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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Amanece que no es poco


Qué terribles disgustos se llevan los niños por cualquier cosa. Cómo lloran ante cualquier pequeño problemilla, cómo lo magnifican todo.

Recuerdo que de niña cuando algo me preocupaba mucho, cuando de cualquier pequeña cosilla yo hacía una tragedia y lloraba tan desconsoladamente que mis padres no veían la forma de calmarme,  yo, en medio de mis hipos y mi congoja, cuando había ya barajado todas las posibilidades y era tan terrible lo que me ocurría que no tenía solución siempre recurría a una frase - Mañana amaneceré-. Y esto era el mejor de los bálsamos para mi espíritu. El sentirme viva, el tener la seguridad de que al día siguiente seguiría aquí y volvería a empezar de nuevo.

Eran amaneceres de calma chicha como dicen los de la mar. No importaba que el sol luciera en mi interior o que estuviera encapotado con nubes grises. Con sol o sin sol al día siguiente la tranquilidad regresaba.

Ahora, en el otoño de mi vida, el mañana amaneceré no es seguro, cada vez menos. Contemplo desde mi ventana el amanecer  mientras pienso; no importa que el horizonte sea de fuego, no importa que el viento Sur agite mis pensamientos, no importa que no se cumplan todos mis deseos, no importa que mis puertas abiertas se golpeen, no importa que la flor de nuestro amor haya perdido un pétalo, no importa que se hagan añicos algunas ilusiones, -Amanece que no es poco-.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Regresando a la cueva...


Te decía amigo mío, que desde la distancia, desde la relajación de unos días de descanso, sin estar metido de lleno en los problemas cotidianos, la capacidad de pensamiento y de razonamiento aumenta.

Si en 15 minutos de lancha de la otra entrada anterior fuí capaz de ir de lo trascendente a lo intranscendente, unos días de vacación o unas horas de relax me pueden llevar a la Prehistoria o mejor aún viajar desde ella a nuestros días...

Recuerdo a nuestros antepasados, a los hombres prehistóricos que dedicaban su vida a la caza y a la recolección de frutos, nómadas o sedentarios, su único refugio las cuevas. Expuestos a ser cazados ellos mismos, a montones de riesgos y peligros y con una experanza de vida muy corta.

Voy recorriendo mentalmente las diferentes eras o edades históricas y me doy cuenta como el Hombre ha ido conquistando parcelas de Progreso a lo largo de su existencia, en una progresión exponencial en los últimos 100 años. Y siempre ha habido como fondo una sociedad. El Hombre siempre ha sido un animal social; familia, escuela, juegos, pueblos, ciudades, asociaciones , grupos, trabajo...siempre relacionandose con sus congéneres.

Mi madre solía decir ¡Cuánto nos ha enseñado la televisión! Sí, es verdad que hemos viajado mucho a través de ella, hemos acercado otros pueblos, otras culturas a nuestras casas. y todo sin movernos de la butaca del salón.

Pero lo mejor aún estaba por llegar. Los ordenadores e internet han sido mucho más globalizantes que el resto de los medios de comunicación. Nos han permitido no sólo conocer otros pueblos, otras gentes sino comunicarnos con ellos. Intercambiar opiniones, compartir aficiones, juegos, reir y llorar juntos.

Recordáis cómo era nuestro mundo antes de la televisión y de internet?... pasabamos el día en el trabajo o en la escuela y en la calle. Recuerdo el paseo de mi ciudad, lleno de gente todas las tardes, haciendo corrillos, charlando con unos y otros. Hacíamos excursiones al campo, con amigos, con la familia. Ibamos a las fiestas de los pueblos, a las verbenas de los barrios, el caso era no quedarse en casa. No recuerdo haberme quedado con gusto en casa ninguna de las tardes de mi adolescencia. Después menos.

Ahora todas esas relaciones las estamos sustituyendo por la cajatonta y por los amigos de internet. En un aislamiento total del resto de las personas que fisica y afectivamente nos rodean.

Todas las horas que antaño pasabamos en la calle o en el campo ahora son horas de sillónball y silla de ordenador.

De verdad estamos progresando? ... creo que estamos regresando a la oscuridad de la cueva.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cuando el corazón se hace un gurruño...



Hay noticias que te sobrecojen, a veces lees o ves algo en la tele que no va contigo pero que te afecta y notas que el corazón se te arruga que te falta la respiración y que no puedes contener las lágrimas.

Hoy es uno de ellos. No son desgracias familiares, en realidad no son de personas cercanas, no van más allá de la proximidad de las personas que conoces por este medio que es internet. Y sin embargo, lo lees y piensas por qué? por qué a estas personas les toca la lotería de la desgracia y les vuelve a tocar el reintegro una y otra vez. Te sientes ruín y mezquina al no saber valorar lo que tienes, al quejarte de nimiedades o al darle importancia a hechos que no la tienen. Sientes la vergüenza del rico ante el pobre, la vergüenza de tenerlo todo ante el que no tiene nada.

Y te sientes incapaz de pronunciar palabras de consuelo o de esperanza, porque sabes que no la hay porque sabes que sonará vano, hueco... y te gustaría abrazar a esa persona muy fuerte y decirle con el abrazo lo que no eres capaz de pronunciar ni de escribir.

Hace unos días un amigo me dijo, no me digas nada, no tienes que decirme nada, eres mi amiga, sólo tienes que escucharme es lo único que necesito. Es tan poco eso, me siento tan mal, tan impotente...

Ayer yo le repetí estas mismas palabras a una amiga, estoy aquí te escucho, aunque no encuentre palabras que decirte... y hoy? que le digo hoy?