Hoy quería hablaros de una cuenta pendiente, de una obra que leí hace tiempo y que debería haber tenido ya su reseña, porque merece ser conocida y leída por cualquiera que tenga un mínimo de criterio lector. Se trata de una novelita tan breve como intensa, dura y trágica, de las que te golpea con saña en el hígado como un ariete hecho de horror y tristeza, pero que a la vez, despierta en el lector una ternura y empatía absoluta por su protagonista.
De hogares de acogida y moscas es una delicada obra de orfebrería, que mezcla con tacto el horror costumbrista y el drama social, la soledad, lo grotesco y la necesidad de lograr esas pequeñas victorias, por minúsculas que sean, para sentir que el mundo tiene un mínimo sentido. Acierta al utilizar la perspectiva infantil para magnificar el desamparo. El autor maneja con habilidad la atmósfera sofocante del verano de Nueva Orleans, donde las moscas actúan como un símbolo omnipresente y repulsivo de la podredumbre moral y la negligencia adulta.

A nivel literario, no requiere de florituras ni ejercicios de estilo, sino que le basta la naturalidad y una voz honesta para contar una historia tan dura como creíble. La fuerza del relato recae por completo sobre Denny, un protagonista cuya ingenuidad (que en realidad no es tal, si no desesperación), choca brutalmente con su instinto de supervivencia y su necesidad de conseguir su objetivo a toda costa, pues ya no le queda nada más a lo que aferrarse. Solo ese sueño, esa meta, tan ridícula y obsesiva en apariencia, tan insignificante a ojos ajenos, es todo lo que queda de su mundo, que se ha derrumbado a su alrededor y del que es el único superviviente. Aunque la trama es bastante lineal y engañosamente simple, su brevedad funciona a favor del impacto narrativo, entregando un golpe emocional directo y brutal. Es una obra que incomoda, que deja un regusto amargo, cumpliendo su función de espejo social. Y aun así, se empeña en dejar un resquicio de esperanza, pese a todo, porque no existe otra opción que creer que es posible.
Para el lector que busca explorar los márgenes del terror más allá de lo sobrenatural, este título es una elección acertadísima, una pequeña obra de arte. Cruda, emotiva y en cierto modo, tierna, donde lo perturbador se cubre con una sábana y el hedor lo delata. Es una lectura que deja un poso del que es imposible librarse, perdurando en la memoria. Una jodida maravilla.









Los cuatro hermanos
Una calurosa mañana de agosto, en un pueblo costero del Mediterráneo, mientras el sol no tiene piedad de los bañistas, un oleaje suave arrastra los cuerpos de un hombre y una mujer hasta dos calas diferentes.
Iremos leyendo lo que fue su pasado en un orfanato, cómo logró que el dibujo lo ayudara a evadirse de esa realidad en la que sufría. En el regreso a la casa,