Un nuevo año
No sé cómo retomar un blog en el que no se escribe hace tanto. No sé cómo retomar una vida cortada, una vida sin vida...
No puedo creer que haya pasado un año desde que comenzó mi pesadilla. Un año completo. Con Armando cumplimos 3 años de casados hace dos semanas. Adónde se fueron esos tres años, me parece que hubiese sido ayer que caminaba hacia el altar, las falsas sonrisas, el vals con mi cuñado... si hubiese sabido en ese entonces...
Mientras escribo, Albert me pregunta por correo si podemos vernos. Albert, cuantos años de Albert han sido. Más de diez. Albert tiene la misma cara, el cuerpo quizás menos tonificado, las sienes más canosas, los ojos más arrugados, pero aparte de eso, es el mismo de siempre. Le digo que no sé si puedo, no tengo ganas. Extraño mirarte a los ojos, me escribe, como si mirarnos a los ojos fuera lo que le interesara realmente. Me dice que ha pensado mucho en mi, en nuestro primer beso, en cómo le dolía verme con Armando en ese entonces, en como le sigue doliendo todavía. Le cambio el tema. No quiero hablar de Armando. Le pregunto qué quiere hacerme y no tarda en responder: Quiero contemplarte desnuda, besar tus senos, tocarte, lamerte, acariciarte completa, estar dentro de ti, sentirte estremecerte en mis brazos una y otra vez...
Desgraciado. Sabe lo mucho que me gusta estar en la cama con él. Albert sigue siendo el mejor amante que he tenido y lo sabe. Me aguanto las cosquillas en la entrepierna, vuelvo a cambiarle el tema, mis dudas sobre querer verlo se difuminan.
Me quedo un buen rato mirando al vacío. El ruido a mi alrededor me atonta. Las risas. Quiero llorar, siento un nudo en la garganta que no me deja desde la muerte de Marcelo, un nudo que me asfixia, que me estrangula, que sólo se pasa en los breves momentos que dura un orgasmo, que sólo se amortigua con el cigarrillo post coito, con los besos en mi cuello, con una embestida salvaje, violenta, dolorosa y placentera.
Miro a los estudiantes de primer año reír, juntarse en grupos, niños, niños todos. Qué saben de la vida. Los escucho hablar de hacer una vaca para comprar cerveza. El nudo en la garganta me quema.
Este es mi último año de universidad. Otros cinco años que se han ido dónde. Cómo logré llegar hasta aquí no lo sé. Qué voy a hacer cuando salga tampoco lo sé. Estos últimos meses, el semestre pasado, mi lema era "sobrevivir", conseguir venir a clases un día más, conseguir levantarme un día más, pasar el día como un zombie, una autómata, la falsa sonrisa en la cara, cumpliendo con mis trabajos como siempre. Pasó el semestre, pasó el verano. No sé si me siento un poco mejor ahora que las clases han vuelto a empezar. Sobrevivir otro año, este año, mi último año. Necesito desocupar mi mente de angustia, de recuerdos, de las imágenes que se me repiten hasta en sueños, la sangre, la sangre... necesito ocupar mi mente con libros de psicología, con terapias en las que no creo, con letras que me parecen de un idioma extraterrestre en la tesis que escribo. Nada tiene sentido, pero tengo que continuar, levantarme otra mañana, fumarme otro cigarro, atontarme la mente con estudios, con pastillas cuando no puedo dormir, con sexo cuando estar despierta me duele.
Escribir... quizás eso es lo que me hace falta. Contarle a alguien aquello de lo que no se habla pero todos saben. No ha sido acaso así toda mi vida, secretos, sucios secretos sabidos por todos, callados por todos. Necesito escribir de lo que pasó, aunque me duela, aunque las lágrimas me destrocen los ojos, necesito sacármelo de adentro.