Pleno verano: cuarentaytantos
Me parece increíble que se me haya pasado todo el verano sin escribir. En verdad fue un verano de hacer y sentir, más que de pensar. A pesar de las amenazas sobre el fiero calor cordobés, que veníamos escuchando desde el otoño anterior, las vacaciones resultaron extremadamente felices y relajadas. Después de vivir en el Caribe, ya nada es calor.
Sí, tuvimos nuestros buenos cuarentaytantos grados,. Sí, la gente se esconde en sus casas a partir de las dos y no vuelve a salir hasta las nueve de la noche, Sí, los parques están vacíos hasta que empieza a ponerse el sol. Sí, hubo días en que abrías la ventana a las diez de la noche para que entrara el fresquito y lo que entraba era una bocanada de aire de horno que te hacía volver a cerrar inmediatamente. Pero aún así, disfrutamos como enanas (no puedo decir lo mismo del Habibi, a quien le tocó trabajar en el campo, por primera vez en su vida, y con semejante calor).
Descubrimos el arte de cerrar la casa como se cierran las flores nocturnas: por la mañana antes de las 10 echábamos el toldo de nuestro patrio central, cerrábamos ventanas y cortinas, postigos y persianas. La casa quedaba en silencio y sombra. Sus espesos muros nos protegían. Si había que salir, lo hacíamos los más temprano posible, en todo caso antes de la una. Y después de las dos, paz y tranquilidad. Nos hicimos una rutina de limpiar casa, salir a la biblioteca o aventurarnos hasta Córdoba, para las niñas jugar, para mí cocinar, comer con papá que volvía temprano del trabajo y luego descanso, piscina en casa de amigas o pública, o bien encerrona en casa de amigos y, al caer la noche, parque, patinadero, y "estar al fresquito" (el fresquito eran como 36 grados a las 10 de la noche) hasta muy altas horas. Una vez dormida la fiera solar, la casa vuelve a abrirse poco a poco, se retiran las cortinas, se suben las persianas, se abren las ventanas. El aire invade la casa, renueva la atmósfera. Por la noche, a dormir en colchones en la planta baja, dos niveles abajo de donde pega el sol. Es como estar de campamento. Una aventura feliz.
Descubrimos la Biblioteca Central de Córdoba (¡maravillosa!) y la Biblioteca de Villarrubia, el pueblo de al lado, también muy linda. También descubrimos que se puede ir a la playa y volver en el mismo día. Salir temprano, bañarse toda la mañana en el agua fría del Mediterráneo, comer con las tatas y la tita, darse otro baño y volver a casa para tomar una buena ducha, cenar y dormir. Somos una familia con suerte.
Disfrutamos con los amigos, súper disfrutamos con los nuevos vecinos (hermanos de corazón que ahora viven en nuestro pueblo) y cuando llegó septiembre suspiramos, porque aún nos quedaban ganas de levantarnos tarde, surcar tranquilamente el día, hacer muchas cosas juntas, jugar, patinar, conocer más bibliotecas y espacios nuevos (nos faltó el jardín botánico, la ciudad de los niños, los museos...), "enrear" y "chusnear" como dicen por aquí.
Septiembre llegó con ráfagas frescas para anunciar el cambio de estación. Y luego volvió a calentar. Ya no se siente la mordida del calor seco y feroz en la piel, el aire ya no tiene aguijones. Las mañanas son frescas y también las tardes. A medio día hace un calor placentero. Si este otoño es como el pasado, tendremos verano hasta finales de noviembre, alhamduliLah.
Temporada de cumpleaños: ¡por fin 40!
Con septiembre se abrió la temporada de cumpleaños. Halima cumplió sus primeros 10. A cambio del último cumpleaños itinerante (Córdoba-Almodóvar-Órgiva-Madrid), Halima tuvo un cumple lleno de amigos grandes y chicos (ya tenemos una hermosa red de mamás y amig@s afines además de los compañeros del cole), con globos, música, un mago y muchas risas. Lo celebramos en el patio del Ateneo Popular, una casona antigua, con su patio central, sus habitaciones (ahora salones, biblioteca y oficina) distribuidos convenientemente alrededor del patio, cocinas y mucho encanto. Lo que más me conmovió fue tener la ayuda de amigos para decorar, recibir, preparar y servir, supervisar el rebaño de niños, recoger y limpiar.
Parece obvio que cuando hay un evento de estos, habrá ayuda, pero a mí me llena especialmente de agradecimiento porque me doy cuenta de que hace un año, a penas estábamos poniendo el pie en estas tierras. Once meses después, ya tenemos personas del corazón que no sólo están dispuestos a regalarnos su tiempo y disfrutar con nosotros, sino que además ponen su energía en ayudar a que esos momentos se abran y se cierren con toda facilidad. Siempre encontramos gente linda allí donde vamos, siempre nos ponen personas mágicas alrededor, alhamduiliLah.
De mí puedo decir que llevo toda mi vida esperando los cuarenta. O como dice mi querida Montse: llevo toda la vida pensando que los 40 son "el hit". No sé de dónde saqué esa idea, pero en verdad es así. Estaba esperando los cuarenta con ansias desde los 18, por lo menos. A los 22, un chamán me anunció que a los 40 me habría convertido en alguien muy especial, en un ser luminoso y discreto, serenamente mágico, acogedoramente alegre. Me empecé a sentir como una oruga dentro de su crisálida, esperando pacientemente la transformación.
Y ahora ¡CHA CHAAAAAN! Desde luego la mariposa no está terminada, supongo que uno termina de hacerse cuando ya está listo para partir, y espero que me queden todavía muchos años antes de irme de este plano. Pero sí es verdad que me siento más en paz, me quiero más de lo que nunca me he querido, me conozco un poquito mejor, sé cuál es mi camino. Ya no quiero comerme al mundo, ahora voy eligiendo los bocados.
Mis cuarenta, hasta ahora, se parecen mucho a este final del verano andaluz. Soleado, lleno de frutos. Me siento fuerte y con ganas de compartir lo que tengo. Voy encontrando los caminos para dar.
En octubre le toca al papá de esta familia y a la pequeña Fati cumplir los años. Es una bendición estar juntos. Es una bendición estar en este lugar.
De vuelta al ritmo otoñal
Llegó el día de volver al cole y no fue una tragedia. Fue un poco cansado, nada más. Creo que les dio gusto volver a ver a los amigos, Halima incluso está entusiasmada por aprender cosas nuevas. Yo estoy feliz de tener tiempo para mí. Tengo muchas cosas en el caldero, un nuevo libro, muchas lecturas y trabajo de la formación de maestra Waldorf, que por cierto, está resultando maravillosa, y el primer paso para empezar a integrar el calendario musulmán en nuestras vidas.
Este nuevo ciclo me he propuesto vivir con las niñas las fiestas del calendario musulmán y el paso de las estaciones con las fiestas de la pedagogía Waldorf. Hasta ahora hemos podido intercalar galletas de borreguito del Eid al Adha, con pan de dragón de San Micael (la llegada del otoño).
También me he propuesto darles a las niñas una probada de lo que harían en el cole Waldorf: con Halima vamos a trabajar hasta diciembre lo que nos quedó pendiente el año pasado: aprender a tejer con gancho y hacer construcciones. Las cañas para armar nuestro tipi ya están esperándonos en el patio. A partir de enero, bordar con punto de cruz y contar cuentos de la mitología nórdica. Con Fátima empezamos a tejer con dos agujas y vamos a seguir contando cuentos de hadas. Hasta ahí los planes por ahora.
Esta semana descubriremos la Feria de Almodóvar. Pero creo que no vamos a vestirnos de volantes y lunares, quizá el próximo año.
Los dejo con un abrazo de otoño soleado.
