
Mientras los tapados
se rebelan contra un modelo económico que desde que nacieron los mantiene en la miseria, la indefensión que los regiomontanos vive en los últimos meses ha dejado el centro urbano convertido en una ciudad fantasma a partir de las 10 de la noche. La gente prefiere permanecer en sus casas. Se acabaron las salidas a pasear, a cenar, al cine o al teatro...las calles de Monterrey ya no son de los ciudadanos: ahora tienen otros dueños. Sanjuana Martínez/La Jornada 10 de junio de 2010.
www.jornada.unam.mx/2010/06/10/index.php?section=politica&article=09 Thelmita me manda un mail conmovedor. Si lo que está pasando en Monterrey y en México no nos había conmovido, señoras y señores, llegó la hora. Thelma lo dice muy bien en su correo: no es cosa del gobierno (únicamente) es cosa de que todos y cada uno de nosotros nos involucremos ¿en qué? ¿en mantar narcos como si se tratara de un juego de video? No. En exigir y trabajar desde lo personal, asociados con los que tenemos más cerca (centro de trabajo, escuela, barrio, grupo de amigos, etc.) para que la mayor parte de la población tenga acceso a otro modo de vida que no sea la miseria.
Justo ayer hablaba con una mujer colombiana de que la situación en México ahora mismo es como la que vivía Colombia hace unos años, hemos seguido los mismos patrones y no nos ha servido de nada (ni a nivel ciudadano, ni a nivel de instituciones) tener tamaña referencia.
¿Y qué pasó? Pues que hace unos días un ejército de chavitos reclutados por las organizaciones del narco sitiaron Monterrey, la orgullosa capital industrial y polo económico del país, la ciudad del conocimiento. ¿Y saben qué? Me da mucho gusto. Porque tienen que pasar estas cosas para que la gente despierte en masa, para que los regiomontanos que tienen el poder político y económico se den cuenta de que así no se puede seguir. Insha'Allah los ciudadanos que antes tenían el poder (aunque sea el poder de pasear, ir a cenar, ir al cine) reciban comprensión, creatividad, valor, fuerza, sabiduría para empezar a cambiar las cosas y no se queden en el enfurruñamiento. Insha'Allah esta guerra se cobre pocas víctimas y sirva de verdad para que todos y todas VEAMOS.
Hace 14 años
Trabajábamos como promotores culturales en Revolución Proletaria, una de las tantísimas colonias empobrecidas, aplastadas, marginadas hasta decir ya no porfavor, y creíamos que podíamos cambiar aunque fuera ese pedacito del mundo. Éramos tres pelandrujos: Thelma, Luisfe y yo misma tratando de entender, de apoyar, de transformar a punta de clases de pintura, teatro, coca colas en la banqueta y poco más.
De esos años salieron unas cuantas cosas: un taller infantil que Thelma mantuvo como 8 años, donde los niños podían tener, por lo menos, un espacio de paz, de creatividad, de buena onda. Una profesional de la cultura popular (Thelma, claro está) con los pies muy bien plantados en la tierra y mucha mucha fuerza para trabajar, que ahora además está colocada estratégicamente en un puesto clave a nivel nacional. Un registro de cultura popular (que estará perdido en las bodegas de CONARTE) que se llamó "Historias desde la esquina" que elaboraron los propios chavos y chavas de muchos barrios quienes compartieron gratuitamente y de todo corazón sus alegrías y sus penas con nosotros. Y dos burguesitos con buenas intemciones un poquito menos weyes.
Por lo menos nos dábamos cuenta de que solitos poco podíamos y tuvimos un montón de apoyo: El Chino López, Cristof, Kolly, ahí a pie de calle, Mary Zebadúa, Gabriela Arce desde la institución y un montón de gente más de la que aprendimos mucho mucho.
No sé qué pensará el Luisfe, lo tendría que decir él mismo. Yo me di cuenta que eso de andarle salvando la vida a los demás no tiene sentido, que no les podemos pedir a los demás que cambien sino tratar de cambiarnos a nosotros mismo. Que la transformación de la sociedad, en resumidas cuentas, empieza por la transformación mía, personal. La única manera de tener una sociedad menos violenta es que yo, y cada uno, resuelva sus conflictos internos y empiece a trabajar con los demás. Porque era bien chido pasarse la tarde con unos chavos y chavas que parecía que tenían muchos problemas, para eso había energía, creatividad, recursos (y hablo únicamente de mí misma). Pero para descubrir quiénes eran mis propios vecinos, para tranformar mi propia manera de relacionarme, de trabajar, de comprar, de divertirme...eso parecía una imposibilidad, es más ni me lo planteaba.
Muchos muy adoloridos
Por lo menos la experiencia sirvió para educarme, para ver la realidad de mi ciudad cara a cara (bueno, desde la barrera, pero ahí estábamos las dos) y para darme cuenta de que la ciudad se levanta sobre mucho mucho dolor, y ese dolor se hace sólido, forma murallas que separan a las personas, que las aíslan.
Y ya no sé qué más decir. Ahora mismo estoy en un remolino de historias, de personas, de situaciones, de recuerdos. Recuerdos felices de bailes colombianos (la música de la banda, mi Monterrey es colombiano de corazón), recuerdos dolorosos de balazos, huídas, madres sin hijo, niños solitos, niñas jugando a la lotería para sacar pa la cena del día de hoy.
La cosa es que desde abajo la cosa se ve de otro modo y a lo mejor lo teníamos que haber dicho más alto, lo teníamos que haber difundido y que se enterara hasta el último regiomontano: que no se aspira resitol por puro placer, ni se lleva una fusca por puro gusto, que no se pintan letras en las paredes por el gusanillo de molestar, que hay muchos muy adoloridos y que ese dolor es de todos.
¿Y ahora qué?
Me leo y me resulto a mí misma cursi y ridícula. Pero de todas maneras sentencio con la moraleja. Hay que buscar alternativas: no para "ellos" sino para "nosotros".
En la kasa de la luna (un proyecto comunitario chingonsísimo, auténtico, poderoso) aprendí que las cosas cambian cuando uno mismo pretende cambiar e invita a los otros. Era un espacio físico, pero sobretodo social (y con eso quiero decir nada más: un grupo de personas) en el que se podía aprender, compartir, descubrir que cada uno de nosotros sabía cosas, podía hacer cosas por los demás y que juntos podíamos tener un impacto más grande, es decir, invitar a más gente a hacer las cosas de otra manera, de una manera más feliz, más respetuosa, más justa.
Éramos poquitos, pero detrás de nostoros (o de ellos porque también entonces yo parecía una exiliada) estaban nuestras familias, nuestros barrios, nuestros lugares de trabajo y finalmente otras grupos de personas (sindicatos, asociaciones, grupos eclesiásticos, grupos académicos, etc). Y cuando quisimos hacer cosas que se vieran por toda la ciudad lo hicimos juntos y sí que se vieron.
Ahí dejé de esperar cosas del gobierno, de creer en la democracia, y empecé a ser devota de la participación social. San Ghandi, de verdad yo creo que es la única única manera. ¿Por eso ahora soy militante del espítiru? Pues sí. Porque es el modo más radical (rápido, profundo, efectivo) de transformación personal que he encontrado.
Santa Mónica, San Francisco y el Azuquekistán
De todas maneras a mí durante muchos años me ha faltado la otra parte: el hacer con otros. Y la neta sí siento como que he faltado a mi responsabilidad. Mi mamá me enseñó que lo que uno recibe no es para su propio disfrute, sino porque alguien tiene que ser el depositario de los biene comunes, para poder compartir, repartir y volver a recibir. Lo mismo que el concepto islámico de sadaka: hay que compartir. Eso equilibra, purifica nuestros bienes, nos evita males, nos trae más abundancia, etc.
No es que me compare de verdad pero sí rescato el esquema "acomodaticio": Giocconda Belli, gran poeta nicaragüence, luchadora, guerrillera. Vive en Santa Mónica California. ¿Está mal? Supongo que no, ya le tocarían unas vacaciones después de tanto desgarro. Isabel Allende, gran escritora chilena, cercana al Presidente Allende, periodista, luchadora, avecindada en San Pancho. ¿Está mal? Supongo que no, se necesita un poquito de paz para poder escribir y escribir también es luchar. Y ahora mi modestísima trayectoria: formación como promotora cultura, experiencia en trabajo de campo en los barrios regiomontanos, licenciada en letras, escritora, trabajadora, avecindada en el Azuquekistán. ¿Está mal? Pues no sé.
¿Militar por una crianza respetuosa con otras mamás de este lado del mar es suficiente para devolver/compartir todo lo que yo he recibido/aprendido? Me late que no. ¿Ser una persona más amorosa, más consciente, repartir todo lo que puedo las bendiciones sufis basta para equilibrar mi balanza personal? Pues me late que tampoco pero por ahí va la cosa.
Sí creo que cada uno de nosotros puede hacer más y sobre todo en una situación de emergencia como la que se está viviendo en México y concretamente en Monterrey. Pero para qué esperar al cataclismo, mejor nos ponemos todos las pilas y nos ahorramos desastres. Sí creo que deberíamos esforzarnos por ser personas más respetuosas, más amorosas, más justas. Sí creo que deberíamos formar vínculo con otras personas (vecinos, compañeros de trabajo, compañeros de vicio, da igual): rescatar la red social que le dicen, pero la de a devis, no la de la lista de los chistes por mail. Sí creo que todos deberíamos buscar maneras más sanas de consumir, de divertirnos, de movernos, de trabajar. Sí creo que deberíamos apoyar a gente que está tratando de abrir alternativas (de formación, de ocio, de alimentación, etc) para todos.
Se acabó la comodidad
Y me parece que, por lo menos los regios, lo tienen claro. Todos vamos en el mismo barco. Yo prometo buscar la manera de "devolver", de compartir para aquél lado. Si alguien se le ocurre una idea, para mí o para sí mismo, será bien recibida.
Y qué naif, por Dios qué naif me resulta este post, pero escrito está. Lo dejo por ser un blog familiar y porque ya invertí una hora escribiendo. Mil disculpas al amable lector, al fin y al cabo a quién voy a engañar, ya sabemos que la candidez no termina de quitarse. En fin.