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martes, 10 de noviembre de 2009

Sobre 'La fiesta del oso', de Jordi Soler (lo siento, hoy no se me ocurre ningún título)


No todas las novelas sobre la Guerra Civil y sus consecuencias son un coñazo.

Quiero decir que no todas son previsibles, ñoñas y maniqueas.

También las hay buenas.

Muy buenas, incluso.

Estupendas.

Es lo que pasa con Jordi Soler.

Jordi Soler es un catalán que nació en Méjico, en plena selva, descendiente de exiliados republicanos, y sus últimos libros los ha dedicado a contar su historia y la de su familia.

Empezó con Los rojos de ultramar, en el que narraba la huida de España de su abuelo al terminar la guerra y su estancia en los campos de concentración franceses.

Frente a tantos tópicos y tanta tontería bienintencionada, Soler era capaz de hacer auténtica literatura.

Y mucho más que eso: era capaz de hablar de la Guerra Civil y el exilio como si nadie hubiera hablado antes del tema.

Como un fogonazo.

O como si por fin descubrieras lo que en realidad había pasado.

O una parte de lo que pasó.

Soler tampoco pretende pontificar.

Sí, en todo caso, luchar contra el olvido y reivindicar una memoria que está muy lejos de ser histórica, porque es aún presente y lo seguirá siendo durante décadas. Algo que Soler llama "ese drama que aún nos distingue".

Luego vino La última hora del último día, una de las mejores novelas que se han escrito en España en los últimos años.

Soler volvía a la selva mejicana donde se crió, a la plantación de café que montó su abuelo junto a otros exiliados catalanes.

Jamás se ha escrito nada semejante sobre el exilio.

Soler creaba un territorio fantasmagórico, en el que un grupo de viejos seguía izando todas las mañanas la señera y hablando en catalán, organizaban un complot para matar a Franco, eran puteados por las autoridades mejicanas, adoptaban a un elefante que se había escapado del circo o vivían esa contradicción que supone ser muy, muy rojo y al mismo tiempo, practicar una suerte de neocolonialismo.

Había algo muy poderoso en ese libro, muy turbio, casi atávico.

Lo dije en otra entrada: era Conrad, era Faulkner y era Céline.

Era también Juan Rulfo.

Y un viaje aterrador a la infancia y a sus peores pesadillas.

Si no has leído La última hora del último día, estás perdiendo el tiempo.

Corre a comprarlo, o a robarlo, o a hacerte como sea con él.

Ahora llega La fiesta del oso.

Lo ha publicado Mondadori.

Aquí retoma la historia de su tío abuelo Oriol.

Cuando los demás huyeron a Francia en el 39, Oriol estaba herido y tuvo que quedarse en un hospital del Pirineo.

A partir de ahí, se pierde su rastro.

La versión que Soler había dado en sus anteriores obras es que Oriol murió sin cruzar la frontera, aunque durante años su familia creyó que iba a aparecer de un momento a otro en Méjico convertido en un gran pianista.

Mucho después, en 2007, al acabar una conferencia en el sur de Francia, una mujer se le acerca a Soler y le entrega una foto y una carta.

A partir de ahí, el autor empieza a investigar y a reconstruir la historia de su tío.

Mejor no contar más: sólo que la vida de Oriol va a resultar mucho más incómoda para su familia de lo que todos habían imaginado.

La primera parte de La fiesta del oso es impresionante.

Soler vuelve a arrastrarte, como si te hipnotizara, a un territorio que no has visitado nunca: el de un grupo de soldados moribundos, tullidos y desesperados que intentan huir de la gangrena y del frío, del miedo y de las represalias de los vencedores.

Soler vuelve a mostrarse inmenso.

Nadie escribe como él.

Un pequeño pueblo de los Pirineos de hoy en día, una mujer horrible, un gigante que se dedica a salvar vidas en las montañas... Soler habla de la guerra y de lo que pasó después, pero hay algo mágico en todo ello, casi mitológico, con ese componente atávico del que hablábamos antes: su capacidad para llegar abajo, muy abajo, a sitios tan profundos y tan oscuros, que nadie, o casi nadie, consigue llegar.

La segunda parte es más floja.

Quizá porque se le va la mano con ese componente mágico, como si intentara convertirlo en una especie de cuento de hadas, o cuento macabro, pero no termina de funcionar.

O porque, a ratos, no resulta creíble.

No sé, ni me importa, qué hay de cierto en esta historia. Puede que todo, todo, todo sea como Soler lo cuenta, pero es que la verosimilitud no tiene nada que ver con la verdad. Es sólo un engaño, una apariencia.

Aún así, cuando Soler falla, le pasa lo que a todos los grandes: falla con muchísima clase, como un campeón, y la mayoría sigue sin ser capaz ni de rozar con la coronilla la suela de sus zapatos.

Y yo exagero, como siempre, con esta última frase, pero no con todos los elogios a Soler y La fiesta del oso.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Una postal escrita antes de salir de viaje (y un par de cosas de Brecht)



Iba a escribir una entrada muy larga y seguramente muy pesada sobre La fiesta del oso, la nueva novela de Jordi Soler.

En teoría sale mañana. La edita Mondarori.

Es cojonuda.

Jordi Soler es siempre cojonudo.

Uno de los mejores que hay ahora mismo en España.

Aunque quizá esta vez no tanto como en su anterior libro: La última hora del último día.

Pero es que tengo que marcharme.

Vuelvo a salir de viaje.

Quiero correr detrás de alguna tormenta y me han dicho que en Bilbao han preparado una sólo para mí: con olas de ocho metros y vientos de 100 kilómetros por hora.

Mola tener amigos.

Aún tengo que comprarles una botella de ginebra.

A mí es que, cuando me invitan a una casa, siempre llevo una botella de ginebra.

Cuanto más esnob, mejor.

O sea, que me voy.

Dejo una canción de Bertolt Brecht y Kurt Weill: Bilbao Song, de la obra Happy End.

Es una versión extraña: en francés.

Yo la prefiero en alemán.

Pero es que en YouTube no la tenían con gente moviéndose.

Y la señora Sauvage tiene su punto.

Os dejo también un poemita de Brecht, casi deberíamos convertirlo en el mantra de este blog.

O tatuárnoslo en el culo.

Se llama Lo que ninguno ponéis en el periódico:
Lo que ninguno en el periódico ponéis:
Lo buena que la vida es. Madre de Dios:
¡Qué bueno es mear con acompañamiento de piano,
Qué dichoso es joder en el cañaveral agitado por el viento!

lunes, 24 de agosto de 2009

10 libros para el próximo trimestre (primera parte)


Lo difícil hoy es dejar de leer a Kierkegaard.

Puede parecer pedante, pero no, de verdad que no.

Todo lo contrario.

Cosas como ésta, también de Temor y temblor:
En la resignación infinita hay paz y sosiego. Todo hombre que la desea y no se haya envilecido burlándose de su propia estampa –lo que es un vicio más terrible aún que el del exceso de orgullo–, puede muy bien disciplinarse y educarse haciendo este penoso movimiento que en sus dolores reconcilia con la existencia.
Lo difícil también, hoy y siempre, es saber hasta qué punto se está envilecido.

O dilucidar si se es burla, parodia o caricatura.

Pobrecito Kierkegaard, ya lo dijimos.

Mejor hoy hacer frente a la pereza, plantarle cara, a ella y a esos más de 30 mails pendientes de leer, todos de editoriales que mandan sus programaciones con los libros que publicarán durante los próximos meses.

Puede incluso que algunos ya estén en las librerías.

Esto es una especie de avance de temporada.

Abro unos cuantos de esos mails, más o menos la mitad.

Elijo cinco libros que me llaman la atención y que me apetece leer.

Mucho.

No están ni Dan Brown ni Paulo Coelho ni Isabel Allende ni los ensayos liberales de Vargas Llosa. Esos ya los tienes, por ejemplo, en la web de La Casa del Libro, donde han hecho un especial con los próximos lanzamientos.

Tampoco van a aparecer aquí los Muñoz Molina, los Orham Pamuk y otros aspirantes a convertirse en el pelotazo 'de culto' de este otoño.

Sí están:

1. La fiesta del oso, de Jordi Soler. Lo editará Mondadori el 6 de noviembre: Soler ha escrito dos de las mejores novelas españolas, o hispano-mejicanas, de los últimos años.

Toma nota y corre a por ellas: Los rojos de ultramar y La última hora del último día.

No son novelas sobre la Guerra Civil, son novelas sobre el exilio.

Novelas brutales que cuentan la huida de su propia familia de Cataluña al acabar la guerra, su paso por los campos de concentración franceses y las décadas que vivieron en una plantación de café en mitad de la selva mejicana, junto a otros exiliados, y donde nacería el propio Soler.

Es Conrad, es Faulkner, es Céline.

Son las pesadillas de la infancia y mil cosas peores.

Es el afán por no olvidar y las heridas que no cierran.

Es nuestra historia, una parte silenciada de ella, y al mismo tiempo, literatura de altísima calidad.

En La fiesta del oso, al parecer, Soler sigue hablando de la peripecia familiar, de ese tío que se perdió en los Pirineos intentando cruzar la frontera y que tal vez no murió...

Cuando la publiquen, contamos más.

2. La manía de leer, de Víctor Moreno. Lo edita Caballo de Troya el 2 de octubre: Este trimestre Caballo de Troya sólo publica dos libros. Con la crisis les habrán cerrado el grifo.

Los dos tienen buena pinta.

De momento, nos quedamos con este ensayo desmitificador de la lectura.

Como si leer sólo fuera una opción y, en realidad, tampoco sirviera para todo lo que algunos (papanatas o no lectores) quieren que creamos.

Quizá sólo produzca cierto placer y cierto conocimiento, dos milagros a la vez. Pero no en todos los casos.

Contra la pedantería, como si también se pudiera ser culto sin necesidad de leer y para responder preguntas del tipo de (copio de la editorial): "¿Existe un fundamentalismo de la lectura? ¿La lectura es un modo de salvación? ¿Salvarnos de qué?"

3. Nocilla Lab, de Agustín Fernández Mallo. Lo publica Alfaguara en octubre: Es el final de la trilogía Nocilla.

Me gustó mucho Nocilla Dream.

Mucho, mucho.

Me pareció previsible Nocilla Experience, como si lo que en la primera parte era fresco, fluido y muy sólido, allí se convirtiera en una fórmula que empezaba a agotarse.

Tengo ganas y curiosidad de ver aquí que pasa.

Asusta que el libro venga con un DVD, corto y pego, en el que hay un "documental-película que ofrece claves para acercarnos a la narrativa de Fernández Mallo e incluye entrevistas con Eloy Fernández Porta, Vicente Luis Mora, Pere Joan y Antonio Luque, entre otros artistas vinculados a su narrativa".

Los bueno de Nocilla Dream es que no necesitas que nadie te la acerque ni te la explique. Se basta a sí misma.

4. El cobrador, de Rubem Fonseca. Lo publica RBA en septiembre: Uno de esos autores a los que ya consideran un clásico.

Brasileño, nacido en 1925, fue policía antes de dedicarse a escribir.

Este libro es de relatos y dice la editorial que son: "secos, ásperos, directos y magistrales, sin concesiones a las florituras literarias ni psicológicas, ofrecen un brutal fresco de descomposición social, y acumulan una enorme cantidad de imágenes inolvidables que producen perplejidad ante el mal, el individual y el colectivo".

No lo conozco, más que de oídas, no he leído nada de él, me apetece descubrirlo.

5. El ruido eterno, Alex Ross. Lo publica Seix Barral en septiembre: Un repaso a la historia del siglo XX a través de la música. Puede que sea sólo una curiosidad, pero parece que no.

Corto y pego: "Nos descubre las conexiones entre los acontecimientos más importantes y los compositores más influyentes".

El libro ha recibido un montón de premios (finalista de Pulitzer, ganador del National Book Critics Circle Award, uno de los mejores libros del años para el New York Times, etc).

El autor es crítico musical del New Yorker.

Otro día, más.

Quizá, esta vez sí haya una segunda parte.