Una de las reivindicaciones feministas por excelencia ha sido siempre el tema del apellido. Desde que el mundo es mundo (lo siento chicas, es así) ha primado el apellido masculino y todas lo sabemos porque muy pocas tendréis primero el apellido de vuestra madre. ¿ No os habéis dado cuenta de que vosotras no compartís ningún apelllido con vuestra abuela materna pero sí con vuestro abuelo paterno? ¿ Os parece justo?
La negación del apellido de la mujer siempre se ha hecho con el fin de menospreciar a la mujer y quitarle importancia en lo único que debe hacer en la vida, que es tener hijos. ¿ No os habéis dado cuenta? Miremos históricamente. La mujer que no podía tener hijos era repudidada. Debían quedarse embarazadas pronto, tener un hijo varón (cuando pienso en esto es que me llevan los demonios, ¿cómo las mujeres hemos soportado esso?) para garantizar el apellido. O sea, que lo más importante es que sirva de horno microondas pero por otra parte los hijos no tienen su reconocimiento llevando su apellido, llevan el del padre, que es el importante, el que se debe transmitir como si fuera palabra de Dios.
En otros tiempos, en Grecia o Roma, la mujer normalmente no es nombra si quiera. Solo las más famosas tienen nombre, pero siempre se refiere al resto de las féminas como hermana de, hija de, esposa de. Negar el nombre es negar su existencia, ¿ o no? ¿ No os pasa que cuando alguien os cae fatal en lugar de usar su nombre le ponéis un mote? ¿ Por qué lo hacéis? Porque le queréis anular. Tenéis que hablar de esa persona porque supone algo para vosotras pero no decís su nombre porque sería como hacerle más presente. ¿ O nunca lo habíais pensado? Con el nombre de la mujer es igual. Más adelante también fue igual. Llegando a ese maravilloso matrimonio en el que ya se adoptaba el apellido del hombre y el tuyo, a zurrir mierdas.
Esto en los Yuesey aún se estila. Así que no me tengo que ir a siglos atrás para denunciar este atentado contra nuestros apellidos.
Ahora en España se puede poner el apellido paterno o materno, el orden lo eliges tú. Y si no te pones de acuerdo, lo elige el funcionario, que ves a saber tú: si es un machista pondrá el del hombre, si es progre, el de la madre. Y tú a callar.
Si yo tuviera un hijo firmaría ante notario que llevaría mi apellido primero. Para mí sería una condición sinequanum para tener un hijo (entre otras muchas cosas). No consentiría formar parte de esta tradición obsoleta, machista, que nos ha negado el derecho del apellido, del nombre, de transmitir nuestra identidad.
Por el fin de la preminencia del apellido masculino, ponedle a vuestros hijos el vuestro primero. Porque vosotras los habéis parido, los habéis sufrido, los criáis, qué menos de que podáis firmar vuestra obra.





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