Navegar es preciso, vivir no es preciso.
En Oporto, dedicado al poeta Fernando Pessoa.
Tratar de navegar fue preciso,
y mi vida me dejó en esa hazaña
ahora, llevo cosidas redes,
anzuelos.
Pessoa está tumbado sobre mi cama
en un plano por debajo de la conciencia
y se apresura a embarcar sin saber si mi piel existe.
-Ninguna convicción te trae hasta aquí, desconocido.
-Sentémonos a recordar el trayecto de los barcos
que se consuelan en su pecera vacía.
-Almíbar quieren ser mis labios
para acercarte,
eras tú, otro no existe.
-Es preciso amar la nitidez del vuelo de una gaviota sobre el río.
Ráfagas de luz invaden la mortalidad del hombre.
-Aunque te esté tocando, lo sabes,
siendo un murmullo que pasa y no te conoce.
Aunque exista y quieras romper una a una
las máscaras fecundas.
¿De cuántas palabras puedo disfrazarme?
¿A cuántas sustancias mi boca sabe?
Hiedra que crece y se apresura al techo,
vidrio que refleja rumbos y navegaciones muertas.
Elena Conchello.