En la cueva
Invierno, momento cueva.
Ya llega Imbolc, ese momento del año en que la Madre Tierra enciende los fogones de su vientre, y ahí dentro, las semillas empiezan a despertar.
Mi momento Imbolc es: entre querer dormir como Mamá Osa soñando, si acaso, con pastelitos e historias bellas; y arder en mi propia hoguera con el fuego de millones de semillas que se agitan en mi interior.
Me explico: Hay dos fuerzas que se agitan dentro de mí, una terrestre, cóncava, estable, abrazadora. Y otra ígnea, inasible, inquieta, extrema, transmutadora. Normalmente se alternan en el tiempo. En la época en la que tenía bebés y niñas pequeñas, era muy Madre Tierra. Y el fuego ese brillaba solo en algunos momentos como una chispa de insatisfacción, que se apaciguaba con una buena charla trascendente, con una lectura luminosa, o con un desahogo de versos en mi diario. Antes de eso fui más hoguera. Leer, escribir, enseñar, compartir, eran las fuerzas que me mantenían en movimiento y buscando.
En los últimos años, me he preguntando seriamente en qué debería poner mi energía: mi vocación de mamá, mi vocación de poeta, o mi vocación de maestra que está a medio camino entre las dos. Cada vez que me decido por un camino, la Vida me lleva por otro.
Aquiles vs Ulises
Leo El Infinito en un Junco, de Irene Vallejo. Un ensayo luminoso y apasionante sobre el nacimiento de la escritura y la vida del libro en la antigüedad. Nada más empezar ya me pone delante el conflicto. El texto dice, hablando de la Iliada y la Odisea:
"Aquiles pertenece a la gran familia de personas deslumbradas por un ideal, valientes, comprometidas, melancólicas, insatisfechas, empecinadas, y propensas a tomarse muy en serio a sí mismas (...)"
Cuando leí esa descripción pensé: Eso soy yo, ¡qué terrible! Más adelante, encontré lo que decía sobre Ulises y su determinación de volver a casa:
"Esa sabiduría nos susurra que la humilde, imperfecta y efímera vida humana merece la pena, a pesar de sus limitaciones y desgracias, aunque la juventud se esfume, la carne se vuelva flácida y acabemos arrastrando los pies."
Y sentí: esto también soy yo. ¡Y cómo puedo ser dos cosas totalmente opuestas! ¿Cómo podría salir bien librada de un combate entre Aquiles y Ulises dentro de mí?
Mi yo aquileo me pide escribir. Leer poesía, volar a las esferas más altas y descubrir los hilos de oro que tejen todas las cosas, para luego contárselo a los demás, a todos. Entablar conversaciones con aquellos que andan igual que yo, entre las ascuas, con quienes se sumergen en los abismos para beber luz de las vetas de cristal.
Mi yo ulíseo, me pide guardar casa, cultivar las felicidades diminutas, hacerme horno de pan, regazo, coser y cantar. Me pide construir un recinto donde los recién llegados puedan crecer seguros, me pide que mis ojos sean mariposas y se posen delicados en pétalos y terrones, gotas y briznas, para desvelar sus maravillas.
A veces trabajan juntos: Aquiles sube a las esferas y Ulises construye con retazos de estrella una manada de caballitos de madera para un@s niñ@s que, sin ser mis hij@s, se alimentan de todo lo que vive y crece dentro de mí.
No se trata de salvarle la vida a uno y condenar al otro, claro está, sino de intentar que se hagan amigos. Cuando maltrato a uno, su venganza es terrible. Por ejemplo, entre la rutina doméstica y el trabajo, me cuesta mucho darme tiempo para escribir. Mi Aquiles interior se pasea como un león enjaulado dentro de su tienda maldiciendo a todos los dioses.
Logro encontrar el momento para leer, para llevarle comida al prisionero. ¿Y qué sucede? Empiezo a leer un libro de poesía súper premiado, traducido a 35 lenguas, de una poeta de unos 30 años, ¡y rabio! ¡ardo de envidia! ¡no soy capaz de encontrar la belleza ni el mérito en los textos! ¿Por qué yo no?, pienso, ¿por qué yo no tengo premios y un libro traducido a 35 idiomas y comentarios en el Washington Noséqué?
Miro alrededor, y recuerdo que un día decidí ser Madre Tierra para mis hijas, que a través de esa experiencia he podido atisbar las maravillas más grandes de la vida... Pienso en mi trabajo, y descubro la escalerita de cuerda que ha tendido para que yo pueda contemplar la vida desde el balcón del Unvierso. Poco a poco, mi Aquiles interior relaja las presión de las manos y libera el cuello de Ulises que vuelve a respirar.
En otros momentos es mi Ulises quien se indigna de que deje a mi Aquiles campar a sus anchas: me siento frente a la computadora y no me preocupan las pelusas debajo del sofá, ni el menú de la cena, ni el examen de matemáticas de alguna niña para el día siguiente, ni si una o la otra se han ido ya a la ducha. ¿Quién cuida los altares de esta casa?, me dice, ¿quién mantiene el fuego del hogar? ¿quién será capaz de tensar tu arco? Yo miro dentro de mí y recuerdo que soy poeta, que tengo una fuente de palabras incrustada en el pecho, y que también debo honrar ese don de los dioses. Ulises baja la espada, un hilillo de sangre corre por el cuello de Aquiles, ambos envainan.
Mi miedo más grande es fallarle a ambos. "No estar a la altura de mi talento" como un día alguien que me quería bien (porque pensaba que yo tenía talento) me reprochó. Dicho de otra forma: no llegar a darles vida a esas palabras, que sólo yo puedo nacer. No darle a mi familia eso que sólo yo puedo traer, como corazón de esta casa. No estar suficientemente presente con todas mis magias y recursos, para acompañar a los peques que acompaño en mi trabajo. Algo de soberbia hay en todo esto, es verdad, y mucho de obsesión.
Un poco de magia
Sea como fuere, mi meta es procurar que ambos héroes se lleven bien. Así que, aprovechando este tiempo mágico en el que la tierra empieza a madurar sus semillas, yo hago un voto por la concordia, elijo las semillas que quiero madurar:
Encontrar la armonía entre lo que me doy a mí misma y lo que doy a los demás.
Disfrutar en grande las cosas pequeñas.
Mantener una conexión amorosa con mis diosas domésticas y a mis diosas estelares.
Cuidar amorosamente de mi cuerpo, mi mente y mi corazón.
Nacer palabras muy bellas, en todos los contextos en los que me muevo, que puedan despertar el amor.
Construir vínculos amorosos equilibrados y satisfactorios.
Estar presente en cada instante.
Recibir en abundancia y con agradecimiento todo lo bueno que el universo tiene para mí.
¿Cuáles son las tuyas? ¿Qué cosas quieres cultivar y ver crecer en este nuevo ciclo? ¿Qué flores quieres oler esta primavera, qué frutos te gustaría saborear este verano?
¡Feliz Imbolc para tod@s!