¿¿¿Qué había ocurrido??? Solo sé que desperté entre escombros detrás de un restaurante: adolorida, ya solo seguía el zumbido intenso en el oído izquierdo y sangre por todas partes. Había sombras alrededor; sombras que observaban mis movimientos: ¿serán ellos, los que me salvaron de una brutal paliza a manos de gente descontrolada?.
Quise levantarme para ir hacia ellos, pero una cadena en el cuello me lo impedía. «»»¡Qué clase de broma era esta!»»». La cadena estaba algo suelta de la pared, así que pude liberarla y poder moverme mejor, mientras un gran peso, se vencía en mis clavículas. Me dirigía a esas miradas, cuando algo de nuevo, tiró de mi cuello. Un hombre corpulento, sostenía la cadena de su extremo esta vez. Tenía la cara desfigurada, como si alguien, le hubiera quitado la mitad de sus músculos faciales de un solo mordisco, casi sin ropa y descalzo, con una mirada demasiado perturbadora para mi gusto en ese momento. Quise pedir ayuda, pero de nuevo, eso de mi garganta lo impedía: ¡¡¡maldita sea!!! Mis ojos solo podían llorar y pedir piedad, cuando las sombras que acechaban en la oscuridad, empezaron a cobrar su forma al acercarse a la luz del callejón. Estaban destrozados, llenos de heridas y laceraciones: visualmente escalofriantes. Cuando llegaron hasta mí, volví a ver esa mirada, que años atrás, podía combatir con tan solo un rechazo o una mala cara. Volví a ver esa mirada lasciva que sentí olvidada hace mucho tiempo. No podía gritar, ni huir, ni ser salvada. Solo desee morir en ese momento y ellos, aun así, desearían mi piel desnuda. Yo me sentía horrible, sucia y poco deseable, pero para ellos, yo era puro deseo. Empuje a uno de ellos y tiré de la cadena para soltarme, pero no hizo ni el menor efecto. El enorme hombre que tiraba de ella, solo tuvo que hacer un débil movimiento para arrojarme al asfalto. En ese momento dos hombres y una mujer atraparon mis piernas, sin sentir ningún dolor por mis patadas en sus rostros. Agarraron mis brazos y mis piernas y me sucumbieron ante el poder de la fuerza. Ya no podía huir, solo podía cerrar los ojos y esperar que acabara rápido aquel suplicio. En un momento todos se quedaron quietos y el hombre que sostenía la cadena se acercó y como si él fuera el rey de la manada, miraba a todos, bufando como león por su último pedazo de carne. Agarro mis brazos, erosionando mis codos contra la fría piedra y simultáneamente, abriendo mis muslos con sus rodillas. Cuando ya me tenía controlada completamente, la otra mujer que estaba a su lado, rompió el pantalón del hombre que me sometía, enseñando su sexo y rompiendo toda mi ropa con esas uñas, llenas de suciedad y poder.
La mujer, ahora, acercaba su boca a mi rostro e introducía su lengua en mi oído, haciendo un ruido estremecedor, no sé si de deseo o de agonía, pero era terrorífico. Acarició mis senos mientras, hundía sus uñas en mi piel, haciéndome sangrar con bastante fluidez. Mordía mi ombligo con más fuerza que me hundía sus uñas y cuando ya se acercaba a mi pubis, el enorme hombre, la aparto de un codazo en el rostro. Ahora, le tocaba al líder aprovecharse de la horrible situación: Mordía mi cuello con fuerza mientras su sexo se introdujo salvajemente en mí. Podía notar como la sangre bajaba rápidamente hasta mis muslos por las fuertes embestidas. Creí que me iba a desmayar, cuando el hombre corpulento, paro un instante y me miró a los ojos con una serenidad plena, casi humana: como si me pidiera perdón y, aunque no fuera lógico en ese momento, me beso lentamente mientras el fuerte hedor de sus encías podridas y tendones, ya grisáceos, me rozaban los labios, con lo que solo pude hacer una cosa: vomitar. No sé si se ofendió o le gustó, pero, me miró fijamente y pude ver una leve sonrisa en su rostro antes de que me penetrara muchísimo más fuerte que antes, soltando mis brazos y agarrándome las nalgas con fuerza y moviéndome como un simple muñeco de trapo. Sentí el crujir de mi columna vertebral, mientras él, solo miraba a sus compañeros de festín. Me estaba desgarrando entera con sus meneos y sus penetraciones, hasta que hubo un silencio: su miembro empezó a sentirse menos vigoroso y su mirada más asustadiza y, en ese momento, miró a sus bufones de diversión y les dio paso a la cena servida, entre escombros y olor a sangre podrida y, no se lo pensaron dos veces. El hombre de la cadena, esta vez, eligió otro orificio cercano para resurgir su vigor y los otros, me lamian y desgarraban la piel con sus dedos en donde pudieran meterlos. La mujer opto por mi cara y se sentó encima de mi boca, obstaculizándome la visión de tan cruel pasaje. Fue un momento eterno y desagradable que por un momento, aunque desee negarlo, disfrute. Me penetraban por cualquier lado, sentí por un instante que el pene de uno de ellos, se introdujo en mi costado sin lógica alguna. Me estaban violando como chinche entre más de seis hombres y una mujer. Sentía partes íntimas en mis pies, en mis rodillas y hasta en las axilas. Me tenían rendida a sus peticiones sexuales. Me llenaban de su hedor y de su corrupto semen.
La mujer, en un momento, tapó todos mis orificios para poder respirar y golpeó mi nuca contra el suelo, con lo que me desmayé. Al despertarme, de nuevo, estaba sola. Aunque la cadena, seguía en mi cuello y ahora, atada a un poste eléctrico.
Era de día, la luz me cegaba por completo y también secó la sangre de mis heridas, como un mensaje, de que todo estaría bien. Por un momento, creí, que lo que había pasado la noche anterior, solo fue, una cruel pesadilla, que mi mente me había otorgado. Pero la cadena, me recordó que no hubo liberación, ni mucho menos, un sueño placentero. ¿Qué eran esas cosas que me atacaron ayer como perros rabiosos?: no lo sé, pero lo averiguaría pronto.
Pasaron más de cinco horas y no había ni un atisbo de vida humana a mi alrededor, solo ratas buscando alimento como yo. De nuevo, de la esquina del restaurante, apareció el hombre corpulento, con una gran cabeza de ciervo en sus manos, llenando más de sangre donde me encontraba. Me miró y la puso cerca de mí, mientras las moscas llenaban las cuencas del animal por completo. Acercó sus dedos al mentón del ciervo y arrancó un pedazo de carne ofreciéndomelo. No lo dude y me lo lleve a la boca: eran ya más de 3 días sin comer nada, y mucho menos sin beber. Me pareció el bocado más rico que me he llevado a la boca. Increíblemente, el sabor de la carne cruda, estaba sumamente deliciosa. El hombre, mientras tanto, quitó la cadena de mi cuello y con el dedo índice, me indico un lugar, donde de nuevo, vi los hombres que le acompañaban en la noche anterior. Me agarró del hombro y me miró de nuevo como me miró ayer: con sutil delicadeza y dándome su confianza. Miré a su pecho y, en su camisa desgarrada, aún se percibía un nombre: Yian. Miré más fijamente y pude observar que, eran los mismos colores, que rodeaban las paredes a fuera del restaurante. Supongo que él es, o era, un trabajador de ese restaurante, pero, ¿qué le había pasado?. No entendía su rostro, sus marcas de pelea y sus ojos perdidos, casi sin color, que asomaban en la palidez de su piel. Parecía de esas películas de terror que veía en mi infancia, sobre monstruos o muertos vivientes, que, venían a la vida, por algún tipo de material radioactivo.
De verdad, daba pánico ese rostro, pero, algo en él me hacía sentir protegida. Seguí comiendo por un rato más, con unas ansias increíbles: en poco tiempo, ya estaba viendo el cráneo del animal que, antes, solo estaba lleno de cartílagos y carne jugosa. Me levanté y mis piernas no podían casi ni moverse, no había dolor, solo lentitud en mis pasos. Llegué, casi arrastrando mis piernas, hacia donde estaban los demás. Me miraron con compasión también. Como, si la noche anterior, algo les hubiera obligado a robarme el alma. Me senté con ellos y me dieron agua y algo más de alimento crudo. Cuando por fin, había recobrado el aliento, me levante con más vigor y me fui hasta la playa para asear mi cuerpo lleno de heridas y sangre, acompañado por esos extraños compañeros silenciosos.
Me quité toda la ropa y me iba a meter entre las olas cuando, vi algo que salía de mi pantalón y de lo que no me había percatado, en varios días: mi móvil estaba ahí, con muchísimas llamadas y más de veinte mensajes, todos de él. En todos decía lo mismo: ¡¡¡ ¿dónde estás?, ¿por qué no contestas mis llamadas?!!! Hasta que uno me llamó la atención, casualmente el último de ellos: ¡¡¡ volveré a casa y espero que podamos hablar!!! ¡¡¡ ¿Se marchado y no me había esperado?, ¿me encontraba sola en ese lugar sin nadie conocido?!!!: así era. Sola, olvidada por el que me destrozó la vida y con la certeza que algo bueno no me depararía el destino. Me metí al mar, como dije. Pero, mis lágrimas cubrían más partes de mi cuerpo, que el agua salada. Estaba sumamente desesperada. La esperanza se estaba desvaneciendo a cada minuto que pasaba.
Pasaron días, y la misma rutina: comer y esconderse. Aunque un día, fue diferente, por mi desgracia. Ese día, fuimos a donde empezó todo. Donde vi esa cosa caer desde el cielo y, donde, todas las casas estaban derruidas. Nos ocultábamos entre maderas dobladas por la humedad y clavos oxidados. De nuevo, era de noche, y, de nuevo, había gente mirando entre los escombros entre llantos. Notaba, que Yian, se escondía y miraba a las personas, de forma diferente, como un depredador esperando atacar entre la confusión. De la nada, saltó entre los escombros y solo se escuchó un grito sordo, casi efímero, porque acabo en breve. Y al rato otro, y otro, mientras más compañeros se le iban sumando a su recorrido. Yo no sabía qué hacer, o que estaba pasando, hasta que divisé entre unas ramas, lo que estaba aconteciendo. De hecho si era una cacería, una cacería mortal. Estaban matando a las personas que moraban los restos de sus familiares, con tal crueldad que no podía observar ni dejar de hacerlo. Yian, se acercó a donde yo estaba, con dos cuerpos humanos en sus hombros. Uno de ellos todavía tenía espasmos por el gran mordisco que tenía en la cabeza y su respiración aún era evidente. Los tiró cerca de mí, como antes había hecho con la cabeza de ciervo y me gruñó como dándome una orden específica: come. Yo lo miré y arrastré los cuerpos con mis piernas mientras lloraba. El humano que aún seguía vivo, no dejaba de mirarme e imploraba una salida de ese tormento.
El los volvió a acercar, arrancando parte del cuello de uno y llevándoselo a la boca. No era posible que estuviera pasando eso. ¡¡¡ ¿Entonces eran como esos muertos vivientes, que antes había visto en películas antiguas de Romero???¿¿¿Eso eran?!!! Y lo peor: ¡¡¡ ¿por qué me lo ofrecía a mí?!!! En un momento que no miraba, me levanté y me escapé corriendo entre los pedazos humanos que se amontonaban a mí alrededor. ¡¡¡ No podía ser!!! En poco tiempo, Yian, me volvió a atrapar y de nuevo, los restos humanos cerca de mí. No quería morir a manos de esa bestia, así que, agarré un pedazo de muslo que sobresalía del fallecido y lo metí en mi boca sin masticar. Lo extraño es que me empezó a resultar muy atractivo ese sabor y empezó a masticar entre sufrimiento. Luego agarré otro pedazo del que aún respiraba y otro, hasta que el hambre, me hizo desbocarme en un ser infernal. Desgarrando cada pedazo de aquella persona y lo peor, es que ya no había sufrimiento ni nada parecido: solo hambre y parecía que nunca fuera a desaparecer ese sentimiento. Me sentí tan fuerte como nunca, y sin nada que me pudiera hacer daño. ¡¡¡ ¿En qué me había convertido?!!! Mi idea romántica de las cosas, me hacía pensar, que era una especie de vampiro, pero esto era algo peor y más primario. Tampoco creo que sea un animal, ni nada parecido. Pero deseo saber, que paso ese día, cuando todo acabo y empezó algo nuevo para mí. ¿Cómo lo averiguaría?: ni idea, pero era obligatorio hacerlo.