El olvido

Hoy rompiste nuestras fotos. No entiendo qué te pasa ni porque estas tan distante: te toco y te apartas; te hablo y te vas; me acuesto a tu lado y esquivas mi calor. Tu madre hoy colgó el teléfono nada más oír mi voz y tu hermana, no se digna ni a mirarme a los ojos. Yo siempre estoy a tu lado y procuro hacerte feliz. Aunque este muerto no quiero que te olvides de mí. 

Ciclo maldito

Las armas crearon el miedo. El miedo mató a la esperanza. La esperanza, hundida, atrapó a la fe.  Siguió la pobreza y la pobreza creó el hambre. Y el hambre creó la envidia, que, corrompida se fundió en odio. El odio, tan solitario, acompañó a la venganza. La venganza, tan poco sutil, acarició al hombre, y el hombre levantó el arma.

Juventud desechada

¡¡¡ Mira el balón que te ha regalado tu tío!!!: le decía a su hijo mientras sacaba el cuero esférico de la bolsa. ¡¡¡ Ve a la plaza con tus amigos, corre!!!: le decía una y otra vez, mientras su hijo estaba absorto con su nueva tecnología en las manos.

Maldito Alzheimer

Solo observo y me quedo callado, mientras unas manos tocan las mías. Su mirada lagrimeante se encuentra con la mía…tan perdida. Sus labios acarician mis mejillas y una voz suave roza mis sentidos: ¡pronto volveré Papá!, y se aleja por los blancos pasillos. Confundido, por no saber quién es. Aturdido, porque nunca lo sabré.

Hermanos

Llegaba la noche y era su momento: se divertía creando escenarios escalofriantes y retorcidos a su hermano pequeño, mientras el agarraba su brazo temblando y la miraba con atención. Ella dormía y el vigilaba cada esquina de la habitación: perfecta agonía.

 

 

Dedicado a mi hermana, que tantas noches abrió mi mente a un mundo nuevo.

«Me Llamaba Luna» capítulo 3

Pasaron los días y cada día, mi cuerpo experimentaba un cambio significativo: desde pérdida de color, hasta perdida de sentimientos. Mi humanidad, se estaba desvaneciendo por cada minuto que pasaba en ese lugar…en esas circunstancias. Aún no me atrevía a arrebatar la vida de alguien, pero si disfrutaba de lo que su muerte me daba. Mi alma, ya estaba convertida en girones de crueldad. Solo podía admitir mi destino. Aunque, desde estas letras, pido disculpas, por aquellos que murieron para satisfacer mi sed: en verdad, ¡¡¡lo siento!!! La muerte, solo trae más muerte. Y yo no era quien para atraer ese tipo de desdicha a mi vida. Pero, para ser sinceros, somos la cima de la cadena alimenticia y vosotros solo sois nuestro sustento proteínico.

Más días y el móvil, que un día, tras ser mojado, aún funcionaba, se apagó por completo, y con él, toda esperanza de encontrar a un ser querido. Ya no podía ser peor, ¿o sí?

Quería encontrar algún tipo de comunicación con la realidad y saber que pasaba en esa ciudad. No encontraba nada en las calles: todo era periódicos antiguos y televisiones apagadas. Ni un contacto con el presente. Hasta que Yian, quiso adentrarse más en la ciudad, donde ya estaban reconstruyendo, todo lo que había destrozado aquel momento. Esa tarde, fuimos a por comida una vez más, a un pequeño barrio, casi inhabitado, pero en pie. Llegamos a una casa, donde una familia, comía sonriendo, mientras veían un programa televisivo. Yian quiso entrar por la ventana, pero yo, que aún tenía algo de cordialidad, toqué la puerta. Un niño de unos seis o siete años abrió aún con la sonrisa en la cara, y me miró, haciendo que, todo lo que en ese momento en su vida, parecía que le protegía, se nublo por completo. Llamó a sus padres y en ese momento, abrí aún más la puerta de un golpe. El niño tumbado en el suelo solo podía llorar, mientras sus padres, aún absortos por el sonido del alto volumen de su televisor, no se percataban de lo que iba a ocurrir en breves momentos. Brinqué al niño indefenso y me dirigí al salón, donde todos sonreían como títeres de una narración macabra. Mientras seguía adentrándome a la casa, dejé de oír los llantos del pequeño y solo se escuchó un breve e incisivo golpe contra un cristal.

 Uno de los siervos de Yian, me sobrepaso y se encargó, él solo, de la mujer y de la hija pequeña de la familia. Otro más, de un mordisco, arranco la yugular del señor, y yo, mientras, cambiaba los canales del televisor, queriendo encontrar esperanza. Cuando modulé el canal de noticias, solo hablaban de una catástrofe de un tsunami, en esa misma ciudad. Y que, dos reactores nucleares, habían tenido una significativa fuga en los núcleos, con la consecuente contaminación de las aguas cercanas. ¡¡¡Espera!!!, ¡¡¡yo no había experimentado tal cosa!!!: Yo vi algo caer a esas aguas, antes que todo el mar, se enfureciera contra mí. Seguí cambiando de canal, y hablaban de lo mismo: tsunami… tsunami…tsunami. Hasta que en un canal local, hablaba de una posible bomba, que fue tirada en el medio del mar, con la consecuente catástrofe. ¡¡¡ ¿Bomba?!!!, podría ser lo que vi. Pero la vi demasiado lejos y la reacción fue gigantesca. ¡¡¡ ¿Bomba nuclear?!!! , me parece más factible. Por eso la radiación en el mar: eso tal vez sí. Hablaban de un país que quería callar la boca a Japón y que no diré: tal vez muerta, pero no idiota. ¡¡¡Un momento!!! ¡¡¡ ¿Radiación?!!!. ¡¡¡ ¿Mi hambre y sed?!!! No creo que, esos directores de cine de terror de serie b tuvieran razón. ¡¡¡ Estaría bueno que en unos días se vea a Godzilla destrozando la ciudad!!!: ¡¡¡Nooooooooooooo, ja, ja, ja !!!. Pero, ¡¡¡¿y por qué pasa todo esto?!!!: Fácil pregunta con imposible respuesta. Seguí mirando más canales, mientras mis compañeros, desgarraban las partes blandas de cada habitante de esa casa, y en ese momento, mis ojos se llenaron de rabia. Miles de personas habían muerto en ese suceso y miles se estaban contaminando de esa radiación. Miles de personas no hallaban descanso a su dolor pero aun así, estaban levantando los escombros para rellenar esos enormes huecos en su alma. Si ese suceso tan horrible, hubiera pasado en mi país, aun estarían absortos y con todo patas arriba. Luego, una lista: lista de buscados por sus familiares y entre esos nombres, el mío. En sobreimpresión, un número al que llamar, y yo, sin poder decir palabra. Aparecían fotos de las personas desaparecidas, y en ese momento, la casa enmudeció: todos mirábamos la pantalla, y, uno a uno, se derrumbaba. Los últimos en aparecer fuimos Yian y yo: él, con una sonrisa en la foto y bastante apuesto, con tan solo veintisiete años, y yo, con la mirada al frente, sincera y altiva: preciosa, y sin que nada supiera que me fuera a ocurrir.

Yian, agarró una silla y la partió contra la pantalla del televisor, gritando a las paredes y a nosotros. Como si nada importara y le gustara su situación actual: nada más lejos de la realidad, ya que, mientras gritaba, sus ojos se llenaban de lágrimas y su cuerpo temblaba de miedo. Después de ese inciso, todos nos miramos y quisimos hacer algo al respecto, aunque el hambre no cesaba. Calmar nuestro apetito se convirtió en fundamental, más que frenar y no sufrir, nuestro incansable deceso.

 

Permanecimos en esa casa durante una semana, comiéndonos poco a poco a esa familia. En cada mordisco, se podría ver, como nosotros caíamos más y más. No había límite: cuando arrancas las entrañas de alguien que es como tú o como era yo, solo por el simple beneficio de quitarte el hambre, la decencia se funde en el infierno donde irás a parar.¡¡¡ Y ahora te digo algo a ti, que lees estas letras con confusión y hasta desprecio! nunca jamás creas que tu vida es perfecta, porque, de un momento al otro, podrías ser parte de este caos! Nada es tan frágil como la estabilidad o la felicidad. Bueno, volviendo a lo de antes: Yian, se volvió mi amante diario. Sin previo aviso, agarraba cualquier parte de mi cuerpo, y me sometía como un perro en celo. Odiaba su brusquedad, pero admito que, ser solo de uno, es mejor que te violen seis a la vez. Era su amante, pero luego, viéndolos actuar, me di cuenta que la mujer del grupo y él, tenían o habían tenido un vínculo, antes o después de que pasará el incidente que nos llevó a todos a esa cruel miseria. Por eso ella me golpeo la nuca, por eso no quería que le mirara hacerme suya, y por eso, también sus ojos de odio, cada vez que me observaba. Yo no elegí eso: él me adopto con la condición de su protección por sexo, y, en esas alturas, la verdad, es lo único que quería: no morir en manos de otros. No morir en las manos de alguien. Me salvó y no se lo debo, pero, qué bien se siente uno cuando no te pueden herir.

Mientras más pasaban los días, más quería buscar a mi pareja. Aunque me hubiera hecho daño, también, era mi única luz en esa oscuridad. Buscaba la forma de hablar, de arrancar un grito con su nombre, y no salía nada, más que un balbuceo inútil. No sé si mi novio, al saber la verdad, me aceptaría. Supongo que no: yo no lo haría.

Ya paso un mes y la imagen que tenía antes, defecaría al verme ahora: sin luz en mis ojos y con las pupilas más grises que negras. Con ciertas articulaciones rotas, que ya ni duelen, solo arrastro. Hasta de mi muslo, he visto salir gusanos rojizos que solo quieren salir de mi cuerpo, como ratas de un barco a punto de llenarse de muerte. Mi pelo se evaporaba cada vez más rápido, cuando antes irradiaba brillo y sensualidad .Mi corazón, ya nunca se oye, ni mis pulmones respiran.

Estoy podrida y demasiado atenta a tus movimientos. Estoy seca y por eso, tengo sed.

Una semana más y el que quiera que sea, me iluminó: íbamos por una calle llena de tiendas y de luz: juegos, payasos y ropa interior. Calzado, alimentos y música. Recuerdo que íbamos por las calles y escuchábamos a » THE DOORS» Y su canción que habla de la gente extraña, y nosotros arrasando los centros comerciales: me pareció cómico. En ese momento entre en una juguetería y ahí tuve esa iluminación. Había un juego para bebés, que, trataba de pulsar las teclas y te las repetía. Creo que me pareció una escapatoria, para alguien que no puede hablar en estos momentos. Estaba deteriorado: la tecla «o» se escuchaba muy robótica, como si se fueran a acabar las baterías. Pero aun así me pareció muy útil, para poder hablar por teléfono a mi país y que me entendieran. Pero, para eso, faltaría mucho, ya que en la ciudad, no observé cabinas de teléfono que funcionaran, ni teléfonos móviles que pudieran tener uso o saldo, a parte de mi móvil, que, aunque estuvo demasiado cerca de lo que paso, seguía funcionando: ¡¡¡ benditos móviles antiguos antidisturbios!!! ¡¡¡Ja, ja, ja!!!, después de todo lo que paso, y aun así: mojado, con radiación o no, y sin cargar, duró más de cinco días a pleno rendimiento. Lástima que ya se rindió. Nada dura eternamente, ni el flujo sanguíneo de mi cuerpo. Lo bueno de mi situación, era que, si tenía sed, y quería beber lo que fuera, podía beberme cinco litros de whisky y ni notarlo, cuando antes, solo olerlo me daba arcadas. Solo me dejaba áspera la lengua y me daba aún más sed. Pero fuera de eso, cualquiera de vosotros no me querría en una fiesta de cumpleaños. Sed y más sed. Aunque tú tengas cinco litros de sangre en el cuerpo, no me calmarían más de una hora. Eres una simple botella cubierta de piel y despojos para mí. ¡¡¡ Uff, perdona, toda esta basura me está desquiciando y, ya casi no sé lo que digo!!!

Madrugada y lloviendo, nos ocultamos en una casa abandonada, y ese día, nuestro alimento, fueron alimañas y pequeños animales que habitaban esa deshabitada morada. No había casi humanos cerca a nuestra posición. Se estaban desplazando todos para reconstruir las zonas más dañadas y nos estaban dejando sin provisiones.

Eso significaba algo: el alimento, estaba disminuyendo. Nunca había visto un enfado de uno de mis compañeros, hasta ese día. Ese ser, humano, o lo que sea, arrancó un pedazo de carne seca de la mano de otro de ellos. Estaban casi enloqueciendo. Se golpearon fuertemente, hasta que uno de ellos, atravesó el cuello del oponente con una gran estaca tirada en el alojamiento. La introdujo de tal forma, que al hacer palanca, su cabeza se desprendió de los hombros y rodó hasta unos cuadros rotos tirados en el suelo, cercanos a ellos. Él decapitado, dejo de moverse en pocos segundos y, a mi sorpresa, murió. En ese momento, otra vez, la incertidumbre de ser frágil, me vino a la cabeza y temblé. Creí, que esa enfermedad que nos estaba comiendo poco a poco, también nos hacía ser en parte inmortales, pero por desgracia, seguíamos siendo carne de cañón. Ahora, tenía que vigilar a todos los que me rodeaban, cuando estaban sedientos de carne fresca o seca. El más sereno, seguía siendo Yian, que, aunque pareciera que necesitaba más comida que los demás por su físico, tenía la humildad de dar alimento, antes que proveerse a sí mismo. Nunca se le vio perder los papeles por comida. Tal vez, porque el día que quisiera disponer de nosotros, nadie podría hacer nada. Éramos presa fácil, pero yo, me sentía protegida y deseada a cada momento por él. Pero sabiendo cómo son los hombres, tal vez no debería fiarme tanto: con tal de obtener lo que quieren, arrastran a la miseria a todos. Pero sinceramente, la que suponía un riesgo, era la otra mujer, ya que cuando yo dormía, ella me olfateaba todo mi cuerpo en busca de alguna parte perceptible de mi debilidad. Qué bueno que Yian, la partiría el cuello por mí. ¿Todo lo que hice por mi belleza algún día tenía que dar sus frutos no? Ups, volví a ser egocéntrica como antes. Lo siento, ya no soy así. ¡¡¡ ¿O acaso te estoy aburriendo?¡¡¡. ¡¡¡ Supongo que sí!!! ¡¡¡ Esta historia no se trata de mi vida, ni que tan buena era en la cama verdad?!!!

Sangre de un niño de cuatro años en mi boca. Lo vi pasear en la calle buscando a su padre, y me entraron ganas de quitarle el sufrimiento de la búsqueda inoportuna. Me abrazó sintiendo calma por encontrar a alguien, pero nada más alejado de la paz que buscaba. Fui rápida, casi no sufrió: le partí el cuello en un movimiento y su alma se fue por el brillo de sus ojos.   ¿Crueldad?: no, salvación. Mejor cerca de mis labios, que cerca del llanto y la desdicha de no tener a nadie, como yo.

Día siguiente: putrefacción de mi sueños: Antes siempre me inspiraba soñar con la libertad y ser como antes. Hoy, solo pienso en morir para hacer feliz a alguna parte de mi antigua Luna. Si es que aún existe, entre esos pensamientos desgarradores.

Felicidad: Después de mucho buscar, encontramos una casa con internet que estaba en uso. Un portátil en el suelo que funciona y mi nuevo juguete de voces. Agarré el portátil, y me fui a una habitación alejada de los gritos del nuevo alimento. Como pude, puse mi email y mi contraseña y espere. Nadie conectado. Nadie conectado. Hasta que vi conectada a una de esas amigas que me hacían la vida imposible antes.

LUNA: ¡Hola!

………….

LUNA: ¡Hola!

&%&%&$: ¿Hola?

&%&%&$: Quien eres?

LUNA: Soy yo, Luna.

&%&%&$: Luna???? Luna desapareció

LUNA: Si, me pasaron algunas cosas, pero, aquí estoy, quiero saber cómo contactar a mi novio. ¿Podrías ayudarme?

&%&%&$: mmmm. ¿Es una broma? ¿Quién eres?.

LUNA: Soy Luna, ¿Por qué no me crees? Sigo en Japón. Por favor, dime como contactar a mi novio

…………

………………..

&%&%&$: Esta broma no tiene ninguna gracia. Mi amiga Luna está declarada muerta. ¿Por qué seguís jugando con eso? DEJARLA EN PAZZZZZZZZZZZZZZZZ

LUNA: ¿COMO HAS DICHO? No es posible. Sigo aquí, en busca de un vuelo a mi casa.

&%&%&$: No sigas jugando con eso, por favor.

&%&%&$: En serio. ¿Quién eres?

En ese momento le di a la tecla de video llamada y la aceptó. Tape la cámara con el dedo y vi el rostro de mi antigua amiga y sus ojos llorosos.

Lentamente fui arrastrando mi dedo de la cámara hasta que me pudo ver.

&%&%&$: Luna. ¿Eres tú?

LUNA: ya me ves, no te mentí.

&%&%&$: Acércate a la cámara, casi no te puedo ver con tanta oscuridad.

Me acerqué tan solo un poco, solo para que pudiera ver mis rasgos pero no mi horrible y desgastado rostro.

&%&%&$: Pon el micrófono Luna, casi no te veo y al menos quiero saber que eres tú.

LUNA: Esta estropeado, lo siento.

&%&%&$: No te veo, acércate más… ¿Es una broma?

Me acerqué más hasta que pudo ver algo mi rostro. Espero que no lo suficiente pero si para que se asustara.

&%&%&$: ¿Qué te pasa Luna?

LUNA: Tuve un pequeño accidente, pero nada que no se pueda arreglar. ¿Podrías darme el número de mi novio ahora?

&%&%&$: claro que no: hasta que vea bien tu cara y sepa que eres Luna, no te lo daré. ¡¡¡Dejad de jugar por favor!!!. Luna se dio por desaparecida hace mucho.

Me acerqué tanto que pudo ver completamente mi rostro.

&%&%&$: Estúpidos idiotas. Como se nota que no habéis sufrido nuestra perdida. Os odio. Maldita broma de mal gusto. Si queríais asustarme con esta broma lo habéis conseguido. ¡¡¡Idiotas, idiotas, idiotas!!!

&%&%&$ esta desconectada.

Esto no está bien: ¡¡¡ ¿Qué está pasando?!!! No entiendo nada. No entiendo porque desistió mi búsqueda. Aún seguí conectada por si alguien estaba en su casa y decidía conectarse. Pasaron unas horas y nada. Yian vino a la habitación y pisó con fuerza el portátil, hasta que la pantalla se rompió en pedazos. Me había costado muchísimo que mis dedos pudieran introducir las letras correctas. Y él, en un suspiro, destrozó mi contacto con mi vida de antes. No es fácil, para alguien que no puede casi ni moverse, poder hacer lo que hice. Pero bueno, tal vez Yian tenía razón: para que meterme ideas así en la cabeza, si mañana iba a sufrir más, al ver que nadie me podría aceptar.

Mañana siguiente, el silencio se hizo a mi alrededor. Sin explicación, Ni sonido de animales, ni el sonido de esos compañeros, que siempre me hacen ser, cada día, un animal diferente. Me sentía fría y con tanto miedo que no podía ni mirarme en el espejo. Un mechón de pelo se enredaba en mi muñeca y mis brazos se tiñeron de un color tan obscuro como las alimañas que se subían por mi ropa rasgada. Otro pasó más al crepúsculo de mis sentidos. Me estaba volviendo en una silueta tiznada en partes y llena de palidez en otras. Sin cabello apenas, sin sentimientos apenas. Mis podridas articulaciones, casi no me dejaban levantarme del suelo. Miré por la ventana con esfuerzo y de nuevo el sol golpeaba mi rostro con toda su fuerza, haciéndome pensar, que ya el verano se acercaba cada vez más, y con ello, el tiempo transcurrido en ese lugar.

 

No sabía ya cuantas semanas o meses había pasado en ese letargo, y menos aún, quería saberlo. Salí de la casa y camine hasta quedar exhausta. Deambulé hasta que vislumbré a lo lejos una pequeña capilla. Al llegar, pude divisar que estaba desamparada, como si el ser humano, se hubiera olvidado también de tener fe. Solo había rastro de animales desmembrados y cubiertos de un olor fétido y reconocible: olían como yo. Abrí el gran portón y camine por el pasillo, hasta sentarme en el frio suelo en frente de la cruz. No sentía ganas de rezar, ni de que me perdonaran mis pecados. Solo quería saber si existía un dios que permitiera todo esto que me estaba pasando; que estaba pasando en el mundo. Al levantar mi cabeza, sentí una presencia en mi espalda, y de nuevo ese olor acompañado de unos varios sonidos graves: eran muchos y eran como yo. Se acercaron a mí hasta olerme mi cuerpo, como si lo hiciera un perro queriendo jugar. Me levanté y miré hacia atrás. La capilla se llenó por completo de esas criaturas. No Querían hacerme daño, solo querían sentarse a mi lado. Algunos estaban tan perdidos como yo, otros, se notaban notablemente molestos. Lo más triste fue, cuando una niña pequeña, se acercó a mí y abrazó mis piernas, como si aún no supiera que pasó y quisiera que la protegiera alguien: miraba solo a otra mujer y cuando miraba a los otros, me agarraba más fuerte, casi sollozando de miedo. La agarré de la mano y de nuevo crucé el pasillo silenciosamente, resbalando nuestros pies descalzos por el frio mármol blanco. Todos me observaban, algunos me seguían y otros solo me gruñían, como si quisieran que supiera quién mandaba. Salimos por la puerta, llenando la calle de muerte con nuestra presencia. Desde entonces todo cambió.

Pasaron horas o días, ya no lo sé. Solo sé que éramos una plaga tan destructiva como la peor enfermedad creada por el hombre. Se dispersaban como insectos hambrientos y se volvían a sumar al grupo, horas después, con el cuerpo lleno de sangre y vísceras. Era una visión bastante bizarra de un holocausto salido de las tinieblas. Yo alimentaba a la pequeña con pedazos, aun latentes, que me traían los que días atrás, me sumaron a su enorme grupo.

 

No había rastro de Yian y sus secuaces, y tampoco, ni una efímera búsqueda, de los que una vez, fueron mis seres queridos. Solo carteles rasgados en los muros de la ciudad, con rostros de los desaparecidos y notas, de personas buscando una salvación.

Fue un destello rápido y fugaz, y un compañero, que estaba cerca de mí, cayo derramando sangre por su cabeza y estallando su cráneo contra el suelo como una figura de cristal. Frente a nosotros, un batallón de militares cerrando la calle y embistiendo toda su ira contra nosotros. Empezaron a caer como hojas en otoño podridas. Me tiré al suelo, con la niña en mis brazos, mientras oía silbar las balas, tropezando en cuerpos moribundos. Arrastré mi cuerpo y el de ella, debajo de un pequeño coche, mientras veíamos el horror frente a nosotras. Rebotaban los proyectiles y descuartizaban lo que encontraban a su paso. Uno tras otro, eran despedazados. ¡¡¡ ¿Creen que no sentimos nada?!!!: Las bocas se abrían, intentando gritar y sin poder, solo miraban al cielo, buscando complacencia. Una certera bala, se dirigió por debajo del coche y me arrancó el antebrazo, dejando a la niña, desamparada, con mi mano agarrada de su hombro como un broche siniestro. La niña al verse desprotegida, salió, arrastrando su cuerpo, por la parte de atrás del vehículo, y, una caprichosa bala, acertó su pequeña y grisácea cabeza, fulminando su mirada, en un microsegundo. ¡¡¡NOOO!!!: gritaba mi cuerpo, pero solo silencio se escuchaba en esa calle, llena de humo, cristales y casquillos. Se acercaban más y cerré los ojos, resistiéndome a morir de nuevo. Descargaron toda la munición habida y por haber y siguieron su camino. Tardé en levantarme, ya que los disparos, se escuchaban aún en la lejanía. Yo solo podía mirar a ese pequeño cuerpo recostado entre sus miembros despedazados. Al acabar el sonido de las balas y de las botas golpeando los huesos descompuestos de mi grupo, me levanté y como yo, unos cuantos más. Uno de ellos, se acercó a mi pequeña amiga y la arrastró a el cuerpo desmembrado de la mujer, a la que la niña siempre miraba: decencia entre tanta maldita miseria. Quedamos en pie solo unos cuantos: a la vista, solo un pequeño grupo de veinte acompañantes, recorrían las calles, cuando antes, éramos más de sesenta. ¡¡¡ 

VOLVER

Reclinado en el asiento: de frente una película en blanco y negro y al lado derecho, el océano. 10 horas enlatado en el hastío. Comiendo plástico en forma de verdura. Sonriendo por el reencuentro y abatido por la despedida: acumulando momentos.

«Me llamaba Luna» . Capítulo 2

¿¿¿Qué había ocurrido??? Solo sé que desperté entre escombros detrás de un restaurante: adolorida, ya solo seguía el zumbido intenso en el oído izquierdo y sangre por todas partes. Había sombras alrededor; sombras que observaban mis movimientos: ¿serán ellos, los que me salvaron de una brutal paliza a manos de gente descontrolada?.

Quise levantarme para ir hacia ellos, pero una cadena en el cuello me lo impedía. «»»¡Qué clase de broma era esta!»»». La cadena estaba algo suelta de la pared, así que pude liberarla y poder moverme mejor, mientras un gran peso, se vencía en mis  clavículas. Me dirigía a esas miradas, cuando algo de nuevo, tiró de mi cuello. Un hombre corpulento, sostenía la cadena de su extremo esta vez. Tenía la cara desfigurada, como si alguien, le hubiera quitado la mitad de sus músculos faciales  de un solo mordisco, casi sin ropa y descalzo, con una mirada demasiado perturbadora para mi gusto en ese momento. Quise pedir ayuda, pero de nuevo, eso de mi garganta lo impedía: ¡¡¡maldita sea!!! Mis ojos solo podían llorar y pedir piedad, cuando las sombras que acechaban en la oscuridad, empezaron a cobrar su forma al acercarse a la luz del callejón. Estaban destrozados, llenos de heridas y laceraciones: visualmente escalofriantes. Cuando llegaron hasta mí, volví a ver esa mirada, que años atrás, podía combatir con tan solo un rechazo o una mala cara. Volví a ver esa mirada lasciva que sentí olvidada hace mucho tiempo. No podía gritar, ni huir, ni ser salvada. Solo desee morir en ese momento y ellos, aun así, desearían mi piel desnuda. Yo me sentía horrible, sucia y poco deseable, pero para ellos, yo era puro deseo. Empuje a uno de ellos y tiré de la cadena para soltarme, pero no hizo ni el menor efecto. El enorme hombre que tiraba de ella, solo tuvo que hacer un débil movimiento para arrojarme al asfalto. En ese momento dos hombres y una mujer atraparon mis piernas, sin sentir ningún dolor por mis patadas en sus rostros. Agarraron mis brazos y mis piernas y me sucumbieron ante el poder de la fuerza. Ya no podía huir, solo podía cerrar los ojos y esperar que acabara rápido aquel suplicio. En un momento todos se quedaron quietos y el hombre que sostenía la cadena se acercó y como si él fuera el rey de la manada, miraba a todos, bufando como león por su último pedazo de carne. Agarro mis brazos, erosionando mis codos contra la fría piedra y simultáneamente, abriendo mis muslos con sus rodillas. Cuando ya me tenía controlada completamente, la otra mujer que estaba a su lado, rompió el pantalón del hombre que me sometía, enseñando su sexo y rompiendo toda mi ropa con esas uñas, llenas de suciedad y poder.

La mujer, ahora, acercaba su boca a mi rostro e introducía su lengua en mi oído, haciendo un ruido estremecedor, no sé si de deseo o de agonía, pero era terrorífico. Acarició mis senos mientras, hundía sus uñas en mi piel, haciéndome sangrar con bastante fluidez. Mordía mi ombligo con más fuerza que me hundía sus uñas y cuando ya se acercaba a mi pubis, el enorme hombre, la aparto de un codazo en el rostro. Ahora, le tocaba al líder aprovecharse de la horrible situación: Mordía mi cuello con fuerza mientras su sexo se introdujo salvajemente en mí. Podía notar como la sangre bajaba rápidamente hasta mis muslos por las fuertes embestidas. Creí que me iba a desmayar, cuando el hombre corpulento, paro un instante y me miró a los ojos con una serenidad plena, casi humana: como si me pidiera perdón y, aunque no fuera lógico en ese momento, me beso lentamente mientras el fuerte hedor de sus encías podridas y tendones, ya grisáceos, me rozaban los labios, con lo que solo pude hacer una cosa: vomitar. No sé si se ofendió o le gustó, pero, me miró fijamente y pude ver una leve sonrisa en su rostro antes de que me penetrara muchísimo más fuerte que antes, soltando mis brazos y agarrándome las nalgas con fuerza y moviéndome como un simple muñeco de trapo. Sentí el crujir de mi columna vertebral, mientras él, solo miraba a sus compañeros de festín. Me estaba desgarrando entera con sus meneos y sus penetraciones, hasta que hubo un silencio: su miembro empezó a sentirse menos vigoroso y su mirada más asustadiza y, en ese momento, miró a sus bufones de diversión y les dio paso a la cena servida, entre escombros y olor a sangre podrida y, no se lo pensaron dos veces. El hombre de la cadena, esta vez, eligió otro orificio cercano para resurgir su vigor y los otros, me lamian y desgarraban la piel con sus dedos en donde pudieran meterlos. La mujer opto por mi cara y se sentó encima de mi boca, obstaculizándome la visión de tan cruel pasaje. Fue un momento eterno y desagradable que por un momento, aunque desee negarlo, disfrute. Me penetraban por cualquier lado, sentí por un instante que el pene de uno de ellos, se introdujo en mi costado sin lógica alguna. Me estaban violando como chinche entre más de  seis hombres y una mujer. Sentía partes íntimas en mis pies, en mis rodillas y hasta en las axilas. Me tenían rendida a sus peticiones sexuales. Me llenaban de su hedor y de su corrupto semen.

La mujer, en un momento, tapó todos mis orificios para poder respirar y golpeó mi nuca contra el suelo, con lo que me desmayé. Al despertarme, de nuevo, estaba sola. Aunque la cadena, seguía en mi cuello y ahora, atada a un poste eléctrico.

Era de día, la luz me cegaba por completo y también secó la sangre de mis heridas, como un mensaje, de que todo estaría bien. Por un momento, creí, que lo que había pasado la noche anterior, solo fue, una cruel pesadilla, que mi mente me había otorgado. Pero la cadena, me recordó que no hubo liberación, ni mucho menos, un sueño placentero. ¿Qué eran esas cosas que me atacaron ayer como perros rabiosos?: no lo sé, pero lo averiguaría pronto.

Pasaron más de cinco horas y no había ni un atisbo de vida humana a mi alrededor, solo ratas buscando alimento como yo. De nuevo, de la esquina del restaurante, apareció el hombre corpulento, con una gran cabeza de ciervo en sus manos, llenando más de sangre donde me encontraba. Me miró y la puso cerca de mí, mientras las moscas llenaban las cuencas del animal por completo. Acercó sus dedos al mentón del ciervo y arrancó un pedazo de carne ofreciéndomelo. No lo dude y me lo lleve a la boca: eran ya más de 3 días sin comer nada, y mucho menos sin beber. Me pareció el bocado más rico que me he llevado a la boca. Increíblemente, el sabor de la carne cruda, estaba sumamente deliciosa. El hombre, mientras tanto, quitó la cadena de mi cuello y con el dedo índice, me indico un lugar, donde de nuevo, vi los hombres que le acompañaban en la noche anterior. Me agarró del hombro y me miró de nuevo como me miró ayer: con sutil delicadeza y dándome su confianza. Miré a su pecho y, en su camisa desgarrada, aún se percibía un nombre: Yian. Miré más fijamente y pude observar que, eran los mismos colores, que rodeaban las paredes a fuera del restaurante. Supongo que él es, o era, un trabajador de ese restaurante, pero, ¿qué le había pasado?. No entendía su rostro, sus marcas de pelea y sus ojos perdidos, casi sin color, que asomaban en la palidez de su piel. Parecía de esas películas de terror que veía en mi infancia, sobre monstruos o muertos vivientes, que, venían a la vida, por algún tipo de material radioactivo.

De verdad, daba pánico ese rostro, pero, algo en él me hacía sentir protegida. Seguí comiendo por un rato más, con unas ansias increíbles: en poco tiempo, ya estaba viendo el cráneo del animal que, antes, solo estaba lleno de cartílagos y carne jugosa. Me levanté y mis piernas no podían casi ni moverse, no había dolor, solo lentitud en mis pasos. Llegué, casi arrastrando mis piernas, hacia donde estaban los demás. Me miraron con compasión también. Como, si la noche anterior, algo les hubiera obligado a robarme el alma. Me senté con ellos y me dieron agua y algo más de alimento crudo. Cuando por fin, había recobrado el aliento, me levante con más vigor y me fui hasta la playa para asear mi cuerpo lleno de heridas y sangre, acompañado por esos extraños compañeros silenciosos.

Me quité toda la ropa y me iba a meter entre las olas cuando, vi algo que salía de mi pantalón y de lo que no me había percatado, en varios días: mi móvil estaba ahí, con muchísimas llamadas y más de veinte mensajes, todos de él. En todos decía lo mismo: ¡¡¡ ¿dónde estás?, ¿por qué no contestas mis llamadas?!!! Hasta que uno me llamó la atención, casualmente el último de ellos: ¡¡¡ volveré a casa y espero que podamos hablar!!!  ¡¡¡ ¿Se marchado y no me había esperado?, ¿me encontraba sola en ese lugar sin nadie conocido?!!!: así era. Sola, olvidada por el que me destrozó la vida y con la certeza que algo bueno no me depararía el destino. Me metí al mar, como dije. Pero, mis lágrimas cubrían más partes de mi cuerpo, que el agua salada. Estaba sumamente desesperada. La esperanza se estaba desvaneciendo a cada minuto que pasaba.

Pasaron días, y la misma rutina: comer y esconderse. Aunque un día, fue diferente, por mi desgracia. Ese día, fuimos a donde empezó todo. Donde vi esa cosa caer desde el cielo y, donde, todas las casas estaban derruidas. Nos ocultábamos entre maderas dobladas por la humedad y clavos oxidados. De nuevo, era de noche, y, de nuevo, había gente mirando entre los escombros entre llantos. Notaba, que Yian, se escondía y miraba a las personas, de forma diferente, como un depredador esperando atacar entre la confusión. De la nada, saltó entre los escombros y solo se escuchó un grito sordo, casi efímero, porque acabo en breve. Y al rato otro, y otro, mientras más compañeros se le iban sumando a su recorrido. Yo no sabía qué hacer, o que estaba pasando, hasta que divisé entre unas ramas, lo que estaba aconteciendo. De hecho si era una cacería, una cacería mortal. Estaban matando a las personas que moraban los restos de sus familiares, con tal crueldad que no podía observar ni dejar de hacerlo. Yian, se acercó a donde yo estaba, con dos cuerpos humanos en sus hombros. Uno de ellos todavía tenía espasmos por el gran mordisco que tenía en la cabeza y su respiración aún era evidente. Los tiró cerca de mí, como antes había hecho con la cabeza de ciervo y me gruñó como dándome una orden específica: come. Yo lo miré y arrastré los cuerpos con mis piernas mientras lloraba. El humano que aún seguía vivo, no dejaba de mirarme e imploraba una salida de ese tormento.

El los volvió a acercar, arrancando parte del cuello de uno y llevándoselo a la boca. No era posible que estuviera pasando eso. ¡¡¡ ¿Entonces eran como esos muertos vivientes, que antes había visto en películas antiguas de Romero???¿¿¿Eso eran?!!! Y lo peor: ¡¡¡ ¿por qué me lo ofrecía a mí?!!! En un momento que no miraba, me levanté y me escapé corriendo entre los pedazos humanos que se amontonaban a mí alrededor. ¡¡¡ No podía ser!!! En poco tiempo, Yian, me volvió a atrapar y de nuevo, los restos humanos cerca de mí. No quería morir a manos de esa bestia, así que, agarré un pedazo de muslo que sobresalía del fallecido y lo metí en mi boca sin masticar. Lo extraño es que me empezó a resultar muy atractivo ese sabor y empezó a masticar entre sufrimiento. Luego agarré otro pedazo del que aún respiraba y otro, hasta que el hambre, me hizo desbocarme en un ser infernal. Desgarrando cada pedazo de aquella persona y lo peor, es que ya no había sufrimiento ni nada parecido: solo hambre y parecía que nunca fuera a desaparecer ese sentimiento. Me sentí tan fuerte como nunca, y sin nada que me pudiera hacer daño. ¡¡¡ ¿En qué me había convertido?!!! Mi idea romántica de las cosas, me hacía pensar, que era una especie de vampiro, pero esto era algo peor y más primario. Tampoco creo que sea un animal, ni nada parecido. Pero deseo saber, que paso ese día, cuando todo acabo y empezó algo nuevo para mí. ¿Cómo lo averiguaría?: ni idea, pero era obligatorio hacerlo.

Héroe

Con su capa roja y su mirada altiva. Su sonrisa de medio lado y sus músculos tan tensos como el momento. Firme, pese al viento en la cima del rascacielos. ¿Es un pájaro, es un avión? .En el suelo, un héroe de cartón