
La propuesta de esta edición fue escribir un relato de piratas. ¡El género del relato es completamente libre! Puedes leer acá los relatos participantes
- La modalidad concurso: el plazo para participar es del 1 al 15 de febrero y una vez finalizado deberéis enviar las correspondientes votaciones de acuerdo con las bases que aparecen más abajo.
- La modalidad fuera de concurso: el plazo es del 16 al 23 de febrero y solo se trata de compartir vuestro relato con el resto de compañeros para su disfrute.
Por supuesto, también participar reseñas de la novela o del autor a lo largo de todo el mes de febrero.
El Alcatraz Real era un navío de velas imponentes que desafiaban al viento, con un casco cubierto de algas brillantes que lo adornaban a modo de capa majestuosa hasta la cubierta. Al vaivén de las olas, surcaba las aguas cerca de la Bahía de Pozuelos cual bailarín elegante, bajo un cielo estrellado y una luna llena que iluminaba las costas de Puerto La Cruz. Su capitana era Perla, una joven cuya belleza rivalizaba con su ferocidad, había aprendido el arte de la navegación de su padre desde la infancia, y ahora, con sus ojos esmeraldas tan vibrantes como el mar Caribe, y su cabellera como rizos de fuego, cubierto con un sombrero incrustado de conchas marinas, desafiaba los peligros del océano pacífico.
Sobre Perla corrían leyendas tejidas en tabernas y puertos: se decía que había domado un huracán con solo su mirada, y que su espada en forma de sirena, que fue un tesoro obsequiado por su padre, estaba, además, bendita por los dioses de las profundidades. Pero, más allá de los rumores, su verdadera intención era encontrar los restos de su padre, cuyo barco había desaparecido en el Caribe años atrás. Estaba decidida a hallar su cuerpo para darle cristiana sepultura, y por eso, aquella noche, el Alcatráz Real se adentraba en aguas prohibidas, donde las cartas náuticas solo mostraban silencio y los vientos susurraban advertencias.
—¡Capitana! — gritó Kiara, una joven contramaestre con cabello rubio y piel tatuada con 2 dragones, que representaban el Yin y el Yang
—¿qué sucede?
—Las brújulas no funcionan—respondió Kiara
—Cambiemos el rumbo. Navegamos hacia la Cueva del Cangrejo Azul — ordenó, mientras desenvainó su espada.
Llegaron a la Cueva del Cangrejo Azul, gracias a que en su poder tenía el mapa que le había dejado su padre cuando había hecho su primer viaje a estos lado del mundo, y fue gracias a aquella perla, que la bautizaron con ese nombre, aquella cueva estaba oculta tras unas cascadas de agua salada que brillaban bajo las estrellas, en el centro de la gruta, sobre un pedestal de coral negro, reposaba la Perla Eterna, en una concha de ostra de luz tan brillante
—Es deslumbrante, tal como la describió mi padre —murmuró Perla, acercándose a ella.
—¡No la toques! —advirtió Peter uno de sus mejores marineros, y espadachines
Perla escuchó un zumbido en sus oídos, y un susurro que le dijo:
—Eres tan hermosa como me dijo tu padre, habías tardado mucho en venir, tengo un mensaje para ti. Debes llegar a la Isla del Susurro, en ella está tu mayor amor enterrado junto a la Cruz de perlas, ha estado allí por años, y la única que puede verla y sacarla eres tú, es un tesoro que el mar le obsequió a tu padre. Debes entregarla a las autoridades de la Bahía de Pozuelos, para que sea erigida, y contar la proeza de tu padre, pues él fue un pirata, un gran lobo de mar, pero como pocos, fue de los buenos. Llegó la hora de que se le haga justicia. Y yo regrese con mi verdadera dueña—
Perla no podía creer, lo que había escuchado, estaba atónita, al igual que su tripulación. Ninguno podía convencerse de lo que habían presenciado, y eso que habían visto cosas tenebrosas en sus aventuras en el océano, pero jamás algo parecido, ni una historia tan fantástica como esa, siempre que su padre le contaba, nunca creyó que fueran tan reales. Pensó en voz alta — ¡mi padre nunca me mintió, siempre dijo la verdad!
— Así es Perla, tu padre era un verdadero amante del mar, fue un protector de tesoros, lo que encontraba era un obsequio por parte de las profundidades, porque él luchó siempre por lo justo, aunque parezca mentira, era un Buen hombre, su ojo lo perdió en una de sus luchas para salvar una ballena azul, y todo lo que pasó en estos mares era para proteger “todo lo que amaba” lo llamábamos el Barba de Coral—
Fue así como el Alcatraz Real salió de la cueva hacia la Isla del Susurro, mientras más se acercaba a ella una hermosa melodía producida por el viento, y las olas danzarinas como felices por el gran acontecimiento, dieron la bienvenida a la nueva heredera del Caribe, alcatraces hacían reverencia a la entrada de la isla y el canto de las gaviotas acompañan la melodía. Era un día inolvidable para los seres que habitaban aquella isla por más de 25 años habían esperado por su nueva guardiana. Barba de Coral por fin fue despedido por su hija, cumpliendo el ritual con toda su tripulación, pero decidió dejarlo en aquel lugar y prometió cuidar del mar como lo hiciera él a lo largo de su vida, sacó la Cruz de Perlas, y la llevó a las autoridades de la Bahía de Pozuelos.
Se cuenta que desde aquel día la Cruz fue protegida en un museo de la ciudad, y se erigió una estatua en honor a Barba de Coral y se colocó una Cruz en la Bahía.

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