¿Por qué en nuestra profesión docente hay tan pocos profesores inquietos? Cuando digo inquietos, hablo de sentir ganas de hacer cambios en el aula, de tener ilusión por nuestro trabajo, de poner todos lo recursos para que nuestro alumnado diverso aprenda cada vez más y mejor.
Empezar primero con un bastón, dando los primeros pasos vacilantes, seguir con pasos más firmes, y continuar corriendo. Siempre, por supuesto, teniendo claro a qué meta queremos llegar junto a nuestros aprendices, y controlando, de principio a fin, el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Ya no valen argumentos de que no hay materiales, de que no sabemos trabajar con las TIC. Estos argumentos solo ocultan las pocas ganas de salir de la rutina en la que estamos inmersos, y de un uso excesivo del libro de texto, muchas veces poco objetivo y obsoleto.
Los profesores y profesoras hemos tenido a nuestro alcance, año tras año, cursos de formación y, en la Red, docentes de diferentes Comunidades Autónomas, están dejando un magnífico trabajo en pro de la innovación, de la alegría y el orgullo de ser maestros y profesores. Igualmente, desde los departamentos de Educación de diferentes Comunidades, se han creado plataformas con diferentes ideas, herramientas, y recursos en pro del cambio.
Como asesora voy más allá. He llegado a ofrecer a determinados profesores un proyecto totalmente organizado e, incluso, les he creado a estos docentes los cuadernos virtuales para que su alumnado vaya dejando en ellos las producciones elaboradas a través del proyecto y, en el último momento, me han dejado tirada sin darme ninguna explicación. Desgraciadamente, lo que estoy contando, es un caso real que nos tiene que llevar a una reflexión más profunda. A mí no me importan las horas que he perdido trabajando, pero si me importan los alumnos.
Ya habéis advertido que, la finalidad de este escrito, es gritar a pleno pulmón que nuestros alumnos y alumnas esperan algo más de nosotros, aunque no lo digan y, además se lo merecen.
Ahora estoy hablando como profesora porque también lo soy. Tengo el inmenso placer de entrar en las que los docentes decimos «aulas difíciles» y que nos llevan al llanto y a la queja continua. No digo que sea fácil. Para mi es una reto diario y al, final, en todos los grupos y casos, funciona.
El pasado sábado asistí a la película de Icíar Bollaín «Katmandú, un espejo en el cielo«. Nos relata la vida de Laia, una maestra catalana que marcha a Kaktmandú con la intención de educar a los niños y niñas de esas tierras para que pudieran llegar a ser libres y salir de la pobreza en la que muchos se encontraban y se encuentran en la actualidad.
Laia, en todo momento, se convierte en una luchadora frente a una serie de injusticias con las que se va encontrando. De alguna manera, quiere intentar cambiar todo lo que está a su alrededor siempre con ilusión y amor.
¿Y nosotros profesores?… ¿qué hacemos en el aula?, ¿cómo vemos a nuestros alumnos?, ¿cómo nos dirigimos a ellos?, ¿cómo les tratamos?, ¿qué ejemplo les damos?
En nuestras aulas nos encontramos con alumnas y alumnos de muy diferentes medios sociales, con distintas culturas y ritmos de aprendizaje pero, ¿cómo les enseñamos?, ¿cómo aprenden y trabajan las competencias básicas del curriculum?
Hacerle sentir que es el protagonista de su aprendizaje y que yo profesor estaré siempre dispuesto a ayudarle
Provocar situaciones en el aula para que «haga cosas» porque solo «se aprende haciendo«
Proponer tareas variadas y cercanas que aseguren el éxito del aprendiz y donde éste pueda dejar lo mejor de sí mismo, su inteligencia, habilidad…
Dejar claro siempre qué tienen que hacer, cómo lo van a hacer (poner buenos modelos, señalar los diferentes pasos que tienen que dar…) y para qué (qué producción final tienen que hacer)
Dotarles de herramientas para la reflexión, planificación y evaluación de su trabajo
Provocar un ambiente agradable en el aula donde todos y todas compartamos conocimiento
Si quieres trabajar esta película en el aula aquí tienes una Guía didáctica
Fuente de la imagen
Algunas profesoras y profesores entusiastas y amantes de su profesión y, por supuesto de su alumnado ya han empezado a utilizar otras herramientas y soportes diferentes al libro de texto y los resultados están siendo buenos.
Ni neuk lan-proiektu honetan parte hartu nuenez, haiekin egon nintzen eta oso harro sentitu nintzen ikasleen azalpena ikustean eta entzutean. Eta, beti bezala, bideokamara batekin grabatu zen haiek gero bere burua ikusteko eta beti hobetzeko.
Hurrengoan, erabili genuen diapositiben aurkezpena eta atera genuen bideoa eskuragarri dauzkazu.
Como yo misma participé en esta aventura estuve junto a ellas. Me sentí orgullosa de las alumnas al ver y escuchar cómo hacían su exposición oral. Y , como siempre, se les grabó con una videocámara para que, posteriomente, pudieran verse y siempre mejorar.
A continuación, tienes la presentación de diapositivas y la grabación en vídeo
Alberto nos dice que nuestros alumnos-as nunca serán competentes si no aprenden a aplicar los contenidos en diferentes situaciones y contextos. Esto se logra poniendo a trabajar a nuestro alumnado, a través de la realización de diferentes tareas. En la presentación que tienes a continuación, Alberto propone diferentes tareas para llevar al aula.
Además, te puede ayudar cómo elaborar una pequeña secuencia didáctica cuya última actividad es una producción final (tarea)