Sunday, January 14, 2018

Nieve


Me fascina cómo cae la nieve, en completo silencio. Flota desde el cielo como un baile de hadas perezosas, o se precipita intensamente como un ejército de veloces y traviesos duendes. Enero nos trajo nieve. La tarde de Reyes el pueblo de las hadas de la nieve bajó a jugar a nuestro jardín, bailó en nuestros parques, saltó sobre nuestros coches, se columpió de nuestras ramas. Y tanto duró la juerga que al día siguiente todo era silencio. La nieve amortigua todos los sonidos. Todo era pureza: árboles de cristal, caminitos de luz, cielo sereno, quietud. Antes de que tanta belleza se quebrara me puse sobre el pijama la ropa más abrigadita que encontré y salí a la calle, dejando tres bellos durmientes en casa. ¡Qué maravilla de soledad y de blancura! ¡Cuánta belleza!

Por primera vez en muchos años pasamos las navidades en petit comité, solitos los cuatro. Nos hacía falta descansar, como a la masa de pan después de darle unos buenos dobleces, caricias y apretujones. Reposar las experiencias, integrar las vivencias, mirarnos a los ojos y sonreír agradecidos de estar aquí, juntitos y sanos. Aunque seamos una familia musulmana siempre hacemos algo especial en Navidad, me gusta conservar mis tradiciones infantiles y, además, para mí es un momento mágico de mirar hacia adentro y encontrarme con esa luz que renace de la oscuridad invernal. Lo bueno de la navidad es que siempre coincide con el corazón del invierno. Cuando fuera está oscuro, adentro hay un palacio de luz.

Esta vez nuestra celebración fue muy sencilla, una cena un poco especial y muchos pensamientos de amor a la familia y amigos repartidos por la geografía mundial. Año nuevo, igual. No comimos uvas ni formulamos deseos, no salimos corriendo con la maleta ni agitamos monederos llenos de moneditas, no nos pusimos "chones" rojos (¡las braguitas del amor!). Cenamos en familia, intentamos ver las famosas campanadas por la televisión, pero al final nos dieron las 12:15 sin enterarnos. Nuestros deseos ya están formulados y son muy sencillos: salud, amor, provisión, luz, dulzura, confianza, alegría, crecimiento para todos los seres de la tierra y galaxias circunvecinas.

Tenía muchos proyectos para las vacaciones: terminar lecturas y escribir reportes, empezar el programa de manualidades y lecturas Waldorf con mis hijas, arreglar unas cuantas cosas en casa...Pero al final se impuso descansar y disfrutar: hacer galletas, hacer silencio, ver a unas poquitas amigas, coser un belén de fieltro mínimamente digno. Conseguimos decorar nuestros días de descanso con un paseo al cine y otro al parque del Retiro. Nada más. Fue perfecto.

Lo que sí hice a contrarreloj fue releerme Padres Liberados, Hijos Liberados, una guía de cómo hablar con los niños, esencial ahora que habito el Jardín Secreto.



El Jardín Secreto

Cuando sopla el viento frío, el Hada de la Nieve vuela por el jardín, y deja una lluvia de polvo blanco en el jardín de Fulanito, y en el jardín de Menganita, y también en el de Perenganita. Detrás del Hada de la Nieve viene siempre el Pájaro del Invierno que deja un regalito para el niño o la niña que vive en ese jardín: un tibio huevo de donde saldrá lo que este niño, o esta niña querrá.

Así empieza el taller de pan en el Jardín Secreto, y varios pares de manitas laboriosas se disponen a amasar, cantar, formar y decorar pequeños panecillos que luego se llevan a casa como el mayor trofeo. Son manos pequeñitas y ojitos que brillan cuando la canción de hacer el pan dice su nombre, son vocecitas delicadas que cantan con alegría que "los niños panaderos amasan bien el pan" o que recitan apretando su masita que hacemos "buenos bollitos, bellos y blanditos"... Sus caritas de asombro ven crecer los panecitos formados, y cuando el olor del pan horneado llena todo el espacio, ratoncitos y ratoncitas de todos tamaños se asoman a la ventana del horno y preguntan ilusionados "¿Mi pan ya está?" El lunes es un día feliz, porque es el día del pan.







A principios del otoño recibí una llamada. Había un espacio en un pueblo de Guadalajara, dedicado a acompañar a niños y niñas en su proceso de aprendizaje. Y necesitaban una acompañante para unos ratitos por la mañana. Querían saber si yo estaba disponible para ocuparme de ello. ¡Y claro que estaba disponible! Me invitaban a entrar en un mundo nuevo en el que las relaciones entre las personas, con el espacio y con el tiempo se organizaban de una manera totalmente distinta a lo que yo conocía. Todas las "pedagogías alternativas" tienen cosas en común: se centran en el individuo, parten del respeto, se basan en las etapas de desarrollo del niño, fomentan la libertad, cuidan el desarrollo de la autonomía. La diferencia es justamente el concepto de "respeto", "libertad", "autonomía", "etapas de desarrollo" en el que se fundamenta cada sistema. Aquí el sistema es la "no directividad" o enseñanza libre.

Yo le llamo el Jardín Secreto. Entrar ahí es como entrar en un templo de la Madre, en un Bosque Sagrado. Es como correr las nieblas de Avalon y descubrir su mágica comunidad. Cuando uno se acerca a la puerta de entrada no adivinaría que detrás existe un jardín tan bello y lleno de sorpresas. Hay árboles altísimos que lo separan del mundo, hay fuentes cantarinas, peces de colores. Hay árboles con frutas que llenan el aire de perfumes, hay plantas acuáticas y terrestres, piedrecillas de todos tamaños y colores, hay columpios, casitas en los árboles, escaleras para trepar en todas direcciones. Sólo estar ahí ya es un privilegio. Da paz al corazón. Pero lo que sucede ahí es más mágico todavía.

Las mujeres que se ocupan de los niños en este espacio son unas auténticas brujas, en el sentido de mujeres sabias, pero no graves; con un trabajo interior potente, pero no soberbias; mujeres que aman la Vida y por ello están dispuestas a que ese amor toque todos los rincones de la existencia, mujeres muy distintas entre sí, pero con algo en común: el valor de estar presentes consigo mismas a lo largo de toda la jornada, de reconocerse, de transformarse, de actuar desde la Conciencia. Son guerreras, y llevan sus dragones atados con una cuerda de oro, para estar atentas por si intentan dominarlas. Cada una a su manera es amorosa. Y cuando uno entra por la puerta del Jardín Secreto, siente ese amor.

 ¿Y qué es lo que hacen en concreto? Han cambiado la mirada y con la mirada han cambiado su lenguaje, y con su lenguaje han cambiado la manera socialmente aceptada de relacionarse, también entre adultos, pero sobretodo con los niños. No profieren juicios, no amenazan, no culpan, no insultan (tampoco esos insultos velados que no nos suenan a agresiones pero que lo son), no descalifican, no critican. No trabajan con la vergüenza ni con la culpa como herramienta pedagógica.

En lugar de eso describen (la situación, los sentimientos que emergen en ellas mismas y en los niños), acompañan a los niños a buscar soluciones para los problemas, recuerdan las normas del espacio y de la convivencia, toman acciones siempre que es necesario. Se mantienen atentas a los procesos de cada niño y miden la cantidad de apoyo que cada uno necesita para crecer. Por supuesto también hacen otras cosas como recibir a los niños, desayunar con ellos, supervisar los juegos, acompañar a usar los materiales, poner tiritas, secar lágrimas...Pero la magia esa que saben hacer con las palabras hace que cada uno de mis días sea de Asombro y que no quiera perderme ni una sola de las interacciones para beberme los recursos que presencio, intentar integrarlos y ponerlos en práctica yo también.

Esta es la magia que ahora necesito aprender. ¡Y no es nada fácil! Parece muy sencillo cambiar nuestras palabras, pero son un legado muy afianzado en nuestra conciencia, así que para cambiar las palabras se hace necesario cambiar nuestra conciencia: qué percibimos, qué nos hacen sentir esas percepciones, qué respuesta devolvemos al mundo como consecuencia. Exige una grandísima atención a mí misma y una carrera contra mis reacciones habituales por salir primero con la respuesta que DECIDO dar y no la que intenta salir en automático.




La palabra como llave

El secreto es elegir la palabra que "abre" cada situación, en lugar de cerrarla. La palabra que abra diálogos, que lleve a soluciones, que mantenga abierta la puerta del cariño y la confianza entre las personas. Ya lo intenté una vez hace 10 años, y en este mismo blog debe haber constancia de ello. La pauta me la dio el libro "Padres liberados, hijos liberados", una guía para reconducir nuestra forma de hablar con nuestros hijos y crear una comunicación que les dé espacio para crecer, y a toda la familia, espacio para disfrutar de la aventura de ser familia. Entonces no lo logré, porque no supe cómo manejar la oposición ambiental a los cambios que yo quería establecer. Ahora la Vida me está dando la oportunidad de recordar y la ayuda para VER CÓMO SÍ SE PUEDE HACER. Así que me siento llena de alegría y de esperanza, porque me doy cuanta de que esa atención que pongo al comunicarme con mis hijas, puedo ponerla también al comunicarme con otras personas y lograr mucha más apertura que la he conseguido tener hasta ahora.

Puede parecer una cosa menor, eso de aprender a usar un lenguaje que no juzgue, que no culpabilice, que no anule, que reconozca todos los sentimientos, que dé opciones...Yo he constatado que eso lo cambia todo. Las pequeñitas técnicas que empecé a usar en casa con mis hijas ya han surtido su efecto: hay más ligereza en el ambiente, los conflictos se resuelven con más eficiencia, hay menos resentimiento, más libertad (sobretodo para mí). He descubierto que existe una cosa llamada "escucha activa" y ese será mi siguiente paso (insha'Allah).

Cuando volvimos a vivir a Invernalia, me dije que tenía que encontrar un sentido para ello. Que no me iba a quedar como un ama de casa frustrada (no digo que tenga que ser frustrante en sí, digo que para mí es un escenario vital deprimente), sino que le daría sentido a estar aquí, que encontraría un espacio donde pudiera aprender muchísimo, disfrutar muchísimo y aportar lo que yo he ido aprendiendo en el camino. Y maravilla de maravillas, el Jardín Secreto apareció.

Tengo muchos textos en el tintero, poemas para niños, poemas para adultos... Tengo un buen altero de libros de Pedagogía Waldorf esperando a ser leídos y resumidos para la Formación. Pero ahora mismo lo más urgente para mí es seguir observando y seguir aprendiendo de este nuevo modo de educar (la no directividad y el lenguaje liberador). Constantemente me rompe los esquemas, a ratos me resulta incomprensible, a veces los planteamientos me parecen totalmente contrarios a lo que yo he aprendido sobre cómo el ser humano aprende y crece, pero tengo la completa seguridad de que los planteamientos no son contrarios, sino complementarios, y estoy dispuesta a invertir toda la energía que sea necesaria para encontrar sus lazos de hermandad, y más allá de eso, para saber elegir dentro de mí, con todo lo que voy aprendiendo de un lado y de otro, la manera más amorosa en la que yo puedo llevar a cabo esa tarea que amo: acompañar a los niños en su encuentro con la Vida, en su descubrimiento de sí mismos, de la Bondad, la Verdad y la Belleza.

Seguiremos informando. ¡Un abrazo lleno de cariño!