Sunday, January 31, 2021

IMBOLC



En la cueva

Invierno, momento cueva.

Ya llega Imbolc, ese momento del año en que la Madre Tierra enciende los fogones de su vientre, y ahí dentro, las semillas empiezan a despertar.

Mi momento Imbolc es: entre querer dormir como Mamá Osa soñando, si acaso, con pastelitos e historias bellas; y arder en mi propia hoguera con el fuego de millones de semillas que se agitan en mi interior.

Me explico: Hay dos fuerzas que se agitan dentro de mí, una terrestre, cóncava, estable, abrazadora. Y otra ígnea, inasible, inquieta, extrema, transmutadora. Normalmente se alternan en el tiempo. En la época en la que tenía bebés y niñas pequeñas, era muy Madre Tierra. Y el fuego ese brillaba solo en algunos momentos como una chispa de insatisfacción, que se apaciguaba con una buena charla trascendente, con una lectura luminosa, o con un desahogo de versos en mi diario. Antes de eso fui más hoguera. Leer, escribir, enseñar, compartir, eran las fuerzas que me mantenían en movimiento y buscando. 

En los últimos años, me he preguntando seriamente en qué debería poner mi energía: mi vocación de mamá, mi vocación de poeta, o mi vocación de maestra que está a medio camino entre las dos. Cada vez que me decido por un camino, la Vida me lleva por otro.

Aquiles vs Ulises

Leo El Infinito en un Junco, de Irene Vallejo. Un ensayo luminoso y apasionante sobre el nacimiento de la escritura y la vida del libro en la antigüedad. Nada más empezar ya me pone delante el conflicto. El texto dice, hablando de la Iliada y la Odisea:

 "Aquiles pertenece a la gran familia de personas deslumbradas por un ideal, valientes, comprometidas, melancólicas, insatisfechas, empecinadas, y propensas a tomarse muy en serio a sí mismas (...)"

Cuando leí esa descripción pensé: Eso soy yo, ¡qué terrible! Más adelante, encontré lo que decía sobre Ulises y su determinación de volver a casa:

"Esa sabiduría nos susurra que la humilde, imperfecta y efímera vida humana merece la pena, a pesar de sus limitaciones y desgracias, aunque la juventud se esfume, la carne se vuelva flácida y acabemos arrastrando los pies."

 Y sentí: esto también soy yo. ¡Y cómo puedo ser dos cosas totalmente opuestas! ¿Cómo podría salir bien librada de un combate entre Aquiles y Ulises dentro de mí?

Mi yo aquileo me pide escribir. Leer poesía, volar a las esferas más altas y descubrir los hilos de oro que tejen todas las cosas, para luego contárselo a los demás, a todos. Entablar conversaciones con aquellos que andan igual que yo, entre las ascuas, con quienes se sumergen en los abismos para beber luz de las vetas de cristal.

Mi yo ulíseo, me pide guardar casa, cultivar las felicidades diminutas, hacerme horno de pan, regazo, coser y cantar. Me pide construir un recinto donde los recién llegados puedan crecer seguros, me pide que mis ojos sean mariposas y se posen delicados en pétalos y terrones, gotas y briznas, para desvelar sus maravillas.

A veces trabajan juntos: Aquiles sube a las esferas y Ulises construye con retazos de estrella una manada de caballitos de madera para un@s niñ@s que, sin ser mis hij@s, se alimentan de todo lo que vive y crece dentro de mí.

No se trata de salvarle la vida a uno y condenar al otro, claro está, sino de intentar que se hagan amigos. Cuando maltrato a uno, su venganza es terrible. Por ejemplo, entre la rutina doméstica y el trabajo, me cuesta mucho darme tiempo para escribir. Mi Aquiles interior se pasea como un león enjaulado dentro de su tienda maldiciendo a todos los dioses.

Logro encontrar el momento para leer, para llevarle comida al prisionero. ¿Y qué sucede? Empiezo a leer un libro de poesía súper premiado, traducido a 35 lenguas, de una poeta de unos 30 años, ¡y rabio! ¡ardo de envidia! ¡no soy capaz de encontrar la belleza ni el mérito en los textos! ¿Por qué yo no?, pienso, ¿por qué yo no tengo premios y un libro traducido a 35 idiomas y comentarios en el Washington Noséqué?

Miro alrededor, y recuerdo que un día decidí ser Madre Tierra para mis hijas, que a través de esa experiencia he podido atisbar las maravillas más grandes de la vida... Pienso en mi trabajo, y descubro la escalerita de cuerda que ha tendido para que yo pueda contemplar la vida desde el balcón del Unvierso. Poco a poco, mi Aquiles interior relaja las presión de las manos y libera el cuello de Ulises que vuelve a respirar.

En otros momentos es mi Ulises quien se indigna de que deje a mi Aquiles campar a sus anchas: me siento frente a la computadora y no me preocupan las pelusas debajo del sofá, ni el menú de la cena, ni el examen de matemáticas de alguna niña para el día siguiente, ni si una o la otra se han ido ya a la ducha. ¿Quién cuida los altares de esta casa?, me dice, ¿quién mantiene el fuego del hogar? ¿quién será capaz de tensar tu arco? Yo miro dentro de mí y recuerdo que soy poeta, que tengo una fuente de palabras incrustada en el pecho, y que también debo honrar ese don de los dioses. Ulises baja la espada, un hilillo de sangre corre por el cuello de Aquiles, ambos envainan.

Mi miedo más grande es fallarle a ambos. "No estar a la altura de mi talento" como un día alguien que me quería bien (porque pensaba que yo tenía talento) me reprochó. Dicho de otra forma: no llegar a darles vida a esas palabras, que sólo yo puedo nacer. No darle a mi familia eso que sólo yo puedo traer, como corazón de esta casa. No estar suficientemente presente con todas mis magias y recursos, para acompañar a los peques que acompaño en mi trabajo. Algo de soberbia hay en todo esto, es verdad, y mucho de obsesión.


Un poco de magia

Sea como fuere, mi meta es procurar que ambos héroes se lleven bien. Así que, aprovechando este tiempo mágico en el que la tierra empieza a madurar sus semillas, yo hago un voto por la concordia, elijo las semillas que quiero madurar:

Encontrar la armonía entre lo que me doy a mí misma y lo que doy a los demás.

Disfrutar en grande las cosas pequeñas.

Mantener una conexión amorosa con  mis diosas domésticas y a mis diosas estelares.

Cuidar amorosamente de mi cuerpo, mi mente y mi corazón.

Nacer palabras muy bellas, en todos los contextos en los que me muevo, que puedan despertar el amor.

Construir vínculos amorosos equilibrados y satisfactorios.

Estar presente en cada instante.

Recibir en abundancia y con agradecimiento todo lo bueno que el universo tiene para mí.


¿Cuáles son las tuyas? ¿Qué cosas quieres cultivar y ver crecer en este nuevo ciclo? ¿Qué flores quieres oler esta primavera, qué frutos te gustaría saborear este verano?

¡Feliz Imbolc para tod@s!




Friday, January 22, 2021

Recetas para acompañar el insomnio

 


Algunas veces, entrar en el País de la Noche es delicioso, es abandonarse en los brazos acogedores del sueño, como en los brazos de un viejo amor. Sin embargo, otras veces es entrar sin remedio en un territorio agreste e inhóspito, infértil y desolador: el reino del insomnio.

Últimamente sé de personas queridas que no pueden dormir. Hay mucho que decir respecto al sueño, sobre cómo equilibra y regenera y cumple tantas funciones vitales. También se puede hacer mucha poesía al respecto, pero lo que quiero compartir aquí son argucias que nos han servido en momentos inhóspitos de nuestras vidas para lidiar con el insomnio.

Hay algunas muy sencillas y prácticas, y otras un poco más del ámbito del trabajo interior.

Las más prácticas (trabajo exterior):

·         Lo primero, evitar estimulantes durante el día, tipo tés con teína o café.

·         Evitar azúcar después de la hora de la comida.

·         Tomar té de tila, melisa, manzanilla, azahar por la tarde.

·         Cenar temprano, al menos dos horas antes de irse a acostar.

·         Poner una gota de aceite esencial de lavanda en la almohada. Yo me lo pongo directamente en los tobillos, muñecas y detrás de las orejas. A mí me funciona muy bien, pero si tienes un olfato demasiado sensible puede hacer el efecto contrario, la idea es encontrar la dosis que te resulta relajante y reconfortante.

·         Hay un aceite que es una maravilla, una mezcla de Do Terra, que se llama SERENITY. Te pones una gotita en la planta de los pies y es muy efectiva. A nivel de aromaterapia es lo más efectivo que conozco.

Las que apelan al trabajo interior:

Yo he descubierto que algo que me funciona muy bien es cambiarme del canal del Pensar, al canal del Sentir. Eso tiene varios modos, pero básicamente es traer al corazón recuerdos, palabras, itinerarios que me anclan en el “sentimiento noble”, como diría mi profe de Shiatsu (el cariño, la alegría, el agradecimiento, la ternura, la nobleza, la paz, la fe, la humildad, la conexión…) Aquí algunos de ellos:

·         El viaje imaginario

Me imagino que me quito mi piel como si fuera un suéter. Y lo mando de viaje. Ya mi atención no está en mi cuerpo tendido en la cama, sino que pongo mi percepción al servicio de ese yo viajero y leve. Algunas veces sobrevuelo paisajes hermosos, otras me paseo por campos dorados, otras más me sumerjo en aguas cristalinas y descubro jardines sumergidos. Durante ese tiempo hago el ejercicio de SENTIR de verdad: los colores, las temperaturas, los olores, las texturas…Casi siempre el viaje termina en un lugar que visito hace mucho tiempo dentro de mí y que me da mucha paz: me recuesto entre las nudosas raíces de un árbol enorme, su copa me da sombra, y frente a él hay un lago muy tranquilo y un cielo muy azul.

·         El viaje interno

A lo mejor has oído hablar de una técnica terapéutica que se llama “visualización creativa”, se trata de poner a funcionar la percepción de nuestro cuerpo por dentro y ayudar a sanar cosas si tenemos algún problema de salud. Yo lo hago un pelín diferente porque he descubierto que me hace bien, así nomás. Me vuelvo pequeñita y entro por una de mis fosas nasales. A cada parte de mí que voy encontrando por el camino la voy saludando, le pregunto cómo está, o directamente percibo cómo está y si siento que necesita algo, por ejemplo, está seca, pues le doy una solución creativa: le doy a beber un vaso de agua, la riego como una plantita, le unto una cremita hidratante. Si no tengo la sensación de que sea necesario hacer nada en concreto sencillamente hablo con ella, le agradezco lo que hace por mí, la acaricio con amor, o la abrazo, o bailo con ella. La idea es dejar un poco que eso fluya, no hacerlo desde la cabeza sino desde la intuición y la imaginación (la imaginación como órgano de percepción, diría Ibn al Arabi).

·         Trabajar con el sentimiento

Esta es un poco parecida a la anterior, pero no hace falta hacerse pequeña. Sencillamente te centras en tu corazón. O como diría Lorca, te SIENTAS en tu corazón. Una forma de hacerlo es sencillamente poner la mano sobre tu pecho y sentir su latido, eso te lleva ahí. Otra es hacer dos o tres respiraciones conscientes. Otra es dirigir tu atención al lugar en el que sabes que está tu corazón. Una vez ahí hay que hace un gesto de apertura, de dejar salir el sentimiento como una gota que se va expandiendo en todas direcciones. Puede ser el cariño, o la ternura, o cualquiera de estos “sentimientos nobles” que te decía más arriba. Debería sentirse ligerito, húmedo, templado, reconfortante. Y aquí el trabajo es sencillamente dejarlo salir, no empujarlo, solamente observar (nuevamente con el corazón, no con la cabeza) cómo va creciendo hasta rebasar tu propio cuerpo y formar una especie de huevito en el que quedas envuelta. A veces estoy TAN metida en mi cabeza que no fluye el sentimiento. Entonces tiro de recuerdos: busco momentos felices, de calma, de mucho amor y ese sentimiento ya se vuelve algo sensorio e identificable y puedo dejarlo salir y correr por mi cuerpo.

Cuando ya tengas ese caminito hecho puedes hacer mucho más, por ejemplo sentir cómo empapa cada uno de tus órganos por dentro. A veces me he sucedido con que al ir empapando me encuentro con la tristeza, me dan ganas de llorar sin razón. Mi profe se Shiatsu dice (sí, es mi gurú), que uno va guardando emociones y el cariño las limpia. Es como entrar en una sala que no has recogido en mucho tiempo y tropezarte con las cosas que se quedaron tiradas por ahí. Sencillamente hay que “empapar” esa emoción también y seguir sin meter la cabeza.

·         Cantar mantras en silencio

En la tradición sufí se dice que el “diker” más poderoso es el diker del corazón, el que se hace en silencio. El diker es la recitación de los nombres o atributos divinos, esos son nuestros mantras. Más que recitar se trata de SENTIR el mantra. El que tú quieras, conozcas, te guste, alguno con que tengas un vínculo real, que al pronunciarlo dentro de ti haga efecto. Puede ser una oración que hayas aprendido de pequeña o un mantra que elijas ahora porque te da paz. Yo empiezo a cantarlos dentro de mí y pongo mi atención en el corazón. Normalmente eso hace que me invada una sensación de bienestar y esa canción me arrulla hasta dormir.

·         Poner a funcionar el agradecimiento

Durante una época de mi vida, que llegara la noche era un horror. No sé si lo que me pasaba era fisiológico o psicológico o ambas, pero ciertamente no me dejaba dormir. Sentía que me iba a morir como un perro, sola en aquéllos desiertos, y que me iban a enterrar ahí entre las arenas, donde (casi) nadie que me quisiera pudiera ir a llevarme flores o llorar sobre mi tumba. ¡Peliculón! Pues encontré que si me aferraba a creer que aquello estaba guiado por la Sabiduría, y que era bueno y necesario para mí, que estaba protegida por una fuerza más grande que yo, y empezaba a dar gracias, el agradecimiento empezaba a crecer dentro de mí y a transformar todo lo demás: el miedo, el estrés, la incertidumbre, la tristeza, la ansiedad, ¡todo! Poco a poco mi cuerpo se relajaba y yo podía quedarme dormida. Ahora, aunque no haya nada en concreto, ninguna idea, ningún síntoma que yo sea consciente que me está impidiendo dormir, sencillamente empiezo a dar gracias por todo lo bueno que hay en mi vida, voy evocando cada cosa y sintiendo la belleza o el bienestar o la alegría que aporta a mi vida, y sale de ahí un agradecimiento tan grande que se come todo lo demás.

Miedo a no dormir

Creo que mucho peor que no dormir, es el miedo o el estrés, o la ansiedad que genera la sola idea de que no vas a poder dormir. “Intentar dormir” es un contrasentido: mientras más lo intentamos menos dormimos. Hay cosas que simplemente suceden y una es el sueño. Así que creo que más bien conviene cambiar la idea de combatir el insomnio por la de acompañar el insomnio. Quizá es como esos niños molestones que, mientras saben que incordian, están ahí pegados, cuando no ven el efecto que quieren, pierden el interés y se retiran.

El remedio ancestral para conjurar al miedo, para invocar lo bueno es, por supuesto cantar. Así que cantemos para atravesar la noche, aunque sea en nuestro interior. Abracémonos con cantos, mezámonos suavemente en un puñado de sonidos que nos acolche la ansiedad y poco a poco la diluya.

En estos tiempos en que el suelo se mueve bajo nuestros pies y las certezas se transforman tan rápido, el sueño es un refugio. Espero que estas herramientas puedan servir a que quienes no tienen un camino feliz por el país de la noche, que encuentren la veredita hacia su cueva protectora, hacia sus dulces sueños.