Me fui en primavera y aparezco en otoño. Cinco meses me parecen demasiados hasta para mí, tantos que no sé si presentarme de nuevo o seguir como si no hubiese pasado nada.
He dejado de escribir muchas cosas y sé que tengo muchos posts pendientes que prometí y aún no han llegado -no se me olvida el relacionado con 'The Office', por ejemplo-, pero espero que a partir de ahora se me terminen las excusas y pueda publicar con mayor asiduidad.
De momento y dadas las horas os dejo una canción que me enamoró hace un par de años y me ha vuelto a enamorar hace un par de días. Es parte de la banda sonora de 'Once', de John Carney, una película increíble que no puedo dejar de recomendaros a todos, especialmente a los que tengáis alguna cuenta pendiente con los musicales. Si sois reticentes a ellos, verla es una buena forma de confirmaros a vosotros mismos que siempre hay una excepción entre lo generalizado. Toda la banda sonora es un lujo, pero esta canción me trae un recuerdo especialmente bonito, espero que os guste tanto como a mí.
P.D.1: ¿Os había dicho alguna vez que el otoño es mi estación favorita?
P.D.2: Aquí os dejo el trailer de la película, aunque personalmente crea que no está a la altura.
Descendía envuelto en un alarido, rasgando el aire y el cielo sin esfuerzo. El blanco aumentó de tamaño, cada vez mejor enfocado por el tiempo y la velocidad. Hubo un último instante antes del impacto en que las cosas aún fueron como habían sido. Luego, el mundo visible explotó.
En 1945, un musicólogo italiano encontró cuatro compases de una partitura para contrabajo, la partitura de una sonata, en los restos de la biblioteca de música de Dresden, arrasada con bombas incendiarias. Creyó que esas notas eran obra del compositor veneciado del S.XVII Tomaso Albinoni, y dedicó los siguientes doce años a componer una pieza más larga a partir de aquel fragmento manuscrito y abrasado. La composición resultante, conocida como el Adagio de Albinoni, apenas guarda parecido con la mayor parte de la obra del compositor y muchos eruditos la consideran fraudulenta. No obstante, incluso aquellos que dudan de su autenticidad carecen de argumentos para rebatir su belleza.
Casi medio siglo después, es esta contradicción lo que atrae al violonchelista. Que algo pudiera haber estado a punto de dejar de existir en el paisaje de una ciudad en ruinas y que después fuese reconstruido en otro algo nuevo y valioso le insufla esperanza. Una esperanza que, ahora, es una de las pocas cosas que les quedan a los ciudadanos de un Sarajevo sitiado, cosas que, para muchos de ellos, disminuyen con cada día que pasa.
El violonchelista de Sarajevo, de Steven Galloway.
¿Qué pasa cuando una lectura escogida muy al azar te engancha en el primer párrafo y te redescubre una pieza de música clásica que no escuchabas desde los dieciséis? De repente viajo a aquella clase de Hª de la Música y me veo a mí misma desde mi yo actual, perdida entre cientos de tests que se supone que me van a decir qué carrera es la que mejor me viene, mientras ese Adagio suena de fondo, mientras todos mis compañeros bostezan y cuchichean en voz baja unos con otros. Y tras diez minutos intensos vuelvo al presente. Y me vuelvo a ver reflejada, esta vez en el espejo de mi armario. Y aquí estoy, haciendo lo que quería hacer a los dieciséis. Y la esperanza vuelve a mí; porque quizás dentro de siete años me vuelva a encontrar con este Adagio por casualidad y vuelva a viajar para verme donde estoy hoy... desde el lugar en donde quiero estar ahora.
Hace no mucho, Patricia Gonsálves publicaba esto en El País Semanal. Por primera vez, leía en algún sitio algo que tantas veces me he cansado de pensar y repetir desde que vi por primera vez ‘¿A quién ama Gilbert Grape?’, en la que me re-enamoré de Leo después de haberlo dejado atrás cuando vi –en cine, para colmo- ‘La playa’. Y después llegó ‘Gansters de Nueva York’, cuyo fracaso jamás llegaré a comprender, aunque yo la descubriese ya en DVD. Y entonces me di cuenta de que quizás el Leonardo DiCaprio de ‘Romeo y Julieta’ y ‘Titanic’, no fuese sólo un niño mono al que un día, después de salir en una serie super popu, se le antojó hacer cine.
La primera película que vi de Leo fue ‘Diario de un rebelde’, película que no me gustó nada la primera vez que la vi, (qué coño iba a saber yo con nueve años) y que me encantó –bueno, quizás la palabra encantar sea exagerada- la segunda. Cuando vi ‘Gansters de Nueva York’, época que coincidió con mi recién estrenada pasión por ver las películas en VOS, me volví a replantear mi gusto hacia el actor no sólo por su apariencia –que venga, sí, se acerca más que mucho a mi prototipo de hombre ideal, lo reconozco sin ningún problema-, y decidí ver su filmografía al completo. Incluyendo ‘Critters 3’. Eso sí que es amor. No voy a negar que QUIZÁ yo no tuviese este interés especial por DiCaprio si él no hubiese pasado por ‘Titanic’ (porque aunque ‘Diario de un rebelde’ es anterior, ya digo que la primera vez que la vi, la odié), pero tampoco me gusta que la gente le niegue la profesionalidad que tiene por lo mismo.
En el último mes he discutido este tema varias veces con diferentes personas cuyas posturas jamás compartiré ni comprenderé, dado que en su mayoría, le han visto en Titanic y para de contar. Creo que precisamente el problema que tiene, es que jamás conseguirá quitarse de encima ese estigma de haber plagado las carpetas de tantas quinceañeras desde 'Romeo y Julieta' hasta 'La playa', lo que, junto a 'Titanic', se reduce a tres películas.
Ninguna de las personas con las que hablé de este tema (y que aseguran con tanta firmeza que es un actor terriblemente nefasto) han visto '¿A quién ama Gilbert Grape?' ni 'Diario de un rebelde' ni 'La habtación de Marvin' ni 'Gansters de Nueva York', ni 'Infiltrados', ni 'El Aviador', ni 'Diamante de sangre', ni...para qué seguir. Me hace gracia que alguien se atreva a afirmar tan rotundamente algo de lo que ni siquiera puede tener constancia.
Digo todo esto porque ayer volví a ver 'El Aviador' e 'Infiltrados', y, especialmente en la primera, la actuación de Leo me parece brillante. Sé que tiene sus puntos débiles. Sé que su cara de "eternamente joven" puede que le reste credibilidad a interpretaciones como la que hace en 'Infiltrados', pero desde luego, sus papeles siempre dependerán en buena parte de que el que vea su película, sepa dejar de ver al chico de veinte años que nació como Romeo y se murió en el Titanic. Supongo que, de entre los de su generación, siempre será mi favorito precisamente porque puede que se muera siendo Jack Dawson, y me parece una estupidez tan grande como injusta. Aunque digo yo, como si a él le sirviese de algo que yo crea y mantenga esta postura...
Lo miró entre lágrimas y creyó que a él le daba igual dejarla, que todo era muy sencillo en el mundo en que él vivía. A veces mantener la calma y evitar el llanto es sinónimo de desprecio. ¿Quién puede comprenderlo? Aún así él lloró entonces, -aunque nunca supo si por su desconfianza o por la situación-, y se explicó a su manera:
- No quiero necesitarte.
- ¡¿Por qué?! -le contestó ella.
- ¡Porque no puedo tenerte!
"Él me enseñó a volar, y siempre supe que tuviera el problema que tuviera nunca estaría solo, él me acompañaría".
'Pearl Harbor', de Michael Bay
Puede que sólo a mí se me ocurra extraer una cita de 'Pearl Harbor' y escribirla junto a la imagen de una película de Pixar. Para mí tiene sentido, incluso más de lo que pueda aparentar -si es que os aparenta alguno, claro-. Pero a vosotros no os resultará útil romperos la cabeza pensando qué quiero decir. No quiero insinuar que vayáis a hacerlo, pero por si acaso, olvidadlo. Divagad a vuestro antojo. Y, por favor, ved la película. Me estoy encontrando a demasiada gente que no lo ha hecho y no puede ser.
P.D: Al final va a resultar que 2010, año par, va a ser mi año. ¿Ésto es lo que llaman esperanza? Qué sensación tan bonita...
-En aquella época era feliz, pero no lo sabía. -Entonces igual eres feliz ahora y tampoco lo sabes.
'Palíndromos' de Todd Solondz.
Y es que nos gusta demasiado admitir que cualquier tiempo pasado fue mejor; pero no nos damos cuenta de que al afirmarlo, lo único que estamos diciendo en cierto modo es que sólo podemos ir a peor. El año pasado os dije por estas fechas que lo peor que podíais hacer era perder la esperanza; éste, os digo que es aún peor -mucho peor- que os neguéis a encontrarla.
Sin más: Feliz noche, Feliz Navidad y Feliz 2010 a todos.
P.D: Espero que os guste tanto como a mi la elección del tema navideño.
Os doy la bienvenida y un consejo que un día me dió Benjamin Franklin a través de las palabras: vaciad vuestro bolsillo en vuestra mente, y vuestra mente llenará vuestro bolsillo.
Mi nombre es Silvia Borrajo, una flor de norte que lo dejó todo en un rinconcito de su Asturias del alma para venir a estudiar Comunicación a Madrid. Como amante de todo este mundo pretendo hacer de mi rincón particular en la web una mezcla de todas sus facetas; desde el radiofónico (por desgracia cada vez más olvidado por muchos) hasta el cinematográfico, que tantas maravillas nos ha regalado. Pero no pretendo quedarme ahí. Algo de lo que nunca me cansaré es de pensar, soñar y filosofear en la oscuridad de mi habitación y, seguramente, la mayoría de las veces decida compartir todos esos pensamientos, sueños y filosofías con vosotros.
Espero que los que decidáis quedaros conmigo os lo paséis bien, pero no os lo prometo porque nadie dice que mi vida o mis opiniones sean interesantes, aunque puedo asegurar que cuanto menos, algunas serán diferentes.