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Archive for 19 de agosto de 2010

Qué sabe nadie de nosotros.

Una de mis últimas aficiones es sentarme en cualquier banco de la calle y mirar pasar a la gente. Sin más. Ver ires y venires. Simplemente. Dejarse envolver por el placer de observar, tal como haríamos contemplando el mar o un valle, o cualquier otro paisaje que nos cautive.
Haciendo esto se aprende a no prejuzgar. Al menos a mi me sirve para ello. Frente al mar no juzgamos el movimiento de las olas. Puede que, como mucho, busquemos una explicación, más o menos lógica, de por qué van el tal o cual dirección, o de por qué amainan o embravecen. Y luego, tal vez, nos deleitamos con el tono que puedan tener sus aguas ese día. Y todo este proceso en el orden que nos venga en gana. O sin orden.
Viendo las idas y venidas de la gente podemos deleitarnos con el colorido de las ropas, o con el sonido de las risas, o compadecernos por el estado de unos zapatos. Viendo el transitar de la gente por la calle podemos imaginar la razón por la que, en un momento dado, alguien puede dar la media vuelta, o no darla. Imaginar por qué las botas son negras y no verdes, por qué el pelo recogido y no suelto, por qué un niño y no dos… y así hasta el infinito. Imaginando hallamos una razón, puede que disparatada, puede que acertada, pero razón al fin y al cabo. Y cuando la razón se hace presente y nos asiste, el juicio siempre es a favor.

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