Friday, March 27, 2020

Ardilla Roja cumple años





La realidad de algunos proyectos educativos “alternativos” | Arte ...

Aquí en nuestro retiro la vida sigue. Hace unos días una de las vecinitas, amiga de Fátima, cumplió años. Nos emocionamos cuando todos los vecinos cantaron el Cumpleaños Feliz después de los aplausos, para ella y para otro vecinito que también cumplía años.

Se me ocurrió escribir este pequeño cuento como regalo. Quizá sirva también de inspiración para aquellos a quienes les toque cumplir años en esta cuarentena y se sientan inquietos por no poder celebrarlo como acostumbran. Desde luego serán cumpleaños para recordar de manera especial, toda la vida.

¡Feliz día a día para tod@s!

Ardilla Roja cumple años 

Habían pasado ya varios días desde que Madre Naturaleza avisara a todos los animalitos, que debían quedarse en casa porque ese año, ella necesitaba descansar otro ratito.


Ardilla Roja, sus hermano Castaña y su hermanita Pequeña Ardilla, pasaban el tiempo jugando, ayudando a papá y mamá con las tareas de casa y aprendiendo cosas nuevas. La verdad era que, aunque tenían ratos de aburrimiento y algunas veces se cansaban de jugar solo entre ellos, habían descubierto que en casa estaban muy bien.

Cada año, unos días después de que llegara la primavera, llegaba también el cumpleaños de Ardilla Roja. Solían celebrarlo con una excursión al río cercano, en la que participaban todos sus amigos. La mamá de Orejitas, llevaba su deliciosa tarta de avellanas. El día que la preparaba el aroma tostado y dulce llegaba desde el roble de enfrente hasta la casa de las ardillas. Mamá Coneja, que vivía con su familia en las raíces del árbol, llevaba horchata de almendras para todos. Tío Tejón tocaba el Cumpleaños Feliz con su acordeón, y las ranas salían de su charca para ponerle sus preciosas voces a la canción.

Pero este año todo era diferente. Ardilla Roja se sentía triste. No se podía imaginar cómo sería su cumpleaños sin la excursión al río y sin sus amigos.

Cuando despertó el día de su cumpleaños, lo primero que hizo fue asomarse por la ventana de su habitación. ¡Hacía un día precioso! El cielo estaba azul, a lo lejos unas nubes blancas y esponjosas viajaban despreocupadas y el sol brillaba alegremente. Aunque no pudiera estar abajo correteando, Ardilla Roja se sintió feliz por ese día precioso. Sintió como si Madre Naturaleza hubiera preparado ese día, nuevecito y precioso sólo para él, y eso lo hizo sentirse muy especial.

Al salir de su habitación una sorpresa lo estaba esperando. Sobre la mesa encontró un rico desayuno: bellotas asadas, miel dorada y leche de nuez. Si hubiera sido un martes como cualquier otro, papá habría salido de casa antes de que él y sus hermanos se hubieran despertado. Habría tenido que vestirse rápido, y desayunar más rápido para irse a la escuela. Y habría tenido que esperar hasta el fin de semana para poder celebrar. ¡Pero hoy parecía que el mundo se había detenido para que pudiera celebrar su cumpleaños con su familia!

Mamá Ardilla, Papá Ardilla, Ardilla Roja, Castaña y Pequeña Ardilla compartieron el desayuno con toda la calma de un domingo. Al terminar papá le dijo: “¿Estás listo para tu día de cumpleaños, Ardilla Roja? Parece que hoy vas a tener muchas sorpresas”.

“¿De verdad?” preguntó Ardilla Roja ilusionado.

 “¿Recuerdas la tarta de avellana que hace la mamá de Orejitas?” preguntó Mamá Ardilla.

“¡Claro, mi tarta de cumpleaños favorita!” respondió Ardilla Roja.

“Pues la mamá de Orejitas me envió una nota con la receta y la explicación para hacer tu tarta favorita. Así que hoy vamos a hacerla tú y yo”.

“¡Yuhu!” gritó Ardilla Roja, la mamá de Orejitas les había regalado el secreto para hacer la tarta de avellanas. A partir de ahora podría prepararla siempre que quisiera y celebrar cualquier ocasión.

Pasaron una buena parte de la mañana preparando la tarta. Cuando estuvo lista toda la casa olía a cumpleaños. El buen olor de la tarta, salió volando por la ventana y entró en todas las casas de los vecinos que se sintieron tan contentos como si fuera su propio cumpleaños.

“¡Ahora la horchata de almendra!” dijo Mamá Ardilla. Castaña y Pequeña Ardilla vinieron también a ayudar y se divirtieron un buen rato pelando y machacando las duras almendras. Cuando el trabajo estuvo hecho los tres hermanitos se fueron a jugar.

A la hora de la comida papá y mamá llamaron a las ardillitas. En el suelo del salón habían puesto el mantel que usaban para ir de picnic. Y estaba la tarta, el agua de horchata, unos bocadillos que Mamá Ardilla preparó.

“¿Un picnic en el salón?” se sorprendió Ardilla Roja. “¡Esto no lo habíamos hecho nunca!”

“Como no podemos ir de excursión al río, haremos nuestro picnic aquí mismo, ¿qué os parece?” preguntó Papá Ardilla.


“¡Genial!” contestaron las ardillitas. Y ese sí que fue un picnic de cumpleaños muy diferente.


Cuando llegó la hora de que el sol se despidiera y la luna saliera a saludar, todos los vecinos se asomaron a las ventanas como hacían estos últimos días. Pero esta noche, después de cantar dulces canciones para arrullar el sueño de Madre Naturaleza, Ardilla Roja empezó a escuchar otra canción. Desde el río cercano sonaba la potente voz de las ranas y unas notas saltarinas llegaban desde la casa de Tío Tejón. ¡Era el Cumpleaños Feliz! ¡Y todos los vecinos lo estaban cantando para felicitarlo desde sus ventanas y balcones!


Desde luego, ese cumpleaños no fue como los otros. Pero fue un cumpleaños tan diferente, que Ardilla Roja lo recordaría siempre, siempre, como un cumpleaños de lo más especial.

Tuesday, March 24, 2020

Otro ratito para Madre Naturaleza



Ayer vi una frase que me encantó en la web de una amiga: "Si no puedes ir hacia afuera, ve hacia adentro". Me pareció un excelente remedio para estos momentos que estamos viviendo. Y me recordó que las palabras pueden tejer caminos que nos lleven justamente hacia adentro, y que también nos pueden abrir puertas y ventanas para salir al mundo, de otro modo.

Este cuento está pensado para niños pequeños de 3 a 6, más o menos. Lo escribí siguiendo las pautas de Susan Perrow para crear cuentos "sanadores", es decir, que nos ayuden a entender e integrar las situaciones difíciles que vivimos. Servirá únicamente para niños que estén viviendo la cuarentena acompañados de sus padres, o de otra figura de apego que represente calidez y confianza.

Desafortunadamente muchos niños no tendrán la suerte de vivir estos días de retiro en esa atmósfera de seguridad y cuidados, ellos necesitarán otro tipo de cuento, así como los niños más grandes para quienes este relato se quede pequeño por su lenguaje. Estoy en ello.

Espero que este cuentecito les ayude a transitar con sus pequeños estos momentos.


Otro ratito para Madre Naturaleza

Todavía quedaban algunas flores blancas y rosadas en los almendros, cuando los hermanitos Ardilla se despertaron en su casita, en el hueco de una enorme encina. En el campo las primeras florecitas blancas y amarillas, parecían flotar sobre la hierba tierna, como hacen las estrellas en el cielo. En el aire había suaves canciones de pajaritos. Pero el cielo seguía cargado de nubes y soplaba un viento frío.


        ¡Buenos días pequeños dormilones! –dijo mamá Ardilla a los tres hermanitos–. ¿Habéis dormido ya bastante?


        ¡Otro ratito! –contestó la más pequeña de las ardillas arrebujada en su mantita. Sus dos hermanitos, sin embargo, se pusieron a saltar enseguida y a dar vueltas por toda la casita.


Mamá Ardilla empezó a preparar el desayuno: calentó rica de leche de bellota y metió al horno un delicioso pan de nuez. A Pequeña Ardilla no le quedó más remedio que levantarse, entre el barullo que armaban sus hermanos y el buen olor de lo que preparaba mamá.


       ¡Ya está listo el desayuno, ardillitas, venid a la mesa! –anunció Mamá Ardilla.


Los tres hermanitos se acercaron a la mesa, felices de probar tan rico desayuno.


      ¿Cuando terminemos el desayuno, podemos salir a corretear por las ramas?

      ¿Y bajar a coger las flores?

   ¿Y subir a la copa del árbol a saludar a los pajaritos? –preguntaron los hermanitos, que habían dormido todo el invierno y estaban deseando salir del hueco del árbol a explorar y jugar con los vecinos.


      Mirad queridas ardillitas, mientras dormíais, Madre Naturaleza nos ha mandado un mensaje a todos los animales. Como sabéis, cada año al final del invierno, Madre Naturaleza despierta con gran alegría y, junto con ella, todos nos ponemos más activos, salimos de nuestras casitas, empezamos de nuevo a trabajar, a jugar y a celebrar juntos. Pero este año, Madre Naturaleza necesita dormir otro ratito.


   ¿Madre Naturaleza necesita dormir otro ratito? –preguntaron las ardillitas abriendo unos ojos enormes.

      –  ¿Cómo yo cuando se despertaron mis hermanitos? –dijo Pequeña Ardilla.


  ¡Exactamente! –contestó Mamá Ardilla –. Este año Madre Naturaleza necesita que la dejemos descansar otro ratito, y por eso, nos vamos a quedar a jugar y a trabajar dentro de casa durante algunos días más, así no la despertaremos con nuestros ires y venires.


    ¿Y no podemos salir a jugar con los vecinos?

    ¿Y a correr por el campo?

     ¿Y a hacer excursiones al río?


    Podremos hacerlo cuando Madre Naturaleza haya descansado el tiempo suficiente para sentirse muy fuerte y contenta.

    ¿Pero qué vamos a hacer todo el día aquí adentro? –preguntaron los hermanitos.

    ¡Pues tenemos muchos días para descubrirlo! –les contestó Mamá Ardilla.


Lo primero que hicieron las ardillitas fue limpiar y arreglar su casita. ¡Cómo disfrutaron barriendo y frotando, lavando y enjuagando! ¡Y qué bonito quedó todo!


Duespués hicieron circuitos por la casa y retos de muchos tipos. Inventaron muchos juegos, y mientras más jugaban más juegos se les ocurrían.


Con las bellotas y las nueces que tenían almacenadas en la despensa, aprendieron a hacer cuentas y a cocinar cosas muy ricas. Mamá Ardilla conocía muchas recetas deliciosas. ¡Y ahora podrían aprender a prepararlas ellos mismos!


Papá Ardilla también estaba en casa. Los ratitos que pasaban en su regazo eran de sus momentos preferidos ¡podían tenerlos todos los días!


A ratos con papá y a ratos con mamá, las ardillitas aprendieron a hacer muchas cosas nuevas y practicaron otras que ya sabían: como amasar pan, construir objetos bellos para decorar su casita, tallar madera, coser…Y a ratos ellos solitos disfrutaron también jugando, imaginando, construyendo mundos nuevos dentro de su habitación, cantando canciones, bailando…


Cuando echaron de menos a los amigos y la familia, Mamá Ardilla les dio una buena idea: encontrarse con ellos dentro del corazón:


     Cuando quieres mucho a alguien, un poquito de ese ser querido se queda a vivir dentro de ti: su sonrisa, su voz, sus gestos, sus abrazos. Así que siempre puedes recorrer el camino hasta tu corazón y sentir que estás con ese alguien a quien tanto quieres.


A las ardillitas les gustó mucho la idea. Y cada noche, antes de irse a dormir, pensaban con amor en todas las personas de su corazón, y era como estar un ratito con ellos.


Por la tarde, cuando el sol se acostaba y la luna salía a saludar, se asomaban todos a la ventana. Las luciérnagas iluminaban todos los huecos de los árboles, los nidos y las ramas. Así los animalitos podían ver a sus vecinos, y contarse lo que habían hecho durante el día. Luego todos juntos cantaban dulces canciones para alegrar el sueño de Madre Naturaleza.


No sabían realmente cuánto tiempo iba a durar ese “otro ratito” que Madre Naturaleza necesitaría. Pero lo que sí sabían era que en casa estarían juntos, disfrutando y aprendiendo, y cuando por fin Madre Naturaleza despertara y pudieran salir de casa, disfrutarían el exterior y los reencuentros más que de lo que nunca lo habían hecho.

Sunday, March 15, 2020

Consejos para el encierro


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Ahora que tenemos que estar retirados en casa durante algunos días, podemos estar sintiendo angustia, ansiedad, rabia, tristeza, estrés. Pero no podemos negar que esta situación excepcional nos ofrece una oportunidad de oro para cambiar de ritmo, parar un poco, descansar, hacer cosas que la vida que llevamos no nos permite hacer, estar en familia (si vivimos con ella), mirar hacia adentro, estar con nosotros mismos…¡Claro que eso es justamente lo que puede parecernos más angustiante! Pero asumámoslo como un reto de superhéroes. Somos más fuertes de lo que creemos y seguro que, si nos damos la oportunidad, podemos descubrir cosas maravillosas.


Tanto si vivimos con niños como si no, hay algunas ideas que pueden servirnos en general: 


ü  Crea un ritmo relajado para transitar el día, no una rutina mecánica, que esa ya la tenemos todos los días, sino una frecuencia en la que podamos fluir a lo largo de la semana y que nos dé un poco de estructura. Eso hará que no se vuelva eterno y que cada momento cobre sentido.


ü  Date un momento de silencio: oración, meditación, respiración, lo que más te guste. Y llenarnos del mejor sentimiento que encuentres por ahí dentro: paz, agradecimiento, amor, alegría. SI te cuesta encontrarlos, recuerda algún momento feliz de tu vida y sencillamente deja que ese sentimiento te llene y se expanda.


ü  Un tiempo para tu cuerpo, un poco de mimo y un poco de movimiento: estiramientos, yoga,  una rutina de ejercicios, un poco de baile, una mascarilla limpiadora, un automasaje…


ü  Un ratito a nuestra mente: Teletrabajo, si lo tienes, o si no leer, resolver acertijos, hacer crucigramas.

ü  Un espacio para la creatividad y el sentimiento: dibuja, pinta, escribe, toca un instrumento, si lo tienes; asómate al balcón a cantar. Las cosas con música se llevan mejor.


ü  Aprovecha para hacer limpieza y ordenar el hogar ¡momento Mery Kondo!


ü  Date un gusto al día, pero evita comer compulsivamente.


ü  Manténte informadx y en contacto con los tuyos. Hoy en día eso es muy fácil gracias a internet y las redes sociales, ¡pero no huyas! Aprovecha para desintoxicarte un poco también de pantallas. Tus ojos y tu mente te lo agradecerán. Elige lo que ves, lo que lees y lo que compartes.



¿Y si vivimos con niños?

¡Pues más de lo mismo! Pero adaptado a su momento vital. Ellos necesitan moverse más que nosotros y, sobretodo, necesitan NUESTRO equilibro, para poder estar bien. Así que lo primero es:

Procura estar tranaquilx, flexibilízate y procura disfrutar. Recuerda que es una situación de excepción y que pronto pasará.


¿Cómo hacemos un ritmo llevadero para los niños en casa?
Alternando momentos de expansión y movimiento, con momentos de más concentración y calma: creamos un ritmo “respiratorio” de expansión-concentración. Por loco que parezca, así además reforzamos su sistema respiratorio que se basa justamente en esa alternacia. Así que un ratito de movimiento y juego, puede seguirse de otro ratito de pintar, armar puzles, leer o contar cuentos según su edad.


Dar en la imaginación lo que no podemos dar en la realidad
Como no podemos salir al parque, quizá alguna parte de la casa puede convertirse en parque durante un rato. ¿No tenemos sábanas, sillas, almohadas, mesitas? ¡Pues son fantásticas para hacer casitas y construcciones! Dales un espacio para crearlas y estate atentx para coordinar la recogida ANTES de que estén demasiado cansados. Una regla de oro que aprendí de Sandra Chandía: si el juego se vuelve demasiado expansivo (la casa entera como campo de batalla, por ejemplo) tenemos un problema. Por lo tanto: se puede usar la cantidad de juguetes (considerando que un juguete es todo aquello con lo que se juega) que el adulto pueda recoger con alegría. Porque, dependiendo de la edad de los niños, el adulto tendrá que hacerse cargo (coordinar, al menos) que luego todo vuelva a su sitio.


Mantener los patrones de sueño
Un niño cansado es un niño con poca resistencia a la frustración, sensible y malhumorado. Si habitualmente tiene una rutina que no le permite dormir todas las horas que necesita (entre 10 y 12 horas al día hasta los 7 años aprox.) esta es una magnífica oportunidad para dejarle dormir todas las horas que necesita. Observa y organiza el día en función de sus horas de sueño, ya que las duerma todas juntas por la noche, o que necesite una siesta a mitad del día.


Involúcralos en las tareas de casa
A los niños (sobre todo a los más pequeños) suele gustarles mucho participar en las tareas de casa. Dales un trapo y una tarea y estarán un buen rato ocupados y encantados.


Hagan cosas juntos
Manualidades, cocinar, hacer ejercicio, bailar, jugar juegos de mesa.


Evita lo más que puedas la sobreexposición a pantallas
¡Aunque es muy tentandor! Cuando un niño se sienta frente a una pantalla se sobre estimula su cerebro (y sus emociones) pero su cuerpo va reprimiendo la necesidad natural de movimiento, por lo tanto una vez que se desengancha, está muy cansado y desgastado mentalmente, pero su cuerpo va a intentar recuperar todo el rato que lleva inmóvil: muy mala combinación, cuerpo acelerado y mente exhausta.


Ya han circulado por las redes muchas ideas y recursos con ideas para pasar largas horas en casa con niños. Recomiendo especialmente a dos educadoras a quienes admiro muchísimo: Tamara Chubarovsky, que estará publicando cosas en su cuenta de Facebook. Y Sandra Chandía, a quien encontrarán en Instragram.


Y por último, para los niños que ya están en edad de primaria, podemos aprovechar para revisar algunos contenidos que están viendo en clase desde una perspectiva lúdica o artística, esto les permitirá relacionarse desde un lugar muy diferente con los contenidos y DISFRUTARLOS, ENCONTRAR SU BELLEZA y su VINCULARSE CON ELLOS.

Pueden encontrar buenísimas ideas para hacerlo en la página de Facebook y el blog de Alén de Ningures, que son especialistas en llevarnos a descubrir la magia de las matemáticas:



También tiene muy buenas ideas este blog: https://www.demicasaalmundo.com/blog/



¡Ánimo! Vamos a hacer de este tiempo de retiro, un tiempo de encuentro con nosotros mismos y con lo mejor que tenemos. En los momentos más oscuros podemos recibir los más luminosos regalos.

Ilustración de Jennifer Sherman