Friday, September 23, 2011

Ingenuidad, ingenuidad

Eso de ayudar
Hay lecciones que aprendí cuando por obra de algún milagro, un montón de chavos y chavas de los barrios más pesados de Monterrey nos abrieron sus vidas de par en par, nomás porque queríamos entenderlos, porque nos gustaban un montón, porque sentíamos que ALGO podíamos hacer CON ellos para acercarles otras oportunidades.

Aprendí por ejemplo que uno no puede pretender "ayudar" a nadie sin que antes se lo hayan pedido, aprendí que lo que uno cree que los otros "necesitan" puede no tener nada que ver con lo que realmente necesitan, y sobretodo que no se puede entrar en la vida de nadie (persona o comunidad) con la intención, aunque sea honesta de "arreglar" su situación.

En aquel momento me ponía en lugar de los chavos a los que les caía el chahuistle de los programas gubernamentales de "apoyo a la juventud" y pensaba: si de pronto vienen tres weyes (o weyas) a casa, a decirme que cambie mis costumbres, que si hago esto o aquello me van a dar una beca o me van a traer un fiestón a mi colonia, yo creo que sí los agarro a putazos (excuse my english).

Más tarde aprendí con el zapatismo que lo único que uno puede hacer con los movimientos sociales es participar desde SU PROPIO lugar en el mundo. Yo no era indígena, ni vivía en la selva, ni estaba excluída de los servicio mínimos, ni estaba amenzada mi forma de vida. Pero siendo una mujer, joven, poeta, estudiante, en una ciudad industrializada, sí había UN MONTÓN de gritos en común con aquellos gritos de la selva lacandona. Porque la "deshumanización" también me calaba hasta los huesos, y el desprecio y destrucción de la diversidad me horrizaba (y amenzaba), porque el modelo de desarrollo que seguía un país que también era mío tampoco me gustaba....

La realidad de golpe y porrazo
En fin, que ayer tarde me sentí como si todas aquellas lecciones no hubieran servido de nada y yo siguiera sin salir de casa de mi tía donde tenía la vida de una "niña bien", como si no hubiera aprendido nada de seis años de trabajo comunitario, como si no hubieran existido.

Había convocado, como es mi costumbre, a todas mis amigas para tratar de "ayudar" a una persona en una situación muy muy difícil, a una persona que sólo conocíamos por referencias. Pusimos toda una red en funcionamiento, cada una echó mano de sus recursos y al final me di cuenta de que:

a) La persona en cuestión, llamémosla Momo, no quería ni mi simpatía, ni mi comprensión, ni mi amistad, ni estaba interesada en ninguno de mis rollos. Simplemente necesitaba un trabajo.

b) Que yo estaba jugando como la más ingenua de las damas de la caridad el papel de salvadora universal pero peor: yo pensaba que Momo compartía mi "esquema horizontal" de "pensar entre todas lo que podemos hacer porque éste es, en realidad, un problema de todas" CUANDO LO ÚNICO QUE NECESITA ES UN TRABAJO.

c) Sin darme cuenta (Y ES LO QUE MÁS ME ENFURECE) lo que yo en realidad quería, era su simpatía, comprensión, amistad.

Así que cuando me di cuenta de que la víctima de mis elucubraciones ni quería lo que yo quería ni pensaba lo que yo pensaba ni podía beneficiarse de aquello que yo podía ofrecerle me sentí como si la vida me hubiera excluído, como si me estuviera diciendo "¿ves, pendeja, ya te acordaste?" ¡Y no me gustó!


Lección en proceso
Bueno, como no soy del todo mala persona, la verdad es que también fue muy frustrante sentir que Yo no puedo hacer nada para resolver las injusticias o sufrimientos presentes en la vida de los demás. Y todavía estoy tratando de organizar la información: ¿debo pensar que tenemos una maldita sociedad que orilla a algunas personas a condiciones durísimas mientras que otras nos beneficiamos de sus mieles, y que tampoco está (solamente) en mi mano cambiarlo? ¿debo creer, más bien, que Allah pone en la vida de cada uno lo que necesita para acercarse a Él, aunque a veces esto pueda resultar doloroso e incomprensible y que, sobre todo en este caso, no tengo ninguna ingerencia? Pero entonces ¿no construimos todos la socidad en la que vivimos? ¿no somos responsables de ayudar al prójimo? ¿no es demasiado cómodo pensar que el sufrimiento de los demás sencillamente no tiene nada que ver con nosotros?

Mi problema es que yo no pienso, sino que me devano los sesos tratando de descubrir los DEBO pensar. Así que ahora les voy a decir lo que SIENTO. Bendito sea Dios, últimamente he aprendido a darme cuenta de lo que siento y mi percepción casi nunca me falla:

Yo siento que todo lo que le está sucediendo a Momo es por una buena causa (mi cabeza supone que para que aprenda lo que vino a aprender a esta vida) y que lo único único único que yo puedo hacer por ella es rezar, para que el aprendizaje le sea fácil, para que sea con el menor sufrimiento posible, porque le salga barato de verdad (que no pierda nada de lo que para ella es valioso), porque reciba toda la ayuda que pueda necesitar, porque esté bendecida, porque esté protegida, porque esté guiada, en fin, porque Allah la mantenga en buenas manos y le de lo mejor que le pueda dar ya que Él sabe más.

Claro que todo esto no me gusta pensarlo porque me siento la vieja mocha más mocha más mocha conservadora y asquerosa del mundo, mola más ser revolucionaria, indignarse ante las injusticias sociales y, de preferencia, formar parte de ellas del lado de los buenos, claro está.

Es lo que tiene el sentir, que sentimos lo que sentimos, aunque no nos guste. Eso no se puede manipular.

Lo que sí tengo que hacer
La segunda parte de mis "lecciones de trabajo comunitario" me la dieron, mitad y mitad, mi vivencia de la literatura y la aparición de mi mestro espiritual:

1. Transformarme a mí misma es lo único que puedo hacer para tansformar el mundo.
2. Leer y escribir me transforman, aunque también otras cosas como la práctica espiritual.

Así que quizá, lo que sí debería hacer para saciar esa necesidad de sentir que incido en el mundo que me rodea es compartir aquello que sé hacer, aquello que amo hacer, y por el puro gusto, sin esperar transformaciones ajenas por más difícil que resulte.

Ahora que vuelvo a construir mi individualidad después de dos años de simbiosis hijil puede que sea buen momento para plantearme abrir espacios dónde compartir la bendición del diker y el estrago de la lectura. Dos buenos fuegos al calor de los cuales cocerse, transformarse, ser con los demás.

Sunday, September 11, 2011

Lo que quiero de cumple

Este año, por mi cumple, me gustaría poder hablar o escribir a cada una de las personas que ha significado algo en mi vida y decirle: GRACIAS, gracias por lo que compartimos, gracias por lo que disfrutamos, gracias por lo que aprendo o aprendí contigo, gracias por ser parte de mi vida, gracias por ser parte de mí.(Hace un tiempo me propuse más o menos lo mismo, pero la verdad creo que no alcancé a enviar ese correo ni a la décima parte de mis afectos.)

Este año aprendí que aunque las cosas pasan y se van (en esta vida, pero también en todas las vidas que se engarzan en una existencia), de alguna manera permanece la belleza y la sabiduría que hubo en ellas. Y yo, que tengo un alma vieja, tengo muchas perlas guardadas en mi alhajero. ¡AlhamduliLah!

Esta vida, hasta donde dura, ha sido muy muy rica. Cuando pienso en toda la belleza que he podido experimentar y hasta crear, me doy cuenta que estoy infinitamente bendecida.

Quien quiera hacerme un regalo de cumple puede rezar por mí: para que Allah me conceda muchos años para acompañar a mis jijas hasta que sean adultas, que me dé sabiduría para guiarlas bien y mantener la armonía y la alegría en casa (pase lo que pase), que me garantice una chispita encendida que alimente siempre mi relación, que me regale salud de cuerpo y de alma, que bendiga y proteja a todos aquellos que amo y que me aman, que me siga enseñando el caminito para transformarme cada vez en una mejor persona (y aquí podría agregar entera la oración de San Francisco), que me dé el don de poder disfrutar y compartir las cosas maravillosas que llegan a mi vida y, como cerecita del pastel: que bendiga a mi maestro Mawlana Sheik Nazim al-Haqqani por la Luz que ha traído a nuestras vidas.

Un abrazo gigante a todas y todas mi compañeras de aventura, gracias también por acompañarme a través de esta bitácora vuelo.

Saturday, September 10, 2011

5 años


Han pasado tantas cosas en cinco años. Cambios de casa, cambios de estado, cambios de espíritu, hijo perdido, hija nacida. Proyectos abandonados, sueños replanteados, descubrimientos, sorpresas, despedidas. Aprendizajes, des-aprendizajes.

Hali cumple 5 y yo 35. Estos cinco años que hemos andado juntas son sin duda, con su luz y su sombra, los más preciosos de mi vida. ¡Gracias Halima!