21.1.08

las lágrimas de ella


Le dolieron los ojos de tanto llorar. Ella lloró por una casa derribada, por sentirse extraña en una ciudad que la desconoció mientras ella la pensaba detenida en el recuerdo.
Lloró todas las lágrimas de sus afectos, lloró por esa su historia que lleva canas y silencia tristezas... Con un silencio emocionado llamó a la puerta de su pasado y encontró su presente, callado, resignado. Como Alicia en el espejo discurrió por los laberintos de su infancia en donde a sus ojos que apenas alcanzaban a remontar el suelo, todo les parecía inmenso...Le fue dado divagar aquellos laberintos que en aquel instante sintió quedos, diminutos y sobre todo dolorosos.
Allí, ella lloró con Rosario y sus ojos verdes de 81 años, lloró por su fuerza doblegada por la vejez y la emoción más fuerte que la razón. También abrazó a Isabel y a ese su silencio pasivo y tierno que grita palabras y gestos nunca dichos. Se vió de niña perdida entre la flores de un patio interior, hoy casi desierto. Y mientras contemplaba a través del nublado cristal de sus ojos a aquellas dos almas, lloró por las manos viejas que como siempre le dieron pan y centavos y agradeció al cielo por ese amor y esa bondad eterna...Siguió llorando por esos abrazos de quien no quiere adioses ni despedidas, por esa tierra alta que fue cobija, por el café mañanero y la matriarca; lloró por lo que en ese momento quiso dar y no pudo; porque quiso rezar como ellas y no supo cómo hacerlo; porque quiso sentir la paz de aquellas mujeres, esa obediencia de oveja y esa fe de piedra que a ella tanto le faltaba. Lloró, lloró mucho y supo por qué lo hizo.

11.1.08

Comunión


pozos inmensos y nocturnos
eran los ojos ella,
azules y profundos eran del mar
los ojos de él.

foto: Waldi