10 de marzo de 9.543 AC
Cinco años después.
“ ¡Tu, miserable pequeño ladrón!”
Styxx levantó la mirada al grito de su hermana mayor. Ryssa se alzaba sobre él, y su hermano gemelo Aqueron, mientras jugaban con sus caballos de madera y soldados en el suelo.
¿Porque estaba ella siempre tan cruzada con él? No importaba lo que el intentase hacer para complacerla, nunca era suficiente.
Ryssa le odiaba. Siempre lo había hecho.
“No cogí nada”
Arrugando el labio, ella redujo la distancia entre ellos y tiró de él levantándole por el brazo. “¿Donde lo has puesto, tu indigno pequeño gusano?” ella exigió, sacudiéndole tan fuerte que parecía como si le estuviese arrancando el brazo.
Styxx trató de liberarse, pero ella era demasiado fuerte para él “¿puesto el qué?”
“El caballo de juguete que Padre me regaló por mi cumpleaños. Sé que tú los coleccionas y sé que has robado el mío. ¿Dónde está?”
“No lo he tocado”
“¡Eres un mentiroso!” Ella le tiró al suelo y fue a buscar entre sus cosas de nuevo.
“¿Donde lo has escondido?”
Styxx miró a Aqueron. “¿Lo has cogido tú?” Le susurró a su hermano.
Aqueron negó con la cabeza. ¿Quien entonces?
“¿Que estás haciendo aquí?”
Todos se quedaron paralizados al sonido de furia de la voz de su niñera.
Antes de que Styxx pudiese explicar que él había invitado a Aqueron a jugar con él, la niñera se llevó a su hermano.
Aqueron gritó al agarrón de la niñera que se le clavaba en su pequeño brazo. “Cuantas veces se te ha dicho que te quedes en tu cuarto.”
Styxx entró en pánico cuando se dio cuenta de que Aqueron aún sostenía uno de los soldados en su mano. Incluso aunque se lo hubiese regalado a su hermano, él sabia que podría ocurrir si alguien lo veía en posesión de Aqueron.
Su hermano sería castigado. De nuevo.
Queriendo sólo proteger a Aqueron, Styxx se lanzó del suelo y se lo arrancó a Aqueron de la mano.
Aqueron le ofreciño una pequeña sonrisa de gratitud antes de que se lo llevaran.
“¡Tú!” Ryssa gritó mientras miraba el juguete que él sujetaba. “Eres tan egoísta. Nunca piensas en nadie excepto en ti mismo. ¿Que te hubiese costado que se quedase con un juguete? ¿Eh?”
Ella gesticuló a los otros juguetes repartidos por el suelo. “Nada es nunca suficiente para ti, ¿verdad? Tu siempre quieres más y no te importa a quién se lo quitas”
Ella le arrancó el juguete de la mano, cortando su palma en el proceso, y se fue de su habitación.
Con el corazón roto, Styxx se quedó solo. Él odiaba estar solo con una pasión que no tenía sentido. A veces, se preguntaba si sería por haber nacido gemelos. Seguro que los dioses no le habrían dado un hermano si hubiesen querido que él estuviese siempre solo.
Aun así, él pasaba mucha de su vida solo.
Suspirando nostálgicamente, Styxx miró alrededor de la habitación que estaba repleta de juguetes. El los regalaria gustosamente si pudiese tener una única persona con la que jugar. Ryssa se negaba, porque a ella no le gustaba y él era un apestoso niño, y, según ella, era demasiado estúpido para seguir los juegos a los que ella jugaba con Aqueron. Los otros chicos huían de él porque sus padres estaban asustados de que le hiriesen, aposta o por accidente, e incurrir en la ira de su padre.
Aqueron era el único que le trataba como un compañero de juegos. Pero su padre exigía que estuviesen separados.
Styxx miró el juguete de su hermano y deseó que todo hubiese sido diferente para ellos. Hubiese sido mejor que hubiesen nacido pobres granjeros que soportar el suplicio de la maldad de su familia y su crueldad.
Dejó el juguete a un lado. Más tarde cuando todos estuviesen durmiendo, se lo devolvería a su hermano.
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15 de octubre de 9.532 AC
"Pequeña nota:
Para ubicar este extracto en su lugar, esto ocurre después de que Aqueron fuera liberado de Estes y echado a la calle. Ni que decir tiene que Ryssa está muy molesta con Styxx y que nunca le gusto. Pero ocurrió mucho mas en la Atlantida de lo que has visto en Aqueron. Recuerda, no sabes por qué Styxx hizo lo que hizo. Lo que ocurrió antes y después de esa escena de Aqueron..."
Vestido con su armadura negra y bronce, Styxx bajó las escaleras hasta la puerta principal con su yelmo bajo el brazo. El collar de Bethany se encontraba oculto por la pieza de la armadura de su antebrazo donde ella lo había colocado, envolviendo su muñeca izquierda.
Su padre, su madre y hermana se habían reunido para despedirse de él.
En teoría.
Su madre, borracha, le recorrió con la mirada.
– Que los Atlantes te destripen tan rápido el primer día que no sientas ningún dolor.
Los criados que se encontraban lo suficientemente cerca para escucharla, contuvieron la respiración bruscamente.
Styxx no reaccionó en absoluto.
– Gracias, Matisera. No podría desear palabras más dulces de despedida por tu parte.
La expresión de Ryssa era igual de fría.
– Sé que no morirás. Estoy segura de que te esconderás detrás de los demás como siempre haces o los amontonarás delante de ti para usarlos de escudo.
– Que los dioses te bendigan en mi ausencia por tu amable talante, dulce hermana.
Ella lo miró con desprecio.
– Espero que tu caballo te tire en medio de la batalla, justo en el centro de tus enemigos.
– Ignóralas– Su padre le dio un ligero abrazo – Vuelve con honor, muchacho.
Styxx tuvo que luchar para no poner los ojos en blanco. Su padre le había estado aleccionando sobre eso la noche anterior. "Hagas lo que hagas, muchacho, no te atrevas a avergonzar a los demás reyes y generales. No lo toleraré. O bien con tu escudo, o sobre él".
Con ese pensamiento en mente, Styxx deslizó el anillo del sello por su dedo y se lo entregó a su padre, quien frunció el ceño por su acción.
– No pueden pedir rescate si no saben quien soy ni tienen pruebas de que me tienen.
- Styxx…
El levantó la mano para silenciar a su rey.
– Guárdalo, Padre. No lo quiero.
La casa de Aricles fue maldecida y no deseaba llevar nada con él que se lo recordara y que hacía que la gente le envidiara hasta el aire que respiraba. Si estaba cabalgando hacia la muerte, entonces solo quería llevar el recuerdo de Bethany con él. Que le permitieran morir con la cara de ella y su recuerdo en el corazón, no con el de ellos.
Sin mirar atrás, Styxx dejó a su "familia" y se dirigió escaleras abajo, donde Galen esperaba con Troya. Por la expresión sombría de Galen, Styxx se dio cuenta de que su mentor estaba tan emocionado como él por su espléndida despedida.
– ¿Estás bien, Alteza?
Styxx cerró de golpe el casco sobre su cabeza y luego se subió a su caballo, que era tan negro como su estado de ánimo. Tomó su hoplon (escudo) de la mano de su antiguo entrenador y lo deslizó sobre su espalda para el cabalgar.
– Estoy bien, Galen. Gracias por preguntar.
Frunciendo el ceño, Galen miró a la familia real, mientras Styxx espoleaba a su caballo hacia adelante sin molestarse en mirar hacia ellos. Sabía cómo se iban a preocupar ellos por su bienestar.
Si los dioses querían, todos iban a ver cumplido su deseo de no volver a verlo.
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25 de octubre de 9.532 AC
Antes de la batalla...
Styxx dejó escapar un largo suspiro. Mañana, estarían en la batalla. En las últimas horas, había trabajado con Galen en el discurso que iba a pronunciar ante sus hombres para alentarlos, unirlos e inspirarlos para la guerra.
Mientras cabalgaba al frente para pronunciarlo, los pensamientos hostiles hacia el ejército de Didymos le asaltaron como flechas de fuego rápido.
¿Tenemos que seguir a ese maricón a la batalla? ¿En serio?
¿El rey nos insulta enviándonos a un muchacho cuando necesitamos un hombre al timón?
¿Cuándo se convirtió Dídymos en una broma? Los otros griegos se burlan de nosotros ¿Y por qué no habrían de hacerlo? Estamos guiados por un niño imberbe que aún debe chupar de la teta de su madre.
Pero lo que realmente hería era que aquellos pensamientos reflejaban los suyos propios. Por lo menos los que no eran de naturaleza sexual.
(AQUÍ SE BORRO UN GRAN SPOILER)
Era extremadamente desconcertante saber que ellos estarían a su espalda mañana...
Fuertemente armados.
Styxx tiró de las riendas de Troya para poder dirigirse a ellos con Galen, a su lado montado a caballo. Su estómago se contrajo cuando se enfrentó a su desprecio y al absoluto y evidente desdén. Aunque estaba acostumbrado a ello, por alguna razón, eso hoy le incomodaba más.
Debido a que estás a punto de pedirles que mueran por ti y te van a odiar por ello.
Miró el pergamino en sus manos temblorosas y las palabras que con tanto cuidado habían escrito. No puedo leer esto. A ellos les sonaría poco sincero y estaban bastante cabreados. Con su suerte, pensarían que se estaba burlando de ellos y le atacarían.
Es mejor abordar sus verdaderas preocupaciones.
Mira al maricón real. Está demasiado asustado para hablar. ¿Cómo se supone que nos va a guiar en la batalla está niña asustada?
¿Ese va a ser nuestro futuro rey? Los dioses nos ayuden.
¿Es demasiado tarde para desertar al ejército tracio?
Levantando el mentón, Styxx se obligó a enfrentarlos. Se aclaró la garganta y luego arrugó el pergamino de su mano. Por favor, no dejes que me tiemble la voz.
-Sé lo que estáis pensando todos vosotros…
-¿Qué un patético maricón nos guía?
Aquellas palabras fueron desagradables, pero Styxx apretó los dientes con el único pensamiento que sonaba en su cabeza más alto que los demás.
-Venimos a luchar por un rey que manda a su inútil hijo para que se quede detrás y vernos morir… lo menos que podrías hacer es compartir tu dulce culito antes de pedirnos que muramos por él.
La animosidad y las críticas aumentaron hasta que Styxx no pudo hablar. Ellos estaban en lo cierto. Él no tenía nada que hacer aquí. Tal vez ese era el plan de su padre. Que le matara su propio pueblo.
-¡Basta!- urgió Galen.
Sólo entonces Styxx se dio cuenta de que no sólo ellos habían estado pensando en sus hostilidades, muchos también las habían estado gritando.
El veterano al que ellos respetaban les fulminó con la mirada.
–Deberíais avergonzaros de vosotros mismos. El príncipe, él mismo, vino aquí a agradeceros personalmente vuestro servicio. Sin embargo, una gran cantidad de vosotros os burlasteis y le hablasteis con desprecio. Humilláis a un guerrero que tiene más valor que toda la caballería griega. Cualquier otro Strategos (comandante en jefe supremo de un cuerpo militar terrestre) os hubiera golpeado por este atrevimiento. Y no voy a verlo tan degradado e insultado cuando no conocéis ninguna de sus tremendas habilidades o de su propio carácter noble. Juré después de nuestra guerra contra Phthia que nunca volvería a sangrar en la batalla para cualquier rey o causa. Tampoco voy a luchar por cualquier bandera. Sin embargo, aquí estoy el día de hoy. ¿Por qué? –Galen puso su mano sobre el hombro de Styxx. -Porque he visto, a pesar de su corta edad, la sabiduría y el coraje de nuestro Strategos. Y es un honor para mí luchar bajo su bandera. ¿Cuántos hombres de la edad de nuestro príncipe vendrían a la batalla con su ejército sin una sola palabra de protesta? El Príncipe Styxx podría estar en casa, en estos momentos, con una chica en su regazo y vino en la mano. En cambio, ha dejado a un lado sus propias comodidades y la seguridad para estar con todos vosotros mientras lucháis por su padre. No se merece el desprecio, sino más bien vuestro respeto.
- Eso no importa. De todos modos, estará muerto en la batalla de mañana.
- O follado en el culo por un héroe de la Atlántida, mientras se ahoga con los testículos de otro.
Su ejército se echó a reír mientras empezaban a hacer apuestas sobre quién sería el primero que jodiera con su príncipe.
Galen se dirigió a los soldados.
Styxx lo mantuvo a su lado.
-No tenemos que luchar entre nosotros mientras tenemos al enemigo en nuestras costas.
Con un tic golpeando furiosamente en su mandíbula, Galen le saludó y golpeó con las rodillas a su caballo.
Styxx miró a sus hombres y a continuación comenzó a hablar y se dio cuenta de que no había nada que pudiese decir que ellos no convirtieran en insulto o en ofensa. Se habían propuesto odiarle y, al igual que su madre y su hermana, no había manera de ganárselos. La única cosa que había aprendido de su bendita familia fue cuando dejar pasar algo y no tratar con una causa perdida.
Suspirando, le dio una palmada en el hombro a Galen y luego tiró de las riendas de su caballo para poder regresar a su tienda.
-¡Eso es lo correcto… regresa a tu cuna, muchacho, y deja a los hombres hacer su trabajo!
Manteniendo su cabeza alta, Styxx ignoró sus risas. Por lo menos no era tan malo como la reunión de strategos.
Aunque sus soldados fueron crueles, los comandantes de noble origen que se habían sentido insultados por su mera presencia y a los que no se había atrevido a dirigirles una sola palabra, le habían azotado más duro con su lengua que todas las reprimendas al servicio de su padre. Su piel estaba aun áspera y sangrante por los insultos feroces de ayer. Todos ellos le habían dejado de lado en la reunión.
Que así sea.
Si tenía suerte, todos tendrían razón y alguien le cortaría la cabeza en la batalla de mañana.
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27 de octubre de 9.532 AC
Después de la batalla...
- Alteza, los hombres están deseando…- la voz de Galen se interrumpió al ver a Styxx tendido en el suelo de su tienda.
Styxx no podía moverse. Apenas podía respirar. Cada parte de él se sentía como si hubiera sido pulverizado. Sólo podía imaginarse lo que debía parecer.
Completamente desnudo, se quedó mirando a su brazo, que estaba cubierto de moretones y sangre. Sin duda, parecía que todo estaría así.
A excepción de la cara. El dios había puesto todo su empeño en dejar su rostro intacto…
- ¿Styxx? - Galen suspiró mientras le puso de espaldas.
Con su respiración dificultosa, se encontró con la mirada de su antiguo tutor.
-No digas nada… por favor.
Los ojos de Galen se llenaron de lágrimas mientras tiraba de él suavemente hacia su regazo, lo cubrió con su manto y lo abrazó como nadie lo había hecho desde la noche en que su padre le había abierto un corte en el brazo.
Debo parecer una mierda total. No sabía que Galen pudiese tener cualquier tipo de emoción tierna.
Galen acunó la cabeza de Styxx en su pecho y lo meció como un niño.
- Nunca te traicionaría, mi príncipe.
Sólo entonces Styxx se relajó. Mientras que nadie lo supiera, encontraría una manera de vivir con esto, al igual que había vivido con todo lo demás que le habían hecho.
-Nunca debí haberte dejado sin protección. Supuse que te quedarías con los demás a celebrar tu victoria, pero debería haberte conocido mejor.- Galen le dio un beso paternal en la frente. - He oído a los hombres que derribaste al nieto de un dios y ya he visto antes sus represalias. Debería haberte avisado, mi señor. Lo siento mucho.
Styxx le palmeó el brazo. -Está bien… Puedo aprender.
Galen le dio una sonrisa amarga.
Tú eres el mejor alumno que he tenido. Y te quiero como a un hijo, muchacho…
Los labios de Styxx se estremecieron al oír los pensamientos de Galen.
-Sé que tenemos que irnos. Estoy seguro de que están listos para recoger la tienda.
- No puedes cabalgar en tu estado, Alteza.
- Sólo necesito un poco de agua para bañarme. Me las arreglaré para cabalgar.
- Styxx…
- Galen… No voy a mantenerlos aquí a ellos o a ti. Vámonos a casa.- Pero a casa no era donde realmente deseaba volver.
Por otra parte, lo único que deseaba en ese momento era una sola cosa, respirar sin dificultad.