Por fin, con el paso de las lluvias, los vientos, las tormentas, vuelve en nuestro trópico la claridad solar, y en nuestra "estación del alma" se enciende el farol otoñal que cantan los niños en el cole, con aquella misma canción que cantaba Halima en su primer kinder:
Yo voy con mi farol
y mi farol va conmigo
arriba brillan las estrellas
y abajo brillamos nosotros...
Efectivamente parece que empezamos a oler ya la calma, no la calma total y relajada, pero sí un ritmo un poco más pacífico ¡espero que no sea sólo el ojo del huracán sino su despedida hasta la siguiente temporada vital!
El comienzo de la temporada de huracanes en el Caribe coincidió con el comiendo de nuestra "nueva vida": escuela, trabajo, horario, rutina, achaques...Fue como si de pronto me hubieran dado cinco pelotas para hacer malabares sin haber nunca podido entendérmelas con una sola. Ahora (bendito Dios) estoy aprendiendo a hacer mabares con pelotas como todos los niños de nuestra escuelita; primero con una, lanzada cien veces al aire y vuelta a atrapar sin que caiga al suelo una sola vez. Cuando lo logras añades una pelota más, y así cien veces continuas hasta que puedes con tres y con cuatro pelotas. Parece una tontería, pero ese simple ejercicio da al cuerpo y a la mente un aprendizaje definitivo, una especie de estabilidad.
La red sobre el abismo
Uno de los milagros que han pasado en las útlimas semanas ha sido conocer a E, una chica maravillosa que ha llegado a la escuela y que nos encanta. En la búsqueda de un ritmo más sano para las niñas necesitábamos desesperadamente alguien que pudiera quedarse con ellas en casa durante las tarde de junta, para que no tuvieran que hacer jornada de 12 horas de trabajo como su mamá. Pero ¿de dónde íbamos a sacar a alguien de confianza para dejarle niñas y casa? En general se necesita TIEMPO para la confianza. Sin embargo E es casi como una tata: jovencita, cariñosa, juguetona, inteligente, de carácter despreocupado pero súper responsable ¡y libre por las tardes!!!
El primer día que E tuvo que marcharse después de haber pasado la tarde jugando con Fati, Fati la abrazó y le dijo ¡no te vayas no te vayas no te vayas quéeeeedate a viviiiiiiiir! Y entonces me di cuenta qué solitos estamos. No porque E no sea digna de tal pasión ¡al contrario! Sino porque me di cuenta de que no tenemos más niños y adultos a nuestro alrededor que nos arropen, o con los que formemos una verdadera familia cercana, un equipo, una red de protección. Claro que están nuestros amigos de la escuela, gente maravillosa, pero aún no hemos tenido tiempo de atar de verdad esos nudos de HACER LA VIDA CON LOS OTROS. Cada familia está tan ocupada, tan saturada de trabajo, tan liada con su vida social y familiar...Nosotros mismos tenemos tan poquito tiempo libre que cuando llega el fin de semana lo que queremos es estar juntos, vernos las caritas y decir: sí, aquí estamos, seguimos juntos, seguimos siendo nosotros.
Eso es lo que se deja atrás cuando uno se cambia de sitio, esa red que se va construyendo a base de TIEMPO compartido (muchos dikers, muchas celebraciones, muchas reuniones de grupo de crianza, muchos viajes en coche, muchas tardes de parque, muchos desayunos entre mamás, muchos corderos cocinados a cuatro manos, muchos viajes a Chipre, muchas jornadas de lactancia). Por más buena disposición que tengas, si no tienes tiempo para pasar con el otro o los otros nunca llegarás a conocerlos ni a apreciarlos, nunca podrás trabajar en equipo con ellos aunque exista entre ustedes un objetivo común. ¿O será que yo tengo un ideal tribal demasiado apelotonado? ¿será que tengo una expectativa demasiado pegajosa de vida en comunidad? ¿como si quisiera seguir viviendo con mis tíos y tener a la distancia de un brazo una risa de hermana, una broma de primo, un sabio consejo de madre-tía, una conversación reveladora con un tío-papá? ¿como si quisiera vivir perpetuamente en la casa de invitados de Mawlana y tomar té todas las tardes con mujeres mágicas mientras mis niñas juegan con otros duendes, cocinar todas las mañanas con hermanas de los cuatro rincones de la tierra, ir juntas a rezar...? ¡Ah, sí, eso es lo que mi corazón anhela, la yama'at, la cofradía espiritual!
Total, que algunos espíritus afines sí que vamos encontrando. Tengo una vecina increíble, con botas, capa de heroína e hija como las mías (creo que ya les había contado de ella), tenemos a súper E, tata adoptiva; tengo a mis súper compañeras del cole que ya me inspiran un GRAN cariño y son como una promesa de amigas del alma, como cuando ví por primera vez a Verito o a Chayo y SUPE que en un poco de tiempo nos uniría una gran amistad. Y un par de comadres muy chidas... Tengo a mi amada prima que aunque no veo mucho con los ojos del cuerpo, está siempre presente en los ojos del alma y tiene dotes de hada madrina igual que su mamá. Esa es una cosa linda de estar aquí: en España no era nadie, yo nomás. En Libia era "esposa de". Aquí soy la prima de Marieanne, que para mí es un poco como haber vuelto a mi casa natal, a la protectora sombra familiar, a la raíz norteña y "centreña". Vuelvo a ser hija de mis padres, nieta de mis abuelos.
Con todo, me sigue impresionando esa montaña de tiempo que nos queda por delante para tejer y hacer funcionar esa red de afecto y colaboración necesaria para una vida feliz. Ocho años tardamos en Azuqueca para tejer esa red, aunque en Barcelona sólo tardamos dos ¿cuánto tiempo tendrá qué pasar aquí para sentir bajo los pies esa red de salvación?
Haciendo equilibrios
Otro maravilloso encuentro: médica-acupunturista. Cómo se rió de mí con mi zodiaco chino: ¡dragón de fuego! es que ustedes los dragones tienen tan claro que no pertenecen aquí, que se la pasan encabronados por tener que departir con esta bola de pendejos, ¡ya relájate! o aprendes la humildad o te va a ir como en feria, wey. Además de mucha risa me encendió una luz dentro: el equilibrio y la humildad, eso es lo que tengo que aprender en esta estación de mi vida, a riesgo de mi propia vida, claro está.
¿Por qué el equilibrio? Porque abarco con mi mirada los extremos de las cosas (la salud, la alimentación, la educación) y me doy cuenta que no puedo seguir viviendo en ninguno de ellos. ¿Por qué la humildad? Porque hay cien mil cosas que quisiera hacer pero tengo que aprender a sondear mis límites (de tiempo, de salud, de energía, de dinero) y no sobrepasarlos. Y decidirlo desde mi centro, no desde lo que otros hagan o dejen de hacer, piensen o puedan pensar, aunque sean "otros" muy importantes como mi pareja o mis compañeros-jefes de trabajo, o mis hijas. Mi centro. ¿No es impresionante que un equilibrista pueda atravesar un abismo con solo permanecer en SU propio centro?
Humildad: no puedo ser la mejor mamá, maestra, esposa, amiga, hija, cocinera, yo, pero algo soy de cada una y ese poquito puedo intentar hacerlo con el máximo cariño. Equilibrio: el centro de MI vida, tiene que ser MI centro, y ningún otro. Sólo yo sé hasta donde puedo y hasta dónde debo, mejor dicho, tengo que ponerme atención para saberlo. Ya sé, no es nuevo, es la misma lección de siempre. A ver si ahora sí me la aprendo.
Poco a poco voy renunciando a mis extremos y encontrando mis centros. Cada evento, cada encuentro es una piedra lanzada en mi espejo de agua y me va indicando con las ondas que deja por dónde ir, dónde buscar.
Insha'Allah pronto vayamos encontrando nuestra fórmula para estar bien aquí con todas las variables.
Epílogo
Quería contar muchas cosas de la vida y de mi trabajo, pero tendré que dejarlo para otra ocasión. Sólo les comparto, por ahora, que volver a primaria, a ESTA primaria, está siendo muuuuuy sanador. Es como si la vida me hubiera dado permiso de volver a ser niña, pero sin olvidar todo lo que he aprendido por el camino ¡es un absoluto regalo!
Les pido sus oraciones de luz para nuestro proyecto de escuelita, para que siga su impulso de ser un espacio generador de SALUD para todos los involucrados y nos lleguen muchas muchas ayudas duraderas y fortalecedoras.
Queden con Dios y hasta la próxima.
(la imagen de la equilibrista la tomé prestada de: http://mattrioska.blogspot.mx/2013/03/la-equilibrista.html)



