La sentí llegar como un fantasma, sentí el ruido de sus pasos desaparecidos en un tenue crepitar de los tablones, su olor de fruta amarga y sudorosa. Me sabía engañado, burlado otra vez por el recuerdo, pero igual temblaba. Estuve un momento detenido como en un anhelo de silencio. Pero oi su voz y ya era demasiado.
Encontré a tientas el interruptor que disiparía la penumbra, aquella en la que había entrevisto mil veces su cuerpo desnudo y gris. El cuarto se inundó de luz y allí la encontré, de pie y sonriente.
Una de sus manos sostenía una kalashnikov .
Mostrando entradas con la etiqueta kalashnikov. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kalashnikov. Mostrar todas las entradas
viernes, 18 de julio de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


