Título Original: Skidoo. Dirección: Otto Preminger. Intérpretes: Jackie Gleason (Tony Banks), Carol Channing (Flo Banks), Alexandra Hay (Darlene Banks), Frankie Avalon (Angie), Fred Clark (Guardia de la torre), Michael Constantine (Leech), John Phillip Law (Stash), Mickey Rooney (George 'Blue Chips' Packard), Peter Lawford (El Senador), George Raft (Capitán Garbaldo), Cesar Romero (Hechy), Frank Gorshin (Hombre), Richard Kiel (Beany), Harry Nilsson (Guardia de la torre), Slim Pickens (operador de radio) y Groucho Marx como Dios. Duración: 97 minutos.
Síntomas: Tony Banks, un mafioso retirado que vive tranquilamente en San Francisco con su esposa Flo y su hija Darlene recibe la visita de dos antiguos compañeros suyos con un encargo de su jefe en el pasado, apodado "Dios": debe lograr ser encarcelado en Alcatraz y una vez allí, asesinar al recluso "Blue Chips" Packard, para evitar que delate al capo mafioso. Tony en un primer momento se niega pero entonces "Dios" rapta a la hija de este y a su novio hippie Stash.
Diagnóstico: Empezamos agosto, estamos inmersos en pleno verano y nada mejor que escoger un título demencialmente refrescante para estas calurosas tardes estivales. Su propio director, el gran Preminger hablaba así de esta película que acababa de perpetrar:
"Es una comedia. [...] No tiene sentido explicar una comedia como esta: una farsa salvaje y extrovertida. [...] No creo que a mucha gente le guste esta película. Excepto a mi mujer que adora todas mis películas, porque para eso se casa uno."
Bueno, pues a tenor de esta declaración yo debía haberme casado con Preminger. Adoro todo lo que ha hecho y eso va incluso por esta película, que el sector más prejuicioso y conservador de la crítica norteamericano tomó como excusa perfecta para denostar al viejo director vienés. Ya le tenían ganas.
Y es que a
Skidoo se la ha tildado como "apología" de las drogas cuando en realidad se trata de un canto a la libertad, a la vida hedonista quizá, es cierto, con un trazo más grueso que ese
Vive como quieras de
Frank Capra, pero también con más mala baba y con una incorrección política propia de los tiempos que corrían: la cultura pop, el "haz el amor y no la guerra", el sinsentido en que había caído la campaña del Vietnam, etc. Lo sorprendente no es que sea un joven realizador al estilo
Richard Lester quien imagine esta sátira, sino un señor mayor, con cara de coronel de la Gestapo y muy malas pulgas en los rodajes.

Esas mismas voces maledicentes apuntan que Preminger y sus amigos se pusieron hasta las cejas de LSD mientras rodaban la película y de ahí el resultado de la misma. Mentira. Como el propio realizador reconocía, él fue el único que probó LSD en un entorno controlado y antes del rodaje para conocer en primera persona los efectos de esa sustancia en los sentidos (no en vano gran parte del metraje transcurre entro los delirios de los personajes que prueban accidentalmente la droga en cuestión). En este sentido, especialmente delirante supone la secuencia en la que dos guardias de la prisión ven bailar a un grupo de cubos de basura que antes había confundido con el mítico equipo de futbol americano "Green Bay Packers" todos con el culo al aire.
Siempre según Preminger, este probó la droga una sola vez y la experiencia fue tan desagradable que ya no se le ocurrió acercarse a ella más. Pero del experimento surgieron algunas de las jocosas escenas que aparecen en la película, como el momento en el que las personas empiezan a reducirse de tamaño hasta convertirse en tornillos con cabeza humana.

Como antes he adelantado, dichas voces malintencionadas provenían generalmente de cierto sector de la sociedad americana más retrograda e intolerante que nunca perdonaron que
Otto Preminger se convirtiera en uno de los primeros realizadores-productores independientes de Hollywood. Un "outsider" en toda regla que jamás se resignó a doblarse a los intereses de las grandes productoras cinematográficas y televisivas. Un genio para muchos, un tirano para otros (se dice que la relación entre Marilyn y él durante el rodaje de
Río sin retorno fue de todo menos idílica, por poner un simple ejemplo) pero desde luego un realizador elegante y firme que conocía su oficio como pocos y un ocasional y correcto actor (llegó a ser Mr. Freeze en el Batman televisivo de Adam West y de hecho, aquí saca a su trío de compañeros villanos en la serie: Burgess Meredith, Frank Gorshin y César Romero).
Destaca del film, indudablemente, su espectacular reparto.
Jackie Gleason demuestra que se puede ser un gran actor incluso en los disparates más grandes,
John Phillip Law (actor minusvalorado que cuenta con no pocas simpatías entre las que se cuenta nuestro amigo Adrian, de
Esbilla cinematográfica, o el mismísimo
Carlos Aguilar) está realmente divertido intuyéndose que en gran medida se desperdició muchas veces a este actor, al igual que
Carol Channing o
Frankie Avalon, desenvueltos en sus respectivos roles; por si eso fuera poco aun nos quedan
Mickey Rooney, Peter Lawford, Michael Constantine, Richard "Tiburón" Kiel... Y esta
Groucho, claro, en su última aparición cinematográfica, donde Preminger le regala un último plano en el que se despide de todos nosotros perdiéndose en el horizonte a bordo de un velero con las velas pintadas con lemas hippies y fumando marihuana. Difícil imaginar un final más apropiado para la carrera cinematográfica del maestro del surrealismo en el cine (con el permiso de Buñuel).

En lo estrictamente cinematográfico destacar precisamente el arranque del film, una ácida crítica a la televisión. Preminger, un inconformista impenitente, había mantenido un contencioso con las cadenas de televisión de USA acusándolas de cortar sus películas en los momentos más inoportunos para dar paso a los anuncios publicitarios o incluso mutilar los créditos finales para ajustar la duración (no quiero ni pensar lo que diría hoy día). Todo esto, para un director que se había pasado a la producción con el único fin de mantener el control de sus obras era demasiado y denunció a varias productoras televisivas. Ni que decir tiene que perdió su pulso y en ese ingenioso inicio donde aparece en una pantalla de televisión el título de la película para que inmediatamente Tom y su mujer comiencen a hacer "zapping" de una forma enfermiza, podemos reconocer su particular venganza. Del mismo modo los créditos del film sólo aparecen al final, presentados por Preminger y cantados en lugar de aparecer meramente escritos, sin duda en un intento de evitar el corte de estos por televisión y de mantener sentados en la butaca a los espectadores de cine hasta el final. La música es de
Harry Nilsson (que además interpreta a uno de los vigilantes de Alcatraz) cuya canción "
skidoo" es realmente muy pegadiza. Dos años después Nilsson obtendría un extraordinario éxito con "Everybody's Talking" canción pirncipal de
Cowboy de medianoche.

Que una bizarra serie b anti-sistema la dirija
Roger Corman o
John Waters a nadie le hubiera pillado desprevenido. Que se embarcara en este disparate uno de los más prestigiosos directores del momento era sencillamente insólito. Y nadie pareció perdonárselo. De nada sirvió que Preminger nos hubiera regalado anteriormente joyas del cine negro como
Laura,
¿Ángel o Diablo? o
Al borde del peligro y obras de tal escabrosidad como
Anatomía de un asesinato o
Buenos días tristeza (drama de tintes incestuosos que supone otro canto a la libertad de vivir, otra bofetada a la sociedad más intolerante y conservadora). A partir de Skidoo ya nada volvió a ser igual para el realizador norteamericano de adopción. Incluso
John Edgar Hoover puso a sus perros de presa del FBI tras la pista de la mayoría de los integrantes de esta locura, su director-productor por delante, claro. El resto de su filmografía (incluida su última obra, una austerísima adaptación de
El Factor humano de una abracadabrante sobriedad casi teatral) fue dura e injustamente vapuleada e hizo que perdiera definitivamente su estrado junto al Olimpo de otros dioses como
Hichtcock, Welles o
Ford, donde un día había estado.
Uno de los biógrafos de Preminger (Gerarld Pratley, en su libro para la colección "Directores de cine" publicado en España por JC) dijo de este que era "el director de cine más constante, individualista e independiente de todos". Estoy completamente de acuerdo. Pero claro, ¿qué va a decir alguien que, como su mujer, adora todo lo que este hombre hizo?
Los primeros créditos cantados de la historia
(presentados por el mismísimo Otto Preminger)
No puede perdérsela: El que quiera ver una locura sin pies ni cabeza pero con mucha clase
Abstenerse: Sólo si no está bien servido de sentido del humor.
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