First In: Parador de Ibiza, dormir donde todo comenzó
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Habitaciones
- En pocas palabras: hay algo de ritual y mucho de simbolismo en atravesar el túnel abovedado que conduce al Parador de Ibiza. Son 37 metros los que separan el acceso desde la calle hasta los ascensores, un breve (y algo épico) recorrido entre luces tenues y restos de muralla histórica que sostiene siglos de memoria. Una suerte de viaje hacia otra frecuencia en la que el presente se va difuminando a cada paso. Construir este acceso fue una compleja obra de ingeniería civil: abrir camino sin borrar huellas, perforar sin perder el pasado y coser el presente a la piedra antigua manteniendo su alma intacta. ¿El resultado? Una declaración de intenciones. Un tránsito de la Ibiza acelerada, vibrante, esa que nunca duerme, al lugar en el que empezó todo. Al llegar al final del túnel y alcanzar el ascensor no estamos entrando a un hotel, sino atravesando un umbral que, de algún modo, te hace sentir que acabas de volver al principio.
- Perfecto para: familias, grupos de amigos, parejas. Como dicen ellos… Paradores es para todos.
- Ubicación: Dalt Vila, el corazón de la ciudad amurallada de Ibiza.
- No te pierdas: este lugar abraza la propuesta más valiente y disruptora de Ibiza; volver a lo sencillo y colocar la cultura en el centro.
POR QUÉ RESERVAR
Hay lugares que miran al futuro y otros, como este, que invitan a regresar. ¿A dónde? A la piedra, al mar, al murmullo de un Mediterráneo que siempre estuvo ahí, mucho antes de que Ibiza se convirtiera en la capital mundial de las noches interminables.
Y no hablamos de metáforas. Volver al origen es aquí mucho más que una forma de hablar. Es una dirección: el punto más alto de Dalt Vila, en el Castillo y la Almudaina, justo donde se puso la primera piedra de la ciudad. Desde allí, el recién inaugurado Parador de Ibiza, número 99 de la red de Paradores de España y primero de las Islas Baleares, invita a descubrir una nueva forma de habitar la isla desde la que (no, no hay duda) es su ubicación más privilegiada.
Además de la ubicación, tenemos otras razones poderosas para hacer check in. En un destino como Ibiza, acostumbrado a reinventarse cada verano, este lugar abraza una propuesta más valiente y disruptora: volver a lo sencillo y colocar la cultura en el centro. No se trata (solo) de dormir entre restos arqueológicos, sino de sentir que la historia es parte de la experiencia.
También el arte, presente en sus formas más contemporáneas y con el mar como hilo conductor. Todas las obras se integran con total naturalidad en una narrativa que habla del pasado, sí, pero también de cómo escribimos el presente.
HISTORIA
Los 2.000 años de historia de este privilegiado enclave son difíciles de resumir. Pero si te decimos que nos encontramos ante uno de los conjuntos patrimoniales más emblemáticos de todo el Mediterráneo occidental, tanto por su ubicación como por la superposición de culturas que han dejado aquí su huella, seguro que te haces una idea.
Primero asentamiento fenicio, después enclave romano, islámico y cristiano, la transformación de este declarado Bien de Interés Cultural ha sido tan ambiciosa como delicada. Dos décadas de trabajos en los que fueron apareciendo importantes restos arqueológicos, que obligaron a cambiar el diseño inicial y a parar en varias ocasiones las obras. Modificando, además, el skyline de la ciudad de Ibiza durante 14 años con una grúa a la que seguro que ningún ibicenco echará de menos.
La propuesta que hoy vemos convertida en realidad en el punto más alto de este enclave es la de los arquitectos Ramón Andrada, Ignacio Lliso y Julián Manzano-Monís, que plantearon una solución que integraba arquitectura contemporánea, estructuras históricas y restos arqueológicos.
EL HOTEL
Ya te hemos hablado del acceso más espectacular al Parador, a través de una bóveda tabicada, obra de Salvador Gomis, y revestida con ladrillos artesanales hechos a mano, de Cerámicas Antonio Alemán. Allí está el aparcamiento subterráneo, con 40 plazas distribuidas en dos plantas subterráneas, donde los coches se movilizan a través de un moderno montacargas.
Pero hay un segundo punto de entrada, esta vez peatonal, desde la plaza de la Catedral. Se trata de las escaleras de Elías Torres, un lugar por el que pasan alrededor de 12.000 personas al día durante la temporada alta y que será el punto de acceso para aquellos huéspedes que lleguen a pie y también para los comensales del restaurante o para aquellos curiosos que solamente quieran tomarse un café en la cafetería.
Una vez en el lobby, ubicado en la Casa del Gobernador, descubrimos por qué este lugar está llamado a convertirse en uno de los estandartes de la red de Paradores. Pocas veces espera uno a ser atendido en la recepción de un hotel junto a dos grabados de Joan Miró y restos arqueológicos de distintas épocas.
Tras una bienvenida que se siente más como una discreta ceremonia que como un trámite hotelero, caminamos unos pasos más hasta el patio de armas. Este espacio funciona como una especie de plaza cultural, donde las ruinas de una casa fenicia del siglo VII AC conviven con otros elementos como un busto de cemento del artista contemporáneo Samuel Salcedo, arquitectura textil ligera y un pequeño auditorio con vistas abiertas al puerto y al campanario.
Ya en dirección a la planta superior, el hilo conductor de los todos los espacios interiores queda patente. “Todo se ha inspirado en una masía antigua ibicenca: estuco en las paredes, cantos redondeados, evitando líneas rectas y recordando a los elementos primarios de la isla: tierra, mar, aire”, nos explica Pau Arbona, director del Parador de Ibiza.
LAS HABITACIONES
De las 66 habitaciones, 41 son para clientes y el resto están destinadas al personal. Todas cuentan con alguna vista especial: al Mediterráneo, al puerto, al Baluarte, a la plaza de armas del Castillo o a la Catedral de Ibiza.
Eso sí, las más imponentes son las 7 junior suite, que cuentan con terrazas privadas frente al mar, ofreciendo un punto de vista que durante siglos sirvió para vigilar el Mediterráneo y que hoy se contempla con otro propósito: detenerse, mirar y disfrutar.
Toda la propuesta decorativa se articula en torno al uso de materiales naturales que evocan lo artesanal y lo manual. Madera, tonos tierra y blancos característicos de la isla se integran con mobiliario, textiles y revestimientos, dando forma a una atmósfera cálida que invita al descanso.
Entre los detalles más llamativos están las piezas textiles instaladas en los cabeceros de las camas, creadas en exclusiva para Paradores por la artista Koral Antolín. Líneas y formas creadas con algodón y lana, que parten de la idea de que en la vida nada permanece estático.
En los baños, amenities de la marca española de cosmética natural y holística The Lab Room. Pero el bienestar continúa más allá de la habitación: el parador cuenta con un pequeño spa integrado entre restos de muralla histórica, donde el silencio y la piedra antigua crean una atmósfera única, y con una piscina exterior situada en una zona especialmente íntima, pensada para relajarse con calma tras un día recorriendo la isla.
LA GASTRONOMÍA
Teniendo en cuenta que Paradores es una de las empresas hoteleras que más factura en restauración, el restaurante S’Almudaina aspira a convertirse en visita obligada para los amantes de la buena cocina local en Ibiza. Estará abierto durante todo el año y recibirá tanto a huéspedes del hotel como a clientes externos.
El chef gallego Adrián García Soto, con amplia experiencia en la cadena hotelera pública, estará al mando de los fogones en esta primera etapa.
En las comidas el tono es más ligero, con platos pensados para compartir: gamba roja de Formentera, pescado de lonja, lomo de vaca madurada trinchado o una atractiva selección de arroces. Cuando cae la noche, la carta se sofistica: más protagonismo al pescado y recetas regionales como el escaldum de pollo de corral con almendras y azafrán. Y, por supuesto, aquí encontrarás varias versiones actualizadas de los dulces de la isla, como la greixonera, el flaó o la torrija de ensaimada.
Por otro lado, ya solo para huéspedes, el desayuno se sirve en una encantadora sala abovedada de tonos cálidos con pequeños olivos. Esta primera comida del día (la más importante, si me preguntan) combina el formato buffet con el pedido de platos calientes bajo demanda. Una completa sección de dulces típicos de las monjas del convento de San Agustín y el aceite de oliva de la casa local Can Rich nos recuerdan que estamos ante un homenaje a las raíces de la isla en cada momento del día.
EL ARTE
Además de hotel y museo en sí mismo, el Parador de Ibiza es una auténtica galería viva en la que se produce un diálogo muy especial entre tradición y modernidad. Las obras funcionan como un complemento del paisaje en el que el mar Mediterráneo es el hilo conductor, vistiendo los 8.000 metros cuadrados del complejo con una colección de piezas que incluyen pintura, fotografía, grabado, escultura, instalación o cerámica.
Lo actual convive con lo antiguo, y puedes encontrar pintura contemporánea conviviendo en armonía con un gran tapiz del siglo XVII. Juan Uslé, Nico Munuera, Nuria Mora, Samuel Salcedo, Pablo Genovés y David Magán son algunos de los artistas que las firman.
Una de las piezas más especiales está en la piscina: una pareja de figuras de bronce de Rodrigo Romero que invitan a la desconexión.
COMPROMISO LOCAL
Es evidente que la apertura del Parador de Ibiza, que funcionará durante todo el año, contribuye a la ansiada desestacionalización de un destino que vive al máximo durante medio año y descansa durante el otro medio.
Pero, además, está el propósito de hacer sentir a la comunidad local que este espacio también es suyo. Por eso, aspira a convertirse en punto de encuentro de la cultura de la ciudad, revitalizando también la zona a todos los niveles.
“Aquí, más que nunca, tenemos que enseñar destino, tradiciones, costumbres, cultura. El objetivo es que el cliente descubra y saboree la cara más cultural de la isla, a través de muestras de confecciones de vestido tradicional, eventos con ball pagès (el baile tradicional ibicenco) o catas de producto local”, subraya Arbona.
El Parador de Ibiza no puede, ni quiere, ser un alojamiento más de la isla. La misión va más allá y es tan sutil como ambiciosa: convertirse en una puerta desde la que acceder a la otra Ibiza.






