Monday, August 31, 2015
Nuestro árbol, nuestra historia y el camino hacia nuestra tierra
Hace diez años decidimos iniciar una aventura; ésta ha durado hasta hoy, con sus peculiaridades, desde luego, pero diez años después el barco navega. Hace también diez años, en aquella navidad de 2005, un arbolito, chiquito, chiquito, se hizo parte de la aventura, un arbolito verde verde y pelón, con apenas unas ramitas carnositas pero muy chiquitas. Un arbolito y una oportunidad.
dos o tres años después me mudé a un consultorio cerca de casa, un lugar con un jardín de estilo japonés, con agua, piedras y bambúes. El arbolito que ya pasaba por mucho el tamaño con el que llegó y tenía algunas ramitas nuevas, necesitaba una maceta más grande o un jardín quizá. El jardín japonés del consultorio era un bello lugar.
Ay pero el arbolito era débil, desde chiquito parecía imposible mantenerlo en pie, se doblaba, se caía, se salía de la tierra y llevarlo al jardín no lo hizo diferente, contrariamente hubo que plantarlo varias veces porque se salía de la tierra una y otra y otra vez, hasta que finalmente pareció encontrar un lugar en el que se comenzó a fijar, precisamente al lado de la puerta del consultorio. Ahí y con el apoyo de un palito comenzó a crecer y crecer y a fortalecer sus raíces. Así comenzó a tener más y más ramitas y luego ramas y su frágil tronco comenzó a engrosarse hasta que dejó de necesitar el palito y comenzó a elevarse hacia el cielo con mucha rapidez y firmeza y aunque muchas veces le cortaron la punta, él adquirió la fuerza y la persistencia que caracterizan a mi familia: aunque no nos sirvan las patas caminamos, aunque vengamos de estratos bajos en este citadino mundo, superamos la adversidad y nos posicionamos donde queremos, aunque nadie publique nuestros textos escribimos, no hay forma, la adversidad no nos come las ganas, a ninguno, perro, persona o planta, nuestra familia es fuerte.
Esta fuerza hizo que el arbolito, diez años después, sea ya un pino vikingo con todas sus letras y su carácter, fuerte, grueso, alto, verde, oloroso y creciendo; orgullo, prueba y esperanza, ganas, entusiasmo y confianza para nosotros.
Hoy, sin embargo y porque nosotros también necesitamos echar raíces fuertes, dejé mi consultorio con su jardín japonés y nuestro arbolito; hoy saqué las últimas cosas del viejo consultorio para iniciar un nuevo viaje dentro de la aventura. No pude llevarme el arbolito que ya es un gigante, él ha echado raíces fuertes muy fuertes y ha engrosado su tronco y ahora tiene un hogar. No podemos cuidarlo más, ya no tiene la necesidad de un palito, se sostiene solo y crece rumbo al cielo sin nuestra ayuda, es grande y tiene tierra.
Nosotros también necesitamos tierra y aunque tenemos raíces muy fuertes, ya no necesitamos una maceta, necesitamos nuestro suelo y por eso nos vamos, hemos aprendido mucho de nuestro arbolito. Hoy nos despedimos de él y lo dejamos en su jardín, en donde ahora es uno de los más grandes y le prometimos echar raíz, como él. Nosotros le ayudamos a crecer, ahora el nos ayudará a asentarnos, porque cuando uno se asienta crece y madura y vive; nosotros necesitamos un jardín para hacerlo y estamos en su búsqueda, mientras tanto aún podremos mirar hacia adentro y encontrar nuestro arbolito y el balcón en el que se fortaleció y el jardín en el que echó raíz y las risas y los juegos y los almuerzos y las vacaciones y los amigos y la familia y las esperanzas y el entusiasmo y las ganas de salir de la neblina hacia el sol que se posa alto sobre nuestras cabezas y la capacidad de hacer grandes y fuertes nuestras raíces para tener un hogar y seguir siendo hogar para visitantes y pasajeros como el arbolito y sus arañas y caracoles y hormigas. Seremos grandes y fuertes como nos enseñó a ser nuestro arbolito pelón y delgadito.
Hoy dejo el consultorio aunque una parte de mi se queda con él, mis recuerdos, mi entusiasmo, mis cumpleaños y mis aventuras, los amigos que hice y las historias que viví. Hoy dejo el consultorio y el pequeño gigante que sembramos hace unos años velará y alegrará la vida de cualquier persona que ocupe ese lugar. En ese árbol florece amor y ese es nuestro legado para quien quiera habitar y hacer suya la que una vez fue nuestra casita. Nosotros andamos pues y buscamos un jardín para habitar y hacer habitable de por vida.
Gracias amigo, tú eres fuerte y yo estoy contento y me siento capaz. Que tengas una vida larga y que seas la alegría de muchos, hogar y vecindario de animalitos y compañero de todos aquellos que se aproximen a ti. Nosotros nos vamos felices y con un poquito de sabiduría que supiste regalarnos. Te quiero y nunca te voy a olvidar...
dos o tres años después me mudé a un consultorio cerca de casa, un lugar con un jardín de estilo japonés, con agua, piedras y bambúes. El arbolito que ya pasaba por mucho el tamaño con el que llegó y tenía algunas ramitas nuevas, necesitaba una maceta más grande o un jardín quizá. El jardín japonés del consultorio era un bello lugar.
Ay pero el arbolito era débil, desde chiquito parecía imposible mantenerlo en pie, se doblaba, se caía, se salía de la tierra y llevarlo al jardín no lo hizo diferente, contrariamente hubo que plantarlo varias veces porque se salía de la tierra una y otra y otra vez, hasta que finalmente pareció encontrar un lugar en el que se comenzó a fijar, precisamente al lado de la puerta del consultorio. Ahí y con el apoyo de un palito comenzó a crecer y crecer y a fortalecer sus raíces. Así comenzó a tener más y más ramitas y luego ramas y su frágil tronco comenzó a engrosarse hasta que dejó de necesitar el palito y comenzó a elevarse hacia el cielo con mucha rapidez y firmeza y aunque muchas veces le cortaron la punta, él adquirió la fuerza y la persistencia que caracterizan a mi familia: aunque no nos sirvan las patas caminamos, aunque vengamos de estratos bajos en este citadino mundo, superamos la adversidad y nos posicionamos donde queremos, aunque nadie publique nuestros textos escribimos, no hay forma, la adversidad no nos come las ganas, a ninguno, perro, persona o planta, nuestra familia es fuerte.
Esta fuerza hizo que el arbolito, diez años después, sea ya un pino vikingo con todas sus letras y su carácter, fuerte, grueso, alto, verde, oloroso y creciendo; orgullo, prueba y esperanza, ganas, entusiasmo y confianza para nosotros.
Hoy, sin embargo y porque nosotros también necesitamos echar raíces fuertes, dejé mi consultorio con su jardín japonés y nuestro arbolito; hoy saqué las últimas cosas del viejo consultorio para iniciar un nuevo viaje dentro de la aventura. No pude llevarme el arbolito que ya es un gigante, él ha echado raíces fuertes muy fuertes y ha engrosado su tronco y ahora tiene un hogar. No podemos cuidarlo más, ya no tiene la necesidad de un palito, se sostiene solo y crece rumbo al cielo sin nuestra ayuda, es grande y tiene tierra.
Nosotros también necesitamos tierra y aunque tenemos raíces muy fuertes, ya no necesitamos una maceta, necesitamos nuestro suelo y por eso nos vamos, hemos aprendido mucho de nuestro arbolito. Hoy nos despedimos de él y lo dejamos en su jardín, en donde ahora es uno de los más grandes y le prometimos echar raíz, como él. Nosotros le ayudamos a crecer, ahora el nos ayudará a asentarnos, porque cuando uno se asienta crece y madura y vive; nosotros necesitamos un jardín para hacerlo y estamos en su búsqueda, mientras tanto aún podremos mirar hacia adentro y encontrar nuestro arbolito y el balcón en el que se fortaleció y el jardín en el que echó raíz y las risas y los juegos y los almuerzos y las vacaciones y los amigos y la familia y las esperanzas y el entusiasmo y las ganas de salir de la neblina hacia el sol que se posa alto sobre nuestras cabezas y la capacidad de hacer grandes y fuertes nuestras raíces para tener un hogar y seguir siendo hogar para visitantes y pasajeros como el arbolito y sus arañas y caracoles y hormigas. Seremos grandes y fuertes como nos enseñó a ser nuestro arbolito pelón y delgadito.
Hoy dejo el consultorio aunque una parte de mi se queda con él, mis recuerdos, mi entusiasmo, mis cumpleaños y mis aventuras, los amigos que hice y las historias que viví. Hoy dejo el consultorio y el pequeño gigante que sembramos hace unos años velará y alegrará la vida de cualquier persona que ocupe ese lugar. En ese árbol florece amor y ese es nuestro legado para quien quiera habitar y hacer suya la que una vez fue nuestra casita. Nosotros andamos pues y buscamos un jardín para habitar y hacer habitable de por vida.
Gracias amigo, tú eres fuerte y yo estoy contento y me siento capaz. Que tengas una vida larga y que seas la alegría de muchos, hogar y vecindario de animalitos y compañero de todos aquellos que se aproximen a ti. Nosotros nos vamos felices y con un poquito de sabiduría que supiste regalarnos. Te quiero y nunca te voy a olvidar...
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