27 de mayo de 2013

Homenaje a Alfonso Santisteban
"Nuestro Hombre En Brasil"


 
Sirva este disco como póstumo homenaje al que, para mi, fue uno de los mas grandes compositores de este país, y que en su día fui injustamente vilipendiado por una masa inculta musicalmente pero que, con los años y nuevas generaciones, ha sabido obtener el reconocimiento que sin duda merecía. Hemos seleccionado, mas allÔ de las clÔsicas y ahora ya muy escuchadas canciones de los albumes "Sabor A Fresa" / "Verano del 72", muchas otras canciones mas difíciles de escuchar, realizadas para el sello de libreria italiano CAM (a precios desorbitados actualmente) y que harÔn las delicias de los que, como yo, eramos (y somos) fans de este "canalla" de la musica ligera. Han sido muchos cortes que hemos incluido en nuestras Lounge Cinematica series con composiciones de Alfonso Santisteban y, hemos creido, que se merecia este homenaje. Pero la vida sigue, y dentro de dos semanas continuaremos nuestro camino por las Lounge Cinematica series con el volumen 22.

Descanse en jazz maestro.

Os dejo con una muy interesante entrevista realizada por Luis Lapuente en el 2002, cortesia de EFE EME.
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“Me parece estupendo que se restaure nuestra dignidad profesional y que ahora goce de oportunidades que entonces se me vetaron”

No quiero empezar amargĆ”ndote la entrevista, pero he estado rebuscando en libros antiguos, revistas y enciclopedias de cine y, la verdad…
No me digas, me ponen a parir, ¿verdad?
En el mejor de los casos, sĆ­. En una de esas enciclopedias se lee: “Principalmente influenciado por el estilo italiano de los setenta, Santisteban se especializa en sintonĆ­as televisivas, con una estĆ©tica pop realmente hortera y de melodĆ­as pegadizas”. En otras, ni te citan.
No te preocupes, ya estoy acostumbrado. Y si aparece Algueró, seguro que tampoco le hacen justicia. El lugar comĆŗn es asociar Santisteban con mĆŗsica pachanguera. Nos han puesto a parir siempre, tanto a mĆ­ como a Augusto Algueró. El que ha tenido mĆ”s suerte es nuestro amigo y colega Antón GarcĆ­a Abril. Ɖl se ha librado porque se metió en el mundo de la mĆŗsica clĆ”sica. Lo curioso es que ahora me encuentro con un montón de gente muy joven, que es la que me interesa, mis hijas, por ejemplo, que se vuelven locas con mis viejas composiciones, y que me reivindican. Y esa fortuna no la tuvimos en su momento, cuando nos vituperaron constantemente, nos llamaron de todo, vividores, borrachos, protegidos del franquismo. Me cago en la leche, si yo lleguĆ© a estar en la cĆ”rcel en la Ć©poca de Franco. El Ćŗnico consuelo es que despuĆ©s de todo ese escarnio, ahora nos reivindican.
Por cierto, hay cierta controversia sobre tu fecha exacta de nacimiento.
¡Ah!, pues no sĆ© por quĆ©. NacĆ­ en 1943, el 28 de junio. Soy muy mayor, tremendamente mayor, asquerosamente mayor [risas]. Ayer me ocurrió una cosa muy divertida, en medio de un homenaje que nos rindieron a Algueró, a Antón y a mĆ­, como tres viejas glorias de la mĆŗsica televisiva. De repente, se me acercó un tĆ­o y me dijo: “Pero usted es un carroza”. Y yo le respondĆ­: “SĆ­, carroza ahora, pero cuando compusimos todas esas sintonĆ­as, yo tenĆ­a 27 o 28 aƱos. En el 72, por ejemplo, cuando hice el disco que ahora saca Subterfuge, acababa de cumplir 29 aƱos”.
¿QuĆ© opina Algueró de todo este movimiento de rescate de vuestra mĆŗsica de los aƱos sesenta y setenta?
Ɖl se muestra bastante reacio. Al principio, de hecho, estaba horrorizado, lo consideraba un ejercicio de nostalgia sin demasiado sentido. “Esto es otra Ć©poca”, decĆ­a, “nosotros ya no somos los mismos”. Y no ha querido sacar nada con Subterfuge ni con ninguna otra compaƱƭa. Ahora ya lo va encajando, piensa que es bueno que se recuperen aquellas composiciones que entonces quedaron sepultadas en el olvido. A mĆ­, sin embargo, me parece estupendo que se restaure nuestra dignidad profesional y que ahora goce de oportunidades que entonces se me vetaron.
¿Conoces el recopilatorio “Spanish grooves”, donde aparecĆ©is junto con otros benditos malditos de la Ć©poca?
SĆ­, claro, pero tengo una queja que hacerte, en lo que a mĆ­ respecta. Elegisteis una pieza muy cortita y poco representativa, ademĆ”s de instrumentalmente pobre. Entonces grabĆ”bamos con orquestas de cuarenta mĆŗsicos y metĆ­amos muchos cortes de relleno en las pelĆ­culas, esbozos instrumentales que servĆ­an solo para apuntar un cambio de escena y detalles por el estilo. La próxima vez, llamadme y os recomiendo alguno del que me sienta mĆ”s orgulloso. El otro dĆ­a comĆ­ con Algueró y comentamos el asunto: Ć©l protestaba porque su canción (‘Bocaccio soul’) no estaba muy bien grabada; claro, era sonido analógico, pero, al fin y al cabo, es un clĆ”sico que habĆ­a que sacar casi obligatoriamente. Pero es que el mĆ­o es un corte de relleno.
En los paĆ­ses anglosajones llevan aƱos y aƱos reivindicando a sus compositores clĆ”sicos. AllĆ­, Bacharach y Mancini son intocables. En cambio, aquĆ­…
Es lo de siempre. A Burt Bacharach le conocĆ­ en el 88, grabando en la Filarmónica de Los Ɓngeles. Ɖl estaba terminando de arreglar los temas de la pelĆ­cula Arthur, el soltero de oro, aquella comedia con Dudley Moore, y tuvimos oportunidad de hacer una buena amistad, mĆ”s allĆ” de la cordialidad. Ɖl no me conocĆ­a, por supuesto, pero cuando se enteró de que llevaba escritas mĆ”s de ciento treinta bandas sonoras (como Algueró, GarcĆ­a Abril o Carmelo Bernaola), me preguntó si no era millonario. Yo le respondĆ­: “No tengo casi ni para comer”. Y el tipo no se lo creĆ­a; Ć©l apenas habĆ­a compuesto unos veinte “scores” y vivĆ­a a cuerpo de rey con tres o cuatro al aƱo, asĆ­ que le costaba asimilar la porquerĆ­a que te pagan aquĆ­ por los derechos de autor. En fin, lo que te decĆ­a: vituperados, maltratados, relegados y encima pobres.
¿Cómo empezaste a trabajar para el cine?
Por cansancio de otras cosas. Di mis primeros pasos profesionales a principios de los aƱos sesenta, ocho aƱos antes de terminar la carrera de mĆŗsica. EmpecĆ© tocando el saxo en un grupo de jazz, mientras estudiaba. Por aquel entonces, mi padre me consiguió un contrato en el Ministerio de Agricultura para escribir mĆŗsica para unos documentales que se titulaban “Tierras de EspaƱa”, y que solĆ­an poner despuĆ©s del NODO. AhĆ­ me tocó dirigir, por ejemplo, a la Orquesta Sinfónica de Madrid. Me pedĆ­an temas concretos y yo me iba curtiendo como compositor mientras me ganaba un dinero. Pero mi pasión era el jazz, asĆ­ que me esforzaba por tocar el saxo y la verdad es que lo tocaba muy mal, rematadamente mal. Tan mal que un dĆ­a me vio [Pedro] Iturralde en el Whisky Jazz y me dijo: “Alfonso, como compositor eres estupendo, pero como saxofonista, un autĆ©ntico desastre”. Y, claro, lo dejĆ©.
De ahí pasaste a la canción folclórica de aires flamencos.
Sí, y fue una casualidad, porque yo odio el flamenco, ni me gusta ni lo entiendo ni me interesa. Pero un día, en 1965, me presentaron a un personaje fantÔstico llamado Bambino y me atrapó su encanto, me identifiqué con su modo de ver las cosas. Me pidió algunas baladas, unos boleros y yo se los escribí en mi estilo, con textos de Salvador TÔvora y otros amigos suyos. Le escribí alrededor de cincuenta canciones en total. Recuerdo que el primer día, Bambino se presentó con Paco de Lucía, que no tenía ni idea de música, para que le tocara al piano las canciones que le había escrito. Entonces, Paco las asimilaba y les daba un aire de tanguillo o las cambiaba por bulerías. En fin, la locura. El caso es que la voz se corrió y me pasé tres años escribiendo canciones para Lola Flores, Paquita Rico, Carmen Sevilla, Peret y no sé cuÔnta gente mÔs. En fin, que escribí unas quinientas canciones en tres años, y todas en ese plan flamencoide.
¿Y ningĆŗn cantante pop te pidió alguna?
Hombre, sí. Escribí una canción para Massiel, creo, o no sé si fue Karina o Rosalía, no me acuerdo. Augusto sí hizo muchas, para Nino Bravo, por ejemplo. Y Juan Carlos Calderón y, claro, Manolo Alejandro, que solo escribía canciones. Pero eso nunca fue lo mío.
En cuanto al cine…
En el 68, debutĆ© con Manolo Summers, despuĆ©s de haber decidido olvidarme para siempre de la pesadilla de las canciones de encargo. Recuerdo que me llamó Manolo Summers y le dije que el sueƱo de mi vida era trabajar en el cine. Mi primera banda sonora fue “¿Por quĆ© te engaƱa tu marido?”, una cinta basada en una obra de Wenceslao FernĆ”ndez Flórez. En honor a la verdad, yo ya habĆ­a hecho antes una cosa anecdótica para el cine norteamericano, casi por casualidad. Resulta que un compositor habĆ­a dejado la mĆŗsica a medias y se habĆ­a largado, y mi amigo Franciso Lara Polop, que era el jefe de producción me pidió que terminara la mĆŗsica. La pelĆ­cula se titulaba “El perfume de las mariposas”. Paco Lara, entonces, me presentó a Summers, a Tito FernĆ”ndez y a un montón de conocidos suyos.
TambiƩn fuiste muy prolƭfico en ese gƩnero.
SĆ­, entre el 68 y el 82 hice ciento treinta pelĆ­culas. La Ćŗltima que me propusieron y no aceptĆ©, por cansancio, fue “Demonios en el jardĆ­n”, de Manuel GutiĆ©rrez Aragón. Ni siquiera lleguĆ© a leer el guión. Estaba harto de escribir mĆŗsica para pelĆ­culas infames y renunciĆ© justo cuando me propusieron una que luego serĆ­a buena, vaya paradoja. Pero me pilló con la decisión de abandonar ya tomada.
Trabajaste mucho en Italia en los aƱos setenta.
Desde luego, pero allĆ­ fue aĆŗn peor. Hice muchas pelĆ­culas italianas, casi todas de serie Z, cosas guarras como no te puedes imaginar. Si te contara… he visto a la Cantudo, a Sara Mora, a Agatha Lys en pelĆ­culas completamente guarras, porno duro de lo peor. Nos ficharon a Waldo de los RĆ­os y a mĆ­ para la misma productora italiana y fuimos con mucha ilusión, pensando que nos codearĆ­amos con Morricone y todos esos genios, pero a la hora de la verdad, las buenas pelĆ­culas se las daban a ellos y a Waldo y a mĆ­ solo nos dejaban las guarras. Nosotros querĆ­amos trabajar con Fellini pero no hubo manera. Waldo era muy amigo mĆ­o y un gran tipo.
Antes te habĆ­as casado con la presentadora Marisa Medina. ¿Tuvo esa boda alguna influencia en tu carrera?
Creo que no. Entonces nos sacaban todas las novias a Algueró y a mí. Pero aquello ni me perjudicó ni me benefició. Yo la hice cantar y no le fue mal del todo, y también la animé a escribir, porque tenía una vena muy interesante.

“HacĆ­amos la mĆŗsica con el sintetizador, imitando a Morricone, y nos salĆ­an las bandas sonoras como churros. Pero en el 82 decidĆ­ mandarlo todo a la mierda”


Volviendo al cine italiano, ¿no te acuerdas de ninguna pelĆ­cula en especial?
QuizĆ”s un par de ellas que no eran malas del todo, sobre todo una de Salvatore Samperi, con Laura Antonelli, pero la mayorĆ­a eran guarras y westerns, muchos spaghetti western con directores italianos que firmaban como Frank O’Connor o Jeff Hudson. Los rodaban en AlmerĆ­a y eran horrorosos. HacĆ­amos la mĆŗsica con el sintetizador, imitando a Morricone, y nos salĆ­an las bandas sonoras como churros. Pero en el 82 decidĆ­ mandarlo todo a la mierda y regresĆ© a EspaƱa para empezar de nuevo. Y ya no he vuelto a escribir una sola banda sonora.
¿Te fue mejor en la televisión?
Digamos que me dio de comer durante mucho tiempo, aunque hoy mucha gente solo me recuerda por la sintonĆ­a de ‘Aplauso’ o la de ‘Bla, Bla, Bla’, que no son en absoluto representativas de mi carrera. EntrĆ© en TVE en 1968, con el espacio ‘Fórmula Top’ y lo Ćŗltimo lo hice con Tola, un programa titulado ‘Si yo fuera presidente’, donde sacamos a Sabina y a Krahe, que entonces actuaban en La MandrĆ”gora. Yo llevaba la parte musical y allĆ­ estuve hasta que llegó JosĆ© MarĆ­a CalviƱo a la dirección. Me acuerdo que un dĆ­a, al poco de aterrizar, bajó al plató, nos dio la mano a todos y a mĆ­ me dijo: “Enhorabuena por su trabajo, pero me han dicho que no es usted del Partido”. Yo le respondĆ­ que no, que ni era de su partido ni de ninguno, que solo me sentĆ­a a gusto en el mĆ­o, el de Alfonso Santisteban. Entonces me sugirió que me afiliara y yo le repetĆ­ que no pensaba hacerlo, ni a su partido ni a ningĆŗn otro. A los quince dĆ­as me echaron. Luego trabajĆ© en Antena 3, con MartĆ­n Ferrand, estuve dos aƱos de director artĆ­stico y musical, entre el 88 y el 91. Compuse todas las sintonĆ­as de la cadena, un trabajo precioso. Y, por fin, me marchĆ© a Hollywood, donde tambiĆ©n hice de todo y conocĆ­ a mucha gente interesante.
Incluso creo que llegaste a escribir música clÔsica.
SĆ­, tengo estrenada una sinfonĆ­a [titulada "Amadeus"] en Estados Unidos, con la Filarmónica de Los Angeles. DirigĆ­ muchas orquestas, entre ellas la de Chicago, y cuartetos de cĆ”mara. Y grabĆ© incluso una obra propia, sobre temas de los Beatles y Mozart, pero llevados al siglo XVIII: todo va con chelos y con fugas, mezclando “La flauta mĆ”gica” con ‘Yesterday’ y cosas asĆ­. AllĆ­ salió en el 88 y fue disco de platino.
¿Y no lo editaste en EspaƱa?
No, aunque lo intentó Rafael Trabuchelli, aquel productor italiano que creó escuela en el sello Hispavox. Trabuchelli era buen amigo mĆ­o, una persona encantadora. Salió mal de Hispavox, con problemas, y fundó su propia compaƱƭa. El hombre se las apañó para conseguir los derechos de autor de todos los temas del disco, hubo que negociar con Michael Jackson, que tenĆ­a los de Lennon & McCartney, y con George Harrison, por ‘Something’. Un lĆ­o, vamos, y cuando por fin lo tenĆ­a todo a punto, quebró su empresa y el Ć”lbum se quedó en las mĆ”quinas. Luego, ya nadie se ha interesado por Ć©l. Y a Trabuchelli no he vuelto a verle ni tengo noticias de Ć©l.
¿De quĆ© has vivido desde entonces?
Pues aparte de los derechos de mis viejas canciones, un poco de todo. He hecho todo tipo de encargos, toneladas de arreglos para temas de jazz y ligeros, también teatro, como productor, he coproducido cine, he tenido restaurantes, salas de fiestas, etc. Trabajé durante once años para Matías Posada, entonces dueño del Teatro Apollo, pero terminamos muy mal, porque yo le reclamé mis derechos de autor, de los que solo me dejaba el 50 % (el resto lo ingresaba él) y no solo no aceptó mis demandas sino que pretendió quitarme otro 25 % para dÔrselo a la corista. Lo aguanté durante tantos años porque, pese a todo, se ganaba mucho dinero, en ocasiones se hacían taquillas de mÔs de tres millones de pesetas en una sola noche.
Pero ahora que te llega el reconocimiento público, ya estÔs retirado.
SĆ­, en el 93 sufrĆ­ mi primer cĆ”ncer de pulmón. Desde entonces, he estado machacado por las enfermedades, he superado dos cĆ”nceres, la radioterapia, diecisiete operaciones, tengo siete u ocho by-passes en mi cuerpo. Estoy jodido de verdad. AsĆ­ que en el 98 me larguĆ© a Marbella a descansar. Soy amigo de JesĆŗs Gil, he escrito el “Himno de Marbella”, dirijo tres programas en la televisión local y me queda la ilusión de publicar algĆŗn dĆ­a un proyecto ambicioso que tengo entre manos hace tiempo, una cosa un poco extraƱa, medio sinfónica, medio jazz, con sintetizadores mezclados con una orquesta sinfónica y un cuarteto de jazz. El problema es el dinero que cuesta la producción de un disco de esas caracterĆ­sticas, que, ademĆ”s, no encaja en el catĆ”logo de Subterfuge.
CuĆ©ntame cómo se gestó la grabación de “Verano del 72″.
A mĆ­ me encantaba, y me encanta, la bossa nova, tanto como la mĆŗsica de los compositores americanos, Mancini, Isaac Hayes y demĆ”s. En el 68 grabĆ© un Ć”lbum titulado “Bossa 68″, al estilo de los de Sergio Mendes. Dos aƱos despuĆ©s viajĆ© a Brasil, a RĆ­o. AllĆ­ coincidĆ­ con mi amigo PelĆ©, que me llevó al estadio MaracanĆ”, a ver un partido Flamingo-Fluminense. Luego fuimos al CafĆ© Ipanema, donde Jobim y Vinicius habĆ­an escrito su famosa ‘Garota de Ipanema’. AllĆ­ estaban ellos con Sergio Mendes y Herb Alpert. Jobim me dedicó uno de sus discos, aunque no llegó a colaborar en ningĆŗn tema de “Verano del 72″, que se grabó Ć­ntegramente en EspaƱa poco despuĆ©s con temas originales y piezas rescatadas de pelĆ­culas mĆ­as.
¿QuĆ© otras cosas tienes previstas con la compaƱƭa madrileƱa?
En Subterfuge tienen que sacar cuatro Ć”lbumes mĆ”s, ademĆ”s de “Verano del 72″. Casi todos son de mĆŗsicas antiguas, porque lo nuevo no vale para venderlo con la etiqueta MĆŗsica para un Guateque Sideral.
¿Te interesa algĆŗn compositor de cine espaƱol contemporĆ”neo? ¿AmĆ©nabar, por ejemplo?
Si te digo la verdad no he visto ni una sola pelĆ­cula de AmenĆ”bar. Me encanta el cine y por eso no me interesa nada de lo que se hace ahora en EspaƱa. Tampoco he visto nada de Almodóvar. Mejor dicho, sĆ­, vi una y casi me da un soponcio. Una cosa horrorosa donde salĆ­a una tĆ­a que… ya sĆ©, esa con Victoria Abril, que hace de marciana, de presentadora de televisión.
“Kika”.
Eso es, Kika. Y una que me recomendaron especialmente, “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, me la perdĆ­ porque la quitaron enseguida de la cartelera americana.