Friday, February 22, 2013

Reencuentros




Vic en el Paseo del Prado
Salimos de casa un poco después de despuntar el alba, porque aquí en España el alba despunta muy tarde, y nos lanzamos a Madrid a un día muy lleno de reencuentros. El primero de ellos con mi gran amigo Vic, después de cuatro años. Llegamos a Neptuno justo a tiempo y entramos en el Starbucks cargados con las sillas de coches de las niñas, la mochila de sus cosas, nuestros legajos de trámites y mucha emoción.

Ver a Vic después de tanto tiempo fue como me lo había imaginado: como si hubiéramos estado ayer mismo tomando café o paseando por Monterrey. La misma alegría, la misma frescura, el mismo cariño. Me contó muchas historias de lugares y personas muy queridas. Fue muy curioso tratar de imaginar ese lejanísimo territorio natal, esos rostros conocidos ejerciendo roles desconocidos.

Qué gusto poder acompañarlo fugazmente por sus recientes viajes y aventuras, celebrar sus logros, y sentir entre sus palabras un poquito del calor de mi tierra, los viejos amigos, los viejos lugares. Qué ilusión simplemente imaginar la posibilidad de recorrer aquellos espacios nuevamente y compartir con aquellas personas lo que he aprendido estos 10 años.

¡Gracias Vic!


Un café con Xavi Alonso
Si ustedno sabe quién es Xavi Alonso yo se lo diré: uno de los jugadores de fútbol más guapos de Europa, campeón del mundo, campeón de Europa y no sé cuantas cosas más.

Mientras subíamos por la Carrera de los Jeronimos hacia el consulado de México, mi amado tormento comentó: Jo, yo me quería tomar una foto con Xavi Alonso, pero Halima no me quiso acompañar.

¿Con Xavi Alonso???? Ya me parecía a mí que había visto a alguien conocido en aquel café, pero pensé que era alguien de nuestro remoto pasado y no de nuestro presente televisivo. ¡Me lo podías haber dicho a mí! Yo sí que me hubiera tomado una foto con él, pero claro, a lo mejor él no hubiera querido tomarse la foto conmigo.

Y me quedé pensando qué divertido hubiera sido poner esa foto en mi muro del feis. Ja.

Por su parte, Halima y Fátima se fueron con nuestros amigos Fouzia y Gibril a desayunar croissants, donuts, leche con chocolate; a disfrazarse, buscar tesoros, comer pizza y finalmente ya todos juntos, disfrutar de un parque y golosinas. Fue como un día de Navidad, como un cumpleaños. Se la pasaron tan bien que querían quedarse a dormir en casa de los tíos. Esas pequeñas cosas que tanto les gustan pudieron disfrutarlas a lo grande. Sí es bonito Madrid. Y es una delicia poder estar cerca de estos amigos.

Salsa de granadas con nuez
Ya todos juntos tomamos un bus para encontrarnos con más amigos entrañables en un lugar muy especial: un pequeño rincón iraní en pleno centro.

El cariño auténtico tiene un sabor especial. Esta vez sabía a arroz basmati y salsa de granadas con nuez ¡mi plato favorito! Y también a cuscús marroquí. A historias de siete meses, a risas, a abrazos, a cambios profundos o, mejor dicho, a procesos de transformación.

Fue curioso constatar como muchos, por o decir todos nosotros, estamos en transición aunque de maneras diversas, fue hermoso sentirnos parte de una familia de andariegos y ver que aún estando en diferentes espacios físicos, seguimos siendo compañeros de camino.

Salí de Persépolis, ese sitio mágico, con la inmensa alegría de volver a abrazar a amigos tan queridos, con infinito agradecimiento por estar rodeados de tantísimo cariño y también con la incógnita de por qué nos quieren tanto y cómo podríamos corresponder en modo alguno a todo lo que nos dan.

La bisabuela Bertha en el dentista
Después de cinco meses de intoxicación mercurial, llegué por fin al consultorio de María a retirarme el empaste que tantos problemas, pero también tantos aprendizajes me trajera.

Resulta que María es de estos profesionales de la salud que te descubren los fondos emocionales de tus síntomas físicos. Y en mis muelita que, yo ya sabía, se guardan las herencias familiares, ella encontró la historia de una mujer que se había visto forzada a adoptar una situación que detestaba, ¿un matrimonio forzado, un cambio de residencia? Una mujer que se quedó desprotegida. Esa sola fase me dolió en el alma, ¡una mujer de mi casa que se quedó desprotegida, sola, vulnerable, forzada a hacer algo que no quería!

Me puse a buscar entre mi línea materna, y no encontré nada así. Entonces empecé  a escuchar el cacareo de las gallinas, los gritos de los jornaleros, las botas en el suelo de barro del comedor, relinchos de caballos y aquella otra frase de mi bisabuela Bertha: ¿por qué me trajiste a enterrarme en esta hacienda?

A principios del siglo pasado, mi bisabuela tuvo que seguir a su marido a Dos Cerritos, a administrar la hacienda de su familia. No sé lo que representaría para una mujer como ella dejar la cosmopolita Ciudad de México y a su familia, para trasladarse con marido e hijos a un rancho en medio de la nada, pero he leído el cuaderno que llevaba la bisabuela y esa frase no se me olvida. Ni que tuvieron que hacer frente a las correrías de insurgentes y federales en plena revolución, a epidemias. Recuerdo su cansancio atendiendo a toda la familia y sirvientes que cayeron enfermos, su preocupación por su bebeé de cinco meses que permanecía en la última habitación de la casa con una niñera para evitarle en contagio, y que de todas maneras se murió.

Ahí, tumbada en el sillón súper moderno de mi súper dentista holística, empezó a inundarme la tristeza, la suya y la mía. Y empezó a fluir la información. Los versos de Hacienda, aquel poema que escribí con 16 años y que ganó un premio nacional, en el que una mujer vaga por los pasillos de una hacienda y se revuelve contra su destino. Sólo después, cuando vi con un poco de conciencia las memorias de mi abuelo Julián comprendí que aquellas imágenes las llevaba en la sangre.

También recordé mis días en Benghazi, donde la abuela Bertha y los sonidos del rancho me rondaban cada vez que me ponía a hacer "limpieza" en el sector  de antepasados. Y recordé, por supuesto, mi propio enfrentamiento con mis miedos, mi propia sensación de vulnerabilidad, de soledad, de desprotección que Benghazi me permitió trabajar.

Así, con todo ello, di por concluida una de las etapas más oscuras de mi vida, con un empaste blanquito y una endodoncia. Que conste, lo oscuro no fue Benghazi, sino aquellas sombras de mi alma que ahí encontraron sitio para salir y transformarse, alhamduliLah.

Vuelo nocturno

Esta mañana al verter el huevo en la sartén se ha formado una gacela saltando, o un jaguar al acecho, me pareció. Halima dice que es más bien una gacela que quiere saltar mirando hacia atrás.

Me parece que poco a poco voy reconociendo la geografía de mi corazón. Soñé que estaba en la casa de mis tíos de Puerta del Sol en una boda, pero la casa con toda su gente estaba en Barcelona, donde mi prima Beatriz. La tía Yvonne había venido a visitarnos. Cuando por fin estábamos todo listos nos íbamos a la boda que tenía lugar en una mezquita de Chipre. Aquello estaba lleno de mujeres con lujosas túnicas, todas se agolpaban alrededor de una vestida de verde profundo con bordados en oro, y decían que era la hija de Mawlana. Mi cuñada Amal, mi suegra y yo obervábamos desde un rincón.

Cuando terminaba la boda me acordaba que tenía que ir a la clínica del IMSS a preguntar a la doctora algo que se me había olvidado. La clínica estaba en Avenida Colón bajo los pilares del metro, pero al entrar me daba cuenta que me encontraba en el hospital de Benghazi. Lograba explicar a la enfermera en mi árabe mínimo que no tenía cita pero que sólo necesitaba aclarar una cuestión. ando por fin llegaba al consultorio la doctora no estaba ahí, así que decidí bajar a esperar a la plaza conquistadores (¿se llama así esa placita de Playa del Carmen donde vuelan los de Papantla?) a sentarme en una banca.

Tan pronto me sentaba con todo mi cansancio aparecía Chayo con la olla del cuscús de Mabruka, que dada la vuelta nos servía para ponernos a cantar aquel paseo vallenato que dice: una sola mirada nos bastó el primer día para saber que seríamos amantes...Y llegaban más amigos dispuestos a seguir la parranda. Entonces recordaba que Chayo es médico y que a ella también le podía preguntar.

Creo que después cogí mi coche y me fui a dormir a casa, o quizá me quedé otro rato de fiesta en la plaza del hospital.

Por la mañana le conté el sueño a Halima y le enseñé a bailar vallenato en nuestra cocina de la sierra de Madrid. "Y nos dimos con fuerzas un beso, que por siempre uniría nuestras almas" sigue sonando en mi cabeza y revoloteando en mi corazón. Ciertamente mi alma está unida a muchas otras almas en muchos puntos del planeta. El paisaje de mi corazón está lleno de grandes amores que profeso a personas maravillosas que se me han cruzado en diferentes caminos. Y cada uno de esos amores brilla con destellos dorados, como una llamita cálida, o como un incendio en mi interior.

Tuesday, February 19, 2013

Nuestros refugio invernal





Amo la nieve, su blancura, su discreción. Amo verla volar hacia la tierra como la promesa de un abrazo, amo su tacto helado y limpio. La nieve borda todo de quietud, de calma, parece una amable anfitriona que dispusiera un colchón para los sonidos. Sin embargo cruje bajo los pies, adorna las pisadas con ese brillito en los oídos y como la arena se deja dibujar, amontonar, modelar. Amo la nieve.

Aqui estamos




Foto



Monday, February 11, 2013

Finally Spain

Mis últimos días en Benghazi los pase casi enteros en cama. Ahora, ya en España, escribo desde un iPad prestado que me corrige automáticamente la ortografía porque que no tengo idea de donde están los acentos. Tampoco puedo escribir en inglés, como quisiera, para que pudieran leerme mis hermanas libias, pero ya pondremos internet en nuestra computita y vendrá la revancha.

Seis días con Fátima enferma y la mudanza acabaron conmigo. Mientras yo me acurrucaba bajo mis mantas, escuchaba el trasiego del Habibi bajando las últimas cosas de guardar al armario gigante de mi suegra, limpiando, lidiando con las niñas...me levanté para lo esencial, pude irme a despedir de mi querida J y logre estar en pie y aguantar las doce horas de viaje Benghazi-Túnez-Madrid-Cercedilla.

Ahora me siento agotada, pero infinitamente más segura que en Libia. No porque tema ninguna contingencia bélica, honestamente siento grandes esperanzas de que toda la fuerza y emociones que están generando estos dos años de revolución se conviertan en potencia para acelerar los cambios necesarios, en ilusión y energía que alimente un nuevo movimiento de cariño entre las personas y de ganas de poner las cosas en el sitio en el que deben estar. Mi sensación de seguridad obedece a algo mucho más sencillo. En este país puedo resolver por mi misma casi cualquier asunto, emergencia, trámite o antojo. El tráfico no nos come, la basura no nos acongoja, se lo que voy a encontrar en cada supermercado y en cada tienda. España y yo somos viejas amigas y nos entendemos bien.

Hay muchas cosas, sin embargo, que extraño de Libya. A mis hermanas, las Ben Hmeid y la malaya, primero que nada, a mi suegra, a mis sobrinos...extraño el athan volando por el cielo, el mar, la música de la lengua árabe, las visitas inesperadas, la comida, el edificio familiar, los dátiles. Extraño mis postres porque aquí todavía no tengo horno.

Estoy disfrutando mucho, eso si, la suavidad de España, mi tierra adoptiva. Nos ha recibido la nieve, además del calor de nuestra familia espiritual y nuestros amigos y amigas del alma. Estamos disfrutando con muchos sabores que añorábamos, con toda la calidez de la gente que nos rodea, nos mima, nos protege, y también estamos disfrutando como enanas de la nieve. Anoche nuevo sin parar y esta mañana no pudimos ni sacar el coche, así que me fui a dar un paseo con mis hijas, intentamos hacer un muñeco de nieve, se tiraron al suelo ha hacer ángeles.

Al final, como era de esperarse, el Habibi ha caído enfermo. Yo intento que el agotamiento no me traicione, me suele transformar en mama monstruo, y aprovechar este retiro invernal para inventar momentos entrañables con mis niñas: ver revistas, contar cuentos, cantar, jugar, pintar, sentarnos frente a la chimenea. No se sí haber perdido la espontaneidad y la creatividad necesarias para pasar ratos felices con mis hijas, últimamente me siento tan cansada, tan estresada, que huyo de ellas más que acercarme para darle el apoyo que estas transiciones merecen. Me gustaría que sintieran que, pase lo que pasen, tienen a su mamita, pero si no soy dueña de mi misma ¿cómo?

El proceso digestivo esta intenso, porque Libia es toda intensa. Hemos vivido momentos preciosos y otros dignos de dejar atrás. Y aunque la experiencia ha sido en suma un regalazo que la Vida nos dio y el balance claramente positivo, quedan muchas cosas por colocar para poder sacarles el máximo provecho ya las vivimos.

Gracias a Dios estamos juntos y estamos bien. Ahora nos quedan por delante unas semanas de reencuentros, de trámites, de abrazos, de comida rica, de ajustes, y también de mucha añoranza. Libia se ha quedado bien metida en nuestro corazón, y rezamos porque las cosas allí vayan fluyendo hacia el Bien, hacia la Vida, hacia la Alegría. Que Dios proteja a nuestra familia Libia y permita en que en todo el norte de África se instaure de una buena vez La Paz.

Y siento la escritura rara, no se cómo corregir este texto ipadico.  Y las fotos de la blancura invernal se las debo pala próx.