Playa

I.

Qué privilegio que me invites a tu casa.
Que estires tus brazos frente a mí
como si quisieras abrazar el mundo entero,
aunque todo lo que está entre tus brazos sea mi pequeño cuerpo.

Qué honor conocer este espacio que has creado para ti.
Conocerlo a través de tus historias, tus risas y tus miradas.

Al inicio, entré dudosa, temerosa;
hacía mucho que no me recibían con tanta amabiliad.
Pero a medida que paso tiempo aquí
me siento cada vez más cómoda.

Me gusta el hogar que has construido,
es cálido y acogedor,
con un jardín grande para tomar el sol.

Yo solo quiero ser la invitada
que te alegra el día con su visita,
que te trae pan dulce y música rica.

La visita que te renueva la energía
y te deja luz cuando se va.

Qué privilegio estar junto al otro,
vernos a los ojos
y conocer cada rincón de nuestra piel,
nuestra casa.

Qué privilegio
sentir.

II.

¿Qué sentido tiene nombrar lo innombrable?

Ya no me interesa explicar lo que siento, ni a mí ni a nadie. Lo único que se, es que se siente muy bien estar contigo. 

Estamos tan acostumbrados a confiar solo en lo que podemos ver, escuchar o tocar; que olvidamos que el corazón no funciona así.

Olvidamos que para sentir, es necesario dejarse ir.

No me interesa nombrar lo que siento porque contigo quiero construir lo que aún no existe.

Si este mundo nos queda corto, inventemos un mundo nuevo. Si las palabras no nos alcanzan, inventemos un lenguaje propio.

III.

Te miro y veo un montón de atardeceres.

Tu abrazo es como la brisa del mar, el lugar que desde hace tiempo quería visitar.

Qué fortuna coincidir en este momento, en el que los dos hemos vivido suficientes tormentas para poder agradecer la efemeridad del sol.

Qué dicha tener nuestras puertas abiertas de par en par y compartir el hogar que cada uno ha construido.

Me gusta encontrar personas que también usan su corazón como vestido. Se que no puedo sanar las heridas de tu pasado pero quiero, al menos, intentar evitar las del futuro.

Y es que me gustaría poder prestarte mi mirada para que veas toda la luz que irradias.

Quiero ayudarte a convertir tu jardín en un bosque, tomar limonada en los días soleados y cantarte en los días de lluvia.

Sólo quiero caminar juntos, tomarnos de la mano y crear senderos llenos de flores.

Acompañarnos, cuidarnos y después seguir pedaleando.

Descubrir nuestras geografías y renombrar cada pequeño rincón para crear un mundo nuevo en el proceso, un mundo nuestro, nuestro lugar seguro.

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