11-03-2014

Un nuevo año

No sé cómo retomar un blog en el que no se escribe hace tanto. No sé cómo  retomar una vida cortada, una vida sin vida...

No puedo creer que haya pasado un año desde que comenzó mi pesadilla. Un año completo. Con Armando cumplimos 3 años de casados hace dos semanas. Adónde se fueron esos tres años, me parece que hubiese sido ayer que caminaba hacia el altar, las falsas sonrisas, el vals con mi cuñado... si hubiese sabido en ese entonces...

Mientras escribo, Albert me pregunta por correo si podemos vernos. Albert, cuantos años de Albert han sido. Más de diez. Albert tiene la misma cara, el cuerpo quizás menos tonificado, las sienes más canosas, los ojos más arrugados, pero aparte de eso, es el mismo de siempre. Le digo que no sé si puedo, no tengo ganas. Extraño mirarte a los ojos, me escribe, como si mirarnos a los ojos fuera lo que le interesara realmente. Me dice que ha pensado mucho en mi, en nuestro primer beso, en cómo le dolía verme con Armando en ese entonces, en como le sigue doliendo todavía. Le cambio el tema. No quiero hablar de Armando. Le pregunto qué quiere hacerme y no tarda en responder: Quiero contemplarte desnuda, besar tus senos, tocarte, lamerte, acariciarte completa, estar dentro de ti, sentirte estremecerte en mis brazos una y otra vez...

Desgraciado. Sabe lo mucho que me gusta estar en la cama con él. Albert sigue siendo el mejor amante que he tenido y lo sabe. Me aguanto las cosquillas en la entrepierna, vuelvo a cambiarle el tema, mis dudas sobre querer verlo se difuminan.

Me quedo un buen rato mirando al vacío. El ruido a mi alrededor me atonta. Las risas. Quiero llorar, siento un nudo en la garganta que no me deja desde la muerte de Marcelo, un nudo que me asfixia, que me estrangula, que sólo se pasa en los breves momentos que dura un orgasmo, que sólo se amortigua con el cigarrillo post coito, con los besos en mi cuello, con una embestida salvaje, violenta, dolorosa y placentera.

Miro a los estudiantes de primer año reír, juntarse en grupos, niños, niños todos. Qué saben de la vida. Los escucho hablar de hacer una vaca para comprar cerveza. El nudo en la garganta me quema.

Este es mi último año de universidad. Otros cinco años que se han ido dónde. Cómo logré llegar hasta aquí no lo sé. Qué voy a hacer cuando salga tampoco lo sé. Estos últimos meses, el semestre pasado, mi lema era "sobrevivir", conseguir venir a clases un día más, conseguir levantarme un día más, pasar el día como un zombie, una autómata, la falsa sonrisa en la cara, cumpliendo con mis trabajos como siempre. Pasó el semestre, pasó el verano. No sé si me siento un poco mejor ahora que las clases han vuelto a empezar. Sobrevivir otro año, este año, mi último año. Necesito desocupar mi mente de angustia, de recuerdos, de las imágenes que se me repiten hasta en sueños, la sangre, la sangre... necesito ocupar mi mente con libros de psicología, con terapias en las que no creo, con letras que me parecen de un idioma extraterrestre en la tesis que escribo. Nada tiene sentido, pero tengo que continuar, levantarme otra mañana, fumarme otro cigarro, atontarme la mente con estudios, con pastillas cuando no puedo dormir, con sexo cuando estar despierta me duele.

Escribir... quizás eso es lo que me hace falta. Contarle a alguien aquello de lo que no se habla pero todos saben. No ha sido acaso así toda mi vida, secretos, sucios secretos sabidos por todos, callados por todos. Necesito escribir de lo que pasó, aunque me duela, aunque las lágrimas me destrocen los ojos, necesito sacármelo de adentro.

22-11-2013

El efecto mariposa

Por dónde se empieza a relatar una vida que se ha detenido, una vida que más que vida ha parecido una muerte insomne todos estos meses.

Día a día me he repetido mentalmente lo que ha pasado, como una pesadilla que se rebobina y se reproduce una y otra vez, una otra vez, medio dopada por las píldoras, medio dopada por la tristeza y la incredulidad, por el dolor. Ya han pasado meses que parecen años, y a ratos me parecen horas, y vuelven a reproducirse las mismas escenas en mi cabeza, una y otra vez, y el dolor, el maldito dolor que me sigue pegando como una patada en pleno pecho.

Lloro todos los días. Todo esto ha sido mi culpa, mi puta culpa. Aún puedo recordar una de nuestras últimas conversaciones con Marcelo, si hubiese sabido, si hubiese sabido entonces lo que iba a pasar... Dios mio, me encomiendo entre sollozos a un dios en el que no creo, Marcelo...

***

- Leí tu blog - fue lo primero que me dijo Marcelo cuando llegué a juntarme con él ese tibio día de mayo.
- Qué blog - mi instinto, ese instinto primario de mentir para protegerme sobre todo, apareció automático, aún cuando intuía que él sabía.
- El blog... en el que me llamas "Marcelo".

Lo sabía. De qué otra forma podría haberme llamado "Marguerite".

- ¿Cómo lo encontraste?
- No sé, buscando algo en google, llegué a una entrada, me pareció interesante, me puse a leer... lo de "Nicole" me pareció conocido... Cualquiera que te conozca como yo, Marguerite, podría deducirlo.
- Quieres decir cualquiera que se haya acostado conmigo...
- Al menos cualquiera de los que mencionas ahí.

Pedimos algo de comer luego de mirar el menú y nos quedamos mirando en silencio un rato. Nunca me había sentido tan desnuda ante nadie. Marcelo lo sabía todo. Repasé mentalmente todo lo que he escrito. Bueno, sabía "ese" todo, no todo en realidad.

- ¿Quien es Marcos?
- ¿De verdad esperas que me ponga a explicarte quien es cada uno de los que salen ahí?
- Bueno... Armando y Pablo sé quienes son. Y Rodrigo...

Rodrigo. No pude evitar reírme nerviosamente.

- La cagai Marguerite... o sea... hueón, me daba cuenta de que estás desequilibrada, pero...
- ¿Me citaste para criticarme?
- No. Te cité porque sé quien te mandó a seguir.

Ricardo. Casi me había olvidado de Ricardo. A final de cuentas... no estaba haciendo nada "malo", o nada de lo que Pablo pudiera enterarse. A final de cuentas Pablo y yo recién empezábamos. ¿Nos habíamos propuesto acaso fidelidad absoluta? Se lo dije a Marcelo.

- O eres muy caradura... o muy tonta... o te encanta meterte en las patas de los caballos, Marguerite -  fue su respuesta. Lo notaba molesto conmigo, aunque no tenía ningún derecho a estar molesto por nada.
- ¿Vamos al punto?
- Tengo dos opciones. La primera es que Marcos te mandó a seguir.
- También lo he pensado, pero no tengo forma de comprobarlo. ¿En que basas tu conclusión?
- Su excusa de que no sabía donde estabas cuando saliste del colegio es demasiado chanta. Ricardo era policía. Marcos tiene que haber tenido acceso a absolutamente todos tus datos a través del colegio.
- Según él no quería buscarme, simplemente quería que le avisaran si me metía en problemas.
- Chanta de todas maneras, no me lo creo. O te buscó y sabía exactamente dónde estabas todos esos años o no te buscó y se lo inventó todo con Ricardo.
- ¿Y se lo inventó con qué objetivo?
- Que dejes a Pablo y no dejes de verlo a él... ¿No te parece demasiada coincidencia que más de 10 años después Ricardo se acuerde de ti y relacione que la que Pablo mandó a seguir y la que el cura, que a todo esto debería estar preso ese hueón pero bueno, la que el cura mandó a seguir sean la misma? Y más encima que Ricardo lo llame y se junten justo después de que le dijiste de que ya no querías verlo más... O sea, no hay que ser un genio para sacar conclusiones.
- Hmm.
- Además eso de que Ricardo no le cuente a Pablo de las veces que te veas con Marcos...
- Bueno... eso podría tener una explicación. Podría ser que Ricardo le deba a Marcos más de algún favor...

Nos quedamos en silencio un rato. Necesitaba procesar lo que me decía Marcelo.

- De todas maneras Marguerite... ¿Cuánto crees que puedas seguir manteniendo tus mentiras? No hay una sola persona en tu vida, excepto yo ahora, que sepa toda la verdad.

Seguí en silencio. La verdad. No Marcelo, no sabes toda la verdad, pensé. No sabes ni siquiera una décima parte de todo, pero sí, sabes más que el resto. Pero qué más daba eso, si toda mi vida había sido una mentira, si estaba en dónde estaba ahora, en el mismo lugar que al inicio, qué más daba que lo supiera Marcelo, que lo supieran todos. Ya todo daba igual.

- Dijiste que tienes dos opciones...
- La otra es Rodrigo.

***

Una y otra vez he repetido esta conversación en mi cabeza, analizando cada palabra, cada detalle, cada coma, intentando retener cada segundo de la cara de Marcelo, cada uno de sus gestos en mi memoria, cada entonación de su voz. El efecto mariposa, aquel que dice que el simple aleteo de una mariposa puede crear un tifón al otro lado del mundo, como en aquella película que alguna vez vimos con Marcelo mil vidas atrás. Esa conversación fue el efecto mariposa que desató todo el caos y que se llevó la vida de Marcelo. Muerto. Muerto. Me lo repito como cada día y aún me suena ridículo, vacío, sin sentido. Marcelo no puede estar muerto, pero lo está, lo sé porque lo vi morir, lo sé porque fue mi culpa. Lo sé porque fue esa conversación la que provocó su muerte.

Necesito volver a dormir. Quizás esta vez tenga suerte y no despierte de nuevo.

13-05-2013

Hipersexualidad

Hoy me tocó exponer los avances con mi caso de evaluación psicodiagnóstica. Mis compañeros son morbosos, les gusta que les relate cosas que me cuenta mi supuesta paciente. Jorge sigue mirándome extraño, como si supiera o intuyera que soy yo.

Mis compañeras siempre se sienten incómodas, se les notan los prejuicios, la palabra "PUTA" con mayúsculas que se les dibuja en la cara cuando oyen que mi paciente, "Andrea", se ha acostado con uno nuevo, y con otro, y con otro. Se supone que como futuros psicólogos no debemos emitir juicios morales, pero es inevitable, somos humanos, estudiantes sin experiencia clínica, y solemos decir lo que se nos pasa por la cabeza.

Me cuesta, cuando mis compañeros proponen diagnósticos, no discutir de inmediato, no defenderme. Tengo que recordarme y morderme la lengua de que no soy yo, no soy yo a quien analizan, es Andrea, Andrea la maniaco-depresiva, Andrea la con un síndrome obsesivo compulsivo, Andrea la ninfómana. He recibido todos los diagnósticos posibles intentando averiguar el por qué de su forma de ser, de sus actos impulsivos. El último consenso es que la hipersexualidad de Andrea se debe a un trastorno bipolar, esto sumado a que ha vuelto a consumir drogas, lo que ayudan a que se desinhiba. Me da risa, me da risa escuchar sus teorías sacadas de libros, y darme cuenta de que no entienden nada. Lo mío es hambre, simple hambre, hambre de orgasmos, de sensaciones nuevas y a la vez conocidas, idénticas y distintas cada vez.

Salimos de clases, yo todavía sonriendo por lo que había escuchado. Jorge me estaba preguntando cuándo nos podíamos juntar a estudiar y me miraba con esa cara, esa cara de quien ha probado las delicias turcas mágicas y envenenadas de la bruja de Narnia y quiere más, a pesar de saber que se terminará enfermando, es lo único en que piensa, en más, en probarlas de nuevo. Iba a responderle que no tenía tiempo cuando sentí el teléfono vibrar. Me sorprendió ver un mensaje de Marcelo, pero más me sorprendió ver el contenido:

"Te invito a cenar en nuestro lugar favorito, te espero a las 20:00. Tenemos que hablar de 'Marguerite'"

Así. "Marguerite" entre comillas. No mi verdadero nombre. "Marguerite". He pensado mucho estas horas sobre lo que Marcelo querrá decirme, lo intuyo casi. Y ya casi que me da lo mismo. Lo que sabe Rodrigo, lo que ha hecho Pablo, lo que ha pasado con Armando... ya todo da absolutamente lo mismo.

Marcelo, si lo sabes todo, probablemente me lo cuentes dentro de media hora.

12-05-2013

Rodrigo

Al final le pedí a Armando que nos viéramos en su, nuestra, casa. Me pareció lo más seguro. Decidí no decirle nada nadie, ver si Pablo me decía algo, ver si se le salía lo del seguimiento. Identifiqué el auto que me siguió desde mi apartamento, alguno de los secuaces de Ricardo. Se estacionó a unos metros de mí. Supuse que de ahí habian sacado las fotos la vez pasada.


Armando me abrazó apenas abrió la puerta. Lo alejé de mí y entré rápido y cerré la puerta. Probablemente habrían fotografías de ese abrazo.

Alejé a Armando no sólo por las fotos, pero por mi olor. Me había bañado muchas veces pero mis manos, mi cuello, mi cuerpo completo olía a sexo. No sé si es un olor que todos pueden sentir, pero al menos yo lo siento muy intenso, así como también soy capaz de oler cuando otros han tenido sexo o cuando quieren sexo, especialmente conmigo. Y cuando te pasas los días acostada con alguien, haciendo el amor una y otra vez, pareciera que los olores se mezclaran y se te impregnaran en la piel, el olor del sudor, de las secreciones, de la saliva, de los besos en lugares recónditos. Era ese aroma el que había estado oliendo mientras conducía, en mis manos, en mis dedos, en mis brazos, y sabía que estaba en el resto de mi cuerpo, el olor de Pablo. ¿No lo sentía Armando? muchas veces me he preguntado si no será un olor animal el del sexo, como el que se usa para marcar el territorio. Yo olía toda a Pablo y Armando no parecía darse cuenta, pero ¿Cuando acaso se había dado cuenta de nada?

Pasé al living y empecé a hablar yo, rápido, atolondrada, nerviosa. Le dije a Armando que el fin de semana vendría a buscar el resto de mis cosas, mi ropa, mis libros, que lo demás se lo quedara todo, los muebles, la casa, todo. Armando se me acercó con pasos largos, me tomó la cabeza con delicadeza con una mano y me puso la otra mano en la espalda, acercándome a él. Que rico se sentía su olor, tan distinto al de Pablo y de su sexo, que rico se sentía tener sus manos grandes afirmándome y por un momento, cuando quiso acercarse a besarme, pensé en volver con él, dejarme llevar, pero entonces volví a acordarme de la sueca. Lo alejé antes de que sus labios tocaran los mios.

- Sigues enojada conmigo.
- No, enojada no Armando, dolida sí, pero no enojada.
- Qué quieres que haga...
- Que entiendas que esto no tiene solución, que me des mis cosas y hagamos este proceso lo menos doloroso posible.
- No voy a dejarte ir.

Lo miré fijamente. No sabía si me hablaba de que no me dejaría ir ahora, en ese momento, o no me dejaría ir tan fácilmente con un divorcio. Pobre Armando. No entendía que todo lo que yo estaba haciendo era, como siempre, por su bien. Perfectamente podría haberle dado la infinita lista de amantes, de los que tuve antes, durante y después de él, no bastaba más que eso para que su amor por mi se disolviera como azúcar en el agua.

- Se te olvida que estoy saliendo con Pablo.
- No me interesa lo que estés haciendo Marguerite. No soy quien para pedirte que no lo veas, para juzgarte, después de lo que te hice yo, pero no quiero dejarte ir, no puedo hacerlo. He estado pensando... tenías razón todo el tiempo. Todo esto pasó por mi culpa, si yo no te hubiese obligado a tener un hijo, no habríamos ido jamás donde Pablo...
- Y si no te hubieses acostado con esa sueca puta...
- Lo sé.

Armando se había sentado y apoyaba sus codos en sus piernas. Era la imagen perfecta de la desorientación. Me daba cuenta de que no sabía qué más hacer, siempre había sido yo quien había tomado las decisiones por los dos, aunque él creyera que fuesen por su propia iniciativa. Lo amo, me dije, pero mi orgullo es más fuerte. No puedo perdonarlo. Esto si que no puedo perdonárselo.

Nos quedamos un rato en silencio, sin saber qué más decir. Le pregunté si le parecía bien que metiera algunas de mis cosas en cajas, que me las llevaría el fin de semana. Me dijo que sí. Le pregunté si me acompañaba él y le comenté que no quería encontrarme con nada inesperado. Armando me dijo esta también es tu casa Marguerite, nadie más que tú ha estado aquí.

Claro que no. Con la sueca se había acostado en otros lugares. Nadie más que tú ha estado aquí. Un solo pecado, pequeño pecado comparado con todos los míos, ¿podría yo jamás decirle "nadie más que tú ha estado aquí"? y sin embargo la rabia, esa rabia que de tanta casi me provocaba náuseas, me seguía impidiendo ver su arrepentimiento. Marcelo tenía razón, tenía ganas de hacerle daño antes de dejarlo ir para siempre.

Entré al dormitorio. Las persianas estaban bajadas y entraba poca luz. Cuando Armando quiso subirlas le dije que no. Pensé en Ricardo, sus secuaces y su equipo de última generación espiándome por cada resquicio posible. Armando me pasó una maleta que todavía tenía las etiquetas de embarque de cuando me fui a Rio. Abrí mis cajones, mi ropa seguía ahí doblaba. Empecé a meter todo en la maleta. Armando se me acercó por detrás y me abrazó.

- Vuelve conmigo Marguerite - sentí su voz en mi cuello, tibia.
- No... - le dije en un susurro. Cerré los ojos.
- Por qué no...
- Porque... - me di la vuelta dentro de su abrazo - nunca te la has jugado por mí Armando, por eso.

Me miró sin entender.

- Como que no me la he jugado por ti...
- La primera vez que terminamos, ¿te acuerdas?
- Claro, tú me dejaste.
- ¡Te dejé porque no te la jugabas!
- Pero de qué estás hablando... ¡Estábamos juntos! ¡Fuiste tú la que me dejó a mí!
- Estábamos juntos... ¿Lo estábamos? Tú estabas concentrado en tus estudios, tu familia, siempre dándome largas sobre nuestra relación, nunca me hablaste en serio de si te ibas a casar conmigo...
- Pero Marguerite. Tú-me-de-jas-te - me dijo como si yo hubiese sido una retardada a la que había que hacer entender con sílabas -  qué querías que hiciera, ¿que te rogara?
- ¿Te das cuenta que no entiendes nada? Si me querías de verdad, tendrías que haber hecho todo por hacerme volver contigo, y tú no hiciste nada...
- Pero mi amor... ahora...
- Ahora nada. Volví a darte una oportunidad y volviste a desaprovecharla. Ahora solamente me quieres porque estoy con Pablo, igual que solamente me querías cuando estaba con Derek.

Armando me abrazó más fuerte, pegando su cuerpo al mío.

- Tienes razón. He sido un estúpido, un maricón, llámame lo que quieras. Y quizás sí, soy tan tarado que solamente actúo cuando siento que te estoy perdiendo Marguerite, pero no voy a volver a perderte. No de nuevo.¿Crees que no me he pasado las noches en vela imaginándote con Pablo, besándolo, haciéndole el amor? ¿Crees que no me llega a doler la guata de saber que cada minuto que no estás conmigo estás probablemente con él?... pero sé que la cagué y como te dije ya ni siquiera quiero que me perdones, solamente quiero que vuelvas conmigo, esta vez las cosas serán como tú quieres que sean.

Y me besó. Sus manos seguían afirmándome con firmeza. Me costó retomar el ritmo de los besos de Armando cuando me había besado solamente con Pablo los últimos días, pero luego de unos segundos, ahí estaba, mi Armando, el Armando a quien yo le había enseñado a besar, sus besos deliciosos. Me dejé llevar con los ojos cerrados, pensando de nuevo en si realmente no era capaz de sentir el olor de Pablo en mi cuerpo. Me llevó a la cama y me siguió besando sin decir nada. Lo dejé que me desnudara con rabia e intenté no pensar en nada más. Me hizo el amor con furia y yo le enterré las uñas en la espalda una y otra vez. Seguía dolida con él por haber arruinado todo.

Cuando acabamos, saqué un cigarro de mi cartera y me lo fumé acostada a su lado.

- Volviste a fumar...

Cuán tonto puedes ser Armando. Nunca lo he dejado. Ninguno de mis vicios lo he dejado, simplemente es que no te das cuenta de nada.

- Armando... esta fue nuestra última vez - le dije mientras apagaba el cigarro. - Estoy con Pablo ahora, lo de nosotros ya no tiene remedio.
- ¿Me quieres todavia?
- Por supuesto.
- Entonces no se ha acabado nada Marguerite. Entiendo que tu orgullo esté herido, pero mientras me sigas amando, mientras me quieras un diez por ciento de lo que yo te amo a ti, voy a seguir intentándolo.

Me vestí y salí rápido y sin despedirme cuando Armando se metió a la ducha. Cuando hice partir mi auto nadie me siguió, por más que miré por el retrovisor, no vi ningún auto que me indicara que Ricardo o sus empleados iban detrás mío. Me fui directo a mi apartamento, quería ducharme y cambiarme ropa antes de ver a Pablo. Mi cuerpo olía al sexo de Armando ahora. Casi me desmayo cuando vi que Pablo me estaba esperando en la conserjería de mi edificio, leyendo el diario. Me saludó con una sonrisa.

- ¿Dónde estabas?
- Terminando un trabajo... - la mentira salió automática, no pensé en si probablemente lo sabría ya, pero no pareció notar que le estaba mintiendo, ni el olor de Armando, aunque a mí me parecía que me explotaba el aroma de su perfume en la nariz con cada inhalación. Tendría que decirle la verdad antes de que Ricardo se lo contara.
- Subamos y te preparo algo de cenar.

Mierda. Mierda. Mierda, los micrófonos, pensé. Por eso había venido.

Subimos y le dije a Pablo que me iba a dar una ducha. Me preguntó si no quería que me duchara con él entre carcajadas. Tenía dos opciones. Ducharme con él y que se diera cuenta de que me había acostado con Armando, no habíamos usado condón y necesitaba revisar si me había dejado alguna marca en el cuerpo. Mi otra opción era igual de poco tentadora, ducharme sola y dejarlo a sus anchas para que instalara un micrófono e incluso una cámara donde quisiera. Me dije que esto último era lo menos peligroso, siempre podía revisar y quitarlo, y me duché lo más rápido que pude mientras él preparaba algo de comer.

Pablo empezó a hacerme preguntas de cómo me había ido en la universidad. Nos habíamos visto por la mañana, habíamos desayunado juntos. Sentía que me miraba extraño, distinto. ¿Sabía que había ido a ver a Armando? O quizás era capaz de sentir su olor, por mucho que me hubiese lavado.

- Estaba pensando Marguerite... en si te gustaría que nos fuéramos a Europa para las vacaciones de invierno.

Dejé de comer para mirarlo. Le dije que tenía apenas dos semanas de vacaciones.

- Pero perfectamente podrías pedir permiso y tomarte dos más. He estado pensando... qué te parecería que nos fuéramos de aquí. Podrías postular a un intercambio, empezar en, no sé, Madrid, Londres, donde quieras, en septiembre. Podríamos empezar de nuevo lejos de aquí.
- ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer tú?
- Yo puedo encontrar trabajo donde quiera, o hacer un postítulo, no lo sé. No le he pensado completamente, quería hablarlo contigo primero.

Terminamos de comer y no volvimos a tocar el tema, pero mientras veíamos una película era en lo único en que pensaba. Pablo, sentado al lado mío, de repente olió mi cuello y dijo un "hmm" bastante extraño.

- ¿Qué?
- Nada... tienes... un olor distinto...
- Debe ser el gel de ducha nuevo - dije con un agujero gigante en el estómago.
- Seguramente - me dijo mientras me daba un beso y volvía a la película.
- Pablo...
- Hmm
- Hoy vi a Armando.

Me pareció ver que apretaba la mandíbula y un pestañeo extra.

- Fui a buscar algunas cosas a la casa.
- Y...
- Y nada, simplemente eso. Conversamos y quedé de ir a buscar el resto el fin de semana. Pensé que deberías saberlo.
- No necesitas contarme todo lo que hagas - porque de todas maneras ya lo sé, me pareció escuchar dentro de mi cabeza - Marguerite, yo confio en ti.

Volvió a la película como si nada. Realmente estaba confundida, me confundía su actitud. Yo sabía que él sabía, ¿no era por eso que me había dicho lo de que olía distinto?

En eso sonó mi teléfono, era mi cuñado. Rodrigo nunca me llama y me pareció muy extraño, así que contesté.

- Armando tuvo un accidente.
- ¿Qué?
- No es nada serio, no te alteres. Chocó en el auto, tiene algunas contusiones pero nada de gravedad. Lo dejan algunos días en observación. ¿Puedes venir?
- Sí, si, claro, dime dónde está.

Anoté la dirección y le conté a Pablo lo que había pasado. Me alteré muchísimo, me recordó a aquel otro accidente que tuvo Armando, aquel en el que quedó en coma, aquel que me hizo empezar a escribir. Pablo me preguntó si quería que me acompañara y le dije que no creía que fuera lo mejor. Me preguntó entonces si quería que me esperara en mi apartamento. Claro, pensé, para instalar tus micrófonos a tu gusto. Le dije que no sabía a qué hora volvería. Pablo insistió en acompañarme, me recordó que era médico, le dije que no, no ahora, y le dije que me iría a su apartamento cuando me desocupara. Nos despedimos con un beso. Te quiero, ten cuidado, me dijo Pablo, y me pareció sincero.

Del apartamento a la clínica no vi a nadie seguirme. Me pasé mil rollos. Cuando llegué a la clínica tenía la certeza absoluta de que había sido Pablo quien había mandado a alguno de los matones de Ricardo a hacerle algo a Armando. Pero lo que Rodrigo me dijo me confirmó que no: Armando había salido en el auto con unos tragos encima y había chocado. Los daños no habían sido muchos.

Cuando entré a verlo estaba dormido, un magullón en la mejilla, se veía ojeroso. Me dió pena imaginármelo bebiendo después que me fui, solo y desorientado. Todo era mi culpa. Todo era mi puta culpa. Rodrigo me preguntó si yo tenía llaves de la casa y si podíamos ir a buscar algunas cosas. Le dí un beso en la frente a Armando antes de salir con Rodrigo.

En el camino no hablamos. Mientras conducía se me cayó alguna lágrima. Si Armando se hubiese matado no me lo habría perdonado nunca. En la casa recogimos algunas cosas, dos mudas de ropa, zapatillas, artículos de higiene. En el dormitorio mi maleta seguía tal cual donde la había dejado.

- ¿Estuviste aquí?
- Si, temprano, vine a recoger algunas cosas.
- ¿Discutieron?
- No.
- Por qué estaba tomando mi hermano entonces...
- Creo que eso es algo que tendrás que preguntárselo a él.

Rodrigo me afirmó de una muñeca.

- Quiero que me respondas ahora. Qué estúpido jueguito estás jugando con mi hermano...
- Suéltame Rodrigo. Estoy cansada, me asusté muchísimo con el accidente, no estoy jugando a nada. Los problemas entre tu hermano y yo los resolvemos nosotros, no vengas a hacerte el hermano mayor super héroe ahora.

Rodrigo me soltó con una sonrisa extraña en los labios, casi una mueca.

- Sabes Marguerite... siempre me he preguntado qué es lo que escondes, o mejor dicho, no entiendo por qué volviste. No logro entenderte. Dejaste a Armando hace tantos años y solamente mi familia sabe lo que nos costó hacerlo volver a la vida...
- A mí no me parece que les costara tanto. No pasó mucho tiempo antes de que aparecieran los rumores de su relación con... ¿Cómo es que se llamaba la amiga de tu hermana?
- Ella nunca significó lo que tú para él, para nosotros...

No pude evitar una carcajada ruidosa. Yo nunca había significado nada para ninguno de ellos.

- Te parecerá ridículo lo que te digo pero es la verdad. Yo te eché muchísimo de menos cuando te fuiste. Y ahora cuando volviste... te juro que no entiendo el por qué.
- Amo a Armando, por eso volví.
- Y si lo amas, por qué no estás con él.
- Es más complicado de explicar de lo que piensas.
- ¿Es porque te engañó? ¿Acaso no lo has engañado tú también?

Fue como haberme dado una patada en el estómago. Rodrigo sabía, pero qué, qué era lo que sabía. Cualquier palabra podía ser un paso en falso.

- De qué hablas - mi voz sonó como una estalactita, fría y filosa.
- ¿Tú crees que yo no sé como es que Germán consiguió el trabajo que tiene? ¿O como el marido de Francisca consiguió un ascenso que no se merecía justo en el momento que más lo necesitaba? ¿O que no sé que fue la relación que tuviste con (y me dijo para mi horror el verdadero nombre de Albert) la que sacó a mi papá de los líos en que se metió? ¿Tú crees que yo no sé - me dijo mientras se acercaba a mí intimidante - que te fuiste por lo que hiciste para sacarnos del hoyo?

Me puse a llorar irremediablemente, no pude evitarlo. Era tanto el peso, tanto el peso que se me cayó de los hombros, el accidente de Armando, el nuevo accidente, el bebé, todos los bebés abortados, todo, que no pude evitar ponerme a llorar descontroladamente. Rodrigo me abrazó.

- No seas tonta, nadie más que yo lo sabe.
- Cómo... - le dije entre hipos
- No soy estúpido Marguerite. Cuando te fuiste... la primera vez que te fuiste... sabía que no estabas bien. Le dije a Armando que te buscara pero el muy estúpido y orgulloso no quiso hacerlo. Empecé a hacer averiguaciones, a sumar uno más uno, hasta que entendí todo.
- No podía...
- Shhhttt, no digas nada sobre eso. Lo sé y punto. No te juzgo. Si no hubiese sido por eso, quien sabe dónde estaríamos ahora. Pero si tienes miedo de que eso se sepa ahora... si es por eso que no vuelves con Armando... yo nunca voy a decir nada, puedes estar tranquila.
- No Rodrigo, no es por eso...
- ¿Es por lo que pasó con Merete?
- Algo así...
- Te aseguro que no quiero sacarte en cara nada, pero... ¿no crees que deberías perdonarlo? A final de cuentas, tú también tienes tejado de vidrio como para estar lanzando la primera piedra.

Me senté en la cama y me puse a llorar de nuevo. Rodrigo se sentó a mi lado y volvió a abrazarme.

- Por qué... dices que me buscaste... por qué...
- Porque yo en ese tiempo estaba enamorado de ti Marguerite. Sabía que eras de mi hermano, pero no podía dejar de pensar en ti, y cuando te fuiste... sentí que te perdía yo también.

Fue tanta la sorpresa de su confesión que dejé de llorar. Sólo quedaron hipos ocasionales, que sonaban ridículos. Rodrigo me hizo cariño en la mejilla y antes de darme cuenta, me estaba besando. Lo siguiente que recuerdo y casi lo único en que he pensado estos días son sus dedos largos, firmes, recorriéndome los pezones con destreza y su boca, mordiéndome los labios. Lo hicimos en la cama de Armando con la calma del que sabe que no será interrumpido. Hablamos y hablamos por muchas horas. Y volvimos a hacerlo. Mi cuerpo todavía huele a Rodrigo.

08-05-2013

Ricardo

Camino a la iglesia empecé a pasarme mil rollos. ¿Qué era lo que Marcos quería hablar tan urgentemente conmigo? ¿Por qué me citaba ahí? ¿Qué era eso de no hables con nadie ni hagas nada? A las únicas personas que había visto era a Armando, mi cuñado y mi suegro. No hagas nada... nada de qué, ¿a qué mierda se refería? No hables con nadie... de repente tuve la certeza de que mi suegro y cuñado sabían algo, ¿qué? no tenía idea, pero algo terrible, algo sobre mí, por eso estaban ahí, por eso estaban tan raros conmigo, por eso es que me llamaba Marcos, porque de alguna manera omnipresente, omnipotente y absoluta, él sabía de qué se trataba, sabía por qué estaban ahí cuando yo iba a hablar con Armando. Pero ellos siempre habian sido así, más preocupados de las apariencias que de cualquier cosa, de ellos mismos más de quienes pisoteaban por el barro. Qué mierda me iba a decir Marcos.

Se me pasaron mil nombres por la cabeza, mil situaciones. Marcos nunca me había citado así de urgente, así de enigmático. Las oscuras calles se me hicieron eternas hasta que llegué a la iglesia. Marcos me estaba esperando y en su cara noté que algo pasaba. Nos sentamos y me ofreció un café.

- Se trata de Pablo - me dijo sin más preámbulos
- ¿Pablo? - ¿Cuándo era la última vez que había visto a Pablo? El viernes y ahora era domingo por la noche - Qué pasa con Pablo...
- Primero... tengo que explicarte algo.
- Qué cosa. No entiendo nada.
- Cuando saliste del colegio, yo tenía un amigo en la policía de investigaciones.
- ¿ok?
- Y cuando te desapareciste, cuando te busqué y tu mamá estaba muerta y tú no estabas por ninguna parte, le pedí a ese amigo que me avisara si sabía algo de ti.
- No entiendo, ¿dices que le pediste que me buscara? Tenías todos mis datos, podrías perfectamente haberme encontrado, saber donde estudiaba, donde vivia, cosas que no hiciste...
- No, no que te buscara, que me avisara si te metías en problemas, puso algo así como una alarma en su sistema con tus datos y si algo aparecía de ti, me avisaría.
- Algo...
- Si te metías en problemas con la policía. Respeté que te hubieras desaparecido, me dije que cuando quisieras buscarme de nuevo, lo harías, aunque nunca pensé que serían tantos años más tarde, pero bueno... el tema es que este amigo está retirado de la policía ahora y se dedica a la investigación privada.
- ¿Y eso en que me concierne a mí?
- Ayer me llamó porque le encargaron un seguimiento. Y la persona a seguir era la misma que yo le había dado los datos hace tantos años, y quien se lo encargó fue... Pablo - y su apellido.

No dije nada. Mi cerebro necesitaba procesar la información. Marcos pensó que le daba pie a que siguiera hablando.

- Marguerite, yo te advertí que ese hombre está mal de la cabeza... por tu bien...
- Marcos, déjame pensar. No entiendo nada. Esto suena tan... poco probable. ¿Por qué habría de hacer Pablo algo así?
- Para controlarte, para cagarte la vida, para tener pruebas para Armando...
- ¡Pero si Armando sabe que estoy con Pablo! Acabo de decírselo.

Marcos me miró extrañado.

- Vaya. No sabía que te estabas tomando así de en serio a Pablo.
- Te lo dije Marcos. Quiero estar con él, pero bien, nada de secretos ni cosas a medias.
- A pesar de que es un psicópata.
- No es un psicópata.
- A pesar del daño que te ha hecho.
- Si hablamos de daño aquí, no eres tú el que sale mejor parado.
- Marguerite... de qué sirve sacarme en cara lo que te hice, no cambia en nada las cosas, ¿no ves que solamente trato de ayudarte?
- ¿Quien es ese detective? dame su nombre.
- Si quieres lo llamo para que lo conozcas. Debe andar cerca si es que te ha seguido.

Y lo hizo. A los cinco minutos apareció un tipo canoso, ojos verdes, parecía sacado de una película de acción, bastante atractivo. Me saludó con un apretón de manos y un guiño.

- Marguerite, este es Ricardo.
- Un gusto - me dijo mientras me apretaba la mano con firmeza.

No sabía qué pensar. Le pedí que me explicara quien era. Miró a Marcos antes de responderme.

- Soy ex PDI, ahora trabajo como investigador privado. El viernes me contactó - sacó una libreta de su bolsillo y me dijo el nombre de Pablo - y me encargó que hiciera un seguimiento de 24 horas a - y dijo mi nombre - por tiempo indefinido, que es lo que hemos hecho hasta ahora.
- ¿hemos hecho?
- Somos un equipo de tres, no puedo seguir a alguien las 24 horas del día yo solo.
- Y dices que fue Pablo quien te encargó esto.
- Él mismo. Y debe o quererla o celarla mucho para pagar lo que está pagando por seguirla.

Pensé en qué había hecho desde que vi a Pablo la última vez. Me había juntado con Marcelo en la cafetería... había recogido a Marcos en el aeropuerto y cenado con él, el resto del tiempo lo había ocupado en estudiar hasta que me había juntado con Armando. No había hecho nada malo. ¿Por qué entonces tenía esa asquerosa sensación como una bola de engrudo con pelos en el estómago? ¿De qué tenía miedo? ¿De Pablo?

- Y... ¿Cómo o por qué contactaste a Marcos?

Volvió a mirarlo y Marcos le hizo un gesto de sí con la cabeza. Me recordó el día del aborto, ese gesto con el que decidió que el médico me arrancara al único que bebé que he sentido moverse dentro de mí.

- Bueno, el padre Marcos me encargó hace años que le avisara si se sabía algo de usted, algo me recordaba el nombre y cuando pusimos alguien afuera de su apartamento y la siguió al aeropuerto y me avisaron que recogía a un sacerdote, me acordé. Revisé su nombre en mi base de datos y me di cuenta de que era la misma persona, y como en ese tiempo el padre me encargó que le avisara cualquier cosa que supiéramos de usted... lo contacté para saber si él sabía que alguien había encargado seguirla.

Entonces no sabían nada de Marcelo, pero sí de Marcos. Y de Armando.

- ¿Me han estado siguiendo desde el viernes por la tarde?
- Si, por ahora solamente ha sido un seguimiento en terreno, ubicarla por donde se mueve - volvió a revisar su libreta - y tomar algunas fotos, pero a Pablo se le ofreció la opción de escuchas telefónicas y grabaciones de audio si él pone los micrófonos que le entregamos en los lugares que a él le interesa escucharla.

La cabeza me empezó a doler horrorosamente. Se me mezclaban las voces de Marcos y de Marcelo con sus advertencias, las dulces caricias de Pablo y sus promesas de haber cambiado, el beso con Armando.

- Dijiste... que han estado tomando fotografías...

Sacó una cámara de un bolso que no había visto que llevaba. La prendió, presionó algunos botones, y ahí estaba yo. Empezó a pasar las fotos. Las últimas eran de mi sentándome en el auto, Armando parado a mi lado acababa de pedirme que me quedara y advirtiéndome que no me dejaría ir, pero eso no lo decían las fotos.

- Qué vas a hacer Marguerite... - me pareció que no había escuchado la voz de Marcos en mil años.
- ¿Que qué voy a hacer? ¿Qué quieres que haga?
- Deja a Pablo, déjalo antes de que esto se escape de tus manos.
- Voy a ir a verlo ahora, quedé en juntarme con él después de hablar con Armando.
- Yo que usted señorita, no le diría nada del seguimiento, pero tenga cuidado con Pablo. De todas maneras, ya que es amiga del padre, si usted quiere que no le informemos de algo al cliente, me avisa no más... de todas maneras, no le informaremos al cliente de sus... reuniones con el padre, para que se quede tranquila.

Me entregó su tarjeta y se despidió diciéndome que me esperaba afuera, que me seguiría hasta la casa de Pablo. Yo me sentía, no sé como explicarlo, estaba más que sorprendida, quizás desilusionada, estupefacta, me sentía violada, desnuda, como en esos sueños donde caminas sin ropa por la calle y todos te miran, todos saben lo que haces y no tienes como cubrirte.

- Marguerite... siento decirte te lo dije pero...
- Marcos, no ahora. Te llamo después.
- Ten cuidado mi niña, ten cuidado.

Salí pensando en tantas cosas. Mi niña, Marcos seguía llamándome mi niña, así me había conocido pero yo no era una niña ya, él me había quitado la inocencia. Y Pablo... ¿habrá llamado al detective después de haberse ido de mi apartamento? Me costaba entender y a la vez no, Pablo me había mostrado su peor lado, sonaba lógico que hiciera algo así, pero a la vez... a la vez no. No sabía que pensar.

Me senté en el auto y por el retrovisor vi a Ricardo que prendía sus luces al mismo tiempo que yo. Me siguió hasta que llegué donde Pablo. Pablo abrió la puerta sonriente, contento, me dió un beso cariñoso y me preguntó como me había ido. ¿Podía ser que fuera un psicópata capaz de esconder dos lados tan distintos?

Me preguntó si quería que fuéramos a mi apartamento y le dije que no. Pensé en los micrófonos que Ricardo me había dicho que le entregaron. ¿Y si quería ponerlos en mi apartamento?

Nos sentamos a comer algo. No podía dejar de pensar en todo lo que Ricardo me había dicho. A la vez entendía que Pablo no confiara en mí, no tenía por qué hacerlo, pero tampoco era para que mandara a que me siguieran. La cabeza me daba vueltas y más vueltas. Pablo me preguntó qué había pasado con Armando y le conté a medias, que mi suegro y cuñado estaban ahí, que Armando quería que volviéramos, volví a excluir a la sueca y su embarazo del relato pero me pregunté si lo sabría, o cuánto se tardaría en saberlo. Cuando le dije que Armando había intentado besarme, le dije intentado y no que nos habíamos besado, noté un cambió microscópico al mover los cubiertos, un pequeño descontrol, y en sus ojos un guiño como cuando intentas ver que hay a lo lejos y cierras un poco los párpados, pero podría haber sido mi paranoia.

- De todas maneras Pablo... hice lo que fui a hacer. Le dije que estoy contigo. - y le conté la historia de amistad que le conté a Armando.
- Me parece bien lo que le dijiste, suena más lógico.
- ¿Cierto? Pero bueno, ya lo sabe, no creo que me deje tranquila de un día para otro, pero al menos ya sabe que estoy contigo.
- Conmigo, me encanta como suena - me dijo con su sonrisa encantadora.
- ¿Pablo? Te quería... comentar otra cosa.
- Dime...
- Camino acá... me dió la impresión de que alguien me seguía.
- ¿Que alguien te seguía? ¿Por qué dices eso?

La cara de Pablo era de desconcierto absoluto, el ceño fruncido, preocupación genuina. Tendrían que haberle entregado un oscar de inmediato.

- No lo sé, fue solo una impresión, un auto que doblaba las mismas calles que yo...
- ¿Y te siguió hasta acá?
- Si, eso creo.

Pablo se levantó a mirar por la ventana. Observé cada uno de sus movimientos. Me parecía tan inocente... ¿podía ser tan buen actor? ¿Pero no había actuado con total frialdad frente a Armando y cuando me dijo que Armando era infértil y que el bebé tenía que ser suyo? Dios, quería vomitar la bola de engrudo y pelos. Por una puta vez que quiero hacer las cosas bien, las cosas con honestidad, y el puto, maldito destino que me volvía a hacer lo mismo.

- No veo nada Marguerite. Quizás... hmm.
- Hmm qué.
- Nada. Pensé en el papá de Armando. Quizás ellos te estaban siguiendo.

Realmente, el hombre era para aplaudirle de pie, o era muy buen mentiroso o realmente no sabía qué pensar de él. Repasé las decenas de desórdenes psicológicos que había leído la última semana, intentando descubrir cuál encajaba con él.

- ¿Segura que no quieres que vayamos a tu apartamento?
- No. Mañana no tengo clases, tengo mi portátil conmigo, si no te molesta, prefiero quedarme aquí, me siento más segura.
- Por supuesto mi amor, como quieras.

Nos fuimos a la cama. Hicimos el amor dos veces, con calma, me dejé hacer mientras comparaba sus besos con los de Armando, su voz en mi oreja con la de Albert y pensaba y pensaba en lo que me había dicho Marcelo y Marcos. Pablo se durmió a mi lado tranquilo y yo casi no pude dormir y lo poco que dormí fueron pesadillas. Ayer cuando salí de clases me vine directo a mi apartamento. Afuera de la universidad vi a Ricardo estacionado, lo saludé con un gesto de cabeza.

Realmente no sé qué pensar. Hoy me veré con Armando y Pablo no lo sabe, pero no sé donde verlo, donde citarlo. ¿Y si llamo a Ricardo y le pido que esto no se lo cuente a Pablo? Hay algo que me huele muy mal dentro de todo esto, pero no soy capaz de identificar qué es. Y por otro lado, pienso en ver a Armando y ese vértigo del primer día que siempre he sentido con él es lo único que me quita esta sensación horrible que tengo en el estómago.

07-05-2013

Vas a volver conmigo

Cuando llegué a la casa de Armando, bueno, nuestra casa en realidad, no me sorprendió ver el auto de su papá y de su hermano estacionados ahí.

Abrí con mi llave. Mi suegro estaba sentado con un whisky en las manos, mi cuñado miraba hacia el patio por el ventanal del living, Armando se paseaba de un lado a otro con las manos en los bolsillos.

- Qué pasa. ¿Me toca reunirme con la corte familiar o con mi marido?
- Creimos que sería mejor que estuviéramos aquí también Marguerite - dijo mi suegro.

Seguramente estaban ahí para ver que yo no me quedara con nada que no me correspondiera, que acordáramos términos de divorcio justos, más justos para su hijo que para mí, claro, ya que usar abogados salía tan caro. Me reí sola. Como si no hubiese sido yo la que sacó a la familia completa del barro, como si no me debiesen cada peso que ganaron con los trabajos que yo les conseguí con mis contactos, contactos con los que me tuve que acostar, aunque la mayoría hayan sido con gusto culpable a final de cuentas.

- No quiero nada, si es por eso que estás aquí. - le dije a mi suegro - Que no se te olvide que mi papá me dejó todo su dinero, si es eso lo que te preocupa, Armando puede quedarse hasta con mis calzones.
- Marguerite, por favor, siéntate - me dijo mi cuñado.

Hubo un tiempo en que pensé que yo le gustaba a mi cuñado. Mi cuñado solía viajar al extranjero bastante seguido cuando estaba estudiando, él estaba haciendo un posgrado y cada vez que volvía, siempre me traía un regalo. Era eso, la forma de mirarme, la forma de sonreírme cuando me hablaba, el abrazo unos segundos imperceptibles más largo que el que le daba al resto y un poco más apretado, su mano un poco más baja acercándose a mi trasero inconclusamente, ese abrazo que me dejaba sentir el vaho caliente de su aliento en
mi oreja y me llenaba la nariz del olor de su perfume mezclado con el sudor de su cuello, lo que me hacía pensar que algo sentía por mí. Mi cuñado es un hombre muy atractivo, objetivamente mucho más que Armando, más alto, más seguro de si mismo y de sus ideas, probablemente hasta más inteligente. Lamentablemente ha tenido sus periodos con la cocaína de los que le ha costado salir.

Después de que volvimos con Armando y nos casamos la relación no ha sido la misma con mi cuñado. Siento que me mira con desconfianza, que me ausculta. Sus ojos ya no me miran con ese brillo del deseo prohibido. Muchas veces me imaginé dando el primer paso, metiéndome en su cama a medianoche, pero mi cuñado es a la vez honesto, quizás me habría acusado, no podía perder a Armando por una noche con él. Mi cuñado me miraba ahora con esa misma cara de no saber con quien estás tratando ni qué esperarte de esa persona.

- No es por el dinero que estamos aquí. Creemos... creemos que no deberían separarse - dijo mi cuñado.
- Aquí da igual lo que ustedes crean o no. Esto es algo que tenemos que resolver Armando y yo, no ustedes.
- Armando nos contó sobre... su desliz, Marguerite. No seas testaruda, ¿No crees que eso es algo que ha pasado en todas las familias?

Miré a mi suegro con curiosidad. ¿Tendría él también hijos bastardos regados por ahí? ¿Me estaba pidiendo que perdonara a Armando y me convirtiera en una versión actualizada de mi suegra? La diferencia, la diferencia estaba en que mi suegro, desliz o no, había elegido a su familia, a su mujer e hijos, yo no podía sacarme de la cabeza que Armando había elegido a Merete, o al niño, como sea, no me había elegido a mí.

- No eches por la borda esto Marguerite - me dijo mi cuñado. Me recordó a años atrás, cuando me dijo palabras parecidas, igual de poco convencido que en ese entonces.

Los escuchaba hablar sin oírlos realmente. Argumentos como la familia, el amor, los años que llevan juntos, me parecían tan vacíos, tan cínicos viniendo de la boca de ellos, de quienes nunca me habían aceptado realmente, quizás intuían qué o quién era yo en el fondo, intuían que jamás sería una de ellos, pero me debían tantas cosas que se veían obligados a hacer el show por  última vez, para dejarme ir con la conciencia aliviada y tranquila. Hasta que mi suegro la cagó.

- Piensa además Marguerite en la imagen, ahora que estamos en plena campaña política. Piensa en como nos va a dañar como familia todo esto dentro del partido. Inténtenlo por lo menos hasta que las elecciones hayan pasado y ahí decidan con la cabeza fría...

No lo dejé continuar. Me puse de pie y les pedí que se retiraran. Miré a Armando, que el muy cobarde no había dicho una sola palabra, y le dije que o hablábamos solos, para eso era un hombre, o simplemente me iba y que se contactara con mi abogado sin más que discutir. Mi suegro carraspeó, se tomó lo que le quedaba en el vaso, mi cuñado me dió una mirada muy extraña que no supe interpretar y salieron sin despedirse.

Fui a la cocina a servirme algo de vino. Tenía tanta rabia con Armando, de su cobardía, tuve que contar hasta cien, hasta mil antes de calmarme. Sonó mi teléfono y lo revisé mientras me bebía el vino, era un mensaje de Marcos: "no hagas NADA no veas a NADIE. ven a verme URGENTE te espero en la iglesia HOY".

Perfecto, lo que me faltaba, que Marcos me siguiera molestando. En otro momento, en otra situación, su mensaje habría provocado mil alarmas, pero estaba tan enfurecida con Armando que simplemente apagué el teléfono y volví al living.

- ¿Desde cuando necesitas a tu papito para que defienda tus intereses?
- Marguerite... sabes que no es así. Vinieron porque quisieron, no porque yo se los pedí.
- Que casualidad... que vinieran precisamente a contarme cómo esto les puede arruinar la imagen durante la campaña.
- Sabes que eso a mí me da igual.
- ¿Perdón? No te oí decir ni una sola palabra mientras ellos hablaban.

Nos quedamos callados un rato. La casa olía distinto, excesivamente a limpiador quizás. Me fijé en los detalles, algunos adornos cambiados de lugar, polvo debajo del sofá. Se notaba que la nana se había descuidado bastante, limpiando las superficies pero dejando la mugre escondida donde Armando no miraba.

- Cuéntame a qué vine Armando. Tú me citaste aquí.
- Marguerite... no sé... cómo pedirte perdón.
- Sabes que mientras más veces lo dices, más falso suena...
- Qué quieres que haga...
- Nada. Ya no quiero nada de ti.
- Marguerite... suenas tan fría... como si ya no me quisieras.

Lo miré a los ojos. Ya no lo quería. ¿Podía ser así de simple? Ya no lo quiero, me repetí varias veces, pero sabía que era mentira. Lo amaba como nunca, pero no podía, simplemente no podía perdonarle lo que me hizo. La voz de Marcos, como un pepe grillo lujurioso se dejó oír: "¿Y lo que le has hecho tú a él?". La diferencia estaba en que Armando no lo sabía, no sabía nada, y en el caso de haber tenido que elegir, siempre siempre siempre lo habría escogido a él sobre todas las cosas. La voz de Marcos de nuevo: "¿Estás segura?". Por supuesto que estaba segura, ¿no era eso, acaso, lo que había hecho cuando no sabía de quien era el bebé, escoger a Armando por sobre todo, pese a las amenazas de Pablo?. Marcos: "Entonces... por qué lo dejas ir ahora, después de todo lo que has sacrificado"...

- ¿Tú crees que no te quiero Armando? No hay persona a la que haya amado más que a ti, pero... - le hice un gesto de desapruebo - no puedo perdonarte.
- Pero no me perdones mi amor, no me perdones, no ahora, simplemente... no me dejes, intentémoslo de nuevo, te prometo que nunca nunca nunca voy a traicionarte de nuevo. Y con el tiempo... quizás puedas perdonarme con el tiempo. No te estoy pidiendo que hagas borrón y cuenta nueva ahora, pero no te alejes de mí, ya te perdí una vez, no quiero perderte de nuevo.

No. Yo te perdí a ti Armando, de hecho, nunca has sido completamente mío, pensé.

- Armando... yo... estoy saliendo con alguien.

Armando se puso pálido y antes de que dijera nada, le lancé todos mis dardos llenos de veneno.

- Qué. ¿O creías que te iba a esperar para siempre? ¿O creías que me iba a quedar sentadita esperando a ver que pasaba con la sueca, qué decidías tú por nosotros? Te amo Armando, desde el primer día que te ví y probablemente hasta el día que me muera, pero me amo más a mi misma, ya no quiero seguir contigo.
- ¿Quien es?
- ¿Eso qué importa?
- ¿Lo... amas?
- Es muy pronto para responder a eso, pero creo que podría llegar a enamorarme de él, sí.
- O sea me estás diciendo que vas a dejar esto tirado, lo nuestro, lo que nosotros sentimos, por alguien de quien ni siquiera estás segura que quieres.
- Lo dices como si todo esto que ha pasado fuera mi culpa Armando.
- No, claro que no, y tengo claro lo difícil que va a ser que me perdones, si es que me perdonas, pero me es difícil de entender tu decisión...
- Tan difícil como me ha sido aceptar que tú escogiste a otra
- No fue así Marguerite, no lo tergiverses... yo escogí al bebé, no a ella.
- Siguen sonando falsas, estúpidas y vacías tus explicaciones.
- ¿Puedo preguntarte si lo conozco al menos?

Pensé en decirle un nombre cualquiera, inventarme una historia, no estaba lista para la verdad todavía pese a que tres horas antes estaba totalmente convencida de que quería estar con Pablo. Sentía la boca seca.

- Si lo conoces - no estaba segura de si me había oído.
- ¿Quien...?
- Pablo - y su apellido.
- ¿El médico que nos vió?
- Cuando... perdí al bebé, a nuestro bebé - remarqué el nuestro - acudí a él para saber si había algo mal en mí que hubiese provocado el aborto. Me apoyó muchísimo, nos hicimos buenos amigos - la historia que me estaba inventando sonaba muchísimo mejor que la del re encuentro en una fiesta - y cuando decidiste dejarme por la sueca esa Pablo estuvo a mi lado. Las cosas se dieron así.
- O sea que es algo que viene de hace tiempo...
- No, no llevamos ni una semana, no había sido más que una amistad hasta hace pocos días.
- ¿Te acostaste con él?
- ¿Qué? ¿Y tú con qué derecho te crees de hacerme esa pregunta?
- Con el derecho que me da ser tu marido.
- Ahora eres mi marido...
- Lo he sido desde que nos casamos.
- Debiste acordarte de eso antes de preñar a esa puta...

Armando se puso de pie rápidamente y se sentó a mi lado. Me tomó la cabeza con las manos. Su cercanía me embriagó. Tenía tanta rabia con él... la misma intensidad que el amor que sentía, que seguía sintiendo. ¿Se puede odiar y amar a una persona al mismo tiempo? Creo que sí. ¿no había amado y odiado a Marcos por cuántos años? Marcos... miré la hora, Marcos necesitaba verme urgente, ¿qué sería?...

- Tengo que irme Armando.
- No te vayas Marguerite... no hemos terminado de hablar.
- ¡Pero es que no tenemos más de qué hablar! Qué más quieres que te diga... si esto ya se acabo, tú lo arruinaste, ahora es demasiado tarde.
- ¿Lo dices porque estás con Pablo? ¿Por eso es demasiado tarde?
- No... suéltame...
- No te voy a soltar, eres mi mujer Marguerite, mía.

Y empezó a besarme. Dios como extrañaba sus besos. Cerré los ojos y me dejé llevar por el remolino, ese vértigo que nadie más que Armando me ha hecho sentir jamás. Me empujó suavemente hacia atrás sin soltarme, sin dejar de besarme y quizás hasta donde habríamos llegado de no ser porque sonó el timbre de la puerta.

- Mierda - exclamó Armando poniéndose de pie con rabia, alisando sus pantalones como si eso pudiese eliminar su erección.

Escuché que era la nana, se le había quedado su billetera y entró murmurando disculpas y sonrisas, "no sabía que estaba la señora" dijo al pasar. Pensé en decirle que se acordara de limpiar debajó del sofá, pero ya no era mi casa, no era mi problema, yo estaba sola, con Pablo, independiente de nuevo. Me arreglé y apenas la nana se fue, le dije a Armando que yo también me iba.

- No te vayas...
- Tengo que irme Armando. Yo... no puedo hacer esto, te dije que estoy con Pablo ahora - la voz de Marcelo era ahora la de mi conciencia "estás usando a Pablo para sacarle celos a Armando" - y tu problema es que tú solamente me quieres cuando no puedes tenerme o cuando estoy con otra persona. No voy a darte la oportunidad dos veces.
- ¿Lo dices por Derek?
- Lo digo por todo lo que ha pasado.
- No voy a perderte de nuevo Marguerite. Si quieres irte ahora, hazlo, pero ya me cansé de estar pidiéndote perdón por algo que simplemente no lo tiene. La cagué y punto. Sácamelo en cara hasta el día que me muera, pero vas a volver conmigo, no lo dudes.

Cerré la puerta del auto con la impresión de que algo en Armando había cambiado, pero no sabía qué, o quizás era como le dije, que solamente cuando veía un rival en el camino se decidia a actuar, como cuando me casi me caso con Derek. Todavía podía saborear sus besos en mis labios, y ya no estaba tan enojada con él como cuando había llegado. ¿Qué iba a pasar ahora? Sobre todo ahora que estaba oficialmente con Pablo, ya se lo había dicho a Armando. Las preguntas se multiplicaron cuando llegué donde Marcos y me contó por qué quería verme tan urgente. Se me cayó, literalmente, el alma a los pies.

05-05-2013

Pan y pedazo

- Tengo que ver a Armando el domingo.

Pablo levantó la vista del libro que tenía entre manos, uno de mis libros de psicología, mientras yo estaba a su lado trabajando en mi informe. Nos habíamos pasado tres días fantásticos en la cama, tres días sin pensar en nada ni en nadie más, pero ahora me apuraba el plazo de entregar mi trabajo.

- Evaluación psicodiagnóstica - leyó Pablo y me empezó a preguntar de qué se trataba. Qué podía decirle, ¿que era la razón por la que entré a estudiar psicología, un análisis de mi misma? Le dije que no podía contarle, que era secreto profesional de terapeuta, o de estudiante de terapeuta, a paciente, así que le pasé uno de mis libros con el que se entretuvo un rato mientras yo terminaba.

Cerré el portátil y lo abracé. Se sentía bien su cuerpo desnudo en mi cama. No sé si fue algo que me imaginé, pero cuando le nombré a Armando, sentí que le cambiaba la respiración, como cuando exhalas con rabia por la nariz. Me abrazó con fuerza y me besó el pelo mientras me acurrucaba a su lado.

- Vas a... que vas a hacer Marguerite, ¿vas a volver con él?

Sabía que en algún momento me lo iba a preguntar y tenía preparada mi respuesta, lo había pensado mucho durante esos tres días.

- Pablo... Armando y yo hemos estado teniendo tantos problemas. Realmente llevamos separados desde enero, desde que te fuiste, pero los problemas venían desde antes, mucho antes, simplemente no me quise dar cuenta. Todo lo que pasó... no hizo más que poner en evidencia lo mal que estábamos.

Pablo me hizo cariño en el pelo. Que distinto se sentía ese hombre cariñoso al otro Pablo que había conocido, a ese Pablo con dudas, con cargo de conciencia, agresivo.

- Y ahora volviste tú... y no sé. No puedo decir que estoy confundida, tengo claro que con Armando no estamos bien, y a medida que han pasado los días menos ganas me dan de volver con él, pero entre nosotros... la historia, no sé Pablo, ha sido complicada también.
- Entiendo.
- No estoy diciéndote que quiero quedarme con pan y pedazo, no te estoy diciendo que quiero que estemos juntos tú y yo como fue antes... a todo esto, no sé qué es lo que quieres tú, jaja, estoy poniendo palabras en tu boca...
- Yo quiero estar contigo Marguerite, si eso es lo que tú quieres. Volví porque después de tres meses en desintoxicación y los meses que me quedan yendo a reuniones y terapia, creo que... mira, me estoy enredando solo. Volví a pedirte perdón. Sé que todo lo que pasó entre nosotros fue demasiado... violento. No tengo disculpas, pero quería contarte que lo siento. No volví con la intención de que volviéramos, simplemente quería saber que estabas bien y quería pedirte disculpas... pero ahora...
- Ahora...
- Ahora estás sola, o sin Armando, es lo que entiendo. Sigo creyendo que no lo amas, o si lo amas, que no son el uno para el otro, y eso te lo dije apenas te conocí, apenas acudiste a mí pidiéndome que te ayudara en una mentira. Las relaciones basadas en mentiras Marguerite nunca acaban bien.
- Cuando me llamaste... no sabía qué querías, pensé que me ibas a seguir chantajeando, pero ahora yo no tenía nada que perder, qué podías decirle a Armando si ya no estábamos juntos... pero Pablo, sabes, estos dos días contigo, de nuevo... han sido, uff, eres un hombre distinto, se nota. Creo que sí, que podríamos intentarlo, pero... sobre Armando... no quiero que sepa que esto viene desde antes, no es necesario hacerle ese daño gratuitamente.
- Tienes razón - otro beso en mi pelo - para qué dañarlo así, no es necesario. Pero... ¿Me estás diciendo que quieres que estemos juntos? ¿Se lo vas a contar a Armando?
- Si. Pero le voy a decir que... no sé, que nos re encontramos en una fiesta, yo estoy separada de él y bueno, que las cosas entre nosotros se dieron y que estamos juntos. ¿Te parece?
- Que si me parece... - me dijo con su sonrisa perfecta, sus ojos metalicos llenos de deseo.

Hicimos el amor con la calma del que sabe que habrán muchas veces más así. Nos duchamos y Pablo salió camino a su apartamento y yo a la universidad. Pablo me dijo que no sabe bien todavía qué va a hacer, si volver a trabajar en lo que estaba, o ver trabajo en otro lado. Quiere discutirlo con la gente de la terapia de desintoxicación a la que va, me decía que no quiere nada estresante, que no quiere volver a caer en lo mismo.

Estando en la universidad el viernes me llegó un mensaje de Marcelo. Mierda. Se me había olvidado que había quedado en juntarme con él. Le había pedido que me consiguiera marihuana, necesitaba estar absolutamente relajada antes de juntarme con Armando y su mensaje "conseguí de la buena" me lo recordó. Le dije que nos viéramos donde siempre y tuve que correr después de clases.

Marcelo ya me esperaba. Se estaba tomando un espresso, yo pedí un té de hierbas. Marcelo hizo la broma de pésimo gusto de "no será mucha hierba por hoy día" mientras la mesera tomaba mi orden. Me preguntó cómo estaba, le dije que bien, pero que estaba con poco tiempo y que si me tenía lo que le pedí, que me lo entregara.

- Pensé que... nos la fumaríamos juntos...
- No tengo tiempo Marcelo, tengo tantas cosas que hacer... pero sabes, si quieres quédatela...
- Que onda Marguerite... estás rara...
- No me pasa nada, en serio...
- No me mientas.
- No quieres que te mienta.
-No
- Estás seguro...
- Que onda po, me estás asustando casi...
- Volví con Pablo.

Marcelo me miró varios segundos con una cara de incomprensión absoluta de la que casi me rio a carcajadas.

- ¿Qué? ¿Volviste con Armando? dijiste Pablo...
- Lo dije bien, volví con Pablo.
- ¿Con Pablo el LOCO Pablo? ¿El que casi te cagó la vida Pablo?
- Marcelo... las cosas no son como parecieron... hablamos y...
- ¿Que no son como parecieron Marguerite? De que chucha me estás hablando, ¡son exactamente como parecieron! No te acuerdas de cuando estábamos en Rio, como me dijiste que te mintió... si no hubiese sido por ese hueón ahora estarías felizmente esperando un hijo de Armando. Por culpa de él se te fue todo a la mierda...
- Quizás... no sé Marcelo, quizás las cosas pasaron por algo, habría estado embarazada yo y habría descubierto que la sueca estaba embarazada también. ¿Habría sido mejor eso?
- Marguerite por la cresta - Marcelo se llevó las manos a la cara - ¡es que no podí volver con ese hueón! ¿Qué vas a hacer si le da la hueá y te saca la cresta?
- No va a pasar Marcelo. Pablo estaba metiéndose anfetaminas... por eso reaccionaba así. Ahora está yendo a rehabilitación...
- Chucha más encima... ¿y a Armando que le vas a decir? ¿Va a aceptar Pablo ser tu amante de nuevo?
- No lo va a ser. Hablamos. Le dije que quiero que lo intentemos, pero esta vez bien. Le diré a Armando que estoy con él y punto.
- ¿Le vas a decir que andabas con él de antes?
- No
- ¿Por qué no?
- Eso no es necesario. ¿Para qué?
- No es necesario...
- No.

Marcelo me miró un largo rato antes de decir algo.

- Sabes lo que creo Marguerite... que te estás metiendo en un lío del que te va a ser muy difícil salir. Vas a usar a Pablo para sacarle celos a Armando, por eso no le dices a Armando que andabas de antes con él, porque así puedes seguir haciéndole creer que todo fue su culpa y tú la inocente víctima. Lo que no estás teniendo en cuenta es que Pablo es un psicópata y que ante la menor provocación va a estallar.
- Pablo no es psicópata Marcelo, me quiere...
- ¿Te quiere? chucha y yo hueón, ¿acaso no te quiero y no te he levantado nunca la mano? Acaso no he estado como hueón esperando por las migajas de cariño que me quieras dar, apoyándote, corriendo a ti cada vez que me llamas... es que me escucho yo mismo y parezco mina... puta si querí usar a alguien para sacarle celos a Armando aquí estoy más que disponible pero por la cresta no podí volver con ese hueón del Pablo, polvorita que no sabes en qué momento te va a estallar en las manos...

Qué podía decirle a Marcelo. Me concentré en los autos que pasaban y me tomé el té ya frío.

- Marguerite... por favor piensa bien lo que te dije y cuando entres en razón, o cuando termines en el hospital medio muerta, lo que pase primero, me llamas - dijo Marcelo antes de levantarse e irse.

Me fui a mi apartamento. Intercambiamos mensajes cariñosos con Pablo, no nos veríamos hasta que hablara con Armando. "Lo estás usando para sacarle celos a Armando" se repetía en mi cabeza el eco con la voz de Marcelo. Me llegó un mensaje de Marcos: "A punto de volar a Santiago, me recoges en el aeropuerto y cenamos juntos?", le respondí que sí.

Antes de juntarme con Marcos, llamé a Marcelo. Su molestosa voz no me dejaba en paz.

- Pablo se la ha jugado por mí
- ¿Qué?
- Que me quedé pensando en lo que dijiste, que lo estoy usando... pero no es cierto. Pablo se la ha jugado por mí y todo lo que ha hecho, lo ha hecho porque me quiere. Armando no... le digo que no me llame y no me llama, en vez de remover cielo, mar y tierra por verme, se queda esperando a que yo vuelva. Y tú... cuando estuvimos juntos tampoco te la jugaste y ahora...
- Y ahora he estado siempre ahí para ti, dándote tu espacio y esperándote.
- Pablo me quiere.
- Whatever Marguerite, si es lo que te quieres hacer creer a ti misma, bien por ti. Hubiese sido cualquier otro lo entiendo, pero no ese hueón.

Y me cortó. Sentía rabia con Marcelo. Qué derecho tenía él a decir nada si a final de cuentas él lo único que había hecho era recibir de mí. En fin, un problema menos, pensé.

Recogí a Marcos en vuelos nacionales a la hora precisa. Le pregunté donde se iba a quedar y me dijo que donde el hijo, así que fuéramos a comer primero.

- Mi hijo cumple 18 años, por eso vine, me voy el domingo.

18 años ya. Tantos años habían pasado desde que lo conocía. Intuí que me decía lo del domingo para que fuera a dejarlo al aeropuerto, pero no se lo ofrecí. 18 años. Su hija debía tener unos 27 calculé.

Yo no tenía hambre, pedí algo para picotear, sentía un nudo en el estómago.

- Te ves cansado
- He estado durmiendo dos o tres horas.
- ¿Y eso? ¿te quedas pensando en muchas cosas?
- Sí. Intento leer a ver si me baja el sueño, pero nada.
- Todavía no se soluciona lo de... ¿la estudiante?
- Algo... le ofrecí plata
- ¿Y la aceptó?
- No a ella, a los papás... Y sí, la aceptaron. Un colega habló con ellos, les dijo que para qué ensuciar la reputación de ella, que ella perdía más que yo, y quedaron de pensarlo. Volveré a Santiago antes de julio. Podremos vernos más seguido.

Sentí que el nudo en el estómago se me agrandaba. Intuía que era el momento de tener la conversación que habíamos dilatado por tantos años.

- Y tú que piensas... de ella. ¿La quieres?
- No, o sea... no como te quise a ti si esa es tu pregunta.
- ¿A mí me quisiste?
- ¿Tienes dudas de eso?
- Basada en cómo me trataste...
- Sé que fui un desgraciado contigo Marguerite, cuando te quedaste embarazada.

O sea que si lo recordaba. Lo dejé seguir hablando.

- El problema Marguerite es que fue... lo incorrecto en el momento incorrecto. Ya tenía una hija...
- Lo recuerdo, no tiene mucha diferencia de edad conmigo...
- Y mi hijo tenía cuánto, ¿un año? y con su mamá me llevaba horrorosamente, me presionaba, me sacaba dinero, me amenazaba con denunciarme... y créeme o no, me gusta ser sacerdote, independiente de cómo sea yo como hombre, ser sacerdote es mi vocación. Tuve miedo de lo que tú pudieras hacerme perder si te hubiese dejado tener ese bebé.
- Sabes que yo no te habría hecho nunca nada. Estaba enamorada de ti.
- Ahora lo sé. En ese entonces solamente pensé en mí y en que ya no quería más problemas.
- Pero seguiste acostándote conmigo después del aborto.
- Mi niña... Te digo, siempre te quise, siempre fuiste especial para mí...
- ¿A pesar de casi tener la edad de tu hija?
- A ti no te miraba como hija.
- No, si eso me queda claro.
- Pero bueno, ahora ya es tarde para arrepentirse de lo que pasó.
- No estoy diciendo que me arrepienta, pero me llama la atención tu forma de actuar... yo era una niña, y tú no has cambiado, te siguen gustando jovencitas, como la niña con la que tienes problemas ahora.
- Hmm. Qué puedo decir...
- Sabes, mi consuelo todos esos años fue que yo había sido especial para ti. Yo había sido la estudiante con la que habías caído, casí como si hubiese sido mi culpa, pero después me enteré que tenías no uno, pero dos hijos. Nunca entendí por qué me trataste como lo hiciste, si ya tenías hijos, que más te daba dejarme tener el mío.
- Ya te lo expliqué, no daba lo mismo, no quería más problemas.
- Pero es que a eso voy, te seguiste metiendo en problemas, te seguiste metiendo con alumnas, o sea, ni siquiera en eso fui especial para ti.
- Mi niña, tú fuiste más que importante en mi vida, y si tuviese la oportunidad de repetir todo de nuevo, a ti no te dejaría afuera, pero las cosas se habrían hecho de otro modo. Y cuando dices que seguí metiéndome en problemas... son simplemente mis necesidades de hombre. No dejé embarazada a nadie más.
- ¿Por qué tan jovencitas? ¿Porque es más fácil engatusarlas? ¿Porque una mujer adulta te exigiría una relación de verdad y no lo que tú quieres dar?
- Marguerite...
- Sabes qué, eso no lo respondas, no quiero saberlo. Al final, fui yo la tonta, la que más sufrió estando contigo. Siempre pensé que yo era importante para tí pero que lo nuestro tenía que ser así porque no se podía de otra forma. Y eso no era nuestra culpa, eran las circunstancias. Ahora pienso que siempre me viste como la niña tontita y enamorada con la que pasar el rato, a la que manejar con el dedo meñique.
- Yo siempre pensé que tú me esperarías eternamente. Pero después del colegio te desapareciste, no creas que no te busqué, incluso fui a tu casa a buscarte pero me enteré que tu mamá se había muerto y tú habías desaparecido. No dejaste pistas. La siguiente vez que nos vimos, o que te vi, fue cuando me buscaste para que te casara. En los años que no nos vimos, siempre soñé con que volverías a buscarme.
- A buscarte para qué, ¿para seguir siendo tu amante entre las sombras? ¿Para seguir haciéndote pasar el rato?
- Marguerite... cuando te tomaba - te tomaba, que expresión más fea, pensé - era por amor. Cuando te besaba era por amor. Discúlpame si no te lo dije nunca, o si con mis acciones te hice pensar otra cosa, pero yo te amaba realmente, todavía te quiero, siempre vas a tener un lugar especial en mi corazón.
- No recuerdo que me hayas dicho te amo alguna vez.
- Lo sé, pero ya es tarde para remediarlo.
- Tienes razón, ahora es demasiado tarde, para todo.

Marcos dejó los cubiertos sobre el plato.

- No sé por qué tengo la impresión de que me estás hablando de algo más que del pasado.
- He estado pensando mucho en todo Marcos... en lo que pasó entre nosotros, en el poco sentido que tiene seguirnos viendo ahora...
- Suena a que estás terminando conmigo.
- Algo así.
- ¿Volviste con Armando?
- No.
- Pero hay algo que no me estás contando.
- Volví con Pablo.
- ¿Con Pablo? ¿Pablo tu médico?
- Sí.
- ¿Estás loca?
- No. Estoy cansada simplemente. Pablo es la única persona que me ha demostrado que me ama y ha hecho lo que sea por mí. Somos bastante parecidos.
- Pablo está desquiciado Marguerite, no enamorado.
- Y eso lo dice la persona que me obligó a abortar a los quince años porque no iba con sus planes tener un hijo conmigo.
- ¿Es por eso que sacaste el tema? ¿Para justificar la estupidez que estás haciendo ahora con lo que pasó hace diecisiete años?
- Eres muy caradura Marcos.
- Marguerite - me tomó de las manos -  sé que fui un hijo de perra contigo, que te traté horrible, pero eso no quiere decir que esté ciego y no vea que estando con Pablo vas a meterte en más problemas. Ya hizo de tu vida un infierno, volverá a hacerlo, no lo dudes.
- No lo creo.
- ¿Y Armando?
- Armando nada. Ya tuvo su oportunidad, muchas veces, ya me cansé de esperarlo eternamente. Se acabó. Estoy con Pablo ahora, quiero que lo respetes Marcos, y si quieres verme, que sea para comer juntos, conversar, pero nada más, quiero hacer las cosas bien ahora.

Terminamos la cena en silencio. Marcos tomó un taxi y yo volví a mi apartamento. El fin de semana lo he usado en estudiar y pensar en que tengo que juntarme con Armando hoy.