A mediados de Abril, asistiré al rodaje de la película Cuando cae la noche de mi buen amigo Carlos Martín. Un proyecto en el que no he formado parte de su preproducción, pero en el que sí voy a trabajar en la producción; aunque no es mi campo, ni quiero que lo sea. Y explico el porqué:
Una amiga que tuve, que vive en la Bretaña Francesa, mantuvo el contacto conmigo, por carta manuscrita, durante muchos años. Desde unas fiestas de San Fernando de Cádiz, durante un verano; allá en lo más recóndito de nuestra juventud.
Las dos últimas ediciones empiezan con un verbo. ¡Qué leche! Y se supone que hay una escuela detrás de la organización. Claro, luego se quejan de casi no tienen alumnos; sin contar con que mantienen a algún individuo impartiendo clase sin saber escribir.
Me temo que hay otro detallito que debería usted tener en cuenta antes de que Vuestra Merced se decida a ser escritor: y es que, aparte de un gremio propenso al suicidio, a lo largo de la Historia son muchos los que acabaron en prisión. De hecho, tengo que admitir que un servidor —sin intentar cumplir con ello adrede y sin estar a la altura de los que aparecen en la lista— estuvo a punto en alguna que otra ocasión; nada grave, por cierto.
Para cazar buenas historias, tienes que trabajar la forma de mirar. Puede parecer obvio pero se trata de un recurso que te permitirá obtener información de cualquier momento de tu existencia, aunque a simple vista no parezca un suceso transcendente —esos son los mejores—, en cualquier parte, identificando elementos o acciones propician la narración que constituye todo relato.