo completo que involucre todos los sentidos. Si este concierto fue el inicio de una nueva etapa, los fans de la banda pueden estar seguros de que lo mejor está por venir.