Tuesday, March 13, 2012

¿Y dónde están los poetas?

Hace rato me pregunto si los escritores no deberíamos estar haciendo algo respecto a la violencia en México. Si yo no podría hacer algo con mi escribiduría para ayudar a resolver un problema que a penas conozco y no logro entender. Y me da harta vergüenza no haber encontrado todavía el modo. Así que me permito hacer eco de este artículo de Luis Felipe Lomelí y de su pregunta: ¿O será que somos tan malos escritores que nuestras palabras son huecas, que no dicen nada? ¿Será que somos tan malos que nuestras palabras no conmueven a nadie?


Los balazos están bien lejos
11 de marzo de 2012

 
Para mi familia.
Y para Alejandro del Bosque, 
de quien copio la estructura de este texto.
Los balazos están
“Estamos bien, güerejo, no te preocupes”. Eso dice el recado de mi madre. Es lo único que dice el mensaje de texto y yo no tengo idea de por qué me lo envía. Así que mi primera reacción, por supuesto, es preocuparme. Y enseguida llamar a Guadalajara. 
“Si hasta se me hizo raro llegar al banco a medio día y llegar directo a la caja: no había filas ni nada”, me dice por teléfono luego de relatarme lo que ha pasado y confirmarme que, efectivamente, están bien: ella y mis tíos, mi hermana y mis sobrinos. Pero el recuento de los daños es, de algún modo, la historia de mi vida en la ciudad de mi infancia.
Uno de los carros incendiados lo pusieron en la calle de Isla Raza, a un par de cuadras de donde vive actualmente mi madre. Ahí, precisamente, donde a veces voy a comprar birote cuando estoy de visita. Otro de los retenes fue en avenida Arboledas. Ésta queda un poco más lejos, pero igual es una calle que camino cada que voy para allá y donde está un café que frecuento desde que estaba en el bachillerato. Y ahí no para la cosa.
La peor balacera fue en Paseo del Rocío. Una calle de dos cuadras con un nombre muy pomposo para estar llena de edificios de interés social, en un barrio que, igual, quiso ser fresa y le pusieron “Lomas Altas”. Precisamente el barrio de mi infancia. Ahí crecí, mudándonos cada dos o tres años porque los dueños nos corrían para poder subir la renta. Y viví, exactamente, en Paseo del Rocío. No recuerdo el número de mi casa. Y temía que saliera en el noticiero del viernes en la noche, que fuera la misma. No salió, o tal vez fue remodelada y no la reconozco. Pero igual recordé cuando hace casi 20 años, cuando perseguían a Caro Quintero, la calle se llenó de los muchachos de la policía secreta porque se rumoraba que ahí vivía una de sus queridas (siempre imaginé que era Sara, la de El Tri, nunca lo supe). También, hace años, en la misma cuadra un vecino se volvió loco y mató a toda su familia antes de darse un tiro. Yo lo saludaba cada que iba por las tortillas.
Y ahora, ahí mismo, la que pudo ser mi casa, o la casa de al lado, tiene los muros cacarizos de balazos y esquirlas de granada. ¿Será? ¿Serán los mismos muros tras los que yo me sentía protegido de niño?
 
Los balazos están bien
“Mataron a un niño”. Eso fue lo que dijo una mamá que tiene a su hijo en la misma escuela donde están mis sobrinos. Y se desató el caos. Las madres querían llegar por sus hijos. No podían. Los niños lloraron porque no sabían si al que habían matado era su hermanito que está en otro salón. No podían saberlo. A las madres se les recomendó no acercarse a la escuela y; a los niños, no salir del aula. Todos lloraron. También las madres y los padres. Y después del llanto, de la impotencia; luego de saber que no habían matado a ningún niño de la escuela pero haberlo sentido, haber imaginado que era el propio, que tenía el cuerpo destrozado, que estaba muerto y lleno de sangre –en partes seca, en partes a medio coagular--, después de haber imaginado el funeral, el ataúd pequeño, de haber mirado su cuarto y sus juguetes, el montoncito de ropa que siempre deja a lado de la cama porque nomás no hace caso de echarla al cesto, haber tocado su piyama de carritos o princesas, seguro, porque ¿qué más se puede hacer si no puedes llegar a la escuela, si no puedes corroborar si está vivo?, después de prepararse un té de tila para los nervios y llamar a las otras madres o padres por el teléfono fijo (porque la red de teléfonos celulares estaba caída, ¿quién la tiró?, ¿o nomás se cayó solita?), después, seguro, después de eso y mucho más llanto y muchos recuerdos, vino la rabia. 
¿Cómo culparlos?
Cómo culpar a alguien, en estado alterado, que justo acaba de imaginar que acribillaron a su hijo, que lo sigue imaginando aunque ya sabe que está vivo (sí, porque una vez que uno imagina algo así, porque una vez que uno siente algo así, es difícil dejar de sentirlo inmediatamente; es difícil, incluso, dejar de sentirlo por varios días), cómo culparlo de que sienta rabia y quiera que maten a todos los que andan matando gente, que hagan lo que sea necesario, cualquier brutalidad, con tal de que su hijo siga vivo y puedan vivir en paz.
No hay manera.
No hay manera de culparlo: somos humanos y la rabia también es humana. 
“¡Los valientes no asesinan!”, gritó el poeta Guillermo Prieto al pelotón que iba a fusilar a Juárez. Y los detuvo. Y el pelotón bajó las armas. ¿Y ahora? ¿Ahora donde están los poetas que podrían usar la palabra para detener la sangre?
 
Los balazos están bien lejos
Los escritores norteños escribieron sobre lo que se avecinaba desde hace más de 15 años. Pocos pelaron oreja pues, seguramente, tenían cosas más importantes qué hacer. Otros comenzaron a alzar su voz hace menos tiempo: Nuestra aparente rendición, coordinada por Lolita Bosch, o la campaña “No más sangre”/ “Basta de sangre” de los caricaturistas Rius, Hernández y Patricio. Aunque, sin duda, lo que llevó a más gente a las callse fue el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado hace casi un año bajo el luto del asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia.
A este último, en su momento, se sumaron casi todos los escritores e intelectuales del país. Y gritaban a las cuatro cantinas que habían estado “en la marcha con Javier”. Luego, sin embargo, un año después, parece que les volvió a ganar la premura de hacer otras cosas importantísimas y se alejaron del movimiento, de cualquier movimiento. 
Por ejemplo, de lo último que me enteré que estaban haciendo mis amigos poetas era, para variar, pelearse entre ellos. Uno se pasó cuatro horas (eso declaró en Facebook) editando un video de Hitler para burlarse de sus ex-amigos. Y tuvo una respuesta multitudinaria. Cantidad de poetas renombrados, como Ernesto Lumbreras, y otros no tan renombrados, lo felicitaron abiertamente; y, los tímidos, nomás le dieron clic al botón de “Me gusta”. 
¿Para esto nos da la poesía?
¿Qué pasaría si los poetas y demás intelectuales dejáramos de hacer esas cosas importantísimas que hacemos y nos pusiéramos a hacer lo que tenemos que hacer: escribir?
Para los que digan que la palabra no cambia nada les recuerdo, de nuevo, a Guillermo Prieto. Pero si no quieren ponerse ante los pelotones de sicarios a declamar (asunto muy válido) ni tampoco quieren escribir sobre la violencia, les recuerdo, por ejemplo, a Sabines, o a Efraín Huerta. 
¿Quién puede leer a Sabines y, después de cuatro versos, seguir recordando sus preocupaciones cotidianas? Eso. También podemos hacer lo que sabemos hacer: convocar la belleza. Porque cuando uno lee un texto hermoso, un texto que atiende a la condición humana y a la maravilla del mundo, uno siente que vive en un mundo mejor. Y actúa en consecuencia. Y el mundo, dijera Octavio Paz, “cuando dos se besan el mundo cambia”. 
¿O será que seguimos creyendo que estamos seguros tras nuestros cuatro muros (como los muros de mi infancia)? ¿Será que sólo reaccionaremos hasta que caiga a balazos alguno de nuestros seres queridos? ¿O será que somos tan malos escritores que nuestras palabras son huecas, que no dicen nada? ¿Será que somos tan malos que nuestras palabras no conmueven a nadie?

Sunday, March 04, 2012

Sueños, decepciones, consagraciones

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Revelaciones y yoga
 As salam aleikum. La novedad es que ¡hago yoga! Después de años y años de resistirme al yoga porque me parecía aburrido, he aquí que me encuentro con un maravilloso médico hindú cuya premisa básica es que casi todo se cura con yoga. Lo que hace es enseñarle a la gente los ejercicios que su cuerpo necesita para recueprarse y mantenerse fuerte. ¡Genial!

Al principio fue una verdadera tortura y eso que empecé por unos pocos minutos. ¿El problema? ¡Qué demonios hacer con mi cabeza mientras tanto!!!! Después de un mes y pico esa hora de yoga es un regalazo, porque es una hora conmnigo misma. La mayor parte del tiempo logro que mi mentecita esté aplacada, los pensamientos pasan allá lejos como un río del que sólo se escucha un murmullo leve. A veces, incluso, me olvido de ella y sólo me acuerdo porque la escucho preguntar por sí misma después de un rato: "¿y dónde está mi mente?"

Y mientras tanto hago mis "prácticas del corazón": permanecer centrada, observar, percibir, comprender.

En una de esas horas maravillosas recibí un gran regalo, fue como si me hubieran devuelto el don, el sacerdocio de la palabra y me sentí muy muy feliz. Sentí claramente dentro de mí los poemas sólidos, concretos, brillantes como piedras preciosas y me puse a escribir.

Mawlana Rumi ¿por qué me haces esto?
Justo cuando pensaba anunciar a los cuatro vientos que volvía a las andandas me topo con un poema de Rumi y me dan ganas de tirar todo lo que he escrito a la basura y no volver a escribir ni una sola palabra nunca más ¿para qué, si todo está dicho ya?

Aquí estoy yo tratando de saltar mis charquitos (que me parecen océanos) y poner en el mundo una sola chispa de la luz que tengo dentro. Y entonces viene Rumi con su torrente de claridad, con su precisión, con su absoluta belleza y digo: yo no he visto nada, él ha visto, yo no he sentido nada, él ha sentido, yo no sé nada, sólo que dice la verdad. Mejor esmerarme en mis pasteles sin gluten y mis menús vegetarianos.

Y yo que me creía de nuevo sacerdotiza de Apolo, ya puedo reirme de mí misma y de mi ego. Mis "fans" tienen razón de sentirse decepcionados. Yo también creí que iba a ser escritora, que iba a contribuir al mundo sembrando mucha mucha belleza. No sabia que la prolactina me iba a hundir en el silencio.

¡Quiero que me devuelvan la música y las letras! No voy a jurar en contra de ninguno de los dioses, no es buena idea, pero sí voy a prometerme a mí misma hacer el esfuerzo, dejarme el alma si hace falta en sacar de la región oscura lo que visto, lo aprendido en este tiempo, y sólo puedo hacerlo en forma de poema. Es la forma conocida que más se acerca a la Realidad.

Un día alguien que me quería bien me dijo que yo no tenía oficio, que tenía talento. Así que ahora apostaré por el oficio, y bien sabemos que el oficio de escritor es cuestión de "hora nalga". A partir de ahora me doy dos horas diarias para leer-escribir-escuchar música.  Y si algo baja, alhamduliLah.

Tejiendo sueños
¿Que cómo voy a hacer para sentarme dos horas a escribir además de la hora de yoga? Pues con la ayuda de mi santo marido que ya no tiene trabajo y le está atorando bien chido a colaborar con casa y niñas. Con el sólo hecho de que se ocupe de llevarlas y recogerlas del cole ya tengo dos horas más por la mañana, una para yoga y otra para escribir. Sólo e falta buscarme una horita más cuando todos duerman.

¿Que cómo vamos a sobrevivir si mi marido no trabaja? Pues sí, esa es una buena pregunta. Estamos sintiendo para dónde va la brújula y, hasta ahora, apunta al norte de África, aunque asegurando un pequeño refugio en México por si hace falta un plan B.

Durante el día voy tejiendo sueños de lo que sería nuestra vida en Libia rodeados de familia, que es rodeados de cariño, de alegría, de ayuda. Un marido relajado, feliz, todavía más atento y colaborador (curioso, ¿verdad? Libia le sienta bien). ¿Y si ponemos una tiendita de artesanía de México, Marruecos, India, con una tetería adosada donde poner mis pastelitos y tartas? ¡Un horno industrial, para mí solita!!!! ¿Y si doy clases de cocina? Al principio necesitaré una traductora, claro, pero ¿no hay gente qeu vive de dar talleres por todo el mundo con ayuda de intérpretes y traductores? ¿Y si hacemos un espacio recreativo familiar en el terrenito, con granjita, puestecito de comida, juegos infantiles, con un par de ponys para dar paseitos? ¡¿Y SI PONEMOS UN TEATRITO DE MARIONETAS Y VAMOS LLAMANDO A LAS COMPAÑÍAS QUE SE DEJEN PARA HACER FUNCIONES TODOS LOS SÁBADOS????!!!!!! ¿Y si también le poneos un rincón de lectura para grandes y chicos, y una pantalla grande para proyectar pelis bonitas????? ¡Volver a la Universidad! Primero para tomar clases de árabe, luego para dar clases de español, quizás.

Ya sé que no todo es feliz y que incluso lo más feliz cuesta su esfuerzo, que tendré que hacer amigas, aprender a moverme por mí misma, que el árabe no es idioma fácil y que al principio me sentiré analfabeta, que salir siempre con la cabeza tapada a la calle es un rollo, que son otras costumbres...¿Y qué me pondré en verano? ¿Podré nadar en la playa??? Nada de escuelita alternativa, nada de medicina alternativa...Bueno, Dios dirá. Ahora que las niñas y el Habibi tienen la nacionalidad española podemos venir aquí siempre que queramos. Y, si todo sale bien, también tendremos un rinconcito en el Caribe a dónde escaparnos en caso de tormenta de arena.

Así que ahi les encargo sus oraciones para que los pasos que tengamos que dar estén bien claros, y que sepamos escuchar cuál es el lugar donde Dios quiere ponernos. Y ya de paso que los cambios que tengamos que hacer vengan con facilidad y protección. Y yo rezo porque Allah le de salud a nuestro amado maestro Mawlana Sheij Nazim al-Haqqani y nos permita estar conectados de corazón, al.Faaaatiha.


la imagen de la sacerdotiza está tomada de: http://mujeresabias.wordpress.com/5-sacerdotisas/
"Trabajo de investigación sobre la Energía Femenina Sagrada en el Movimiento Pneuma"
¡gracias hermanas!