Monday, March 30, 2009
El post anterior apesta
lo unico de verdad que dice es que soy una niña, una niña llorona. No lo borro porque sería aún más niña.
Friday, March 27, 2009
De la amistad
El problema es que yo veo a una persona grande detrás de no sé qué que les veo en los ojos. Pienso que el hecho de que alguien -que puede crecer mucho- no lo haya hecho es porque no ha encontrado los caminos para ello; la verdad es que creo que es el punto en el que mi ego es una porquería gorda, gorda, porque siempe creo que yo puedo ofrecer los caminos a esas personas y por ello siempre termino con parásitos como muchos amigos que me he colgado en la vida.
Pero aún así creo (¿insistencia de la fe, de mi fe?), y es que la psicótica me conoció y terminó siendo grande en lo que escribía y pensaba, aunque después tiró su vida al carajo teniendo otro hijo (ella es muy buena para parasitarse) y hasta lo bautizó. No me gusta decir que ella o cualquiera llegó ahí por mi, pero creo que tuve algo que ver, por lo menos la hija de ella y que adopté durante cinco cortos años, aprendió, de alguna manera, a dudar de sí y quizá, aprendió a no odiar a las personas como hace su madre y el resto de su familia.
Pero ella no es la única, recuerdo a César Preciado (un nombre guardado en mi cabeza como otros que diré aquí, no sé por qué), él fue mi mejor amigo en el segundo año de secundaria; como a cualquier amigo, yo lo quería mucho, le brindé mi casa, mi familia, incluso mis juguetes, videojuegos y hasta mi hermano. Nos la pasábamos muy bien juntos, charlábamos y era muy relajado estar así; yo nunca fui un niño, ni un adolescente bebedor o fumador, no me gustaba vagar ni tocar timbres y echarme a correr y no lo dejaba todo por una niña o por un faje cualquiera. Pero él tenía miedo: en otra escuela él había sido golpeado un par de veces por algunos niños y tuvo que aprender a pelear, así fue como llego a nuestra pequeñita secundaria, lugar en el que eramos tan poquitos y tan fraternos (estábamos juntos desde la primaria y algunos desde el preescolar) que no buscábamos pelea; sin embargo, César llegó a pelear, a creer que tenía que defenderse, llegó con miedo. Quizá por eso nuestra amistad no duró, comenzó a ser amigo de los "rudos" del salón, los que comenzaban a fumar (delicados sin filtro) y los que tomában "muppets", los que tenían novias y besaban en la boca a las niñas; obviamente los que golpeaban a otros y jugaban rudo en el recreo. César dejó (cesó) de ser mi amigo, prefirió a todos ellos, prefirió la tensión de una vida de poses e imágenes y no es que tuviera que ser diferente, pero lo que yo le ofrecía era demasido limpio y demasiado propio. A mi mis padres no me enseñaron nada porque ellos no sabían nada, por eso nunca aprendí a estar a la moda y a comportarme en sociedad: soy, en verdad, un paria.
César no me habló más. Juntos habíamos hablado de ballenas y delfines, de tiburones y buceo, yo quería bucear con él, él había tomado clases de buceo y sabía hacerlo muy bien, viajaba algunas veces al año a diferentes playas a bucear con un grupo. Yo quería compartir eso con él, pero él quiso fumar delicados y tomar tequila con squirt. Dejó de hablarme y con mucho dolor yo tuve que dejar de hablarle a él y retirarme con mi cariño y mi confianza a otro lado (ah, el chavo dijo tantas cosas que yo le conté en secreto, quizá yo soy una niña). El último día de clases del segundo de secundaria, también último día de él en la escuela -no volvió al año siguiente- me dijo con lágrimas en los ojos (creo que sólo en uno), al menos fuimos amigos mucho tiempo... yo le di la mano y me fui. Ya no lo quería ni un poco.
Un año antes estaba JCC, a él lo recibí yo el primer día de clases en la secundaria. Nosotros llevábamos por lo menos seis años juntos, él era el nuevo y yo lo recibí y le abrí las puertas de mi vida. JCC vivía a la vuelta de mi casa, así que surgió una bonita amistad entre los dos; yo era muy pequeño, creo que a los trece años a penas pesaba 40 kilos y no medía ni un metro sesenta, él era de mi tamaño y también era delgadito. Le gustaban los joes y tenía muchísimos, igual que yo; me presentó a las inolvidables tortugas ninja y le fascinaban las patinetas. Yo nunca quise una patineta pero amaba platicar horas y horas con él de las suertes que sabía hacer en la patineta y de las marcas de tabla y ruedas que usaba, también hablábamos de música y de baile (le encantaba bailar). Yo le compartía caricaturas, comics pero, principalmente videojuegos; ambos teníamos nintendo y jugábamos con mucha pasión mario bros. No entiendo lo que pasó, quizá fue la llegada de Gustavo la que complicó todo, quizá fue que se hizo más popular entre las niñas, quizá fue que nuestros mundos dejaron de tocarse, no lo sé, pero él dejó de ser mi amigo. De hecho comenzó a ser muy hostil conmigo y siempre quería estarme pegando, pasaba y me zapeaba o me soltaba un golpe an cualquier lugar. Una vez yo jugaba con un amigo el el patio y, en un descuido mío, JCC me dió una patada en la cara, durísima, porque recuerdo haber perdido consciencia unos momentos. Yo prefería no pasar cerca de él y él pensó que yo le tenía miedo, de hecho oí cómo se lo dijo a unas compañeras: "vean, me tiene miedo". Yo no tenía miedo de JCC, una vez que le respondí los golpes, peleamos y estaba derrotándolo y cuando me vi sobre él sometiéndolo, lo solté y me acosté en el piso y me dejé golpear (yo no quería ganar, ya había perdido hace mucho). Yo no tenía miedo, tenía muchísimo cariño y era muy doloroso que mi mejor amigo se hubiera convertido en eso, que su amistad hacia mi hubiera desaparecido y sólo quedara una gana tremenda de dañarme: lo hizo, y lo hizo mucho. Uno año después apareció un tipo apeyidado Payán que era enorme y estaba muy fuerte y le pegó para que ya no me pegara, yo no quería que alguien le pegara, podía hacerlo yo mismo, quería que él supiera que lo había querido mucho. Su padre muere unos años después, en españa, lejos de su familia, él se hace cosumidor de marihuana, parece que mucho y su hermana, de la que estuve enamorado por lo menos dos años y a la que creo que yo le gustaba, se va de casa. No sé mucho de la historia después, creo que ahora vive en cancún y trabaja con delfines (a él siempre le gustaron los animales), de su madre y su hermana no sé nada, pero al final no sé si no supe quererlo bien o él no supo recibir lo que le ofrecía, pero dolió y recordarlo aún duele.
Humberto y Brnardo pasaron por el mismo lugar en mi corazón, Bernardo unos meses hasta que él mismo decidió pasar a otra cosa, pero Humberto, quién vivía igualmente cerca de mi casa, fue mi mejor amigo el último año de secundaria; como siempre le abri la puerta de casa y mis papás lo querían mucho, de hecho nuestros padres se hicieron amigos, lo que nos daba más tiempo para estar juntos. A él le conté todo, todo lo que me ocupaba en la vida: le dije que me gustaba Adriana y que me masturbaba y apenas conseguía poca leche (en verdad era pequeño, inmaduro quizá) y él, que era muy feo, quiso ser popular y utilizó cada confidencia para contarla públicamente. No es que yo no supiera cosas de él, pero yo era su amigo. Con él no terminan las cosas mal, yo decido guardarme lo mío pero no rompo la amistad con él; sin embargo , ya no era nada sólido el asunto, una vez terminada la escuela nos vimos un par de veces más y se acabó, nunca más volvimos a cruzar palabra, ni por teléfono ni por la cercanía de nuestras casas. Quizá sea yo el enfermo.
Podría alargar esta historia porque con las mujeres me ha ido igual, yo las quiero -como amigas- y al tiempo o abusan o me dicen que les gusto, en fin, esa será otra historia. El último en la lista se llama rf, es el único que me ha soportado y se ha soportado como mi amigo. Nos conocimos hace diciseis años y desde entonces no hay día que no sepamos el uno del otro; y no es que no haya habido malos momento entre nosotros, de hehco alguna vez terminamos a golpes (más bien él conmigo, yo lo abracé y le dije que no quería pelear con él, y de hecho, me escupió el loco). Sin embargo, sé que él me quiería, que no quería a nadie más que a mi y que no era por popularidad y miedo a lo social que se alejaba de mi. Somos, como se dice, almas gemelas, quizá; con él siento que puedo decir cualquier cosa y que él verá en mi lo que ni yo puedo ver, de hecho creo que él me respeta y le gusta lo que hago y cómo lo hago. Cuando lo conocí pensé que podía ser grande, no, pensé que era grande, grandísimo, un árbol gigantesco al que no se le veía fin (aún no se le ve fin, es enorme y yo siempre lo miro hacia arriba y aunque crezco él siemrpe será más y más alto). Yo pensé que podíamos ser grandes juntos y hemos hecho tanto, que él me ha enseñado que yo no estaba en un error, sólo en lugares equivocados.
Yo creo en la gente, yo creo que pueden ser grandes y por eso estoy con ellos y lo que ofrezco es un mundo en el que no pesan los prejuicios, que no hay nada obligatorio y en donde no nos afiliamos a nada ni a nadie; lejos del alcohol a lo bruto y del tabaco por pose, lejos de lo intelectual aunque siempre hablemos de libros, cine, pinturas y todo eso; un mundo lejos del dinero y las marcas y los lujos; un mundo donde el corazón y las ganas de estar juntos sean lo que intercambiemos.
Pero quizá la gente no soporte la libertad, quizá las personas necesiten de la pose y las pertenecias; o quizá -como algunas mujeres que he conocido y a las que he ofrecido este mundo- algunas personas necesiten atraer a otras personas, quizá necesiten ser deseadas y gustar. No lo sé. El mundo en el que vivo es un mundo en el que trato de que todos seamos iguales y estemos juntos sólo por estar, aunque comamos tacos al pastor y veamos caricaturas hasta las seis de la mañana del domingo; lo que quiero es gente que no cargue la vida, sino que quiera construirla y quizá, por eso, mi casa se llena de personas cada sábado aunque la distancia recorrida se mida en horas y las actividades no sean más que juegos, charla y televisión. Tal vez es por eso que algunas personas buscan mi amistad y quizá por eso es que yo sigo ofreciendo mi corazón, mi alma y mi hogar a cada persona que conozco, porque prefiero que me rompan el corazón (o alguna pertenecia) antes que desconfiar de las personas que detrás de sus ojos tienen ansioso un espíritu que quiere volar alto, alto y lejos. Sin embargo, el miedo y la necesidad de vivir en la norma hace que muchos de los que entran a casa salgan corriendo para siempre, como César, JCC, Humberto o Bernardo; como Paloma o Consuelo o Mariana o Rachel; o que incluso quieran dominar mi espíritu para siempre, como hizo la psicótica o LERS. Yo sigo abriendo la puerta, aunque me derrumbe mil veces, qué le voy a hacer, fue así que conocí a ji-man a rf y a la osa (que está en el límite pero que va a triunfar porque ella es muy, muy grande); así que no me retiro del intento y ni modo. Estoy contento de ser así.
Supongo que este post tiene un mensaje para una chica sudamericana que conocí recién, no lo había pensado hasta ahora: la puerta está abierta, tanto para entrar como para salir. La decisión no es mía.
Pero aún así creo (¿insistencia de la fe, de mi fe?), y es que la psicótica me conoció y terminó siendo grande en lo que escribía y pensaba, aunque después tiró su vida al carajo teniendo otro hijo (ella es muy buena para parasitarse) y hasta lo bautizó. No me gusta decir que ella o cualquiera llegó ahí por mi, pero creo que tuve algo que ver, por lo menos la hija de ella y que adopté durante cinco cortos años, aprendió, de alguna manera, a dudar de sí y quizá, aprendió a no odiar a las personas como hace su madre y el resto de su familia.
Pero ella no es la única, recuerdo a César Preciado (un nombre guardado en mi cabeza como otros que diré aquí, no sé por qué), él fue mi mejor amigo en el segundo año de secundaria; como a cualquier amigo, yo lo quería mucho, le brindé mi casa, mi familia, incluso mis juguetes, videojuegos y hasta mi hermano. Nos la pasábamos muy bien juntos, charlábamos y era muy relajado estar así; yo nunca fui un niño, ni un adolescente bebedor o fumador, no me gustaba vagar ni tocar timbres y echarme a correr y no lo dejaba todo por una niña o por un faje cualquiera. Pero él tenía miedo: en otra escuela él había sido golpeado un par de veces por algunos niños y tuvo que aprender a pelear, así fue como llego a nuestra pequeñita secundaria, lugar en el que eramos tan poquitos y tan fraternos (estábamos juntos desde la primaria y algunos desde el preescolar) que no buscábamos pelea; sin embargo, César llegó a pelear, a creer que tenía que defenderse, llegó con miedo. Quizá por eso nuestra amistad no duró, comenzó a ser amigo de los "rudos" del salón, los que comenzaban a fumar (delicados sin filtro) y los que tomában "muppets", los que tenían novias y besaban en la boca a las niñas; obviamente los que golpeaban a otros y jugaban rudo en el recreo. César dejó (cesó) de ser mi amigo, prefirió a todos ellos, prefirió la tensión de una vida de poses e imágenes y no es que tuviera que ser diferente, pero lo que yo le ofrecía era demasido limpio y demasiado propio. A mi mis padres no me enseñaron nada porque ellos no sabían nada, por eso nunca aprendí a estar a la moda y a comportarme en sociedad: soy, en verdad, un paria.
César no me habló más. Juntos habíamos hablado de ballenas y delfines, de tiburones y buceo, yo quería bucear con él, él había tomado clases de buceo y sabía hacerlo muy bien, viajaba algunas veces al año a diferentes playas a bucear con un grupo. Yo quería compartir eso con él, pero él quiso fumar delicados y tomar tequila con squirt. Dejó de hablarme y con mucho dolor yo tuve que dejar de hablarle a él y retirarme con mi cariño y mi confianza a otro lado (ah, el chavo dijo tantas cosas que yo le conté en secreto, quizá yo soy una niña). El último día de clases del segundo de secundaria, también último día de él en la escuela -no volvió al año siguiente- me dijo con lágrimas en los ojos (creo que sólo en uno), al menos fuimos amigos mucho tiempo... yo le di la mano y me fui. Ya no lo quería ni un poco.
Un año antes estaba JCC, a él lo recibí yo el primer día de clases en la secundaria. Nosotros llevábamos por lo menos seis años juntos, él era el nuevo y yo lo recibí y le abrí las puertas de mi vida. JCC vivía a la vuelta de mi casa, así que surgió una bonita amistad entre los dos; yo era muy pequeño, creo que a los trece años a penas pesaba 40 kilos y no medía ni un metro sesenta, él era de mi tamaño y también era delgadito. Le gustaban los joes y tenía muchísimos, igual que yo; me presentó a las inolvidables tortugas ninja y le fascinaban las patinetas. Yo nunca quise una patineta pero amaba platicar horas y horas con él de las suertes que sabía hacer en la patineta y de las marcas de tabla y ruedas que usaba, también hablábamos de música y de baile (le encantaba bailar). Yo le compartía caricaturas, comics pero, principalmente videojuegos; ambos teníamos nintendo y jugábamos con mucha pasión mario bros. No entiendo lo que pasó, quizá fue la llegada de Gustavo la que complicó todo, quizá fue que se hizo más popular entre las niñas, quizá fue que nuestros mundos dejaron de tocarse, no lo sé, pero él dejó de ser mi amigo. De hecho comenzó a ser muy hostil conmigo y siempre quería estarme pegando, pasaba y me zapeaba o me soltaba un golpe an cualquier lugar. Una vez yo jugaba con un amigo el el patio y, en un descuido mío, JCC me dió una patada en la cara, durísima, porque recuerdo haber perdido consciencia unos momentos. Yo prefería no pasar cerca de él y él pensó que yo le tenía miedo, de hecho oí cómo se lo dijo a unas compañeras: "vean, me tiene miedo". Yo no tenía miedo de JCC, una vez que le respondí los golpes, peleamos y estaba derrotándolo y cuando me vi sobre él sometiéndolo, lo solté y me acosté en el piso y me dejé golpear (yo no quería ganar, ya había perdido hace mucho). Yo no tenía miedo, tenía muchísimo cariño y era muy doloroso que mi mejor amigo se hubiera convertido en eso, que su amistad hacia mi hubiera desaparecido y sólo quedara una gana tremenda de dañarme: lo hizo, y lo hizo mucho. Uno año después apareció un tipo apeyidado Payán que era enorme y estaba muy fuerte y le pegó para que ya no me pegara, yo no quería que alguien le pegara, podía hacerlo yo mismo, quería que él supiera que lo había querido mucho. Su padre muere unos años después, en españa, lejos de su familia, él se hace cosumidor de marihuana, parece que mucho y su hermana, de la que estuve enamorado por lo menos dos años y a la que creo que yo le gustaba, se va de casa. No sé mucho de la historia después, creo que ahora vive en cancún y trabaja con delfines (a él siempre le gustaron los animales), de su madre y su hermana no sé nada, pero al final no sé si no supe quererlo bien o él no supo recibir lo que le ofrecía, pero dolió y recordarlo aún duele.
Humberto y Brnardo pasaron por el mismo lugar en mi corazón, Bernardo unos meses hasta que él mismo decidió pasar a otra cosa, pero Humberto, quién vivía igualmente cerca de mi casa, fue mi mejor amigo el último año de secundaria; como siempre le abri la puerta de casa y mis papás lo querían mucho, de hecho nuestros padres se hicieron amigos, lo que nos daba más tiempo para estar juntos. A él le conté todo, todo lo que me ocupaba en la vida: le dije que me gustaba Adriana y que me masturbaba y apenas conseguía poca leche (en verdad era pequeño, inmaduro quizá) y él, que era muy feo, quiso ser popular y utilizó cada confidencia para contarla públicamente. No es que yo no supiera cosas de él, pero yo era su amigo. Con él no terminan las cosas mal, yo decido guardarme lo mío pero no rompo la amistad con él; sin embargo , ya no era nada sólido el asunto, una vez terminada la escuela nos vimos un par de veces más y se acabó, nunca más volvimos a cruzar palabra, ni por teléfono ni por la cercanía de nuestras casas. Quizá sea yo el enfermo.
Podría alargar esta historia porque con las mujeres me ha ido igual, yo las quiero -como amigas- y al tiempo o abusan o me dicen que les gusto, en fin, esa será otra historia. El último en la lista se llama rf, es el único que me ha soportado y se ha soportado como mi amigo. Nos conocimos hace diciseis años y desde entonces no hay día que no sepamos el uno del otro; y no es que no haya habido malos momento entre nosotros, de hehco alguna vez terminamos a golpes (más bien él conmigo, yo lo abracé y le dije que no quería pelear con él, y de hecho, me escupió el loco). Sin embargo, sé que él me quiería, que no quería a nadie más que a mi y que no era por popularidad y miedo a lo social que se alejaba de mi. Somos, como se dice, almas gemelas, quizá; con él siento que puedo decir cualquier cosa y que él verá en mi lo que ni yo puedo ver, de hecho creo que él me respeta y le gusta lo que hago y cómo lo hago. Cuando lo conocí pensé que podía ser grande, no, pensé que era grande, grandísimo, un árbol gigantesco al que no se le veía fin (aún no se le ve fin, es enorme y yo siempre lo miro hacia arriba y aunque crezco él siemrpe será más y más alto). Yo pensé que podíamos ser grandes juntos y hemos hecho tanto, que él me ha enseñado que yo no estaba en un error, sólo en lugares equivocados.
Yo creo en la gente, yo creo que pueden ser grandes y por eso estoy con ellos y lo que ofrezco es un mundo en el que no pesan los prejuicios, que no hay nada obligatorio y en donde no nos afiliamos a nada ni a nadie; lejos del alcohol a lo bruto y del tabaco por pose, lejos de lo intelectual aunque siempre hablemos de libros, cine, pinturas y todo eso; un mundo lejos del dinero y las marcas y los lujos; un mundo donde el corazón y las ganas de estar juntos sean lo que intercambiemos.
Pero quizá la gente no soporte la libertad, quizá las personas necesiten de la pose y las pertenecias; o quizá -como algunas mujeres que he conocido y a las que he ofrecido este mundo- algunas personas necesiten atraer a otras personas, quizá necesiten ser deseadas y gustar. No lo sé. El mundo en el que vivo es un mundo en el que trato de que todos seamos iguales y estemos juntos sólo por estar, aunque comamos tacos al pastor y veamos caricaturas hasta las seis de la mañana del domingo; lo que quiero es gente que no cargue la vida, sino que quiera construirla y quizá, por eso, mi casa se llena de personas cada sábado aunque la distancia recorrida se mida en horas y las actividades no sean más que juegos, charla y televisión. Tal vez es por eso que algunas personas buscan mi amistad y quizá por eso es que yo sigo ofreciendo mi corazón, mi alma y mi hogar a cada persona que conozco, porque prefiero que me rompan el corazón (o alguna pertenecia) antes que desconfiar de las personas que detrás de sus ojos tienen ansioso un espíritu que quiere volar alto, alto y lejos. Sin embargo, el miedo y la necesidad de vivir en la norma hace que muchos de los que entran a casa salgan corriendo para siempre, como César, JCC, Humberto o Bernardo; como Paloma o Consuelo o Mariana o Rachel; o que incluso quieran dominar mi espíritu para siempre, como hizo la psicótica o LERS. Yo sigo abriendo la puerta, aunque me derrumbe mil veces, qué le voy a hacer, fue así que conocí a ji-man a rf y a la osa (que está en el límite pero que va a triunfar porque ella es muy, muy grande); así que no me retiro del intento y ni modo. Estoy contento de ser así.
Supongo que este post tiene un mensaje para una chica sudamericana que conocí recién, no lo había pensado hasta ahora: la puerta está abierta, tanto para entrar como para salir. La decisión no es mía.
Monday, March 23, 2009
Encore
Dos años hace que no te busco, sé que no te he necesitado; de hecho salí corriendo de tu casa la última vez (¿sí ves cómo es tu casa y no tu consultorio?). ¿Miedo?, no lo creo, asco, hartazgo, no way out with you; y es que eras demasiado tú y ayer que te llamé seguías siendo demasido tú y yo era cada vez más yo y yo no quiero ser yo y menos tú porque sería yo y yo no me soporto.
Corro de vuelta a tu casa que nunca más será mía, esa se quedó tras la mística puerta de copilco: el último departamento del último edificio de la última unidad al final de la calle (nunca te diste cuenta, pero yo amo los finales). Corro de vuelta a tu casa porque ya no puedo cuidar de mi y contigo aprendí a hacerlo; voy a ver si aún puedo.
Me persiguen, por eso vuelvo por tercera vez. Me persigue mi padre -más que paranoia, mucho más que eso- y me persigue mi madre: ayer recordé muchas, muchas de las golpizas de esa mujer, el terror que sentía, su fuerza, la capacidad de matarme, si yo me mato es más bien ella quien lo hace, por eso no me mato... aún.
Hace unos días tome un one way ticket en mi relación con A; ella ya lo vio y tomó un vuelo para el otro lado: There's no comin' back... y lo sé. No temo a eso, siempre seremos amigos, hoy lo sé. Me temo a mi... no sé estar sólo, de verdad no lo sé y la pregunta es ¿dónde soy capaz de parar? Eso es lo que me aterra y lo que me lleva a acostarme en ese viejo (¿o siempre nuevo, señor meticuloso?) diván. Te dejé una vez y esa vez no me dejé a mi, pero no sé cuando me alcanzó el destino otra vez, soy pobre nuevamente, tengo hambre otra vez, no puedo salir, sufro y desespero, me importa lo que digan y lo que piensen otros y me angustia que me dejen, tengo miedo a la muerte y hace mucho que no sonrío, vino radiohead y no lloré y mi seminario no camina y he conocido a alguien que podría causarme un gran daño. Aún no termino, lo sé, siempre lo supe.
Sé que no eres lo mejor, pero eres lo que tengo y lo que está ahí, en tu casa, lo que dejé hace ya más de diez años. No lo puedo llevar a otro lugar, no hay dónde, no hay con quién. Así que el viernes a las nueve treinta caminaré hasta tu departamento, saludaré al policía, diré buenas noches, te daré doscientos pesos que me matarán de hambre el sábado y el domingo y diré todo esto, si es que lo permites. Y así será por un tiempo, mientras pueda encerrar al monstruo que ya no tarda en salir o quizá mientras me doy cuenta, por fin, de que el monstruo ni existía, sólo era un espejo viejo, viejo, viejo... quizá, como yo.
Corro de vuelta a tu casa que nunca más será mía, esa se quedó tras la mística puerta de copilco: el último departamento del último edificio de la última unidad al final de la calle (nunca te diste cuenta, pero yo amo los finales). Corro de vuelta a tu casa porque ya no puedo cuidar de mi y contigo aprendí a hacerlo; voy a ver si aún puedo.
Me persiguen, por eso vuelvo por tercera vez. Me persigue mi padre -más que paranoia, mucho más que eso- y me persigue mi madre: ayer recordé muchas, muchas de las golpizas de esa mujer, el terror que sentía, su fuerza, la capacidad de matarme, si yo me mato es más bien ella quien lo hace, por eso no me mato... aún.
Hace unos días tome un one way ticket en mi relación con A; ella ya lo vio y tomó un vuelo para el otro lado: There's no comin' back... y lo sé. No temo a eso, siempre seremos amigos, hoy lo sé. Me temo a mi... no sé estar sólo, de verdad no lo sé y la pregunta es ¿dónde soy capaz de parar? Eso es lo que me aterra y lo que me lleva a acostarme en ese viejo (¿o siempre nuevo, señor meticuloso?) diván. Te dejé una vez y esa vez no me dejé a mi, pero no sé cuando me alcanzó el destino otra vez, soy pobre nuevamente, tengo hambre otra vez, no puedo salir, sufro y desespero, me importa lo que digan y lo que piensen otros y me angustia que me dejen, tengo miedo a la muerte y hace mucho que no sonrío, vino radiohead y no lloré y mi seminario no camina y he conocido a alguien que podría causarme un gran daño. Aún no termino, lo sé, siempre lo supe.
Sé que no eres lo mejor, pero eres lo que tengo y lo que está ahí, en tu casa, lo que dejé hace ya más de diez años. No lo puedo llevar a otro lugar, no hay dónde, no hay con quién. Así que el viernes a las nueve treinta caminaré hasta tu departamento, saludaré al policía, diré buenas noches, te daré doscientos pesos que me matarán de hambre el sábado y el domingo y diré todo esto, si es que lo permites. Y así será por un tiempo, mientras pueda encerrar al monstruo que ya no tarda en salir o quizá mientras me doy cuenta, por fin, de que el monstruo ni existía, sólo era un espejo viejo, viejo, viejo... quizá, como yo.
Sunday, March 22, 2009
algunos deberíamos...
Perder nuestros derechos, que nos los quiten, el derecho a opinar, el derecho al voto, el derecho a hablar, el derecho a elegir y participar, a estudiar, a leer, a ejercer una profesión, a tener y gastar dinero, a decidir, a ver la televisión, a tener y conducir un auto, a tener hijos, a hacer una familia, a beber alcohol, a hacer pinturas, cine, libros; deberíamos perder el derecho a gobernar, a tener gente a cargo, a administrar un país, a creer en nosotros; no más derecho a ir a la iglesia y a la libertad de culto. Deberíamos perder el derecho a ser individuos, es más, quizá deberíamos perder el derecho a la vida.
Deberíamos, más bien, tener obligaciones: La obligación de callar, de no opinar, de no decidir, de no tener criterio. Deberíamos estar obligados a escuchar a quien puede saber algo, a obedecer, a trabajar y aprender lo que se nos ordene, obligados a hacer estancias periódicas en países de primer mundo y a aprender formas sociales e individuales. Deberíamos estar obligados a ver ciertas películas que muestren la maravilla del cine y no la basura que se produce con tanto orgullo y dinero en el país (debería prohibirse casi todo el cine en México). Deberíamos estar obligados a saber teoría musical, a aprender un instrumento (no más tambores prehispánicos de los que no podemos saber nada y a los que insultamos los fines de semana en coyoacán); estar obligados a ver pintura y a que se nos enseñe a apreciarla, pero que se prohiba hacerla. Y la música, debe destruirse toda la música que se produce para barrios bajos, prohibir la banda, obligarnos a escuchar wagner y a los beatles, pero también a pink floyd y bell y sebastian. Deben obligarnos a saber inglés, francés y alemán, por lo menos y explicarnos el chino y el japonés. Necesitamos que se nos obligue a registrarnos en cursos de enseñanza básica para que eventualmente se nos haga leer a cervantes, dante, joyce, goethe, sófocles o platón, entre otros; que se nos haga escribir páginas y páginas pensando en las lecturas que hicimos, las pinturas que vimos y las canciones que oímos, igual con el cine que veamos. Deberíamos estar obligados a ser gobernados por gente adecuada: F I L O S O F O S, además de verdaderos novelistas, economistas, administradores públicos, etc., todos criados el 100 por ciento dela vida en países y escuelas primermundistas, criados sólo para eso,para administrar y engrandecer un país, lejos del narco y la mierdapolítica mexicana, lejos de las telenovelas y la hora pico, lejos del chavo del ocho y de once niños, lejos de sus madres malcriadas en una vida de falsoglamour tercermundista; lejos de las chivas y el américa, lejos de la lucha libre, ¡por favor! lejos de la lucha libre. Lejos del dinero, muy lejos del dinero; criados para ser grandes y hacernos grandes, criados en la práctica y en la cultura, amantes de la belleza y el pensamiento, despreciadores del dinero y el poder, amantes no del pueblo, de las naciones, de la humanidad, gente sin fronteras ni identidad de grupo: que nos gobiernen hombres y que nos obliguen a someternos a ellos. No más los animales que nos están comiendo, no más los animales que están agotando la ética y la estética que por tanto tiempo embellecieron a occidente. Por cierto, que se acaben las religiones, cero tolerancia con los creyentes...
Esto es sólo una súplica.
Deberíamos, más bien, tener obligaciones: La obligación de callar, de no opinar, de no decidir, de no tener criterio. Deberíamos estar obligados a escuchar a quien puede saber algo, a obedecer, a trabajar y aprender lo que se nos ordene, obligados a hacer estancias periódicas en países de primer mundo y a aprender formas sociales e individuales. Deberíamos estar obligados a ver ciertas películas que muestren la maravilla del cine y no la basura que se produce con tanto orgullo y dinero en el país (debería prohibirse casi todo el cine en México). Deberíamos estar obligados a saber teoría musical, a aprender un instrumento (no más tambores prehispánicos de los que no podemos saber nada y a los que insultamos los fines de semana en coyoacán); estar obligados a ver pintura y a que se nos enseñe a apreciarla, pero que se prohiba hacerla. Y la música, debe destruirse toda la música que se produce para barrios bajos, prohibir la banda, obligarnos a escuchar wagner y a los beatles, pero también a pink floyd y bell y sebastian. Deben obligarnos a saber inglés, francés y alemán, por lo menos y explicarnos el chino y el japonés. Necesitamos que se nos obligue a registrarnos en cursos de enseñanza básica para que eventualmente se nos haga leer a cervantes, dante, joyce, goethe, sófocles o platón, entre otros; que se nos haga escribir páginas y páginas pensando en las lecturas que hicimos, las pinturas que vimos y las canciones que oímos, igual con el cine que veamos. Deberíamos estar obligados a ser gobernados por gente adecuada: F I L O S O F O S, además de verdaderos novelistas, economistas, administradores públicos, etc., todos criados el 100 por ciento dela vida en países y escuelas primermundistas, criados sólo para eso,para administrar y engrandecer un país, lejos del narco y la mierdapolítica mexicana, lejos de las telenovelas y la hora pico, lejos del chavo del ocho y de once niños, lejos de sus madres malcriadas en una vida de falsoglamour tercermundista; lejos de las chivas y el américa, lejos de la lucha libre, ¡por favor! lejos de la lucha libre. Lejos del dinero, muy lejos del dinero; criados para ser grandes y hacernos grandes, criados en la práctica y en la cultura, amantes de la belleza y el pensamiento, despreciadores del dinero y el poder, amantes no del pueblo, de las naciones, de la humanidad, gente sin fronteras ni identidad de grupo: que nos gobiernen hombres y que nos obliguen a someternos a ellos. No más los animales que nos están comiendo, no más los animales que están agotando la ética y la estética que por tanto tiempo embellecieron a occidente. Por cierto, que se acaben las religiones, cero tolerancia con los creyentes...
Esto es sólo una súplica.
Saturday, March 21, 2009
arj
poison, just poison. Poison, bloody poison. Poisoned eyes, mouth, ears, face, lips, arms neck, hands, legs, feet, chest, back. Poisoned soul, spirit, hopes, dreams, future, past, present. Tomorrow, yesterday, today. Poisoned life.
...
Tenerlo todo es fácil. Dejarlo todo y volver a empezar también lo es -ella dice, cualquiera lo hace. ¿No lo ves? Pero soportarse en un lugar y construir más y subir otro escalón no es fácil, implica un esfuerzo: valentía. La marea de un océano crece detrás de sus ojos. Fuera, la sequedad arenosa de la falsa entereza con que le habla a él que yace acostado bocarriba en el prematuramente envejecido sillón de la derruida sala en la que hablan. Él calla. Él deja salir algunas lágrimas. Él sólo llora cuando empieza y cuando termina, nunca durante. Él esta vez no sabe si ha terminado. No llora, sus ojos sí. Él sabe que ella sabe, que lo sabe todo. Ella ve demasiado, infinitamente más que él: ve más allá de lo que se ve y de lo que no se ve, nunca ha necesitado que le muestren. Él se derrumba, lleva años derrumbándose. Él sólo se construye para derrumbarse. La mira hacia arriba. Ella se mira hacia adentro.
No hay camino -dice- no puedo, no quiero encontrar el camino de vuelta: Tengo miedo. Él sabe que le aterra ser hombre, quiere ser niño y cumplir la promesa que se hizo, que le hizo a Dios y al futuro cuando no pasaba de seis años. Siempre un niño: correr, correr para llegar, siempre correr y llegar. Él no espera. El mundo de los hombres pide paciencia. Él no espera. Ella lo sabe. Ella tiene paciencia por ambos. Lo ama. No llora, ni una lágrima.
Ella lo hace hombre. Él no quiere ser hombre. Tampoco quiere ser niño. Está harto de ser, pero sus dos manos son sumisas a la vida. Él sabe que es un perdedor porque le gusta perder. Él no tiene una mascota porque odia la dependencia. Él teme a la dependencia. Cree que es libre. Él quiere hacerla niña, quiere hacer niños a todos: no puede más. Llora. Esta vez no quiere llorar, no quiere hacerlo igual. Duda. Duda más. Duda nuevamente. Siempre ha pensado que está entre árboles y él siempre ha sido pasto. Él no sabe que ya no hay bosque, que nunca hubo bosque. Tampoco pasto. Él no es eso. Él no es nada. Él lee a MD y odia no escribir como ella. Él se odia. Él tiene fe. Ella amor. Él ha vuelto a encontrar la guerra en el amor. Ella ha cedido parte de sus fuerzas a la esclavitud. Ella estaba en guerra. Él no lo sabía o tal vez es lo único que sabía. Él camina rápido en la calle pero siempre detrás de alguien hasta el último momento, entonces camina más rápido y lo derrota, siempre gana al final. Eso es la guerra. Él odia la guerra pero no sabe hacer otra cosa. Él teme que sea el final, porque teme que sea su final. Está cansado de un final y otro y otro. Ya no quiere seguir empezando. De lo que está harto es de los inicios. Los finales llegan solos. Está harto de sí, de lo único que no puede huir, descansar. Él dice: te creo. Ella llora y se derrumba donde él no puede verla. Detrás de sus ojos. Él no sabe si tiene otro lugar. Él no sabe si tiene un lugar. Él no sabe si existe, si alguna vez existió. ¿Cómo matarse si no sabe si está vivo? Duda. La duda es esperanza. Piensa. Él está harto de la guerra. Ella está perdiendo la guerra. Él sabe cómo terminarla, pero no tiene un arma, ni veneno, ni voluntad. Él tiene miedo. Siempre ha tenido miedo. Si no tuviera miedo no tendría nada. Él no tiene ganas, tiene miedo. Hace décadas fue derrotado por el destino. Él habla. Ese es el destino. Se habla. Es hablado. Él es como todos, demasiado igual a todos: demasiado todos. Quiere levantarse y correr. No lo hace, no tiene a dónde ir. Tampoco tiene de dónde huir. Ya no llora. No hay nada más que llorar. Está seco. Ella comenzará a moverse. Él no. Vivió encerrado. No conoce otra forma. El encierro es esperanza. Él no hace nada. Él tiene fe. Ella no lo tiene más. Enloquece. Él ya está loco. Él es demasiado él y demasiado todos. No debió nacer. El piensa: eso no debió nacer aquí. Maldice. Él no quiere ser heredero de eso. No quiere cargar con eso. ¿Por qué él? No puede más con el cansancio y no lleva ni la mitad del camino. Alguien le dio esa herencia. Maldice cada libro que ha leído. Maldice pensar y maldice dejar de hacerlo. Maldice a AJ, él no lo salvó porque él no estaba salvado. Ella no sabe. No puede saber. Él quiere estar muerto. No sabe si lo está. No quiere ser más un niño, pero no quiere ser un hombre. Él es una tortuga. Inútil longevo testigo de nada. Es lento hasta para morir. Hace mucho está muerto. El día que se prometió no envejecer, ese día fue asesinado, cada hombre reunido en esa sala cortó una arteria de su vida. El resto del tiempo sólo sangró. Ella lo ama porque puede verlo sangrar y caminar y leventarse cada día. Todos sangramos pero él camina -ella sabe. Él debió haber muerto ayer. Ella no debió conocerlo jamás. Duermen. Afuera no pasa nada.
No hay camino -dice- no puedo, no quiero encontrar el camino de vuelta: Tengo miedo. Él sabe que le aterra ser hombre, quiere ser niño y cumplir la promesa que se hizo, que le hizo a Dios y al futuro cuando no pasaba de seis años. Siempre un niño: correr, correr para llegar, siempre correr y llegar. Él no espera. El mundo de los hombres pide paciencia. Él no espera. Ella lo sabe. Ella tiene paciencia por ambos. Lo ama. No llora, ni una lágrima.
Ella lo hace hombre. Él no quiere ser hombre. Tampoco quiere ser niño. Está harto de ser, pero sus dos manos son sumisas a la vida. Él sabe que es un perdedor porque le gusta perder. Él no tiene una mascota porque odia la dependencia. Él teme a la dependencia. Cree que es libre. Él quiere hacerla niña, quiere hacer niños a todos: no puede más. Llora. Esta vez no quiere llorar, no quiere hacerlo igual. Duda. Duda más. Duda nuevamente. Siempre ha pensado que está entre árboles y él siempre ha sido pasto. Él no sabe que ya no hay bosque, que nunca hubo bosque. Tampoco pasto. Él no es eso. Él no es nada. Él lee a MD y odia no escribir como ella. Él se odia. Él tiene fe. Ella amor. Él ha vuelto a encontrar la guerra en el amor. Ella ha cedido parte de sus fuerzas a la esclavitud. Ella estaba en guerra. Él no lo sabía o tal vez es lo único que sabía. Él camina rápido en la calle pero siempre detrás de alguien hasta el último momento, entonces camina más rápido y lo derrota, siempre gana al final. Eso es la guerra. Él odia la guerra pero no sabe hacer otra cosa. Él teme que sea el final, porque teme que sea su final. Está cansado de un final y otro y otro. Ya no quiere seguir empezando. De lo que está harto es de los inicios. Los finales llegan solos. Está harto de sí, de lo único que no puede huir, descansar. Él dice: te creo. Ella llora y se derrumba donde él no puede verla. Detrás de sus ojos. Él no sabe si tiene otro lugar. Él no sabe si tiene un lugar. Él no sabe si existe, si alguna vez existió. ¿Cómo matarse si no sabe si está vivo? Duda. La duda es esperanza. Piensa. Él está harto de la guerra. Ella está perdiendo la guerra. Él sabe cómo terminarla, pero no tiene un arma, ni veneno, ni voluntad. Él tiene miedo. Siempre ha tenido miedo. Si no tuviera miedo no tendría nada. Él no tiene ganas, tiene miedo. Hace décadas fue derrotado por el destino. Él habla. Ese es el destino. Se habla. Es hablado. Él es como todos, demasiado igual a todos: demasiado todos. Quiere levantarse y correr. No lo hace, no tiene a dónde ir. Tampoco tiene de dónde huir. Ya no llora. No hay nada más que llorar. Está seco. Ella comenzará a moverse. Él no. Vivió encerrado. No conoce otra forma. El encierro es esperanza. Él no hace nada. Él tiene fe. Ella no lo tiene más. Enloquece. Él ya está loco. Él es demasiado él y demasiado todos. No debió nacer. El piensa: eso no debió nacer aquí. Maldice. Él no quiere ser heredero de eso. No quiere cargar con eso. ¿Por qué él? No puede más con el cansancio y no lleva ni la mitad del camino. Alguien le dio esa herencia. Maldice cada libro que ha leído. Maldice pensar y maldice dejar de hacerlo. Maldice a AJ, él no lo salvó porque él no estaba salvado. Ella no sabe. No puede saber. Él quiere estar muerto. No sabe si lo está. No quiere ser más un niño, pero no quiere ser un hombre. Él es una tortuga. Inútil longevo testigo de nada. Es lento hasta para morir. Hace mucho está muerto. El día que se prometió no envejecer, ese día fue asesinado, cada hombre reunido en esa sala cortó una arteria de su vida. El resto del tiempo sólo sangró. Ella lo ama porque puede verlo sangrar y caminar y leventarse cada día. Todos sangramos pero él camina -ella sabe. Él debió haber muerto ayer. Ella no debió conocerlo jamás. Duermen. Afuera no pasa nada.
Friday, March 20, 2009
Thursday, March 19, 2009
radiohead
Puede decirse lo que sea, el público, el foro, el sonido e incluso la lluvia. Yo esperé 16 años para oír creep en vivo, con ellos, con los cinco y esperé para cantar "i wanna live, breath, i wanna be part of the human race..." y escuchar no surprises y... bueno, qué decir, fui muy feliz, angustiosamente feliz; estuve ahí los dos días, escuché cada acorde con gusto y con nostalgia y descubrí que, para mi, es tan grande como Pink Floyd, al menos estos y yo hemos coincidido en tiempo.
Gracias, ahora voy por ustedes a europa.
Gracias, ahora voy por ustedes a europa.
Saturday, March 14, 2009
N E C I O
Creo que esta idea la he repetido hasta el cansancio últimamente: "No dudo que haya una razón para no hacer algo, de hecho creo que puede ser uan razón muy poderosa; sin embargo, creo que también hay razones para hacer algo y que, cuando se quiere hacer, esas razones serán suficientes para morir intentando hacerlo..." Pero yo soy un soñador, un creyente, que tengo fe -dice rf; por eso hoy desperté a esperar a alguien que hace mucho dejó de asistir a las reuniones musicales con las que yo doy un sentido a mi moribunda juventud.
"...tú ya no tienes una razón para llegar" le dije a la única persona de la que deseo escuchar el golpeteo en los viejos tambores recluídos en un rincón de lo que alguna vez fuera nuestro lugar. "...tú ya no tienes una razón para llegar" y es que estás lleno de razones para no hacerlo, estás lleno de engaños que te cuentas a ti mismo sobre lo maravillosa que es o puede llegar a ser tu vida; estás lleno de ti y de los cuentos que cuentas y que son los cuentos que contaron tus padres y los que contaron tus abuelos y bisabuelos, cuentos de los que corres y a los que te entregas, cuentos que te llevaron lejos, lejos. Y no lejos de mi, de rf o de la música, lejos de la niña de preparatoria que atormentaba al ecologista de GP; no lejos del Kass ni de las tardes que pasabamos en el auto viendo el atardecer y pensando en lo maravilloso del hoy (no del mañana como ahora haces tú ni del ayer como ahora hago yo). Estás lejos de ti, de lo que fuiste, de lo que pudiste ser, lejos de la grandeza de tus ojos y tu sonrisa cuando detenías la canción para contar un chiste, para sugerir un redoble u otra vuelta de lo mismo; lejos de pedirnos que hagamos un baile o que toquemos la de Kiss. No estás lejos de nostros, estás lejos de Pipen, de la tsubame batimovil, del eje tresote, de las baquetas, de Dick Dale y de los Straightjackets. Hoy cuando -dos horas después- llegabas con una RAZÓN, no llegó aquel a quien extraño, con quien creo a veces hablar, hoy llegó un secuestrador, un extraterrestre, quizá, y en el mejor de los casos, un señor que se cree ogulloso de serlo pero que no es más que un temeroso de lo que odia en nosotros: un temeroso de seguir siendo niño.
Te extraño y, aunque lo niego, soy un hombre que a veces tiene fe (creyente maldecido) y te espero porque sé que voy a morir, mañana, en cincuenta años, qué importa, sé que voy a morir y no voy a gastar este tiempo en resignarme a verte lejos. Te espero y volverás a herirme y volveré a llorar mucho por ello, pero qué importa, mejor llegar al final esperando, que irme y nunca saber si regresaste... a pesar de todo te quiero más que a nadie en el mundo.
"...tú ya no tienes una razón para llegar" le dije a la única persona de la que deseo escuchar el golpeteo en los viejos tambores recluídos en un rincón de lo que alguna vez fuera nuestro lugar. "...tú ya no tienes una razón para llegar" y es que estás lleno de razones para no hacerlo, estás lleno de engaños que te cuentas a ti mismo sobre lo maravillosa que es o puede llegar a ser tu vida; estás lleno de ti y de los cuentos que cuentas y que son los cuentos que contaron tus padres y los que contaron tus abuelos y bisabuelos, cuentos de los que corres y a los que te entregas, cuentos que te llevaron lejos, lejos. Y no lejos de mi, de rf o de la música, lejos de la niña de preparatoria que atormentaba al ecologista de GP; no lejos del Kass ni de las tardes que pasabamos en el auto viendo el atardecer y pensando en lo maravilloso del hoy (no del mañana como ahora haces tú ni del ayer como ahora hago yo). Estás lejos de ti, de lo que fuiste, de lo que pudiste ser, lejos de la grandeza de tus ojos y tu sonrisa cuando detenías la canción para contar un chiste, para sugerir un redoble u otra vuelta de lo mismo; lejos de pedirnos que hagamos un baile o que toquemos la de Kiss. No estás lejos de nostros, estás lejos de Pipen, de la tsubame batimovil, del eje tresote, de las baquetas, de Dick Dale y de los Straightjackets. Hoy cuando -dos horas después- llegabas con una RAZÓN, no llegó aquel a quien extraño, con quien creo a veces hablar, hoy llegó un secuestrador, un extraterrestre, quizá, y en el mejor de los casos, un señor que se cree ogulloso de serlo pero que no es más que un temeroso de lo que odia en nosotros: un temeroso de seguir siendo niño.
Te extraño y, aunque lo niego, soy un hombre que a veces tiene fe (creyente maldecido) y te espero porque sé que voy a morir, mañana, en cincuenta años, qué importa, sé que voy a morir y no voy a gastar este tiempo en resignarme a verte lejos. Te espero y volverás a herirme y volveré a llorar mucho por ello, pero qué importa, mejor llegar al final esperando, que irme y nunca saber si regresaste... a pesar de todo te quiero más que a nadie en el mundo.
Seneca
Es triste, muy triste leer y leer y sólo darse cuenta que uno nunca ha sabido llevar su vida. Yo sí temo a muchas cosas, creo que me falta bastante para dejar de ser esclavo, ni sé por dónde empezar. ¡Ay! directores de conciencia ¿dónde están? ¿se acabaron?
Thursday, March 05, 2009
ctrl K
eso se dice tan sólo en mi cabeza que ya hasta me asusta. ¿cuántos comandos estarán ya hechos significante? Yo quiero un Ctrl + Alt + Supr y reiniciarme porque cargué mal el programa de la vida, no soy compatible con ningún software, ni actuales ni viejos...
Aceptar la derrota
Ni las chivas, ni el pachuca, ni el azul, ni la selección mexicana ganarán nada internacionalmente. Nuestro nuevo técnico es un inútil al que le gusta el varo y yo soy un animal condenado por la esperanza -mi abuela con la que crecí se llamaba así. ¡Ay! maldición, destino, ya no quiero irle al méxico, quiero irle al inglaterra o al alemania o al francia, es que YA ESTOY HARTO DE PERDER.
Qué importa...
sólo era una clase de epistemología más, ni siquiera iba a interesarle a nadie; que no se haya dicho en ningún lugar lo que se diría hoy, no quiere decir que tuviera que decirse.
Lo sé...
Y no necesito que me lo digan: "soy estúpido". Lo único que puedo decir a mi favor es que siempre trato de corregir el rumbo y que no creo conformarme jamás con ese estado.
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