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domingo, 17 de julio de 2011

THE CUBE (USA, 1969)

Dirección: Jim Henson. Intérpretes:  Richard Schaal (El hombre del cubo), Hugh Webster (Arnie), Rex Sevenoaks (Gerente), Eliza Creighton (Mujer seductora), William Osler (Científico), Jack Van Evera (Prisionero),  Jerry Nelson (Monje), Sandra Scott (Decoradora), Claude Rae (Dr. Conners). Duración: 53 minutos.

Síntomas: Un hombre se ve  encerrado, sin explicación aparente, en un cubículo perfectamente cuadrado por el que pululan multitud de personajes a cual más extraño. Sus intentos de huir del lugar se ven siempre frustrados por una u otra razón.

Diagnóstico: Jim Henson apenas necesita presentación. Generaciones enteras hemos crecido,  disfrutado y aprendido con sus creaciones televisivas. De ahí que no me vaya a extender más en su persona y trabajo: Barrio sésamo, Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto, etc.
Pocos son, sin embargo, los que conocen otra faceta más "adulta" en la producción de Henson que incluye, entre otros títulos, este curioso, atípico, marciano trabajo. Incluido en una serie inglesa titulada "NBC Experiment in Televisión", constaba esta, como su buen nombre indica, de una serie de telefilms  cada cual más experimental que contaba con la labor de prestigiosos directores, guionistas y actores del momento: Frank Langella, Jo Van Fleet, Arthur Penn,  Federico Fellini,  Harold Pinter o Donald Pleasence son sólo unos pocos de los nombres que pasaron por los distintos episodios.
Jim Henson se presenta con este título que por premisa y diseño nos remite inmediatamente a un film muy posterior de Vincenzo Natali, Cube del año 1997, merecidamente célebre gracias a los premios cosechados en Festivales como los de Sitges, Toronto y Oporto.
Pero las semejanzas entre el film que nos ocupa y el de Natali terminan ahí. En realidad el film de Henson se encuentra mucho más cercano al espíritu nihilista y desesperanzado de La Cabina, de nuestro Antonio Mercero, auténtica obra maestra merecidamente galardonada con el EMMY en 1973, que muestra una alegoría del individuo atrapado en una sociedad opresiva y castradora - apenas disimulada sátira del régimen franquista que daba sus últimos coletazos por aquellos tiempos-. Tan sólo un año después, Narciso Ibañez Serrador proponía una metáfora similar en El Televisor, de nuevo asfixiante reflexión del individuo ante la sociedad, de nuevo un título a reivindicar, quizá algún día en este MADHOUSE.

Antes de todos estos, este The Cube, de nuevo el individuo encerrado, atrapado en su anhelos, frustraciones, complejos y terrores. No es difícil adivinar muy pronto que ese "cubo" del que nuestro protagonista no puede huir no es sino nuestra propia existencia, nuestro "modus operandi" que nos relega a una vida que a veces no hemos escogido nosotros mismos, más bien hemos delegado en los que nos rodean.
A este respecto, The Cube representa un experimento interesante, señal de una sociedad que entraba en ebullición - fines de los 60, inicio de los 70, inconformismo, revolución, "haz el amor y no la guerra"...- y como todo producto coyuntural ha envejecido bastante peor que el título de Mercero, con un discurso más simplista y una estética muy reconocible. Pero el telefilm merece ser tenido en consideración, sobre todo si tenemos en cuenta que en la época en la que nos encontramos actualmente, un periodo de notable decadencia cultural -curiosamente ahora que disponemos de mayor cultura a nuestro alcance, o quizá por eso precisamente- resultaría impensable la emisión, -no digamos ya la realización- de un producto televisivo de estas características en beneficio de cualquier memez supina a las que nos tienen acostumbrados cualquiera de la cadenas mayoritarias.
Así pues, buen provecho, y disfruten ustedes con este extraño y curioso The Cube.
Fragmento de este título

No puede perdérsela: Los nostálgicos del flower power.
Abstenerse: Los que no gusten demasiado de las alegorías sociales.

Nota: No recuerdo ahora mismo de quien es este ripeo y subtítulado (baja uno tantas cosas). Si aparece el responsable por aquí, favor de indicármelo y yo gustosamente le acreditaré. El enlace directo, cortesía de la casa.
Enlace en V.O con Subtítulos:

jueves, 9 de junio de 2011

EXPERIMENTS IN THE REVIVAL ORGANISMS (Unión Soviética-USA, 1940)

Dirección: D.I. Yashin. Intérpretes: J.B.S. Haldane (Narrador). Duración: 19 minutos.

Síntomas: Documental que muestra diversos experimentos de científicos soviéticos para reavivar organismos muertos.
Diagnóstico: La reciente lectura del relato de H. P. Lovecraft, Herbert West: Reanimador, y la revisión por parte del excelente Blog Zombie de Alimaña -auténtica enciclopedia virtual de cine zombificado- de la saga que adaptó dicho relato, ha traído a mi mente este extraño, enfermizo e impactante documental nacido de la colaboración entre las comunidades científicas de Estados Unidos y la Unión Soviética. No olvidemos que en 1940, año de producción del film, las relaciones entre los americanos y los soviéticos eran aparentemente cordiales y no tardarían en unirse frente a un enemigo común mucho antes que la Guerra Fría se estableciera entre ambas naciones.
El documental está narrado por J.B. S Haldane, eminente biólogo escocés de aspecto tornasolado (de Profesor Tornasol) que narra con una pulcritud pasmosa los escalofriantes experimentos de su colega ruso Sergei S. Bryukhonenko  (1890-1960), uno de los más famosos cirujanos de la época stalinista que pasó a la posteridad como el inventor del "autoejector", un primitivo artilugio mecánico capaz de realizar las funciones del corazón y los pulmones en sujetos muertos otorgándoles así la apariencia de vida. Aunque hoy parezca un tema superado, hay que tener en cuenta que estos experimentos se llevaron a cabo a lo largo de los años 20 y que sirvieron de avanzadilla en los trasplantes de órganos o en la fabricación de máquinas de diálisis.
Pero ¿por qué será que no logro ver este documental de apenas 19 minutos sin que todo lo que sucede en pantalla me provoque cierta inquietud? Ver la secuencia en la que una cabeza de perro separada del resto del cuerpo, "autojektor" mediante, reacciona ante los estímulos sensoriales no solo pone la carne de gallina si no que además remite claramente al famoso título que Yuzna y Gordon popularizaron en los 80. Por si eso fuera poco, el posterior experimento que se nos muestra en su totalidad consiste en drenar absolutamente toda la sangre de un perro sano y dejarlo sin vida diez minutos exactos para, posteriormente "re-animar" al sujeto en la mejor tradición del cine de Ciencia-Ficción.

¿Ficción a la manera de la inmortal novela de Mary Shelley o realidad científica? ¿Avance fabuloso o simple patraña? Con el tiempo, el film se ha convertido en una auténtica leyenda urbana, exactamente igual que el de los alienígenas de Roswell, con sus defensores y sus firmes detractores. No es mi intención pasar a juzgarlo aquí. Mis escasos conocimientos de medicina no dan para tanto y lo dejo para aquellos más duchos en la materia. Probablemente, como en la mayoría de los casos, en el término medio esté la virtud y si bien es probable que los hechos que se muestran hayan sido manipulados -evitan mencionar, por ejemplo, los efectos secundarios que en un cerebro sano puede provocar la falta de aire en un periodo tan prolongado- hay otros indicios que señalan que Bryukhonenko llegó bastante lejos en los logros de sus experimentos. No en vano, una versión ampliada y mejorada del "autoejector" todavía se puede ver en el Museo de Cirugía Cardiovascular del Centro Científico de cirugía en Rusia donde se asegura que fue empleado con éxito en humanos.
Como digo, evitando aquí cualquier debate ético o moral y, eso sí, advirtiendo por primera vez que el contenido de lo que aquí se ofrece puede herir ciertas sensibilidades, se os presenta un enlace donde un servidor a incrustado unos subtítulos disponibles en castellano gracias al trabajo de Mercucio_09 para Patio de Butacas.


Fragmento del Documental

No puede perdérselo: El curioso impenitente y los fans de Cuarto Milenio
Abstenerse: Los más sensibles al sufrimiento animal

Enlace (Versión Original con subtítulos incrustados):

miércoles, 20 de abril de 2011

PRIMEROS CRISTOS DE LA HISTORIA DEL CINE (USA-Francia, 1903, 1912)

Título original: La vie et la passion de Jésus Christ (1903). Dirección: Lucien Nonguet y Ferdinand Zecca. Intérpretes: Madame y Monsier Moreau (Virgen María y José). El resto del reparto no consta. Duración: 44 minutos.

Título original: From the manger to the cross (Jesús de Nazareth, 1912). Dirección: Sidney Olcott. Intérpretes:  Robert Henderson-Bland (Jesús), Gene Gauntier (virgen María), Percy Dyer (Jesús, niño), Alice Hollister (María Magdalena), Sidney Olcott (Ciego), Samuel Morgan (Poncio Pilatos), James D. Ainsley (Juan el bautista), Robert G. Vignola (Judas), George Kellog (Herodes), J.P McGowan (Andrés). Duración: 70 minutos.

Síntomas: Nacimiento, vida y pasión de Cristo. En el primer caso llega hasta su apoteósica resurrección, en el segundo título sólo hasta su cruxifición, más que nada por no contradecirse con el título.


Diagnóstico: Sesión doble a cargo de la figura histórica más importante - independientemente de nuestras creencias- y una de las que más veces ha sido llevada a la pantalla. Dos rarezas - que gracias al ciberespacio ya no lo son tanto – un tanto alejadas de la temática del blog y que si tienen su cabida aquí es por tratarse de las dos primeras apariciones importantes de Jesucristo en el cine.
Hacer un repaso aquí de las adaptaciones al celuloide de tan emblemático personaje resultaría un ejercicio innecesario ya que existe suficiente información al respecto. Más estimulante sería acercarnos no obstante a algunas de esas adaptaciones más marcianas que las hay y muchas. Quizá en sucesivas Semanas Santas, ya veremos como andamos de fervor cristiano para entonces.
Una vez inventado el cinematógrafo en 1895, Jesús de Nazareth no tardaría en aparecer en pantalla. Ya los propios hermanos Lumiere dos años después rodarían Vida y pasión de Jesucristo, un conjunto de estampas absolutamente naïf que obtuvieron un gran éxito de público. Es natural; hasta la fecha las demás artes (pintura, escultura, teatro) habían sido acaparadas por la iglesia desde la Edad Media para su labor "pedágogica" y evangelizadora. El enorme potencial del cine no podía escapárseles y no tardaron en utilizar el séptimo arte como vehículo ideal para lograr enfervorizar a las huestes cristianas, algo que no han dejado de hacer, por cierto (veanse las ultracatólicas versiones de Gibson o Zefirelli, sin ir más lejos).

La vie et la passion de Jésus Christ puede considerarse el primer acercamiento más o menos serio al prsonaje y no es más que un "remake" de aquel primer título de los Lumiere, con mayor presupuesto y paulatinamente ampliado desde los 18 cuadros iniciales hasta los 31 que quedaron en 1905 (versión a la que pertenecen los enlaces que presento más abajo). De una apariencia deliciosamente naïf, el film en sí no son más que una sucesión de "estampas" coloreadas a mano (la cinta está producida por los hermanos Pathé que precisamente patentaron este entrañable sistema) y que muestra de manera bastante completa la vida y milagros de Jesús. Resulta irresistible ver la ingenuidad con que resuelven algunos "efectos especiales" requeridos: Jesucristo caminando sobre las aguas, el descenso del Espíritu Santo, la Resurrección, etc. El alarde técnico y la apariencia quedaron tan impresionantes para la época que resultó una herramienta didáctica utilísima para los misioneros católicos en África y la Polinesia. En 1907 Zecca supervisó una nueva versión con el insigne Segundo de Chomón como director de fotografía.

Del pesebre a la cruz da un paso más y podemos considerarlo como el primer largometraje de Jesús, propiamente dicho. No sólo eso, también es la primera superproducción acerca de su figura ya que costó la friolera de 100.000$ de la época aunque el éxito fue tal que en seguida llegó a multiplicar por diez esa cifra. Lo primero que llama la atención es que el film obvia un aspecto tan importante para los devotos creyentes como es la Resurrección de Cristo. A parte de estos datos, otra curiosidad de especial valor en este film es el estar rodado justo en los lugares donde transcurre la acción, montando un plató en Jerusalén para los interiores y prolongando durante tres meses el rodaje en Egipto y Tierra Santa. A pesar de esto, y ya desde el punto de vista cinematográfico, el avance es mínimo con respecto a las estampas de Ferdinand Zecca. De hecho, mantiene el mismo estatismo de la cámara (salvo alguna que otra leve panorámica, como en la llegada de los Reyes Magos) aunque eso sí, dotando de mayor realismo las puestas en escena en cada cuadro. La ausencia de primeros planos, travellings o cualquier otro recurso de narrativa cinematográfica impiden la creación de un espacio propiamente fílmico, tratándose de una sucesión de escenas algo más elaboradas que su antecesora pero sin la gracia "kitsch" de aquella. Como último dato curioso señalar que Gene Gauntier, la guionista del film, interpreta aquí a la virgen María y que el propio director, Sidney Olcott aparece como un hombre ciego. En definitiva dos versiones hasta hace bien poco inéditas para nosotros y desde luego muy adecuadas en estas fechas tan señaladas para algunos, tan "coñazo" para otros.

Fragmento de "Vida y pasión de Jesucristo" (1905)

No puede perdérsela: El que esté cansado de ver siempre las mismas películas mesiánicas por estas fechas.
Abstenerse: Quien no tenga un mínimo de curiosidad por la arqueología cinematográfica.


sábado, 9 de abril de 2011

SHARKTOPUS (USA, 2010)

Dirección: Declan O´Brien. Intérpretes: Eric Roberts (Nathan Sands), Kerem Bursin (Andy Flynn), Sara Malakul Lane (Nicole Sands), Héctor Jiménez (Bones), Liv Boughn (Stacy Everheart), Julián González (Santos), Blake Linsey (Pez), Calvin Persson (Comandante Cox) , Megan Barkley (Lisa), Maija Markula (Bree). Duración: 86 minutos.

Síntomas: Un ingeniero crea para el ejército un monstruo, mitad tiburón, mitad pulpo, como arma contra los piratas somalíes. Cuando sus implantes electrónicos fallan, el Sharktopus (o pulpurón, que viene a ser lo mismo) se dirige a las aguas mexicanas dispuesto a zamparse a todo turista que se le ponga por delante.

Diagnóstico: Enfrentarnos a este tipo de títulos ineludiblemente hace que se nos tuerza el gesto a la par que provoca el jolgorio de todo aficionado al cine más bizarro y psicotrónico/trópico.
Pero, en realidad, ¿qué diferencia títulos como este (o cualquiera de las otras cintas, a cual más demencial, que Roger Corman ha producido recientemente  para el canal SyFy Universal) con aquellas producciones que este avispado productor realizó para la American Internacional Picture en la década de los 50? ¿Por qué hoy día defendemos títulos como Attack of the Crab Monsters, It conquered the world o The wasp woman a la par que tratamos con desprecio productos como este Sharktopus ?

Los elementos son exactamente los mismos: guiones disparatados, efectos especiales baratos (por muy digitales que estos sean), intérpretes de tercera fila (duele ver donde ha terminado un actor en sus tiempos tan prometedor, como Eric Roberts), y un trabajo de producción precipitado dirigido al consumo inmediato de un público adolescente ávido de novedades. La respuesta para que tratemos con mayor condescendencia y tildemos de “clásicos” aquellos títulos es, sin duda, el efecto que el factor tiempo produce en estas obras que convierten lo cutre en naif, lo casposo en irresistiblemente “kichts”.

Pero si algo hay que reconocerle a esta producción (enésimo enfrentamiento de una criatura modificada artificialmente para fines militares con sus creadores, más parecidos a vigilantes de la playa que ha científicos doctorados en genética molecular), igualmente que a sus antecesoras, es su absoluta honestidad en sus planteamientos: apenas han pasado cinco minutos la criatura ya escapa del laboratorio; a partir de ahí un sin fín de persecuciones, ataques del monstruo merendándose a todo bicho viviente, humor de trazo grueso (atención a la intervención-cameo de un ya entrañable ancianito llamado Roger Corman, con mucho, lo mejor de la cinta), chicas en bikini y sobre todo la fresca sensación de que sus responsables no se toman la cosa demasiado en serio.

Huelga decir mucho más acerca de este título. Hoy provocará la huida de más de uno, mañana está destinado a ser un clásico de la revolución infográfica de serie B; “B” de baja estofa, por supuesto.


Tráiler Oficial de la cosa en cuestión

No puede perdérsela: El aficionado a los mutantes marinos.
Abstenerse: Cualquiera al que el cartel, el tráiler  y las fotos no le resulten absolutamente irresistibles.

Enlaces (en VOSE)

martes, 7 de diciembre de 2010

EL FANTASMA INVISIBLE (USA, 1941)

Título original: Invisible Ghost. Dirección: Joseph H. Lewis. Intérpretes: Bela Lugosi (Dr. Charles Kessler), Polly Ann Young (Virginia Kessler), John McGuire (Ralph Dickson / Paul Dickson), Clarence Muse (Evans, el mayordomo), Terry Walker (Cecile Mannix), Betty Compson (Señora Kessler), Ernie Adams (Jules Mason), George Pembroke (Teniente Williams), Ottola Nesmith (Señora Mason), Fred Kelsey (Detective Ryan), Jack Mullhall (Detective Tim). Duración: 64 minutos.

Síntomas: El profesor Kessler perdió a su mujer en un accidente de trafico, pero aun actua como si estuviera viva. Kessler vive con Virginia, su única hija, en un siniestro caserón  donde además se están produciendo una serie de asesinatos que mantiene desconcertada a la policía. Por su parte, el prometido de Virginia, Ralph, tiene un secreto: fue amante de la actual criada de la casa. Cuando aparece asesinada y con una carta de Ralph en la mano este se convierte inmediantamente en el chivo expiatorio de los crímenes.

Diagnóstico: El hecho de que este pequeño film sea relativamente fácil de encontrar en esas ediciones baratas que pululan actualmente por los grandes centros comerciales puede hacer pensar al aficionado que se encuentra ante una rutinaria serie B sin otro aliciente más allá del protagonismo del inefable Bela Lugosi. Bueno, pues se equivoca de plano a plano. The Invisible Ghost es uno de los más (involuntariamente) surrealistas títulos que la entrañable productora Monogram realizó en su dilatadísima trayectoria como cultivadora de serie B durante la década de los 40 .

Freud ha ejercido siempre una innegable fascinación dentro del medio artístico. De hecho el estudio de lo oculto, del yo interior mediante el psicoanálisis, dió origen a la mayoría de las vanguardias del siglo XX y esa influencia se dejó notar de una manera tácita también en Hollywood. Los más grandes directores coquetearon con las teorías freudianas dando conocidos títulos que en general, y paradójicamente, no suelen figurar entre lo más granado de sus filmografías. Doble Vida de George Cukor, Recuerda de Alfred Hitchcock o Secreto tras la puerta de Fritz Lang son sólo unos pocos ejemplos de esta moda pasajera. Si en estos títulos, con unos responsables y presupuestos de primera ya trataban de manera harto superficial las teorías freudianas, en una serie B pura y dura, como es la que ahora nos ocupa, el resultado podría ser ciertamente demencial. Y este título, desde luego, no defrauda esas expectativas.

He de admitir que esta es una de las sinopsis que más me ha costado redactar. El simple ejercicio de repasar su argumento nos sirve para comprobar las múltiples incongruencias de un guión plagado de agujeros que sólo podemos disculpar en base a la condescendencia con la que nos acercamos a títulos de esta naturaleza . Se supone que la mujer de nuestro protagonista ha fallecido en un accidente de coche pero pronto descubrimos que en realidad está viva, en un estado de demencia (no sabemos el motivo) y que el jardinero la tiene escondida en la caseta de herramientas del jardín. Tampoco sabemos por qué permanece escondida. La mujer repite constantemente que no puede regresar a casa porque alguien quiere hacerle daño. Pero nunca se explica a qué o quién se refiere. La señora se dedica por las noches a pulular por el exterior de la casa e hipnotizar telepáticamente a su esposo para que este se dedique a asesinar a todo bicho viviente con el albornoz (detalle especialmente bizarro) aunque tampoco sabremos nunca los motivos que le mueven a ello. La policía da por sentado enseguida (con argumentos bastante pelegrinos) que el asesino es el prometido de la hija de Lugosi, se le condena a muerte y se le ejecuta, pero no hay porqué preocuparse porque enseguida aparece el hermano gemelo para investigar lo sucedido. Así tenemos dos personajes por el precio de uno. Y por si todo esto no resulta suficientemente psicotrónico, hay que ver la sesión a la que somete un psiquiatra de la policía al pobre mayordomo de la casa (negro, por supuesto) para averiguar, según las revolucionarias técnicas del psicoanálisis, si este está demente o no.

No obstante, y aunque parezca mentira, el film se eleva por encima de todas estas circunstancias gracias a la personalidad de su por entonces todavía joven director, Joseph H. Lewis. Por si hay algún despistado que todavía no sepa del enorme talento de Lewis recordaremos que ha dado a la historia del cine espléndidos títulos como Agente Especial, La ciudad sin ley o esa joya que es El demonio de las armas, muy pronto revalorizada por una corriente de directores jóvenes entre los que se encontraban los de la Nouvelle Vague. Siempre acostumbrado a sacar oro de escasos presupuestos, Lewis consigue vencer en parte los inconvenientes de esta modesta producción merced a una puesta en escena que supera la teatralidad de su propuesta (prácticamente un par de espacios y unos pocos actores) y una planificación del uso de la cámara que sabe sacar un estupendo provecho de una, por otra parte, convencional escenografía (seguramente reciclada) con rápidos travellings que incluso atraviesan las paredes de las estancias y un uso de la profundidad de campo prácticamente inédito en la época. Del mismo modo Lewis vence la tentación de adscribirse al expresionismo alemán importado por la Universal, conservando no obstante cierto tenebrismo en la iluminación y logrando momentos plásticos para el recuerdo.

El reparto cumple su cometido con oficio ofreciéndonos detalles interpretativos poco comunes en producciones de este tipo. Lugosi no era buen actor, de acuerdo, pero la cámara le quería, y siendo consciente de ello, Lewis le retrata con mimo especialmente en los momentos de locura transitoria. Del resto de reparto destaca la bella Polly Ann Young, hermana menor de Loreta Young y que curiosamente con esta película dio por finalizada su carrera como actriz a pesar de morir a los 88 años. Por su parte, Clarence Muse, que interpreta a Evans, el fiel mayordomo de la casa, puede considerarse como la primera gran estrella negra de Hollywood y alternó sus trabajos como compositor, actor y guionista hasta su última película (El corcel negro) en 1979 cuando contaba ya con 90 años. Por su parte, una gran diva del cine mudo, Betty Compton realiza una loable labor como la enloquecida esposa de Lugosi, demostrando con esta caracterización que quien tuvo retuvo.

En definitiva este título puede provocar sentimientos contradictorios. Tan contradictorios como es observar a un buen equipo técnico y artístico batallar con un guión absurdo y un presupuesto menos que modesto. El lado al que se incline finalmente la balanza deberá valorarlo cada uno. La propuesta queda ahí, como un título curiosísimo dentro de la filmografía de Lugosi y, desde luego, de su capacitado autor. ¡Ah! El fantasma del título, de tan invisible que es, no se le ve por ningún lado en todo el metraje, una última ironía de un guión que va a necesitar de la complicidad del espectador desde el primer minuto.


Trailer original de "Invisible Ghost"

No puede Perdérsela: El fan de Lugosi.
Abstenerse: El que haya perdido cierta ingenuidad para disfrutar de estas "antiguallas".
Enlaces en Dual (castellano/inglés):
 
Subtítulos:
 

domingo, 7 de noviembre de 2010

THE THING WITH TWO HEADS (USA, 1972)

Dirección: Lee Frost. Intérpretes: Ray Milland (Maxwell Kirshner), Roosevelt Grier (Jack Moss), Don Marshall (Dr. Fred Williams), Roger Perry (Dr. Philip Desmond), Chelsea Brown (Lila), Katherine Baumann (Patricia), John Bliss (Donald), John Dullaghan (Thomas), Lee Frost (Sergeant Hacker), Jane Kellen (Señora Mullen), Wes Bishop (Dr. Smith). Duración: 93 minutos.

Síntomas: El Dr. Kirshner, eminente cirujano de carácter misógino, racista y decididamente endiablado, sufre de un cáncer terminal. Para burlar su fatal destino ha estado investigando con animales la posibilidad de trasplantar una cabeza en el cuerpo de otro individuo para poco a poco ir absorviendo las facultades del cuerpo anfitrión y poder deshacerse de la cabeza "original". Llegado el momento, consigue a un voluntario, un preso condenado a muerte. Lo que no sabe el Dr. Kirshner es que el sujeto en cuestión es negro y además tiene sus propios planes de fuga.

 Diagnóstico: Cuando se habla de la colaboración del gran Ray Milland con la AIP se suelen mencionar a las imprescindibles La obsesión y El Hombre con rayos X en los ojos, ambas dirigidas por Roger Corman del mismo modo que se pasa de soslayo por el título que ahora nos ocupa y que es, sin duda, el más bizarro de los tres. A pesar de ello, y vaya de antemano, este film no merece la mala fama que algunos prejuiciosas críticas siempre le han cargado como un sambenito, catalogándolo al mismo nivel que la (esta sí lamentable) Serpiente de mar, ya reseñada aquí.

Realizada a rebufo de otro film con idéntica premisa ,The Incredible 2-Headed Transplant (1971) técnica y artísticamente inferior a la que ahora nos ocupa, lo que hace de esta cinta (titulada con motivo de su edición en video en España con el poco apropiado título de Experimento Diabólico) un film tan agradable de ver es su decidido tono cómico (que no paródico) a lo largo del metraje, con un Ray Milland verdaderamente divertido que demuestra su innegable profesionalidad a pesar de verse obligado a estar literalmente pegado durante la mayor parte del rodaje a un negro de 2 metros de altura, el ex jugador de Fútbol americano : Roosevelt Grier. Contra todo pronóstico, el tal Grier también está de lo más acertado en su composición y consigue una eficaz química con el veterano Milland. Las discusiones entre ambos (recordemos, un viejo científico malhumorado y racista y un condenado a muerte negro que se ven obligados a "convivir" en un mismo cuerpo) proporcionan algunas situaciones y diálogos francamente divertidos, como el momento en el que Grier intenta convencer a su novia de hacer el amor tapando la cabeza de Milland. Como dato curioso comentar que Grier pasaría a la historia antes que como actor, como guardaespaldas de Robert J. Kennedy (hermano de John) al ser uno de los que blocó a Shirhan, el joven integrista palestino que efectuó el disparo que a la postre causó la muerte al senador demócrata.

Volviendo a la cinta que nos ocupa, mencionar que está dirigida por Lee Frost (que aquí interpreta a un sargento de policía ). Frost quizá no le diga nada a la mayoría de los aficionados pero se trata de uno de los realizadores más eficaces del género black-exploitation de la época con títulos tan célebres como Love Camp 7 (1969) o The black Gestapo (1975). El experimento resultante es tan curioso como el que narra la trama: producir un híbrido de dos de los géneros más populares en la serie b de los 70. Por un lado los films de ciencia-ficción, con "mad doctor" incluido, en donde se muestran las excelencias de una incipiente técnica del trasplante (recordemos que el Dr. Christiaan Barnard había realizado con éxito el primer trasplante de corazón apenas cuatro años antes) con las black exploitation de la época que también habían irrumpido con fuerza dentro del género fantástico (recordemos ese Blácula, sin ir más lejos). Sin duda, la mala fama que arrastra el film se debe a su psicotrónica premisa: el injerto de una cabeza a otro cuerpo para que, tras un breve periodo de tiempo, vaya usurpando poco a poco las capacidades motoras y, como final de operación, se extirpe la antigua cabeza, ya inservible. Tal argumento sólo se podía atacar desde una única premisa (y ahí, insisto, radica el principal acierto del film): el constante tono irónico en situaciones, diálogos y personajes que impiden que nos tomemos demasiado en serio la película.

Que The thing with two heads cuenta con un escasísimo presupuesto es algo que queda patente en varios momentos del film (las persecuciones siempre se realizan en caminos desérticos o directamente en mitad de la campiña, los escenarios se ven reducidos a unos pocos interiores) pero jamás afectan al acabado técnico, mucho más eficaz de lo que de una producción de estas características podría preverse. Los efectos especiales están perfectamente conseguidos (en la secuencia de la operación llegó a emplearse incluso una cabeza robotizada del actor Ray Milland) y no es de extrañar si nos atenemos al magnífico equipo de especialistas que componen el departamento entre los que destacan Thomas R. Burman, responsable de los efectos de maquillaje de producciones como La invasión de los ultracuerpos (1987), El beso de la pantera (1982) o Los Goonies (suyo es el maquillaje del inolvidable Sloth) por citar unos pocos ejemplos, Daniel C. Striepeke (El Planeta de los Simios y secuelas, Patton, Salvar al Soldado Ryan) o el mismísimo Rick Baker (La guerra de las Galaxias, Aullidos, Ed Wood...) en uno de sus primeros trabajos donde además interpreta al simio que aparece en la primera parte del film.

En definitiva, un título menor pero entretenidísimo, con abundantes (y en ocasiones agotadoras) persecuciones de coches, un acabado técnico impecable y un final curioso por inconcluso, donde deja suspensos algunos puntos de la trama quizá para evitar entrar en ciertas disquisiciones morales que (y dado el tono desenfadado de la cinta) hubieran estado de más. Al fin y al cabo que un film nos deje con la sensación de querer más siempre será un punto a tener en cuenta a su favor, ¿no?

Tráiler original de "The thing with two Heads"

No puede perdérsela: El amante del fantástico gamberro de los 70.
Abstenerse: El que busque un argumento con pies y cabeza. Este sólo tiene lo último, y además por partida doble.

Descarga Directa (en VOS):

En Castellano (Pass: PARADISE)

martes, 3 de agosto de 2010

SKIDOO (USA, 1968)

Título Original: Skidoo. Dirección: Otto Preminger. Intérpretes: Jackie Gleason (Tony Banks),  Carol Channing (Flo Banks),  Alexandra Hay (Darlene Banks),  Frankie Avalon (Angie), Fred Clark (Guardia de la torre), Michael Constantine (Leech), John Phillip Law (Stash), Mickey Rooney (George 'Blue Chips' Packard), Peter Lawford (El Senador),  George Raft (Capitán Garbaldo), Cesar Romero (Hechy), Frank Gorshin (Hombre), Richard Kiel (Beany),  Harry Nilsson (Guardia de la torre), Slim Pickens (operador de radio) y Groucho Marx como Dios. Duración: 97 minutos.

Síntomas: Tony Banks, un mafioso retirado que vive tranquilamente en San Francisco con su esposa Flo y su hija Darlene recibe la visita de dos antiguos compañeros suyos con un encargo de su jefe en el pasado, apodado "Dios": debe lograr ser encarcelado en Alcatraz y una vez allí, asesinar al recluso "Blue Chips" Packard, para evitar que delate al capo mafioso. Tony en un primer momento se niega pero entonces "Dios" rapta a la hija de este y a su novio hippie Stash.

Diagnóstico: Empezamos agosto, estamos inmersos en pleno verano y nada mejor que escoger un título demencialmente refrescante para estas calurosas tardes estivales. Su propio director, el gran Preminger hablaba así de esta película que acababa de perpetrar:

"Es una comedia. [...] No tiene sentido explicar una comedia como esta: una farsa salvaje y extrovertida. [...] No creo que a mucha gente le guste esta película. Excepto a mi mujer que adora todas mis películas, porque para eso se casa uno."

Bueno, pues a tenor de esta declaración yo debía haberme casado con Preminger. Adoro todo lo que ha hecho y eso va incluso por esta película, que el sector más prejuicioso y conservador de la crítica norteamericano tomó como excusa perfecta para denostar al viejo director vienés. Ya le tenían ganas.

Y es que a Skidoo se la ha tildado como "apología" de las drogas cuando en realidad se trata de un canto a la libertad, a la vida hedonista quizá, es cierto, con un trazo más grueso que ese Vive como quieras de Frank Capra, pero también con más mala baba y con una incorrección política propia de los tiempos que corrían: la cultura pop, el "haz el amor y no la guerra", el sinsentido en que había caído la campaña del Vietnam, etc. Lo sorprendente no es que sea un joven realizador al estilo Richard Lester quien imagine esta sátira, sino un señor mayor, con cara de coronel de la Gestapo y muy malas pulgas en los rodajes.

Esas mismas voces maledicentes apuntan que Preminger y sus amigos se pusieron hasta las cejas de LSD mientras rodaban la película y de ahí el resultado de la misma. Mentira. Como el propio realizador reconocía, él fue el único que probó LSD en un entorno controlado y antes del rodaje para conocer en primera persona los efectos de esa sustancia en los sentidos (no en vano gran parte del metraje transcurre entro los delirios de los personajes que prueban accidentalmente la droga en cuestión). En este sentido, especialmente delirante supone la secuencia en la que dos guardias de la prisión ven bailar a un grupo de cubos de basura que antes había confundido con el mítico equipo de futbol americano "Green Bay Packers" todos con el culo al aire.

Siempre según Preminger, este probó la droga una sola vez y la experiencia fue tan desagradable que ya no se le ocurrió acercarse a ella más. Pero del experimento surgieron algunas de las jocosas escenas que aparecen en la película, como el momento en el que las personas empiezan a reducirse de tamaño hasta convertirse en tornillos con cabeza humana.

Como antes he adelantado, dichas voces malintencionadas provenían generalmente de cierto sector de la sociedad americana más retrograda e intolerante que nunca perdonaron que Otto Preminger se convirtiera en uno de los primeros realizadores-productores independientes de Hollywood. Un "outsider" en toda regla que jamás se resignó a doblarse a los intereses de las grandes productoras cinematográficas y televisivas. Un genio para muchos, un tirano para otros (se dice que la relación entre Marilyn y él durante el rodaje de Río sin retorno fue de todo menos idílica, por poner un simple ejemplo) pero desde luego un realizador elegante y firme que conocía su oficio como pocos y un ocasional y correcto actor (llegó a ser Mr. Freeze en el Batman televisivo de Adam West y de hecho, aquí saca a su trío de compañeros villanos en la serie: Burgess Meredith, Frank Gorshin y César Romero).

Destaca del film, indudablemente, su espectacular reparto. Jackie Gleason demuestra que se puede ser un gran actor incluso en los disparates más grandes, John Phillip Law (actor minusvalorado que cuenta con no pocas simpatías entre las que se cuenta nuestro amigo Adrian, de Esbilla cinematográfica, o el mismísimo Carlos Aguilar) está realmente divertido intuyéndose que en gran medida se desperdició muchas veces a este actor, al igual que Carol Channing o Frankie Avalon, desenvueltos en sus respectivos roles; por si eso fuera poco aun nos quedan Mickey Rooney, Peter Lawford, Michael Constantine, Richard "Tiburón" Kiel... Y esta Groucho, claro, en su última aparición cinematográfica, donde Preminger le regala un último plano en el que se despide de todos nosotros perdiéndose en el horizonte a bordo de un velero con las velas pintadas con lemas hippies y fumando marihuana. Difícil imaginar un final más apropiado para la carrera cinematográfica del maestro del surrealismo en el cine (con el permiso de Buñuel).

En lo estrictamente cinematográfico destacar precisamente el arranque del film, una ácida crítica a la televisión. Preminger, un inconformista impenitente, había mantenido un contencioso con las cadenas de televisión de USA acusándolas de cortar sus películas en los momentos más inoportunos para dar paso a los anuncios publicitarios o incluso mutilar los créditos finales para ajustar la duración (no quiero ni pensar lo que diría hoy día). Todo esto, para un director que se había pasado a la producción con el único fin de mantener el control de sus obras era demasiado y denunció a varias productoras televisivas. Ni que decir tiene que perdió su pulso y en ese ingenioso inicio donde aparece en una pantalla de televisión el título de la película para que inmediatamente Tom y su mujer comiencen a hacer "zapping" de una forma enfermiza, podemos reconocer su particular venganza. Del mismo modo los créditos del film sólo aparecen al final, presentados por Preminger y cantados en lugar de aparecer meramente escritos, sin duda en un intento de evitar el corte de estos por televisión y de mantener sentados en la butaca a los espectadores de cine hasta el final. La música es de Harry Nilsson (que además interpreta a uno de los vigilantes de Alcatraz) cuya canción "skidoo" es realmente muy pegadiza. Dos años después Nilsson obtendría un extraordinario éxito con "Everybody's Talking" canción pirncipal de Cowboy de medianoche.

Que una bizarra serie b anti-sistema la dirija Roger Corman o John Waters a nadie le hubiera pillado desprevenido. Que se embarcara en este disparate uno de los más prestigiosos directores del momento era sencillamente insólito. Y nadie pareció perdonárselo. De nada sirvió que Preminger nos hubiera regalado anteriormente joyas del cine negro como Laura, ¿Ángel o Diablo? o Al borde del peligro y obras de tal escabrosidad como Anatomía de un asesinato o Buenos días tristeza (drama de tintes incestuosos que supone otro canto a la libertad de vivir, otra bofetada a la sociedad más intolerante y conservadora). A partir de Skidoo ya nada volvió a ser igual para el realizador norteamericano de adopción. Incluso John Edgar Hoover puso a sus perros de presa del FBI tras la pista de la mayoría de los integrantes de esta locura, su director-productor por delante, claro. El resto de su filmografía (incluida su última obra, una austerísima adaptación de El Factor humano de una abracadabrante sobriedad casi teatral) fue dura e injustamente vapuleada e hizo que perdiera definitivamente su estrado junto al Olimpo de otros dioses como Hichtcock, Welles o Ford, donde un día había estado.

Uno de los biógrafos de Preminger (Gerarld Pratley, en su libro para la colección "Directores de cine" publicado en España por JC) dijo de este que era "el director de cine más constante, individualista e independiente de todos". Estoy completamente de acuerdo. Pero claro, ¿qué va a decir alguien que, como su mujer, adora todo lo que este hombre hizo?


sábado, 10 de julio de 2010

LOS MUERTOS NO MUEREN (USA, 1990)

Título original: Dead Men Don't Die. Director: Malcolm Marmorstein. Intérpretes: Elliott Gould (Barry), Melissa Sue Anderson (Dulcie), Mark Moses (Jordan), Philip Bruns (Nolan), Mabel King (Chafuka), Jack Betts (Cavanaugh), Robert Covarrubias (Carlos), Robert Dryer (Mungo), George 'Buck' Flower (Wino), Andee Gray (Isadora), Judy Kain (Margo), Stanley Kamel (Archie). Duración: 94 minutos.
Síntomas: Un famoso presentador de televisión descubre el paradero de un almacén de drogas en el mismo edificio donde está ubicado su canal de tv. A su vez, este es descubierto por los traficantes, que lo matan para evitar su testimonio. Pero el presentador será revivido por medio del vudú por una limpiadora aprendiz de hechicera. Ahora toca vengarse de los criminales.

Diagnóstico: Seguimos a vueltas con el tema zombi, esta vez con una semi desconocida comedia para todos los públicos y, por tanto, sin rastro alguno de vísceras. Y es que el subgénero zombi ha estado por extrañas razones muy ligado siempre a la comedia. Quizá nos sea necesario desdramatizar el asunto de la muerte o la remota posibilidad de que un cadáver pueda volver a la vida para sorpresa de los presentes vivos. El caso es que ya en 1941 con la simpática pero insustancial King of the zombies  la trama se suavizaba con la presencia del cómico de color Mantan Moreland y sus histriónicas caras puestas al servicio en más de una comedia de terror. Desde entonces, como digo, la comedia ha visitado a los zombis en bastantes ocasiones y esta tendencia se ha acrecentado en los últimos años en la seguridad de que sangre y risas son una buena combinación para la taquilla.

En el momento de la aparición de este modesto film el género zombi vivía los últimos estertores de una época dorada experimentada durante los años 70-80. Precisamente en los últimos años habían surgido algunas comedias de temática zombi y que lograron un relativo éxito: Re-animator, El regreso de los muertos vivientes, Estamos muertos... ¿o qué? y un largo etc.

Los muertos no andan se adscribe a esta última corriente y si merece su entrada en esta Casa de locos es principalmente por tratarse de una de las más (justamente) desconocidas. De hecho, en España nos llegó directamente en video, sin que tenga constancia de su estreno en salas de cine. Discretísima como comedia, nula como portadora de alguna novedad relativa al mito zombi, la película cuenta como principal rubro con la presencia de un Elliott Gould que ya había entrado en franca decadencia, como demuestra su participación en este film.

Guionista televisivo, Malcolm Marmorstein, hace aquí su primera (y penúltima) intrusión en labores de dirección, siendo incapaz de sacar un mínimo partido a un argumento ciertamente prometedor para una comedia de tintes fantásticos. Cuando comienza este título, nos las prometemos felices por el aire desenfadado que proyecta y un ritmo bastante dinámico. Sorprendentemente, y a partir del asesinato de Elliot Gould, el director se limita a hacer corretear estúpidamente a todos sus personajes por los pasillos y salas de un edificio sin que la trama avance lo más mínimo y repitiendo una y otra vez los mismos gags de dudosa gracia además.

Marmorstein, también guionista de la cinta como digo, dilapida toda posibilidad ácida que pueda tener la historia: un personaje televisivo convertido en muerto viviente que siga ejerciendo su influencia en un público aborregado, el poder zombificador que ejercen determinados programas sensacionalistas... Nada de eso. El guión entra de lleno en esa molesta creencia de que en una comedia los personajes (y no las situaciones) deben resultar estúpidos, sin caer en la cuenta que con esta premisa lo único que se logra así es divertir a un público estúpido. Y ese es el mayor lastre de toda la cinta. No llega a irritar (es demasiado frugal para eso) pero desde luego tampoco a provocar el más mínimo esbozo de sonrisa, a pesar de que su parte final deriva en pura astracanada, resultándonos difícil al finalizar su hora y media de metraje, destacar un sólo momento verdaderamente afortunado (si acaso el momento de la resurrección de Gould, instante que muestro en el video más abajo, por si alguien se quiere ahorrar el resto). Por el lado fantástico el balance es aún más descorazonador, la aparición de los muertos vivientes aquí es meramente circunstancial y podrían muy bien haber sido sustituidos por cualquier otra ocurrencia, pudiéndonos consolar solamente con algún que otro guiño para el aficionado (como la aparición del detective con un look clavadito al de Kolchack, el famoso periodista de lo paranormal que protagonizó una serie del mismo nombre en la década de los 70).

El reparto es lo único que puede depararnos alguna sorpresa, destacando, como digo el protagonismo de Elliot Gould, ya lejanos los años en los que protagonizó para Robert Altman importantes títulos como El largo adiós (donde encarnaba a un solvente Phillip Marlowe) o M.A.S.H. Junto a él encontramos un reparto eminentemente televisivo con algunas caras conocidas como la guapa Melisa Sue Anderson (la hija mayor de los Ingalls en La Casa de la pradera, qué tiempos aquellos) o Stanley Kamel, recientemente fallecido y al que se recordará por interpretar al psiquiatra de infinita paciencia que trata en su consulta al detective Monk. Y apunte para cinéfilos, el director de la cadena de Tv está interpretado por Jack Betts, magnífico característico que protagonizó varios spaguettis western de éxito (fue Django o Sartana en varios títulos) con el nombre de Hunt Powers. Otros lo recordarán por la breve pero estupenda caracterización que hizo de Boris Karloff (con el que guarda un asombroso parecido) en la exitosa Dioses y Monstruos.

En definitiva, como ya digo, una rareza destinada una vez más a completistas de la temática zombi (esta vez en versión caribeña) que puede acompañar una tarde calurosa de este verano siempre que venga acompañada de una bebida bien fría y abundante "snack".

Ni siquiera con vudú pudo Gould resucitar su carrera

No puede perdérsela: El aficionado a la comedia fantástica de risa fácil.
Abstenerse: El fan de Elliot Gould (si queda alguno ya).