No sé por qué no había escrito esto antes, ya hace cerca de un año que me di cuenta de este fenómeno de la creencia estructural y no intenté producir nada al respecto.
Cuando entré a la maestría tuve la fortuna de encontrarme una clase sumamente entretenida sobre antropología física; básicamente fue un documentalote del discovery ampliado a un semestre completo. Ahí tuve una clase sobre evolución y genética y aprendí muchísimas cosas sobre herencia y la constitución celular, por ejemplo, que la células que nos componen son básicamente organismos simbióticos y no una sola y única unidad orgánica; en fin, en esa clase en particular tomó la palabra un señor que había estado entre los alumnos en clases anteriores, un erudito en temas de genética. Después de un rato de clase yo estaba fascinado y con unas ganas tremendas de leer libros respecto al asunto, pero, por primera vez pensé que una gran duda de antaño podría ser respondida.
Hace algun tiempo me topé, en la televisión, un programa de adaptación y supervivencia de algunas especies animales, ahí observé ciertos mecanismos que tienen algunos animales para protegerse de la depredación. Muchos animales, por ejemplo, se hacen los muertos o despiden olores que alejan al depredador, otros se vuelven agresivos e incluso, como el camaleón, arrojan fluidos corporales a manera de defensa; pero, de los más asombrosos mecanismos que pude observar fueron aquellos que consisten en parecer una cosa que no es, es decir, animales que se hacen ver más grandes o más agresivos frente a sus depredadores; pero aun más interesantes son aquellos animales que se parecen ya sea al depredador que los come o al depredador del depredador, entre ellos recuerdo perfectamente a una mosca que tiene en su espada protuberancias que parecen ojos y pelos de una araña, misma que se come a la araña que se come a la mosca, es decir, que la mosca, junto a la araña que se alimenta de ella, se hace parecer a la araña que se alimenta de la otra araña; incluso camina como araña, por lo menos el suficiente tiempo como para echarse a volar y alejarse antes de que el otro insecto se percate y se la coma.
Pero lo más impresionante que vi fue una mariposa, ésta tiene una cualidad sorprendente: al replegar sus alas mientras se encuentra reposando en cualquier árbol, hoja o rama, hace exactamente la figura de la cara del ave que se alimenta de mariposas, incluye los ojos y el pico y hasta el color azul del pájaro; cuando éste se aproxima, lo que ve es a otro de la misma especie y se retira, no ataca al animal que aunque esté desprevenido tiene un escudo infalible.
Cuando me enteré de esto la curiosidad me atrapó como pocas veces ¿cómo sabe la naturaleza que de esta manera el animal sobrevivirá al ataque de un depredador? ¿cómo ésta prepara los cambios adecuados para parecerse a un animal que se alimenta de otro? ¿cuántas generaciones pasan para que la naturaleza genere los cambios adecuados para que una especie pueda sobrevivir? las respuestas a estas preguntas habían sido un enigma que pensé jamás resolver, eran no más que preguntas acerca de la sabiduría de la naturaleza, una sabiduría que me parecía omnipresente y muy poderosa; sin embargo, esa clase reveló la verdad.
Una vez terminada la clase supe que ese hombre tendría la repsuesta a mi vieja pregunta, así que cuando él salió del salón yo estaba esperándolo y me acerqué a preguntarle: "¿Cómo sabe la naturaleza la manera de transformar a un animal en el aspecto de su depredador?" Sin saber nada de lo que haría ese día, el profesor provisional me dió una respuesta que yo no esperaba porque atacó a una pregunta que yo no había formulado. Él me dijo que la gente
creía en esas cosas, pero que no era así, que la naturaleza no era sabía y no transformaba a los animales para protegerlos, ni que ellos se transformaban solos. La respuesta es otra y un ejemplo me quitó cualquier duda.
Durante la revolución indistrial -dijo el profesor- existían muchas fábricas con altas chimeneas llenas de ceniza; en ese tiempo también existían dos tipos de polilla que servían de alimento a las palomas, una polilla era negra y la otra era blanca. Al posarse sobre la chimenea las polillas blancas resaltan y las negras se confunden, obviamente los pájaros comerán las más fáciles de observar, es decir, las blancas; esto traerá como consecuencia la disminución poblacional de la polilla blanca y y el desarrollo de la negra: selección natural.
Evidentemente nadie selecciona, la casualidad (y no la adaptación) es la que permite que, ante ciertas circunstancias, algunos organismos sobrevivan y otros no. En el ejemplo de las chimeneas la polilla no se adaptó, sino que las condicones del ambiente fueron propicias para un tipo de polilla y no para el otro, si hubiera sido nieve quizá la polilla negra habría dejado de existir. La respuesta estaba dada: la natuiraleza no piensa ni intenta que sobreviva una especie, sobrevive cual puede y mientras puede y no hay más, pasa.
Al responderme esto, aquel hombre también me dijo (sin decir): tú crees en Dios. Creer en un orden natural y en una intención natural no era más que sostener que un orden y una intención absolutos existen en algun lugar, es decir, el fondo del pensamiento religioso estaba detrás de mi pregunta; no detrás de lo que creía con respecto al fenómeno, sino detrás de la pregunta que hacía respecto al fenómeno. Al preguntar cómo es que la naturaleza realiza estas transformaciones, lo que me respaldaba era una afirmación acerca de Dios: Si la naturaleza es capaz de una proeza como las observadas y si esto tiene una explicación, entonces existe un orden universal al que respondemos todas las especies animales y vegetales, un orden tan absoluto que ninguna especie se escapa de él, sea sabiendo usarlo o no haciéndolo, la ley de la adaptación natural sería contundente.
Pero ese orden no existe, no hay una naturaleza reflexiva respecto de estos asuntos, la aparición o desaparición de una especie no le interesa ni a la especie misma; sin embargo, las casualidades ambientales suceden todo el tiempo y las determinaciones relativas a estas casualidades existen también y animales van y animales vienen y, casualmente, un
chango alejó la nariz del suelo y habló y comió carroña y desarrollo capas cerebrales debidas a nutrientes contenidos en la única comida que alcanzaba a comer el hombre primitivo y caminó y pobló y se reprodujo (mejor que otras especies de homo erectus que tal vez también hablaron) y hoy domina el mundo y hace que se extingan las polillas y los osos polares o los tigres. Dios no existe, no existe ninguna intención universal de que las cosas estén en orden o de que el ser humano salve a las ballenas y a las focas; los animales afables como el perro o el gato imposibilitan que el hombre se vuelva su depredador y por ello nuncas se extinguirán a nuestro lado; pero nosotros no podemos determinar ni un cambio atmosférico ni un cataclismo global, ni un avionazo: Dios no existe, ni para la mariposa que parece pájaro ni para el hombre que parece Dios.