Mi abuela pensó, supongo que porque me quería mucho, que sus iniciales en este anillo, MAV, podrían leerse como las mías, MPD, cuando ella ya no estuviera. Así, por arte de magia, la A se convierte en una P estilizada y la V en una D un poquito abierta. Y mi dedo anular en el suyo y mi vida, un poquito, en la de ella.Dice mi hermana, que mi abuelita concede milagros cuando se trata del gruñón personal de cada una. Porque han de saber que mi abue se casó con un gruñón, muy entrañable y hasta divertido, pero gruñón. Yo diría que mi madre, en cambio, no eligió a un gruñón. Aunque hay que reconocer que cuando mi papá suelta el famoso "por eso" hay que preocuparse. Sin embargo, mi hermana y yo sí hemos elegido tipos muy buena onda pero ligeramente cascarrabias (asegún) ¿será a causa de las imperdonables sesiones de aquélla caricatura en la que la princesa amanecer (¡se llamaba como abuelita!!!) era perseguida por Cascarrabias en busca de la cueva de las orquídeas susurrantes? Total, que identificadas en esta elección con mi abuelita, se nos ha vuelto la santa ad hoc para situaciones que hay que salvar en favor de la armonía familiar, como pasar la frontera, que acepten los papeles de matrimonio en el registro civil, etc.
Yo, aunque lo tengo, no llevo anillo de casada. No sé por qué. Pero ahora llevo todos los días el anillo de mi abuela. Porque ella lo llevaba todos los días. Si consigo llevarlo hasta el final de mi vida, como hizo ella, tal vez mis manos se parezcan a las suyas cuando acaricie a mis nietos.
