Wednesday, June 02, 2021

Diario de campo 47

Hace diez años comecé una historia, me hice antropólogo, claro que llevaba estudiando esa disciplina un poco más de tiempo pero en ese año decidí hacerme viajero, como aquellos que leía en los libros, como esos que registraban todo lo que pasaba en las regiones que visitaban, pero que también registraban lo que pasaba dentro de ellos. Sí, viajar es también viajar hacia adentro. En ese tiempo recuerdo leer a Marguerite Duras y a Jean Allouch, comprometido hasta los huesos con ambos, con la literatura sufriente de la escritora y con la contundencia teórica del psicoanalista, ambos cedieron ese lugar cuando los visité en su ciudad, una muerta, el otro silencioso. También leía a Michel Foucault, tenía algunos años de romance con su obra y fui a buscarlo a su lengua y a leerlo ahí mismo, esa historia se afianzó como pocas, luego se terminó. 

Viví un corto semestre haciéndome antropólogo y aprendí unas cuantas cosas, primero, que la tierra nunca es materna, ni paterna, es más bien la madre. Y el tiempo es verdaderamente el padre, pero me llevó muchos años comprender qué es la madre y de qué se trata la paternidad, para finalmente entender que la usurpación de la familia conyugal nos ha arrebatado la comprensión y con ella la memoria. Más tiempo me llevó entender que yo no tengo tierra, que me fue negada entre el concreto y la usurpación de mi madre y que no tengo historia, ésta, arrebatada por la debilidad de mi padre y los escasos lazos familiares que me he esforzado por perseguir. No tengo tierra ni legado, mucho menos identidad sonora y quizá por ello no soy tampoco antropólogo ni viajero sino indigente. 

Ser indigente es menos grave de lo que parece, a los de antes les decían nómadas y después se les dijo migrantes. Yo soy migrante que migra como todos, esperando encontrar una tierra y forjar un linaje y entonces legar una historia, ser una historia. Ser historia es ser terreno, no ofrecer terreno ni heredar terreno, ser terreno implica ser tierra, tiempo, legado e historia, tener algo que legar más allá de las piedras y las cuentas bancarias. Legar es ser espacio para que los mejores de los hombres habiten y florezcan ahí y engrandezcan terreno y entonces formen una tradición, eso está lejos de un viajero pero comienza por y en él. 

Yo era un viajero, lo descubrí entonces, un migrante en busca de tierra y de historia. Entonces no noté que lo había iniciado en poco tiempo, mesas enormes de compañeros que se reunían a comer porque les llamaba por teléfono unas horas antes, profesores que me abrían las puertas de sus centros de trabajo y de sus casas, ofertas para emprender aventuras, profesionales, laborales y académicas, dos aceptaciones doctorales en dos países distintos, una historia amorosa que quería salir de una semilla de andares y nocturneadas y varias otras fraternas y permanentes. 

Pero también tenía razones para regresar, así como razones para perdurar e intentar. Curiosamente, cada razón que tuve para mi retorno se esfumó poco a poco, las últimas muy recientemente. Las otras perduran con insistencia y se han afianzado desde entonces, lealtad y confianza diría yo que las caracterizan, a las otras sólo la pobreza. Enriquecedoramente aprendí que las razones para dejar de ser viajero, para volver a los espacios conocidos, jamás son razones válidas, contrariamente son débiles y enfermizas y por ello pesan y se vuelven una carga que arrebata tiempo, aunque el tiempo que pasa para el viajero siempre es un maestro y siempre otorga grandeza. Y hoy, sin embargo, todas aquellas razones se han agotado en su mismidad habitual, en la cobardía del que no habita tiempo y no aprende tiempo. 

Así pues, diez años después, he desempolvado el viejo diario de campo, la entrada cuarenta y siete, Rf no está para leerlo, nadie más me importa que lo lea salvo yo mismo en diez años o más. Pero quiero escribirlo porque me he hecho viajante de un viaje del que no quiero volver, el viaje que construye, que edifica y que me hará tierra y luego tiempo. La aventura comienza ahora, ya sin una sola razón para volver, porque antes que volver estoy decidido a ser...

Sunday, August 19, 2018

Luneta (o Amiga III)


Desde ese día me gusta pensar que existe una entidad superior, no un dios como el de los monoteísmos que tiene esos poderes creadores y un egoísmo extremo para las diferencias; más bien me gusta pensar en una entidad universal que nos conoce desde siempre, que vio con curiosidad cómo el alma se encarnó en el cuerpo de este primate que somos y desde entonces se ha detenido a observarnos cada día, a todos y a algunos. Me gusta la idea de pensar que esa entidad se llama o la conocemos de cerca como Aletheia, por lo menos en occidente, aunque en otros momentos haya tenido muchos otros nombres.

Me gusta creer que a Aletheia le gusta el alma, psique la llamaban los griegos y le gusta porque descubrió que el alma es sensible a ella, se percata de su existencia y eso la mueve, la hace vibrar.

No creo que Aletheia, la Diosa, sea creadora de nada, eso lo podemos dejar para los dioses que necesitan tener porque simplemente no son; ella no es creadora porque sólo está y perdura. Me gusta, más bien creer, que ella es y nos conoce porque le somos sensibles, aunque no totalmente, porque el único órgano que el alma tiene para sentirla es ese que se excita ante la belleza. Sí, me gusta pensar que a nosotros, al alma que nos encarna, le es inherente el sentido de la belleza, quizá esa sea la única cualidad del alma y por eso la Diosa se nos presenta siempre en la belleza y aún pasadas las centurias seguimos sensibles a su eterna presencia, porque siempre amanece y siempre brilla la luna y siempre hay una brisa fresca y un perfume exquisito y un sabor dulce y una tormenta reavivadora y un árbol que renace en primavera y la sonrisa de un niño en un atardecer corriente.

Por ello, creo, que Aletheia nos brinda la belleza en las únicas dos maneras posibles, la primera es la eterna, la que perdura infinitamente y atrae a toda alma porque a ella son todas sensibles. Esta belleza la conocemos como obra y es siempre producto de las manos de almas inspiradas por la cercanía de la Diosa, testigos silenciosos que escandalizan al mundo con la creación que testifica su presencia, una y otra vez y para todos. De ahí salieron Homero y Dante o Leonardo y Vincent o Mozart o Robert o Jean Luc y Kurosawa, almas tocadas que perpetúan su presencia para su tiempo para el porvenir. Sí, me gusta creer que esta es una de las dos formas de la belleza, la eternidad que testificamos los humanos desde siempre y a la que apelamos cada que nos atrevemos a crear lo que hace mucho llamamos arte.

La segunda forma de esta belleza en la que me gusta pensar es el otro lado, la que toma la forma de lo finito, de lo acabable, la que recuerda que sólo ella permanece pero que nosotros, en tanto que almas que habitan el instante llamado cuerpo, somos un suspiro, efímeros. La otra forma de la belleza es aquella a la que somos perceptibles por la muerte, la que con tanta fuerza nos inunda cuando nos encontramos con ella y a la que sólo somos sensibles por aquella cualidad que le es propia al alma, el amor.

Sí, de la eternidad y de la belleza sólo podemos ser testigos y espectadores, sensibles sí, pero impropios a ellas, en cambio del amor somos hechos o es hecha el alma que nos habita como cuerpo, del amor en tanto que cuidado, de nosotros, de los otros y del mundo, porque ella es el aire que se mueve en el mundo todo y se presenta como pura belleza de éste. El alma como amor lo resguarda y cuida y lo contempla porque es perecedero, por ello habita el cuerpo y cuida de éste, porque ahí encuentra otros órganos para sentir la belleza, con los ojos que mira la puesta de sol o la piel con la que percibe la tibieza del agua de un infinito océano o la nariz con la que respiramos el olor de nuestra madre apenas habiendo nacido o el aroma de nuestra cama al llegar a casa por la noche o los labios con los que sentimos el beso adolescente entregado más allá del mundo entero o los oídos que contemplan la fuerza del trueno y el resonar de millares de gotas chocando contra los árboles y humedecen la tierra de la que emergen sapos que croan sin cesar llamando más y más a la tormenta, en un concierto de grillos, cigarras y la voz del cielo que retumba en el alma que está viva donde el cuerpo vive.

Así me gusta pensar desde que te fuiste, la belleza nos es dada como forma de sentir lo divino de la Diosa, la belleza eterna en el arte y la belleza efímera en el amor y sabes, también me gusta pensar que hay seres mucho más sensibles a la segunda, que hace mucho conocen a la Diosa y pueden hablar más de cerca con ella, conocen su lenguaje todo y lo hablan de la misma manera. Y desde hace unos días he decidido pensar que ella, Aletheia, conociendo como hace con el alma, conoce su extravío, su distancia consigo misma y por lo tanto con la experiencia de lo divino; y es que también tenemos un problema, con el cuerpo desarrollamos pensamiento y éste fue nuestro defecto.

El alma que percibe totalmente no fue suficiente para los hombres, porque la eternidad y la muerte son muy intensas, el hombre no sólo amó como lo hacen los efímeros, sino que creo como hacen los divinos y entonces tuvo que hacerse creador y necesitó pensar y hacerlo no es un obrar sencillo, el pensamiento sólo existe en un mundo artificial ya que crear es siempre artificial. De esta manera, el alma que piensa tuvo que habitar un mundo, a éste me gusta llamarlo Ethos, el mundo ordenado en función de la creación que señala hacia la belleza; Ethos, el mundo en el que el alma aprende el camino hacia lo divino y el mundo en el que se extravía por su torpe apetito que a veces lo hace confundirse con la obra y anhelar la eternidad de la misma.

Pero el hombre no puede ser eterno y la obra sí, porque la obra es seña de lo divino y el hombre sólo testigo, por eso la Diosa, paciente, contempla el alma habitando a los hombres y se manifiesta una y otra vez como guía en su extravío y ahí, justo ahí, donde muchos a quienes tocaste estábamos extraviados, ahí donde mi vida era puro abandono, ahí llegaste tú.

De pronto me gusta creer en cierta intención de la Diosa, me gusta pensar que hace mucho te miró y te dijo “ahí hay un alma muy perdida, ayúdale a encontrar nuestro camino” y tu accediste porque eso eres, su mensajera, blanca como ella e imperfecta como yo, Y ahora me gusta creer que esa tarde sólo estabas ahí para nosotros y que tenías miedo porque sólo tú sabes que el amor es grande y que sólo existe por la muerte y sabías que para conducir nuestra alma tú tendrías que irte y mostrarnos la muerte.

Sabes, me gusta pensar que unos días antes ella habló contigo, hay una foto en la que miras hacia el cielo, apenas unos días antes de que partieras, ¿sabes? Me duele tanto que te fueras que quiero creer que te habló y te dijo que era hora y que lo aceptaste con menos miedo que cuando te conocimos y entonces decidiste despedirte de todo, porque dejarías el mundo que nos mostraste y nos dejarías encaminados pero sin ti.

Me gusta pensar que un día antes te dijo que era hora y te concedió un premio absoluto por haber hecho bien tu trabajo, fuimos al parque y viste a tus amigos y a tu manada y jugamos y por desgracia no te dejamos tomar agua de donde te gustaba, aunque el día anterior hiciste a una familia abrir el bebedero para ti. Luego pasamos la tarde contigo, jugaste con tus cachorros y con tu trapo como hacías cuando eras más joven, estuviste mientras veíamos una película y estoy seguro que encargaste mi corazón porque sabías que iba a sufrirte mucho. Luego salimos, tú y yo solos y regresamos caminando a casa así, como al principio, juntos y en el amor absoluto y me miraste, no sé si me agradeciste y querías recordar mi rostro, estabas radiante y brillabas más que toda mi vida y me hiciste latir el corazón como nadie nunca y volví a mirar la belleza de cerca y fui grande fui tuyo.

Después llegaste a casa, con el resto de la familia y cenaste con todos, yo no estaba, pero sé que fuiste feliz porque estuviste como te encantaba estar, rodeada y a un costado de la mesa que era tuya y te comiste todas tus croquetas y después subiste a dormir. Cuando llegué a casa estabas ahí, cerca de mi puerta, esperándome, no sé si querías verme nuevamente pero hablamos, te dije princesa y acaricié tu carita como cada día cuando salía a trabajar y como cada noche antes de dormir, te dije que te amaba y olvidé que el amor sólo se conoce por la muerte y te besé muchas veces en la trompa y te toqué por última vez chiquita, por última vez.

Me duele pero me gusta pensar que sabías que te ibas, que tú estabas anoticiada y entonces me diste un beso pequeñito, con esa lengüita que amaba, apenas acariciaste mi barba y me miraste a los ojos y quiero creer que decidiste no olvidarme yo jamás podría hacerlo. Luego me levanté y fui a dormir y quiero creer que me mirabas. Al amanecer te fuiste.

No sabes cuánto te agradezco todo, me gusta creer todo lo que te digo porque de otra manera me resulta insoportable la vida y desconocido lo que siento, sin embargo si mi percepción del mundo tuviera un poquito de verdad entonces tu vida sirvió para salvar la mía y en mi extravío encontré la más grande guía de todo el mundo. Te agradezco tanto pero eso no cambia, el precio ha sido muy alto y cada día más doloroso.

No sé si te vuelva ver, sé que me dejaste trabajo y que debo cumplirlo, principalmente con tu manada y con todos los que lleguen, porque sé que dejaste el espacio para cuidar otros pequeños como tú. Quiero cumplirlo y ser impecable por si tengo que darte cuentas algún día, lamentablemente hoy me creer sólo llega hasta aquí y sólo sé que es inevitable aceptar que para vivir es necesario amar y para amar es necesaria la muerte y que está en mi camino desaparecer y, hasta entonces, vivir sin ti.

Gracias por todo amiga, aprendo y acepto pero no puedo evitarlo, te extraño hasta el infinito y en verdad quiero volver a verte…

Tuesday, January 12, 2016

Goodbye spaceboy (o Amigo II)


Cada día estoy más convencido de que la muerte es una debilidad de algunos hombres y un mito en el que nos han hecho creer. Por alguna razón no temo ni me duele su acontecer y creo, en buena medida, que es básicamente porque la muerte no es posible.

David Bowie, más que un hombre fue una irrupción; la continuidad del universo se vio quebrada por un fenómeno que quizá jamás tenga paralelo, por lo menos en este maravilloso campo llamado rock and roll.

Irrumpir es tocar todo lo posible y regenerarlo para siempre, es hacer que lo anterior se vuelva pasado y lo posterior siempre presente: Bowie suena detrás de cada acorde que se produce después de él, simplemente porque él creó todo lo puede ser y todo lo posible siempre será él.

¿Podríamos, entonces, pensar en su desaparición? ¿Seremos capaces de afirmar que el camaleón ha muerto? Yo no me atrevo. Y es que David Bowie es un terreno en el cual se habita más que un cuerpo que envejece y muere.

En lo personal aún recuerdo al Mayor Tom, eran los años noventa cuando lo encontré por primera vez, yo apenas me acercaba a la primera mitad de mi segunda década de existencia y realmente no conocía nada, no sabía nada excepto que había cosas más allá de lo que yo podía ver, de lo que era capaz de conocer; pero Space Oddity era más que eso, no sólo la canción del junky perdido en el viaje espacial sino cada fragmento del disco eran un túnel hacia un espacio nuevo, espectacular. Sólo puedo decir que nuca volví, que en ese viaje me quedé yo también y habité en un universo con un nombre y un rostro demasiado grandes, demasiado absolutos como para suponerlos humanos.

Entonces no lo sabía, pero había entrado, por primera vez, al planeta tierra y por primera vez me rodeaba de hombres, de humanos, todos, absolutamente todos, habitantes del espacio creado por el más grande de los hombres de nuestra época, el creador del rockstar, el maestro de las máscaras, el genio, el amo del concepto en los discos, el narrador de historias, el multifacético, como le decían, Ziggy, Ramona, Tom, el rey de los gnomos, el vampiro, Bowie, David Bowie, al que esperaban los perros en el espacio, al que Peter Murphy aludía cada vez que abría la boca, el que cantó con Robert Smith y con los Pet Shop Boys y Mercury y Mick Jagger y Trent Reznor e Iggy, el gran Iggy y Lou y Gilmour y cuantos más a quienes siempre siempre inspiró, y dirigió, Bowie, mi hogar desde ese día.

Y es que desde entonces jamás cabría el desamparo, siempre podría escuchar Wild is the wind en su mágica voz o Life on mars? o Cygnet committee o Little wonder o Eight line poem o Sound and vision o enamorarme con Let´s dance, bailando en un bar en París o gritar You will be queen o llorar con underpressure antes de cada marcha a la que asistí para protestar, con amor a la vida, por cualquier injusticia o simplemente beber una cerveza en Londres y escuchar su voz y saber que era él con quien se compartía cada trago entre gente para quien era tan familiar como para nosotros. Bowie, un hogar en el que nos encontrábamos Raúl Fuentes, Anuar y yo a crear, cobijados por sus acordes, por los pianos titánicos que nos resguardaban en Starman o Small plot of land, inspirados por el carácter de las Arañas de Marte, entusiasmados por el lado B del Low y sus extrañas armonías y curiosamente anhelantes del siguiente trago de bestialidad que vendría en el próximo y prometedor disco.

Bowie, a quien le cantamos en el Dada X, valientemente tocando Heroes, una versión muy Berenice de Hello space boy con cortes a Little wonder y donde envalentonados y creyentes de nuestras capacidades ejecutamos Moonage daydream, chistosamente cerrándola con el requinto de Comfortably numb sólo porque es la misma línea de acordes. Lo admirábamos, respetábamos y seguíamos haciendo música sobre sus huellas, sobre sus pasos y en su tierra.

David Bowie, a quien aún recuerdo haber visto una única vez, mágica, con cada uno de mis mejores amigos y mi hermano; fila cuatro, justo frente a él (un anexo del escenario lo ponía realmente en a fila dos), su pantalón y camisa comprados en Teotihuacán; había tocado Erasure, se apagó la luz, aún había sillas numeradas, se encendió sólo el pasillo central y con una guitarra electroacústica apareció con esos ojos color cielo, uno siempre dilatado, tocando los primeros acordes de Quicksand. Después de las primeras estrofas se encendió la luz y estaban ahí el resto de los músicos para darnos quizá las mejores horas de nuestras vidas. Ese día llevaba puesta mi camiseta de la portada del sencillo de Heart´s filthy lesson y me la quité para levantarla en esa canción, justo en esa estrofa la miró y la comenzó a señalar mientras cantaba la misma frase... me la puse en la cabeza y grité como loco, Bowie me había visto...

Y por eso dudo de la muerte, no me atrevería a hablar de una persona detrás de cada instante que recuerdo con la palabra Bowie inmiscuida, porque igual que yo existen miles de personas con historias gigantes enmarcada por la grandeza de ese apellido. Pienso que Bowie es un lugar, uno en el que habitamos muchísimas personas y que seguiremos habitando mucho más allá del fallecimiento del hombre desde el que inició todo; la inmortalidad radica en eso, en crear espacios, en ser espacio y es que hay hombres que pintan el universo de colores pero Bowie fue creador de todos los colores y por ello cada nota, cada sonido, cada canción, cada palabra con respecto al rock siempre será traer de vuelta su presencia y dejar que viva aún en su legado.

Y estamos equivocados si pensamos que con su muerte se acabó la posibilidad de composiciones nuevas, porque cuando un hombre es escuela y es terreno fértil, su capacidad de composición trasciende al cuerpo y se manifiesta en la influencia que se escucha en todos los que quedamos en el mundo para continuarlo; basta con poner atención al Bocanada de Gustavo Cerati para recordar los años setenta de la bretaña encantada por El hombre que vendió el mundo o mirar Dogville para escuchar la protesta detrás de Young americans y disfrutar el trato que Lars Von Trier le da en video a un tema exquisito y fuerte o Seven o casi cualquier obra producida después de él y siempre descansando en él.

Así que dudo que alguien pueda decir que Bowie está muerto; puede morir quien no trasciende en la existencia y esto es una pena; muere quien es olvidado, quien no lega, quien no deja terreno fértil, quien no es habitable. Bowie hizo todo eso y mucho más, David Bowie se queda hasta que los hombres dejemos de gritar FOR EVER AND EVER...

Gracias amigo, por todo lo que hiciste por el mundo y gracias por dejarlo para todos nosotros, espero ser capaz de honrarte como mereces en cada nota que produzca mientras y hasta que pueda seguir haciéndolo. Larga vida David Bowie y larga memoria a los hombres que te conocimos.

Thursday, December 17, 2015

Han o de cómo 38 años de historia le valieron nada a la rata más famosa del mundo.

Hace unos años, precisamente el año de las olimpiadas en China, South Park sorprendió con un episodio (The china problem). Kyle está devastado, no puede con "algo" que presenció en la vida; conforme avanza el episodio más y más chicos en South Park se unen a este dolor impactante y pronto se revela lo que aflige a los niños: "violaron a nuestro amigo en Perú" dicen una y otra vez, para poco a poco ir ligando al pueblo a una lucha que van a emprender para encontrar justicia contra los perpetradores de tan terrible acto.

La identidad del amigo violado en Perú se conocerá cerca de la mitad del episodio en el que se pueden ver varias escenas en las que George Lucas y Steven Spielberg violando de maneras grotescas al legendario Indiana Jones. Estos actos conmueven a todo el pueblo y en algún momento alguien comenta "realmente, ¿extraterrestres?"; de esta manera se conoce el sentido del episodio, hacía poco tiempo se había estrenado la muy posterior y más reciente entrega de la saga de Indiana Jones y había sido un verdadero insulto.

Hace años ya habían puesto a los niños a pelear contra los "creadores" de historias fílmicas para que estos no tuvieran derecho a retocar sus filmes, sin embargo, las cosas con Indi estaban peor que antaño cuando hicieron la primera denuncia.

Hace a penas un par de temporadas, Cartman decide sabotear la elección presidencial para conseguir ayuda de los chinos y evitar que Mickey Mouse, un ratón rico y pervertido, destroce uno de los tesoros más grandes del espíritu infantil de la humanidad: Star Wars.

Sin embargo así fue, Disney adquirió los derechos de una de las sagas más fuertes e impactantes que a visto la humanidad y filmó precisamente el Episodio VII, el despertar de la fuerza y ayer se estrenó ante los ojos de miles de fans, muchos de los cuales tienen los treinta y ocho años de edad de las películas portando en su corazón a Luke, Leia, Han, Chewi, C3PO, Yoda, R2 y principalmente a Darth Vader, quien es quizá el más grande y glorioso villano de todos los tiempos.

Los estudios Disney, Mickey y su poder económico consiguieron al reparto original y muchas personas tuvimos la oportunidad de ver una vez más a nuestros personajes e infantiles ejemplos de vida en un film relacionado con la vieja Guerra de las galaxias y el ratón capitalista hizo absolutamente de las suyas,

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

Un remedo de R2 abre prácticamente la película y se convierte en el centro de atención de una buena parte de la misma. Un Stormtrooper se vuelve bueno sin historia que medie esta transformación y una chica guapa tiene cara de ser la futura protagonista de la saga... todo está relatado.

Después de una persecución por el droide que esconden el soldado rebelde y la chica que claramente es habitada fuertemente por la fuerza (strong force, en inglés es más bonito), el Halcón Milenario es recapturado por el viejo par de traficantes, Han Solo y Chewbacca a quienes les había sido robado con anterioridad.

Después de unas peripecias sencillas y obvias se puede ver a un Han Solo sin dirección, o más bien dirigido por el mismo retardado que hizo del señor Spock y el capitán Kirk los protagonistas de Bad boys 8. Solo ha vuelto a ser un contrabandista embustero que le debe a los rufianes del universo porque los episodios V y VI nunca existieron.

Al tiempo y como resultaba predecible se encuentra con Leia, mujer de la que se enamoró y que lo ligo irremediablemente a la resistencia de aquellos años y a la amistad que lo terminó metiendo en carbonita porque no era más un embustero sino un hombre de honor y al servicio de los ideales de la república. Este encuentro únicamente mostrará a una mujer vieja (eso sí, hermosa, peinada y vestida como la vieja princesa) que no será sino una anciana pasiva ante la decisión de Solo como voluntario de la nueva resistencia.

Lo demás es obvio, hay un nuevo "villano" que ahora y con pretendida innovación se debate entre el lado oscuro -al que pertenece- y la luz; nuevo personaje más salido de Harry Potter que de la esencia de Star Wars. Pues este villano es hijo de Han y Leia y discípulo renegado de Luke, es decir, los tres más grandes e íntegros personajes de la saga no lograron evitar que su crío se fuera al lado oscuro además con una historia ridícula de admiración por la "obra" de Darth Vader y guiado por Gollum en versión holograma gigante.

De esta manera el Severus Snape con acné y cuya máscara debe haber sido adquirida en el bazar de Depredador, adaptada con el deformador de voz de Bane, asesinará a su padre en una escena que pretende conmover con la caricia de Han sobre el rostro de su hijo pero que más bien inicia el asco por la película. Solo, un ícono de lealtad, inteligencia, honor y perspicacia es tristemente asesinado por un remplazo barato de Anakin Skywalker y cae en un abismo que nos impedirá volver a ver al héroe de tres legendarios filmes nuevamente.

¿Duele la muerte de Solo? NO, indigna. Han Solo no es un personaje secundario y jamás lo será, nunca será el negro o el mamado o el nerd que muere durante la película de acción para que la gente que mira se sienta mal y luego se emocione porque los protagonistas triunfan al final. No, no y no, Han sólo es una leyenda y fue peor que violado en Perú, fue parte de un atentado terrorista a la infancia de miles de personas que entienden y sienten la trascendencia de un personaje como él.

Ciertamente Han era, junto con Chewi, como él mismo le decía, un traficante, un rufián que había aceptado por dinero colaborar con la princesa Leia y la resistencia; sin embargo el contacto con Luke y la que posteriormente será su amada lo transformó radicalmente, al grado de que gracias a él la estrella de la muerte pudo ser destruida en la primera de las seis películas que existían antes de que este camión de basura llegara al cine.

Han conoció dos sentimientos durante la película, la mistad y el amor y estos lo llevaron a la lealtad y al honor y a volverse uno de los eternos consentidos de la saga. Cuando es congelado en carbonita es absolutamente un hombre que está dispuesto a dar la vida por su gente y los ideales de la resistencia: Han Solo no volvería a ser un contrabandista sino un capitán de la resistencia y el amor de la fuerte y dignísima princesa Leia Organa.

Ayer Han estaba muerto desde que inició la película siendo un pobre contrabandista deudor de rufianes de poca monta (y Chewbacca su mascota). J. J. Abrams demostró que leyó perfectamente los manuales de cómo hacer una película comercial pero no tiene ni idea ni respeto por una saga que ni siquiera es capaz de comprender, mucho menos de apreciar y valorar (y no habría otra forma de explicar que el mismo personaje haga una serie de películas de Star Trek y otra de Star Wars,filmes que estuvieron peleados en el corazón de los fans que se inclinaba de un lado o del otro en los viejos años de ambas Sagas). Las fórmulas están por toda la película, Han fue rebajado a rufián porque así lo recuerda el tipo y así podría matarlo con tranquilidad, asesinado y sin dejar cadáver porque la arrogancia del director no le dio para respetar un personaje que habita en el espíritu infantil de miles de personas que aún maduros siguen conservando la ilusión de haber crecido con esta simple pero hermosa historia.

Lo más ofensivo de la muerte del capitán Solo fue que, a diferencia de Obi Wan Kenobi, Qui Gon Jinn y hasta el mismo Darth Vader, el viejo amigo de Luke y Leia no tuvo un funeral digno, una despedida honrosa de sus amigos, no tuvo una aparición más, sólo fue arrojado a un precipicio sin fin en un planeta que fue destruido como acto heroico de la película.

Abrams no supo respetar o no quiso respetar ni al personaje que es mucho más grande que él y sus intentos de renovar historias de antaño (también hace misión imposible), ni al público que, como dicen los niños de South Park, es más dueño de las películas que sus creadores o directores.

Han Solo no fue violado en la estrellota de la muerte, algo peor ocurrió, su muerte fue utilizada como un atentado terrorista contra el espíritu de aquellas personas que crecimos conociendo el honor y la resistencia de la mano de filmes como Star Wars y desde ahora se pretende convertir la grandeza de nuestros sentimientos con y hacia personajes como el capitán Solo en fórmulas, recetas de una comida hecha para llenar y no para nutrir. Los usurpados y despojados hemos sido nosotros, los que fans o seguidores, construimos buena parte de nuestra infancia y nuestros sentimientos en historias como la de Luke y Anakin y si no exigimos de alguna manera la restitución de lo que es nuestro, entonces estamos permitiendo que nos pisoteen lo último que queda por pisotearnos: la infancia que conservamos.

El episodio VII no es una película de Star Wars.


Monday, August 31, 2015

Y sí, aquí estoy

Nuestro árbol, nuestra historia y el camino hacia nuestra tierra

Hace diez años decidimos iniciar una aventura; ésta ha durado hasta hoy, con sus peculiaridades, desde luego, pero diez años después el barco navega. Hace también diez años, en aquella navidad de 2005, un arbolito, chiquito, chiquito, se hizo parte de la aventura, un arbolito verde verde y pelón, con apenas unas ramitas carnositas pero muy chiquitas. Un arbolito y una oportunidad.

dos o tres años después me mudé a un consultorio cerca de casa, un lugar con un jardín de estilo japonés, con agua, piedras y bambúes. El arbolito que ya pasaba por mucho el tamaño con el que llegó y tenía algunas ramitas nuevas, necesitaba una maceta más grande o un jardín quizá. El jardín japonés del consultorio era un bello lugar.

Ay pero el arbolito era débil, desde chiquito parecía imposible mantenerlo en pie, se doblaba, se caía, se salía de la tierra y llevarlo al jardín no lo hizo diferente, contrariamente hubo que plantarlo varias veces porque se salía de la tierra una y otra y otra vez, hasta que finalmente pareció encontrar un lugar en el que se comenzó a fijar, precisamente al lado de la puerta del consultorio. Ahí y con el apoyo de un palito comenzó a crecer y crecer y a fortalecer sus raíces. Así comenzó a tener más y más ramitas y luego ramas y su frágil tronco comenzó a engrosarse hasta que dejó de necesitar el palito y comenzó a elevarse hacia el cielo con mucha rapidez y firmeza y aunque muchas veces le cortaron la punta, él adquirió la fuerza y la persistencia que caracterizan a mi familia: aunque no nos sirvan las patas caminamos, aunque vengamos de estratos bajos en este citadino mundo, superamos la adversidad y nos posicionamos donde queremos, aunque nadie publique nuestros textos escribimos, no hay forma, la adversidad no nos come las ganas, a ninguno, perro, persona o planta, nuestra familia es fuerte.

Esta fuerza hizo que el arbolito, diez años después, sea ya un pino vikingo con todas sus letras y su carácter, fuerte, grueso, alto, verde, oloroso y creciendo; orgullo, prueba y esperanza, ganas, entusiasmo y confianza para nosotros.

Hoy, sin embargo y porque nosotros también necesitamos echar raíces fuertes, dejé mi consultorio con su jardín japonés y nuestro arbolito; hoy saqué las últimas cosas del viejo consultorio para iniciar un nuevo viaje dentro de la aventura. No pude llevarme el arbolito que ya es un gigante, él ha echado raíces fuertes muy fuertes y ha engrosado su tronco y ahora tiene un hogar. No podemos cuidarlo más, ya no tiene la necesidad de un palito, se sostiene solo y crece rumbo al cielo sin nuestra ayuda, es grande y tiene tierra.

Nosotros también necesitamos tierra y aunque tenemos raíces muy fuertes, ya no necesitamos una maceta, necesitamos nuestro suelo y por eso nos vamos, hemos aprendido mucho de nuestro arbolito. Hoy nos despedimos de él y lo dejamos en su jardín, en donde ahora es uno de los más grandes y le prometimos echar raíz, como él. Nosotros le ayudamos a crecer, ahora el nos ayudará a asentarnos, porque cuando uno se asienta crece y madura y vive; nosotros necesitamos un jardín para hacerlo y estamos en su búsqueda, mientras tanto aún podremos mirar hacia adentro y encontrar nuestro arbolito y el balcón en el que se fortaleció y el jardín en el que echó raíz y las risas y los juegos y los almuerzos y las vacaciones y los amigos y la familia y las esperanzas y el entusiasmo y las ganas de salir de la neblina hacia el sol que se posa alto sobre nuestras cabezas y la capacidad de hacer grandes y fuertes nuestras raíces para tener un hogar y seguir siendo hogar para visitantes y pasajeros como el arbolito y sus arañas y caracoles y hormigas. Seremos grandes y fuertes como nos enseñó a ser nuestro arbolito pelón y delgadito.

Hoy dejo el consultorio aunque una parte de mi se queda con él, mis recuerdos, mi entusiasmo, mis cumpleaños y mis aventuras, los amigos que hice y las historias que viví. Hoy dejo el consultorio y el pequeño gigante que sembramos hace unos años velará y alegrará la vida de cualquier persona que ocupe ese lugar. En ese árbol florece amor y ese es nuestro legado para quien quiera habitar y hacer suya la que una vez fue nuestra casita. Nosotros andamos pues y buscamos un jardín para habitar y hacer habitable de por vida.

Gracias amigo, tú eres fuerte y yo estoy contento y me siento capaz. Que tengas una vida larga y que seas la alegría de muchos, hogar y vecindario de animalitos y compañero de todos aquellos que se aproximen a ti. Nosotros nos vamos felices y con un poquito de sabiduría que supiste regalarnos. Te quiero y nunca te voy a olvidar...

Tuesday, October 14, 2014

Hace frío, mucho frío...

No es que fuera bella, había mujeres más bellas en otros lugares; no es que fuera bella, sin embargo, su rostro iluminaba la oscuridad mas espesa y tenía una sonrisa que cautivaría al espíritu más recio y sus ojos, sus ojos que eran dos osos erguidos a la orilla de una laguna, en un bosque frío, extraordinariamente fuertes, imponentes y hermosos. Ciertamente no es que fuera bella pero su cabello decoraba un rostro sincero y misterioso, con un toque de soledad casi originaria, casi genética, lo que le daba mayor fuerza aún. Tampoco es que tuviera un cuerpo perfecto, de hecho tenía defectos tan notorios y sin embargo sus abrazos eran capaces de envolverlo todo, al universo entero y su piel y su tibieza calentaban los huesos fríos de años atrás, helados de abandono y olvido; sí, su cuerpo no era perfecto pero hacía saber que no habría otro jamás al cual acercarse tanto y con tanta familiaridad. No era la más bella, no tenía el cuerpo perfecto, tampoco era inteligente, no de esas inteligencias geniales y aún así decía las cosas más oportunas en los momentos más precisos; podía describir al mundo tal como era sin equivocaciones, con la claridad de la sabiduría; decía y sus palabras abrazaban, como sus brazos, como sus piernas, como su cuerpo entero; sí, eso era, sus palabras no eran sino abrazos existenciales.

No era bella, ni tenía el cuerpo perfecto, ni era la más inteligente, ella era hermosa y calentaba el espíritu y podía decirlo todo y abrazar con sus palabras, con su sensatez y su voluntad de amor. No era perfecta, era única, absolutamente única y hacia sentir especial, totalmente especial y aquí hay un testigo cercano de la maravilla que hoy ha dejado frío el universo.

Wednesday, October 08, 2014

Lo que debemos y a quién le debemos...

Cuando yo era niño había muchas marchas y plantones. Lo recuerdo muy bien, el zócalo era constantemente tomado por maestros u otros sindicatos, a veces por que los obligaban, a veces por que era una forma de conseguir aumentos salariales año con año, a veces por verdadera protesta. La que más recuerdo fue la de 1988, el fraude electoral de aquel tiempo y la priísta imposición de Carlos Salinas; esa sí que fue sincera y no pasó nada.

Pues desde que era niño recuerdo masas de gente movilizándose; eran gobiernos, todos, del PRI (me molesta asignarle mayúsculas a una palabra que arde, que quema). Yo era niño y no entendía nada, era costumbre; pero ahora soy mayor y entiendo: hace treinta años la protesta era el desfogue, el paliativo, la manera de desahogar penas o frustraciones y luego volver a casa, con desgaste, con agotamiento, después a trabajar una vez más, ya no en masa, ya en pequeños grupos que a lo mucho reunían a la familia o a unos cuantos compañeros de trabajo: a conformarse, mientras ellos, los priístas, engordaban sus bolsillos con lo que no entregaban al pueblo, mientras generaban fortunas que ahora vemos representar la desigualdad en los pizarrones internacionales de riqueza, en los ranqueos de hombres exclusivos. Nuestros Slims, nuestra Televisa, nuestros banqueros, ellos crecieron, se hicieron poderosos, intocables, millonarios. Otros marcharon y se desgastaron y se volvieron más pobres o perdieron sus sindicatos y sus garantías.

Cuando yo era niño no comprendía nada. Ahora entiendo que nos dejan marchar, porque cuando lo hacemos nos contamos el cuento de que hacemos algo y nos desgastamos y regresamos a casa cansados y ellos arreglan el país sin nosotros, entre ellos; se reparten los bienes nacionales y las tierras y las licitaciones y las construcciones, se reparten los recursos y su explotación y hoy hasta se reparten la gente, los esclavos, los súbditos.

Antes y ahora ellos nos dejan marchar mientras no les incomodemos, mientras no les molestemos, mientras ellos siguen tomando decisiones en semanas y nosotros buscamos respuestas en décadas, por eso nos dejan, porque nunca hemos tenido resultados o los hemos tenido en muy baja proporción. Pero, ¿es de verdad ese el camino? ¿marchar, protestar, gritar consignas que no escuchan, desahogarnos? Si en treinta años no ha resultado, pensamos que va a resultar ahora?

Antes los sindicalizados marchaban por aumentos salariales a los que tenían derecho año con año y se los daban porque así tenía que ser y nunca consiguieron la garantía laboral que requería el país; hoy los jóvenes marchan por lugares en las universidades y les dan los mismos 600 lugares extras que ya están programados para ellos pero que no les darían si no se desgastaran un año en protestas protocolarías que son más un requisito que una manera de actuar. Estamos en el mismo país. Ellos siguen sabiendo como cerrar sus ventanas y no vernos, nosotros seguimos sabiendo cansarnos y recibir migajas que saben a manjar.

¿Es de verdad nuestro destino? ¿Debemos seguir siendo el país que cada dos de octubre marcha por sus muertos pero que no tiene un sólo hombre en la cárcel por ese crimen? ¿Marcharemos cada año, ahora por Atenco, ahora por Ayotzinapa, mañana por otros hijos muertos? ¿Es lo que somos? ¿los que prenden la veladora por el hijo muerto por negligencia en un hospital y que no impiden la práctica irresponsable de un rufián de bata blanca? ¿los que decimos me lo mataron, me lo secuestraron, me la violaron, nos quitaron? ¿Somos eso? ¿los de las guarderías ABC que no tienen encarcelados y sí bebés muertos y padres que año con año marchan? De verdad ¿somos eso? ¿somos su burla? y nuestros muertos ¿son su desprecio, su ignorancia, sus daños colaterales, sus consecuencias? ¿nuestros centanares de muertos son su chiste? y nuestras lágrimas y angustias, ¿son el agua con la que trapean en sus mansiones, con las que desaguan sus inodoros?

Una nación que grita no es una nación que resuelve, es una nación que se cansa y en este país es una nación que se divide, que se polariza. Pero nosotros sabemos más que antes, sabemos nombres, apellidos y hasta direcciones de los responsables de los despojos, de los abusos, de las muertes, nosotros sí sabemos cómo nos ha dañado Televisa o TV Azteca con sus mentiras, con sus complicidades; sabemos que Femsa, Telcel, Bimbo, han provocado nuestra miseria y nuestras diferencias insostenibles. Sabemos nombres y apellidos de diputados y senadores, de los que han regalado el petróleo, las minas, las tierras y hasta el agua; conocemos a los cómplices de cada una de las muertes, desde Tlatelolco hasta Ayotzinapa. Tenemos la información, el dolor y la injusticia, ¿no es hora de hacer algo más? ¿no es hora de acabarlos de una vez y para siempre? ¿no es hora de apagar la televisión y no prenderla más? ¿no es hora de dejar de comprarles cada cosa que nos venden: su pan, sus cervezas, sus canales, todo? ¿no es hora de sabotearlos ya?

Se nutren de nosotros, pero no de todo, de nuestro consumo, quitémosles la fuerza; luego exijamos justicia, en montón, cuidemos las urnas, cada una, en cientos de vigilantes, privemos de la posibilidad de que nos gobiernen; después hagamos juicios, encarcelemos a cada uno de ellos, desde hace cincuenta años, a los que queden vivos y a los que vivan hoy. Cerremos el INE, cerremos gobernación, los aeropuertos, las calles, las delegaciones y los municipios, cerremos las puertas de sus casas, despojémoslos ahora de lo que ellos nos despojaron antes y si nada de esto funciona, entonces sólo tengo dos mensajes México: hijo por hijo y en el techo de palacio nacional caben en fila unos doscientos diputados colgados.

Es todo, corajito...