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miércoles, agosto 02, 2023

Elizabeth Jennings / Dos poemas



Mi abuela

Tenía una tienda de antigüedades - o ésta la tenía a ella.
Entre cucharas de apóstol * y cristal de Bristol,
sedas descoloridas, muebles pesados,
contemplaba su propio reflejo en las bandejas
de metal y las copas de plata, como para demostrar
que el brillo lo es todo, que no se necesita amor.

Y recuerdo que una vez me negué
a salir con ella, porque tenía miedo.
La razón quizá fuera que no quería me tratasen
como a un objeto antiguo. Aun cuando ella nunca dijo
que le doliese mi actitud, yo podía sentir la culpa
de esa negativa, imaginando cómo se sentiría.

Tiempo después, demasiado débil para llevar un negocio, guardó
todos sus objetos más valiosos en una habitación pequeña.
El lugar olía a viejo, a cosas que llevaban demasiado tiempo encerradas,
el olor de ausencias donde aparecen las sombras
a las que no se les puede sacar brillo. Ya no había nada
a lo que devolver de nuevo su propio reflejo.

Y cuando ella murió no sentí pena ninguna,
sólo la culpa por haberla rechazado una vez.
Entré en su habitación en medio de altos
aparadores y armarios - cosas que ella nunca usó
pero necesitaba y en las cuales no había ni la marca de un dedo,
sólo el polvo nuevo que caía a través del aire.


Sala de estar de un hospital psiquiátrico

Utrillo en la pared. Sube por las escaleras
una monja en Montmartre. Debajo, sentados, nosotros los pacientes.
No parece época de rimas lúcidas;
demasiadas alteraciones. No parece época
cuando nada puede fecundar o crecer.
Es como si un grito se abriera de par en par,
una boca exigiendo a todo el mundo que escuche.
Demasiada personas lloran, demasiadas se esconden
y miran fijamente dentro de sí. Tengo miedo,
aquí no hay chalecos salvavidas que ponerse.

La monja sube por las escaleras. La sala
se mueve hasta que el polvo vuela entre nuestros ojos.
La única esperanza es que vendrán visitas
y hablarán de otras cosas que nuestra enfermedad...
Tanto está anquilosado y aun así nada muere.

Elizabeth Jennings (Boston, Lincolnshire, Reino Unido, 1926 - Bampton, Reino Unido, 2001), Collected Poems 1953-1985, Carcanet, Manchester, 1987
Versión de Jonio González

* Las llamadas cucharas de apóstol tienen la imagen de un apóstol o un santo en el extremo del mango. Servían como recordatorio de la Última Cena. Eran apreciadas sobre todo en Alemania y, especialmente, Inglaterra. (N. del T.)
 

miércoles, agosto 01, 2012

Elizabeth Jennings / Tributo




A veces el gran poema se inclina sobre la hoja
y el mundo entero parece cercano, una cosa simple
Luego todas las artes de la mente y la mano se involucran
para hacer a la sombra tangible. Oh, blanca
como el silencio es la hoja donde las palabras cantarán
y donde todas las sombras se volverán luz.

Después, nadie más es necesario.
El poema es tan suficiente que me une
al mundo que pareciera demasiado distante para ser tomado cuando
las imágenes no alcanzan y las palabras son discursos incoherentes:
En esos momentos la claridad aparece en vos,
tu mente retiene significados que mi mente puede alcanzar

¿Sos remoto entonces, cuando las palabras cobran sentido
con una fina arrogancia dentro del poema?
¿Guardarán ellas todo lo que está alrededor de mi corazón,
inclusive a vos, mi prueba de vida y medida?
No, para vos es ese lugar donde los poemas hallan espacio,
la alta y abundante sombra sobre mi hoja.

Elizabeth Jennings (Boston, Inglaterra, 1926 - Oxford, Inglaterra, 2001), A Way of Looking, 1955 / The Time Literary Supplement, 20.7.2012
Versión de Marina Kohon


Tribute 

Sometimes the tall poem leans across the page 
And the whole world seems near, a simple thing.
Then all the arts of mind and hand engage 
To make the shadow tangible. O white 
As silence is the page where words shall sing 
And all the shadows be drawn into light.

And no-one else is necessary then.
The poem is enough that joins me to 
The world that seems too far to grasp at when 
Images fail and words are gabbled speech:
At those times clarity appears in you, 
Your mind holds meanings that my mind can reach.

Are you remote, then, when words play their part 
With a fine arrogance within the poem?
Will the words keep all else outside my heart, 
Even you, my test of life and gauge?
No, for you are that place where poems find room, 
The tall abundant shadow on my page.

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martes, enero 31, 2012

Elizabeth Jennings / Una sola carne














Una sola carne

Y ahora yacen separados, cada uno en su cama,
él con su libro, la luz que lo acompaña hasta
  el amanecer,
ella, como una niña, durmiendo con placidez,
  soñando su infancia;
y todos los hombres en otro sitio, atentos,
como si esperaran una revelación:
el libro no leído que él sostiene,
los estáticos ojos de ella bajo las sombras.
A la intemperie, como los desechos anegados de una
  pasión olvidada,
ambos se tienden lánguidos e impasibles.
  Difícilmente volverán a tocarse
y si lo hacen es apenas como una confesión
de sentimientos que ya no tienen, o que poseen
  en demasía.
La castidad los reclama, un porvenir
para el cual la totalidad de sus vidas fue sólo
  una preparación.
Extrañamente solos, aunque también extrañamente
  próximos,
el silencio es apenas una hebra
que sostienen sin tejer, y el tiempo,
liviano como una pluma, los acaricia con dulzura.
¿No lo han advertido?
Estoy hablando de mi padre y de mi madre,
cuyo fuego, ese que antaño me engendró, hoy yace enfriado.

Elizabeth Jennings (Boston, Inglaterra, 1926 - Oxford, Inglaterra, 2001), Armando Roa, Covers, 36 poetas en lengua inglesa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010


One Flesh

Lying apart now, each in a separate bed, 
He with a book, keeping the light on late, 
She like a girl dreaming of childhood, 
All men elsewhere - it is as if they wait 
Some new event: the book he holds unread, 
Her eyes fixed on the shadows overhead. 

Tossed up like flotsam from a former passion, 
How cool they lie. They hardly ever touch, 
Or if they do, it is like a confession 
Of having little feeling - or too much. 
Chastity faces them, a destination 
For which their whole lives were a preparation. 

Strangely apart, yet strangely close together, 
Silence between them like a thread to hold 
And not wind in. And time itself's a feather 
Touching them gently. Do they know they're old, 
These two who are my father and my mother 
Whose fire from which I came, has now grown cold?

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Foto: Elizabeth Jennings My Poetic Side