En el centro de Benghazi
crece un Árbol del Paraíso
su tronco es como un palacio
lleno de arcos ojivales.
Un corredor asciende
desde dentro de la Tierra
y cada recodo es suave
como el brazo de una madre
terso como una caricia
gira sobre sí mismo
caracol.
Desde el centro de su patio
se ve la copa
de pura luz
la vibración de sus hojas
cubre Cyrene por el oriente
y el Sahara por occidente.
Protege, oh Árbol, Benghazi.
Déjanos trepar por tus ramas
de luz dorada
aspirar hondamente tus perfumes
beber una gota del rocío
que deja sobre tus hojas Al-Kauthar.
Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Sunday, February 26, 2012
Tuesday, February 07, 2012
Crónicas beghazianas 4: gastronomía y otras bellezas naturales
Maldición, ya dejé pasar tanto tiempo antes de terminar mis crónicas que no sé lo que ya conté y lo que me queda por contar. Lo que sí recuerdo es que debía un apartado a la comida, porque la comida libia es SUCULENTA.
La comida tradicional es salseadita, picosita, llena de especias, de aromas y sabores inesperados. Como en México y en España si no hay animal de por medio es como si no hubeira comida. NECESITAN carnita de res, pollo, pescado, cordero porque si no "se lebilitan" como diria mi herma. Igual que en Chipre, toooodo lleva carnita, aunque sea una poquita para darle sabor al caldo. Por ejemplo, mi suegra prepara unas alubias (frijolitos blancos) DE MIEDO, caldositos, sazonaditos, deliciosos. Y como base de la salsa usa un poco de carnita de res. Y así es con casi todo. Hay una sopa de verduras súper poderosa que se llama algo así como Haluisa: tomate, espinacas y no sé cuántas cosas, en una base de caldito de cordero. Amén. ¿Y los rollitos de acelgas rellenos de arroz? ¡si eso es puro vegetal! Claro, un relleno EXQUISITO de arroz, cilantro, perejil, cebollita, tomate, especias Y la estella del circo: un pelín de carnita picada "pa que amarre".
Bendito sea el Dios, desde que volví a tocar tierra en el viaje a México el cuerpo ya me admite comer animales (menos vacas). Porque, si no, hubiera sido francamente terrible. Y no es que no haya cosas suficientes para hacer una dieta vegetariana rica y diversa, es que costumbre manda y la gente (creo que eso es universal) se siente agraviada si uno no quiere probar lo que ha estado horas preparando. Y mi suegra sí que se pasa horas preparando exquisiteces que luego desaparecen de la bandeja en un santiamén. Como para salirle con que "no como carne".
La cuñada vegetariana
Todas la comidas en las que participé (¡qué suerte tengo madre mía!) fueron abundaaaaantes y variadas. Una sopa, un guiso de carne, arroz o pasta, ensalada y mucho mucho pan. Tal como los mexicanos comemos con tortillas los libios comen con pan, y no es de mala educación obviar cuchara y tenedor en favor del pancito. Tiene su técnica, todo hay que decirlo. Cortar un trozo adecuado para la mano, quitarle la miga, sostenerlo con cuatro dedos largos y empujar un poquitín con el pulgar. Y luego a la boca sin chorrear. Requiere práctica, pero es la onda.
Las comidas de invitación (cada vez que fui a casa de mis cuñad@s) ya es un derroche total de sabores, atenciones, platos, postres y demás. Hay platos especiales para honrar a las visitas (arroz con pétalos de rosa y especias, pasitas, almendras y cuadritos de carne) y cositos para picar durante la comida como batatam bátina (rodaja de patata, rellena de carnita, empanada y frita ¡tengo que inventar una vesión vegetal!), shawarma (como nuestros taquitos pero con el pollo marinado, pepino, tomate y lechuguita fresca y salsita), kipes (los clásicos libaneses de sémola de trigo y carne picada).
Los Ben Hmeid se vieron en el problema de que no comemos de todo. De preferencia tanto pan no, azúcar blanca no, la menos carnita posible, picante no podemos, demasiado ácido tampoco. Puras cosas raras e incomprensibles. Sobretodo después de habernos merendado un cordero asado con las manos y haberme bebido vasos y vasos de emsaier (verduras y chiles marinados en jugo de limón, CHOM) en los lejanos tiempos del Cairo. Así que cada vez que nos tocaba ir a una casa llamaban a Amal a preguntarle qué se podía preparar y qué no. El resultado maravilloso fueron banquetes llenos de verduras y aderezados con carnes (al revés que su costumbre, qué majos). A mí me tocó aguantarme las bases carnívoras de caldos y guisos pero poquito, porque la verdad es que todo estaba tan pero tan rico que no me costó nada dar buena cuenta de los agazajos familiares.
Cada una de las visitas fueron memorables no sólo por la convivencia feliz y la acogida de los anfitriones. Sino también por el esmero, el cariño y el placer de aquellas comidas espectaculares.
Cómale m'hija
Las cantidades triplican nuestra costumbre casera. Y todos son como mi abuelita Ma. Aurora: cuando dices ya porque estás que revientas te echan otra cucharada porque casi no has comido nada o porque te hace bien. Además, en nuestras costumbres derviches consideramos la comida un regalo divino, así que literalemente limpiamos el plato. Lo que en libio quiere decir que te has quedado con hambre. Parece que la buena educación es dejar mucho en el plato, eso quiere decir que te han servido con sobreabundancia y has quedado satisfecho.
¿Cuál es el problema? Que al comer en platos comunales, y siempre haber restos deliciosos en la fuente ¿QUIEN PUEDE DEJAR DE COMER? Si viviera en libia (con mi suegra, claro) me pondría como una foca. Cada vez que parecía que terminaba de rebañar las últimas señales de salsita aparecía mi suegra con un cazo más de guisado y a comer ¡no lo vamos a desperdiciar!
En bandeja
Me encanta la manera tradicional de comer en familia: los platos son comunes, se sirve en grandes fuentes y en platos pequeños que queden al alcance de todo el mundo. Los comenzales se sientan "de chinito" alrededor y cada uno come armado de su cuchara o de su porción de pan. Por supuesto hay un "adab" o buenas maneras aún en el suelo. La cocinera reparte la comida en la fuente común cuidando que a cada persona le toque el desfile completo de ingrdientes.
Por ejemplo: una fuente de cuscús llevará el cuscús de fondo, con tantos pedazos de carne como comenzales haya repartiditos por encima ¡y no se vale comer de la porción del vecino! Cada uno come del cacho que tiene enfrente y nomás. ¿Y si hay muchos comensales? Pues se ponen muchas bandejas.
A mis hijas les encantó esta manera de comer y a mí también.
Comer fuera
A diferencia de México, en Libia no hay puestos de comida callejera (por lo menos yo no vi ninguno), ni de jugos, ni de frutas, ni de sándwiches. Sí hay tiendecitas que venden jugos de naranja, té, café y sándwiches de atún con harisa o de foul (pasta de habas) como para pescarlos al vuelo y seguir tu camino. Si hubiera encontrado un anafre con cualquier cosa estilo México ya hubiera sido el colmo de la felicidad.
Recientemente han proliferado los restaurantes de pescado y marisco. Los libios son fans del atún (el típico desayuno es queso, harisa, atún, huevos duros) y en casa les encantan las gambas que están al módico precio de 20 euros el kilo. Prohibitivo.
Un día Qais y Manal nos invitaron al Venizia, una cafetería familiar muy pero muy mona. Primero entras a un jardín cerrado (así los niños no se escapan, vivaaaaaaa), con mesitas, sombrillas y juegos infantiles. Luego entras a un salón muy estilo europeo donde sirven ensaladas, carnes, pizzas, pasta, un poco de todo. Y por la tarde se puede ir a tomar patelitos y café. Un sitio muy agradable donde además de familias pueden encontrarse grupos de amigos y amigas. Pas mal. Si un día nos vamos a Libia quiero poner un café así con mis pastelitos y creaciones. Y por la noche hacemos salsoteca ¡JA!
Y este post se agota porque esta madre necesita una siesta.
Monday, February 06, 2012
Barcelona Express
Pedimos familia ¡y familia tenemos! Mi prima adorada ya está en Barcelona con marido e hijos así que nos lanzamos hasta allá para darles la bienvenida, hacerles sobitos y acompañarles un poco en la "instalación". Ya no me acordaba cómo era llegar a vivir a un lugar totalmente nuevo y que cada pequeña cosa (ir al súper, coger el coche, salir de paseo) sea toda una aventura. Hace ya casi diez años me tocó hacer el mismo aterrizaje.
Tuvimos apenar tiempo para iniciarla en los misterios del supermercado (ya es devota de Mercadona, bendito Dios, JA), darle informaciones generales sobre catalunya y los catalanes, supervisar sus habilidades de conductora internacional. No alcanzamos a ver a los amigos y amigas que tantas ganas teníamos de ver pero ya habrá oportunidad, porque pensamos ir a Barcelona muy muy seguido a visitar a los primos.
Además del apapacho familiar fue un viaje intenso e importante. Eso de andar por la línea 3 del metro con mis dos pitufas colgadas de la falda fue muy bonito. En mis tiempos de estudiante conocí gente maravillosa y recorrimos juntos Barcleona entera, pero andar por esas mismas calles, restaurantes y librerías con Halima y con Fátima me hizo sentir que nunca había estado tan bien acompañada.
El momento más surrealista fue salir del parking de la Catedral. En ese mismo cuadrante compartí casa con una querida amiga, me comí doscientos gnoquis napolitanos con un mega brother, caminé bailadísima y feliz de vuelta del Luz de Luna, descubrí mágicos tocadores de laúd con mi carnalita colombiana, escuché leyendas maravillosas sobre alquimistas y enamorados de mi cómplice derviche del doctorado y así y así. Sólo que esta vez iba al volante de una camioneta familiar con GPS, llena de asientitos infantiles, tripulada por mis dos hijas y mi sobrina y con mi prima de Monterrey de copiloto. ¡TREMENDO!
No pude hacer diker, no pude ver a mi amiga que se muda, no me tomé un café cerquita del Call ni retomé el hilo de una conversación que dejé hace tiempo. No llamé a Verito, no abracé a Gera, ni siquiera pude encontrame con Mabel. No le presenté a nadie a mi primita corazón. Pero le di la bienvenida y cerré muchos círculos que se habían quedado abiertos entre las calles de Barcelona.
Fue una visita express, hermosa y llena de regalos. Espero que la próxima vez se pueda extender a las demás personas de mi corazón que siguen en Barcelona.
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