Wednesday, June 02, 2021

Diario de campo 47

Hace diez años comecé una historia, me hice antropólogo, claro que llevaba estudiando esa disciplina un poco más de tiempo pero en ese año decidí hacerme viajero, como aquellos que leía en los libros, como esos que registraban todo lo que pasaba en las regiones que visitaban, pero que también registraban lo que pasaba dentro de ellos. Sí, viajar es también viajar hacia adentro. En ese tiempo recuerdo leer a Marguerite Duras y a Jean Allouch, comprometido hasta los huesos con ambos, con la literatura sufriente de la escritora y con la contundencia teórica del psicoanalista, ambos cedieron ese lugar cuando los visité en su ciudad, una muerta, el otro silencioso. También leía a Michel Foucault, tenía algunos años de romance con su obra y fui a buscarlo a su lengua y a leerlo ahí mismo, esa historia se afianzó como pocas, luego se terminó. 

Viví un corto semestre haciéndome antropólogo y aprendí unas cuantas cosas, primero, que la tierra nunca es materna, ni paterna, es más bien la madre. Y el tiempo es verdaderamente el padre, pero me llevó muchos años comprender qué es la madre y de qué se trata la paternidad, para finalmente entender que la usurpación de la familia conyugal nos ha arrebatado la comprensión y con ella la memoria. Más tiempo me llevó entender que yo no tengo tierra, que me fue negada entre el concreto y la usurpación de mi madre y que no tengo historia, ésta, arrebatada por la debilidad de mi padre y los escasos lazos familiares que me he esforzado por perseguir. No tengo tierra ni legado, mucho menos identidad sonora y quizá por ello no soy tampoco antropólogo ni viajero sino indigente. 

Ser indigente es menos grave de lo que parece, a los de antes les decían nómadas y después se les dijo migrantes. Yo soy migrante que migra como todos, esperando encontrar una tierra y forjar un linaje y entonces legar una historia, ser una historia. Ser historia es ser terreno, no ofrecer terreno ni heredar terreno, ser terreno implica ser tierra, tiempo, legado e historia, tener algo que legar más allá de las piedras y las cuentas bancarias. Legar es ser espacio para que los mejores de los hombres habiten y florezcan ahí y engrandezcan terreno y entonces formen una tradición, eso está lejos de un viajero pero comienza por y en él. 

Yo era un viajero, lo descubrí entonces, un migrante en busca de tierra y de historia. Entonces no noté que lo había iniciado en poco tiempo, mesas enormes de compañeros que se reunían a comer porque les llamaba por teléfono unas horas antes, profesores que me abrían las puertas de sus centros de trabajo y de sus casas, ofertas para emprender aventuras, profesionales, laborales y académicas, dos aceptaciones doctorales en dos países distintos, una historia amorosa que quería salir de una semilla de andares y nocturneadas y varias otras fraternas y permanentes. 

Pero también tenía razones para regresar, así como razones para perdurar e intentar. Curiosamente, cada razón que tuve para mi retorno se esfumó poco a poco, las últimas muy recientemente. Las otras perduran con insistencia y se han afianzado desde entonces, lealtad y confianza diría yo que las caracterizan, a las otras sólo la pobreza. Enriquecedoramente aprendí que las razones para dejar de ser viajero, para volver a los espacios conocidos, jamás son razones válidas, contrariamente son débiles y enfermizas y por ello pesan y se vuelven una carga que arrebata tiempo, aunque el tiempo que pasa para el viajero siempre es un maestro y siempre otorga grandeza. Y hoy, sin embargo, todas aquellas razones se han agotado en su mismidad habitual, en la cobardía del que no habita tiempo y no aprende tiempo. 

Así pues, diez años después, he desempolvado el viejo diario de campo, la entrada cuarenta y siete, Rf no está para leerlo, nadie más me importa que lo lea salvo yo mismo en diez años o más. Pero quiero escribirlo porque me he hecho viajante de un viaje del que no quiero volver, el viaje que construye, que edifica y que me hará tierra y luego tiempo. La aventura comienza ahora, ya sin una sola razón para volver, porque antes que volver estoy decidido a ser...