VUELA ALTO MI ANDURIÑA

Tu estabas lista para irte, yo no estaba lista para dejarte marchar, así que te escapaste silenciosa, era tu hora de volar.

Poco a poco el olvido te abrazaba, y tu te sentías cómoda con él; en sus brazos no había dolor, no había tristeza, mucho menos añoranzas, las preocupaciones se disolvían en la dosis de dulzura que te daba cada día…te dejabas llevar y yo luchaba para que no te llevara.

Tu olvido y yo no nos llevábamos bien, todos los días le plantaba cara, y entonces tú por momentos lo apartabas y con el café de la tarde hablábamos de lo que veías en la tele, de mi día en la fábrica, de lo que prepararía para tu cena, de lo que comerías al otro día. Cuando te quedabas sola en casa con el gato y Alexa, a las 11 mas o menos me llamabas para decirme que estabas bien, que habías desayunado y veías la tele. Yo no le daba tregua a ese que quería llevarte, trataba de mantenerlo a raya. Pero inesperadamente esa mañana de este último diciembre, sorpresivamente, tu te marchaste, sin darnos aviso, sin ninguna advertencia, volaste mi anduriña, te marchaste, sin dolor, sin ruido…

Diciembre 2024 será otro hito de tristeza en mi vida, apenas 10 días después de haber cumplido años, estrenando tu vuelta 89 al sol. Yo se mamá que ya estabas lista, ligera de equipaje como viviste siempre. Nunca te aferraste a nada material, decías que el mayor tesoro era la familia y el pan de cada dia en la mesa. La guerra y sus pautas cuando eras niña marcaron tu vuelo en esta vida. Eras valiente, atrevida, humilde de corazón, generosa, incansable, madre ejemplar, abuela vanguardista, luchadora.

Fuiste mujer que amó con intensidad y vivió con plenitud, que emigró con tan solo 18 años, sola se embarcó y desafió su miedo al intimidante Atlántico; que cuando se enamoró, también tuvo que desafiar creencias y rompió paradigmas; el dolor te golpeó cuando te sentías plena y quedaste viuda con 4 hijos a los que te aferraste para no desear morirte a tus 43 años. Eras valiente mamá, osada, de mente abierta, practica, de una sencillez que desbordaba elegancia y magnetismo. Que con 86 años regresaste, algo renuente es cierto, decías que Venezuela era tu hogar y emprendiste el vuelo de regreso sabiendo que venías para sembrarte definitivamente de este lado. Yo estaba desesperada porque te vinieras a mi lado, te necesitaba cerquita como siempre habías estado.

Siento en estos días después de tu partida, que desando el camino que hice para ti cuando llegaste, la huella que iba creando para la nueva estancia en tu tierra natal; ahora tengo que irla borrando, así funciona el sistema, el único registro que prevalece es un certificado que tiene un poder desmedido y yo lo odio tanto. El asegura que ya no estas, que tu presencia física ahora solo son dos kilos que ayer mi cuerpo físico no podía cargar, y mi alma tampoco, sentí que mis piernas aflojaban. Y es que por estos días mamá, me pesa la vida, me siento agotada, aturdida, la tristeza por ratos me abraza, hasta que los recuerdos alegres se agolpan para hacerme sonreír en medio de las lágrimas. Por ratos la serenidad me abriga, se que cada día me iré sintiendo mejor, el amor que me rodea me sostiene hasta que yo pueda sobreponerme a tu ausencia física. Cada mañana por estos días, te busco por la casa, siento tus pasos, siento tu esencia, pero extraño tus abrazos y los tres besos que los adornaban. Salir de casa sin tu bendición, es como salir sin abrigo al mas crudo de los inviernos.

Yo se que tu alma, buena y sabia, no se ha desvanecido, solo ha trascendido, ha regresado al origen y que mi corazón, siempre te sentirá cerca hasta el último día de su palpitar. Y si regresas anduriña mía, dame una señal para reconocerte alma de mi bandada.

Los besos de mi madre
tres cada mañana,
me besa como nunca,
hablándome con la mirada.

Los besos de antes
apenas los recuerdo,
ocasionales según qué fecha,
escasos eran,
igual que los abrazos,
cuestiones de otros tiempos,
el amor lo expresaba
con entrega y apasionamiento
en su quehacer diario,
incluso cuando llevaba
la correa colgada al cuello,
equipamiento de batalla
en la crianza de 4 polluelos.

Su falda amplia era lugar
de refugio y consuelo,
mientras una caricia apurada
agitaba mi cabello,
los besos y los abrazos
de cuaresma en cuaresma,
bien administrados,
es que eran otros tiempos.

Costumbres adquiridas,
la posguerra le puso grilletes
a los abrazos y los besos,
solo se daban en la cama
entre amantes recurrentes,
a los hijos palmadas de ánimo
y reprimendas con nalgadas,
algunas pasadas de colorete.

Escasos pero intensos
fue soltándolos sin complejo,
fue aprendiendo,
besos que sabían
a bosques embrujados
e impetuoso océano
cuando rompían en los labios
de su amor eterno,
y a dulce mazapán
en las mejillas de sus pequeños,
pero tanto dulce decía
que no era bueno

Ahora mi madre me besa
a diario con abrazo sin freno
tres besos y esa mirada
que a veces esquivo,
a veces sostengo,
los años han matizado
la aspereza queriendo,
ha entregado las armas
de la lucha diaria
dejándose llevar por el tiempo,
y siento que con cada beso
me va preparando,
me va diciendo,
se va despidiendo.

Y yo los atrapo
con el pañuelo al cuello,
con el pensamiento,
con la mirada que los deposita
envueltos en mi alma
para darme calor en otros tiempos.

EL ABRAZO DEL OLVIDO

Ese día mi madre olía a Chanel No 5 y papá a Jean Marie Farina, estaban vestidos de gala para el gran evento en la vida de su pequeña, un 18 de mayo de un año por la década de los 60. Puedo escuchar la música que sonaba en aquel tiempo, ella me lleva a aquel momento envuelta en gasas y encajes de nostalgia. A través de la sonrisa de ambos puedo sentir su alegría, en el cruce de su mirada desbordada de amor puedo medir el grado de complicidad entre los dos. Dejan ver lo enamorados que estaban y hoy puedo desde la madurez imaginar sus noches de pasión sin recato, recrearme en todas aquellas caricias que se profesaron mientras se tuvieron, sonreír con picardía. Me gusta pensar que se amaron con locura y frenesí, sin censura. Esa mirada y esa carcajada, evidenciaba además el pacto implícito cuando se juraron amor eterno por encima de todas las barreras culturales y religiosas quedando depuestas en sus vidas.

Hoy él no está y ella ya no es lo que era, me pregunto a ¿dónde se ha ido esa mujer fuerte, valiente, coqueta, elegante, trabajadora incansable? En esa foto era una mujer que nos deleitaba con su precioso canto, con su manera de vestir, su elegancia innata, su gallardía y su pasión por ese hombre que adoraba. Con una voluntad de hierro, para bien y para mal, porque así como dejo de fumar de un día para otro, dejo de cantar el día que papá nos dejó, dejo de maquillar sus ojos de aquella manera, dejo de pintar sus labios de rojo, dejo de vestirse para verse bella, dejo de preparar los encurtidos, las hojas de parra, las torrijas. Se dedicó a nosotros, dejo amigos por voluntad propia y se encerró en el castillo que era su hogar. Y así pasaron sus años, girando a nuestro alrededor, ayudándonos y entregándose por completo a nosotros.

Y así se fue dejando llevar por el tiempo. Soltó las ilusiones, los sueños, las revistas, los libros, las novelas de Agatha Christie; ahora, va soltando los recuerdos al olvido y va soltando las palabras al silencio. Dice que no sabe hablar, sí que sabe pero no quiere o no puede, porque las palabras dejan de venir a su boca.

Su mirada habla, dice mucho y también calla. Le tenía miedo a la muerte, creo que eso también se le ha olvidado.

En mi recuerdo, mi papa es muy parecido a como esta en esa foto, se fue muy joven, nos desgarro su partida, el dolor de su ausencia esta tatuado en mi corazón, pero hoy pienso que se le escapó a la vejez, haciéndole una pirueta; a esa vejez que puede ser tan dolorosa para quien la vive en carne propia, tan absurda y tan inevitable, donde te abandonan las fuerzas pero la ilusión aun palpita en tu alma, dolorosa y traumática, cuando ambas fallan, dolorosa y triste, cuando, fuerzas, ilusión y recuerdos te desocupan y tu corazón sigue latiendo por costumbre pero ya sin ganas. Fuerte para quienes se quedan a su lado para acompañarlos en esa etapa inevitable de nuestra condición humana. Es difícil recordar a mama en su esplendor al verla tan limitada, frágil y a veces ausente, a veces lejana; y me vuelvo a preguntar ¿a donde se ha ido su temperamento, su vitalidad, su fortaleza? ¿Qué día comenzó a sonreírle al silencio? ¿Cuándo la comenzó abrazar el olvido?

MADRE

Me abrí completa
como las puertas de una catedral,
solemne y apocalíptica,
como si un rayo me dividiera
y un volcán hiciera erupción
dentro de mi.

Inspira y expira
al ritmo que mi vientre marca,
mareas con resaca
rompiendo dentro de mi.

Soy vida, soy infierno,
soy universo,
dando vida semejante a mi.

Al filo de la muerte,
una fuerza indescriptible
hasta que brota de mi,
vientre que grita
alumbrando el cuerpo
y alma que amare,
sin condiciones, hasta morir.

SOY TU ANHELO

– A dónde vas?

– Voy siguiendo las gaviotas
que llevan en sus alas mis sueños.

– Qué haces?

– Deshojo la margarita
haciéndome las preguntas
que en voz alta no me atrevo.

– Qué deseas?

– Abandonar mis penas
dejándoselas al viento,
demasiado peso que ya no quiero.

– Qué esperas?

– A la calma y al sosiego
que juegan con las mariposas
entre las flores de lavandas y cerezos.
Quién eres?

– Soy tu anhelo
latiendo con prisas en tu pecho.

PACTOS

Pactos implícitos,
esos que se aceptan
en la hipocresía del silencio impuesto,
en la etérea decadencia del afecto
moribundo,
en la distancia del aburrimiento mutuo,
en la pobreza de las caricias falsas,
en la prolongación del tiempo
de los abrazos que se obligan.

Pactos explícitos, y falsos,
cuando sobre el papel se hacen treguas
que no terminan la cruenta guerra,
que no pausan la metralla
de las palabras afiladas
que se clavan como esquirlas en el alma,
preámbulo que hace temblar
la piel que espera el impacto
inyectado de tanta rabia.

Pactos invisibles,
sin cálculo de riesgo,
ni presagios,
que inician de un beso, un arrebato,
de un amor que nos sorprende
sin aviso, tomándonos incautos.

QUISIERA

Quisiera ser un no sé qué
y atravesar el vendaval
que se avecina,
sumergirme sin temor en la tormenta
en armonía con sus grises y matices,
perfectamente mimetizada.

Transitar la densa niebla
que mis sentidos desorienta,
dejarme llevar
sin que la intuición me advierta.

Quisiera ser quizás gaviota
que sin resistencia traspasa,
llevarme las ganas en mis alas,
soltar los pesares en cada ráfaga,
entregar a la lluvia mis lágrimas
y riegue con ella campos
de amapolas, girasoles y lavanda.

Depositar mi ser en aguas plácidas
acariciar la nostalgia
sobre arenas blancas,
calentar mi alma de tantas heladas
y que el mar borre mi nombre
las veces que haga falta.

LOS BESOS DE MI MADRE

Los besos de mi madre
tres cada mañana,
me besa como nunca,
hablándome con la mirada.

Los besos de antes
apenas los recuerdo,
ocasionales según qué fecha,
escasos eran,
igual que los abrazos,
cuestiones de otros tiempos,
el amor lo expresaba
con entrega y apasionamiento
en su quehacer diario,
incluso cuando llevaba
la correa colgada al cuello,
equipamiento de batalla
en la crianza de 4 polluelos.

Su falda amplia era lugar
de refugio y consuelo,
mientras una caricia apurada
agitaba mi cabello,
los besos y los abrazos
de cuaresma en cuaresma,
bien administrados,
es que eran otros tiempos.

Costumbres adquiridas,
la posguerra le puso grilletes
a los abrazos y los besos,
solo se daban en la cama
entre amantes recurrentes,
a los hijos palmadas de ánimo
y reprimendas con nalgadas,
algunas pasadas de colorete.

Escasos pero intensos
fue soltándolos sin complejo,
fue aprendiendo,
besos que sabían
a bosques embrujados
e impetuoso océano
cuando rompían en los labios
de su amor eterno,
y a dulce mazapán
en las mejillas de sus pequeños,
pero tanto dulce decía
que no era bueno

Ahora mi madre me besa
a diario con abrazo sin freno
tres besos y esa mirada
que a veces esquivo,
a veces sostengo,
los años han matizado
la aspereza queriendo,
ha entregado las armas
de la lucha diaria
dejándose llevar por el tiempo,
y siento que con cada beso
me va preparando,
me va diciendo,
se va despidiendo.

Y yo los atrapo
con el pañuelo al cuello,
con el pensamiento,
con la mirada que los deposita
envueltos en mi alma
para darme calor en otros tiempos.

ESE ROSTRO…

Ese rostro,
esa cara que se da al mundo,
que manifiesta tu esencia,
al besar, al hablar, al mirar…

Ese rostro
que el tiempo va dibujando
con líneas que te hacen única,
grabando en tu expresión
lo que has reído,
lo que has llorado,
los disgustos, los fracasos,
los besos regalados,
las preocupaciones
y todo lo que te ha asombrado.

Ese rostro
que en el espejo cada mañana
te sonríe dándote ánimo,
que despiertas con agua fría,
que te dice que sí puedes
y que, cuando te sacas el espanto
que la almohada deja
en tu cabello alborotado,
te dice que estas lista
para el día y todos sus arrebatos.

🍂
Aquí estoy, descansando mi cuerpo luego de una cirugía programada, algo complicada, a la que fui con gran incertidumbre pero confiada y que ha salido maravillosamente bien. Dos días antes tuve un sueño, premonitorio, en esta ocasión con buenas noticias, me vi recién operada, me vi serena y contenta con mi jersey amarillo, fue muy real, tanto que me convencí de que era un aviso para que estuviera tranquila, un regalo divino.

Estoy tan agradecida por encontrarme en el lugar donde debía ocurrir, por el maravilloso equipo de médicos que me esta tratando del Hospital de Bellvitge, por la atención tan especial y cálida del personal hospitalario, por sus instalaciones impresionantes, por ese personal de enfermería que me cuidó.

Mi sonrisa se fugó con la luna llena de ese día, dejándome dicho que pronto regresará; debo sanar y tener paciencia, poco a poco mi rostro volverá, mientras tanto me trataré con amor y con todos los abrazos de mis seres queridos. Mi rostro volverá, no igual, otros trazos en su lienzo se han dibujado, pero yo seguiré siendo la misma.

MI FLOR DE LIS

Quisiera yo saltar
a las profundidades
de tu inmaculada
y seductora intimidad,
beberte hasta saciarme
embriagarme todo de ti.

Impregnarme
del éxtasis de tu fragancia,
que todos sepan que estuve allí,
que tus pétalos me abracen
y no me dejen ir.

Sé tu mi flor,
mi inspiradora flor de lis,
yo seré tu insaciable colibrí,
amante lleno de codicia,
ávido de ti.

SE HA ESCAPADO

Se ha escapado mi sombra,
el viento con gran descaro
se la ha llevado lejos de mi,
enamorados y presurosos
no saben a donde ir,
la noche con su encanto
los cubre con su manto
para que vivan
lo que tengan que vivir.

Amantes sin recato,
entre brisas y tornados
se embriagan sin medir.

Mañana cuando regrese a mí
con el sol tenue de la tarde,
volverá llena de alarde
contándome todo el frenesí.

Mi sombra sabe bien vivir.