Cuando
hablaba con él, no era él.
Vistas de página en total
Mostrando entradas con la etiqueta palabra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta palabra. Mostrar todas las entradas
viernes, 26 de diciembre de 2014
¿Quién?
Etiquetas:
archimaldito,
dioses,
él,
enigma,
existencia,
nanorrelato,
palabra,
persona,
pregunta,
quien,
quién
domingo, 3 de agosto de 2014
Ambas
Etiquetas:
ambas,
archimaldito,
felicidad,
palabra,
pensamiento,
reflexión
sábado, 2 de agosto de 2014
El dictador
Etiquetas:
archimaldito,
dictador,
dictadura,
felicidad,
ignorancia,
palabra,
podredumbre,
pueblo,
revolución
lunes, 28 de julio de 2014
Vacuo
No existe palabra. La felicidad no se dice. Te doy mi palabra. Se siente, se piensa, pues ya no soy sin que seas en mí. Y si no eres, no soy feliz, y el concepto se queda vacío, como mi vida, como el sentimiento que pueda existir fuera de mí, porque ya no existe el mí, pues yo soy la nada sin ti.
Etiquetas:
archimaldito,
existencia,
felicidad,
palabra,
sentimiento,
vacío,
vacuo,
vida
domingo, 29 de junio de 2014
Frente a ella
Etiquetas:
amor,
archimaldito,
bebé,
comunicación,
madre,
palabra,
palabras
lunes, 18 de noviembre de 2013
Pupilas
No es que las
palabras cayeran sobre
el papel en blanco,
es que estaban en él escondidas,
y
la punta de la pluma les abría paso a la luz,
a la existencia de las pupilas.
Etiquetas:
archimaldito,
autor,
Corto Relatos,
escritor,
ExtraIntra,
luz,
mundopalabras,
palabra,
papel,
pluma
miércoles, 21 de agosto de 2013
Tengo el placer de presentar a Claudia Patricia Arbeláez Henao
Lo que voy a difundir través de mi blog es la admiración por esta escritora.
Una gran artista que logra, con sus palabras, transmitir el sabor de nuestros recuerdos, el saborear la sangre de nuestros propios corazones, cuando riega la totalidad de nuestras células corporales, antes de que se transforme en luz para albricia de nuestros espíritus.
Y es sólo una muestra. Una muestra que abre el hambre, el literario.
Una gran artista que logra, con sus palabras, transmitir el sabor de nuestros recuerdos, el saborear la sangre de nuestros propios corazones, cuando riega la totalidad de nuestras células corporales, antes de que se transforme en luz para albricia de nuestros espíritus.
Y es sólo una muestra. Una muestra que abre el hambre, el literario.
DE LA INFANCIA Y OTROS SABORES
(Extracto)
Las casas de mi infancia guardan un olor especial. Es difícil recordar cada uno, pero en un intento por revivir mi niñez, llega el hervor de las legumbres expandiéndose por todo el lugar y desde luego el olor de la avena caliente con canela.
Tuve varias casas, la primera era grande, con misteriosos zaguanes y pasadizos, las puertas eran grises y anchas y llevaban candados. Había un cuarto muy pequeño donde se guardaban cosas viejas, olía a trementina, cuero, naftalina y a veces a madera húmeda. Para mi edad, era un cuarto lúgubre por eso de los recuerdos amontonados y las cosas viejas, también un cuarto fantasma.
En el sótano reposaban viejos libros amarillentos y llenos de polvo, redenciones, una escalera y el cajón donde se molían las mazorcas. Era oscuro y aunque prendiéramos la luz, se veía opaco y tenebroso. Después de la puerta quedaba el solar: Pues bien, este era otro cuarto fantasma; allí olía a tiempo y a muerte.
Aún recuerdo un cuarto que nunca se abría, era como si hubiera un tesoro oculto, siempre quise saber qué contenía, sólo los adultos entraban allí, con el paso del tiempo yo lo pude hacer; primero miraba por las hendijas de la puerta pero nunca pude ver nada. Finalmente descubrí unos muebles grandes, tal vez de épocas remotas, un tapete cobijando la fría baldosa y unos cuadros cuyas imágenes no recuerdo, tal vez eran Crísticas como aún suele suceder. Aquel cuarto olía a soledad y a encierro.
La vieja historia cuenta que allí vivió un prócer de la independencia, en la puerta aún se conserva la placa que da fe de su nacimiento, no pretendo ahondar en este pasado desconocido aunque me llena de orgullo saber que aquí sucedió algo realmente importante para la historia de mi pequeña y gran patria y siempre que tengo la oportunidad hablo de esto, de la que fue mi casa cuando ya para otro había sido su cuna y ahora que lo pienso hay muchas razones que explican la magia de sus ventanas, puertas y paredes.
La cocina era maravillosa, de forma rectangular y con una ventanita que daba al solar donde la abuela tenía sus animales y aves de corral y otra cocina con un oscuro fogón de leña, donde después, jugábamos. Esta cocina era negra, poblada por el carbón y el humo, allí reposaba la madera y unos cuantos objetos que utilizaba el abuelo; canecas de leche y platos viejos. Ese lugar, sí que huele a infancia. Allí se reanudaban los sueños amparados por la espera de un futuro, comíamos y jugábamos a ser grandes, mientras la abuela envasaba la leche con un embudo mágico.
En el patio trasero había un tanque donde a veces me bañaba. Desde allí se podían mirar a los otros huertos, otras casas y patios. La escuela también se veía a lo lejos, desde allí me miraba mi mamá en las mañanas hasta verme entrar por la única puerta, aquella por donde entraban los sueños. Todavía conservo una foto, sentada en el escritorio de la maestra posando para la posteridad, para el recuerdo o tal vez, para el olvido.
Bien, digo que fue mi primera casa, pero mi madre me habla de otra, la que ahora juega a tocarse con la que hoy de adulta habito. Tal vez estaba muy pequeña para recordarlo, pero allí pasé las primeras noches, cuando ella en medio de la temible oscuridad esperaba la llegada de mi padre después de un día de arduo trabajo. Después hablaré de ella, todavía tengo la fortuna de visitarla y mirar el patio desde mi ventana.
En la casa del prócer olía a flores frescas, a chocolate caliente, el agua era helada y desde la ventanita se veía el cementerio. Después de tanto tiempo quisiera regresar, sentarme en el patio, encerrarme temprano a dormir y caminar por aquellos corredores que me vieron crecer. Pero ha pasado tanto tiempo, creo que sus paredes ya se olvidaron de mis manos, sin embargo aún la siento como si fuera ayer.
Todavía vive la imagen de los abuelos, la que sólo morirá cuando muera quien me recuerde, quien me conozca sabrá que mis abuelos permanecen en mi memoria siempre, en todo lugar.
El segundo piso de la casa era entablado, la madera relucía y olía a jabón. La abuela se arrodillaba y lavaba. Era como otra casa, la sala permanecía abierta y la cocina era más amplia y en ella grandes baúles donde guardaba las semillas y los granos. Una vez, en ese lugar el abuelo me sentó sobre sus piernas y jugó conmigo a ser un pequeño animalito, ofreciéndome pequeños pellizcos. Hablábamos mucho y creo que a veces dormíamos juntos. Yo estaba con él cuando enfermó por primera vez, cuando ya se asomaba su vejez. En este piso no había cuartos fantasmas.
Aquella casa entonces o ese segundo piso olía a nuevo, no tenía pasadizos, sólo unas escaleras que llevaban al infinito. Unos días arriba y otros abajo, en fin.
(Copyright: Claudia Patricia Arbeláez Henao)
Este extracto forma parte de una obra titulada VECINDARIOS, obra inacabada, según palabras de la propia autora:
Nota de agosto 11 de 2013.
Esta historia nunca llegará a su fin, no por lo menos en este plano.
Sigo escribiendo esperando hasta el día en que mis dedos puedan danzar sobre el papel, todavía llevo mi cuaderno de notas en mi morral para no olvidar lo que quiero atrapar, ya no confío plenamente en mi memoria, no se le puede dar gratuidad a los años, prefiero confiar en el viejo cuaderno.
Agradecimientos a quienes habitan la palabra y se dejan habitar por ella.
Claudia Patricia Arbeláez Henao.
Etiquetas:
admiración,
autor,
Claudia Arbeláez,
Corto Relatos,
escritor,
familia,
humano,
infantil,
mujer,
palabra,
paraíso,
Vecindarios
lunes, 12 de agosto de 2013
La palabra perfecta
Recuerdo aquel
personaje de aquella novela en que el sufrimiento por no encontrar la palabra
perfecta para comenzar una historia escrita le llevaba a la desesperación. Lo
recuerdo porque, a veces, le envidio. Como envidio, sanamente, a los que pintan,
a los que componen música, a los que, en definitiva, logran crear belleza.
Como aquel personaje
de aquella novela, sufro a veces por no encontrar la palabra correcta para
comenzar una historia escrita. Por la mente desfilan cien mil que no encajan en
los sentimientos que desfilan en mi corazón. Y a veces abandono el intento de
crear algo por no luchar, por no aceptar sufrir.
Sé que no soy un
buen escritor. Es más, creo que ni siquiera puedo considerarme como tal. Soy un
pobre desgraciado que intenta plasmar ideas en un papel antes de que éstas se
olviden.
Tengo tantas ganas
de comenzar a escribir algo verdaderamente sincero. Sincero conmigo mismo,
sobre todo. Porque si me traiciono a mí mismo, ¿qué soy?
Algún día lo lograré.
Encontrar la palabra perfecta. El sentimiento y pensamientos perfectos ya
existen pero transmitirlos ¡es tan difícil!
Dijo un gran
filósofo lo de sólo sé que no sé nada. Yo, además de no saber nada, ni esa
ignorancia sé expresarla.
Pobre de mí que
tengo tanto que decir y no sé hacerlo.
Cuando leo
historias escritas por otros, me encuentro conmovido por su facilidad para
hacerme sentir vivo, para transformarme en otras personas por algunos instantes,
por llevarme a sitios que nunca visité ni visitaré, por transportarme a otros
tiempos que siempre quise experimentar. Es maravilloso crear. Lo digo ahora y
lo diré siempre.
Es estupendo
encontrar la palabra perfecta. La tengo en la punta de mi pluma. A punto de
salir. El rompecabezas de mis sentidos se compromete a forzar la situación.
La palabra perfecta
es…
¡Maldita sea!
Ha vuelto a escapar.
Volveré sentirme inservible. Volveré a sentirme
incapaz de hacer ver a los demás que puedo ayudarles.
Pero, en
definitiva, soy lo que soy, y ya escribiendo esto hago un esfuerzo por
definirme.
Sé, en el fondo de mi ser, que la única palabra perfecta es… AMOR. No
hace falta que ni la escriba. Basta con que la transmita.
Recuerdo, entonces, a aquel personaje de aquella novela
que también supo, a tiempo, que AMOR era su palabra buscada.
Y quizás no le
envidie tanto.
Etiquetas:
amor,
archimaldito,
autor,
Corto Relatos,
cuento,
escritor,
ExtraIntra,
literatura,
mundopalabras,
palabra,
relato
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





