Porque hoy descubro que soy un ensayista y nada más que eso: un ensayista. Y ¿qué es un ensayista? Algo que no alcanza a ser un teórico ni un escritor. Un ensayista es alguien que no tiene el rigor de un teórico; el bagaje de éste a penas es esbozado en el otro que conoce mucho pero no aprehende nada. Un ensayista opina y eso es lo que yo hago: opino. Un ensayista opina de forma bonita, adorna ideas con la elegancia de la lengua, finge metáforas, engalana las palabras para hacer de una frase escueta, de una opinión simple, la figura de una experiencia de vida; habla -por ejemplo- de una novela como si ésta contuviera una experiencia universal asequible sólo con el puro contacto místico con ella, como si sólo con saber de su existencia el universo mismo se compactara en una verdad inconsciente sublime que toca a todos por igual. El ensayista se vende como un apreciador del arte y el pensamiento, tan filósofo como el filósofo y tan escritor como el escritor; quizá tan poeta como el poeta. El ensayista escribe bello, hermoso, excitante, pero no como un novelista (uno de verdad quiero decir), éste escribe sublime, lo atraviesa todo, incluso la imaginación. El ensayista no es más que una mujer histérica, gritona, haciendo un escándalo de todo lo que tiene que ver con ella. Por eso el ensayista habla de todo y propone, propone formas de vivirlo todo; no de leerlo o comprenderlo, ni siquiera de interpretarlo, propone vivirlo todo: a Joyce a Nietzsche a Freud a Marx a Borges a Einstein a Newton al presidente a los paises a las personas a todo. Pero el ensayista no escribe su propia novela -jamás; tampoco escribe una teoría ni desarrolla postulados, él más bien lo comenta todo y lo comprende todo. Quiero decir, lo vive todo. Para el ensayista la vida es una experiencia relatable, tan experiencia y tan relatable que se escribe y que se describe siempre de manera tan excelsa que a veces dice más que la experiencia misma. El ensayista no es Goethe ni Pascal, no es Dante o Cervantes ni Heidegger, no es Aristóteles o Parménides ni Foucault, es más bien Deleuze, Guattari es Louis Althouser o cualquier universitario, quizá yo. No escribe Ulises, escribe un prólogo a Ulises o, mejor aún, un comentario a Ulises que aparece en una revista de psicoanálisis que leen los editores y sus amigos. Él, el ensayista, no escribirá jamás una teoría del discurso, una ontología o una ética, más bien escribirá textos en cuyos títulos aparezcan los nombres de Kant, Hegel o Saussure acompañados de palabras como comentario o crítica o retorno a. Otro autor será el eje de su pensamiento que peca de exceso de originalidad en la experiencia. Para el ensayista un texto cambia vidas, no produce textos o, peor aún, refleja hombres, historias, sociedades o universalidades. El ensayista no produce arte, lo vive, lo comprende, lo aprecia, pero jamás lo produce. El ensayista alaba o critica, no crea y si propone, propone con respecto a otros, dice: "lean a éste o a aquél, Yo ya los he leído, son mejores, más grandes". El ensayista no aplasta una novela con una nueva novela, no hace de la escritura un estilo, hace de ella un estilo de vida, de su vida. El ensayista no lee, vive y sabemos que no lee porque cuando escribre comenta, mejor que nadie aunque no mejor que los teóricos a quienes sigue o que los novelistas a quienes no puede emular. El ensayista comenta, es un comentador de todo, un escritor de escritores, quizá un parásito que necesita de la suposición universal de la grandeza de los Unos, de ahí se cuelga y desde ahí se embellece. La pequeña diferencia es que el teórico lucha por responder una duda y el novelista escribe para sí por esa falta en la novela que no deja de causrle escozor. El ensayista escribe y opina para otros, hace más fácil la comprensión de todo texto y no se une a la complicación de los mismos; él explica porque comprende y siempre encuentra manos que le abracen (los ciegos y deficientes) y que le aplaudan (los tontos y los aduladores): los pobres.
Me asusta más un ensayista que un mal novelista o un mal cuentista o un tesista mediocre de una universidad cualquiera. Me asusta porque éste es un timador que se encumbra en la belleza de unas cuantas palabras y se acomoda cerca de los grandes, como sirviente y no como amigo y me asusta porque creo que soy un ensayista, que he sido un ensayista y que me he vuelto muy bueno haciéndolo.
Friday, November 19, 2010
Poesía
Ahí.
¡Ahí!
Ay...
Ay,
ay.
¡Ahí!
¿Hay?
Hay.
Ay,
ay,
ay...
Ahí hay,
ay,
ay,
ay...
¡Ahí!
¡Ahí!
Ahí...
Hay...
Hay.
Ay,
ay...
¡Ahí!
Ay...
Ay,
ay.
¡Ahí!
¿Hay?
Hay.
Ay,
ay,
ay...
Ahí hay,
ay,
ay,
ay...
¡Ahí!
¡Ahí!
Ahí...
Hay...
Hay.
Ay,
ay...
Wednesday, November 10, 2010
Todavía hoy me despierto, volteo hacia todos lados en mi habitación y alcanzo a mirar mis bajos polvorientos a pesar de que me esfuerzo por hacerlos sonar casi a diario; los miro pasar los años junto conmigo, junto con mi cabello que cínicamente expone un par de canitas; los miro al tiempo que observo el envejecimiento de mis manos que cada día me recuerdan más a las de esa imagen de mi padre que conservo de mi lejana infancia; los miro junto con mi piel, mis dientes, mis párpados mi bigote y mi barba que no dejan de gritar "oye, han pasado dieciseis años" y cuando al despertar miro mis instrumentos llenos de polvo aunque trato de hacerlos tirarlo diariamente, no dejo de mirar a esos tres jovencitos soñadores que no tenían límites en el gusto por hacer canciones, que no conocían el temor al experimentar movimientos nuevos en sus propios instrumentos, que hacer espectáculo con dos o tres cosas que encontraban en casa les era suficiente para realizar una producción magistral igual para una cafetería en la colonia roma que para un escenario en la zona rosa. Cuando miro esos polvorientos bajos que no logro mantener limpios, aún recuerdo el ímpetu, las ganas y la sincronía con la que esos tres muchachitos irreverentes querían proponer a un inmaduro país una forma de hacer y escuchar rocanrol y aún me dan ganas, como perro viejo, de salir a la calle y correr con energía y sin rumbo, correr, correr, tomar ese fender jazz bass negro y gritar sin ninguna reserva "¡ay que rica patylú!".
Sunday, November 07, 2010
Friday, October 22, 2010
Poesía
Él era especial. Tan especial como no podía imaginarse. Él era especial para ella, quizá por eso es que ella no lo trataba como a los otros. Ella, con otros, reía, gritaba, bebía, se acostaba, disfrutaba del sexo, gemía, enloquecía. Con él no había siquiera intentado besarse. Él era especial. A él no le aceptaba que la tomara de la mano cuando a cualquier conocido de una noche le entregaba con facilidad cada milímetro de su piel, de ella. Él la amaba. La deseaba. Él quería ser especial. Él era especial. A él le llamaba cuando, ebria, despertaba al lado de cualquiera, cuando no encontraba manera de regresar a una casa a la que podía volver tranquila si era él quien la acompañaba. A él le hablaba cuando tenía exámenes y tareas, a otros cuando la tarde era libre, cuando sus padres no estaban en casa. A él lo felicitaba en navidad, con algunos otros vacacionaba en navidad. Él no sólo la amaba, él la deseaba y ella le dejaba ver sus piernas a penas recubiertas por un vestido corto que ocultaba lo que él desesperadamente ansiaba mirar, tocar, poseer. Él podía mirar los escotes de las blusas con las que ella lucía en las fiestas a las que llegaban juntos y en las que ella siempre encontraba otras compañías. Él muchas veces regresaba sólo a casa porque ella había encontrado otro transporte o quizá una cama en la cual esperar el amanecer. Él intentaba estar con mujeres pero no eran especiales, pero ella era especial, ella era todo. Él era especial y quizá por eso ella le permitía carecerla, llorarla, sufrirla. Era tan especial que ella le permitió amarla y le prohibió poseerla. Él era tan especial que ella no le temía. Ella lo poseía. Él fue tan especial que esa noche ella se subió a su auto como siempre y no notó la desviación que él tomaba en un camino cotidiano. Era tan especial que ella esa noche le permitía, una vez más, observarla a la distancia, como siempre, hermosa, sublime, inaccesible. Y era tan especial que ella no preguntó sino hasta que la distancia y la soledad se habían impuesto irremediablemente, hasta que no había regreso. Y él era tan especial que pudo golpearla en un lugar en el que nadie podía saberlo, donde nadie podría detenerlo. Fue tan especial que estaba solo con ella, en una distancia tan abismal con respecto al mundo, al universo, a todo lo conocido. Llegó a ser tan especial que durante seis o siete horas la poseyó más de lo que nadie la había poseído jamás. Fue tan especial que ella le suplicó, le permitió, le temió, le gritó como nunca había hecho con nadie. Y él, siendo especial, siendo la persona más especial para ella, fue el último rostro que ella miró, el último contacto humano que tuvo, la última piel que palpó; sus besos fueron los últimos, sus abrazos también, el calor de su cuerpo, ardiente fue lo último de lo que ella tuvo conciencia, hasta que la perdió. Su nombre fue la última palabra pronunciada por ella antes de que los golpes le hicieran vomitar su sangre. Cuando perdió el sentido por última vez su rostro inflamado de amor y pasión fue lo último que ella miró, enmarcado por una noche despejada, llena de estrellas, con una luna brillante, escuchando el sonido de los grillos a penas opacados por los estertores a los que se veía entregada sin remedio. A veces el decía "perdóname", "te amo"; a veces la insultaba y golpeaba con el odio que acompañó irremediablemente a su amor durante la adolescencia y la jueventud. Ella escupía sangre y un par de dientes, a veces decía "déjame", a veces era un "por favor" lo que se perdía entre los ruidos de la noche boscosa, pero su nombre, el último que ella pronunció, fue la palabra que más sinceramente salió de su boca ese día. Él era especial para ella. Ella confiaba en él y, a su manera, lo amaba. Fue tan especial que ella supo, después de tener varios huesos rotos, que moriría en sus manos, que él sería su verdugo, el más íntimo que una mujer pudiera tener. Ella dejó de tener miedo cuando notó que ya no había marcha atrás. Él fue tan especial que ella dijo su nombre, tosió, escupió su propia sangre, miró su rostro, las estrellas, la luna y su cuerpo desnudo, lánguido, amoratado por los golpes y enrojecido por su propia sangre. Miró las vestiduras del viejo convertible que había sido tan seguro, tan lleno de confianza. Pronunció su nombre, quizá como una última súplica, quizá como prueba de que había comprendido que él la amaba hasta la muerte; quizá, tal vez, sólo como una palabra vacía, llena de nada, de ningún sentido, la última palabra a la mano, la última a la que tendría acceso hasta el final, una palabra que sólo ponía nombre a un acto de amor puro, del que siempre supo y al que siempre fue ciega. Después se desvaneció. Él, especial como era, inflamado de amor y deseo la golpeó más, en el rostro, en la cabeza, en el vientre. Imposible saber en qué momento ella dejó de respirar, cuál fue el golpe que la mató y si ella aún sintió ese último momento. Él fue tan especial que aún después de muerta él la tocó, le pidió perdón, la besó, la abrazó, la penetró una vez más y la golpeó una vez más. Esa especial noche él se sentó en el cofre del que por última vez fuera su auto. Si gritó o lloró no puede ser sabido. Luego condujo con el toldo abierto, la luz de la inmóvil noche alumbraba la sangre que teñía las pálidas vestidura, la luna se posaba sobre el mediovestido cadáver que yacía silencioso, tranquilo, hermoso, en el asiento trasero. No pasó mucho tiempo después de reentrar a la ciudad para que un auto de policía detuviera al especial joven que no dijo una palabra. Él mismo señaló el cadáver y lo miró por última vez con la ternura que siempre había mirado a esa para quien quería ser especial. Él era tan especial que cerró los ojos después de mirarla para no olvidar su imagen nunca más (supe que luego en prisión se los sacó). Él fue tan especial que, después de ella, vivió enjaulado hasta su muerte, que provocó un par de décadas después. Ella fue tan especial que mientras él torpe y ciegamente pendía de la sábana con la que había cubierto su cama esa semana, pronunció su nombre, quizá en pago porque aquella noche ella había pronunciado el suyo, quizá porque era la última palabra, la única palabra que podía decirse para concluir una historia que llevaba pendiente millares de días. Él era tan especial para ella que fue la única verdadera marca que ella tuvo en su vida. Pero el amor no puede escucharse en esta historia.
Monday, October 04, 2010
Poesía
Agotado en su extranjeridad
el extranjero,
se revuelve en la incesante terquedad
de una nación imposible.
Mismidad otra realizada
en infinito inasequible.
Persistencia del imposible en lo imposible;
eterna insistencia inexistente.
Ni hogar ni refugio
ni aquí ni ahí.
No es el amor la respuesta
a una unidad cuya potencia
es siempre más allá,
en el único lugar posible: el olvido.
el extranjero,
se revuelve en la incesante terquedad
de una nación imposible.
Mismidad otra realizada
en infinito inasequible.
Persistencia del imposible en lo imposible;
eterna insistencia inexistente.
Ni hogar ni refugio
ni aquí ni ahí.
No es el amor la respuesta
a una unidad cuya potencia
es siempre más allá,
en el único lugar posible: el olvido.
Thursday, September 30, 2010
Monday, September 20, 2010
Saturday, September 18, 2010
Historias
No he tenido ganas de escribir otra vez, quizá porque hay ratos en los que hago y ratos en los que escribo. En ocho días me mudo de casa y no sólo de casa sino de vida. Al parecer hay mucho que se puede escribir diferente y no necesariamente desaparecer en la inmovilidad de un recuerdo. No parece ser necesario padecer por hacer lo que se quiere. Creo que por fin quiero dejar de jugar al juego de no buscar problemas, al juego de la egolatría que dice que soy yo el centro del universo y que es por mí que la gente sufre o disfruta. Lo siento pero es la verdad, no soy ni lo mejor ni lo peor que le puede pasar al mundo, soy -quizá- sólo una historia más que se cuenta y desaparece como cualquier otra, como son las historias para mí: historias. Así pués camino incierto, como todos, pero diferente. No volveré a callar por evitar que el mundo vuele en pedazos; no es por mí que lo haría.
Monday, September 13, 2010
A mudar lo que somos...
a obligar, por fin, nosotros, a los caminos a dejar de ser... Nada va a impedirnos hacer lo que queremos. ¿Verdad?
Sobre la mediocridad
Resulta que he sido tan seguidor de ciertos caminos o mejor, de ciertas personas, que la verdad he dejado de hacer tanto por la comodidad que resulta el creer que otro conoce el verdadero camino. Así es como llegué a no sacar canciones y -peor- a no componerlas.
He perdido mucho tiempo y me pregunto si será posible recuperarlo o si será momento de hacer lo que no he hecho.
Muero por volver a un escenario a tocar en vivo, de otra manera ¿para qué quiero estar en este planeta?
He perdido mucho tiempo y me pregunto si será posible recuperarlo o si será momento de hacer lo que no he hecho.
Muero por volver a un escenario a tocar en vivo, de otra manera ¿para qué quiero estar en este planeta?
Cambiar de piel...
...o meterme en un capullo y salir hecho más mariposa de lo que soy... Ya no quiero esas cosas, me agradaría más pasar de oruga a... digamos elefante ¿se puede?
Por lo menos sé que quiero cambiar (!¿otra vez?¡) a ver si ahora sí me sale.
Por lo menos sé que quiero cambiar (!¿otra vez?¡) a ver si ahora sí me sale.
Sobre la frivolidad
No la soporto, nunca la he soportado, por eso prefiero mil veces no meterme en lo espectacular de ciertos mundos, es decir, Chez Michel antes que Moulin Rouge...
Friday, August 13, 2010
Tuesday, July 20, 2010
Por no dejar
Hoy me llegó un e mail de Lucía Rangel, miembro de la ecole lacanienne de psychanalyse y colaboradora de me cayó el veinte (minúsculas intencionadas). En el asunto del correo veo con felicidad que Jean Allouch viene a México una vez más y viene por fin a tratar un tema que me interesa muchísimo: la espiritualidad en psicoanálisis. Inmediatemente abro el archivo adjunto ¿qué encontré? Nada más y nada menos que una foto de un diván (creo el de Freud), el título en el que se coloca un II (al final lo que quiere decir que ya hubo un uno, quien sabe cuándo y dónde), después las fechas, el lugar, los costos y los suscriptores. Es todo.
Obviamente y como siempre dudé de mi capacidad en el uso de las computadoras y busqué y rebusqué un poco más, algo más en la página informativa. Nada. Así que ya sé que la mitad de agosto cuesta 1,700 pesos, después sube hasta 2,000 si hay cupo. Ya sé cúando apartar fechas y hasta mi ruta de acceso al lugar del seminario. Lo que no sé es de qué se va a tratar, no conozco la bibliografía ni los tópicos de los tres días. NO HAY ARGUMENTO.
Me parece un poco de mal gusto enviar la publicidad para un seminario que cuesta 1,700 pesos y la advertencia del aumento de los costos sin poner el argumento del mismo o ¿será que Allouch no necesita decir qué va a decir? Tal vez es que yo no entiendo pero de los trípticos bonitos de hace diez años a los argumentos improvisados en hoja carta y hasta este argumento inexistente me parece que o el señor es tan grande que ya lo que diga es grande o la seriedad de la escuela o de los organizadores está a la baja.
En lo personal me parece el lucrativo seminario de cada año y medio, cada vez más caro, más vacío, más envicíado y ahora un seminario al que me puedo inscribir sin saber de qué se va a tratar. Así los señores de la ecole o de me cayó el veinte o quien sea, me sorprenden con esta maravillosa petición: "Ustedes paguen, al cabo que viene un grande".
Con este argumento de concierto espero que el señor Allouch toque éxitos como "je t'aime Lacan", "Le Spychanalyse", "El psicoanálisis Foucaultiano" o algunos covers de Marguerite Duras y Woody Allen. Además espero que los seguidores, del club oficial de fans de Allouch nos propongan una caminata al estilo Epicteto por cualquier jardincito por ahí y si bien nos va podremos escuchar teloneros del tamaño de Manuel Hernandez o Pola Reiss con su clásico "viva el rey sol". Además espero que la seguridad sea tan buena que los que no tengan sus 2,000 pesitos no puedan acceder para no ser injustos con los saurus argentinus que se han llenado sus bolsitas en este refugio que hoy llaman hogar.
Si por alguna casualidad de Google alguna persona de este grupo de lacanianos encuentra mi blog y lo lee y le ofende, discúlpenme pero a mí ya me parece una mala broma lo que hacen con estos seminarios, ojalá recapacitaran aunque como son lacanianos me dajarán con mi lío y ustedes se lavarán las manos.
Bienvenido señor Allouch, otra vez, conozco su seriedad y respeto su trabajo peor no entiendo por qué no decir de qué hablará o por qué no esperar para el envío de argumento hasta que exista uno.
Así las cosas.
Obviamente y como siempre dudé de mi capacidad en el uso de las computadoras y busqué y rebusqué un poco más, algo más en la página informativa. Nada. Así que ya sé que la mitad de agosto cuesta 1,700 pesos, después sube hasta 2,000 si hay cupo. Ya sé cúando apartar fechas y hasta mi ruta de acceso al lugar del seminario. Lo que no sé es de qué se va a tratar, no conozco la bibliografía ni los tópicos de los tres días. NO HAY ARGUMENTO.
Me parece un poco de mal gusto enviar la publicidad para un seminario que cuesta 1,700 pesos y la advertencia del aumento de los costos sin poner el argumento del mismo o ¿será que Allouch no necesita decir qué va a decir? Tal vez es que yo no entiendo pero de los trípticos bonitos de hace diez años a los argumentos improvisados en hoja carta y hasta este argumento inexistente me parece que o el señor es tan grande que ya lo que diga es grande o la seriedad de la escuela o de los organizadores está a la baja.
En lo personal me parece el lucrativo seminario de cada año y medio, cada vez más caro, más vacío, más envicíado y ahora un seminario al que me puedo inscribir sin saber de qué se va a tratar. Así los señores de la ecole o de me cayó el veinte o quien sea, me sorprenden con esta maravillosa petición: "Ustedes paguen, al cabo que viene un grande".
Con este argumento de concierto espero que el señor Allouch toque éxitos como "je t'aime Lacan", "Le Spychanalyse", "El psicoanálisis Foucaultiano" o algunos covers de Marguerite Duras y Woody Allen. Además espero que los seguidores, del club oficial de fans de Allouch nos propongan una caminata al estilo Epicteto por cualquier jardincito por ahí y si bien nos va podremos escuchar teloneros del tamaño de Manuel Hernandez o Pola Reiss con su clásico "viva el rey sol". Además espero que la seguridad sea tan buena que los que no tengan sus 2,000 pesitos no puedan acceder para no ser injustos con los saurus argentinus que se han llenado sus bolsitas en este refugio que hoy llaman hogar.
Si por alguna casualidad de Google alguna persona de este grupo de lacanianos encuentra mi blog y lo lee y le ofende, discúlpenme pero a mí ya me parece una mala broma lo que hacen con estos seminarios, ojalá recapacitaran aunque como son lacanianos me dajarán con mi lío y ustedes se lavarán las manos.
Bienvenido señor Allouch, otra vez, conozco su seriedad y respeto su trabajo peor no entiendo por qué no decir de qué hablará o por qué no esperar para el envío de argumento hasta que exista uno.
Así las cosas.
Thursday, July 08, 2010
Wednesday, June 30, 2010
Es cierto
Creo que en nuestros buenos años aprendimos algo muy importante, aprendimos a observar y no comernos lo que nos venden, rentan o regalan en los medios masivos o comunes. Así aprendimos a no creer en las promesas de gobernantes y candidatos y a no confiar en la tendenciosa televisión o en los periódicos, tampoco a fiarnos absolutamente de la información de internet ni en la opinión de los prestigiosos de cualquier ámbito. Así también nos hicimos un criterio personal y aprendimos a dudar y plantear problemas nuevos que nos ayudan a caminar siempre por nuevos senderos o a descubrir senderos andados por otros antes que nosotros y llegar más allá de los límites en los que los primeros caminantes se detuvieron.
Y junto con esta capacidad llegó la posibilidad de quejarnos con fundamentos, de decir esto o esto otro es una mentira, no es sólido, es un engaño o una patraña y al aprender a quejarnos con argumentos aprendimos una forma de hablar entre nosotros, cambiamos aquella vieja manera de relatar nuestras historias pasadas y los chistes de lo atrevida de nuestra vida juvenil, ahora podemos sentarnos como adultos a decir que esto o aquello están mal y decir por qué y plantear cómo debería o podría ser. Para eso nos han servido nuestros trabajos, nuestros libros e incluso nuestros pequeños viajecitos y la gente que hemos conocido que se mueve igual.
Sin embargo, creo que es un segundo momento de transición, creo que ya nos alimentamos bastante con nuestras quejas sobre lo terrible y lo injusto de un mundo que no porque nosotros seamos buenos para describir su putrefacción, va a ser diferente. Creo, pienso que es hora de tomar acción y no digo que sobre el mundo, o sea no creo que sea hora de proponer cómo cambiarlo y hacerlo mejor, digo que nos estamos haciendo grandes y es hora de hacer algo para nosotros y dejar de esperar a que el mundo haga algo para nosotros: no va a pasar. Así que si queremos irnos pues vámonos y si queremos ir más allá hagámoslo, es cierto, alternativas siempre, siempre habrá si es que somos capaces y valientes para hacerlas. Los cuatro lo sabemos y creo que es hora de empezar, que nuestra amistad dure para verlo suceder en cada uno.
Y junto con esta capacidad llegó la posibilidad de quejarnos con fundamentos, de decir esto o esto otro es una mentira, no es sólido, es un engaño o una patraña y al aprender a quejarnos con argumentos aprendimos una forma de hablar entre nosotros, cambiamos aquella vieja manera de relatar nuestras historias pasadas y los chistes de lo atrevida de nuestra vida juvenil, ahora podemos sentarnos como adultos a decir que esto o aquello están mal y decir por qué y plantear cómo debería o podría ser. Para eso nos han servido nuestros trabajos, nuestros libros e incluso nuestros pequeños viajecitos y la gente que hemos conocido que se mueve igual.
Sin embargo, creo que es un segundo momento de transición, creo que ya nos alimentamos bastante con nuestras quejas sobre lo terrible y lo injusto de un mundo que no porque nosotros seamos buenos para describir su putrefacción, va a ser diferente. Creo, pienso que es hora de tomar acción y no digo que sobre el mundo, o sea no creo que sea hora de proponer cómo cambiarlo y hacerlo mejor, digo que nos estamos haciendo grandes y es hora de hacer algo para nosotros y dejar de esperar a que el mundo haga algo para nosotros: no va a pasar. Así que si queremos irnos pues vámonos y si queremos ir más allá hagámoslo, es cierto, alternativas siempre, siempre habrá si es que somos capaces y valientes para hacerlas. Los cuatro lo sabemos y creo que es hora de empezar, que nuestra amistad dure para verlo suceder en cada uno.
Tuesday, June 29, 2010
Sobre un viejo proyecto
Hace ya casi tres años -haciendo bien las cuentas- me propuse un pequeño proyecto que terminaría, en aquel tiempo, en una publicación, mi primer libro. El proyecto consistía en un pequeño seminario, más bien algo así como un segundo cíclo de conferencias en el que me proponía mostrar que todas las ciencias humanas, para matenerse con vida o más bien para constituirse como un quehacer formal, debían enfocarse a un mismo punto, un mismo objeto o, como entonces lo llamé, un mismo problema epistemológico. Dicho problema consistía en poder plantear y plantearse un pequeño concepto que no ha permitido su captura como tal y que, por lo mismo, no ha sido tomado en ningún sentido desde ningún lugar en lo que hoy llamamos ciencias humanas.
Seis conferencias acompañaron a esta idea, la primera con una asistencia de cerca de cientotreinta personas en una universidad en la que veinticinco es el promedio por grupo y hay más o menos nueve grupos en total; así es, cerca de la mitad de las personas asistieron a ese primer encuentro para el que me dieron un salón, no un auditorio, un salón de clases para treinta cuerpos más o menos.
Con la directora molesta por la amplia convocatoria (que yo no me esperaba) inició un cíclo que hasta hoy no terminé como lo quería entonces. Aún en vacaciones éramos cerca de setenta los que nos reunimos en el último de los seis encuentros pactados para decir qué: que se puede teorizar al sujeto. No a la subjetividad, no a las subjetividades ni al individuo o al ser del sujeto, al sujeto, esa cosa que hasta hoy no he alcanzado a concretar para otros.
Cerca de tres años atrás había llegado a mis manos un curso de Michel Foucault (aún te agradezco OA)que se había vuelto pretexto y motor de varios de mis seminarios anuales; entonces era una bomba para mí leer que la subjetividad era legible desde un sitio hermenéutico (hoy mi tesis desdice este cuento), pensaba que había cercanía entre los planteamientos foucaultianos y los lacanianos y que podía leer con firmeza la subjetividad si me atenía a estos dos autores. El problema se hizo inmenso, hable de un sujeto trascendental, hablé de continuidades y cortes y tuve un sueño que hasta hoy sigue siendo rector de toda mi lectura psicoanalítica.
Relato del sueño como necesidad del momento de escribir este post
Jean Allouch daba una clase y explicaba no sé qué. Yo me ponía de pié y le decía que tenía una idea que separaba sujeto y ser y entonces escribía en el pizarrón. Primero una línea vertical, a un lado escribí sujeto y al otro ser, abajo del primero pasaje al acto, bajo el segundo acting out y después desplegué una lista larga bajo cada uno de mis términos que casi no puedo recordar. Fin del sueño.
Así descubrí que Michel Foucault mezclaba sujeto y ser, los hacía más o menos similares o, más bien, le ponía ser al sujeto; pero mi barra, mi división decía lo contrario, sujeto y ser no se unen, son ajenos uno al otro y los siguientes años de mi seminario se destinarían a esta pequeña idea. El sujeto continuidad en un primer Freud, el sujeto histórico en la Hermenéutica del sujeto de Foucault y el sujeto al que llamé corte en el matema de la transferencia de Lacan.
En este tiempo apareció el ya maduro Jean Allouch, algunos años después de mis primeros esbozos de subjetividad foucault-lacaniana, para decir que el psicoanálisis es (o era o debería ser) un ejercicio espiritual. Yo por mi parte había planteado esto algunos años atrás y me había desdicho precisamente al no encontrar lugar para el pasaje al acto en toda la obra foucaultiana. Ahí inició un debate en el que un alumno mío participó muy activamente consiguiendo la pubicación de un artículo en una de las revistas más importantes de la ecole lacanienne en México; yo, por mi parte, habré hecho una exposición en uno de los seminarios de Jean Allouch también en mi país y habré recibido mi primera negativa de publicación.
Mi máxima participación en ese debate se reduce a "No nos da miedo la espiritualidad, nos da miedo lo que harán los psicoanalistas con ella". Palabras que después vi anteceder una compra masiva de la hermenéutica del suejto que luego fue reeditada dos veces, además de observar un momntón de artículos que ahora hacían referencia a Epicuro, Epicteto, Séneca y esos a los que el buen Foucault había dedicado los últimos años de su trabajo sobre SUBJETIVIDAD.
Nada pude hacer, mis conferencias entraban de lleno al debate pero eran en una universidad pequeña, sin presencia en el mundo psicoanalítico y yo, yo como hasta ahora, era nadie, un profe popular pero un perfecto desconocido en el mundo lacaniano. Aún así me pronuncié y escribí, seis conferencias, seis artículos que se redujeron a cuatro y uno,el más largo fue envíado a otra de las revistas de la ecole lacanienne en mi país; regresó con una negación sutil: una serie de correcciones que implicaban reescribir una parte del artículo perdiendo lo que esencialmente decía (y yo soy muy malo para hacer caballos de Troya), así que renuncié al debate y a la publicación y me fui a estudiar una maestría en otra ciencia humana en la que esperaba encontrar más orejas, la antropología, misma que al final resultó más sorda que la psicología en la que me formé de inicio.
Dos años después, justo a unos días de regresar de un mediano viaje a París decido (lo que había intentado no hacer en casi cinco meses de viaje) ir a la zona de psicoanálisis de una gran librería y ahí fui corriendo a mi gancho nuevamente, estaban los libros de Jean Allouch y de Guy Le Gaufey que se habrían escrito posteriormente al nacimiento de este largo debate sobre la espiritualidad y, aunque ya no tenía mucho dinero, me los compré todos y comencé inmediatamente a leer.
Así he terminado hoy el libro de Guy Le Gaufey: c'est a quelle sujet? y con alegría, enfado y tristeza descubrí que aquel artículo envíado a la revista hace ya más de dos años, no era sino una anticipación a este pequeño texto. El señor dice lo mismo y quizá con muchas más carencias que yo, menos citas de las que yo mismo me permití utilizar, los matemas sobre los que construí una teoría del sujeto en Lacan no aparecen aunque me apoyé en algunos artículos suyos para construir parte de mi texto y, finalmente, la parte dedicada a Foucault ignora rotundamente los últimos tres cursos del historiador en el Còllege de France.
Lo que quiero decir es que mi rechazado artículo anticipó esta obra por lo menos por un par de años, se inscribió en un debate que mi grupo y yo habíamos iniciado hacía ya cuatro años más y respondía y responde con una contundente negativa al cuento del Spychanalyse que Jean Allouch y los lacanianos que hoy parecen rezarle esgrimen como la punta de flecha de un pensamiento que para mí ya no tiene ni pies ni cabeza.
Hoy termino contento de saber que no estoy solo en mi pensamiento, que no estoy lejos de una posibilidad teórica sólida y fuerte, rabioso por no encontrar orejas en ningún lugar importante y trsite por no saber moverme en ese mundo del prestigio que es más la puerta de entrada que el objetivo primordial del pensamiento teórico formal.
Ciertamente yo no era nadie cuando escribí ese artículo, hoy tampoco lo soy, mi nombre se conoce por aquella exposición que encendió fuego entre aquellos ancianitos que se pronunciaron en mi contra (algunos más jovencitos en mi favor) y que no llegó más que auna reunión a puerta cerrada de la ecole en la que decidieron publicar mi artículo si literalmente yo decía que Lacan decía ya no recuerdo qué de la relación sexual. Así pues mi autoridad no es la entrada de mi pensamiento en el mundo de las revistas lacanianas y uno de mis artículos, capaz de inscribirse en este debate y solidificar una postura, quedará marginado ante un libro que no lo supera en contenido pero sí en reconocimiento y seguramente en autoridad.
Respeto mucho a Guy Le Gaufey, para mí una de las cabezas más brillantes en el mundo del psicoanálisis, pero también creo respetable mi posición en la misma línea. Ahora he desempolvado el resto de mis textos y vuelve la idea de una publicación pero ¿cómo hacer? ¿dónde encontrar un público? ¿un sitio? Estoy detenido pero creo que esta vez lo puedo resolver...
Seis conferencias acompañaron a esta idea, la primera con una asistencia de cerca de cientotreinta personas en una universidad en la que veinticinco es el promedio por grupo y hay más o menos nueve grupos en total; así es, cerca de la mitad de las personas asistieron a ese primer encuentro para el que me dieron un salón, no un auditorio, un salón de clases para treinta cuerpos más o menos.
Con la directora molesta por la amplia convocatoria (que yo no me esperaba) inició un cíclo que hasta hoy no terminé como lo quería entonces. Aún en vacaciones éramos cerca de setenta los que nos reunimos en el último de los seis encuentros pactados para decir qué: que se puede teorizar al sujeto. No a la subjetividad, no a las subjetividades ni al individuo o al ser del sujeto, al sujeto, esa cosa que hasta hoy no he alcanzado a concretar para otros.
Cerca de tres años atrás había llegado a mis manos un curso de Michel Foucault (aún te agradezco OA)que se había vuelto pretexto y motor de varios de mis seminarios anuales; entonces era una bomba para mí leer que la subjetividad era legible desde un sitio hermenéutico (hoy mi tesis desdice este cuento), pensaba que había cercanía entre los planteamientos foucaultianos y los lacanianos y que podía leer con firmeza la subjetividad si me atenía a estos dos autores. El problema se hizo inmenso, hable de un sujeto trascendental, hablé de continuidades y cortes y tuve un sueño que hasta hoy sigue siendo rector de toda mi lectura psicoanalítica.
Relato del sueño como necesidad del momento de escribir este post
Jean Allouch daba una clase y explicaba no sé qué. Yo me ponía de pié y le decía que tenía una idea que separaba sujeto y ser y entonces escribía en el pizarrón. Primero una línea vertical, a un lado escribí sujeto y al otro ser, abajo del primero pasaje al acto, bajo el segundo acting out y después desplegué una lista larga bajo cada uno de mis términos que casi no puedo recordar. Fin del sueño.
Así descubrí que Michel Foucault mezclaba sujeto y ser, los hacía más o menos similares o, más bien, le ponía ser al sujeto; pero mi barra, mi división decía lo contrario, sujeto y ser no se unen, son ajenos uno al otro y los siguientes años de mi seminario se destinarían a esta pequeña idea. El sujeto continuidad en un primer Freud, el sujeto histórico en la Hermenéutica del sujeto de Foucault y el sujeto al que llamé corte en el matema de la transferencia de Lacan.
En este tiempo apareció el ya maduro Jean Allouch, algunos años después de mis primeros esbozos de subjetividad foucault-lacaniana, para decir que el psicoanálisis es (o era o debería ser) un ejercicio espiritual. Yo por mi parte había planteado esto algunos años atrás y me había desdicho precisamente al no encontrar lugar para el pasaje al acto en toda la obra foucaultiana. Ahí inició un debate en el que un alumno mío participó muy activamente consiguiendo la pubicación de un artículo en una de las revistas más importantes de la ecole lacanienne en México; yo, por mi parte, habré hecho una exposición en uno de los seminarios de Jean Allouch también en mi país y habré recibido mi primera negativa de publicación.
Mi máxima participación en ese debate se reduce a "No nos da miedo la espiritualidad, nos da miedo lo que harán los psicoanalistas con ella". Palabras que después vi anteceder una compra masiva de la hermenéutica del suejto que luego fue reeditada dos veces, además de observar un momntón de artículos que ahora hacían referencia a Epicuro, Epicteto, Séneca y esos a los que el buen Foucault había dedicado los últimos años de su trabajo sobre SUBJETIVIDAD.
Nada pude hacer, mis conferencias entraban de lleno al debate pero eran en una universidad pequeña, sin presencia en el mundo psicoanalítico y yo, yo como hasta ahora, era nadie, un profe popular pero un perfecto desconocido en el mundo lacaniano. Aún así me pronuncié y escribí, seis conferencias, seis artículos que se redujeron a cuatro y uno,el más largo fue envíado a otra de las revistas de la ecole lacanienne en mi país; regresó con una negación sutil: una serie de correcciones que implicaban reescribir una parte del artículo perdiendo lo que esencialmente decía (y yo soy muy malo para hacer caballos de Troya), así que renuncié al debate y a la publicación y me fui a estudiar una maestría en otra ciencia humana en la que esperaba encontrar más orejas, la antropología, misma que al final resultó más sorda que la psicología en la que me formé de inicio.
Dos años después, justo a unos días de regresar de un mediano viaje a París decido (lo que había intentado no hacer en casi cinco meses de viaje) ir a la zona de psicoanálisis de una gran librería y ahí fui corriendo a mi gancho nuevamente, estaban los libros de Jean Allouch y de Guy Le Gaufey que se habrían escrito posteriormente al nacimiento de este largo debate sobre la espiritualidad y, aunque ya no tenía mucho dinero, me los compré todos y comencé inmediatamente a leer.
Así he terminado hoy el libro de Guy Le Gaufey: c'est a quelle sujet? y con alegría, enfado y tristeza descubrí que aquel artículo envíado a la revista hace ya más de dos años, no era sino una anticipación a este pequeño texto. El señor dice lo mismo y quizá con muchas más carencias que yo, menos citas de las que yo mismo me permití utilizar, los matemas sobre los que construí una teoría del sujeto en Lacan no aparecen aunque me apoyé en algunos artículos suyos para construir parte de mi texto y, finalmente, la parte dedicada a Foucault ignora rotundamente los últimos tres cursos del historiador en el Còllege de France.
Lo que quiero decir es que mi rechazado artículo anticipó esta obra por lo menos por un par de años, se inscribió en un debate que mi grupo y yo habíamos iniciado hacía ya cuatro años más y respondía y responde con una contundente negativa al cuento del Spychanalyse que Jean Allouch y los lacanianos que hoy parecen rezarle esgrimen como la punta de flecha de un pensamiento que para mí ya no tiene ni pies ni cabeza.
Hoy termino contento de saber que no estoy solo en mi pensamiento, que no estoy lejos de una posibilidad teórica sólida y fuerte, rabioso por no encontrar orejas en ningún lugar importante y trsite por no saber moverme en ese mundo del prestigio que es más la puerta de entrada que el objetivo primordial del pensamiento teórico formal.
Ciertamente yo no era nadie cuando escribí ese artículo, hoy tampoco lo soy, mi nombre se conoce por aquella exposición que encendió fuego entre aquellos ancianitos que se pronunciaron en mi contra (algunos más jovencitos en mi favor) y que no llegó más que auna reunión a puerta cerrada de la ecole en la que decidieron publicar mi artículo si literalmente yo decía que Lacan decía ya no recuerdo qué de la relación sexual. Así pues mi autoridad no es la entrada de mi pensamiento en el mundo de las revistas lacanianas y uno de mis artículos, capaz de inscribirse en este debate y solidificar una postura, quedará marginado ante un libro que no lo supera en contenido pero sí en reconocimiento y seguramente en autoridad.
Respeto mucho a Guy Le Gaufey, para mí una de las cabezas más brillantes en el mundo del psicoanálisis, pero también creo respetable mi posición en la misma línea. Ahora he desempolvado el resto de mis textos y vuelve la idea de una publicación pero ¿cómo hacer? ¿dónde encontrar un público? ¿un sitio? Estoy detenido pero creo que esta vez lo puedo resolver...
Monday, June 28, 2010
¿Qué pasó?
¿Dónde está nuestro slavador? ¿dónde el progreso? ¿dónde el quinto partido? ¿dónde la nueva generación? ¿los grandes jóvenes? ¿dónde la arrogancia y la seguridad... y las certezas? ¿Aguirre? ¿Qué pasó? ¿dónde quedamos? ¿no saboreábamos lo que era imposible?
No es imposible en potencia, pero pues sigamos teniendo fe en vez de criterio, así vivimos y así seguiremos viendo mundiales y mundiales desde la mitad y un poquito más abajo.
Adelante que la fe mantiene viva la esperanza y la esperanza mantiene vivos a los moribundos sin dignidad, sin honor.
No es imposible en potencia, pero pues sigamos teniendo fe en vez de criterio, así vivimos y así seguiremos viendo mundiales y mundiales desde la mitad y un poquito más abajo.
Adelante que la fe mantiene viva la esperanza y la esperanza mantiene vivos a los moribundos sin dignidad, sin honor.
Wednesday, June 23, 2010
Por fin Dios hizo su chamba
y que se lleva a Saramago y Monsivais juntitos... Gracias señor, ahora te pido que te lleves a Elena Ponitowska, ¿sale?
Gracias, gracias por todo.
Gracias, gracias por todo.
Tuesday, June 22, 2010
Ya no sé
No sé si tener fé y ponerle una veladora san Aguirre como algunos que aún lo consideran el mejor técnico de Mexico de todos los tiempos. No sé si quejarme porque quejarme le hace daño al país y me hace menos feliz o si ya de plano no educar a mis hijos y perder el respeto cívico.
Viva México, vamos a ganar el mundial... ojalá me acabe comiendo mis palabras el fin de semana... no lo creo.
Viva México, vamos a ganar el mundial... ojalá me acabe comiendo mis palabras el fin de semana... no lo creo.
Monday, June 21, 2010
Friday, June 18, 2010
Un coment a otro blog que habla del futbol
En una carta Séneca le dice a Marco Aurelio algo así como "dicen que los estoicos hacemos por no sentir nada, que nos tratamos de alejar de cualquier sensación en cualquier sentido, pero esto no es así, al habernos retirado de lo que no es nuestro, de lo que no nos pertenece, de todo lo que está más allá de nosotros somos los únicos que podemos gozar de ello, sentirlo con intensidad, relacionarnos con ello más allá de nosotros".
Jamás sería textual esta cita pero más o menos es lo que dice el buen Séneca de lo que está fuera, se puede disfrutar y mucho, pero no confundir consigo mismo ni con lo demás, la mazana es manzana y no puede confundirse con la comida aunque le ponga un sabor dulce.
Festejemos el triunfo, se siente bien aunque haya sido a una Francia moribunda (ese no es nuestro pedo), pero no pierdas de visata que es sólo un deporte, el más bonito del mundo si quieres, pero un deporte y no pierdas de vista que hay problemas enormes en el fut mexicano, en la política mexicana, en las empresas mexicanas, en la salud mexicana o en la escuela mexicana. Ayer se ganó, mastúrbate pensando en Salcido o en el chicharito, pero la frontera, el crímen organizado, los contratos mensuales y semanales siguen y siguen. Se siente bonito, pero también la cocaina se siente bonito, hay experiencias que sólo son eso, experiencias y que no tienen porque abarcar el resto de la vida.
Por cierto, yo he ido al ángel a celebrar muchos triunfos como el de ayer y he llorado muchas derrotas como la que espero tarde mucho en llegar. Me gusta el fut y le voy a México pero afortunadamente sólo es futbol.
Jamás sería textual esta cita pero más o menos es lo que dice el buen Séneca de lo que está fuera, se puede disfrutar y mucho, pero no confundir consigo mismo ni con lo demás, la mazana es manzana y no puede confundirse con la comida aunque le ponga un sabor dulce.
Festejemos el triunfo, se siente bien aunque haya sido a una Francia moribunda (ese no es nuestro pedo), pero no pierdas de visata que es sólo un deporte, el más bonito del mundo si quieres, pero un deporte y no pierdas de vista que hay problemas enormes en el fut mexicano, en la política mexicana, en las empresas mexicanas, en la salud mexicana o en la escuela mexicana. Ayer se ganó, mastúrbate pensando en Salcido o en el chicharito, pero la frontera, el crímen organizado, los contratos mensuales y semanales siguen y siguen. Se siente bonito, pero también la cocaina se siente bonito, hay experiencias que sólo son eso, experiencias y que no tienen porque abarcar el resto de la vida.
Por cierto, yo he ido al ángel a celebrar muchos triunfos como el de ayer y he llorado muchas derrotas como la que espero tarde mucho en llegar. Me gusta el fut y le voy a México pero afortunadamente sólo es futbol.
Tuesday, June 15, 2010
Ashhhhhhhhhhhhhhhh
Tengo sueños que parecen predecir malos tiempos o quizá mal presente. Por primera vez caí en uno de esos mails que hakean o traen virus y hoy me desperté más desconfiado que de costumbre y tengo que buscar trabajo ya...
Saturday, June 12, 2010
Mmmmm... Y no deja de ser tan falso
Cuando se ha descubierto que la vida duele, cuando se he vivido la vida de la única manera que puede vivirse, en el dolor de su insentido finito, de su imposibilidad de apropiación, de la incapacidad para frenarla, retratarla y conservarla para la eternidad, cuando el vacío y la infranqueable soledad en la que cada uno se constituye y nunca como uno, cuando nada es verdadero y nada es falso, cuando se descubre que nada es, que no se es, entonces, sólo entonces uno se agarra de lo que sea.
Thursday, June 03, 2010
Duele
¡Ay! Metro Corvisart, quiero estar ahí, salir de la estación y subir las escaleras, caminar por el parque, pasar por Chez Michel y sus multitudes, quiero caminar por la calle de las pizzas y girar justo en la tienda para llegar al 15 de la Butte aux cailles, abrir la puerta, caminar por el pasillo, entrar a la habitación y saber que estoy en casa.
¿Por qué todo aquí es hoy tan ajeno? Ya ni la música me reconforta.
¿Por qué todo aquí es hoy tan ajeno? Ya ni la música me reconforta.
Wednesday, June 02, 2010
Sunday, May 30, 2010
Diario de campo 45 - El último fin de semana
Con mucha más soledad de la que había pasado los últimos meses, este fin de semana lo aproveché para estar verdaderamente acompañado, decidí despedirme de todos aquellos de quien quería despedirme e inicié los abrazos y las despedidas desde el jueves: jamás pensé conocer a tantas personas y estimarlas en tan poco tiempo.
El jueves tocó iniciar las despedidas de los lugares, L'international fue el primer sitio al que dije adiós y a lado de mi mejor amigo en París; después el centro Minkowska en el que muchas personas me conocían y me despidieron con un calor muy agradable. El sábado inició la verdadera despedida pero, oh sorpresa, era la fiesta anual de la Citè y desde el viernes hubo un momntón de eventos en los que traté de estar todo el tiempo con todo mundo.
El sábado en la mañana el Dr, Jean Garrabé me regaló un libro más y una maleta, además del acostumbrado almuerzo en el restaurante de ese italiano que habla rapidísimo y que siempre me da la mano; después Marcelo, Azza, Ivan, luego los mexicanos y los suizos y la vikinga a quien quiero muchísimo, pero lo mejor fue que por fin Rossela, la italiana con quien intenté mis primeras palabras en francés, estuvo toda la noche despidiéndose de mi, ella parte mañana en la mañana, yo al día siguiente y no hizo nada más, no vió a nadie más, no estuvo con nadie más, se despidió absolutamente de mi, bailamos (y yo sigo odiando bailar) toda la noche, hasta las cuatro de la mañana que con el cansancio del final ela dijo: extoy cansada, luego un abrazo y el mejor deseo de todos los que puedo tener para alguien, buena vida amiga y a lo que respondió que nos veríamos pronto, en barcelona, roma o méxico; nos abrazamos, los dos besos oficiales en París (tres en suiza), nos apretamos fuerte y se dio la vuelta y la vi caminar de espaldas quizá por última vez en la vida y caminé hacia el otro lado, hacia casa.
Lo verdaderamente doloroso de esa noche fue la despedida de mi amigo Marcelo, ese hombre que me dio tanto en europa y que no se ha dado cuenta de lo grande que es, de lo maravilloso ser humano y lo talentoso de su andar por la vida. No hablamos mucho, sabíamos que era la última, quizá para siempre, quizá sólo hasta octubre que yo vuelva a buscarlo a este continente en el que él quiere quedarse a pesar de las dificultades reales que tiene; o hablamos mucho pero dijo: che te agradezco, no sé todoavía qué, si él es quien hizo por mi todo lo que un amigo puede hacer, quien agradece soy yo. Después de fumar un pucho entramos una vez más a la casa en la que vivimos juntos y la que nos vio hacernos amigos y tomamos la última foto y nos abrazamos muy fuerte, más fuerte que cualquier otro abrazo que haya sentido y dado en toda mi vida y él se quebró y lloró, el hombre de 44 años que se atreve a todo con las minas lloró y dijo las palabras más hermosas que he oído jamás: Gracias amigo... No he escuchado nunca algo tan sincero, dijo Te quiero y yo dije lo mismo y no sé por qué sigo sufriendo mucho esa despedida. Hasta pronto, hasta siempre ¿qué palabras se pueden decir cuando el siguiente encuentro es tan incierto como la eternidad? ¿Cómo soportar decir un involuntario adiós cuando no hay promesa de un nuevo hola? Me dio la espalda, creo que el primero a mi y subió las escaleras que ya jamás subiremos juntos, en las que nunca más volveremos a decir que nos vemos para ir al comedor. Yo hice trampa y lo vi subir llorando por el huequito de las escaleras, lo vi correr, alejarse, vi su figura joven a pesar del tiempo deslizarse en medio de lágrimas por un camino que hasta ese día había sido nuestro y que ahora se quedaba sólo para él. No lloré sino hasta hoy al medio día, me quebré y sentí el dolor de la imposibilidad de mantener la vida, porque hoy lo que me despertó y movió de la cama fue la idea de que la muerte es tan inevitable como ese adiós de dos hombres que como ninños hicieron una vida juntos, hermanados. Hice un hermano en París.
Después me abracé a Rossella y luego compartimos el dolor de la despedida toda la noche, su media vuelta no me dolió tanto pero me arrancó mucho, como la de él. Hoy Simone, mi vikinga favorita, me abrazó tres o cuatro veces y me dijo con su acento alemán: nos vemos pronto, en méxico, en barcelona o en alemania, es una gran amiga, de las mejores. Después Lukas, Victoria quien me acompañó hasta la puerta, Silvana a quien veré en julio en México y Xristina la ruda mediocampista del equipo, todos ellos con algunas bellas palabras, fotos y abrazos. Por último Azza, quien tuvo el detalle de invitarme a comer comida de Tunez con guacamole, me presentó a su madre y me forzó a hablar media hora en francés, me acompañó al banco y le dije que lo que admiro de ella y la gente como ella; después sus lágrimas, un abrazo, un beso, como los mexicanos, sólo uno y un hasta luego, nos dimos la espalda y caminé hasta acá, dormí, esperé noticias y ahora me preparo para el último día en París.
Faltan Sanda, Ivan, Alexandra, Alejandro y la persona más especial y mi compañera más importante en todo París, quien me recibió en Minkowska y desde ahí se ha mantenido conmigo en cada momento, mi cómplice en todo, en el paseo en lo ilegal y en cualquier trámite burocrático francés, hoy casi el destino nos pone lejos de poder despedirnos pero ya se arregló todo, así que Wara, mañana diremos adiós juntos, te quedas con París unos días, lo cuidas bien, te abrazas con quien falte y le recuerdas a todos que acá hicimos lo que quisimos, cuando qusimos y como quisimos y que París fue nuestro reino desde enero y hasta hoy: Te voy a extrañar más que a todos pero voy a tomar tu promesa como compromiso y estaré en Barcelona más pronto de lo que crees. Eres grande y por eso todos te quieren, abrázalos una vez más de mi parte y buena suerte en todo lo que viene.
Así transcurrieron las primeras horas del adiós, no creo narrar más después, pero en verdad quiero dejar(me) claro que esto duele, a ver si al escribirlo deja de doler tanto.
(es tarde pa revisar estilo y ortografía)
El jueves tocó iniciar las despedidas de los lugares, L'international fue el primer sitio al que dije adiós y a lado de mi mejor amigo en París; después el centro Minkowska en el que muchas personas me conocían y me despidieron con un calor muy agradable. El sábado inició la verdadera despedida pero, oh sorpresa, era la fiesta anual de la Citè y desde el viernes hubo un momntón de eventos en los que traté de estar todo el tiempo con todo mundo.
El sábado en la mañana el Dr, Jean Garrabé me regaló un libro más y una maleta, además del acostumbrado almuerzo en el restaurante de ese italiano que habla rapidísimo y que siempre me da la mano; después Marcelo, Azza, Ivan, luego los mexicanos y los suizos y la vikinga a quien quiero muchísimo, pero lo mejor fue que por fin Rossela, la italiana con quien intenté mis primeras palabras en francés, estuvo toda la noche despidiéndose de mi, ella parte mañana en la mañana, yo al día siguiente y no hizo nada más, no vió a nadie más, no estuvo con nadie más, se despidió absolutamente de mi, bailamos (y yo sigo odiando bailar) toda la noche, hasta las cuatro de la mañana que con el cansancio del final ela dijo: extoy cansada, luego un abrazo y el mejor deseo de todos los que puedo tener para alguien, buena vida amiga y a lo que respondió que nos veríamos pronto, en barcelona, roma o méxico; nos abrazamos, los dos besos oficiales en París (tres en suiza), nos apretamos fuerte y se dio la vuelta y la vi caminar de espaldas quizá por última vez en la vida y caminé hacia el otro lado, hacia casa.
Lo verdaderamente doloroso de esa noche fue la despedida de mi amigo Marcelo, ese hombre que me dio tanto en europa y que no se ha dado cuenta de lo grande que es, de lo maravilloso ser humano y lo talentoso de su andar por la vida. No hablamos mucho, sabíamos que era la última, quizá para siempre, quizá sólo hasta octubre que yo vuelva a buscarlo a este continente en el que él quiere quedarse a pesar de las dificultades reales que tiene; o hablamos mucho pero dijo: che te agradezco, no sé todoavía qué, si él es quien hizo por mi todo lo que un amigo puede hacer, quien agradece soy yo. Después de fumar un pucho entramos una vez más a la casa en la que vivimos juntos y la que nos vio hacernos amigos y tomamos la última foto y nos abrazamos muy fuerte, más fuerte que cualquier otro abrazo que haya sentido y dado en toda mi vida y él se quebró y lloró, el hombre de 44 años que se atreve a todo con las minas lloró y dijo las palabras más hermosas que he oído jamás: Gracias amigo... No he escuchado nunca algo tan sincero, dijo Te quiero y yo dije lo mismo y no sé por qué sigo sufriendo mucho esa despedida. Hasta pronto, hasta siempre ¿qué palabras se pueden decir cuando el siguiente encuentro es tan incierto como la eternidad? ¿Cómo soportar decir un involuntario adiós cuando no hay promesa de un nuevo hola? Me dio la espalda, creo que el primero a mi y subió las escaleras que ya jamás subiremos juntos, en las que nunca más volveremos a decir que nos vemos para ir al comedor. Yo hice trampa y lo vi subir llorando por el huequito de las escaleras, lo vi correr, alejarse, vi su figura joven a pesar del tiempo deslizarse en medio de lágrimas por un camino que hasta ese día había sido nuestro y que ahora se quedaba sólo para él. No lloré sino hasta hoy al medio día, me quebré y sentí el dolor de la imposibilidad de mantener la vida, porque hoy lo que me despertó y movió de la cama fue la idea de que la muerte es tan inevitable como ese adiós de dos hombres que como ninños hicieron una vida juntos, hermanados. Hice un hermano en París.
Después me abracé a Rossella y luego compartimos el dolor de la despedida toda la noche, su media vuelta no me dolió tanto pero me arrancó mucho, como la de él. Hoy Simone, mi vikinga favorita, me abrazó tres o cuatro veces y me dijo con su acento alemán: nos vemos pronto, en méxico, en barcelona o en alemania, es una gran amiga, de las mejores. Después Lukas, Victoria quien me acompañó hasta la puerta, Silvana a quien veré en julio en México y Xristina la ruda mediocampista del equipo, todos ellos con algunas bellas palabras, fotos y abrazos. Por último Azza, quien tuvo el detalle de invitarme a comer comida de Tunez con guacamole, me presentó a su madre y me forzó a hablar media hora en francés, me acompañó al banco y le dije que lo que admiro de ella y la gente como ella; después sus lágrimas, un abrazo, un beso, como los mexicanos, sólo uno y un hasta luego, nos dimos la espalda y caminé hasta acá, dormí, esperé noticias y ahora me preparo para el último día en París.
Faltan Sanda, Ivan, Alexandra, Alejandro y la persona más especial y mi compañera más importante en todo París, quien me recibió en Minkowska y desde ahí se ha mantenido conmigo en cada momento, mi cómplice en todo, en el paseo en lo ilegal y en cualquier trámite burocrático francés, hoy casi el destino nos pone lejos de poder despedirnos pero ya se arregló todo, así que Wara, mañana diremos adiós juntos, te quedas con París unos días, lo cuidas bien, te abrazas con quien falte y le recuerdas a todos que acá hicimos lo que quisimos, cuando qusimos y como quisimos y que París fue nuestro reino desde enero y hasta hoy: Te voy a extrañar más que a todos pero voy a tomar tu promesa como compromiso y estaré en Barcelona más pronto de lo que crees. Eres grande y por eso todos te quieren, abrázalos una vez más de mi parte y buena suerte en todo lo que viene.
Así transcurrieron las primeras horas del adiós, no creo narrar más después, pero en verdad quiero dejar(me) claro que esto duele, a ver si al escribirlo deja de doler tanto.
(es tarde pa revisar estilo y ortografía)
Diario de campo 44 - A tiempo
La primera vez será siempre la que marque todas, aunque la vida brinde otra u otras, esa primera nunca será olvidada.
Merci Paris
Merci Paris
Saturday, May 29, 2010
Diario de campo 43 - Crecer
No sé si sé crecer y si sólo sé repetir lo que siempre hago siempre (este lapsus me gustó, así que hasta aquí mi texto).
Diario de campo 42 - París
Una de las palabras más bonitas que aprendí en este tiempo: pelouse.
J'aime beaucoup être à la pelouse avec mes amis...
J'aime beaucoup être à la pelouse avec mes amis...
Thursday, May 27, 2010
Come up to meet you, tell you I'm sorry
You don't know how lovely you are.
I had to find you, tell you I need you,
Tell you I set you apart.
Tell me your secrets and ask me your questions,
Oh lets go back to the start.
Running in circles, Comin' in tails
Heads on a science apart.
Nobody said it was easy,
It's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be this hard.
Oh take me back to the start.
I was just guessin' at numbers and figures,
Pulling the puzzles apart.
Questions of science, science and progress
Do not speak as loud as my heart.
And tell me you love me, come back and haunt me
Oh and I rush to the start.
Runnin' in circles, Chasin' tails
Comin' back as we are
Nobody said it was easy,
Oh it's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be so hard.
I'm goin' back to the start.
You don't know how lovely you are.
I had to find you, tell you I need you,
Tell you I set you apart.
Tell me your secrets and ask me your questions,
Oh lets go back to the start.
Running in circles, Comin' in tails
Heads on a science apart.
Nobody said it was easy,
It's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be this hard.
Oh take me back to the start.
I was just guessin' at numbers and figures,
Pulling the puzzles apart.
Questions of science, science and progress
Do not speak as loud as my heart.
And tell me you love me, come back and haunt me
Oh and I rush to the start.
Runnin' in circles, Chasin' tails
Comin' back as we are
Nobody said it was easy,
Oh it's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be so hard.
I'm goin' back to the start.
Wednesday, May 26, 2010
Y tú que te creías el rey de todo el mundo
I USED TO RULE THE WORLD
SEAS WOULD RISE WHEN I GAVE THE WORD
NOW IN THE MORNING I SWEEP ALONE
SWEEP THE STREETS I USED TO OWN
I USED TO ROLL THE DICE
FEEL THE FEAR IN MY ENEMYS EYES
LISTEN AS THE CROWD WOULD SING:
"NOW THE OLD KING IS DEAD! LONG LIVE THE KING!"
ONE MINUTE I HELD THE KEY
NEXT THE WALLS WERE CLOSED ON ME
AND I DISCOVERED THAT MY CASTLES STAND
UPON PILLARS OF SALT AND PILLARS OF SAND
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
ONCE YOU GO THERE WAS NEVER, NEVER AN HONEST WORD
THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
IT WAS THE WICKED AND WILD WIND
BLEW DOWN THE DOORS TO LET ME IN
Letras4U.com » letras traducidas al español
SHATTERED WINDOWS AND THE SOUND OF DRUMS
PEOPLE COULDNT BELIEVE WHAT ID BECOME
REVOLUTIONARIES WAIT
FOR MY HEAD ON A SILVER PLATE
JUST A PUPPET ON A LONELY STRING
OH WHO WOULD EVER WANT TO BE KING?
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
I KNOW SAINT PETER WILL CALL MY NAME
NEVER AN HONEST WORD
BUT THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
I KNOW SAINT PETER WILL CALL MY NAME
NEVER AN HONEST WORD
BUT THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
SEAS WOULD RISE WHEN I GAVE THE WORD
NOW IN THE MORNING I SWEEP ALONE
SWEEP THE STREETS I USED TO OWN
I USED TO ROLL THE DICE
FEEL THE FEAR IN MY ENEMYS EYES
LISTEN AS THE CROWD WOULD SING:
"NOW THE OLD KING IS DEAD! LONG LIVE THE KING!"
ONE MINUTE I HELD THE KEY
NEXT THE WALLS WERE CLOSED ON ME
AND I DISCOVERED THAT MY CASTLES STAND
UPON PILLARS OF SALT AND PILLARS OF SAND
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
ONCE YOU GO THERE WAS NEVER, NEVER AN HONEST WORD
THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
IT WAS THE WICKED AND WILD WIND
BLEW DOWN THE DOORS TO LET ME IN
Letras4U.com » letras traducidas al español
SHATTERED WINDOWS AND THE SOUND OF DRUMS
PEOPLE COULDNT BELIEVE WHAT ID BECOME
REVOLUTIONARIES WAIT
FOR MY HEAD ON A SILVER PLATE
JUST A PUPPET ON A LONELY STRING
OH WHO WOULD EVER WANT TO BE KING?
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
I KNOW SAINT PETER WILL CALL MY NAME
NEVER AN HONEST WORD
BUT THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
I HEAR JERUSALEM BELLS A RINGING
ROMAN CAVALRY CHOIRS ARE SINGING
BE MY MIRROR MY SWORD AND SHIELD
MY MISSIONARIES IN A FOREIGN FIELD
FOR SOME REASON I CANT EXPLAIN
I KNOW SAINT PETER WILL CALL MY NAME
NEVER AN HONEST WORD
BUT THAT WAS WHEN I RULED THE WORLD
Diario de campo 41 - Nomás aquí
Con internet y tiempo me acerco a contar una pequeña historia: Hoy fui al aeropuerto de Orly, a media hora de París en autobus, lo tomé precisamente en la estación del RER que tomaba para mi antigua casa y que ahora se veía tan lejana como mi ventana enorme frente al escritorio que recibía los pocos rayos de luz que aparecían en el durísimo invierno francés. Hace ya un mes que no vivo en ese lugar, en la ciudad universitaria que tanto y tanto disfruté, ya ni voy por allá, ni siquiera al comedor con mis viejos-nuevos amigos de la banda inmigrante. Hoy, mientras viajaba en el Orlybus, el camino me provocó una extraña sensación: precisamente, al dar una vuelta, vi una calle de camellón y una esquina que me pareció idéntica a la esquina de Viveros y Miguel Ángel de Quevedo, fue absolutamente extraño, no podía encajar los sucesos, sentía mi casa, mi hogar frente a mi, sabía que estaba en París aún, que esa calle era cualquiera, pero la sensación duró mucho tiempo, como si estuviera cerca, cerca de mi hogar. De pronto un letrero: FLEURS, y a un lado el grec y la tienda de discos, estaba en la Cité Universitaire, justo a un costado, pasaba a un lado, el camellón era la ruta del tramway y la esquina que vi era la del parque Montsouris, la sensación de hogar era clara, yo hice de la casa suiza mi hogar, mi refugio, lo mío, lo que en verdad era (o es) mío. Así es como uno sabe cuando ha retrasado una partida, se puede ser un paria, pero no se puede vivir sin hogar.
Yo viví en París, tuve una casa y una vida, llegué con nada o con puro miedo, me voy lleno de una experiencia: haber empezado desde cero y tener hoy un hogar al cual extrañar en esta ciudad que me regresó el alma y las ganas de seguir teniendo ocho años.
Yo viví en París, tuve una casa y una vida, llegué con nada o con puro miedo, me voy lleno de una experiencia: haber empezado desde cero y tener hoy un hogar al cual extrañar en esta ciudad que me regresó el alma y las ganas de seguir teniendo ocho años.
Monday, May 24, 2010
Thursday, May 20, 2010
Monday, May 17, 2010
¿Justicia?
¿Será posible que alguien sensato haya tomado en sus manos la justicia que un pueblo reclama?
Lo dudo, seguro otro cerdo malnacido como él, pero al menos espero que no regrese, que no reaparezca como un heroe sobreviviente del secuestro y el narco al que según el puerco de Felipe combate; espero que esté muerto a esta hora y que no envejezca -más- impune.
Que la vida le cobre al menos a uno.
Lo dudo, seguro otro cerdo malnacido como él, pero al menos espero que no regrese, que no reaparezca como un heroe sobreviviente del secuestro y el narco al que según el puerco de Felipe combate; espero que esté muerto a esta hora y que no envejezca -más- impune.
Que la vida le cobre al menos a uno.
Sunday, April 25, 2010
Hice cuentas y he notado,
muchas cosas que he guardado
no me sirven y las tengo que dejar.
El señor Ropavejero
va empujando el tilichero
y ahora mismo se las voy a regalar.
Un pedazo de mi vida
una riza carcomida
un amor despostillado en un jarrón.
Un cariño desgastado
un olvido postergado
tu recuerdo despintado en un cartel.
Tengo retos empolvados
entusiasmos maltratados
y unas ganas rotas dentro de un [...].
Una critica vencida,
en muletas dolorida
un talento enmohecido en un sillón.
Hey señor Ropavejero,
tiene muchas cosas que cargar
los trebejos que me estorban
lo inservible lo que sobra
no lo vendo, se lo quiero regalar.
Una dignidad cansada
un retazo de nostalgia
dos hilachos de criterio y de razón.
Una historia apolillada
mi vergüenza ensangrentada
mil verdades remendadas de ficción.
Una rebeldía sin filo
y otras modas sin estilo
un colchón agujereado de pasión.
Hey señor Ropavejero
tiene muchas cosas que cargar
los trebejos que me estorban
lo inservible lo que sobra
no lo vendo, se lo quiero regalar.
Hey señor Ropavejero
tiene muchas cosas que cargar
yo me quedo para siempre
lo que sirve y que se vende
lo que vale en este mundo material.
muchas cosas que he guardado
no me sirven y las tengo que dejar.
El señor Ropavejero
va empujando el tilichero
y ahora mismo se las voy a regalar.
Un pedazo de mi vida
una riza carcomida
un amor despostillado en un jarrón.
Un cariño desgastado
un olvido postergado
tu recuerdo despintado en un cartel.
Tengo retos empolvados
entusiasmos maltratados
y unas ganas rotas dentro de un [...].
Una critica vencida,
en muletas dolorida
un talento enmohecido en un sillón.
Hey señor Ropavejero,
tiene muchas cosas que cargar
los trebejos que me estorban
lo inservible lo que sobra
no lo vendo, se lo quiero regalar.
Una dignidad cansada
un retazo de nostalgia
dos hilachos de criterio y de razón.
Una historia apolillada
mi vergüenza ensangrentada
mil verdades remendadas de ficción.
Una rebeldía sin filo
y otras modas sin estilo
un colchón agujereado de pasión.
Hey señor Ropavejero
tiene muchas cosas que cargar
los trebejos que me estorban
lo inservible lo que sobra
no lo vendo, se lo quiero regalar.
Hey señor Ropavejero
tiene muchas cosas que cargar
yo me quedo para siempre
lo que sirve y que se vende
lo que vale en este mundo material.
Tuesday, April 13, 2010
Diario de campo 40 - Ginebra
Ni la ONU ni la FIFA, sólo un pueblito llamado Gruyere lleno de casas que parecen salidas de un cueto con personas que a veces hacen pensar en Resident Evil 4 y otras en un cuadro de europeos haciendo queso. Suiza, Ginebra en primer lugar, un lago que en verdad parece lago y que huele a lago, un chorro de agua que no tiene mayor sentido que convertirse en una cascada que empapa el cielo que en las carreteras parece poder tocarse con la mano. La compañía excelente, gente que tiene o ha tenido una historia en este país, gente que anhela los tiempos en los que tenía una vida, un presente y la tan ansiada libertad de convertirse en lo que quisiera, en sí misma. Una abogada en potencia que se prepara para hacer un examen que siempre es muy difícil aprobar y que es la garantía que se da un País como éste de tener abogados capaces y preparados para el mundo laboral. Un italiano al que apenas conocí y que prepara su matrimonio en un par de meses y una chica con unos ojos arrancados del cielo suizo que se dedica a lo banquero y no sabe quién es Platón. Así transcurrieron cinco días en la tierra de Heidi, paraiso insólito ajeno a cualquier cosa que mis ojos o mi cámara hubieran o pudieran registrar. El cielo, verdaderamente el cielo y prueba de la pobreza de mis viajes y de la pequeñez de mi experiencia, impulso y razón para volver a Europa, ganas de vivir de otra manera.
Si algo he aprendido de este cobarde corto viaje a Europa es que se puede vivir en otro sitio, de otra manera, con otros anhelos y con realidades muy por encima de los trazos que se ven desde la esferita que llamamos casa. He aprendido que viajar forma no a los hombres sino a sus espíritus y permite hacer del mundo una casa y no un destino. Yo conozco a una chica con la que me encontré en París y a quien sigo encontrándome en muchos sitios; ella es todo menos cobarde, quizá mi contraparte y ella me habla de sus viajes y de los sitios a los que puede llegar teniendo un sitio donde pasar algunas noches. Ella dice "soy mala para mantener las relaciones cuando no hay constancia" pero no se da cuenta que cada relación que ha hecho es tan permanente que ella hace casa y deja hogar en cada punto del globo que ha visitado; ella a construido un lugar propio en el mundo y por eso puede dormir en cualquier cantidad de paises que quiera no sólo por unos días sino el tiempo que necesite porque tiene un hogar en la tierra. Eso es admirable.
Ginebra no ha sido más que un recordatorio del pasado que he tenido y del futuro que quiero tener y una experiencia que pone cada cosa en su lugar nuevamente: si quiere usted una casa debe cavar para colocar los cimientos...
Si algo he aprendido de este cobarde corto viaje a Europa es que se puede vivir en otro sitio, de otra manera, con otros anhelos y con realidades muy por encima de los trazos que se ven desde la esferita que llamamos casa. He aprendido que viajar forma no a los hombres sino a sus espíritus y permite hacer del mundo una casa y no un destino. Yo conozco a una chica con la que me encontré en París y a quien sigo encontrándome en muchos sitios; ella es todo menos cobarde, quizá mi contraparte y ella me habla de sus viajes y de los sitios a los que puede llegar teniendo un sitio donde pasar algunas noches. Ella dice "soy mala para mantener las relaciones cuando no hay constancia" pero no se da cuenta que cada relación que ha hecho es tan permanente que ella hace casa y deja hogar en cada punto del globo que ha visitado; ella a construido un lugar propio en el mundo y por eso puede dormir en cualquier cantidad de paises que quiera no sólo por unos días sino el tiempo que necesite porque tiene un hogar en la tierra. Eso es admirable.
Ginebra no ha sido más que un recordatorio del pasado que he tenido y del futuro que quiero tener y una experiencia que pone cada cosa en su lugar nuevamente: si quiere usted una casa debe cavar para colocar los cimientos...
Saturday, March 27, 2010
Diario de campo 39 - respuesta a un temeroso e-mail
Hola E, bien todo, me alegra tu correo. No sé si soy el viajante adecuado para estos países, no sé si soy el mejor visitador de museos o el que más aprecia la arquitectura y la escultura de un país como Francia. Sé que soy raro -rebelde, alguna vez pensé- sé que estoy no sé dónde y no sé cómo. Sobrevivir dejó de ser una palabra útil aquí, es cierto que como poco y que cuando como bien es delicioso; que los quesos saben gloriosos y que el pan está hecho en los hornos de Dios. Es cierto, también, que la ciudad es hermosa por dondequiera que camines, que el cielo es bello de día y rojo de noche. Y es verdad: los franceses huelen mal y el metro huele muy mal SIEMPRE. No sé si planchan la ropa interior, pero seguro que no, la ropa debe ser tecnológicamente perfecta como para no necesitar plancharla.
Yo a veces extraño México, pero a veces siento que no soy de allá, lo que no quiere decir que soy de acá, pero creo que más bien no soy de ningún lugar. Cuatro meses han sido una vacilada de tiempo, a penas para volverme valiente y aprender a decir bonjour. Yo también sueño, más aquí que nunca y tengo tiempo para estar con mis sueños un rato al despertar; sueño con lugares grandes, muy grandes, enormes; sueño en francés frecuentemente y sueño en París, en el metro o en sus calles. Una vez soñé que estaba en México y estuve triste una semana. Sueño sin tiempo, por primera vez sin pasado ni futuro, supongo que sueño con la inmensidad del presente y me pregunto si es posible vivir así. Creo que nosotros estamos enfermos de historia porque no sabemos escuchar la historia, creo que eso es algo de lo es posible librarse... aún no sé cómo.
Tengo amigos y la bendición de Dios: mujeres hermosas en cada rincón. Salgo todos los días, bares, conciertos, cine, bares, bares, tavernas y bares. La cerveza acá es muy buena aunque el vino ha sido sorprendente. Francia es cruel pero la gente lo hace más fácil. Conozco personas de muchos países y he aprendido que no hay carga cultural en nadie, ni códigos, es falso, la gente se atrae o se repele por otras cosas, somos más autómatas de lo que creemos. Vivo.
Me divierto mucho, sufro menos, quizá y a veces más, siempre se extraña la casa propia y la gente propia, pero debo reconocerlo, los vicios para alguien como yo están siempre en casa, aquí no soy yo. Aquí no soy nadie, ni popular ni profesor ni nada, acá soy nada, sin nombre, sin casa, sin idioma, sin nación, sin nada y lo gozo, ya volveré para ser yo y para trabajar con más dignidad de lo que he hecho hasta ahora, se lo debo a mi práctica.
Corre cuando quieras, París y el resto del mundo te esperan. Tómate tu tiempo pero no la vida para brincar a otro lugar o a muchos lugares. Hay un universo gigante saliendo de la puerta de casa y mientras más lejos es más grande y más nuevo y más limpio. Tómate tu tiempo pero ten los ojos bien puestos en una meta que es my fácil de conseguir: volar.
Yo a veces extraño México, pero a veces siento que no soy de allá, lo que no quiere decir que soy de acá, pero creo que más bien no soy de ningún lugar. Cuatro meses han sido una vacilada de tiempo, a penas para volverme valiente y aprender a decir bonjour. Yo también sueño, más aquí que nunca y tengo tiempo para estar con mis sueños un rato al despertar; sueño con lugares grandes, muy grandes, enormes; sueño en francés frecuentemente y sueño en París, en el metro o en sus calles. Una vez soñé que estaba en México y estuve triste una semana. Sueño sin tiempo, por primera vez sin pasado ni futuro, supongo que sueño con la inmensidad del presente y me pregunto si es posible vivir así. Creo que nosotros estamos enfermos de historia porque no sabemos escuchar la historia, creo que eso es algo de lo es posible librarse... aún no sé cómo.
Tengo amigos y la bendición de Dios: mujeres hermosas en cada rincón. Salgo todos los días, bares, conciertos, cine, bares, bares, tavernas y bares. La cerveza acá es muy buena aunque el vino ha sido sorprendente. Francia es cruel pero la gente lo hace más fácil. Conozco personas de muchos países y he aprendido que no hay carga cultural en nadie, ni códigos, es falso, la gente se atrae o se repele por otras cosas, somos más autómatas de lo que creemos. Vivo.
Me divierto mucho, sufro menos, quizá y a veces más, siempre se extraña la casa propia y la gente propia, pero debo reconocerlo, los vicios para alguien como yo están siempre en casa, aquí no soy yo. Aquí no soy nadie, ni popular ni profesor ni nada, acá soy nada, sin nombre, sin casa, sin idioma, sin nación, sin nada y lo gozo, ya volveré para ser yo y para trabajar con más dignidad de lo que he hecho hasta ahora, se lo debo a mi práctica.
Corre cuando quieras, París y el resto del mundo te esperan. Tómate tu tiempo pero no la vida para brincar a otro lugar o a muchos lugares. Hay un universo gigante saliendo de la puerta de casa y mientras más lejos es más grande y más nuevo y más limpio. Tómate tu tiempo pero ten los ojos bien puestos en una meta que es my fácil de conseguir: volar.
Diario de campo 38 - último juego
...último mes en la casa suiza, últimas semanas de compañeros alemanes, suizos, suecos y demás. Perdimos -otra vez- me lesioné o volví a afectar lo afectado. Jugué los noventa, quiero decir los cuarenta minutos, ya ni sé cuántos goles nos metieron. Hoy anotamos. Jugué al frente un rato, limpié el área un par de veces aunque no concreté nada. Hice un tiro de distancia chorreado que acabó por hacerme polvo la pierna. Andrea metió un autogol y se sintió muy mal el resto del partido, le tenía miedo a la bola. Cristina enojada y guerrillera como siempre. Elin metió nuestro único tanto y cuando jugué con ella al frente nos entendimos bien. Danja tiró un par desvíadas. Lukas no jugó. Paloma y Aurelia (nuevas en el equipo) hicieron bulto y Paloma un par de recortes. Aurelia defendió con garra. La vikinga no jugó, se fue a Alemania dejando un mail de Allez la Suisse que ya está en el recuerdo. Perdimos porque no teníamos nada para ganar. Me divertí, mucho, más cuando jugué al frente. Me comí el primer gol... lo lamento.
Hoy termina una de las oportunidades más agradables que he tenido en París, ahora ya conozco a más personas y puedo platicar un poco más en francés. Contento y triste porque ya no habrá mañanas de sábado para jugar al fut en París, con los suizos, suecos, alemanes y lo que sea que juegue en el equipo, contento por que lo hice, triste porque se acabó como se acaba mi agonizante viaje a Europa. Triste porque estoy enamorado, muy enamorado de una forma de vivir, de un rato de mi que no había tenido en años. Triste porque se acerca el momento de despertar. Y feliz por haber probado este nuevo sabor.
Allez la Suisse, un peu plus... un peu plus.
Hoy termina una de las oportunidades más agradables que he tenido en París, ahora ya conozco a más personas y puedo platicar un poco más en francés. Contento y triste porque ya no habrá mañanas de sábado para jugar al fut en París, con los suizos, suecos, alemanes y lo que sea que juegue en el equipo, contento por que lo hice, triste porque se acabó como se acaba mi agonizante viaje a Europa. Triste porque estoy enamorado, muy enamorado de una forma de vivir, de un rato de mi que no había tenido en años. Triste porque se acerca el momento de despertar. Y feliz por haber probado este nuevo sabor.
Allez la Suisse, un peu plus... un peu plus.
Thursday, March 25, 2010
Diario de campo 37 - China
Lacan dice: Il n'y a pas rapport sexuel (espero) y los chinos dicen uqe ellos no tienen palabra para eso y luego dicen que en francés hay relation y rapport, por lo tanto creo que yo no entiendo nada.
Monday, March 22, 2010
Diario de campo 36 - Líbano
RER B, cumpleaños de Marcelo, comedor en Port-Royale, cita con Iván, todo a las once de la mañana en un lunes casi cualquiera. En la entrada a la estación de tren Christina con su permanente sonrisa, Marcelo ni se percató. Charlamos, hablamos de mi lesión y del partido del próximo sábado, quizá se cancele. Marcelo se encontró con una chica y se separó del grupo a hablar con ella; no recuerdo su nombre. Llegó el tren y lo abordamos, los cuatro juntos: argentino, griega, libanesa y mexicano, francés de por medio y cuatro asientos cercanos.
Marcelo dice el nombre de los tres y todos decimos encantado; Marcelo hace mención de nuestras nacionalidades y la conversación gira en torno a nuestras casas. Una estación antes de bajar pregunto a la chica: je voudrais savoir... mon nom est Atala... je sais que c'est (libanés debo haber dicho). La respuesta fue lo que esperaba oír hace años: sí es un apellido muy común. Acto seguido la bomba.
Atala viene de Alá y de At, donne a Dieu -dice, algo así como un regalo para Dios. Me cagué, es demasiado, es mucho, jamás pensé y hoy no sé qué pensar, no me gusta pensar, pero ese estúpido apellido me ha dado diez años de trabajo y ahora me enloquece otra vez.
Marcelo dice el nombre de los tres y todos decimos encantado; Marcelo hace mención de nuestras nacionalidades y la conversación gira en torno a nuestras casas. Una estación antes de bajar pregunto a la chica: je voudrais savoir... mon nom est Atala... je sais que c'est (libanés debo haber dicho). La respuesta fue lo que esperaba oír hace años: sí es un apellido muy común. Acto seguido la bomba.
Atala viene de Alá y de At, donne a Dieu -dice, algo así como un regalo para Dios. Me cagué, es demasiado, es mucho, jamás pensé y hoy no sé qué pensar, no me gusta pensar, pero ese estúpido apellido me ha dado diez años de trabajo y ahora me enloquece otra vez.
Situación: sobre Marguerite Duras
Me alegra que esta vez sí hayan reaccionado un par de personas como Dios manda, ya me dijeron cretino y guey o algo así de que mi teatro con ella, en fin, no todos están dispuestos a aceptar que el amor acaba.
Y por cierto, no deja de maravillarme un estilo único de hacer de la nada una sensación plena.
Y por cierto, no deja de maravillarme un estilo único de hacer de la nada una sensación plena.
Sunday, March 21, 2010
¡Bah!
Si todos, todos, todos me dijeran "no apuestes" no apostaría. Pero si uno, solo uno me dice hazlo, no puedo dejar de jugar todo en esa tirada. Así las cosas.
Diario de campo 35 - De un romance de años que termina con una inevitable separación
Ojos azules pelo negro. ¿Qué fue aquello que leí esa tarde? Aquello era una bomba, mi corazón había sido tocado, mis ojos habían sido tocados, mi espíritu había sido tocado, mi vida entera había sido tocada. Cada página de ese oscuro texto había puesto en mi vida un sabor nuevo, diferente, absolutamente otro, extraordinariamente otro. Llorar había cobrado otro sentido, no por tristeza, no por alegría, por imposibilidad, por nostalgia, por vacío, porque se había robado la continuidad de la vida y había hecho de la muerte la única forma y al mismo tiempo un imposible más. M. D. había entrado en mi vida como ninguna mujer antes, como ningún hombre antes, como ningún libro antes. Me había robado.
Él dice. Ella dice. Lloran. Él encuentra su muerte en los ojos de aquel que no estaría más, que quizá nunca estuvo pero que se encuentra en la infinitud de la ausencia que a ella le ahoga: Nada. Ni una palabra real, metáforas de la inexistencia, la vida convertida crudamente en su única verdad. El instante de muerte en el que se realiza una inexistencia incomprensible. Amé a esa mujer.
Al día siguiente lo quería todo de ella, la quería ella porque ella sabía lo que nadie más sabía. Ella conocía el dolor que me atravesaba el espíritu desde aquella tarde de infancia cuando los miraba a todos, cuando me juraba nunca ser como ellos, nunca morir en la adultez, ser niño por siempre. Ella sabía que un día vi el vacío y no pude volver a casa, nunca más. Sabía que yo, igual que ella, no tenía nación, hogar, ni futuro. Tampoco pasado. Y lo compré todo de ella, por lo menos todo lo que podía comprar con mi miserable salario de aquel tiempo en el que tenía una familia a mi cargo. Lo compré todo y lo leí todo. Y lo compartí todo. Y lo lloré todo. Mi vida era otra porque yo amaba a esa mujer. La amaba porque la odiaba, porque ella se lo robaba todo: la razón, el sufrimiento, el sentido, la seguridad, la tristeza. Ella hacía que todo lo humano fuera ridículo y todo lo mío pobre. Y la ame. ¿Y me amó? ¿Nos amó?
Y entonces la seguí, a cada lugar, en mi escritura, en la suya, en la de mi mejor amigo, en la de mis estudiantes, en la de Lacan o Jean Allouch. Busqué a esa mujer en cada rincón, en cada árbol, en el viento, en el agua, en mi piel y en la de otros, en la de otras. Me hice ella para vivir y para morir y dejé que tocara mi práctica, mi enseñanza y mi aprendizaje -si es que lo ha habido. Y me humedecí y me sequé con ella. Y la ame.
Y Emily L. llegó a mi vida. Y ella dijo: Voy a escribir nuestra historia. Y cuando la escriba ya no te amaré. Porque se escribe para... ¿para matar? Lo he olvidado. Y me desgarré el espíritu en esas dos páginas y todo perdió todo sentido. Y la vida se agotó en su eterno agotamiento. Y me robó lo último de conciencia y de esperanza y me dejó solo, sin ella, sin mi. Y la amé más, mucho más que nunca. Y desee más, mucho más. Y compré más. Y leí más.
Y un día un título era más crudo que todos. No era el arrebato -que me había arrebatado- no era un Vicecónsul, era un título que prometía concretamente una respuesta: El dolor. Y su precio era alto, pero bajo para la promesa que podría cumplirme, cumplirnos. Y lo compré. Escritos de juventud -decía. Ella había publicado un texto con escritos que no cargaban su nombre, escritos anteriores a su fama, ensayos de sí misma tal vez. Y rompí la envoltura y me detuve en cualquier lugar a leerlo. Doble promesa: la sinceridad de una joven y la respuesta a una pregunta ¿el dolor?
Un diario de la posguerra, relatos de tortura, de reencuentro, relatos sinceros de una experiencia que jamás podré comprender, de un dolor que jamás podré sentir, de un hambre que nunca padeceré. Relatos de una limpieza sucia de juventud, cerrados por Aurelia -nombre que aún duele- Steiner. Dolor.
Y esa fue la primera vez que ella se distanció de mi. Y esa fue la primera vez que ella me distanció de ella. La sinceridad de su texto estaba manchada. M. D., mi M. D. había retocado su texto, le había agregado palabras, párrafos del estilo de su afamada reputación. Había adornado con un estilo la crudeza de una angustia que para ella misma había desaparecido. Se había convertido en Marguerite Duras para ella misma. Por primera vez era falsa.
Aurelia Steiner había salvado el texto. Era sublime como todo lo anterior. El gato para el que la guerra es invisible y que es el símbolo mismo de la invisibilidad de la guerra, hacía calmar mi enfadado espíritu. Mi amiga quería matar a mi amiga. Y mi amiga se defendía. Y me mantuve amándola y vaciándome de ese amor.
Y leí más. Y traté de leer en francés. Y presenté un terrible, insultante libro con puras palabras de otro texto casi insincero, Escribir. Y la escuché sentarse a hablar con Lacan y autorizarse a decir lo que ella misma -había dicho él- no sabía que estaba haciendo. Y yo no lo supe. Y ella no lo supo. Estábamos condenados. Nos separábamos.
Y dejé de comprar y buscar libros. Y hasta tuve una aventura con V. W. Con Las Olas. Y la disfruté aunque no me enamoré como aquella tarde que vi mi espíritu en S. Thala. Ya no la amaba y no podría volver a amarla. Y ella no me amaba más. Y no lo sabíamos, ninguno sabíamos que la ruptura había sucedido. Como siempre.
Y el olvido y el desiterés fueron tales que su nombre no salía de mis labios. Nunca. Casi nunca. Y volví a comprar algunos libros y quise leerlos. De verdad quise leerlos. Y no pude, no pude terminarlos. El amor asfixiante en el que ella y yo estábamos metidos había desaparecido. Algo, alguien, algunos había, habían, habíamos terminado con todo. Aurelia Steiner era el punto final. Los años terminaban ahí.
Y el olvido se prolongó aunque algunos aún la comentaban conmigo, aunque a veces yo revivía la crudeza de Emily L. No más. Y un día viajé a París. Y un día, en París, recibí un correo que llegó varios años retrasado. Y el correo decía: cuatro películas de Marguerite Duras. Cuatro películas que yo hubiera querido ver cinco años atrás. Y busque el cine. Y me abrigué. Y superé el miedo de los primeros días. Y salí a buscarla, a tratar de darle gusto a un muerto del que no me había enterado. Y llegué tarde la primera vez. Y vi tres películas. Y no me gustaron. Y vi dos entrevistas. Y vi un documental. Todo era falso. Falso como ella. Me había mentido. Nos había mentido. Ella quería vivir públicamente con la profundidad de sus textos. Y en ese acto se mataba y lo mataba todo. Porque no se puede vivir así, sólo se puede morir así. Sólo se debe morir así. Era una figura pública que utilizaba su magnífico estilo para ser una figura pública. Su angustia se había vuelto un producto. Suicida. Exceso tras exceso sus películas me durmieron. Más de una vez dormí y desperté. Y no vi nada. Excesos. Si Sade no era sádico ¿por qué ella tendría que ser un libro suyo? No vi la cuarta película.
No vi la cuarta película. Bebí una cerveza en cualquier lugar. En París. En el México que cargo -quizá. Con alguien más. Sin ella. Olvidado de ella. Su camino. Mi camino. Nunca más nuestro camino. Quizá dejé de ser sensible. Tal vez me he vuelto viejo y he perdido la capidad de ser niño. Quizá yo mismo cerré la puerta a estar con ella, cerca de ella, en ella. Quizá es sólo que empobrecí. Esa es la única salida. No se puede amar eternamente lo mismo. Sería asesinarlo. Mi camino es sin ella.
Seduce -Marguerite- a otros. Róbales el espíritu como a mi. Y deja que lo recuperen. Y prolongate hasta el infinito. A la eternidad de un misterio que develas: que todo, hasta tú, es una farsa.
Él dice. Ella dice. Lloran. Él encuentra su muerte en los ojos de aquel que no estaría más, que quizá nunca estuvo pero que se encuentra en la infinitud de la ausencia que a ella le ahoga: Nada. Ni una palabra real, metáforas de la inexistencia, la vida convertida crudamente en su única verdad. El instante de muerte en el que se realiza una inexistencia incomprensible. Amé a esa mujer.
Al día siguiente lo quería todo de ella, la quería ella porque ella sabía lo que nadie más sabía. Ella conocía el dolor que me atravesaba el espíritu desde aquella tarde de infancia cuando los miraba a todos, cuando me juraba nunca ser como ellos, nunca morir en la adultez, ser niño por siempre. Ella sabía que un día vi el vacío y no pude volver a casa, nunca más. Sabía que yo, igual que ella, no tenía nación, hogar, ni futuro. Tampoco pasado. Y lo compré todo de ella, por lo menos todo lo que podía comprar con mi miserable salario de aquel tiempo en el que tenía una familia a mi cargo. Lo compré todo y lo leí todo. Y lo compartí todo. Y lo lloré todo. Mi vida era otra porque yo amaba a esa mujer. La amaba porque la odiaba, porque ella se lo robaba todo: la razón, el sufrimiento, el sentido, la seguridad, la tristeza. Ella hacía que todo lo humano fuera ridículo y todo lo mío pobre. Y la ame. ¿Y me amó? ¿Nos amó?
Y entonces la seguí, a cada lugar, en mi escritura, en la suya, en la de mi mejor amigo, en la de mis estudiantes, en la de Lacan o Jean Allouch. Busqué a esa mujer en cada rincón, en cada árbol, en el viento, en el agua, en mi piel y en la de otros, en la de otras. Me hice ella para vivir y para morir y dejé que tocara mi práctica, mi enseñanza y mi aprendizaje -si es que lo ha habido. Y me humedecí y me sequé con ella. Y la ame.
Y Emily L. llegó a mi vida. Y ella dijo: Voy a escribir nuestra historia. Y cuando la escriba ya no te amaré. Porque se escribe para... ¿para matar? Lo he olvidado. Y me desgarré el espíritu en esas dos páginas y todo perdió todo sentido. Y la vida se agotó en su eterno agotamiento. Y me robó lo último de conciencia y de esperanza y me dejó solo, sin ella, sin mi. Y la amé más, mucho más que nunca. Y desee más, mucho más. Y compré más. Y leí más.
Y un día un título era más crudo que todos. No era el arrebato -que me había arrebatado- no era un Vicecónsul, era un título que prometía concretamente una respuesta: El dolor. Y su precio era alto, pero bajo para la promesa que podría cumplirme, cumplirnos. Y lo compré. Escritos de juventud -decía. Ella había publicado un texto con escritos que no cargaban su nombre, escritos anteriores a su fama, ensayos de sí misma tal vez. Y rompí la envoltura y me detuve en cualquier lugar a leerlo. Doble promesa: la sinceridad de una joven y la respuesta a una pregunta ¿el dolor?
Un diario de la posguerra, relatos de tortura, de reencuentro, relatos sinceros de una experiencia que jamás podré comprender, de un dolor que jamás podré sentir, de un hambre que nunca padeceré. Relatos de una limpieza sucia de juventud, cerrados por Aurelia -nombre que aún duele- Steiner. Dolor.
Y esa fue la primera vez que ella se distanció de mi. Y esa fue la primera vez que ella me distanció de ella. La sinceridad de su texto estaba manchada. M. D., mi M. D. había retocado su texto, le había agregado palabras, párrafos del estilo de su afamada reputación. Había adornado con un estilo la crudeza de una angustia que para ella misma había desaparecido. Se había convertido en Marguerite Duras para ella misma. Por primera vez era falsa.
Aurelia Steiner había salvado el texto. Era sublime como todo lo anterior. El gato para el que la guerra es invisible y que es el símbolo mismo de la invisibilidad de la guerra, hacía calmar mi enfadado espíritu. Mi amiga quería matar a mi amiga. Y mi amiga se defendía. Y me mantuve amándola y vaciándome de ese amor.
Y leí más. Y traté de leer en francés. Y presenté un terrible, insultante libro con puras palabras de otro texto casi insincero, Escribir. Y la escuché sentarse a hablar con Lacan y autorizarse a decir lo que ella misma -había dicho él- no sabía que estaba haciendo. Y yo no lo supe. Y ella no lo supo. Estábamos condenados. Nos separábamos.
Y dejé de comprar y buscar libros. Y hasta tuve una aventura con V. W. Con Las Olas. Y la disfruté aunque no me enamoré como aquella tarde que vi mi espíritu en S. Thala. Ya no la amaba y no podría volver a amarla. Y ella no me amaba más. Y no lo sabíamos, ninguno sabíamos que la ruptura había sucedido. Como siempre.
Y el olvido y el desiterés fueron tales que su nombre no salía de mis labios. Nunca. Casi nunca. Y volví a comprar algunos libros y quise leerlos. De verdad quise leerlos. Y no pude, no pude terminarlos. El amor asfixiante en el que ella y yo estábamos metidos había desaparecido. Algo, alguien, algunos había, habían, habíamos terminado con todo. Aurelia Steiner era el punto final. Los años terminaban ahí.
Y el olvido se prolongó aunque algunos aún la comentaban conmigo, aunque a veces yo revivía la crudeza de Emily L. No más. Y un día viajé a París. Y un día, en París, recibí un correo que llegó varios años retrasado. Y el correo decía: cuatro películas de Marguerite Duras. Cuatro películas que yo hubiera querido ver cinco años atrás. Y busque el cine. Y me abrigué. Y superé el miedo de los primeros días. Y salí a buscarla, a tratar de darle gusto a un muerto del que no me había enterado. Y llegué tarde la primera vez. Y vi tres películas. Y no me gustaron. Y vi dos entrevistas. Y vi un documental. Todo era falso. Falso como ella. Me había mentido. Nos había mentido. Ella quería vivir públicamente con la profundidad de sus textos. Y en ese acto se mataba y lo mataba todo. Porque no se puede vivir así, sólo se puede morir así. Sólo se debe morir así. Era una figura pública que utilizaba su magnífico estilo para ser una figura pública. Su angustia se había vuelto un producto. Suicida. Exceso tras exceso sus películas me durmieron. Más de una vez dormí y desperté. Y no vi nada. Excesos. Si Sade no era sádico ¿por qué ella tendría que ser un libro suyo? No vi la cuarta película.
No vi la cuarta película. Bebí una cerveza en cualquier lugar. En París. En el México que cargo -quizá. Con alguien más. Sin ella. Olvidado de ella. Su camino. Mi camino. Nunca más nuestro camino. Quizá dejé de ser sensible. Tal vez me he vuelto viejo y he perdido la capidad de ser niño. Quizá yo mismo cerré la puerta a estar con ella, cerca de ella, en ella. Quizá es sólo que empobrecí. Esa es la única salida. No se puede amar eternamente lo mismo. Sería asesinarlo. Mi camino es sin ella.
Seduce -Marguerite- a otros. Róbales el espíritu como a mi. Y deja que lo recuperen. Y prolongate hasta el infinito. A la eternidad de un misterio que develas: que todo, hasta tú, es una farsa.
Saturday, March 20, 2010
Diario de campo 33 - futbol
Después de mi vergonzosa lesión terminé sentado en un comedor con un español y un argentino hablando nada más y nada menos que de futbol y qué bien se siente che escuchar que Puyol es fundamental en un campeonato del mundo que huele cercano para el mejor equipo del mundo hoy por hoy y que Maradona es un imbécil...
Ni hablar, yo no tuve mucho que decir, hoy tenemos al Bofo de nuevo.
Ni hablar, yo no tuve mucho que decir, hoy tenemos al Bofo de nuevo.
Diario de campo 32 - 9 - 0
Ni cómo decir nada, la Vikinga bien, Danja y la sueca de fábula, recortando, pasando, tirando, casi dos goles. Cristina una gran defensora y es la media cancha que necesitábamos; esta vez todo el equio hizo lo propio, Lukas bien en la recuperación; sin embargo, hice mi gracia, en el calentamiento me contracturé el muslo derecho, jugué la portería pero recibí ocho goles, la mitad por no poder correr por el balón.
Me siento avergonzado con mi equipo y lamento haberme lesionado. Quizá ya no pueda jugar más. Como vil mexicano lo eché a perder.
Me siento avergonzado con mi equipo y lamento haberme lesionado. Quizá ya no pueda jugar más. Como vil mexicano lo eché a perder.
Thursday, March 18, 2010
Diario de campo 31 - Por fin
Llevamos tres días sin frío, he caminado por las calles de París para constatarlo y de primera mano lo digo: Ya no necesitamos abrigo.
Un poquito de política
No sé -después de leer un poco- a quién odio más, a Felipe Calderón o cada persona que en verdad tachó su nombre en una boleta electoral; no porque se deba su triunfo a esos bultos sin conciencia que votaron, sabemos que ningún voto cuenta en México, sino porque en verdad tuvieron la bestialidad de pensar en eso como un presidente... Los odio, a cada uno de ellos, los odio y les deseo miseria, de la peor miseria: la esclavitud.
Saturday, March 13, 2010
Diario de campo 30 - Gol
Por fin el primer día y el primer partido de nuestro campeonato interno. Los tres refuerzos estaban an la sala de espera a penas unos minutos después de mi. Lukas estaba emocionado e incluso traía unas hojitas con la cancha marcada para ordenar al equipo. Ahí estaba yo, sentado entre cinco chicas rubias de ojos azules que a penas pueden pronunciar la r de mi nombre. El director técnico un bon mec estaba de pie dando instrucciones en francés, inglés y alemán para dejar bien claro todo para todos. Nuestro portero llegó un poco tarde: Alejandro, un español bastante alto pero idéntico al estereotipo del español joven, tarde pero con ganas.
Las posiciones estaban repartidas, la mía era defensa central, el único, con mi estatura menor al promedio mexicano e infinitamente menor al promedio europeo, era el único en esa zona, tenía que echarme en hombros al equipo. La petite vikinga jugaría por derecha y Danja, la suiza, por izquierda, una flaquita y la otra chiquita, pero ¿qué podía pasar? es la cité universitaire, seguro todos los equipos estarían igual, mixtos.
Salimos al campo, como buenos suizos, puntuales y antes que todos los demás. Jugamos a entrenar y a colocarnos en posición. Si fuera una película gringa seríamos ese equipo que protagoniza con sus constantes derrotas y sus historias de amistad y esperanza: nuestro portero estaba enfermo, el defensa central (que también era el contención), es decir, yo, no tenía condición para correr los cuarenta minutos del partido y todas las chicas son flaquitas excepto la vikinga que sólo es chiquita. Lukas es alto pero delgado, y finalmente nuestra Cuau que estaba muerta de borracha en su cuarto y que no jugó; así pues, el suizo capitán y director técnico hizo los trámites necesarios y todo estaba listo para el juego.
Platicábamos en la entrada (o ellos lo hacían, yo hablo poco) cuando vemos llegar a un grupo de al rededor de diez jugadores con un par de balones, a penas un poco más altos que yo pero todos fuertes, de piernas gruesas y bastante atléticos: aterrador. Se presentaron mientras decían salut, eran Portugal, afortunadamente no teníamos que jugar contra ellos. Minutos después, mientras calentábamos aparecieron nuestros rivales: la maison internationale, o sea, otro combinado como el nuestro, con la diferencia que ellos eran todos hombres y, en su mayoría, mucho más altos que los de Portugal.
Breve descripción de los rivales: altos, incluían africanos que corrían como pinches caballos, corpulentos, ordenados y fuertes. Su equipo, a diferencia del nuestro, tenía uniformes, tacos, espinilleras y un par de balones para entrenar.
Después de ver a nuestras chicas y saludar a Lukas, el juego estaba por comenzar. El hombre que llevaba el marcador y el tiempo (que no era árbitro porque no cumplia otra función) grito: monsieurs y madmoiselles on va commencer y el juego empezó. Nustro portero se veía verdaderamente enfermo y recibió un gol a los segundos de haber sacado el balón, gol que respondimos inmediatamente con una jugada entre Lukas y Andrea que termino en un tiro razo al fondo de la portería uno uno el marcador. Después de eso cuatro más en contra; cinco contra uno en la primera mitad. El portero tenía fiebre y Simona estaba roja como jitomate, Danja y su compañera en la izquierda corrían pero los dos chicos negros jugaban por ahí y siempre corrían más que ellas. Yo, en lo personal paré algunas bolas y estorbé cuanto pude pero cada vez que cubría a uno, dos más salían a los costados y Simona estaba deshecha. Ocho goles más en contra, la mayoría entró por la fiebre evidente del portero. Tontamente luché por un balón perdido y rompí mis lentes que olvidé dejar en algún otro lugar. Perdimos y ganamos.
El equipo contrario, al que le ganamos porque en nuestro equipo al menos todas las chicas son bonitas, se despidió de nostros no sin hacer comentarios sobre los mixto de nuestro equipo y se retiraron. Nostros charlamos un poco y Lukas se remotivó bastante e incitó a ganar el próximo partido, sin emabrgo nos dijeron que las otras dos casas son igualmente fuertes (ahora es cuando en la película aparece una niña o un negro o un latinoamericano que se encarga de todo el equipo y nos lleva al campeonato).
Un poco antes de partir aparecieron un par de chicos morenos con playera amarilla, luego dos o tres más y luego una decena. Todos lo sabíamos, eran Brasil. Alejandro dijo "con el puro nombre tiemblan las piernas" y cómo no si la mitad eran Ronaldinhos y la otra mitad Kakás. Sus chicas, porque llevaban chicas no sé si a jugar o sólo a ver, eran impresionantes, morenas, físicamente impecables, guapas, amazonas totalmente. El aspecto físico de los chicos era fuerte y hasta se les veía el cristo ese brasileño cubriéndolos a todos, titanes. No hay mucho más que decir, una vez adentro -todos con esa playera amarilla con esa benderita verde que caracteriza a esos equipos- el carnaval comenzó. No quedaba más, Suiza se divierte, ellos están donde los dioses, así qué: ¡allez Vikingos! on va jouir.
Las posiciones estaban repartidas, la mía era defensa central, el único, con mi estatura menor al promedio mexicano e infinitamente menor al promedio europeo, era el único en esa zona, tenía que echarme en hombros al equipo. La petite vikinga jugaría por derecha y Danja, la suiza, por izquierda, una flaquita y la otra chiquita, pero ¿qué podía pasar? es la cité universitaire, seguro todos los equipos estarían igual, mixtos.
Salimos al campo, como buenos suizos, puntuales y antes que todos los demás. Jugamos a entrenar y a colocarnos en posición. Si fuera una película gringa seríamos ese equipo que protagoniza con sus constantes derrotas y sus historias de amistad y esperanza: nuestro portero estaba enfermo, el defensa central (que también era el contención), es decir, yo, no tenía condición para correr los cuarenta minutos del partido y todas las chicas son flaquitas excepto la vikinga que sólo es chiquita. Lukas es alto pero delgado, y finalmente nuestra Cuau que estaba muerta de borracha en su cuarto y que no jugó; así pues, el suizo capitán y director técnico hizo los trámites necesarios y todo estaba listo para el juego.
Platicábamos en la entrada (o ellos lo hacían, yo hablo poco) cuando vemos llegar a un grupo de al rededor de diez jugadores con un par de balones, a penas un poco más altos que yo pero todos fuertes, de piernas gruesas y bastante atléticos: aterrador. Se presentaron mientras decían salut, eran Portugal, afortunadamente no teníamos que jugar contra ellos. Minutos después, mientras calentábamos aparecieron nuestros rivales: la maison internationale, o sea, otro combinado como el nuestro, con la diferencia que ellos eran todos hombres y, en su mayoría, mucho más altos que los de Portugal.
Breve descripción de los rivales: altos, incluían africanos que corrían como pinches caballos, corpulentos, ordenados y fuertes. Su equipo, a diferencia del nuestro, tenía uniformes, tacos, espinilleras y un par de balones para entrenar.
Después de ver a nuestras chicas y saludar a Lukas, el juego estaba por comenzar. El hombre que llevaba el marcador y el tiempo (que no era árbitro porque no cumplia otra función) grito: monsieurs y madmoiselles on va commencer y el juego empezó. Nustro portero se veía verdaderamente enfermo y recibió un gol a los segundos de haber sacado el balón, gol que respondimos inmediatamente con una jugada entre Lukas y Andrea que termino en un tiro razo al fondo de la portería uno uno el marcador. Después de eso cuatro más en contra; cinco contra uno en la primera mitad. El portero tenía fiebre y Simona estaba roja como jitomate, Danja y su compañera en la izquierda corrían pero los dos chicos negros jugaban por ahí y siempre corrían más que ellas. Yo, en lo personal paré algunas bolas y estorbé cuanto pude pero cada vez que cubría a uno, dos más salían a los costados y Simona estaba deshecha. Ocho goles más en contra, la mayoría entró por la fiebre evidente del portero. Tontamente luché por un balón perdido y rompí mis lentes que olvidé dejar en algún otro lugar. Perdimos y ganamos.
El equipo contrario, al que le ganamos porque en nuestro equipo al menos todas las chicas son bonitas, se despidió de nostros no sin hacer comentarios sobre los mixto de nuestro equipo y se retiraron. Nostros charlamos un poco y Lukas se remotivó bastante e incitó a ganar el próximo partido, sin emabrgo nos dijeron que las otras dos casas son igualmente fuertes (ahora es cuando en la película aparece una niña o un negro o un latinoamericano que se encarga de todo el equipo y nos lleva al campeonato).
Un poco antes de partir aparecieron un par de chicos morenos con playera amarilla, luego dos o tres más y luego una decena. Todos lo sabíamos, eran Brasil. Alejandro dijo "con el puro nombre tiemblan las piernas" y cómo no si la mitad eran Ronaldinhos y la otra mitad Kakás. Sus chicas, porque llevaban chicas no sé si a jugar o sólo a ver, eran impresionantes, morenas, físicamente impecables, guapas, amazonas totalmente. El aspecto físico de los chicos era fuerte y hasta se les veía el cristo ese brasileño cubriéndolos a todos, titanes. No hay mucho más que decir, una vez adentro -todos con esa playera amarilla con esa benderita verde que caracteriza a esos equipos- el carnaval comenzó. No quedaba más, Suiza se divierte, ellos están donde los dioses, así qué: ¡allez Vikingos! on va jouir.
Thursday, March 11, 2010
Diario de campo 29 - futbol
Felizmente he entrenado con mi equipo de futbol. Siempre me ha tocado jugar futbol con el equipo que pierde, el de los freaks, el de los olvidados, el de si no juegan pierden dos puntos en educación físca y se van a final, el de los que llevan diez años sin tocar un balón (¡y sin usar unos tenis!) y en esta ocasión el de la casa de Suiza, compuesto por tres chicos y cuatro chicas: español, suizo, suiza, suiza, alemana, mexicano, griega. Felizmente siete, el mínimo para jugar son seis, así que si jugamos todos no tendremos un sólo cambio. Primer partido contra otro combinado del mundo de una casa que, por lo menos, duplica la cantidad de gente que vive aquí y sin máximo de cambios creo que tenemos un trabajo difícil.
Felizmente me pidieron que hiciera un tiro de esquina, por derecha, a unos metros de la portería: lo hice impecable, lo que nunca y ahora soy el cobrador oficial de tiros de esquina. En el entrenamiento meti un gol y no me caí una sola vez, jugué de mezclilla (espero esté bien escrito) y mostré la pobreza de los mexicanos porque todos venían bien bonitos con sus pants y tenis y hasta agua. Entrenemos cinco, tres chicas, Lucas -el suizo- y yo; todas ellas se sentían pésimas jugadoras y aún así jugaban mejor que yo, Danja, una suiza de mi estatura tiene un control de balón que ya quisiera rf y Christina, de tierras socráticas, sabe marcar como cualquier contención de barrio. Pero la sensación fue Simona, una vikinga "a escala", debe medir un metro con cincuenta centímetros, es pequeñita pequeñita pero ella quiere que nos llamemos "Las Vikingas" y yo apoyo. Pues la pequeñita alemana tiene una pegada impresionante, metió cualquier cantidad de goles en el entrenamiento y si voló aloguna pelota, en todo caso se quejó porque sabía que podía haberlo hecho mejor; juega muy bien y de verdad que un taponcito güerito de ese tamaño se ve cagadísimo jugando y gritando como vikingo y metiendo goles como en el barrio.
Finalmente destaco que lucas tiene control de balón, yo no me cansé y creo que la contensión sigue siendo mi opción y Christina paró una bola en seco con la cola como nuestro Cuau con una sonrisa de "miren putos". Como equipo fuimos malísimos, cuando jugué con Simona tardamos horas en meter un gol y no puse un sólo pase preciso en todo el tiempo, ni ellos, así que con un equipo de mediano a bajo perderemos por humillación, pero estoy seguro que nos vamos a divertir muchísimo. Como siempre juego en el peor equipo pero en un equipo que no va a lamentar la derrota porque lo que quiere es jugar, así que alegremente digo: Qué bueno que juego para la fundación Suiza.
Felizmente me pidieron que hiciera un tiro de esquina, por derecha, a unos metros de la portería: lo hice impecable, lo que nunca y ahora soy el cobrador oficial de tiros de esquina. En el entrenamiento meti un gol y no me caí una sola vez, jugué de mezclilla (espero esté bien escrito) y mostré la pobreza de los mexicanos porque todos venían bien bonitos con sus pants y tenis y hasta agua. Entrenemos cinco, tres chicas, Lucas -el suizo- y yo; todas ellas se sentían pésimas jugadoras y aún así jugaban mejor que yo, Danja, una suiza de mi estatura tiene un control de balón que ya quisiera rf y Christina, de tierras socráticas, sabe marcar como cualquier contención de barrio. Pero la sensación fue Simona, una vikinga "a escala", debe medir un metro con cincuenta centímetros, es pequeñita pequeñita pero ella quiere que nos llamemos "Las Vikingas" y yo apoyo. Pues la pequeñita alemana tiene una pegada impresionante, metió cualquier cantidad de goles en el entrenamiento y si voló aloguna pelota, en todo caso se quejó porque sabía que podía haberlo hecho mejor; juega muy bien y de verdad que un taponcito güerito de ese tamaño se ve cagadísimo jugando y gritando como vikingo y metiendo goles como en el barrio.
Finalmente destaco que lucas tiene control de balón, yo no me cansé y creo que la contensión sigue siendo mi opción y Christina paró una bola en seco con la cola como nuestro Cuau con una sonrisa de "miren putos". Como equipo fuimos malísimos, cuando jugué con Simona tardamos horas en meter un gol y no puse un sólo pase preciso en todo el tiempo, ni ellos, así que con un equipo de mediano a bajo perderemos por humillación, pero estoy seguro que nos vamos a divertir muchísimo. Como siempre juego en el peor equipo pero en un equipo que no va a lamentar la derrota porque lo que quiere es jugar, así que alegremente digo: Qué bueno que juego para la fundación Suiza.
Wednesday, March 10, 2010
Monday, March 08, 2010
Diario de campo 28 - Jesus... and Mary Chain
Cuando salí de México el grupo que más escuchaba era Jesus and Mary Chain, no sé por qué si es más bien un grupo de adolescencia que ni siquera me gustaba de adolescente. De las pocas cosas que me podían tener contento en los días previos a la partida y el día mismo de salir de casa era que podía seguir escuchando diariamente a ese grupo. Pero no lo hice, desde que llegué a París no había escuchado una sola canción del ellos hasta hoy, hoy que me invade un dolor viejo, pesado, asfixiante, un dolor del que quizá debo deshacerme ya.
Diario de campo 27 (bis)
Sólo para expresar un poco mejor la idea. A veces no soporto que se me juzgue tan rápido y con tanto prejuicio. Yo soy el primero en defender el estilo por sobre la técnica: Syd Barret no tocaba la guitarrra mejor que yo (que no toco más que dos o tres posiciones) e hizo The piper at the gates of dawn y a Pink Floyd. Pero sí vale la pena aclarar que también cuando uno escucha a Primus el virtuosismo también está presente y es un buen grupo, que Gilmour tiene un talento excepcional y una manera de tocar tan propia que no podríamos llamarla técnica y que cuando digo que me encontré con uno de los mejores contrabajistas que he visto jamás hablo con estos elementos; es decir, no me duermo con cualquier Pastorius nomás porque mueve rápido los dedos, digo que en verdad vi a un hombre excepcional en el instrumento y que lo disfrutaba horrores.
No veo porque tomar como si fueran dos cosas diferentes técnica y estilo, como si la escuela no sirviera para nada y como si todo el conocimiento estuviera en los libros. Y, perdón, pero un poco de técnica es lo que aprendieron ustedes para poder tocar la guitarra como la tocan... sostengo lo dicho, quiero aprender a tocar el contrabajo.
No veo porque tomar como si fueran dos cosas diferentes técnica y estilo, como si la escuela no sirviera para nada y como si todo el conocimiento estuviera en los libros. Y, perdón, pero un poco de técnica es lo que aprendieron ustedes para poder tocar la guitarra como la tocan... sostengo lo dicho, quiero aprender a tocar el contrabajo.
Saturday, March 06, 2010
Diario de campo 27 - Yorfela
No vuelvo a decir que toco el bajo jamás y no vuelvo a decir que he tocado el contrabajo alguna vez. Ayer vi a un grupo de bossanova en un pequeñito lugar carísimo en el sur de París, el contrabajista, un colombiano de cabello largo y gris, gris como el cabello cano de los latinoamericanos morenos. Su contrabajo era particularmente ancho, café claro, casi parecía sin barniz, rematado con unas gruesas cuerdas de metal. Cuando el grupo comenzó a tocar tuve el shock más grande desde que llegué a esta ciudad; el tipo tocaba impresionante, con una técnica impecable y una velocidad que hacía casi imperceptible el movimiento de algunos de sus dedos. El uso del arco y la combinación dedos-arco en algunas canciones le daban un toque de fuerza que me dejó impactado.
Después supe que era colombiano, después supe que era músico de orquesta y que tenía un grupo de tango con su esposa y que llevaba sólo veintitrés años de tocar el instrumento. Yo llevo dieciseis de tocar el bajo eléctrico sin alcanzar la mitad de la técnica que ese hombre mostró. Lo que me lleva a una conclusión: con la pasión no basta para tocar un instrumento, hay técnica y cosas que alguien más podría enseñar. Es cierto que el gusto no se enseña y el estilo es algo que se construye después de algunos años de buscar lo que falta en ese mundo en particular que ha capturado el espíritu de un hombre, pero creo que en México debo comprar un contrabajo y meterme a clases.
Segunda y principal conclusión: silencio, ojos abiertos, oídos atentos, eres joven, muy joven, escucha y calla, hoy no estás autorizado a decir...
Después supe que era colombiano, después supe que era músico de orquesta y que tenía un grupo de tango con su esposa y que llevaba sólo veintitrés años de tocar el instrumento. Yo llevo dieciseis de tocar el bajo eléctrico sin alcanzar la mitad de la técnica que ese hombre mostró. Lo que me lleva a una conclusión: con la pasión no basta para tocar un instrumento, hay técnica y cosas que alguien más podría enseñar. Es cierto que el gusto no se enseña y el estilo es algo que se construye después de algunos años de buscar lo que falta en ese mundo en particular que ha capturado el espíritu de un hombre, pero creo que en México debo comprar un contrabajo y meterme a clases.
Segunda y principal conclusión: silencio, ojos abiertos, oídos atentos, eres joven, muy joven, escucha y calla, hoy no estás autorizado a decir...
Wednesday, March 03, 2010
Diario de campo 26 - Calendario
Suiza - Líbano
Suiza - Alemania
Suiza - Resto del mundo
Cada sábado a partir del segundo de marzo. Torneo interno de la Cité Universitaire.
Suiza - Alemania
Suiza - Resto del mundo
Cada sábado a partir del segundo de marzo. Torneo interno de la Cité Universitaire.
Monday, March 01, 2010
Diario de campo 25 - Mirada
No sé por qué no había relatado esto antes.
Hace unos días me subí al metro hacia la institución en la que hago mi investigación; como siempre soy yo quien mira. Me gusta mirar, soy un mirón de chicas y las europeas son tan guapas que las miro a todas, pero también me gusta mirar a la demás gente, a los adultos, a los ancianos, a aquellos que parecen fuera de lugar, a los jóvenes, a los que canta, a los niños, principalmente a los niños, me encanta ver la pureza antes de que los vicios sociales hagan su trabajo. Aquí en París me resulta divertido ver que la gente no suele mirar, tienen siempre la mirada en otro lado, sea en un libro o en el suelo, de hecho es muy común ver a la gente tomar pedazos de periódico del suelo y comenzar a leerlos, más allá de si tienen un principio o un fin, si hay un artículo o es sólo un anuncio promocional, la gente aparenta leerlos, yo pienso que sólo tratan de no usar la mirada en los demás.
Pues ese día me subí al metro, mirón como siempre, me recargué en un costado, conté las estaciones que faltaban para llegar y comencé a mirar el interior del vagón. Como siempre chicas muy guapas, señoras muy elegantes, muchos negros gigantes y alguno que otro anciano -hay muchos en París. De pronto mi ojos se ven forzados a detenerse en un hombre. Sentado enfrente de mí, con un par de ojos muy grandes fijos en mi rostro, lo vi, sonreí, no cambió su expresión. Su mirada era seria, pesada, seca, pero fija, atenta, tanto que me incomodó y mejor me puse a ver otra cosa. Pero su mirada siguió atenta, fija, hablaba con su vecino (del que ya no recuerdo si era hombre o mujer) y miraba, me miraba. No importa hacia donde dirigiera mi mirada, el peso de la suya era mayor y siempre que volteaba él estaba mirándome como si viera adentro de mi, como si supiera de mi más que yo mismo, como si leyera cada pensamiento de los que ahora se hacían suyos.
Tres o cuatro estaciones debemos haber marchado juntos, cada una más incómoda que la anterior, llenas de mirada y de misterio, llenas de ese hombre sentado que hablaba con el otro (quizá sí, era hombre el otro) y llenas del vacío que me provocaba a cada instante. Y de pronto llegamos a su estación, él descendía ahí, comentó algo con el otro que no lo acompañó y que quizá no venía con él y sin quitar su mirada de mi notoriamente angustiado rostro, desplegó un bastón plateado, se levantó, comenzó a tantear el piso y cautelosamente descendió del vagón en completo silencio...
Hace unos días me subí al metro hacia la institución en la que hago mi investigación; como siempre soy yo quien mira. Me gusta mirar, soy un mirón de chicas y las europeas son tan guapas que las miro a todas, pero también me gusta mirar a la demás gente, a los adultos, a los ancianos, a aquellos que parecen fuera de lugar, a los jóvenes, a los que canta, a los niños, principalmente a los niños, me encanta ver la pureza antes de que los vicios sociales hagan su trabajo. Aquí en París me resulta divertido ver que la gente no suele mirar, tienen siempre la mirada en otro lado, sea en un libro o en el suelo, de hecho es muy común ver a la gente tomar pedazos de periódico del suelo y comenzar a leerlos, más allá de si tienen un principio o un fin, si hay un artículo o es sólo un anuncio promocional, la gente aparenta leerlos, yo pienso que sólo tratan de no usar la mirada en los demás.
Pues ese día me subí al metro, mirón como siempre, me recargué en un costado, conté las estaciones que faltaban para llegar y comencé a mirar el interior del vagón. Como siempre chicas muy guapas, señoras muy elegantes, muchos negros gigantes y alguno que otro anciano -hay muchos en París. De pronto mi ojos se ven forzados a detenerse en un hombre. Sentado enfrente de mí, con un par de ojos muy grandes fijos en mi rostro, lo vi, sonreí, no cambió su expresión. Su mirada era seria, pesada, seca, pero fija, atenta, tanto que me incomodó y mejor me puse a ver otra cosa. Pero su mirada siguió atenta, fija, hablaba con su vecino (del que ya no recuerdo si era hombre o mujer) y miraba, me miraba. No importa hacia donde dirigiera mi mirada, el peso de la suya era mayor y siempre que volteaba él estaba mirándome como si viera adentro de mi, como si supiera de mi más que yo mismo, como si leyera cada pensamiento de los que ahora se hacían suyos.
Tres o cuatro estaciones debemos haber marchado juntos, cada una más incómoda que la anterior, llenas de mirada y de misterio, llenas de ese hombre sentado que hablaba con el otro (quizá sí, era hombre el otro) y llenas del vacío que me provocaba a cada instante. Y de pronto llegamos a su estación, él descendía ahí, comentó algo con el otro que no lo acompañó y que quizá no venía con él y sin quitar su mirada de mi notoriamente angustiado rostro, desplegó un bastón plateado, se levantó, comenzó a tantear el piso y cautelosamente descendió del vagón en completo silencio...
Saturday, February 27, 2010
Friday, February 26, 2010
A serious man
Tú dices misterio, quizá misterio que no se resuleve. Yo digo desolación, eso me provocó.
Diario de campo 22 - Disculpe usted, supongo que señor ibérico
Espero que se vuelva usted a parar por aquí uno de estos días. Debo reconocer que admirablemente su comment me ha hecho dedicarle un post aunque no suelo gastar tiempo en responder ciertas hostilidades, así que bien por su éxito, no será repetido.
Si es usted ibérico -como aparenta su falta de x en México y sus conjugaciones, creo que muy cerca de eso que yo conozco como primer mundo no está, pero no es mi intención hablar de un país que ni siquiera conozco. Más bien quisiera puntualizar un par de cosas. Si he hablado con asistencia de la razón en estas páginas y usted se asegura europeo, entoncs usted no tiene idea de lo que es américa latina, usted no sabe y está absolutamente incapacitado para saber de qué se trata nuestra vida en eso que amablemente llamó subdesarrollo. Así, hablar de miseria del mexicano es utilizar una palabra que no puede colocar en un contexto sólido.
Digamos las cosas paso a paso porque parece que a usted le gustan los detalles: si usted fuera un poco entendido en pensamiento de mediana filosofía, es decir, cercano a las ciencias humanas, estaría de acuerdo con la idea de que discursivamente nos separa una distancia muy grande, en términos más científicos, estamos diacrónicamente constituidos como dos esferas discursivas distintas, lo mismo que usted y un francés cuya única liga es la económica y que, curiosamente, está por llevar a España al mismo lugar que fue llevada Grecia. Por lo tanto, sólo un mexicano podría hablar de miseria del mexicano porque somos nostros los que hemos tenido el hambre de igualdad social que no ha llegado a doscientos años de independencia u cien de revolución; sólo nosotros sabemos lo que es saber secuestrados a nuestros padres, a nuestros hijos por una ambición que le debemos a una pobre imitación de los países capitalistas como las fuertes naciones europeas o incluso como los Estados Unidos. Nostros, los mexicanos sabemos lo que es tener suleo fértil y pobreza para trabajarlo y también sabemos lo que es tener dinero para trabajar la tierra y ver a los hombres tirar esas oportunidades a la basura por ambicions momentaneas. Nostros podemos decir miseria porque hemos despertado un domingo y salido a la calle a votar por un mejor día de mañana y hemos visto al anochecer de ese mismo día como los medios se burlan de nostros imponiendo, bajo criterios de obejtividad misteriosos, la mano fuerte y poderosa de un grupo ambicioso que no deja de venderle el país a cualquiera que pague por él (y nosotros los mexicanos no podemos hacerlo. Por cierto, la inversión sobre nuestro petróleo venía de España). Estos miserables mexicanos somos los que hemos visto a familiares morir en hospitales de pésima calidad por actos de mera negligencia y hemos visto a hombres terribles darse unos años más en la vida porque son capaces de pagar para no tener que esperar un donador de órganos compatible.
Señor Anónimo, disculpe que le llame así, pero es que usted no ha puesto nombre, usted no puede hablar de nosotros porque usted ignora y no puede conocer la vida qu ellevamos, porque si usted se para en México, estará en un país que no es el nuestro sino el de los visitantes y ese es uno muy distinto.
Y por cierto, debo mencionar que la revolución tampoco salió bien en el primer mundo, el asunto del capital se los sigue comiendo y va a terminar por asesinarlos, pero debo reconocer que permitió -no en todos lados- el nacimiento de la cumbre del pensamiento occidental, Heidegger o Hegel quisiera decir, pero para qué. Pero también la vejez que caracteriza al mismo pensamiento. Sin embargo, la revolución por la que clamo yo y quizá algunos junto a mi y más allá de mi y muchos más sin mi, es una revolución de la que usted no puede tener consciencia, es la revolución que decapite nuestros reyes y acabe con nuestros amos: los modelos capitalistas. Revolución que se construye en un hartazgo al que yo lamento que no hayamos llegado. Revolución sin armas -si usted quiere- pero con acciones. Revolución construida sobre una solidaridad que aún no podemos crear pero que cada noche soñamos con saborear. Una revolución -señor- que mate a nuestro padre cristiano para siempre y nos deje en la soledad que necesitamos para madurar. Ese es mi sueño y lo persigo día y noche.
Lamento decirle que usted no tiene derecho a hablar de la miseria de mi gente y mucho menos de la mía porque ella la vivo yo, en mi corazón cada día, en mi espíritu cada instante y tiene más que ver con la sequedad de la existencia, con la imposibildad de la presencia y con ese vacío que agujera el infinito y con él las certezas y la calma del que no duda. Mi miseria no es una miseria nacionalista, ese es sólo el dolor del hijo que no reencuentra el hogar en el que quizá nunca vivió. Mi dolor es otro, es algo que quizá usted no alcance a entender porque a veces ni yo lo entiendo, pero cómo se siente en su Cervantes o en Goethe y en Nietzsche (aquí es donde viene la corrección ortográfica) y cómo se siente en nuestro Gorostiza o en el Borges argentino y cómo huele en la Historia de la sexualidad o en el seminario Disolución, pero qué esfuerzo si usted se detiene a comentar un texto inútil publicado en una página infantil de un universo casi ten virtual como el sueño de un manjar característico del primer mundo; supongo que usted no es quizá lector de algunos de estos y que quizá pueda usted enlistarme un centenar de obras que sí ha usted leído (dejando en claro que leer no es siempre leer).
Es pues ésta mi respuesta a un comentario sin mayor fundamento que una emoción llena de ignorancia. En mi país yo pienso y acá pienso aunque trato de no hacerlo y en mi país yo sufro y -creame- es usted muy pobre al leer que me quejo de la vida, cuando mi vida ha sido fácil, tranquila, quizá casi regalada; no me quejo de la vida, me quejo de no vivir en un mundo mejor aunque está en las manos de cada uno hacerlo así. Me quejo de la falta de ímpetu que tienen mis compatrotas y de los prejuicios como el suyo que comienzan por hablar de la miseria del mexicano, precisamente hablando jactancioasamente en un blog que leen cuatro personas (con usted cinco). Y me quejo de los días que desperdicio respondiendo comentarios que no tiene mayor caso contestar.
Pobre aquel que vive pobre y pobre aquel que vive rico, los demás son los que caben en el mundo.
NO CORRIJO, MUERO DE SUEÑO
Si es usted ibérico -como aparenta su falta de x en México y sus conjugaciones, creo que muy cerca de eso que yo conozco como primer mundo no está, pero no es mi intención hablar de un país que ni siquiera conozco. Más bien quisiera puntualizar un par de cosas. Si he hablado con asistencia de la razón en estas páginas y usted se asegura europeo, entoncs usted no tiene idea de lo que es américa latina, usted no sabe y está absolutamente incapacitado para saber de qué se trata nuestra vida en eso que amablemente llamó subdesarrollo. Así, hablar de miseria del mexicano es utilizar una palabra que no puede colocar en un contexto sólido.
Digamos las cosas paso a paso porque parece que a usted le gustan los detalles: si usted fuera un poco entendido en pensamiento de mediana filosofía, es decir, cercano a las ciencias humanas, estaría de acuerdo con la idea de que discursivamente nos separa una distancia muy grande, en términos más científicos, estamos diacrónicamente constituidos como dos esferas discursivas distintas, lo mismo que usted y un francés cuya única liga es la económica y que, curiosamente, está por llevar a España al mismo lugar que fue llevada Grecia. Por lo tanto, sólo un mexicano podría hablar de miseria del mexicano porque somos nostros los que hemos tenido el hambre de igualdad social que no ha llegado a doscientos años de independencia u cien de revolución; sólo nosotros sabemos lo que es saber secuestrados a nuestros padres, a nuestros hijos por una ambición que le debemos a una pobre imitación de los países capitalistas como las fuertes naciones europeas o incluso como los Estados Unidos. Nostros, los mexicanos sabemos lo que es tener suleo fértil y pobreza para trabajarlo y también sabemos lo que es tener dinero para trabajar la tierra y ver a los hombres tirar esas oportunidades a la basura por ambicions momentaneas. Nostros podemos decir miseria porque hemos despertado un domingo y salido a la calle a votar por un mejor día de mañana y hemos visto al anochecer de ese mismo día como los medios se burlan de nostros imponiendo, bajo criterios de obejtividad misteriosos, la mano fuerte y poderosa de un grupo ambicioso que no deja de venderle el país a cualquiera que pague por él (y nosotros los mexicanos no podemos hacerlo. Por cierto, la inversión sobre nuestro petróleo venía de España). Estos miserables mexicanos somos los que hemos visto a familiares morir en hospitales de pésima calidad por actos de mera negligencia y hemos visto a hombres terribles darse unos años más en la vida porque son capaces de pagar para no tener que esperar un donador de órganos compatible.
Señor Anónimo, disculpe que le llame así, pero es que usted no ha puesto nombre, usted no puede hablar de nosotros porque usted ignora y no puede conocer la vida qu ellevamos, porque si usted se para en México, estará en un país que no es el nuestro sino el de los visitantes y ese es uno muy distinto.
Y por cierto, debo mencionar que la revolución tampoco salió bien en el primer mundo, el asunto del capital se los sigue comiendo y va a terminar por asesinarlos, pero debo reconocer que permitió -no en todos lados- el nacimiento de la cumbre del pensamiento occidental, Heidegger o Hegel quisiera decir, pero para qué. Pero también la vejez que caracteriza al mismo pensamiento. Sin embargo, la revolución por la que clamo yo y quizá algunos junto a mi y más allá de mi y muchos más sin mi, es una revolución de la que usted no puede tener consciencia, es la revolución que decapite nuestros reyes y acabe con nuestros amos: los modelos capitalistas. Revolución que se construye en un hartazgo al que yo lamento que no hayamos llegado. Revolución sin armas -si usted quiere- pero con acciones. Revolución construida sobre una solidaridad que aún no podemos crear pero que cada noche soñamos con saborear. Una revolución -señor- que mate a nuestro padre cristiano para siempre y nos deje en la soledad que necesitamos para madurar. Ese es mi sueño y lo persigo día y noche.
Lamento decirle que usted no tiene derecho a hablar de la miseria de mi gente y mucho menos de la mía porque ella la vivo yo, en mi corazón cada día, en mi espíritu cada instante y tiene más que ver con la sequedad de la existencia, con la imposibildad de la presencia y con ese vacío que agujera el infinito y con él las certezas y la calma del que no duda. Mi miseria no es una miseria nacionalista, ese es sólo el dolor del hijo que no reencuentra el hogar en el que quizá nunca vivió. Mi dolor es otro, es algo que quizá usted no alcance a entender porque a veces ni yo lo entiendo, pero cómo se siente en su Cervantes o en Goethe y en Nietzsche (aquí es donde viene la corrección ortográfica) y cómo se siente en nuestro Gorostiza o en el Borges argentino y cómo huele en la Historia de la sexualidad o en el seminario Disolución, pero qué esfuerzo si usted se detiene a comentar un texto inútil publicado en una página infantil de un universo casi ten virtual como el sueño de un manjar característico del primer mundo; supongo que usted no es quizá lector de algunos de estos y que quizá pueda usted enlistarme un centenar de obras que sí ha usted leído (dejando en claro que leer no es siempre leer).
Es pues ésta mi respuesta a un comentario sin mayor fundamento que una emoción llena de ignorancia. En mi país yo pienso y acá pienso aunque trato de no hacerlo y en mi país yo sufro y -creame- es usted muy pobre al leer que me quejo de la vida, cuando mi vida ha sido fácil, tranquila, quizá casi regalada; no me quejo de la vida, me quejo de no vivir en un mundo mejor aunque está en las manos de cada uno hacerlo así. Me quejo de la falta de ímpetu que tienen mis compatrotas y de los prejuicios como el suyo que comienzan por hablar de la miseria del mexicano, precisamente hablando jactancioasamente en un blog que leen cuatro personas (con usted cinco). Y me quejo de los días que desperdicio respondiendo comentarios que no tiene mayor caso contestar.
Pobre aquel que vive pobre y pobre aquel que vive rico, los demás son los que caben en el mundo.
NO CORRIJO, MUERO DE SUEÑO
Thursday, February 25, 2010
Entrevista
Amigo, hubiera querido comentar en tu blog pero creo que mejor te dedico unas líneas acá. Debo reconocer que la grandeza que siempre he sospechado en ti no es sólo un pensamiento sino algo que me demuestras cada vez que produces algo que te apasiona (¿te has dado cuenta cómo la televisión ha ensuciado la palabra pasión? Ya me da vergüenza utilizarla). Tu entrevista: maravillosa. Un entrevistador debe ser eso, alguien que interpela al entrevistado, alguien que le dice: "señor usted debe seguir produciendo su obra aquí, en este momento, frente a mi, dígame más, hagamos de su obra una discusión, una enseñanza". Pero para hacer eso hay que conocer la obra y conocer el entorno y acercarse al medio y tú los has hecho bien; años de cine te han llevado muy lejos amigo y creo que tú mismo ignoras la distancia que has tomado. Pero no se trata de hacerte un halago, para eso está la ignorancia de todos aquellos que no puedan decir otra cosa más que "qué maravilloso trabajo haces". Nosotros somos amigos y sabes que este trabajo me enfada más de lo que me gusta porque eres un talento desperdiciado en un canal de televisión, en dieciseis años de sueños que te has esforzado por no concretar y que te has empeñado en achacar a otros. Pero tampoco escribo para decirte lo que seguramente te dices cada día, te escribo porque estoy impactado por la línea cineástica que llevas, has desarrollado un gusto por dejar de contar historias y has empezado a pensar en cómo contarlas y creo que eso es grande, creo que eso se llama revolución y tu país no lo va a notar jamás, necesitas uno con tradición en el cine y Francia, aunque no te guste, es una opción. Es impactante cómo puedes leer en ese hombre la capacidad que has adquirido de observar la dificultad de retratar en el cine lo muerto, no los hombres sino su contexto, su discurso dirían algunos, su historia diría foucaultianamente yo. Es sorprendente cómo has podido decir tantas veces que la dificultad del cine es poder decir de una manera que ya no se usa más o decir de una manera que nunca se ha dicho, quizá incluso no decir sino ejecutar más allá de lo ejecutable y es por eso que tú sí puedes odiar algún cine, el que mata al cine y es por eso que tú sí puedes comentar una película y es por eso que tú sí puedes dormirte en otra (cosa que además no haces porque trabajas en todo momento). Amigo, no es grande la manera en la que hiciste la entrevista, eso es lo menos que debería hacer un buen entrevistador y de esos hay muchos; es grande que hoy seas capaz de una entrevista tan exquisita y capaz de enseñar tanto en unas simples preguntas, porque para los que no sabemos de cine tus preguntas nos han dado una lección, porque produjeron respuestas de un hombre que HACE cine. No sé si te has dado cuenta pero tu entrevista es una gran lección que podría tomar cualquiera que se diga amante del cine y me enorgullece que estés en un punto en el que seas capaz de eso.
Diario de campo 21 - En respuesta
... es más bien que en México soy alguien. En los últimos años he sido demasiado alguien como para poder librarme de mi. Es por eso que vine a París, poco tiempo porque soy un cobarde que no se atrevió a dejar todo atrás por un buen tiempo, pero suficientemente necesitado de dejarme atrás como para tomar un pequeño riesgo: acá no soy absolutamente nadie. Casi nadie me conoce y en donde vivo piensan que llevo algunos días por aquí; soy malísimo en el idioma así que ni siquiera puedo ser un conversador como lo soy en México. Aquí no soy ni psicoanalista (creo que en mi país tampoco, pero de eso trabajo), ni profesor, ni conocido, aquí soy nadie. Pero esto es lo que me gusta, estar en un lugar sin mi, sin pasado, sin futuro, cortado del tiempo, de la línea que me marca, que me sigue y que me lleva; acá no tengo horarios ni obligaciones, salvo hacer los pagos correspondientes del alquiler, el transporte y la comida, pero ese dinero es seguro. Sin embargo, acá soy nadie o quizá el mexicano o el de la habitación 207, jogue como me dicen los franceses, pero nadie más. No soy quien escucha a nadie, quien tiene una cita puntual a las nueve y otra a las cinco y los miércoles toda la tarde; no soy el que está cada sábado en un seminario para el que a veces me da pereza prepararme; no soy el dueño de donde vivo, es más, ni siquiera el que tiende mi cama. No soy más que un poco de viento que pasa invisible ante los ojos de un millar de personas que están tan acostumbradas a los extranjeros que ni mi color ni mi cabello ni nada en mi figura les llama la atención. Me visto como ellos -quizá- me hago invisible, pago mi transporte, bebo poco, aparezco rara vez en la cocina cuando hay mucha gente, me cayo, no opino: la revolución me espera en mi país, aquí no, aquí soy indiferencia para todos, un hombre sin lazo que goza de la extrañeza de todo y de todos, para quien cada suceso es nuevo, feliz, único, maravilloso, excelso. Nadie por unos meses. Sin mi, principalmente sin mi. Por eso vine aquí y por eso no quiero, me niego a hacer práctica clínica en París, no vine a trabajar, no vine a hacerme soporte de otra vida, vine escapando de eso. Vine, vine a callarme, a aprender a guardar silencio, a escuchar, a observar, a aprender. Vine como alumno y no quiero más responsabilidad que la de callar, experiencia que para alguien como yo es demasiado, es un esfuerzo, porque como lo dijo mi hermano algún día "cuando abras la boca ya nadie te podrá callar", pero hoy quiero ser silencio, que sus palabras se hablen en mi y no las mías ahí, que mi voz sea una promesa y no un muro, que mi fuerza aquí no exista, que mi audacia se mantenga en la penumbra. Que hablen, que me hablen, que se hable, que ya tendré una vida para decir, pero poco tiempo -cada vez más poco tiempo- para callar. Que París sea mi escuela y mi silencio mi cuaderno, que mi alma se transforme en sus decires y que regrese nueva a mi país para que un día pueda volver y decir "yo he sido tocado por francia y éste es el resultado". Pero hoy: silencio.
Wednesday, February 24, 2010
Monday, February 22, 2010
Diario de campo 20 - ¿Racismo?
No me agrada que el post que llega a la segunda decena de textos de viaje sea un texto triste, sin embargo hoy ha sido un día un poco gris y supongo que tendré que hablar de ello, así que a falta de amigos o psicoanalista no me queda más que confiarme al único espacio propio que me queda.
La porte est fermé
(no corregiré la ortografía francesa)
No sé si se trata de un asunto de códigos, el hecho es que para ir a un concierto acompañado no sé qué debo hacer, pareciera que a nadie le interesa o que cuando invito a alguien le estuviera ofreciendo droga o sexo, el punto es que no he logrado hacerme acompañar a un concierto. ¿Asunto de códigos? ¿o será que simplemente estoy feo? pero es que ni hombres ni mujeres parecen interesados en esos eventos.
Códigos parece ser la respuesta: si estás en la mesa no le ofrezcas de tu comida al de junto, menos si es chica, ella piensa "cuántas atenciones"; si estás en el metro no le des el paso a un señor que va a salir antes que tú, te verá con ojos de "¿este pinche alien?" y se reirá del estado de minimización al que uno se reduce por un gesto de "cortesía"; mucho menos mires a los ojos de alguien en el transporte público y sonrias, es una estúpida falta de respeto a la intimidad y la respuesta es, casi siempre, hostil. No le digas a tu vecina arquitecto -aunque sea a la única persona a la que le hablas en la casa- "es mi cumpleños, quiero ir a algún lugar un rato, ¿quieres ir?" porque de verdad que le parece una invitación.
Códigos. Hoy me siento tan fuera de todo código que pareciera que no puedo acercarme a una sola persona, que no puedo platicar con nadie, sin parecer anormal. Siento como si la puerta entre todos y yo estuviera completamente cerrada y todos tuvieran una llave menos yo. Aunque debo reconocer que siempre me siento así en el mundo, sólo que en mi propio país le sé más o menos el modo al mundo y, por lo menos, domino el lenguaje a la perfección, tanto que hasta soy chorero.
En fin, hoy estuve durante un par de horas en el metro, con una compañera italiana muy simpática y, principalmente, paciente; intenté hablar en francés, creo que lo logré un poco más pero me pesa demasiado la demás gente, no sé si es por una serie de sueños que he tenido o porque simplemente la segunda experiencia que quiero relatar hoy me ha venido a caer encima como un piano en la cabeza.
Del racismo
De ninguna manera podría decir que he sentido algo de racismo en París, de hecho hoy me enteré que existe una ley que prohibe pedir la nacionalidad como dato general a una persona cualquiera -las multas son monstruosas para la institución que se atreva a hacerlo- si acaso lo que he notado es que hay gente que no tiene la paciencia para escuchar el francés malo de uno y que inmediatamente empieza a hablar inglés, pero no es el común. Aún así, hoy tuve una experiencia un tanto fuera de lugar que me dejó con un muy mal sabor de boca.
Como es obligatorio la directora de la casa en la que vivo me citó para entrevistarme con ella; dice que porque es importante conocer a cada persona que se encuentra viviendo en una casa tan pequeña como esta.
Muy cordial y matando mi prejuicio sobre la puntualidad suiza -apareció cerca de diez minutos después de la hora pactada, a la que yo asistí con la puntualidad mítica que esperba observar en ella- aparece pidiendo una disculpa por el atraso (que es verdaderamente de mes y medio) y con mi expediente en la mano. Me habla en francés y contesto lo mejor que puedo, aunque debo reconocer que me pongo muy nervioso cada vez que hablo con alguien que me coloca en algún lugar jerarquizado (aunque aquí no me siento tan así) y depués de un par de frases yo le digo I prefer to answer in english a lo que ella responde all right amablemente y dice I learned spanish a couple of years ago but I forgot y yo no hago sino sonreir y decir you can practice a lo que finalmente responde con una frase que no me resultó oscura sino hasta después Yes I must go to southamerica someday. No más, la conversación fue acerca de la casa y lo que me gustaba de ella y de cómo había pasado mis primeras semanas aquí, a lo que yo siempre dije que estaba muy agusto porque el ambiente era muy relajado y amigable.
Pero, en algún momento me preguntó por lo que extrañaba de mi país y no pude sino decir lo único que verdaderamente extraño: el sol; finalmente ella responde I know in southamerica is different, there is always sun. A partir de ese momento nunca más habló de México sino de sudamércia, lo que mer resultó muy chistoso hasta que nos despedimos y se fue. México no es sudamérica, quizá latinoamérica pero sudamérica jamás. No es que me moleste que nos mezclen con la gente del sur del continente o como decía la colombiana, con la gente del centro del continente; es más bien que pienso que es un poco grosero meternos a todos parejo en un costal y decir sudamérica como si fuera exactamente lo mismo. Es cierto que nosotros decimos Europa para referirnos a todos ellos y a veces hablamos de norte o este de Europa para hablar de colores de cabello o de ojos, pero decimos Europa para referirnos a un continente y ella no dijo América, dijo sudamérica y ese no es un continente, es la parte sur del continente americano. Quizá estoy pensando incorrectamente y es una cuestión de percepción, pero, al decir sudamérica de México para abajo incluyendo, quizá, a todos los hispanoparlantes del continente, la mujer demuestra, primero que nada, jamás haber visto con atención un mapa del mundo y de nuestro continente; además deja en claro que norte américa estaría representada por los países arriba de los estados unidos, lo que me parece una división un poco ignorante porque acá incluso tenemos un tratado comercial muy importante entre tres de las naciones norteamericanas; tercero, creo que la distinción se apoya en dos aspectos comunes: nuestro aspecto y nuestra lengua, lo que al final no me hace sino pensar que todo esto es un asunto de racismo (no hablo del racismo asesino, pero sí de un caso de segregación racial al que le acompañan cualquier cantidad de consecuencias, pero que principalmente se funda en la ignorancia).
Ahora, quiero dejar en claro que a mi me caga la amadre latinoamérica, nuestros gobiernos y nuestras historias de atropellamientos, abusos y excesos; mi país me enfada más que ningún otro lugar sobre la tierra y yo soy el primero en decir que sin muchos mexicanos (empezando por el presidente y acabando por Juanito) el mundo sería mucho mejor y lo mismo pienso de muchos centro y sudamericanos, pero yo vivo ahí, crecí ahí y conozco en lo que estamos metidos, la miseria que nos caracteriza y la monstruosidad en la que nos ha convertido nuestro equivocado ensayo de capitalismo occidental. Yo no hablo con ignoranica -aunque sé que no tengo más que eso- hablo con un poco de expriencia y con lo poco de criterio que he formado al no conformarme con lo que me vende el pensamiento corriente en mi país. Me parece que esta vez sí me opongo a la palabra sudamérica viniendo de alguien que parece no pensar que tenemos historia, que tenemos diferencias y que tenemos guerras que pelear y ganar o perder individualmente antes que juntos. Me opongo a que nos amarren en el mismo manojo a todos porque esa maldita generalidad, esos ojos tan cerrados son los que hacen que ellos jamás vengan y jamás conozcan nuestros países (por más que gasten millones de euros acá) y que por eso los tratados económicos y las políticas exteriores sean tan desfavorables para nosotros que, por nuestra estructura ambiciosa y pobre a la vez, aceptamos sin queja ni más.
No tengo nada en contra de la señora, de hecho ha sido amable y diplomática conmigo, pero creo que no está bien que estemos tan mal que no hayamos hecho que el mundo entero sepa quién es México o quién es Brasil o Argentina en sus particularidades históricas y no lingüísticas. No amo américa latina, pero tampoco amo la ignorancia y no soporto un discurso que se construye sobre ella porque más allá de esta mujer hay mandatarios y empresarios y cualquier cantidad de hombres poderosos que, aunque levanten sus leyes y banderas contra el racismo no saben que las políticas incluyentes no son más que la continuación de la guerra, de la conquista y de la colonia. Ellos y la guerra no han cedido, sólo han cambiado sus campos pero la lengua de esa mujer y la lejanía que existe entre algunos habitantes y los migrantes me han mostrado hoy que seguimos escuchando y olfateando un discurso que hace siglos comenzó a habalrse.
De las disculpas
No soy nadie para hablar así, soy ignorante en todo sentido de lo que son y hacen los países tanto europeos como latinoamericanos, sólo digo lo que escucho, lo que veo y, quizá, sea bueno para leer detrás de los discursos o quizá sea un miserable mexicano ardido con una sola persona que igual ni es ella. Sólo que alguna vez he leído a Michel Foucault y él dijo que al política no es más que la continuación de la guerra.
Me disculpo por las mañosas mayúsculas y minúsculas que utilicé en el texto y espero que teatralmente aparenten el síntoma que me embarga el espíritu hoy.
Me disculpo porque no sé desde dónde hablo, es quizá desde una inmensa ignorancia, pero al final sé que esto lo leen muy pocos y que mis palabras no llegarán a ningún lugar.
La porte est fermé
(no corregiré la ortografía francesa)
No sé si se trata de un asunto de códigos, el hecho es que para ir a un concierto acompañado no sé qué debo hacer, pareciera que a nadie le interesa o que cuando invito a alguien le estuviera ofreciendo droga o sexo, el punto es que no he logrado hacerme acompañar a un concierto. ¿Asunto de códigos? ¿o será que simplemente estoy feo? pero es que ni hombres ni mujeres parecen interesados en esos eventos.
Códigos parece ser la respuesta: si estás en la mesa no le ofrezcas de tu comida al de junto, menos si es chica, ella piensa "cuántas atenciones"; si estás en el metro no le des el paso a un señor que va a salir antes que tú, te verá con ojos de "¿este pinche alien?" y se reirá del estado de minimización al que uno se reduce por un gesto de "cortesía"; mucho menos mires a los ojos de alguien en el transporte público y sonrias, es una estúpida falta de respeto a la intimidad y la respuesta es, casi siempre, hostil. No le digas a tu vecina arquitecto -aunque sea a la única persona a la que le hablas en la casa- "es mi cumpleños, quiero ir a algún lugar un rato, ¿quieres ir?" porque de verdad que le parece una invitación.
Códigos. Hoy me siento tan fuera de todo código que pareciera que no puedo acercarme a una sola persona, que no puedo platicar con nadie, sin parecer anormal. Siento como si la puerta entre todos y yo estuviera completamente cerrada y todos tuvieran una llave menos yo. Aunque debo reconocer que siempre me siento así en el mundo, sólo que en mi propio país le sé más o menos el modo al mundo y, por lo menos, domino el lenguaje a la perfección, tanto que hasta soy chorero.
En fin, hoy estuve durante un par de horas en el metro, con una compañera italiana muy simpática y, principalmente, paciente; intenté hablar en francés, creo que lo logré un poco más pero me pesa demasiado la demás gente, no sé si es por una serie de sueños que he tenido o porque simplemente la segunda experiencia que quiero relatar hoy me ha venido a caer encima como un piano en la cabeza.
Del racismo
De ninguna manera podría decir que he sentido algo de racismo en París, de hecho hoy me enteré que existe una ley que prohibe pedir la nacionalidad como dato general a una persona cualquiera -las multas son monstruosas para la institución que se atreva a hacerlo- si acaso lo que he notado es que hay gente que no tiene la paciencia para escuchar el francés malo de uno y que inmediatamente empieza a hablar inglés, pero no es el común. Aún así, hoy tuve una experiencia un tanto fuera de lugar que me dejó con un muy mal sabor de boca.
Como es obligatorio la directora de la casa en la que vivo me citó para entrevistarme con ella; dice que porque es importante conocer a cada persona que se encuentra viviendo en una casa tan pequeña como esta.
Muy cordial y matando mi prejuicio sobre la puntualidad suiza -apareció cerca de diez minutos después de la hora pactada, a la que yo asistí con la puntualidad mítica que esperba observar en ella- aparece pidiendo una disculpa por el atraso (que es verdaderamente de mes y medio) y con mi expediente en la mano. Me habla en francés y contesto lo mejor que puedo, aunque debo reconocer que me pongo muy nervioso cada vez que hablo con alguien que me coloca en algún lugar jerarquizado (aunque aquí no me siento tan así) y depués de un par de frases yo le digo I prefer to answer in english a lo que ella responde all right amablemente y dice I learned spanish a couple of years ago but I forgot y yo no hago sino sonreir y decir you can practice a lo que finalmente responde con una frase que no me resultó oscura sino hasta después Yes I must go to southamerica someday. No más, la conversación fue acerca de la casa y lo que me gustaba de ella y de cómo había pasado mis primeras semanas aquí, a lo que yo siempre dije que estaba muy agusto porque el ambiente era muy relajado y amigable.
Pero, en algún momento me preguntó por lo que extrañaba de mi país y no pude sino decir lo único que verdaderamente extraño: el sol; finalmente ella responde I know in southamerica is different, there is always sun. A partir de ese momento nunca más habló de México sino de sudamércia, lo que mer resultó muy chistoso hasta que nos despedimos y se fue. México no es sudamérica, quizá latinoamérica pero sudamérica jamás. No es que me moleste que nos mezclen con la gente del sur del continente o como decía la colombiana, con la gente del centro del continente; es más bien que pienso que es un poco grosero meternos a todos parejo en un costal y decir sudamérica como si fuera exactamente lo mismo. Es cierto que nosotros decimos Europa para referirnos a todos ellos y a veces hablamos de norte o este de Europa para hablar de colores de cabello o de ojos, pero decimos Europa para referirnos a un continente y ella no dijo América, dijo sudamérica y ese no es un continente, es la parte sur del continente americano. Quizá estoy pensando incorrectamente y es una cuestión de percepción, pero, al decir sudamérica de México para abajo incluyendo, quizá, a todos los hispanoparlantes del continente, la mujer demuestra, primero que nada, jamás haber visto con atención un mapa del mundo y de nuestro continente; además deja en claro que norte américa estaría representada por los países arriba de los estados unidos, lo que me parece una división un poco ignorante porque acá incluso tenemos un tratado comercial muy importante entre tres de las naciones norteamericanas; tercero, creo que la distinción se apoya en dos aspectos comunes: nuestro aspecto y nuestra lengua, lo que al final no me hace sino pensar que todo esto es un asunto de racismo (no hablo del racismo asesino, pero sí de un caso de segregación racial al que le acompañan cualquier cantidad de consecuencias, pero que principalmente se funda en la ignorancia).
Ahora, quiero dejar en claro que a mi me caga la amadre latinoamérica, nuestros gobiernos y nuestras historias de atropellamientos, abusos y excesos; mi país me enfada más que ningún otro lugar sobre la tierra y yo soy el primero en decir que sin muchos mexicanos (empezando por el presidente y acabando por Juanito) el mundo sería mucho mejor y lo mismo pienso de muchos centro y sudamericanos, pero yo vivo ahí, crecí ahí y conozco en lo que estamos metidos, la miseria que nos caracteriza y la monstruosidad en la que nos ha convertido nuestro equivocado ensayo de capitalismo occidental. Yo no hablo con ignoranica -aunque sé que no tengo más que eso- hablo con un poco de expriencia y con lo poco de criterio que he formado al no conformarme con lo que me vende el pensamiento corriente en mi país. Me parece que esta vez sí me opongo a la palabra sudamérica viniendo de alguien que parece no pensar que tenemos historia, que tenemos diferencias y que tenemos guerras que pelear y ganar o perder individualmente antes que juntos. Me opongo a que nos amarren en el mismo manojo a todos porque esa maldita generalidad, esos ojos tan cerrados son los que hacen que ellos jamás vengan y jamás conozcan nuestros países (por más que gasten millones de euros acá) y que por eso los tratados económicos y las políticas exteriores sean tan desfavorables para nosotros que, por nuestra estructura ambiciosa y pobre a la vez, aceptamos sin queja ni más.
No tengo nada en contra de la señora, de hecho ha sido amable y diplomática conmigo, pero creo que no está bien que estemos tan mal que no hayamos hecho que el mundo entero sepa quién es México o quién es Brasil o Argentina en sus particularidades históricas y no lingüísticas. No amo américa latina, pero tampoco amo la ignorancia y no soporto un discurso que se construye sobre ella porque más allá de esta mujer hay mandatarios y empresarios y cualquier cantidad de hombres poderosos que, aunque levanten sus leyes y banderas contra el racismo no saben que las políticas incluyentes no son más que la continuación de la guerra, de la conquista y de la colonia. Ellos y la guerra no han cedido, sólo han cambiado sus campos pero la lengua de esa mujer y la lejanía que existe entre algunos habitantes y los migrantes me han mostrado hoy que seguimos escuchando y olfateando un discurso que hace siglos comenzó a habalrse.
De las disculpas
No soy nadie para hablar así, soy ignorante en todo sentido de lo que son y hacen los países tanto europeos como latinoamericanos, sólo digo lo que escucho, lo que veo y, quizá, sea bueno para leer detrás de los discursos o quizá sea un miserable mexicano ardido con una sola persona que igual ni es ella. Sólo que alguna vez he leído a Michel Foucault y él dijo que al política no es más que la continuación de la guerra.
Me disculpo por las mañosas mayúsculas y minúsculas que utilicé en el texto y espero que teatralmente aparenten el síntoma que me embarga el espíritu hoy.
Me disculpo porque no sé desde dónde hablo, es quizá desde una inmensa ignorancia, pero al final sé que esto lo leen muy pocos y que mis palabras no llegarán a ningún lugar.
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