Cónsules, embajadores, Ministros y religiosos resolvieron en un cónclave, recoger el producto de sus propias destrucciones bélicas e intentar, mediante experimentos de alta tecnología, diseñarse alas a medida. Tal decisión fué bien vista por su Presidente, el que también ordenó enviados a las tierras en ruinas, a la búsqueda de material orgánico e inorgánico con los cuales hacerse de un par de alas.
Cuando las obtuvo, después de complacientes progresos de laboratorio, las alas le ocasionaron reacciones alérgicas a nivel respiratorio, circulatorio y mental: No logró pensar en estrategias de guerra como hasta ahora y cierto día al despertar, se encontró colgado de una morera, con un gusto a pólvora incrustado en el paladar. Al incorporarse, se vió enredado en una telaraña invisible y cerrada, que terminó asfixiándo sus afanes de gloria.
No obstante, lejos de desistir en sus própositos, inventó la estrategia de recordar el pasado de su 'raza destruída' para seguir justificándose... Las ideas no se cambian con un par de alas malogradas.
